El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 3 Capítulo 4. El Ataque de los Monstruos y el Misterioso Comerciante Ambulante Parte 4

—…¡¿Eh?! Es cierto…

Había estado tan impactada por cómo se derretía el acero que no me fijé en ese detalle: el suelo de piedra no había sufrido ningún daño.

—No hay problema. Este suelo de piedra está tratado para resistir incluso el veneno de Uróboros.

—¿El veneno de Uróboros…?

El veneno de Uróboros era, junto con elixires y la piedra filosofal, uno de los ítems legendarios.

Ya veo… si podía resistir incluso eso, entonces no habría nada de qué preocuparse.

—Qué lujoso, ¿no? Una piscina gigante que se convierte por completo en una jaula para insectos, —dijo Famil con un tono despreocupado, como si por fin se hubiese relajado.

Bueno, supongo que después de que todo terminó, podía permitirse estar tranquila.

—¿No sería más bien un acuario, ya que tiene agua? —comenté yo, siguiéndole el juego a Famil.

Justo entonces, Kurt pareció notar algo y su expresión cambió por completo.

—¡Esto es…! ¡Es grave! —Kurt dio una orden rápidamente al gólem, y el gólem gigante con forma de piscina comenzó a volver a su forma original.

Cuando la piscina recuperó completamente su forma, ya no había rastro del ciempiés gigante. Solo quedaba algo que flotaba… como una momia completamente reseca.

—No me digas, ¿eso es…?

—Es la persona que se transformó en el gusano gigante para jugar. Señorita Yuli, présteme esas zapatillas, —dijo Kurt. Tomó las zapatillas que yo tenía en la mano y las lanzó al interior de la piscina.

El agua, antes turbia y verdosa, volvió a ser completamente cristalina.

Kurt entró entonces a la piscina y sacó de ella al jefe, ahora reducido a una momia seca.

—…¿Se salvará?

—…Lo siento, pero ya ha fallecido.

—¿Por la piedra de invocación…? No, ¿fue por el medicamento de transformación que usted mencionó, Sir Kurt? —preguntó Liese.

Pero Kurt negó con la cabeza.

—La poción de transformación no tiene efectos secundarios como este. Esto fue causado por otro tipo de veneno. Seguramente fue preparado para activarse con un retraso después de usar la poción.

—Espera, Kurt. Ese viejo dijo que había fabricado él mismo la piedra de invocación… o mejor dicho, esa poción de transformación. ¿No pudo simplemente haberse equivocado en la preparación?

—Lo dudo mucho. Los ingredientes no coinciden en lo más mínimo, —respondió Kurt. Dicho eso, se arrodilló frente a la momia que había sido el jefe, juntó las manos y ofreció una plegaria.

Él no sabía que el jefe había secuestrado al padre de Randle, lo había convertido en un monstruo y, además, había intentado destruir la ciudad. No, ni siquiera debía saber que esa momia había sido el jefe.

O quizás… era mejor que no lo supiera.

—Famil… sobre este hombre…

—Sí. Oficialmente, diremos que fue asesinado por el monstruo que apareció. Dejémoslo así.

Si se llegaba a saber que el jefe había sido el causante del incidente con los monstruos, era muy probable que surgieran tensiones entre los inmigrantes de Torshen y los residentes originales del país.

Aun así, el hecho de que este incidente ocurriera precisamente en esta ciudad podía considerarse una suerte dentro de la desgracia. Si hubiera pasado en la ciudad del señor del territorio o en cualquier otra, el daño habría sido inmenso… ¿eh?

—¿Qué pasa, Srta. Yuli?

—Liese, ¿por qué este hombre causó el incidente aquí en Rikurt?

—Dijo que quería obtener datos de combate para enfrentarse a los caballeros… ¡¿Aah…?!

—Sí, eso dijo. Pero… ¿cómo sabía siquiera que había caballeros destinados en esta ciudad en primer lugar? Un ciudadano normal no tendría cómo saberlo. Y si el jefe era el verdadero autor intelectual, entonces… ¿quién era el demonio del que habló Randle? Aunque llevara una capucha y ocultara su rostro, si fuera la voz del jefe, lo habría notado, ¿no?

Diciendo eso, vi como Kurt intentaba cargar el cuerpo del jefe para enterrarlo, pero siendo detenido por una de las Phantom.

—Si, como dijo Kurt, el jefe fue manipulado por alguien, y el objetivo de ese alguien no era obtener datos de combate contra caballeros… sino otros datos… Por ejemplo, ¿y si lo que buscaban era información sobre Kurt?

Justo había llegado un reporte: la Phantom que había enviado a por la flur azul de Kurt fue encontrada inconsciente frente a la habitación en la que estaba.

A pesar de eso, alguien fue al área de enfermería, donde estaba Kurt, y le dijo que llevara la flor azul a la piscina.

Intentamos verificarlo en los monitores, pero no había grabaciones del interior de la escuela, así que no se pudo identificar al responsable.

Sin embargo, si su intención era enfrentar a Kurt contra el ciempiés gigante, entonces todo cobraba sentido.

—¿Datos sobre Sir Kurt…? ¿No me digas que fue el «Guionista»?

—No lo sé. Pero debemos estar alerta.

Tal como dijo Liese, si había un demonio que podía actuar en nuestra contra, solo podía ser aquel astuto ser que usó al Margrave Tycoon para tratar de arruinar esta región, la más cercana al territorio de los demonios… El «Guionista».

Ese individuo, ya había sido frustrado una vez… no, si pensamos que también pudo estar involucrado en el complot del Obispo Tristan, entonces dos veces, y ambas a manos de Kurt.

Para alguien como él, que aparentemente tenía una gran confianza en sus planes, aquello debía ser algo imperdonable.

Mientras pensaba en eso, me llevé una mano al pecho.

A pesar de la situación actual, estaba a punto de actuar sola para resolver mi propio problema, de manera egoísta.

¿De verdad estaba bien hacerlo?

No, no podía arrastrar a Kurt a mis problemas personales…

◇◆◇◆◇

Yo, Kurt, murmuré para mí mismo frente al aula.

—¿Hoy es la última clase, eh…?

El incidente de anteayer.

La muerte de un hombre dentro de la escuela causó un gran revuelo, y las clases de ayer fueron canceladas.

Al final, nunca supimos quién era aquel hombre, pero se impuso una orden de silencio y se nos prohibió hablar sobre la poción de transformación.

Además, aunque aparentemente no tenía relación con el incidente, se reportó que un monstruo había aparecido cerca de la aldea y que el jefe había muerto. Al parecer, se trataba del monstruo que había contaminado con veneno la fuente del río, y fue la Señorita Yulishia quien lo derrotó.

También sobre ese monstruo se impuso una orden de silencio, así que nunca llegué a saber de qué tipo era.

Seguramente fue un orco, un ogro o alguna criatura espantosa.

Aun así, la noticia de que el monstruo que había contaminado el río había sido derrotado se esparció por la aldea y puso una sonrisa en los rostros de los aldeanos.

La Señorita Yulishia era, sin duda, increíble.

En cambio, yo…

 

La última clase —después de enseñar cómo crear aleaciones a partir de mitrilo y otros metales— suspiré en silencio dentro de mí.

Al final, ni siquiera había podido cubrir ni la mitad de lo que tenía planeado.

Si hubo algo que sí logré según lo previsto, fue terminar de enseñar el texto que me había dado la Señorita Mimiko.

—Con esto concluyen las clases. A partir de mañana, el nuevo profesor se encargará de continuar, así que esta fue mi última clase. No fue una gran enseñanza, pero…

Justo cuando terminé de decir eso, todos los estudiantes, excepto Vittel, se pusieron de pie.

—¡Gracias por esta semana, profesor Kurt! —Todos, al unísono, me dijeron eso.

—Sus clases fueron muy fáciles de entender, profesor.

—Yo pensaba que la escuela solo servía para obtener conocimientos básicos y títulos, pero no sabía que podía ser tan divertida.

—Usted nunca hizo distinciones entre los niños de Torshen y los de este país.

—A pesar de tener su trabajo de profesor, también cuidaba el jardín de la escuela.

—…y fue muy amable con todos nosotros.

Sword, Aria, Alcopa, Tsuki y Kritis me dijeron esas cosas con una sonrisa.

Y entonces, Vittel, que no se había levantado antes, se puso de pie con algo de retraso.

—Usted también me escuchó cuando necesitaba hablar con alguien… Le agradezco mucho. No pude decirlo antes, pero… gracias, profesor Kurt. —Diciendo eso, hizo una reverencia ante mí.

—Chicos… —Sentí cómo se me llenaban los ojos de lágrimas.

—La verdad, queríamos pedirle a los otros profesores que no lo dejaran ir.

—Escuchamos que todavía no han asignado al profesor para los cursos especiales durante las vacaciones largas. Así que, profesor, ¿por qué no vuelve a ser nuestro maestro entonces?

—Si el profesor Kurt da clases, ¡yo asistiré sin falta!

—Para esa época, los campos ya estarán más tranquilos.

—Mi hermano y yo le debemos mucho.

—…Yo también quiero participar.

Que alguien como yo… Que quieran volver a escuchar mis clases… Fue algo que nunca imaginé.

Yo también… en el fondo, quería seguir siendo profesor por más tiempo.

Pero, con la misma intensidad, también quería seguir trabajando en el Atelier.

—Chicos… gracias. De verdad, muchas gracias. Hablaré con la Señorita Famil al respecto.

Decidí ser un poco egoísta.

Quería elegir ambos caminos: el trabajo como encargado provisional del Atelier y también el de profesor.

—Ah, y esta vez sí me enseñas cómo hacer esa piedra filosofal de la que hablabas, ¿sí? —Dijo Vittel con una sonrisa.

◇◆◇◆◇

Una hora después de que terminaran las clases de Kurt.

—Muy bien, todos han llegado. A partir de mañana yo estaré a cargo de sus clases. Soy Mimiko. Pueden llamarme profe Mimiko. —Dije eso a los estudiantes que se habían reunido.

Sus rostros mostraban expresiones apagadas.

Se notaba que pensaban que preferían las clases de Kurt. Vaya, así era difícil empezar.

Pero, esto era algo necesario.

—Antes que nada, quiero decirles algo. Todos ustedes ya han terminado el contenido correspondiente al nivel preparatoria de la escuela.

—¿Eh?

—¿Recuerdan esto? —Dije eso mientras sacaba un libro de texto.

El mismo que Kurt había repartido a todos durante las clases.

—Es el libro que nos enseñaba el profesor Kurt durante los descansos, ¿verdad?

—Este es un texto que se usa en el nivel de preparatoria. Normalmente, se supone que deben aprenderlo durante el transcurso de un año.

—¿Eh? Pero el profesor Kurt solo nos enseñaba cinco minutos al día y aún así era muy fácil de entender…

—Sí, realmente me pregunto cómo hizo para enseñarlo tan bien…

Tal vez eso de tener aptitud SSS como docente no era ninguna exageración.

Escuché sobre el contenido de sus clases, y al parecer se trataba de un método cuidadosamente calculado que tomaba en cuenta la forma de pensar de estos seis estudiantes para facilitarles la comprensión.

Probablemente, si otros estudiantes hubieran recibido exactamente la misma clase, solo la mitad de ellos habrían podido entenderla. Aunque claro, que comprendieran la mitad de lo que se enseña en un año ya era bastante impresionante.

—Entonces, ¿eso significa que ya no tenemos nada más que aprender en la escuela, profe? —Preguntó Aria.

—No, ahora les enseñaré conocimientos básicos y sentido común. Porque lo que enseñó Kurt en una semana, y las habilidades que ustedes adquirieron, son completamente fuera de lo común…

Después, se les iba a garantizar una posición en el Instituto Real de Investigación… pero decidí no mencionar eso por ahora.

La primera clase sobre sentido común que impartí después de eso… fue bastante difícil.

Por poner un ejemplo, los seres humanos, para vivir, inhalaban oxígeno, lo llevaban a los pulmones, lo distribuían por todo el cuerpo a través de la sangre, y luego transportaban el dióxido de carbono generado de vuelta a los pulmones para exhalarlo. La sangre también era bombeada por el corazón, que cumplía el rol de una especie de bomba, y… ¿no era increíble todo eso?

Era como enseñar que el acto de respirar —algo que se hacía de forma natural— en realidad era un proceso complicado.

Y justo al terminar la clase, como lo había previsto, uno de los estudiantes se me acercó.

—Profesora Mimiko…

—Les dije que me llamaran profe Mimiko… ¿qué ocurre, Vittel? —Como Vittel me miraba con una expresión muy seria, dejé de bromear.

—Yo… quiero que me acepte como su aprendiz de magia.

Sabía que acabaría diciendo eso.

—Me han pedido lo mismo… que te acepte como aprendiz… incluso el mismísimo Lord Triad me lo pidió. Sin embargo, hay muchas personas que desean convertirse en aprendices de un mago de la corte. Aunque seas el hijo de un marqués, si solo tienes un poco de talento para la magia, no puedo aceptarte así como así.

De hecho, los aspirantes a ser mis aprendices llegaban a ser cientos cada año.

—Vittel. Dime, ¿cuántos tipos de atributos mágicos puedes usar?

—¿Cuántos? Pues… el profesor Kurt me enseñó los cuatro atributos básicos: fuego, agua, viento y tierra. Después, los derivados: hielo, rayo, metal y madera. Y los superiores: luz, oscuridad, vida y mente. Aunque, como el profesor Kurt no podía usar magia, todavía solo puedo usar las magias básicas.

—…Los niños son increíbles, ¿verdad? Kurt me enseñó el mismo método, pero por más que lo intenté, por mis prejuicios o ideas preconcebidas, no logré usar todos los atributos. Aunque bueno, el hecho de que pudiera usar magia del atributo madera, que ya había dado por imposible, ya fue todo un logro para mí.

Ante mis palabras, Vittel parpadeó sorprendido.

—…¿Eh?

—Aunque solo puedas usar magia básica de ellos, eres la primera persona en la historia de este país capaz de usar los doce atributos: los básicos, los derivados y los superiores.

Este chico también era como el ejemplo de la respiración.

Tuve que enseñarles que la magia, que usaban como si fuera lo más natural del mundo, en realidad no lo era.

—Mi entrenamiento… no será tan suave como parece por mi aspecto.

—Por favor. —Vittel, quien seguramente se convertiría en un mago de la corte más destacado que yo en el futuro, me dijo eso e inclinó la cabeza ante mí.

◇◆◇◆◇

Al día siguiente de que terminara la última clase de Sir Kurt, nos despedimos de Rikurt.

Yo, Lieselotte, dije que era la gobernadora interina, y Sir Kurt, el representante del Jefe de Atelier, y con eso la maestra Ophelia aceptó, aunque nos dejó una montaña de deberes.

En realidad, tanto la gobernación como el Atelier eran de Sir Kurt, pero bueno.

Aunque empacamos, era solo porque planeábamos regresar durante las vacaciones largas. Además, probablemente usaríamos este pueblo como parada cuando viajáramos desde Valha hacia la ciudad principal del señor del territorio.

Por eso, solo llevamos alimentos perecederos, ropa y los artículos de Sir Kurt que yo no quería que nadie viera. Así que, en realidad, no fue gran cosa.

Entonces, en mi tiempo libre, decidí ir a ayudar a Sir Kurt… no, no fui a colarme en su habitación por la noche… ni por la tarde… solo fui a ayudar, de verdad.

—Se, ñor, Ku, urt . —Fui a su habitación a la velocidad de la luz y, de forma totalmente intencionada, olvidé tocar antes de abrir la puerta.

Lamentablemente, tal como lo había predicho, Sir Kurt estaba preparando su regreso a Valha junto con Akuri, así que no estaba ni cambiándose de ropa ni a punto de meterse al baño.

Fue una verdadera lástima.

Akuri estaba guardando bloques en una caja, pero como no los colocaba correctamente, los bloques se desbordaban. Aun así, sin prestarle atención, seguía apilando más. Tal vez esa era una forma válida de jugar.

—¡Ah, Mami Liese!

Akuri me saludó con la mano mientras sostenía el último bloque que había puesto encima. En ese momento, los bloques colapsaron y se desparramaron.

Akuri los miró fijamente y entonces…

—¡Ei! —dijo. En un instante, los bloques desparramados se acomodaron perfectamente en la caja.

…Eso fue un desperdicio de magia de teletransporte.

Y como usó magia, Akuri se quedó dormida.

—Ah, Señorita Liese. ¿Estaba aquí? —Como no toqué antes de entrar, Sir Kurt no se había dado cuenta de que ya estaba en la habitación—. Lo siento, estaba leyendo esto.

Lo que tenía en las manos era una hoja de papel coloreada.

Parecía una cartulina con mensajes de los alumnos.

—Me alegro de haber sido maestro esta semana.

—Qué bien por usted, Sir Kurt. Tendrá que tener cuidado de no mojar esa cartulina, ¿verdad?

—Sí… aunque lo hicieron a mano. Se aseguraron de que fuera a prueba de agua, polvo, veneno, cortes, fuego, maldiciones y golpes… aun así, no quiero que se dañe por nada del mundo.

—¿La hicieron los alumnos con sus propias manos…?

Según me explicó, sus capacidades estaban lejos de igualar a las de las zapatillas de baño de Sir Kurt, pero aun así, no era algo que pudiera hacer un niño común y corriente.

¿Acaso Sir Kurt había creado una mini aldea Hast durante esta última semana?

Su rango de aptitud SSS como maestro no era solo un título decorativo.

—Fueron todos muy buenos alumnos. A pesar de que yo era un mal maestro, me decían que era el mejor, o que era maravilloso… Incluso Vittel dijo que yo enseñaba mucho mejor que los profesores de la capital… aunque eso no puede ser cierto. —Sir Kurt dijo eso mientras acariciaba suavemente la cabeza de Akuri, que dormía.

Se veía muy feliz… pero también muy triste.

Al ver esa expresión, tomé una decisión.

—Sir Kurt, la evaluación de los estudiantes no fue exagerada en absoluto. —Debía hacerle entender que esas opiniones eran sinceras y no meras adulaciones—. Porque, en realidad, la evaluación que le dieron en el examen de aptitud en Hello Work fue falsa. La verdad es que, salvo en combate, tiene aptitud SSS en todo lo demás. Es decir, un nivel sobrehumano imposible de medir con los métodos estándar.

Me armé de valor y le conté todo.

Por ejemplo, que la maldición que se me había sido puesta, y que ni siquiera la maestra Ophelia, una Jefa de Atelier, supo cómo romper, se había curado gracias al arroz congee de Sir Kurt.

Que el mitrilo que él descubrió, o las gemas mágicas que había fabricado, tenían un valor exorbitante.

Que una persona común, incluso si tuviera un núcleo de gólem, no podría crear uno, y mucho menos controlarlo a voluntad.

Y que había muchas otras diferencias entre lo que era sentido común en este mundo y lo que lo era para Sir Kurt.

También le conté que todo esto lo habíamos mantenido en secreto para protegerlo de amenazas externas.

Y, por encima de todo, que muchas personas se habían salvado gracias a él y le estaban profundamente agradecidas.

Al principio, Sir Kurt no creyó mis palabras.

No es que no confiara en mí. De hecho, él se esforzaba por creer en mí.

Se esforzaba, y se esforzaba… y aun así, no lograba creer en su propia habilidad.

Finalmente, le mostré su libreta de ahorros.

Por cierto, originalmente la cuenta de Sir Kurt se había abierto solo en Hello Work, pero ahora estaba dividida en tres: la de Hello Work, la del gremio de aventureros al que pertenecía, y una dentro del dominio del Margrave Tycoon.

—¿Todo este dinero… de verdad es mío?

—Falsificar una libreta de ahorros conlleva cadena perpetua en trabajos forzados o la pena de muerte. Nadie podría crear algo así solo para engañarlo. Ganar esta cantidad de dinero sería imposible incluso si cientos o miles de personas trabajaran toda su vida.

Sir Kurt miraba la libreta en silencio, reflexionando.

—El Jefe de Atelier, Sir Rikuto, fue una ilusión creada a partir de Mariposa, la espada mágica que usted hizo. —Dije eso y, usando a Mariposa, recreé a Sir Rikuto. La ilusión cambió gradualmente, adoptando la forma del propio Sir Kurt, y luego se desvaneció—. …Por último, Sir Kurt, por favor mire esto.

Diciendo eso, le mostré el emblema grabado en mi daga.

Era un escudo con un dragón bicéfalo.

Parecía que Sir Kurt comprendió su significado.

—¿Un dragón de dos cabezas…? Esto es… el emblema de la familia real, ¿verdad?

—Así es. «Liese» es solo mi apodo.

Era mi mayor secreto. Uno que en verdad nunca quise revelarle a Sir Kurt.

—Mi verdadero nombre es Lieselotte Homuros. Soy la tercera princesa de este reino. Estuve a su lado para pagar la deuda que tengo con usted… y para proteger este secreto.

—Ya veo… así que usted, Señorita Liese… Princesa Lieselotte…

Chic.

Sir Kurt, en medio de su confusión, seguramente no notó el dolor punzante que sentí en el pecho, como si me hubieran clavado una aguja.

El dolor de que Sir Kurt no me viera como una mujer más, sino como una princesa… aunque, seguramente, no era nada comparado con la angustia que él debía estar sintiendo.

—Esto… ¿podría pensar en ello un poco, Princesa Lieselotte?

—…Sí. Sir Kurt, yo… —Iba a pedirle que siguiera llamándome Liese, como siempre—. No, por ahora, por favor descanse. Yo me encargaré de Akuri.

Eso fue lo único que pude decir.

Entonces, Sir Kurt acostó con cuidado a Akuri y salió de la habitación. Sin duda, se dirigía a algún lugar donde pudiera estar solo a reflexionar.

Cuando su figura desapareció de mi vista, me desplomé en el lugar.

Ya lo había imaginado.

También lo había aceptado.

Pero aun así… dolía más de lo que esperaba.

Seguramente alguien había estado escuchando desde fuera de la habitación, intentando no ser descubierto por Sir Kurt. Y así fue como apareció la Srta. Yuli y me habló.

—Liese, puedes llorar si quieres.

—No. A partir de ahora, solo lloraré cuando me case con Sir Kurt.

—Pero Kurt me dijo que hace poco lloraste lágrimas de sangre, ¿no?

—Eso fue solo sudor del alma.

—¡¿Eres un caballo mitológico o qué?! —La Srta. Yuli me lanzó esa réplica, mencionando al legendario «caballo suda-sangre»—. …Bueno, da igual. Ojalá puedas casarte con él.

…¿Eh?

Dicho eso, la Srta. Yuli agitó la mano y se dispuso a salir de la habitación. Cuando me fijé mejor, llevaba consigo equipaje como para un viaje largo.

—¿Srta. Yuli, a dónde vas?

—Kurt supo la verdad y ahora necesita pensar. Tú confesaste tu secreto y diste un paso hacia adelante. Yo también debo hacer lo que tengo que hacer. Cuida bien de Akuri, ¿sí?

—Srta. Yuli… volverás, ¿verdad?

No respondió a mi pregunta. Y, esta vez sí, salió de la habitación.

Tenía que detenerla de inmediato… tenía que levantarme.

Eso fue lo que pensé, pero justo en ese momento.

—¡Señorita Liese, es urgente!

La Srta. Famil llegó corriendo. Su rostro estaba completamente pálido, sin una gota de color.

—¡Sir Kurt se ha desmayado! ¡Es extraño, no es algo normal!

………¿¡Eh!?

 

Habían pasado siete horas desde que Sir Kurt colapsó.

Akuri, que normalmente ya estaría dormida a esa hora, lo vigilaba con todas sus fuerzas, creyendo firmemente que él despertaría.

Sir Kurt respiraba suavemente mientras dormía. Su rostro dormido era tan adorable como siempre, pero ni siquiera eso podía hacer que uno se sintiera aliviado.

Quien descubrió primero a Sir Kurt en ese estado fue la Srta. Famil. Lo encontró desplomado en el pasillo y, al verificar rápidamente su condición, se dio cuenta de que solo estaba dormido, lo que le dio un respiro momentáneo.

Sin embargo, al ver que, por más que intentaba despertarlo, no abría los ojos, se dio cuenta de que algo no estaba bien y vino a llamarme.

Aun así, yo tampoco sabía qué estaba ocurriendo, así que le pedí a una Phantom que fuera a buscar a la maestra Ophelia y a la Srta. Mimiko.

—…Realmente parece que solo está dormido. Sin embargo, no responde a ningún tipo de estímulo externo. Pensé que tal vez era una enfermedad, pero su cuerpo no muestra ninguna anomalía. Tampoco parece ser una maldición ni un sueño forzado por algún tipo de droga. Yo no puedo hacer nada al respecto.

—¿Ni siquiera usted, maestra Ophelia, lo sabe?

Ante mi pregunta, la maestra Ophelia asintió.

—Sí. La única posibilidad que queda es que esté dormido por efecto de una magia, no una maldición… pero no soy experta en ese tema.

La Maestra Ophelia miró entonces a la Srta. Mimiko, que estaba a su lado, pero esta negó con la cabeza.

—No, no es magia. Por supuesto, tampoco fue una droga ni una maldición, tal como lo había determinado Ophelia. Lady Lieselotte, en este Atelier había un medicamento de uso común creado por Kurt, ¿verdad? Ese que podía curar cualquier cosa, ya fuera una maldición o una enfermedad. ¿Qué tal si lo usan?

—Lo siento, ese medicamento lo usé antes de avisarles a ustedes dos. No tuvo ningún efecto. —Eso fue lo que dije, mientras me quedaba pensando—. Como era de esperarse de alguien tan fuera de lo común como Sir Kurt… hasta la enfermedad que contrajo escapa a toda lógica. Si Sir Kurt estuviera aquí, seguro descubriría la causa de su propio coma y crearía al instante un remedio que curara incluso algo que ni su medicina habitual podría sanar…

—¡Por favor, cálmese, Lady Liese! ¡Lo que está diciendo no tiene sentido!

La Srta. Famil trató de reprenderme, pero no había forma de que yo pudiera mantener la calma.

Después de todo, Sir Kurt, Sir Kurt estaba

—Akuri la está mirando.

Al escuchar eso de la Srta. Famil, me di cuenta.

Tenía razón… si Akuri estaba aguantando, yo, como su madre, no podía perder la compostura.

—Ya veo. Si esta condición desconocida solo afectaba a Kurt, entonces quizás alguien que lo conociera bien podría saber cómo tratarlo.

—¡Pero, Srta. Mimiko, no creo que haya nadie que conozca mejor a Sir Kurt que yo, que sé su estatura, peso, medidas, tamaño de pie, largo de los dedos, el aroma de su cabello, e incluso la hora a la que se despierta y se acuesta cada mañana, su música y comida favorita, y hasta su tipo ideal de mujer!

—La Señorita Hildegard, la demonio… al parecer fue su amiga de la infancia, pero apenas pasaron tiempo juntos.

Tal como había dicho la Srta. Famil.

Además, respecto a la Srta. Hildegard, no sabíamos dónde estaba ni cómo contactarla, así que no podíamos contar con ella.

Fue entonces que la Srta. Mimiko nos habló:

—Lady Lieselotte, es cierto que ustedes han desarrollado una relación muy estrecha con Kurt, pero solo lo conocen desde hace unos meses, ¿no? Pensé que quizás si fuera alguien que hubiera viajado con él durante años, podría saber algo.

—¿Durante años… no querrás decir…?

—Sí, pensé que tal vez no sería mala idea preguntarle a esa persona.

Esa persona Al escuchar eso, solté un suspiro.

Tenía que ser, de entre todos, justamente ella… de las que había exiliado a Sir Kurt.

 

Usando la piedra de teletransporte de Valha, llegamos a una instalación de detención forzosa en la capital, administrada de forma privada por la Srta. Mimiko.

En la sala de visitas de ese lugar, finalmente me enfrenté cara a cara con ella.

Cuando entré a la habitación, me recibió una mujer con la apariencia de una monja recatada; aunque por dentro no era más que una alcohólica arrogante y avariciosa.

Les había dicho a la Srta. Mimiko y al escuadrón de Phantom que deseaba hablar a solas con ella, así que ahora estábamos solo las dos.

—Me alegra ver que se encuentra bien, Su Alteza Lieselotte.

—…Tú también pareces estar más saludable de lo que esperaba, Srta. Marlefiss.

La monja Marlefiss. Pertenecía originalmente a la Iglesia Polan, pero había sido excomulgada y ahora no estaba afiliada a ninguna orden religiosa.

Marlefiss había pertenecido en el pasado al grupo de aventureros llamado «Colmillo de Dragón de Fuego», al cual también había pertenecido Sir Kurt. Pero cometieron la insensatez de expulsar a Sir Kurt del grupo. Como resultado, ya no hubo nadie capaz de encargarse del mantenimiento de su bastón de asta de unicornio —su arma principal—, y sin poder aprovechar plenamente su poder como monja, comenzó a encadenar fracaso tras fracaso.

—¿«Estar saludable»? Sí, estoy estupendamente. Desde que fui encerrada aquí no he podido beber ni una sola gota de vino, que era mi única fuente de diversión, así que mi hígado está tan saludable que grita del exceso de salud. También he perdido cinco kilos. Hasta la talla de mi pecho bajó de una C a una B.

—Eso es… bastante positivo.

—Y bien, ¿qué desea? ¿Qué motivo la trajo a este cementerio de vidas humanas?

—Hay algo que quiero preguntarte.

Cuando dije eso, la Srta. Marlefiss curvó los labios en una sonrisa torcida.

—Ya conté todo lo que podía contar… no, más bien, me obligaron a contarlo todo. Ajajá, ¿van a torturarme otra vez? Adelante. Estar aquí sin hacer nada es un aburrimiento total. En otras circunstancias, pensaría que todo esto es una prueba divina… pero el Obispo Tristan, el hombre más cercano a Dios en este país, estaba aliado con los diablos. Así que en este mundo ya no queda ningún Dios. ¿Y bien? ¿Qué tipo de tortura será? ¿Me van a sumergir en agua, tal vez?

—…Te lo ruego.

—¿Que me lo ruega?

—Fuiste compañera de Sir Kurt, ¿cierto? Él está en coma, inconsciente. ¿No sabes nada al respecto?

 

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