El Jefe de Atelier Tan Despistado
Vol. 5 Capítulo 2. La Identidad Revelada Parte 3
El sorteo del torneo estaba a punto de comenzar.
Eché un vistazo a los demás participantes sobre el escenario.
A quienes vi primero fue a una pareja formada por un hombre con aspecto de payaso y una niña parecida a una muñeca sentada sobre su hombro: el ilusionista Torqueval y Pico.
Había visto su combate, pero el Señor Torqueval había peleado solo.
El estilo de combate versátil del competidor Torqueval atraía el flujo de la pelea hacia sí mismo y dominaba el campo.
Si me hubiera tocado enfrentarme a él, habría tenido bastantes problemas.
Lo siguiente que llamó mi atención fue la pareja formada por un hombre de torso desnudo con una gran espada a la espalda —el gladiador Guruld— y una mujer baja que sostenía un báculo: la maga Karina. El hombre tenía un elegante tatuaje en la espalda. A diferencia del competidor Torqueval, estos dos peleaban de manera muy ortodoxa.
El Señor Guruld luchaba en la vanguardia, mientras Karina lo apoyaba como maga, y creía que su fuerza era auténtica.
La tercera pareja era la de dos hermanos gente bestia felinos luchadores: el hermano Lee y la hermana Chi. A pesar de que parecían jóvenes, se decía que tenían más o menos mí misma edad.
En el Reino de Homouros no se veían mucho a la gente bestia, pero en la Federación de Ciudades-Isla, Koskeith vivían concentrados en la Isla Zoopark. Sus orejas eran de animales y les crecía una cola; se decía que su capacidad física superaba con creces la de los humanos.
Las tres parejas parecían muy fuertes.
Entre todos, sentía que solo Pico y yo estábamos fuera de lugar.
Y entonces, finalmente comenzó el sorteo que decidiría nuestro destino.
Primero, el competidor Torqueval sacó su papeleta.
Se colocó frente a la caja con los boletos, puso la mano sobre ella y, en el instante siguiente, un papel flotó desde el interior y cayó en su mano.
Después, la Señorita Yulishia sacó su boleto, luego el Señor Guruld tomó el siguiente, y finalmente el competidor Lee recogió la última papeleta que quedaba.
El resultado determinó que nuestros oponentes serían los hermanos luchadores Lee y Chi.
Se decidió que la semifinal y el encuentro por el tercer puesto se celebrarían mañana por la mañana, y la final tendría lugar por la tarde.
—Kurt, ¿tienes algún plan para ahora? —me preguntó la Señorita Yulishia mientras salíamos del recinto.
—Sí. Estaba pensando en ir a la montaña a recoger un poco de leña. Parece que la escasez de leña aún no se ha resuelto del todo.
—Ya veo… Bien, yo también te ayudaré.
—Entonces, ¿vamos los tres? —dijo la Señorita Liese, que en algún momento se había colocado entre la Señorita Yulishia y yo.
—Nada de adelantarse a escondidas, ¿eh, Srta. Yuli?
—Lo sé. Además, gracias por todo.
La Señorita Yulishia le sonrió a la Señorita Liese al decir eso.
La amistad entre mujeres era algo bonito.
—…Sin embargo, Kurt, realmente haces cosas increíbles.
—Sí… jamás pensé que recogería leña de esta manera.
Estábamos recogiendo leña en la misma montaña que habíamos usado durante la primera ronda.
La Señorita Yulishia y la Señorita Liese tenían, por alguna razón, una expresión que parecía de extrañeza y a la vez de resignación.
—Ah, es que en el Reino de Homuros no hay muchos trents, ¿saben? Cerca de la aldea Hast, en cambio, había bastantes, así que solía reunir leña así. —Diciendo eso, toqué la flauta tal como lo había hecho antes.
Al compás de la melodía, un extraño trent con una gran bola de hierba sobre la cabeza, que estaba junto a mí, se movió y recogió las ramas caídas.
Como siempre, hacer que los trents reunieran la leña resultaba mucho más eficiente que hacerlo los humanos.
Después de todo, los trents eran muy fuertes y podían desenterrar fácilmente incluso los tocones que quedaban incrustados en el suelo.
Además, donde había trents, también abundaban las ramas de los árboles.
Justo en ese momento, corté con el hacha que llevaba el tocón que un trent acababa de desenterrar, hasta dejarlo en un tamaño adecuado para usarlo como leña, y lo até con cuerda.
—Um… Sir Kurt, ¿por qué los trents se mueven siguiendo la melodía?
—Bueno, Señorita Liese, ¿acaso usted no siente ganas de ponerse a bailar cuando escucha una música alegre? Es lo mismo.
—¿Lo mismo…? Si es así, no hay nada que hacer… —La Señorita Liese pareció aceptarlo.
—Aun así, no esperaba que hubiera tantos trents sin estar contaminados por el moho luminoso. Durante las preliminares ni me di cuenta.
—Sí, son muchos, ¿verdad?
Tal como dijo la Señorita Yulishia, en ese momento había más de treinta trents recogiendo ramas y tocones.
Yo pensaba que, con el incidente del moho luminoso en las preliminares, su número se había reducido bastante… pero con tantos presentes, reunir leña era una tarea fácil.
Mientras yo tocaba la flauta, a mi lado, la Señorita Liese le dirigió la palabra a la Señorita Yulishia.
—Srta. Yuli, ¿los trent de aquí no son monstruos que salieron de una mazmorra?
—Eso parece, pero, ¿qué pasa con eso?
—Es que… Sir Kurt, en el pasado, produjo en masa gólems de hierro a partir de un núcleo de mazmorra de forma intencional y construyó una ciudad. Quizás alguien también produjo estos trent de manera intencional.
—¿Estos trents? ¿Con qué propósito?
—Eso no lo sé, pero…
La Señorita Liese y la Señorita Yulishia conversaban sobre algo que les preocupaba.
¿La razón para producir trents en masa?
—Quizás, preocupado por la escasez de leña en la ciudad, el comité organizador del torneo produjo trents en masa para ayudar.
La Señorita Yulishia y la Señorita Liese sonrieron con dulzura.
—Eso (por supuesto) no será, —dijeron al unísono.
◇◆◇◆◇
—Entonces, Señorita Yulishia, Señorita Liese. Voy a entregar la leña a la taberna, así que vuelvan antes al alojamiento, —dijo Kurt, que fue a llevar la leña a la taberna anexa al gremio de aventureros.
Pensé en ir con él, pero Liese dijo que quería hablar de algo, así que las dos regresamos primero al alojamiento.
Debido a que allí se hospedaban los VIPs que habían venido a presenciar el torneo de artes marciales, la seguridad parecía bastante estricta.
—Hoy quédate en mi habitación. Si eres tú, Srta. Yuli, aún tengo espacio para unas diez personas más.
—Siendo tú, seguro probaste si podías hacer diez ilusiones de Kurt y aun así tener espacio de sobra, ¿no?
—Jojojojojó.
No lo negó. De hecho, la cama en la que dormía Liese equivalía a unas cinco camas de una posada barata. Si nos apretábamos, realmente podrían dormir unas diez personas allí.
—No me digas que estás en la misma habitación que Kurt.
—Quise hacerlo, pero el Margrave Tycoon se tomó la molestia de prepararle otra habitación… qué innecesario.
Lo dijo con resentimiento, pero si intentaba dormir a la fuerza en la misma habitación, conociendo a Kurt, seguramente diría: «Dormiré en el pasillo». De hecho, cuando nos tocó dormir en la misma tienda de campaña, terminó durmiendo solo afuera.
Pensaba que el juicio del Margrave Tycoon había sido correcto.
Eché un vistazo a la habitación a la que Liese me había guiado y murmuré en voz baja:
—Aun así, esta habitación no le quedaría bien a Kurt.
—Sir Kurt estaba usando la habitación contigua para sirvientes.
—¿Por qué…? ¡Ah!
Cierto, la habitación para sirvientes estaba conectada internamente con la del amo.
No me digas que pensaba colarse en su cama por la noche…
—¿No estarás imaginando algo descortés? Simplemente, la única habitación con horno que Sir Kurt deseaba era una para sirvientes.
—Ya veo, tiene sentido. Entonces, ¿de qué se trata? Si quieres hablar cuando Kurt no está, debe de ser algo complicado, ¿no?
—No seas tan brusca conmigo. Pensé que sería necesario compartir información. Hay un ambiente sospechoso en el aire, que apesta a problemas.
Con esa introducción, Liese me habló de la historia del Señor Orco en la isla Macca, de la guardabosques llamada Chichi y del Consejo del Clan que conectaba ambas cosas.
Una buena ración de historias sospechosas.
—Así que quería preguntarte, Srta. Yuli. El Consejo del Clan Element… yo creía que simplemente era una reunión de la familia del sumo sacerdote del Culto Espiritual y de los señores de la isla Ishisema. Entiendo que es una organización con gran autoridad en la Federación de Ciudades-Isla Koskeith, pero aparte de eso, ¿sabes algo más?
Ante las palabras de Liese, negué con la cabeza.
—Supongo que también lo habrás investigado, Liese, pero mi madre había abandonado la familia. Desde que fue oficialmente desterrada del consejo hace diez años, casi no ha tenido relación con ellos… aunque, el consejo alberga dos grandes aspiraciones.
—¿Aspiraciones? Una será hacer que un espíritu habite en un descendiente de la sacerdotisa guerrera… ¿no es así?
—¿Ya lo sabías?
A la pregunta de Liese, asentí, algo sorprendida.
Jamás había pensado que supiera acerca de la sacerdotisa guerrera. ¿Habría sido Phantom quien lo investigó?
La sacerdotisa guerrera era una mujer que albergaba un espíritu en su interior y luchaba con su poder, y, al parecer, en el pasado había existido realmente.
Sin embargo, en la actualidad, no había nacido ninguna mujer con esa capacidad.
Los miembros de Consejo del Clan de la isla Ishisema, descendientes de la sacerdotisa guerrera, habían ido incorporando durante generaciones la sangre de los más fuertes, convirtiendo en señores de la isla a quienes poseían un cuerpo y una mente robustos.
Yo era consciente de que el hecho de haber podido servir como aventurera adscrita directamente a la familia real no se debía solo a mi esfuerzo, sino también en gran medida al talento que me otorgaba esa sangre.
—Y la otra aspiración estaba relacionada con esto… obtener un espíritu poderoso.
—¿Un espíritu poderoso?
—Así es. En la naturaleza hay espíritus por todas partes. En el mar y los ríos, espíritus del agua; en la tierra, espíritus de la tierra; si enciendes fuego, se reúnen espíritus de fuego, y en el cielo danzan espíritus del viento. A esos se les llama microespíritus y son una gran fuente de poder para la magia espiritual… eso ya lo sabes, ¿verdad?
—Sí. Aunque yo no puedo usar magia espiritual, sí que tengo conocimiento de ella… —Liese ladeó la cabeza, preguntándose qué tenía de especial aquello.
—Pero, en este mundo también existen espíritus diferentes a esos microespíritus, espíritus con un poder inmenso… los grandes espíritus.
—¿Grandes espíritus? ¿Te refieres a los cuatro grandes espíritus de las leyendas?
—Bueno, dicho de forma sencilla, sí.
Los cuatro grandes espíritus eran la salamandra de fuego, la ondina de agua, la sílfide de viento y el gnomo de tierra.
Aun así, eran espíritus de leyenda entre las leyendas, y ni siquiera estaba claro si existían realmente.
Suspiré antes de continuar.
—Pero también hay muchos otros.
—Otra vez un tema de gran escala…
—Sí… y, en realidad, no tenía ni idea de para qué querían conseguirlos… ¿Hmm?
—¿Ocurre algo?
—No… sentí como si estuviera a punto de recordar algo.
«…Vuestra hermana mayor os leerá un libro de cuentos».
…¡……!
En ese instante, lo que había irrumpido fugazmente en mi mente… ¿era la voz de Loretta?
¿Por qué habría aparecido algo como un cuento ilustrado?
—Un dibujo…
—¿Ocurre algo?
Cuando lo murmuré, Liese me miró con una expresión de desconcierto.
—No… es que parecía que había un libro ilustrado con garabatos… pero no, debía de ser mi imaginación. Lo siento. En cuanto al Consejo del Clan, tampoco conozco muchos detalles.
—No, ha sido útil. Bien, entonces hoy hablaremos del asunto más importante.
—¿El asunto más importante?
Al ver la expresión seria de Liese, también tensé mi rostro.
—Sí. Se trata de lo que ocurrió durante las eliminatorias del torneo de artes marciales. Por lo que se me informó, Srta. Yulishia, te quedaste sola con Sir Kurt en la montaña para un ejercicio de supervivencia. He recibido el reporte de la Srta. Yuraile, pero quiero escucharlo directamente de ti.
—¡I-idiota! ¡En ese momento yo realmente creía que Kurt era una chica! ¡No podía pasar nada raro!
—¿De veras? ¿Ni una sola vez sentiste algo inapropiado?
—Por supu… no…
Pensé para mí misma que, si tuviera que casarme con un hombre raro, sería cien veces mejor casarme con Kurumi… quiero decir, con Kurt. Incluso ahora sigo queriendo que Kurt sea mi esposa.
Liese me dirigió una mirada fulminante tras mi pausa.
—¡Así que sí hiciste algo indebido!
—¡Ya te dije que no hice nada!
Esa especie de interrogatorio parecía que continuaría hasta que regresara Kurt.
Él solo había ido a entregar leña, ¿y cuánto tiempo pensaba hacernos esperar?
◇◆◇◆◇
—Gracias, Kurumi… digo, Kurt.
Me dijo la veterana del gremio de aventureros, que estaba en la taberna anexa, sonriendo mientras recibía la leña que llevé.
Como la entrega se había hecho detrás del local, no entré al interior, pero entre los clientes ya parecía haberse difundido la noticia de que yo era un hombre.
Por eso, la clientela masculina se redujo en un treinta por ciento, mientras que aumentó la femenina.
Realmente, nadie había notado que era un chico.
Cuando trabajaba allí, ni siquiera me maquillaba.
Me habían pedido que siguiera trabajando como camarero, pero tenía pensado regresar a Valha, donde estaba el Atelier, después de la competencia de mañana.
El trabajo en el local había sido divertido, dejando de lado el hecho de que me vistiera de chica.
Pero para mí, la Señorita Yulishia, la Señorita Liese, Akuri y todos en «Sakura» en el atelier eran mucho más importantes.
Por eso había rechazado la oferta, aunque la veterana sonrió sin parecer molesta.
—Ya veo. Entonces, después de la competencia de mañana, ¡haremos una fiesta de celebración en el local!
—Espere, espere. Todavía no está decidido que vayamos a ganar…
—No te preocupes. Después de todo, ustedes derrotaron al dúo de Camp y Eón. Ahora, sin duda, son los principales favoritos para ganar.
—Pero quien ganó no fui yo, sino la Señorita Yulishia…
—Si perdieran, igual podríamos celebrar el segundo lugar, el tercer lugar o el cuarto… lo que sea. La idea es simplemente divertirnos todos juntos y celebrarte. Los días que trabajaste aquí nos ayudaste muchísimo. Incluso al gerente le pareció genial.
La veterana sonrió amablemente mientras decía eso.
—Si es así… ¡de acuerdo! Después de la competencia de mañana, definitivamente participaré. —Le agradecí y me retiré del local.
Era hora de preparar la cena.
Después de tanto tiempo, la Señorita Yulishia también estaría conmigo, así que pensé en preparar un platillo un poco más elaborado.
Justo cuando comencé a planear el menú de la noche, alguien me llamó:
—Caballero Rockhans.
—¿Sí…? —Al escuchar mi nombre, respondí sin pensar.
Aunque la voz me era desconocida, al voltear vi a una mujer de unos veinte años que me resultaba familiar.
—Ehm, Señorita Karina… ¿verdad?
Era una mujer vestida con atuendo de hechicera: Karina.
Ella estaría participando en las semifinales.
Su compañero debía ser el gladiador Guruld, pero por ahora no parecía estar con ella.
—Quisiera hablar un momento con usted, ¿tendría tiempo?
—Sí, claro.
Acepté de inmediato sin dudar.
No sabía cuánto tiempo tomaría ese «momento», pero sentía que no sería algo que se resolviera en cinco o diez minutos.
Pensando que tendría que cambiar el menú planeado, entramos en una cafetería con habitaciones privadas, anexada a una posada cercana.
Parecía un lugar usado también por la nobleza, pues los empleados estaban impecablemente presentados.
Karina pidió un té morado [1] , así que yo pedí lo mismo y nos sentamos frente a frente en la habitación privada.
—…Entonces… ¿de qué se trata la charla?
—Disculpe, no quiero que nadie escuche, ¿podría esperar hasta que traigan lo que pedí?
—…Claro.
Ugh, estar a solas con una mujer que acababa de conocer me ponía nervioso.
Como la conversación tendría que esperar al té, también me sentí reacio a charlar trivialmente.
—Disculpe…
—¡Sí-sí! —Al hablarme de repente, mi voz se alteró sin querer.
—Bueno, es que horneé unas galletas, si quiere puede probar. Aquí está permitido traer comida. —La Señorita Karina dijo eso y sacó, envuelta en un pañuelo, una galleta de forma algo irregular, tomando una para ofrecerme.
—Ah… gracias. —Le di las gracias y tomé la galleta para comerla.
Sí, estaba deliciosa.
Parecía que había hecho muchas; ¿podría comer otra?
—…Su señoría es muy confiado, ¿no?
—¿Eh? ¿En qué sentido?
Cuando puse cara de desconcierto, me miró como si no creyera lo que veía.
—Normalmente uno se mostraría cauteloso, ¿no? Un rival con quien podrías enfrentarte mañana te ofrece dulces, y no sabes qué contienen. Yo tenía planeado probar primero para que se sintiera seguro… ¿no pensó que podría estar envenenado?
—Ni siquiera lo consideré. Ah, pero tomé medicina para que los nervios no me causaran dolor de estómago, así que estoy bien.
—No creo que un medicamento para el estómago pueda protegerle de un veneno.
¿Eh? ¿Medicamento para el estómago?
Ah, cierto. En el pasado, escuché que en la ciudad la gente recibe medicamentos específicos según los síntomas. En nuestro pueblo, en cambio, todo se trataba con remedios universales.
Vaya, un medicamento para el estómago no protege contra el veneno. Bueno, eso fue algo que aprendí.
Quizá debía investigar sobre medicamentos para el estómago la próxima vez.
—Pero mire, en unas galletas tan ricas no podía haber veneno.
En ese momento trajeron el té morado.
Antes de hablar, la Señorita Karina y yo bebimos un poco.
Era realmente delicioso, digno de un té tan valioso.
—…Un sabor nostálgico, —dijo la Señorita Karina, mostrando una sonrisa.
Era una sonrisa amable, como la que mostraban la Señorita Yulishia o la Señorita Liese cuando miraban a Akuri.
Mi tensión se alivió un poco y, justo entonces, la Señorita Karina me miró fijamente a los ojos.
—En realidad, tengo una petición para usted, Caballero Rockhans. —Con una expresión muy seria, me dijo algo que no podía creer—: Mañana, en el combate… ¿podría perder a propósito?
¿Eh? Eso significaba que me estaba pidiendo que me dejara ganar, ¿no?
Pero antes de nada tenía que confirmar algo.
—Eh… pero, Señorita Karina, su oponente no soy yo, ¿verdad?
—He observado el primer y el segundo combate de Kurumi… de usted y de la Srta. Yulishia. Con sus habilidades, no perderán contra la pareja de gente bestia de Lee-Chi. Si nosotros ganamos la semifinal, sin duda nos enfrentaremos a ustedes en la final… Por supuesto, no le estoy pidiendo esto gratis. Todo el premio en metálico, y las ganancias posteriores de conferencias y demás por haber ganado, se las entregaremos a usted y a la Señorita Yulishia. Y si eso no bastara, Señor Kurt… —Diciendo eso, se levantó, se sentó a mi lado, se aferró a mi brazo y susurró—: …No me importaría entregarle todo mi cuerpo.
—¿Pe-pero por qué me lo dice a mí? Aunque yo aceptara perder, eso no cambiaría mucho la diferencia de fuerzas. Incluso la Señorita Yulishia me dijo que, si quería, podía rendirme en cuanto empezara el combate y bajar de la arena.
—Así es. Pero… ¿qué pasaría si ni siquiera se presentara al combate? Si no aparecía en los primeros diez minutos desde la hora de inicio, Señor Kurt, nosotros ganaríamos por incomparecencia.
—…¿Por qué quiere tanto ganar? Por lo que dijo antes, no parece que lo haga por dinero.
¿Acaso sabía que el campeón obtendría a la Señorita Yulishia como esposa y quería que ella terminara casándose con el Señor Guruld?
De por sí, nunca tuve intención de aceptar un encuentro arreglado, pero si se trataba de eso, mucho menos podría hacerlo.
Eso pensé, pero la verdad era otra.
El rostro de la Señorita Karina se volvió aún más serio.
—Eso es… porque Guruld es un gladiador esclavo.
—¿Gladiador esclavo? Pero… escuché que en este país la esclavitud ya había sido abolida.
—Sí, los esclavos comunes fueron liberados. Pero los gladiadores esclavos de esta isla son la excepción. Las luchas a muerte entre gladiadores y monstruos son populares entre los nobles, tanto de dentro como de fuera del país. Para que esos espectáculos continuaran, se hizo una excepción con los gladiadores esclavos. En esta isla hay al menos ciento cincuenta gladiadores esclavos, y esa cifra se mantiene con aumentos y disminuciones constantes.
—…¿¡Qué!?
No lo sabía.
Cuando vine por primera vez a esta isla, pensé que, a pesar de estar en un país del norte, era sorprendentemente cálida y que la gente del pueblo era amable: una isla pacífica.
Pero jamás habría imaginado que ciento cincuenta personas eran obligadas a arriesgar sus vidas en combates como esclavos.
Además, ella había dicho que el número aumentaba y disminuía.
Si aumentaba, significaba que alguien se convertía en un nuevo esclavo gladiador, y si disminuía… seguramente era porque lo liberaban de la esclavitud.
Sin embargo, al ver la expresión en su rostro, no me parecía que esas liberaciones fueran en vida.
—Guruld se convirtió en gladiador para conseguir la medicina que curara la enfermedad de cierta mujer. Lo obligan a luchar hasta la muerte. Pero, si gana este torneo, le han prometido el mismo trato que a un noble y ya no tendría que seguir combatiendo como esclavo gladiador, —dijo ella, mirándome fijamente a los ojos—. Señor Kurt, se lo ruego. Prométamelo. Cuando luchemos en la final…
—Detente.
Aquellas palabras de la Señorita Karina fueron interrumpidas por un hombre que acababa de entrar.
Ese hombre era el propio Guruld.
Ante su repentina irrupción, la Señorita Karina abrió mucho los ojos.
—…Guruld. ¿Cómo supiste que estaba aquí?
—Alguien te vio entrar en este local y me lo dijo. —Entonces, el Señor Guruld negó con la cabeza y, como tratando de disuadirla, le habló a la Señorita Karina—: Lo único que sé hacer es pelear. Esa es la razón por la que me convertí en gladiador y también es mi orgullo. —Después me lanzó una mirada penetrante—. Tú eres Kurt, ¿verdad? Olvida lo que dijo mi compañera. Si te atreves a cometer la vileza de deshonrar un combate sagrado con una victoria por defecto, yo, como guerrero, jamás te lo perdonaré. —Tras decir aquello, Guruld dejó unas monedas de plata sobre la mesa, tomó a la Señorita Karina y se la llevó fuera de la tienda.
Yo, que había quedado solo, me quedé pensando mientras miraba aquellas monedas, un poco más de lo necesario para pagar el té morado.
Hasta entonces, pensaba esforzarme al máximo en este torneo de artes marciales para impedir el matrimonio forzado de la Señorita Yulishia, convencido de que era lo correcto.
Pero después de escuchar lo que acababan de decirme, ya no sabía si que yo ganara era realmente lo correcto.
«Si vas a dejarte llevar por la compasión hacia alguien como Heil, no podrás sobrevivir en este torneo», recordé de repente las palabras que me había dicho la Señorita Chichi, aquel día en el taller del Señor Pombol, cuando escuché la historia de la Señorita Heil, una exesclava.
De verdad… ¿qué debía hacer?
Tras comprar verduras, carne y otras cosas y volver a la posada, terminé las tareas de lavandería y limpieza, y luego preparé la cena.
Los condimentos que faltaban los pedí prestados en el restaurante adjunto a la posada.
Durante todo ese tiempo, seguí pensando en la Señorita Karina y en el Señor Guruld.
Por alguna razón, a veces me decían que era insensible.
Pero incluso alguien como yo lo entendía.
La mujer cuya enfermedad había sanado Guruld, al grado de hacerse esclavo… esa mujer debía de ser la Señorita Karina.
El Señor Guruld se convirtió en gladiador esclavo por el bien de ella.
Y la Señorita Karina, por Guruld, incluso llegó a ofrecerse a sí misma para pedir que perdiera un combate.
Si yo hubiera estado en el lugar de la Señorita Karina… si hubiera estado en el lugar del Señor Guruld… ¿cómo habría actuado?
—Si yo hubiera sido el Señor Guruld…
—Kurt y Guruld… es cierto que suenan parecido, pero…
—¡¿Señorita Yulishia?! —Cuando me di cuenta, la Señorita Yulishia estaba de pie detrás de mí.
—Kurt, no te des la vuelta con un cuchillo en la mano… aun así, vaya cantidad. No hay forma de que los tres podamos comer todo esto.
—¿Eh? …Ah. —Había metido la pata otra vez.
Por estar cocinando distraído, terminé preparando mucho más de lo habitual.
—Perdón, es que me quedé un poco ido.
—Que hagas más de la cantidad lo entiendo, pero… ¿también la variedad? Hay como cien tipos de platos distintos… ¿en tu aldea es normal distraerse y terminar cocinando semejante cantidad de platos?
—No, ni siquiera en mi aldea suele pasar…
Era la primera vez que yo mismo llegaba a preparar tanto.
Sin darme cuenta, no solo había usado los ingredientes que había comprado, sino también los que los huéspedes tenían permiso de utilizar libremente.
—Bueno, lo que no podamos comer podemos dárselo a los empleados de la posada. Con tantos huéspedes importantes, aquí hay un montón de personal.
—…Sí, tiene razón. Más tarde los pondré en recipientes fáciles de llevar y se los entregaré.
Asentí y dejé a un lado algunos platillos que sabía que les gustaban a la Señorita Yulishia y a la Señorita Liese, luego pasé el resto a platos hondos para que no se derramaran al transportarlos.
Mientras hacía ese trabajo, de repente se me ocurrió una duda y la pregunté:
—Señorita Yulishia… si mañana llegáramos a perder el combate, ¿qué haremos?
—Pues… ya lo pensaremos en ese momento. —La Señorita Yulishia lo dijo con un tono completamente despreocupado.
Esa reacción me resultó inesperada y, sin poder evitarlo, continué hablando.
—Pero, si llegara a pasar eso…
—Yo terminaría obligada a casarme por la fuerza por alguien que decidiera mi hermana Loretta. Eso era lo que pensaba, por eso participé en el torneo. —La Señorita Yulishia se puso a mi lado y, mientras probaba con el tenedor lo que estaba en la sartén, dijo—: Pero, ¿sabes? Al final, todo eso no era más que huir.
—¿Huir… dice?
¿Qué quería decir con eso?
—Así es. Creía que, con ganar el torneo, bastaría para evitar el matrimonio. Pensaba que con eso estaba rebelándome contra ella… que era como lanzarle un desafío. Pero en realidad, lo que hacía era escapar del combate verdadero. Claro, yo, como aventurera, sé que huir no siempre es malo. Pero hay momentos en los que uno tiene que pelear, le guste o no.
—¿Momentos en los que uno tiene que pelear le guste o no?
—Así es. Yo tengo que enfrentarme a mi hermana Loretta de frente. —Cuando la Señorita Yulishia dijo eso y apretó el puño, el mango del tenedor se deformó.
¿Acaso era porque estaba hecho de plata pura y por eso era fácil de doblar? Pensaba que la plata sagrada —el mitrilo— era más difícil de romper, así que me preguntaba por qué lo habrían fabricado en plata pura.
No sabía si tendría que pagar aquel daño, pero decidí en mi fuero interno regalarles luego un juego de cuchara y tenedor de mitrilo al personal de la posada. Mientras pensaba eso, seguí escuchando la historia de la Señorita Yulishia:
—Mi hermana Loretta es la marioneta del consejo del clan, y estaba convencida de que jamás escucharía lo que yo tuviera que decir. Cuando se reveló mi identidad, me preparé para aceptarlo: que nunca podría vencer a Loretta. Pero entonces, gracias a Liese y a ti; a ese descabellado disfraz tuyo de mujer, pude enfrentarme a Loretta. Tú me protegiste de ella. Gracias a ti, logré darle un golpe en su orgullo.
—¿Gracias a mí…? Pero si casi todo lo negoció la Señorita Liese…
—No, fue gracias a ti. —La Señorita Yulishia miró el tenedor que aún sostenía y, diciendo un «¡ay, no!», intentó con todas sus fuerzas devolverlo a su forma original—. Bueno, por eso te digo. Kurt, no tienes que presionarte demasiado con los combates de mañana o pasado. Pelea con todas tus fuerzas y, si perdemos, pues perdemos.
—¿Y si… yo no peleara con todas mis fuerzas?
—Entonces yo pelearé por los dos. —La Señorita Yulishia dijo aquello y, al añadir: «Después de todo, ese es mi papel, ¿no?», dejó el tenedor, que nunca volvió a su forma original, sobre la mesa—. Kurt, no tienes que darlo todo en los combates. Tú debes darlo todo en otra cosa, ¿no crees?
—¿En otra cosa? ¿En otra cosa…? Gracias. Creo que lo entiendo un poco mejor. Ah, Señorita Yulishia, ¿podría dejarle esto a usted un momento?
—Está bien. La comida ya está lista, y si solo se trata de llevarla, puedo hacerlo. ¿Qué piensas hacer?
—¡Sí! Por ahora, iré a buscar algunas piedras… bueno, quizá excave un poco de mitrilo.
La Señorita Yulishia me miró con curiosidad, pero enseguida asintió.
—De acuerdo. Pero vuelve antes de la cena.
—¡Sí!
Después de eso, fui a excavar mitrilo, lo trabajé rápidamente en la cocina y fabriqué un juego de cuchara, tenedor y cuchillo.
Luego lo entregué, junto con la comida que se había enfriado un poco, al personal de la posada, pidiendo disculpas.
Al final, me perdonaron por haber echado a perder un tenedor.
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[1] Tipo de té que se elabora a partir de variedades de té que tienen hojas púrpuras. Estas hojas púrpuras son ricas en antocianinas, un tipo de antioxidante que también se encuentra en frutas como arándanos y uvas.
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