El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 3 Capítulo 3. La Vida Escolar de Kurt Parte 3

—Muchas gracias, Lady Famil.

Mientras acunaba a Akuri, que dormía la siesta, con un portabebés hecho por Kurt, di las gracias en el despacho de Lady Famil.

—Srta. Yulishia, no hay necesidad de que me hables con tanto respeto. Puedes llamarme por mi nombre, —dijo Famil, mientras servía té, con una expresión un tanto incómoda.

—Bueno, al del Margrave Tycoon es técnicamente la familia a la que debo lealtad… pero si me lo permite, entonces así lo haré.

Aunque en realidad, ya le hablaba de forma informal a Liese, así que tampoco cambiaba mucho.

Para el Margrave Tycoon y para Famil, Kurt era un gran benefactor, casi divino. Y yo, como su compañera, probablemente también era considerada una benefactora.

Al ver la montaña de documentos sobre la mesa de Famil, comenté con admiración:

—De verdad que tienes una cantidad enorme de trabajo… Entonces, ¿por qué me llamaste? No es solo por lo de Kurt, ¿verdad?

—Así es. Recibí noticias de mi padre, y pensé que debía informarte, Srta. Yulishia. —Famil hizo una breve pausa antes de ir al grano—. Es sobre el incidente en Torshen.

—Ah, ¿el caso de los monstruos que aparecieron en el oasis?

—Sí. De hecho, parece que recientemente un equipo de investigación de Torshen salió a estudiar el ecosistema de esos monstruos.

Por fin se ponían en marcha. Pero en lugar de una misión de exterminio, era una de estudio del ecosistema.

Todo iba demasiado lento.

Entendía perfectamente por qué muchos de los habitantes de Torshen decidieron abandonar su país y venir a vivir aquí.

—¿Y obtuvieron algún resultado de esa investigación?

—Pues… parece que no pudieron investigar gran cosa. Lo único que quedaba era un oasis contaminado, convertido en un charco de agua venenosa. No había rastro de los monstruos.

—¿Los monstruos no estaban? ¿Ya se habían movido a otro lugar?

Ante mi duda, Famil negó con la cabeza.

—No… En realidad, últimamente también han estado ocurriendo incidentes de aparición repentina de monstruos fuera de Torshen.

—Vaya, qué curioso, —dije, como si no fuera la cosa conmigo.

La aparición anómala de monstruos no era precisamente algo inusual. Pero ¿qué tenía que ver eso con todo esto?

—En esta misma región también ocurrió un caso en el que aparecieron muchos esqueletos, ¿verdad?

—Sí, así es, pero eso fue culpa del obispo de la iglesia de Polan, ¿no? No creo que tenga relación con esto.

—Yulishia, no se puede afirmar eso tan fácilmente, —interrumpió de pronto una voz familiar desde la puerta del despacho.

Era una chica… una mujer que conocía, con una presencia parecida al viento. Aunque por su apariencia parecía una chica joven, su edad real hacía imposible seguir llamándola así.

—Mimiko, ¿qué pasó con tus clases?

Se suponía que la sección de secundaria todavía debía estar en clase.

—Ahora mismo están haciendo un examen para medir su nivel académico. Pero más importante, sobre el incidente del Obispo Tristán… existe la posibilidad de que un demonio estuviera moviendo los hilos desde las sombras.

—¿¡Un demonio!?

—Solo es una posibilidad, claro. Pero según el testimonio de Lady Lieselotte y los documentos que nos proporcionó el Margrave Tycoon, el círculo mágico que usó para invocar al diablo se parecía mucho al que el Obispo Tristán hizo que Marlefiss dibujara, ¿cierto? ¿No sería lógico pensar que están relacionados?

—Eso…

Yo no había visto personalmente el círculo mágico grabado en las ruinas, así que no podía afirmarlo con certeza.

Sin embargo, sí era un hecho que el «Guionista», subordinado del Rey Demonio, había intentado provocar algún tipo de caos en este país.

En esta nación, el Reino de Homuros, este territorio era el que más cercano estaba a los demonios.

—Bueno, ahora que el Obispo Tristán está muerto, no hay pruebas ni nada… Pero, por las fechas, me cuesta creer que el incidente de los monstruos en Torshen sean solo una coincidencia. Tú pensaste que los monstruos desaparecieron porque se habían trasladado, ¿verdad, Yulishia? Pero, ¿no crees que podría haber otra posibilidad?

Tras decir eso, Mimiko tomó sin permiso la taza de té que Famil había preparado para mí.

—¿Otra posibilidad? ¿Que los hayan eliminado o se los hayan llevado?

—No, según dicen, aquellos monstruos son muy grandes. Si alguien los hubiera matado o transportado, seguro que habría quedado algún tipo de rastro. No me refería a eso. —Mimiko colocó la taza sobre su platillo y dijo—: Me refería a que… ¿y si alguien los hubiera invocado?

—¿Invocado, eh? Ya veo… ¿¡eh!? —Estaba a punto de darlo por válido, cuando me percaté de la peor posibilidad.

La magia de invocación permitía invocar a seres vivos, monstruos… e incluso diablos. Había varios tipos de hechizos de ese estilo. En general, los seres invocados desaparecían cuando el invocador moría o dejaba de suministrarles poder mágico.

Como el hechizo consumía maná constantemente mientras la criatura estuviera invocada, no era posible mantener a un monstruo en el mismo lugar durante mucho tiempo.

Ciertamente, si aquellos monstruos habían aparecido de repente en el oasis y luego se desvanecieron como el humo, también podía pensarse que eran criaturas invocadas.

Al principio, solo pensé: «¿Invocado? Es igual que con los diablos».

Pero pronto comprendí que había algo más grave.

—Oye, eso significa que…

—Si asumimos que esos monstruos fueron invocados con magia, existe la posibilidad de que el invocador se haya mudado a este país como inmigrante. No sabemos cuál era su objetivo, pero podría pasar lo mismo aquí, en esta ciudad o en el territorio del margrave, como en Torshen.

—¿No hay nadie sospechoso?

Tras escuchar las palabras de Mimiko, le pregunté a Famil.

—Cuando buscas sospechosos, todo el mundo empieza a parecerte sospechoso… Pero ahora que lo mencionas, aunque no eran inmigrantes, un enano vino a esta ciudad acompañado de una niña.

—¿Un enano?

Dije eso, y me mostró los documentos sobre ese enano y la niña.

¿La niña… era humana? ¿Y además la hija adoptiva de un enano?

Era raro que un enano adoptara a un humano.

Sin embargo, como los enanos no eran particularmente hábiles con la magia, no creía que tuviera relación con la magia de invocación.

—¿Eh? Este tipo es…

Al ver la información del enano escrita en el documento, sonreí levemente.

Al menos, él no parecía representar un problema.

◇◆◇◆◇

—¿Todos tienen los materiales y las herramientas de alquimia a mano?

—¡Siií! —dijeron.

Todos los estudiantes, excepto Vittel, respondieron a mi pregunta. Él, aún con el ceño fruncido, solo resopló con desdén.

Bueno, solo escuchar explicaciones no era nada divertido, después de todo.

Aun así, estábamos en una escuela, así que tenía que enseñarles lo básico al menos.

—Esta es una especie de hierba medicinal, aunque en realidad no es una hierba, sino una hoja. Viene del árbol healan, el árbol curativo, como se le conoce comúnmente.

—Esos árboles curativos también crecían en Torshen. Aunque estaban a unas tres horas caminando desde el pueblo.

—…Yo también fui una vez a recolectar sus hojas en la montaña. Como no crecen otros árboles alrededor, es fácil de encontrar.

Al parecer, Alcopa y Kritis ya habían visto el árbol curativo antes.

Las hojas de árbol healan podían venderse directamente en las tiendas de herboristas, así que eran perfectas para que los niños ganaran un poco de dinero.

—Sí, este árbol tiene una vitalidad muy fuerte y puede crecer incluso en el desierto. Pero es muy glotón, absorbe muchos nutrientes de la tierra, por lo que no crecen otras plantas a su alrededor. Es casi imposible encontrarlo cerca de pueblos o ciudades. Bien, primero vamos a quitarle las nervaduras principales a esta hoja medicinal.

—Profesor, ¿qué es una «nervadura»? —preguntó Aria.

Cierto… tendría que empezar por ahí.

—Las nervaduras son como las venas de la hoja, parecidas a los vasos sanguíneos de los humanos. Transportan nutrientes… aunque quizá eso fue un poco complicado. En fin, estas fibras se consideran impurezas al preparar medicina, así que debemos eliminarlas. Solo las nervaduras principales y las secundarias, ¿de acuerdo?

—¿Nervaduras principales? ¿Y secundarias?

—Sí, suena un poco confuso, ¿verdad? Por eso preparé esto. —Dije eso y saqué algo que repartí entre todos.

—¡Qué increíble! —dijo Sword al verlo primero.

—Qué bonito… Profesor, ¿qué es esto?

—Esto es una muestra de nervaduras. Se ha eliminado el tejido de la hoja y solo quedaron las fibras.

En otras palabras, era como una especie de esqueleto de hoja.

Se preparaba hirviendo las hojas en una solución alcalina y luego retirando el tejido con un cepillo de dientes o algo similar. Era muy fácil de hacer.

El truco en una clase escolar era, primero, captar el interés de los alumnos.

Y cosas así de inusuales solían fascinar a los niños cuando las tenían frente a ellos.

Cuando yo vi por primera vez una muestra de nervaduras, también me sentí muy emocionado.

—Déjenme a explicar esto observando la muestra, —dije, y comencé a hablar sobre las nervaduras.

 

La elaboración de la poción avanzó sin problemas.

Se hervían las hierbas medicinales, ya sin nervaduras, a una temperatura constante, y luego solo quedaba enviarles poder mágico.

—¿Y cómo se envía el poder mágico? —preguntó Aria.

—Mmm, eso es algo que tienes que sentir por ti misma.

—Pero eso de «sentirlo» no me dice mucho…

—Aria, préstame tu mano, —le pedí, y tomé su mano izquierda. Le envié un poco de mi poder mágico y lo hice circular por todo su cuerpo.

Aunque no podía usar magia, podía manejar ese nivel de poder mágico.

—¡Guau! ¿Qué es esto?

—Es el flujo de tu poder mágico, Aria.

—¿Mi flujo de poder mágico?

—Sí, eso es. Ahora, extiende tu mano derecha hacia adelante.

Cuando Aria extendió la mano, yo expulsé el poder mágico que le había transmitido antes desde su palma. Entonces, un pequeño resplandor de poder mágico emergió de su mano.

—Qué sensación tan extraña… Fue como usar un músculo que nunca había usado antes.

—Exacto, esa es la sensación de «emitir poder mágico».

—¡Increíble! ¡De verdad increíble! Profesor, ¿entonces si envío energía mágica así, ya se completa la poción?

—No, todavía no. Ahora, toma la muestra de nervaduras que te di antes y trata de enviarle energía mágica igual que lo hiciste recién.

—¿Lo lograré? —Aria respiró hondo profundamente.

Los demás estudiantes observaban con atención la muestra de nervaduras que ella sostenía.

Aria abrió los ojos y apretó con fuerza la mano.

—¡No, no! No se trata de fuerza física. Recuerda la sensación de antes.

—Sí-sí… —Aria cerró los ojos, tratando de agudizar sus sentidos.

Y antes de que abriera los ojos, ocurrió un cambio en la muestra de nervaduras.

El poder mágico fluyó por las nervaduras, y una luz roja comenzó a brillar.

—…Increíble —murmuró Aria.

—…Qué hermoso —comentó Kritis.

Sí, ver el poder mágico fluyendo por las nervaduras era realmente hermoso.

Sin embargo, este fenómeno de que las nervaduras brillaran era, en realidad, algo que interfería con el flujo de poder mágico en la elaboración de pociones. Por eso se retiraban las nervaduras durante el proceso.

—El atributo mágico de Aria parece estar muy vinculado al fuego. Si envías energía en ese estado, no se puede completar una poción, —expliqué.

Para hacer una poción, era necesario canalizar energía mágica del atributo de vida.

—¿Entonces yo no voy a poder hacer pociones?

—No es así. Cualquiera puede manejar energía mágica del atributo de vida.

Tomé de nuevo su mano izquierda y le transmití poder mágico.

El poder mágico que le envié se fusionó con el suyo y adoptó el atributo de vida.

—Ahora siento como si hubiera usado una parte de mi cerebro que nunca antes había usado…

—Muy bien, intenta canalizar energía mágica una vez más.

—Ah, entendido.

Esta vez, canalizó su energía mágica en la muestra de nervaduras.

Entonces, la muestra brilló con un tenue color rosado.

—Profesor, ¿esto es el atributo de vida?

—Sí, así es.

—Increíble… ¿Entonces, con esto, también podría usar magia del atributo de vida?

—Bueno, eso no lo sabremos con certeza hasta investigar tu afinidad mágica. Yo, por ejemplo, no tengo ninguna, así que no sabría decirte, —respondí con una sonrisa incómoda para disimular—. Muy bien, ahora todos vamos a intentar manejar poder mágico del atributo de vida.

—¡Sí! —respondieron todos con entusiasmo.

En solo cinco minutos, todos los estudiantes excepto uno lograron manejar poder mágico del atributo de vida.

—Vittel, ¿por qué no lo intentas tú también? —le dije, dirigiéndome a él, que nos observaba desde un rincón del aula.

—…Está bien. —respondió Vittel con desgana, aunque…

 

—¡Miren! ¡Mi luz es la más fuerte! ¡Jajajajajá!

 

Parecía estar disfrutando mucho la clase.

Después de eso, almorcé junto a los alumnos y expliqué el texto que Mimiko me había entregado.

Eran trescientas páginas, pero con este ritmo, creía que podría enseñarlo en cinco minutos diarios y terminar en unos cuatro días.

◇◆◇◆◇

Yo, Yulishia, había llegado a los dormitorios del personal de la escuela.

—Jamás imaginé que estarías aquí, viejo ermitaño.

El que estaba allí era el viejo conocido como el «Sabio de las Armas», un legendario herrero al que le había pedido prestado su taller cuando forjamos mi espada, Flor de Nieve.

Por lo visto, inspirado por Kurt, el viejo decidió empezar a aprender alquimia desde cero, y fue a ver a Lady Ophelia, una Jefa de Atelier a la que había ayudado en el pasado.

Según me contó Famil, como resultado de eso, logró que Ophelia aceptara enseñarle alquimia con la condición de trabajar como instructor exclusivo de herrería en esta escuela.

A decir verdad, primero tuvimos a una maga de la corte, luego a una Jefa de Atelier activa, y ahora a un legendario herrero como profesor… Esta escuela se estaba convirtiendo en algo realmente fuera de lo común.

Y pensar que pronto llegará un nuevo maestro para sustituir a Kurt. Pobre, lo compadezco.

—Pero oye, tampoco me esperaba que tú conocieras a la señorita Ophelia, muchacha, —dijo el viejo.

No me convencía mucho eso de que Ophelia fuera la «señorita» y yo una «muchacha» cualquiera.

—Pero dime una cosa… ¿Qué es esta escuela? Tiene unas instalaciones impresionantes. Eché un vistazo al taller de herrería y es mucho más sofisticado que mi propio taller. ¡Y eso que el mío es el taller del legendario Sabio de las Armas!

—Bueno, es que esta escuela la construyó Kurt.

—¡¿Ese muchacho?! …Ya veo. Eso lo explica todo, —dijo, aceptándolo de inmediato.

Bastó con mencionar el nombre de Kurt para que el viejo se mostrara completamente conforme.

Supongo que quienes han visto de primera mano de lo que Kurt es capaz acaban reaccionando así. Yo también suelo resignarme con solo pensar en «es Kurt».

—Por cierto, ¿y la niña que te acompaña? No me digas que es tu hija ilegítima… Dicen que es humana, ¿no?

Le pregunté sobre Kritis, quien había llegado aquí con el viejo.

—Ah, la recogí de camino. Ya hablé con sus padres, así que no fue un secuestro. Y tampoco es que me gusten las niñas. Al principio incluso pensé que era un chico.

Y así, el Ermitaño de las Armas comenzó a contarme desde cómo conoció a Kurt hasta cómo acabó recogiendo a Kritis.

◇◆◇◆◇

A esta montaña, cuya cima parecía tener dos cabezas, la gente del lugar la conocía cariñosamente como el Monte de las Dos Cabezas, y yo, el llamado Sabio de las Armas, había vivido allí durante setenta años.

Puede que alguien dijera que setenta años no eran mucho para la esperanza de vida de un enano, pero tanto para un enano como para un humano, setenta años eran un periodo que transcurría por igual.

Incluso yo, que decía esto, sentía que había cambiado.

A pesar de que todos los días me limitaba a golpear el martillo frente al yunque, quienes me conocían me veneraban como el «Sabio de las Armas», y, de vez en cuando, algunos comerciantes que escuchaban los rumores venían a comprarme armas.

Sin embargo, viviendo solo en lo alto de una montaña como esta, no había realmente en qué gastar el dinero.

Ya tenía más de quinientos años de provisiones en reservas, solo por recibir alimentos no perecederos y licor de parte de un comerciante ambulante conocido.

Todos los materiales necesarios para forjar armas podían obtenerse en esta montaña, y nunca sentí el deseo de usar materiales de fuera.

Por eso, nunca trataba con comerciantes, y solo forjaba armas para personas que yo mismo reconociera como dignas de recibirlas. Pero, claro está, no era común que apareciera alguien así. A lo mucho, aparecía uno cada varios años.

—…¡Oye, ¿estás ahí, ermitaño?! —se oyó una voz.

Uno de esos tontos que aparecen cada varios años había llegado.

Era una mujer —creo que se llamaba Yulishia— que había mostrado su rostro. Una belleza de cabello blanco. Aunque aún inexperta, tenía un brillo prometedor, así que en su momento le forjé una espada.

—Cuánto tiempo sin verte, muchacha.

—¿Eh? ¿Te acuerdas de mí?

—Por supuesto. No hay muchas personas por las que yo me tome la molestia de forjar una espada. ¿Y bien? No pareces del tipo que vendría solo a saludarme, ¿verdad…?

—Bueno, más que un saludo… vine a disculparme. Mira, esto… a pesar de que me la hiciste con tanto esmero… —dijo, y me mostró una espada completamente destrozada.

Una espada que reflejaba cuán feroz había sido la batalla. Era irreparable.

—…No necesitas disculparte. Con solo verla, entiendo. Ya veo, te fue útil.

—Sí, me fue de muchísima ayuda. Me salvó la vida más veces de las que puedo contar. Si no hubiera sido por esta espada, probablemente no estaría aquí ahora. Gracias.

—No hace falta que me agradezcas. Las espadas se forjan para servir a las personas. Si cumplió su propósito y cayó en combate, lo correcto como herrero es despedirla con orgullo.

Una espada no es un adorno. Solo al ser usada se convierte verdaderamente en una espada.

Tuvo un buen final.

Así, le hablé al alma de mi «hijo», que había cumplido su misión.

—Bien, muchacha. Te forjaré una nueva espada.

—Ah, no hace falta.

—¿¡Oh!? Qué alegría… Bueno, verte me ha motivado y… ¿eh? ¿Qué dijiste?

—Dije que no hace falta que forjes un arma.

¿Eh? ¿Eh? ¿Eh? ¿Acaso no sabías que hasta espadachines de renombre pasan tres días y tres noches suplicándome que les forje una espada? ¿Y tú me dices que no hace falta? ¿¡Qué se supone que significa eso!?

—¿Acaso te sientes mal por haber dejado la espada en ese estado? Si es así, no importa. Puedo forjarte una nueva usando acero de Damasco, una técnica secreta de los enanos.

—No, verás… es que ya le pedí el favor a un conocido.

—¿Un conocido, dices? Hmff. No sé qué clase de herrero será, pero… ¿estás segura de que es seguro usar un arma forjada por un tipo así?

¡No te burles! ¿Estás diciendo que prefieres una espada hecha por un don nadie en vez de una de las mías? Pensé.

¡Incluso me ofrecí a usar acero de Damasco! ¡Acero de Damasco! ¡Ese metal casi legendario! Ahora que lo pienso, seguramente me había dejado llevar por el orgullo.

—No te preocupes, es alguien en quien confío. De hecho, está esperando justo afuera. Bueno, yo me retiro.

—¡Espera, muchacha! Déjame ver la cara de ese herrero tuyo.

No podía quedarme tranquilo sin echar un vistazo al herrero del que hablaba con tanta convicción.

Salí de la casa y, allí, esperando, había un joven de cabello gris.

Por alguna razón, sostenía una olla pequeña en la mano.

Esa fue la primera vez que conocí al muchacho llamado Kurt.

—Mucho gusto, me llamo Kurt. Trabajo como asistente en el mismo atelier que la Señorita Yulishia. —dijo el chico mientras hacía una reverencia.

—Kurt, ¿terminaste con el trabajo?

—Sí, ya acabé, pero sobró bastante mineral. ¿Qué deberíamos hacer?

Ya veo. Me preguntaba por qué alguien de un Atelier había venido hasta esta montaña, pero resultó que estaba aquí para recolectar mineral. Ciertamente, esta montaña no me pertenecía, y era verdad que se podía obtener mineral de hierro de excelente calidad si se cavaba un poco. Eso tenía sentido.

Entonces observé con atención el mineral, ligeramente raspado, que el muchacho sostenía.

A simple vista parecía hierro negro, pero no lo era. Tenía una fuerza interna distinta.

Fue en ese momento que finalmente me di cuenta de que aquel metal no era otro que ese metal, el metal legendario del que se decía tenía la mayor resistencia del mundo.

—Supongo que no queda de otra más que llevármelo, ¿no? La gente se queja bastante hoy en día de la disposición ilegal de residuos industriales.

—¡No trates la adamantita como si fuera basura industrial! —grité sin querer al ver al muchacho decir esas tonterías con cara de preocupación.

La adamantita era un metal legendario que incluso los niños conocían y que ni siquiera un ermitaño podía ver fácilmente. Incluso yo lo deseaba con desesperación… ¡¿y él lo llamaba residuo industrial?!

—Pero este material es tan duro que procesarlo lleva su buena parte de trabajo. Si se trata solo de algo resistente, el hierro o el cobre son más fáciles de trabajar y suficientes. La verdad, pensaba enterrarlo bajo tierra por lo molesto que es… es broma, jejé.

—¡No lo entierres! ¡No es basura orgánica! ¡Si no lo quieres, dámelo a mí!

Dije eso sin poder contenerme. Lo dije, simplemente lo solté.

…Ya veo, así que esto era una trampa.

Cuando uno mostraba avaricia, los comerciantes eran el tipo de gente que se aprovechaba de eso, presentando condiciones que normalmente no aceptarías ni aunque te estuvieras muriendo.

Por ejemplo, podrían decir: «Está bien si quieres forjar una espada de adamantita, pero el arma terminada será para mí».

Eso fue lo que pensé justo después de haber hablado.

Sin embargo, al recordar las palabras que soltó ese muchacho llamado Kurt, pensé que si al menos me hubiera puesto una condición así, mi corazón habría permanecido en calma.

—Ah, está bien. Puede quedárselo si quiere.

—…¿Qué? ¿Acabas de decir que puedo quedármelo?

—Sí, eso dije.

—¿Que yo puedo quedármelo?

—Así es.

—¿Gratis?

—De todos modos pensaba tirarlo.

—¿Y las condiciones?

—Solo asegúrese de no sacarlo el día de la basura no quemable. La eliminación de residuos industriales debe ser reportada debidamente a la oficina municipal.

—¡¿Cómo voy a hacer eso?!

Sospeché por un momento si el muchacho lo decía en serio.

Miré a la chica, y ella solo sonreía con una mueca de incomodidad.

—Kurt, el viejo ermitaño también está confundido… ¿por qué no le pides algo a cambio? —dijo ella.

Tenía razón. Eso me habría aliviado.

Incluso habría estado dispuesto a darle todas las espadas del almacén… sí, eso hubiera estado bien.

Pero antes de que pudiera hacer esa propuesta, el chico habló:

—¿Eh? Entonces, ya que estamos, ¿podría usar su fragua? Me gustaría forjar aquí mismo la espada para la Señorita Yulishia.

—¿Qué? ¿El herrero del que hablaba esta muchacha eras tú, mocoso?

No lo podía creer. Sí, es verdad que ella había dicho algo así, pero… ¿lo decía en serio?

—Sí. En realidad, no tengo la capacidad suficiente como para forjar la espada de la Señorita Yulishia, pero el Jefe de Atelier está ocupado.

—¿Cuál es tu rango de aptitud como herrero?

—Rango C.

Rango C… Para el talento de un herrero, era un nivel de experto.

Bueno, incluso si le prestaba la fragua, no parecía que fuera a usarla de forma indebida.

—Bien, no hay problema. Te llevaré a la fragua.

Así, invité al muchacho y a la chica al interior.

Ahora bien, veamos de lo que eres capaz , pensé, y observé al muchacho, cuando de pronto noté algo extraño.

El lingote que había sacado no era adamantita. Más aún, era un metal que nunca antes había visto.

—Chi-chico… ¿qué clase de lingote es ese? —pregunté con la voz temblorosa.

—¿Ah, esto? Es una aleación de mitrilo y adamantita.

—¿¡Una aleación de mitrilo y adamantita!? ¿¡Cómo demonios hiciste eso!?

—Pues… simplemente lo mezclé un momento afuera del taller.

—¿¡«Un momento», dices!?

—Sí, con esta ollita.

—¿¡Con una ollita!?

Ya no podía dejar de sorprenderme.

El chico, sin prestarme la menor atención, encendió el fuego de la fragua.

Yo la había ajustado a mi manera, y era difícil de usar para un principiante, pero él lo hizo con total naturalidad, sin recibir ninguna explicación. Como un recién nacido que sabe instintivamente aferrarse al pecho de su madre.

Luego sacó una pequeña bolsita de la que vertió una arena rojiza… eran rubíes pulverizados.

Además, todos estaban convertidos en cristales mágicos de fuego.

Ciertamente, con esa fuente de energía, era posible alcanzar la temperatura necesaria para forjar una aleación de mitrilo y adamantita.

Pero eso no era todo. Normalmente, la adamantita tiene una bajísima afinidad con los cristales mágicos, por lo que no se ve afectada fácilmente por la magia, pero eso también la hace inadecuada para fabricar espadas mágicas.

Sin embargo, al mezclarla con mitrilo, que posee una alta afinidad mágica, se lograba que pudiera ser forjada usando cristales mágicos de fuego.

Al emplear partículas de esos cristales de fuego, la intensidad del fuego aumentó, y el sudor comenzó a correr por mi frente al observarlo.

Entonces, el muchacho comenzó a forjar la espada.

Fue en ese momento que lo comprendí… comprendí por qué quería deshacerse de la adamantita.

El muchacho probablemente usaba un tipo de herrería mágica que aprovechaba una enorme cantidad de poder mágico desde su interior. Por eso, forjar solo adamantita resultaba difícil para él.

Y aun así, en apenas cinco minutos, la espada tomó forma.

Era idéntica a la que la muchacha había usado anteriormente.

—Oye… muchacha… ese mocoso… ¿es de verdad solo un ayudante del Atelier? —le pregunté con voz temblorosa, mientras los dos observábamos cómo la espada terminaba de forjarse.

—Claro que no… solo que, para ese chico, esto es lo normal… le pasa a menudo. Por favor, no le digas nada.

—¿Lo normal…? ¿Eso es lo normal para él?

El muchacho pasó a darle los toques finales a la espada.

Sumergió la hoja al rojo vivo en agua templada, y el resplandor rojo se tornó en un fulgor blanco.

Finalmente, encajó la hoja en una empuñadura que parecía haber preparado con antelación, y colocó el remache.

Así, la espada quedó terminada.

—Señorita Yulishia, por favor, revísela.

—Ah… ah, sí. El peso y la sensación al sostenerla no han cambiado mucho respecto a la anterior… no, diría que está un poco más pesada.

—Pensé que así sería más fácil de usar.

—Tienes razón, últimamente he ganado algo de fuerza… Aun así, es hermosa.

La espada brillaba con un resplandor blanco… me pareció que tenía el mismo color que el cabello de la muchacha.

No, lo sabía.

Vi el rostro del chico, levemente avergonzado… probablemente ese color no era una coincidencia, sino que había querido imitar el color del cabello de ella.

En serio… con todo el talento que mostró, su corazón seguía siendo el de un chico puro y sincero.

Y en ese momento, la leve punzada de celos que había sentido desapareció por completo de mi corazón.

Observé al chico y a la muchacha salir de la cabaña, y luego miré la adamantita que había quedado.

Con mis habilidades actuales, ya no podría forjar una espada mejor que la de ese muchacho.

Ya había fallado como herrero.

Una aleación de adamantita y mitrilo. Forjar una espada con eso… Quizá no sería mala idea estudiar alquimia desde cero.

Al fin y al cabo, los enanos tenemos una larga esperanza de vida. Tropezar no es más que una buena oportunidad para cambiar de rumbo.

Te lo agradezco, chico.

Tú me mostraste una obra insuperable.

Y precisamente por eso, en honor a tu espíritu, algún día forjaré una espada que supere a la tuya.

…Con ese fervor en el pecho, pasó una semana.

 

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