¡Supervivencia en Otro Mundo con mi Ama!

Capítulo 243. El Propósito de las Misiones Diplomáticas

—Bien, Kirilovich-dono, tengo entendido que nos dijo que viajó hasta el Reino de Merinard con el objetivo de establecer amistad y buenas relaciones, ¿correcto?

—Sí, así es.

En la sala de recepción, ahora vacía tras llevarse a Qubi las harpías, continué la conversación con Kirilovich. Se le veía bastante pálido… aunque quizá solo fuera mi imaginación.

—Por ahora, dejemos de lado todo lo relacionado con las maniobras del Imperio Varyag contra nosotros. Supongo que ambos estamos de acuerdo en no volver a mencionarlo en el futuro, ¿verdad?

—Jajá… Me gustaría pedirles que me lo devuelvan llegado el momento, por si acaso. Después de todo, es un subordinado bajo mi responsabilidad.

—Lo entiendo. Prometo no matarlo y devolvérselo cuando llegue el momento adecuado.

—Sería una lástima que quedara inservible, así que le agradecería que también tuvieran eso en consideración.

—Entendido. Ahora bien, mencionó que el propósito de su visita es fomentar la amistad y las buenas relaciones, pero ¿podría explicarnos concretamente qué tiene en mente? Entre el Reino de Merinard y el Imperio Varyag se extiende el vasto territorio del Reino Sagrado, además de las Grandes Llanuras de Amagara, que son una zona en disputa entre ambos. Evitando esas áreas, un viaje de ida tomaría alrededor de medio año.

Las palabras de Sylphy tenían todo el sentido. En este mundo no existen aviones capaces de recorrer largas distancias en un solo día transportando grandes cargas, ni camiones que crucen continentes. Aquí, el comercio se realiza mediante carruajes o barcos. Sin embargo, el Reino de Merinard no tiene salida al mar, lo que significa que las rutas comerciales se limitan prácticamente al transporte terrestre.

En otras palabras, comerciar directamente entre países tan distantes es extremadamente difícil, y hasta el simple intercambio de información puede tardar medio año en llegar. Resulta complicado imaginar que una relación de amistad pueda establecerse con facilidad en esas condiciones.

Claro que, si las capacidades de vuelo de Grande o las tablas aéreas se popularizaran, la situación cambiaría. Pero por ahora no tenemos intención de poner a Grande a trabajar como mensajera para comunicarnos con el Imperio Varyag, ni de cederles nuestras tablas aéreas, y mucho menos compartir nuestra tecnología.

—De momento, nos gustaría saber si sería posible establecer un diplomático permanente aquí en Merinesburg.

—¿Un diplomático? ¿Y qué funciones tendría aquí en Merinesburg?

—Básicamente, se encargaría de recopilar y analizar información, además de transmitirla a nuestro país. También actuaría como intermediario para comunicarles información proveniente del Imperio.

—Eso suena a un agente encubierto… pero a plena vista, ¿no?

—Algunos llaman a los diplomáticos «espías honorables». Pero, por supuesto, también hay ventajas para ustedes. Nuestros ojos y oídos son bastante eficientes.

—…Ya veo.

Eso significaría que la información sobre el Reino Sagrado obtenida por la inteligencia del Imperio Varyag podría llegar hasta nosotros a través de estos diplomáticos.

El Reino de Merinard cuenta con excelentes exploradores, por lo que no tenemos problemas para obtener información en el frente. Sin embargo, carecemos de medios para conocer los movimientos políticos y económicos dentro del propio territorio del Reino Sagrado.

Incluso si enviáramos espías, la mayoría de los miembros clave del Ejército de Liberación —que constituye el núcleo del Reino de Merinard— son semihumanos. Con el tiempo, seguramente aumentará el número de humanos, pero no sabemos cuántos años tomará eso, y aún más tiempo llevará conseguir información precisa y de alto nivel.

—Mmm… ¿tú qué opinas?

—¿Yo? Apenas participo en este tipo de discusiones, así que no estoy seguro de ser la persona más indicada para dar una opinión.

—No importa, queremos oír lo que piensas con sinceridad.

—Mmm…

No estoy del todo convencido de que realmente necesitemos los «ojos y oídos» del Imperio Varyag. Desde luego, contar con esa información nos daría una gran ventaja para conocer los movimientos del Reino Sagrado, pero al menos por ahora tenemos suficiente poder como para irrumpir en el frente y aplastar al enemigo en cuanto aparezca, incluso sin esa clase de inteligencia.

Sin embargo, desde un punto de vista político y económico, es cierto que resulta útil establecer una conexión con el Imperio Varyag. Es una de las grandes potencias del continente, junto con el Reino Sagrado, y naturalmente posee una enorme influencia a nivel internacional. El simple hecho de que un diplomático de un país tan importante permanezca en el nuevo Reino de Merinard es, en sí mismo, una prueba de que nos consideran lo suficientemente relevantes como para justificar su presencia.

Eso haría que las personas de otros países que visiten Merinesburg no puedan ignorarnos. Sería de gran ayuda para el reconocimiento internacional del nuevo Reino de Merinard como un estado legítimo, restaurado por el Ejército de Liberación y liderado por Sylphy.

—…Eso es lo que pienso. Por lo tanto, creo que deberíamos considerar positivamente la estancia del diplomático.

—Ya veo. ¿Y tú, Melty?

—Creo que Kosuke-san ya lo ha dicho casi todo. Además, considero importante demostrarle al Imperio Varyag que nosotros… o más bien, Kosuke-san, posee poder.

—Eso me parece peligroso. Podría provocar que el Imperio Varyag intente secuestrarlo o asesinarlo.

Sir Leonard se mostró cauteloso ante la opinión de Melty. Y no le faltaba razón: ese riesgo existe.

—Podemos contrarrestarlo reforzando bien nuestra seguridad personal. Por ahora, yo, Grande-san y la Srta. Zamir deberíamos permanecer siempre al lado de Kosuke-san. Además, creo que un intento de asesinato —y ni hablar de un secuestro— sería extremadamente difícil.

—¿Y en base a qué lo afirmas?

—Mientras Kosuke-san no vuelva a revelar todos sus recursos como lo hizo antes, no debería haber problema.

—…Me arrepiento de eso.

Mientras no repita lo que hice cuando Qubi me secuestró —es decir, vaciar completamente mi inventario de armas y materiales— debería poder arreglármelas. De hecho, incluso en aquel entonces habría podido escapar usando bloques de ladrillo, piedra, herramientas y armas.

—Eh… hablar tan abiertamente de esto delante de mí, que soy el enviado diplomático… es…

—¿Eh? —dijimos los demás a la vez.

—Nada… no es nada.

¿Acaso no fue culpa de ese zorro de mierda suyo? Ante las miradas fulminantes de las tres mujeres, Kirilovich levantó ambas manos en señal de completa rendición. Pobre tipo.

—Kosuke ya ha dado su opinión, así que consideraremos de forma positiva la aceptación de los diplomáticos. No podemos tomar una decisión inmediata aquí mismo, así que les pedimos que esperen unos días para recibir nuestra respuesta. Mientras tanto, nos encargaremos de su alojamiento y comidas, así que por favor descansen en el castillo y recupérense del viaje.

—Sí, muchas gracias por su amabilidad.

☆★☆

La delegación del Imperio Varyag, liderada por Kirilovich, se instaló posteriormente en una mansión situada cerca del castillo real. Aquella mansión había pertenecido a un noble del Reino Sagrado que huyó en la noche justo antes de la invasión del Ejército de Liberación a Merinesburg, y fue confiscada tras la ocupación de la ciudad. Una vez se confirme la aceptación de los diplomáticos del Imperio Varyag, está previsto que la mansión se convierta en su embajada.

Por cierto, los terrenos de la mansión son completamente visibles desde el castillo real. En otras palabras, si ocurriera algo, podríamos colocar cañones en el castillo y bombardearla a placer. Incluso sería posible que los tiradores abatieran objetivos con sus rifles. Bueno, eso ahora no importa. No es relevante.

—Está delicioso, Kosuke-sama. La próxima vez, por favor déjeme probar su comida.

—Eh…

Como hacía tiempo que no volvía, Seraphita-san me invitó a cenar, y habíamos organizado una especie de fiesta de comida chatarra con lo que yo tenía en mi inventario, pero… Seraphita-san se me estaba pegando encima.

¿Qué está pasando?

No solo se mostraba descaradamente pegajosa, sino que además me consentía de una manera exagerada. ¿Qué es esto? ¿Por qué está pasando? ¿Qué se supone que debo hacer?

—Seguramente se sentía sola.

Comentó Grande con total calma mientras nos observaba y se comía su hamburguesa. Gracias por la opinión tan tranquila. Pero incluso si se sentía sola, ¿por qué actuar así? O sea, algo no cuadra.

—Madre…

—Qué indecente.

—¿Madre…?

—Madre…

Se escucharon voces cargadas de celos, murmullos de sorpresa y comentarios atónitos de las cuatro princesas elfas, incluida Sylphy. Hubo una que incluso me insultó, pero decidí dejarlo pasar.

—Kosuke-san…

—Como era de esperarse.

Puedo entender la sonrisa tensa de Melty, pero no tengo ni idea de qué quiere decir Isla con ese «como era de esperarse». ¿A qué se refiere exactamente?

—Creo que esto… es bastante incómodo en muchos sentidos.

Cuando dije eso, Seraphita-san —que seguía aferrada a mí y mimándome— alzó la vista con los ojos llenos de lágrimas.

—¿No te agrada?

Dijo algo así.

—No… no es que no me agrade.

—Me alegra oír eso.

Seraphita-san secó sus lágrimas y me dedicó una sonrisa radiante. Jajá… pueden burlarse todo lo que quieran de mi falta de voluntad. Pero esto es imposible. Cualquiera que pudiera apartarla en una situación así tendría que ser alguien extremadamente frío.

—¿Pero qué demonios está pasando aquí…?

—Somos nosotros los que queremos saberlo.

—No estarás usando algún tipo de droga sospechosa, ¿verdad?

—Lo juro por el Cielo, la Tierra y Dios: no.

Creo que esto ya requiere una intervención seria. Por mucho que mi logro esté influyendo, esto es demasiado extraño. No conozco a Seraphita-san en profundidad, pero no me parece el tipo de persona que actúe así sin tener en cuenta la mirada de los demás. Si no es eso, entonces debe de haber algún factor externo.

—¿Isla?

—Desde el punto de vista mágico, no detecto nada fuera de lo normal. Tampoco percibo magia en los accesorios que llevas. Todo es completamente normal.

—No puede seeer… ¿Driada-san?

—Sí, ¿qué ocurre?

Driada-san, que hasta hace un momento tenía una expresión envidiosa, recompone su rostro y sonríe. No, espera… ¿por qué tú también estás celosa?

—¿Sabes algo sobre la biología de los elfos? Ya sabes, ese tipo de cosas que dicen que tienen la gente bestia…

—¿Te refieres a una temporada de apareamiento?

—¡Oye, trataba de decirlo con más sutileza!

—Bueno, nunca he oído que los elfos tengan una época de celo, pero…

—Yo tampoco recuerdo haber escuchado algo así de los ancianos del Bosque Negro.

Driada-san y Sylphy descartan mi teoría. Entonces… ¿qué más podría ser?

—Lima.

—¿Qué?

Lima apareció de la nada. No hace falta que esperes a que te llamen para salir; puedes quedarte como siempre, ¿de acuerdo?

—Seraphita-san y Poizo han estado en contacto últimamente, ¿no?

—¿Eh? No lo sé.

—Beth.

—Ni idea. Pero Poizo parecía divertirse mucho últimamente.

—¿Poizo?

Poizo no apareció cuando la llamé. Era como si la culpable estuviera demasiado clara.

—Lima, Beth, vayan a buscar a Poizo. Puede que tenga que darle un pequeño correctivo.

—Está bien. Pero luego tendrás que invitarnos a algo, ¿de acuerdo?

—Hecho.

Al día siguiente, Poizo, capturada por Lima y Beth, confesó que Seraphita-san había acudido a ella en busca de consejo, y que le había dado «una medicina que hace a la gente más honesta». Como al parecer el efecto desaparecía más rápido que preparar un antídoto —o un neutralizante—, terminé pasando tres días enteros siendo mimado sin descanso por una Seraphita-san que se comportaba de forma un tanto infantil.

Cuando por fin se le pasó el efecto, Seraphita-san recuperó la cordura… y se encerró en su habitación durante casi una semana.

 

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