El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 3 Capítulo 1. Conquista del Calabozo Parte 1

El territorio del Margrave Tycoon, Valha. ¿Cuántos días habrían pasado desde que yo, Liese, asumí el cargo de gobernadora interina de este pueblo que antiguamente era conocido como un pueblo fronterizo?

Aunque ostentaba el título de gobernadora interina, el verdadero gobernador, Sir Rikuto, no era más que una ilusión creada por mí (y era una versión adulta de Sir Kurt), así que, en realidad, yo era quien actuaba como la verdadera gobernadora.

Y ya desde el principio comenzaron a surgir problemas en Valha.

Últimamente, el número de refugiados provenientes del país desértico del sur, Torshen, había comenzado a aumentar. Al parecer, una enorme criatura demoniaca llamada «Gusano de Arena» había empezado a aparecer en grandes cantidades, apoderándose de los distintos oasis del país.

Aunque las fuerzas armadas del país también estaban luchando contra ellos, parecía que ya no podían hacerles frente con su fuerza militar habitual.

Muchos de los que abandonaron el país como refugiados se dirigieron a otros pueblos del territorio del Margrave Tycoon o a las ciudades principales bajo su dominio. Sin embargo, como el número de personas que podían recibir allí era limitado, cada vez más terminaban llegando también a este pueblo.

Los refugiados vivían por el momento en viviendas provisionales que se habían construido apresuradamente al suroeste del pueblo. Pero este pueblo mismo, que originalmente había sido un fuerte construido para la vigilancia del territorio demoníaco y la defensa nacional, no era especialmente espacioso. El número de refugiados que podíamos acoger tenía un límite.

Aunque me parecían personas dignas de compasión, considerando la seguridad de Sir Kurt, lo cierto es que no quería recibir a muchos refugiados. Aunque en realidad, la situación actual nos resultaba conveniente. Incluso entre las viviendas temporales del exterior, ya se habían infiltrado tres agentes encubiertos haciéndose pasar por refugiados.

Por cierto, nuestro escuadrón de inteligencia, Phantom, ya estaba vigilando a esas personas, y si veíamos una oportunidad de tenderles una trampa, lo haríamos.

Suspiré, y en ese momento, alguien llamó a la puerta y la abrió.

Abrir sin esperar respuesta hacía inútil el hecho de llamar, ¿no es cierto? En este atelier, solo había una persona con modales tan descuidados.

Esa persona —la Srta. Yuli— se recostó contra la puerta levantando la mano.

¿Acaso creía que eso era una forma de saludar?

—¿Qué sucede, Srta. Yuli? —pregunté, suspirando de nuevo.

—Quería hablar contigo un momento, —respondió ella.

Supuse que con eso me estaba diciendo cuál era su asunto, aunque no era lo que esperaba.

—Espérame un poco, ya casi termino de organizar estos documentos.

—¿Qué pasa? Pareces ocupada.

—Estaba pensando en qué hacer con los refugiados de Torshen que están en las afueras.

—¿Hmm? ¿No los están recibiendo en la ciudad principal del Margrave?

—Eso es solo una medida temporal. Además, los únicos que están siendo admitidos dentro de la ciudad son niños y ancianos débiles. Los demás siguen viviendo fuera de la ciudad. Si bien el territorio del Margrave Tycoon está suministrando alimentos por cortesía, no sabemos cuánto tiempo más podrá mantenerse. —Así se lo expliqué mientras comenzaba a revisar el resto de los documentos.

Durante ese tiempo, la Srta. Yuli esperó sentada en el sofá.

Como esta era la habitación que Sir Kurt había remodelado para usar como despacho del gobernador, contaba con un sofá para visitas hecho por él mismo, y era en ese sofá donde ella se encontraba sentada. Este sofá era tan cómodo que, en días de mucho trabajo, incluso me quedaba dormida allí sin fuerzas para regresar a mi propia habitación.

Unos minutos después, terminé mi trabajo y me levanté.

—Voy a preparar un poco de té.

El artefacto mágico que Sir Kurt había preparado era excelente; con solo agregarle agua, comenzaba a hervir. Gracias a eso, hacer té se había vuelto mucho más fácil.

Como estaba cansada, decidí ponerle dos terrones de azúcar.

El azúcar seguía considerándose un lujo, pero recientemente su precio había bajado, y con mis ingresos personales ya podía permitírmelo sin problemas. Eso se debía a que, hacía unos meses, un fenrir que atacaba a los comerciantes ambulantes que transitaban por la ruta del norte había sido eliminado. Desde entonces, una gran variedad de productos comenzó a llegar a través de Koskeith, la federación de ciudades insulares del norte.

—Cuando una está cansada, lo dulce realmente reconforta.

—¿Y eso está bien? Si le pones tanto azúcar vas a engordar.

—Lo dice alguien que consume azúcar constantemente, ¿no? Creo que dices que es para sanar tus células cerebrales o algo por el estilo, ¿no, Srta. Yuli?

—¡E-es que no me queda de otra! Estar con Kurt agota mucho mentalmente… ¡Agh, quema! —La Srta. Yuli, tratando de ocultar su vergüenza, bebió el té, pero parecía que se había quemado la lengua.

Eso le pasaba por beber con tanta prisa.

—Entonces, ¿de qué querías hablar? Dijiste que te dolía la cabeza con solo ver letras y por eso no habías aparecido por esta oficina llena de papeles, ¿verdad, Srta. Yuli?

—¡Nunca dije que me dolía la cabeza por leer! No me inventes ese tipo de personalidad. ¡Que sepas que soy una lectora habitual! Leo todos los días antes de dormir, y gracias a eso duermo muy bien.

—…Ajá… Entonces, ¿de qué se trata el asunto? —pregunté mientras inclinaba lentamente la taza, queriendo beber con cuidado para no repetir el error de la Srta. Yuli.

—¿No crees que ya es hora de contarle todo a Kurt?

—¡¿Eh?! ¡A-ahhh… está caliente! —La taza cayó sobre mis rodillas. Por suerte, la taza hecha a mano por Sir Kurt a partir de arcilla no se rompió, pero el té que contenía se derramó por completo sobre mi regazo, y me vi obligada a levantarme de golpe con la taza aún en la mano.

Haa… Había tenido cuidado con esta falda porque se manchaba con facilidad… pero ahora ya no había forma de salvarla. No podía presentarme ante Sir Kurt con una falda manchada. Sería una falta total de decoro.

¡No, eso no era lo importante!

—¿Eh? ¿Contárselo todo a Sir Kurt?

¿Hasta dónde se suponía que llegaba ese «todo»?

¿Hasta el hecho de que las aptitudes de Sir Kurt, salvo en combate, eran todas de rango SSS y no podían medirse?

¿O hasta el punto de revelar que la identidad de Sir Rikuto era, en realidad, una ilusión que yo misma había creado?

¿Acaso pretendía que le dijera incluso que yo era la tercera princesa de este reino?

—Es que, ya deberíamos, ¿no crees? Los caballeros del pueblo ya están todos del lado de Kurt. En la práctica, tú eres quien gobierna. Hello Work también ha estado encubriendo los secretos de Kurt, y ahora contamos con el respaldo del nuevo Margrave Tycoon. Además, tienes los logros de su cargo como representante de Jefe de Atelier. Y por si fuera poco, Kurt ya es un caballero honorario. Es decir, creo que ya es hora de que él entienda bien su verdadero poder… y que aprenda a contenerse. Cada vez cuesta más cubrir sus intervenciones afuera, —dijo la Srta. Yuli, rascándose la cabeza con gesto fastidiado.

Tenía razón. Incluso entre los habitantes de este pueblo, ya empezaban a sospechar acerca de las habilidades de Sir Kurt. Cada vez que eso pasaba, ordenaba a los Phantom usar todos los medios disponibles para… no silenciarlos, sino… persuadirlos de guardar el secreto.

Sin embargo, incluso desde los Phantom ya comenzaban a decir que estaban alcanzando sus límites.

Quizá… sí. Tal vez había llegado el momento.

—Sí-sí-sí-sí-sí-sí-sí, supongo que sí, —murmuré, temblando mientras me llevaba la taza a los labios.

Pero la taza estaba vacía desde el momento en que el té se me había derramado.

—¿Estás preocupada? —preguntó la Srta. Yuli mientras me ofrecía la tetera.

Asentí, colocando la taza en el platillo.

—No-no. Es decir, todo esto… el que yo esté ocupándome del trabajo del gobernador, el haber conseguido el apoyo del Margrave Tycoon, el haber logrado que a Sir Kurt se le concediera un título… todo fue para preparar el camino para revelar su secreto… para eso, pero…

—¿Pero? —La Srta. Yuli repitió mis palabras mientras servía el té.

—¿Que…?

—¿Qué de qué?

—¿Que tal si me odia por eso? —Le pregunté a la Srta. Yuli con voz temblorosa.

—¿Eh?

—Po-porque, aunque lo hago por el bien de Sir Kurt, nada de esto fue decisión suya. Nosotros lo engañamos, y lo seguimos engañando, y si él llegara a odiarme por eso… yo… ya no tendría razón para seguir viviendo. Solo de imaginarlo me da tanto miedo… que siento que el té que acabo de beber va a salir por cada orificio de mi cuerpo.

—¡Waaaah! ¡Cálmate! ¡Ni siquiera has bebido el té todavía! ¡No puede salir nada que no haya entrado! Y si sale algo, será otra cosa, ¡así que mejor no lo hagas! ¡Maldita sea, ¿dónde quedó esa tú tan calmada y decidida de siempre?! Tranquila. Kurt no es de los que odian a las personas por algo así. —la Srta. Yuri habló atropelladamente de un tirón.

—¿De verdad?

—¡No me mires con esos ojos llorosos! ¡Claro que sí! Tú eres la única que puede estar a su lado hasta el final. ¡Reacciona de una vez!

—…Srta. Yuli. —Limpié mis lágrimas con los dedos y tomé la mano de la Srta. Yuli.

La Srta. Yuli me caía mejor ahora que en ningún otro momento…

—Muchísimas gracias, Srta. Yuli. Me da vergüenza haber estado rezando cada noche para que te explotara ese gran busto que tienes oculto. También voy a tirar la muñeca de paja y los clavos de cinco pulgadas mañana, en el día de basura quemable.

—Liese, eso no es una oración, es una maldición… En serio, cuento contigo. Y los clavos de cinco pulgadas van en la basura no quemable, —dijo la Srta. Yuli con una sonrisa.

—Entonces, ¿cómo se lo diremos? El chico es terco como una mula. No creo que entienda solo con palabras.

—Es cierto. Lo mejor sería que Sir Kurt hiciera algo aún más grande que antes, para que pudiera notar la diferencia con trabajo habitual y lo que hace él…

En ese momento, al ver los documentos sobre la mesa, se me ocurrió una idea brillante.

¡Sí, eso sería perfecto!

—¡Hagamos que Sir Kurt construya un pueblo!

 

—¿Yo solo voy a construir un pueblo?

Le conté de inmediato a Sir Kurt, que estaba preparando la cena en la cocina, sobre la idea de construir un pueblo.

Entre Valha y el pueblo fronterizo, hay una distancia que tomaría dos días en carruaje si se va por la carretera normal. Con un carruaje rápido se puede hacer en la mitad del tiempo, pero aun así sería una travesía dura. Siempre había pensado que sería útil tener al menos una ciudad posada en el camino.

Pensé en reclutar gente para una aldea pionera, pero eso tomaría años para completarse como una aldea.

Afortunadamente, ahora que hay tantos refugiados de Torshen, si simplemente se construyen edificios e instalaciones que los acojan, podría empezar a funcionar como pueblo rápidamente. Por supuesto, tenía la intención de obtener el consentimiento del Margrave Tycoon a posteriori.

Una persona común habría dicho: «No podría hacerlo solo» o habría tomado mi propuesta como una broma de mal gusto. Pero Sir Kurt no era una persona común.

—Va a tomar bastante tiempo, ¿está bien igualmente? —me respondió, aceptando la propuesta. Por supuesto que puede hacerlo.

Tal como esperaba de Sir Kurt.

Le quedaba muy bien el delantal rosa mientras ladeaba la cabeza. Quería que se convirtiera en mi novia en ese mismo momento. ¡O que viniera a vivir como mi esposo!

O incluso… si él se convirtiera en mi esposa… bueno, me estoy desviando.

—¿Cuánto tiempo tardaría?

—Si son estructuras provisionales, tomaría unos ocho días. Pero si quiere que sea un pueblo igual de grande que esta, me tomaría cinco veces más… más de un mes.

Normalmente, ese cálculo sería imposible de creer. Construir un pueblo provisional en ocho días sonaría a un pueblo mal hecho levantado a toda prisa. Pero si Sir Kurt lo construía, incluso una ciudad provisional sería imponente.

—Es para acoger a los refugiados, así que con algo provisional es suficiente. Cuanto antes, mejor.

Si podía construir un pueblo en ocho días, eso me permitiría avanzar varios planes.

Mientras pensaba en eso, Sir Kurt puso una expresión como si se hubiera dado cuenta de algo.

—En ese caso, aunque no es un método muy común por aquí, hay una forma de terminar el pueblo para mañana mismo.

—…¿Eh? —Incluso yo me sentí confundida.

¿En una sola noche? ¿Y por el tono de la conversación, no un pueblo provisional, sino una ciudad completa?

Tengo la impresión de que incluso para construir este atelier se tardó como tres días.

¿No sería eso imposible?

—¿Cómo piensas construir una ciudad?

—Creando un núcleo de calabozo y convirtiéndolo en un calabozo.

—…¿Perdón?

Crear un núcleo de calabozo… y convertirlo en un calabozo.

¿Eh? ¿Qué estaba diciendo Sir Kurt?

No entendía nada.

De entrada, un calabozo es un lugar del que se dice que brotan monstruos. El núcleo del calabozo es, literalmente, el corazón del mismo, y si se destruye, el calabozo pierde su función y deja de producir monstruos.

—Señorita Liese, ¿no hay por aquí algún calabozo que ya no esté activo?

—¿Eh? Sí, creo que el del noroeste ya tiene el núcleo destruido. Como está cerca de la región de los demonios, no querían que los demonios usaran los monstruos del calabozo, así que Su Majestad el Rey anterior… mi bisabuelo…

—¿Eh? ¿El bisabuelo de la Señorita Liese?

—Quiero decir, fue Su Majestad el Rey anterior quien la destruyó, y eso me lo contó mi bisabuelo.

Por poco meto la pata. Me quedé tan pasmada con lo que dijo Sir Kurt, que casi revelo que mi bisabuelo fue el rey hace dos mandatos. Si eso se supiera, también descubriría que soy la tercera princesa del reino.

Bueno, de todos modos, tengo pensado contarle mi verdadera identidad a Sir Kurt cuando le explique toda la verdad sobre su poder.

—Entonces, cuando termine de recoger después de la cena, iré un momento esta noche, —dijo.

—Ah, espere. Aunque sea una mazmorra abandonada, siguen habiendo monstruos, así que será mejor que lleve a la Srta. Yuli con usted. Yo se lo comunicaré.

—Sí, muchas gracias, —respondió Kurt y bajó la cabeza en señal de agradecimiento, por lo que salí de la cocina.

¿Eh? Ahora que lo pienso, no alcancé a escuchar bien la explicación… ¿Por qué era necesario crear un calabozo para construir un pueblo?

…No lo entendía en absoluto.

No iba a ser que pretendía hacer un pueblo dentro de un calabozo, ¿cierto?

¡Eso sería demasiado peligroso!

◇◆◇◆◇

Como el lugar donde se encontraba el calabozo estaba en lo profundo de las montañas, decidimos ir caminando en lugar de usar un carruaje.

Hacía mucho que no caminaba junto a la Señorita Yulishia.

—Este ambiente me resulta nostálgico. Puede que me meta en problemas si lo digo, pero… me está resultando divertido.

—Ah, sí. A mí también me parece divertido, Kurt.

La Señorita Yulishia sonrió al decir eso. Era su sonrisa habitual, sin embargo… ¿hmm?

Al observar fijamente su perfil, parece que notó mi mirada, pues me devolvió la vista con una expresión algo confundida.

—¿Qué sucede?

—Señorita Yulishia, ¿se encuentra bien?

—¿Eh? ¿Por qué lo dices?

—No sé… solo tuve esa sensación.

Cuando dije eso, la Señorita Yulishia suspiró ligeramente, colocó su mano derecha sobre mi hombro y me empujó suavemente.

Terminé girando y dándole la espalda, entonces su mano pasó por delante y la apoyó sobre mi pecho. Su cálido aliento rozó mi oído.

¿Esto era…? Eh… ¿acaso esto era…?

Y justo cuando lo pensaba, su mano pasó de mi pecho a mi cabeza…

—¡Ay, ay, ay, duele, Señorita Yulishia!

Me apretó con fuerza la sien. Sus dedos se hundieron con firmeza en mi cráneo.

—¡Kurt! ¿Que si me siento mal? ¿Esto parece un ataque de alguien enfermo?

—¡Lo siento, lo siento mucho! ¡Señorita Yulishia, veo que no podría estar enferma nunca!

—¡Me alegra que lo entiendas! Además, soy una aventurera. Si alguien sabe cómo está mi cuerpo, soy yo misma.

—¡Sí! ¡Tiene toda la razón, Señorita Yulishia! ¡Así que por favor, no me apriete más!

Finalmente, la Señorita Yulishia me soltó. Ugh… todavía me dolía la cabeza.

—¡Eso fue cruel, Señorita Yulishia!

—¿Cruel yo? ¿Y tú no estabas con el corazón acelerado cuando te toqué el pecho?

—E-eh… bueno… —murmuré, sin poder responder.

La Señorita Yulishia se echó a reír a carcajadas.

—Ajajá, eso me demuestra que también eres un hombre, Kurt. Me alivia un poco. Que incluso una mujer como yo pueda hacer que tu corazón se acelere.

—¿«Una mujer como yo»? El primer día que nos conocimos, dije que es una mujer encantadora, ¿recuerda? ¿Por qué tiene una autoestima tan baja? A diferencia de mí, que no sirvo para nada, usted puede hacer muchas cosas.

—¿Y quién es la que tiene la autoestima baja aquí? —replicó la Señorita Yulishia, medio resignada.

Pero en mi caso, no se trataba solo de autoestima… realmente no tenía muchas habilidades, así que sentía que no había nada que hacer al respecto.

Aun así, me alegraba. Al parecer, que la Señorita Yulishia se sintiera mal solo había sido una impresión mía.

—Por cierto, Kurt… ¿para qué ibas a necesitar un núcleo de calabozo?

—Bueno, pensaba usarlo como base para construir un pueblo.

—O sea que… ¿usarías un núcleo de calabozo para hacer un pueblo? Bah, mejor no me lo expliques. Solo de pensarlo ya me siento agotada.

¿Agotada? ¿Eh?

¿La Señorita Yulishia era del tipo de personas que se cansaban solo de escuchar cosas complicadas?

Pero si tampoco era una explicación tan difícil…

 

Cerca del calabozo al que llegamos, había muchos edificios.

Eran casas tipo cabaña de madera, como esas que construyen en las montañas sin permiso, y aunque en su momento serían utilizables, ahora estaban tan deterioradas que parecía que podrían estar habitadas por fantasmas.

La luz de la luna solo las hacía ver más tétricas.

Había un pozo con su cubo y polea todavía en estado funcional, así que decidí sacar un poco de agua.

La cuerda estaba cubierta de musgo y parecía resbalosa, pero aún era resistente.

El agua estaba tan turbia que incluso de noche se podía notar, así que no parecía apta para beber. En lugar de eso, la vertí sobre unas flores silvestres cercanas.

—Esto era una aldea de calabozo. En los calabozos suelen aparecer muchos monstruos, y se pueden obtener materiales de ellos, por lo que es normal que haya una aldea cerca que sirva como base. Pero como los calabozos suelen estar en lugares remotos, en cuanto desaparece la fuente de ingresos, el pueblo también queda abandonado.

—Qué desperdicio…

Aunque el agua del pozo no se podía beber, era evidente al observar la cuerda y su estructura que la gente de esta aldea lo había construido con la intención de usarlo durante décadas, incluso siglos. Las casas también estaban deterioradas, pero ninguna había colapsado.

Simplemente, ya no vivía nadie allí.

—No se podía hacer nada. Esta aldea dependía completamente del calabozo; no tenía otras fuentes de ingreso. Supongo que pensaron que, en lugar de empezar a cultivar desde cero, era mejor trasladarse cerca de otro calabozo en el país y fundar un nuevo pueblo, aprovechando la experiencia que habían acumulado aquí. Más bien, el propio gobierno debió haber destruido el núcleo de este calabozo bajo esa condición. Si le dijeran a la gente de una aldea de calabozo que entregaran el núcleo sin condiciones, sería lo mismo que decirles que se murieran.

Ya veo, así que la gente que vivía aquí se había mudado.

Si eran como los habitantes de mi pueblo natal, Hast, que siempre estaban dispuestos a mudarse, no sería un problema.

Pero… ¿cómo lo habrían tomado los de esta aldea? Recordé lo que ocurrió hace diez años, cuando me mudé sin poder decirle nada a Hildegard.

Aunque la mudanza no hubiera sido por voluntad propia, ojalá hubieran encontrado la felicidad en su nuevo hogar.

Y entonces, me percaté de algo y solté una exclamación.

—¿Eh?

Las flores silvestres sobre las que había vertido el agua empezaron a emitir un suave resplandor azulado.

¿Esto era…?

—Señorita Yulishia, ¿no dijo que el núcleo de este calabozo ya había sido destruido?

—¿Hm? Sí, eso fue lo que dije.

—Pues probablemente eso sea falso. Este calabozo no está muerto. Todos han sido engañados por el Amo del Calabozo.

—¿El núcleo no está destruido? ¿Qué estás diciendo? —preguntó, intrigada.

Entonces le mostré lo que había notado.

—Mire esta flor…

—Es verdad, está brillando levemente… Pero esta flor, si no me equivoco, es del tipo que absorbe el maná del aire y brilla, ¿no? Como el musgo luminoso.

—Sí. Pero antes no brillaba hasta hace unos instantes. Eso quiere decir que el aire de aquí contiene muy poco maná. Lo cual ya de por sí es raro. Pero después de regar las flores, comenzaron a brillar. En otras palabras, el agua del pozo contiene maná.

Después de todo, un calabozo es una cueva que recolecta el maná de la naturaleza —conocido como esencia mágica— del entorno, y a partir de él crea monstruos y objetos.

Colocaba tesoros y riquezas para atraer a los humanos, y luego se alimentaba de ellos como fuente de nutrición. Es decir, se podía decir que el propio calabozo era un monstruo gigantesco. Aunque, por lo que se decía, su voluntad era débil y apenas tenía conciencia propia. Por cierto, al destruir el núcleo, que funcionaba como su corazón, el calabozo moría y la esencia mágica regresaba a la tierra circundante.

En fin, por esa misma razón, la esencia mágica desaparecía de los alrededores de un calabozo que aún estaba vivo. Por eso las flores no emitían luz.

Sin embargo, aunque no había esencia mágica en el aire, el agua contenía mucha. Eso debía de deberse probablemente a que aquella agua provenía del interior del calabozo.

Le expliqué todo esto a la Señorita Yulishia.

Ella no parecía saber que los calabozos eran monstruos, así que se sorprendió.

—Pero, según tengo entendido, el núcleo de este calabozo fue hecho pedazos. He oído que hay calabozos que reviven después de cientos de años, incluso si su núcleo fue destruido, pero aquí aún no han pasado ese tiempo.

—¿Calabozos que reviven? Eso no existe. Verá…

Como había dicho antes, los calabozos eran monstruos. Y ya fueran humanos o monstruos, una vez muertos no podían volver a la vida.

Sin embargo, algunos calabozos fingían estar muertos: eso se llamaba muerte aparente.

Creaban un núcleo falso, llamado «núcleo señuelo», y cuando se los destruían, fingían estar muertos. Y cuando pasaban cerca de cien años y consideraban que era seguro, comenzaban a actuar nuevamente como calabozos.

Dicho esto, como ya había mencionado, los calabozos no tenían conciencia propia. Eran simplemente estructuras grandes en forma de laberinto que generaban monstruos y tesoros, sin capacidad para crear núcleos señuelo por sí solos.

Sin embargo, si existía un monstruo en una relación simbiótica con el calabozo, llamado «Amo del Calabozo», la situación cambiaba.

Un Amo del Calabozo podía generar monstruos de forma eficiente, colocar trampas e incluso crear núcleos señuelo.

Seguramente, en este calabozo también vivía un Amo del Calabozo.

Le expliqué eso a la Señorita Yulishia, pero parecía seguir algo escéptica.

—¿Por qué sabes tanto? Tú no puedes luchar contra monstruos, así que no deberías haber ido nunca a un calabozo, ¿verdad?

—Eso es cierto, pero un espadachín viajero que visitó mi aldea poco antes de que yo naciera lo contó, y yo lo oí de segunda mano.

—Vaya, un espadachín viajero, ¿eh? Bueno, será mejor que entremos de una vez. Si dices que este calabozo está vivo, no podemos dejarlo así.

—Sí. —Asentí y me dirigí hacia el fondo de la aldea.

En lo más profundo de la aldea, donde se decía que estaba el calabozo —aunque en realidad aún seguía ahí—, la entrada había sido sellada con tablas de madera para que nadie pudiera entrar, pero como había un hueco en la parte inferior, decidimos pasar por ahí.

—Como era de esperarse, está oscuro. Normalmente, dentro de un calabozo hay algo de luz, —comentó la Señorita Yulishia mientras colocaba musgo luminoso en la pared.

No sé cómo había conseguido el mapa del calabozo, pero lo usó para guiarnos hasta la sala donde supuestamente estaba el núcleo. Durante el trayecto, no nos topamos con ningún monstruo.

Al cabo de un rato, llegamos frente a la sala donde había estado el núcleo del calabozo.

—Qué tranquilo está esto. Parece que este lugar realmente está muerto.

—No, ya lo tengo claro. Este calabozo está vivo, —respondí, y abrí la puerta de la sala.

El musgo luminoso comenzó a extenderse por las paredes.

En el pedestal del centro de la sala no había nada.

Me puse a examinar el pedestal. Si el núcleo del calabozo hubiera estado ahí durante años, debería quedar una gran cantidad de esencia mágica. Pero apenas había rastro de ella. Tal y como sospechaba, lo que había estado allí no era un núcleo real, sino un núcleo señuelo.

Entonces, seguramente…

Miré alrededor de la sala y finalmente lo vi. El musgo luminoso debería haberse extendido por toda la habitación… pero había una protuberancia en una esquina donde no se había adherido.

Tomé mi daga y la golpeé contra esa protuberancia en la pared.

Cuando giré la daga entre las grietas de la roca, la superficie cayó.

Dentro de la roca, había una piedra que brillaba en negro.

—Kurt, dejando de lado tu habilidad para arrancar rocas con una simple daga de hierro… eso, ¿acaso es…?

—Sí, es un núcleo de gólem… el corazón de un gólem. Esta protuberancia era en realidad un gólem de piedra camuflado como parte de la pared rocosa.

El musgo luminoso no se adhería a la superficie de los seres vivos. Y eso también aplicaba incluso para los gólems de piedra que, aunque parecían roca pura, eran seres animados.

Expliqué eso mientras arrancaba el núcleo del gólem.

El gólem camuflado se derrumbó de inmediato, y tras él se reveló un pasaje. Además, del otro lado emanaba una luz distinta a la del musgo: una luz generada por un calabozo vivo, cargado de esencia mágica.

En otras palabras, más allá de ese pasaje se encontraba el verdadero calabozo, aún con vida.

 

¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.

Anterior | Indice | Siguiente