El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 3 Capítulo 3. La Vida Escolar de Kurt Parte 1

En cuanto al resultado, la nueva ciudad de Sir Kurt fue un gran éxito.

La prueba de ello eran estas cartas de quejas.

Sir Kurt había instalado buzones de sugerencias en el centro del pueblo y en su entrada para que la gente pudiera depositar cartas, y como resultado, llegaron montones de ellas.

Yo, Liese, las fui leyendo una por una en la oficina del gobernador sustituto ubicada en el Atelier de Valha.

Estas cartas eran quejas de quienes, al enterarse de la verdadera naturaleza de la nueva ciudad, decidieron no mudarse allí.

Lo que escribían era algo como: «¡Si era un pueblo tan increíble, deberían haberlo dicho!» o «¡Deberían haber dado prioridad a los ciudadanos del país en lugar de aceptar a gente de otros países!». En fin, qué cosas tan absurdas.

De hecho, al recibir solicitudes de residencia para nuestro nuevo pueblo, dimos prioridad a los ciudadanos de este país.

Y también explicamos que el nuevo pueblo fue construido por Sir Rikuto, es decir, que se trataba de un lugar impresionante.

Bueno, en realidad, llegaron muchas más cartas de agradecimiento que de quejas, así que si hablamos de pruebas, estas eran mucho más convincentes.

Por cierto, las cartas clasificadas en «otros» eran peticiones.

Normalmente, cuando se construye un nuevo pueblo, este tipo de cartas suelen ser las más numerosas, pero tratándose de Sir Kurt, el número de peticiones fue sorprendentemente bajo.

Una de esas pocas solicitudes mencionaba la escasez de personal en la escuela que había construido Sir Kurt.

Aunque la escuela se construyó calculando la cantidad de estudiantes en función de la población de la ciudad, debido a lo repentino de la convocatoria, al parecer no había suficientes docentes.

Había que pensar en una solución con urgencia, pero eso podía esperar un poco.

Con una sonrisa en los labios, murmuré para mí:

—Con esto no solo resolvimos por completo el problema de los refugiados, sino que, gracias a los campos de cultivo que hizo Sir Kurt, también aumentó la producción nacional de trigo, y podremos venderlo a otros países para obtener más beneficios. Realmente, el poder de Sir Kurt es grandioso.

—Oye, Liese.

—Por supuesto, el 40% de los ingresos de la ciudad serán destinados a ser transferidos a la cuenta de Sir Kurt. Tal vez llegue el día en que sus bienes superen a los del propio Reino.

—¿Liese, me estás escuchando?

—Ah, cierto. La nueva ciudad fue nombrada «Rikurt» tomando prestado el nombre del Señor Rikuto. Fui yo quien movió los hilos tras bambalinas para que así fuera.

—Oyeee, Liese.

—Después de todo, era la primera ciudad que Sir Kurt construía por su cuenta, ¿no sería raro que no llevara su nombre? «Kurt» a secas también habría estado bien como nombre, pero ese discretísimo «Ri» que lo precede, ¿no les parece encantador? Es como si fuera yo, siguiéndolo siempre.

—¡Ya fue suficiente!

En algún momento, la Srta. Yuli apareció y me dio un buen golpe en la cabeza.

Fue terrible… ni siquiera Su Majestad el Rey me había golpeado antes.

—Liese, ¿no habrás olvidado para qué hicimos que Kurt construyera esa ciudad, verdad? Estas cartas de agradecimiento… con ellas bastará para que todos comprendan cuán increíble fue lo que hizo Kurt.

—Sí… sí, tienes razón. Haa… En realidad, pensaba aprovechar estos meses en que Sir Kurt estaría centrado en la construcción de la ciudad para… no, no para ganar tiempo, sino para poner en orden mis sentimientos…

—No te preocupes. Aunque Kurt llegue a conocer su verdadero poder, no cambiará. Además, ya hay personas a su lado que pueden apoyarlo cuando dude de cómo usar ese poder.

—…Srta. Yuli…

Sí, era verdad… Incluso si Sir Kurt llegaba a saber la verdad, no se volvería arrogante ni se desviaría del camino.

Y no, aunque en algún momento pareciera que iba a perderse, justo en ese momento, era yo quien debía estar a su lado para sostenerlo. Junto con la Srta. Yuli.

—Vamos, vayamos con Sir Kurt.

—Sí… así me gusta, Liese.

Miré el cartel triangular que había sobre la mesa, donde estaba escrito mi cargo de «gobernadora interina».

Ya estaba a punto de terminar mi labor con ese título. A partir de mañana, comenzaría a trabajar como asistente del gobernador.

Sí, una posición única, solo para mí, al lado del gobernador.

 

Con las cartas en la mano, me dirigí hacia Sir Kurt. Por alguna razón, la Srta. Yuli se escondía tras una columna.

¿Acaso pensaba dejarme a mí sola con todo este papel tan importante?

…Bueno, si la única persona que podía estar junto a Sir Kurt en momentos de confusión era yo, entonces no podía decir que fuera un mal papel.

Sir Kurt estaba subido en una escalera, recogiendo frutos de paparazno en el jardín.

—Sir Kurt, ¿tiene un momento?

—Ah, Señorita Liese. Un segundo, por favor. Justo ahora es la temporada perfecta para cosechar paparaznos para hacer pasteles… eh, ¿se trata de algo importante?

—No, solo quería preguntar si podía ayudarle en algo.

—Entonces, ¿podría sostener la escalera?

—Claro.

Asentí con la cabeza y sujeté firmemente las piernas de Sir Kurt.

Como llevaba pantalones cortos, podía tocar directamente su piel. Esto, sin duda, era una ventaja del cargo.

—E-esto… Señorita Liese, preferiría que sujetara la escalera, no mis piernas…

—No se preocupe.

—…Haa. Bueno, es más estable así, así que no me quejo.

Sir Kurt asintió y comenzó a cosechar los frutos de paparazno

Los frutos de paparazno de este jardín tenían un alto contenido de azúcar, y eran deliciosos incluso si se comían crudos o sin preparar. Solo los frutos que Sir Kurt estaba cosechando en ese momento tenían un sabor más ácido y no eran adecuados para comer crudos, pero se decía que, al usarlos en repostería, su dulzor aumentaba y se volvían deliciosos.

Cuando terminó la cosecha, Sir Kurt me dio las gracias, apartó mi mano y bajó de la escalera.

—¿Hoy hará una tarta de paparazno, Sir Kurt? Me muero de ganas por probarla, —dije juntando las manos con entusiasmo.

Justo entonces, una piedrecilla voló y cayó a mis pies. Provenía de la dirección en la que estaba la Srta. Yuli… Ah, cierto, aún tenía que hablar con Sir Kurt.

—No, hoy no vine a eso. Sir Kurt, por ahora deje la cesta con los paparaznos en el suelo y escuche lo que tengo que decirle.

—…¿Acaso he hecho algo mal? —preguntó Sir Kurt mientras dejaba la cesta en el suelo.

Tal vez creyó que estaba enojada por la expresión rígida de mi rostro. Tenía que aclararlo de inmediato.

—No, por favor, mire este montón de cartas.

—Qué cantidad… ¿Cuántas habrá? ¿Acaso son cartas de queja?

No, las cartas de queja dirigidas a Sir Kurt ya las había desechado.

—Todas estas son cartas de agradecimiento dirigidas a Sir Kurt, de parte de los nuevos residentes del pueblo que usted construyó.

—¿¡Cartas de agradecimiento!? ¿¡De verdad!?

Sir Kurt, con una expresión de total incredulidad, tomó una de las cartas ya abiertas y comenzó a leerlas una por una con sumo cuidado.

Después de haber leído una buena cantidad, dejó escapar una risa suave.

—Perdón, pero… todos exageran demasiado, ¿verdad? Cosas como «nunca había visto una ciudad tan maravillosa» o «es una ciudad milagrosa». Solo porque por aquí no se suelen usar gólems para construir pueblos… si lo supieran, esto lo podría hacer cualquiera…

—No, Sir Kurt, no cualquiera podría hacerlo, —le dije—. Lo que está escrito en esas cartas no es ninguna exageración. Ese tipo de ciudad solo usted podría haberla construido.

—¿De verdad…? Pero fue una ciudad que armé a toda prisa. Estoy seguro de que debe tener uno o dos problemas… no, seguro que tiene diez o veinte…

—…Ah, yo si tuviera que mencionar alguno, sería la falta de maestros en la escuela que construyó, —recordé de pronto lo que estaba escrito en las cartas de solicitud.

—¡¿Qué!? ¡Eso es gravísimo! ¡No puede ser que no haya maestros! Ahora que lo pienso, no consideré ese detalle en absoluto… —Sir Kurt puso una expresión de arrepentimiento.

…Aunque, en realidad, no creía que fuera un problema tan grave.

Después de todo, aunque fuera una escuela, la mayoría de los residentes del pueblo eran campesinos. En ese momento se encontraban en plena temporada de cosecha del trigo en las afueras de la ciudad, y necesitaban toda la ayuda posible, incluso de gatos o goblins les servirían. Probablemente también habrían reclutado a los niños para la cosecha, así que no debían tener tiempo para ir a la escuela.

Para empezar, el hecho de que hubiera una escuela en la ciudad ya era en sí algo extraño.

Normalmente, las escuelas solo existían en grandes ciudades con más de diez mil habitantes, y era impensable que hubiera una en un pueblo pionero.

Estaba a punto de explicarle eso, cuando de pronto una idea brillante cruzó por mi mente.

—¡Así es! ¡Eso es! Hasta que encontremos a alguien que quiera ser maestro, ¿por qué no enseña usted mismo, Sir Kurt?

Justo cuando propuse eso, ocurrió.

¡Spaan!

Un fuerte golpe sonó cuando alguien me dio en la cabeza.

Fue la Srta. Yuli, que sin que me diera cuenta, se había acercado por detrás.

—¡Srta. Yuli, ¿por qué me golpeas con una zapatilla!? ¿¡Qué pretendes con esto!?

Pero ella no respondió. Solo me agarró del cuello de la camisa y empezó a arrastrarme.

¡Me dolía, y mucho! ¡Me estaba estrangulando! ¡Los tacones de su zapato se raspaba contra mí! ¡Por lo menos agárreme del brazo!

Una vez me llevó detrás de una columna, le repetí la pregunta:

—¡¿Qué pretendes con esto!?

—¡La que debería preguntar eso soy yo! ¿¡No ibas a contarle todo a Kurt!?

—E-espera un momento. ¡Lo que dije fue después de pensarlo, Srta. Liese!

—¡Tú eres Liese! ¡¡No confundas mi nombre con el tuyo!! ¡Estás demasiado nerviosa!

—¡Lo que dije fue después de pensarlo, Srta. Yuli! Ehm… un momento, por favor. Ahora mismo… improvisaré una razón válida.

Al oír eso, la Srta. Yuli puso una cara de total decepción.

—Si ya estás diciendo que es improvisada, entonces ya no sirve. Dijiste algo primero y ahora estás tratando de justificarlo.

—¡Ah, sí! ¡La escuela es un lugar para aprender el sentido común! ¡Al enseñar eso a los niños, lograremos que Sir Kurt también aprenda el sentido común verdadero! ¡Ese es mi verdadero objetivo!

Para ser una excusa improvisada, ¿no era una justificación bastante acertada?

La Srta. Yuli también pareció reflexionar sobre mis palabras y expresó en voz alta lo que pensaba.

—…Ciertamente, puede que tengas razón. Los niños son sinceros. Si los alumnos señalan que las habilidades de Kurt son anormales, es posible que él mismo lo reconozca…

—¡Exactamente! Además, cuando Sir Kurt comience a trabajar en serio como Jefe de Atelier, también tendrá que enseñar cosas a los demás. ¡Esto sería un excelente entrenamiento!

La Srta. Yuli se quedó pensativa por un momento y finalmente asintió.

—…Está bien. Dejémosle la enseñanza a Kurt. Aunque, claro, no podemos permitir que enseñe cosas irrazonables a los niños, así que necesitaremos alguien que lo apoye.

—Entonces, pidamos a la maestra Ophelia y a la Srta. Mimiko que lo ayuden como profesoras auxiliares.

—¿A una Jefa de Atelier en activo y a una maga de la corte? Esa tarea es… no, pensándolo bien, son las únicas que conocen el secreto del poder de Kurt y que podrían ejercer como maestras. Uf, esta escuela va a ser un caos.

Al parecer, la Srta. Yuli también había aceptado mi propuesta.

Ah, realmente valió la pena decirlo.

Con esto, podría aplazar un poco más… no, quiero decir, ahora probablemente podría confesarle el secreto a Sir Kurt de forma más natural.

Después de eso, regresé con Sir Kurt y le pregunté si no querría convertirse en maestro.

Aunque al principio pareció dudar un poco, gracias a los ánimos de la Srta. Yuli, aceptó la propuesta.

¿Eh? ¿Espera un momento…? Si yo me inscribiera en la escuela, ¿no podría vivir una historia de amor prohibido con Sir Kurt como maestro y alumna?

Claro que me encantaría verlo vestido con uniforme de chica, pero esta experiencia también era algo que no quería perderme.

¡Esto significaba que tenía que iniciar el proceso de inscripción de inmediato!

◇◆◇◆◇

Nosotros —yo, Kurt, la Señorita Yulishia, la Señorita Liese y Akuri— decidimos subirnos a un carruaje en Valha y dirigirnos a la nueva ciudad llamada Rikurt.

Llamar «ciudad» a Rikurt, que yo mismo había construido, me parecía un poco pretencioso, así que prefería llamarlo «pueblo». Aunque todos los demás lo llamaban ciudad.

Por cierto, el nombre de la ciudad se había tomado del nombre del Señor Rikuto, pero personalmente sentía que se parecía más al mío. Según la Señorita Liese, dijo que era natural, ya que casi todo el mérito era mío.

—Dek, ¿por qué no hacemos una pausa?

Cuando vimos un pequeño manantial, tiré de las riendas y le hablé al caballo de tiro, Dek, quien se detuvo tranquilamente en ese lugar.

—¿Vamos a tomar otra pausa?

—Sí. Me parece que Dek ya está cansado.

La Señorita Yulishia me preguntó, y yo respondí interpretando los sentimientos de Dek.

Luego, bajé del carruaje, até a Dek al tronco de un gran árbol y llené un balde con agua del manantial.

—Vaya, vaya… De verdad que este caballo no tiene nada de resistencia. —La Señorita Yulishia suspiró mientras ponía la mano sobre el cuerpo de Dek.

Ella siempre se había mostrado algo en contra de que tuviéramos a Dek.

Originalmente, este caballo me lo había entregado como agradecimiento el representante del grupo de inmigrantes que se había asentado en Rikurt.

Me dijo que hasta podía comérmelo, así que probablemente me lo había dado como alimento, pero ya que estábamos, decidí usarlo como caballo de tiro.

Hasta entonces, habíamos alquilado un carruaje cuando lo necesitábamos, pero con la fundación de la nueva ciudad, las ocasiones en que requeríamos uno se habían incrementado.

—Srta. Yuli, de vez en cuando no está mal viajar con tranquilidad, —dijo la Señorita Liese, bajando del carruaje con Akuri y colocándose junto a Dek.

Akuri usó su habilidad de teletransportación para subirse sobre Dek y comenzó a darle palmadas en la espalda.

La primera vez que se teletransportó sobre Dek, me preocupé de que pudiera caerse y la bajé enseguida, pero desde que se dio cuenta de que era Akuri quien se subía, dejó de moverse por completo. Al parecer, también le había tomado cariño.

Aunque seguía sin poder apartar la vista de ella, decidimos que ya no la bajaríamos a la fuerza. De todos modos, incluso si lo hacíamos, ella simplemente se volvería a teletransportar sobre su lomo.

Por supuesto, se había acordado que solo podría montarlo durante los descansos de Dek.

—Es un caballo muy tranquilo, y parece que Akuri también le ha tomado aprecio. Somos tres en este relajado viaje familiar, no hay prisa, —dijo la Señorita Liese.

—¡Somos cuatro, cuatro! ¡Y esto no es un viaje relajado!

—Ah, por supuesto que no me he olvidado de ti, Srta. Yuli.

—¡Tú…! Envuelve tus palabras no solo en papel de seda, ¡sino en una manta gruesa! ¡Se te nota todo lo que piensas! —La Señorita Yulishia levantó la voz para regañarla, pero bajó el volumen al notar que Akuri estaba presente.

Aun así, debía de estar resultándole una molestia.

Mientras yo trabajara como maestro en la escuela de Rikurt, y la Señorita Liese asistiera como alumna, íbamos a necesitar que alguien cuidara de Akuri.

Había considerado dejarla al cuidado de la Srta. Sheena, pero ella también tenía sus deberes como aventurera. Además, pensé que en esta etapa tan sensible de su vida, Akuri necesitaba la presencia de un padre o madre, así que decidí pedirle el favor a la Señorita Yulishia… aunque…

—Señorita Yulishia, al final, ¿no sería mejor que usted fuera la maestra? Yo me encargaría de cuidar a Akuri.

—Eso no puede ser. La Srta. Yuli no tiene más que músculos en el cerebro, así que no podría ser una maestra adecuada.

—¿¡Quién es la que tiene músculos en el cerebro!? ¡Te informo que al menos tengo una educación básica, y además he trabajado como instructora en cursos para aventureros en Hello Work !

Cuando la Srta. Yulishia dijo eso, la Señorita Liese puso una expresión de sorpresa.

Pero para mí, no fue impactante en absoluto.

La Señorita Yulishia siempre había sido una mujer confiable, atenta, que me enseñaba muchas cosas y me cuidaba.

—Entonces, definitivamente usted debería ser la maestra, Señorita Yulishia…

—Si de verdad lo deseas, Kurt, no me opondría.

—¡Srta. Yuli! —protestó la Señorita Liese, alzando la voz.

Sin embargo, la Señorita Yulishia no prestó atención a eso y continuó hablando, dirigiéndose a mí:

—Pero, ¿sabes? Yo quiero que tú seas el maestro, Kurt. Al trabajar como Jefe de Atelier… aunque sea como suplente, inevitablemente aumentarán las ocasiones en las que tendrás que enseñar algo a los demás. Sería un buen entrenamiento para eso. Y más que nada, no quiero que huyas.

—¿Huir… dice?

—Sí. Porque crees que no sirves para ser maestro, que vas a causar problemas a los demás. Por eso estás dudando, ¿verdad?

—…Sí, así es. —Pensaba que, si alguien como yo cometía errores siendo maestro, ¿cuántas personas sufrirían por ello?

Primero, los alumnos a mi cargo serían los más perjudicados. Podría inculcarles conocimientos incompletos, o peor aún, erróneos, lo que podría afectarles negativamente en su vida futura.

Eso podría derivar en una pérdida de credibilidad para la escuela.

Si la confianza en la escuela disminuía, los aldeanos dejarían de usarla en el futuro.

Y como resultado, el nivel educativo del pueblo caería. La tasa de alfabetización también descendería.

Si eso ocurría, comerciantes sin escrúpulos podrían aprovecharse y presentar contratos mal redactados, engañando a los aldeanos que no supieran leer, obligándolos a firmar acuerdos injustos que los dejarían endeudados.

—…No puedo permitir que, por mi culpa, los aldeanos acaben endeudados y sus familias se desintegren.

—Estás exagerando demasiado. No entiendo cómo llegaste a semejante conclusión, —respondió la Señorita Yulishia, cerrando los ojos y llevándose una mano al mentón—. Es cierto que el trabajo de maestro puede influir enormemente en la vida de muchas personas. En ese sentido, Liese tuvo la suerte de encontrar a una buena maestra. Y yo también… —dijo con la mirada perdida en la distancia.

La maestra de Liese debía de ser, sin duda, la Jefa de Atelier, Lady Ophelia. Poder aprender directamente de una Jefa de Atelier activa era algo realmente valioso.

¿Y la maestra de la Señorita Yulishia? ¿Sería la Señorita Mimiko? Aunque ellas más bien parecían amigas. Entonces… ¿su abuela tal vez? Recuerdo que había mencionado que era herbolaria.

Si la Señorita Yulishia fue aventurera, seguramente en más de una ocasión dependió de hierbas medicinales salvajes cuando se lastimaba.

—Si se aprende de un buen maestro, la vida se vuelve más rica. Y lo contrario también es cierto. Aunque claro, el maestro no lo es todo.

—Entonces, con más razón, alguien como yo no debería…

—Oye, Kurt. ¿Por qué decidiste convertirte en aventurero? —me preguntó de pronto.

Me detuve a pensar.

Tenía curiosidad por el mundo más allá de la aldea. Quería viajar solo.

Y fue en ese momento cuando el Sr. Golnova me salvó la vida.

Me pareció increíblemente genial, y deseé convertirme en alguien como él.

—Porque admiraba a los aventureros…

—Un aventurero, cuando forma un grupo, puede poner en peligro a todos sus compañeros con un solo error. Tú sabías eso, ¿verdad? Aun así, decidiste convertirte en aventurero. Lo hiciste porque lo deseabas de verdad… Kurt, tú vas hacia Rikurt porque sientes que puedes ser maestro. Yo acepté este trabajo porque creí que tú querías enseñar algo, que tenías ese deseo. Pero si solo piensas en hacerlo porque Liese te lo pidió, o por razones parecidas, si vas a convertirte en maestro con ese tipo de sentimientos a medias, entonces, como ya te dije, yo seré quien tome la tiza en tu lugar.

Las palabras severas de la Señorita Yulishia atravesaron mi pecho.

Solo con sus palabras me dolió mucho.

Pero ese dolor se podía llamar una sacudida, un estímulo.

Sí… yo había decidido por mi cuenta convertirme en maestro.

—No es así… No acepté este trabajo con una actitud tan superficial. Aunque solo fuera por una semana como maestro temporal, quería dedicarme a transmitir lo que he aprendido a lo largo de mi vida.

—Ya lo creo. Sabía que dirías eso, Kurt, —respondió la Señorita Yulishia con una sonrisa.

En ese momento, la Señorita Liese alzó la voz, sorprendida:

—¡Espere un momento, Sir Kurt! ¡¿Cómo que será maestro temporal solo por una semana!?

—¿No lo escuchó antes? La Señorita Yulishia me dijo que, como la persona que se encargará oficialmente llegará dentro de una semana, solo sería hasta entonces… ¿no era así?

—No, no estás equivocado. Es tal como lo dijiste.

—¡Pero esperen! ¡Yo tramité una estancia de un mes como estudiante de intercambio! —La Señorita Liese exclamó, visiblemente alterada.

—¿No fuiste tú quien decidió eso?

—No se preocupe. Aunque se acabe mi periodo como maestro en la escuela, seguiré preparando las comidas y limpiando su habitación, Señorita Liese.

—En ese sentido… Ah, pero eso no suena tan mal. «Señorita Liese, bienvenida a casa. ¿Quiere cenar? ¿Un baño? ¿O quizás…?» ¡¡Kyaaaaaaaaah!! —La Señorita Liese soltó un grito agudo y empezó a rodar por el suelo con la cara completamente roja.

…¿Qué le pasaba a la Señorita Liese?

Aparentemente, Akuri tenía la misma duda que yo.

—Oye, Mami Yuli. ¿Qué le pasó a Mami Liese?

—Eso es solo una costumbre suya. No imites esas cosas, Akuri.

—¡Síiii! —respondió Akuri levantando una mano con entusiasmo por encima de Dek.

 

Ya en Rikurt, fuimos recibidos con una impactante noticia.

—¿Eh? ¿Dicen que la ceremonia de ingreso y las primeras clases serán pasado mañana, pero que los estudiantes aún no se han reunido? —Pregunté repitiendo lo que había oído, mientras cargaba en mi espalda a Akuri, que se había dormido agotada después de tanto jugar.

En la oficina de Rikurt, los funcionarios que iban a trabajar en el pueblo ya estaban ocupados con sus tareas. Como era una ciudad recién establecida, había muchísimo por hacer.

Y fue allí donde la Lady Famil, quien actuaba como gobernadora, nos comunicó la sorprendente noticia: que no se habían reunido los estudiantes necesarios para el ingreso a la escuela.

Para ser más precisos, sí habían llegado solicitantes de intercambio de fuera de la ciudad, pero apenas había peticiones de ingreso por parte de los aldeanos.

—¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso están descontentos con que Sir Kurt sea el maestro? ¡Si ese es el caso, yo, como representante del gobernador de Valha, no pienso quedarme de brazos cruzados! ¡Será la guerra!

—¡Por favor, prince… Lady Liese, no declare la guerra dentro de su propio país! No se trata de eso. De hecho, el apoyo a Sir Rikuto es muy alto, y nadie tiene ninguna queja respecto a que Sir Kurt trabaje en ese lugar.

Así que el apoyo al Señor Rikuto era realmente alto.

Pero que yo fuera aceptado por asociación, gracias a eso… me hacía sentir como un zorro que se aprovecha del poder del tigre. Qué incómodo…

—¿Entonces por qué no se reunieron los estudiantes?

—La mayoría de los habitantes son agricultores, y fuera del pueblo hay campos de trigo esperando ser cosechados. Hasta que la cosecha no termine, los niños también son manos de obra valiosa, así que no podrán ingresar a clases hasta entonces.

—Me alegra saber que no es porque no quieran ir a la escuela, —suspiré aliviado.

Había plantado trigo de rápido crecimiento alrededor del pueblo precisamente para que se pudiera cosechar pronto, pero no imaginé que esto pasaría.

—Por supuesto. Poder asistir a la escuela de forma gratuita es un lujo impensable en otras ciudades. Y si además la enseñanza corre a cargo de la Maga de la Corte, Lady Mimiko, y de la Jefa de Atelier Lady Ophelia, con más razón.

—Entonces, ¿cuánto se retrasará el inicio de las clases?

—Veamos… creo que con una semana bastará para terminar la cosecha y reunir a los estudiantes. Así que, por ahora, planeamos reducir la cantidad de clases, unificar los cursos y empezar con solo dos clases conjuntas.

—…Ya veo. Entonces, no será necesario que yo sea maestro.

Había comenzado a motivarme con la idea, pero no podía sustituir a la Señorita Mimiko ni a Lady Ophelia.

Por lo que acababa de escuchar, los estudiantes venían con la ilusión de recibir clases de ellas. No podía quitarles esa oportunidad.

—…Señorita Yulishia, entonces ¿por qué no mejor voy a ayudar con la preparación del dormitorio donde vivirá la Señorita Liese?

—¡Espere, Sir Kurt! ¡Ayudar a quienes lo necesitan también forma parte del trabajo de un Jefe de Atelier! Si están teniendo problemas con la cosecha, ¿por qué no colaboramos nosotros también?

—¿Colaborar… dice?

—¡Sí! Usted, Sir Kurt, puede preparar las herramientas necesarias para la cosecha, ¿verdad? Por suerte, la escuela cuenta con un taller de herrería bien equipado.

—Las herramientas que puedo hacer no son más que las que usamos siempre en la Aldea Hast…

—¡Con eso basta!

¿Con eso basta…? Aunque las herramientas que yo podía fabricar eran las que cualquier agricultor ya debería tener…

 

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