¡Supervivencia en Otro Mundo con mi Ama!
Capítulo 295. La Vida Cotidiana Tras Unas Negociaciones Tensas
—Ya veo, ya veo. Tal como esperaba de un embajador del Imperio.
Durante la cena, le conté a Sylphy lo que había hablado con Kirilovich a lo largo del día. Ella respondió con una expresión de evidente disgusto. Melty, sentada a su lado, tenía una expresión muy parecida.
—Me pregunto si habrá estado espiando nuestra reunión de alguna manera.
—No, no lo creo. Estuvimos hablando justo cuando se estaba celebrando la reunión.
Si de verdad hubiera estado espiando la reunión mientras hablaba conmigo, para después contarme lo ocurrido con una sonrisa de suficiencia, sería demasiado divertido. Le diría que empleara todo ese esfuerzo en otra cosa.
—Dejando de lado los detalles, la situación general es exactamente como la has descrito, Kosuke.
—Un intercambio de prisioneros de guerra por esclavos elfos, una propuesta de paz y una propuesta comercial que comenzaría con el suministro de alimentos, todo ello acompañado de aranceles preferenciales durante los próximos cinco años. Si aceptamos suministrarles alimentos, se plantearán devolvernos a los esclavos semihumanos.
—Me temo que Kirilovich tenía razón. Supongo que está tan bien informado y que ha analizado la situación con tanta precisión.
—Cuando se trata de las grandes potencias, hay que estar siempre alerta.
Sylphy se quejó mientras bebía un poco del hidromiel que había preparado en mi barril de fermentación. Al parecer, lo que la tenía de tan mal humor era que el enviado diplomático del Reino Sagrado la había dejado en ridículo durante la reunión de aquella tarde. En otras palabras, las cosas habían salido tal como quería la otra parte. Y le molestaba que Kirilovich, que ni siquiera había estado presente y que no conocía todos los detalles de la situación del Reino de Merinard, hubiera previsto lo que iba a suceder.
—Bueno, supongo que, por ahora, no tenemos otra opción.
—Eso es cierto, aunque…
Sylphy respondió sin mucho entusiasmo y se recostó en el sofá de mimbre, con la copa todavía en la mano.
El Reino de Merinard tampoco quería tener que seguir lidiando con el Reino Sagrado durante mucho tiempo. En las circunstancias actuales, no disponía de suficientes recursos humanos para ocuparse de los asuntos internos y, al mismo tiempo, mantener una economía de guerra. Todo el territorio del antiguo Reino de Merinard había quedado bajo su control, y los gobernantes locales habían manifestado su lealtad al nuevo reino y a su nueva reina, Sylphy. Pero ¿significaba eso que todos aquellos territorios estaban realmente bajo su control efectivo? Para ser sincero, todavía había motivos para dudarlo.
Después de todo, el Reino de Merinard había sido un Estado vasallo del Reino Sagrado durante veinte años. Muchos creyentes devotos de Adel habían llegado desde el Reino Sagrado, y por todo el país eran frecuentes los conflictos entre estos y los antiguos esclavos semihumanos que habían recuperado su libertad. Si se favorecía demasiado a los antiguos esclavos semihumanos liberados, los creyentes de Adel podían rebelarse; pero también podía ocurrir lo contrario.
Además, aunque la liberación de los esclavos semihumanos era algo positivo, había un número considerable de ellos que no tenían dónde trabajar. Si la situación actual se prolongaba, algunos podrían acabar convirtiéndose en bandidos. Eso conduciría directamente a un deterioro de la seguridad pública, lo que, a su vez, perjudicaría tanto al gobierno de Sylphy como a la imagen de los propios semihumanos.
Al mismo tiempo, los creyentes de Adel, privados de la mano de obra que les proporcionaban los esclavos semihumanos, estaban descubriendo que sus negocios y sus medios de subsistencia ya no eran viables, y su situación económica se deterioraba rápidamente. Por muy devotos que fueran de Adel, seguían siendo habitantes del Reino de Merinard. El Estado también tenía la obligación de proporcionarles ayuda.
También tenemos que tomar medidas contra los monstruos, de los que hasta ahora se encargaban las tropas del Reino Sagrado estacionadas en el territorio. En particular, es urgente resolver el problema de los monstruos que atacan a los comerciantes dedicados al transporte de cosechas y al comercio. El Ejército Real de Merinard cuenta con armas poderosas, pero sus efectivos son escasos. Ni siquiera la extraordinaria movilidad que nos proporcionan las tablas aéreas basta para solucionar el problema.
En fin, incluso con mi limitada capacidad mental, se me ocurrían problemas sin parar. Estoy seguro de que Sylphy y Melty, que reunían toda clase de información procedente de todos los rincones del país, tenían muchas más preocupaciones en mente.
—La princesa expulsó a los malvados del país, trajo la paz y se convirtió en reina. Pero, en realidad, la historia no termina con un «y vivieron felices para siempre». De verdad.
—La realidad no es un cuento de hadas para niños.
—No hay lugar para las esperanzas y los sueños.
—Ahora que estoy al frente del país, me doy cuenta de lo extraordinario que es mi padre.
—Muy bien, muy bien. Te ayudaré en todo lo que pueda, así que esforcémonos juntos.
Le acaricié la cabeza a Sylphy mientras ella dejaba escapar un suspiro de alivio.
—…Entonces, ¿puedes ayudarme ahora mismo?
—Sí, sí.
Le di unas palmaditas en la cabeza a Sylphy, que apoyaba la suya contra mí para pedirme que siguiera acariciándola. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mimarla cuando se encontraba de mal humor. Sin que me diera cuenta, Isla se había acurrucado a mi otro lado, mientras que Melty nos observaba con envidia desde el lado opuesto de Sylphy.
Sí, por turnos. Por favor, por turnos. ¡Solo tengo dos manos!
☆★☆
—Bueno, eso fue lo que pasó anoche.
—Ahora que lo pienso, a pesar de su apariencia, Sylphiel es extremadamente joven para ser una elfa, ¿verdad?
—¡Me cuesta imaginarla dejándose mimar por Kosuke-sama! ¡Solo de pensarlo, no puedo evitar sonreír!
Amalie-san, que disfrutaba del cálido sol de principios de verano, sonrió mientras decía aquello. Ellen, que estaba con ella, también abrió mucho sus ojos carmesí, visiblemente interesada.
Las dos llevaban vestidos holgados de una sola pieza en lugar de los habituales hábitos monásticos. La ropa era tan amplia que apenas se notaba, pero sus vientres se veían claramente abultados bajo la tela. ¿Que cómo lo sabía? Porque me los habían enseñado. No me hagan decirlo; ¡es vergonzoso!
—¿Quieres tocarlo?
—¿Puedo?
—Por supuesto. Es tu bebé.
Ellen guio mi mano hasta su vientre. Me conmovía profundamente pensar que dentro de ella estaba nuestro hijo, el hijo de Ellen y mío. Iba a convertirme en padre. Para ser sincero, todavía me costaba asimilarlo.
El embarazo de Ellen se descubrió a principios de ese año, cuando todavía hacía frío.
Ellen y Amalie-san enfermaron al mismo tiempo mientras nos ocupábamos de las consecuencias de la guerra y de las medidas para encontrar trabajo a los antiguos esclavos semihumanos que habían recuperado su libertad.
Ni la magia de recuperación de los magos ni mis pociones de vida, de curación de enfermedades o de curación de venenos surtieron efecto. ¿Qué demonios estaba pasando? Mientras yo entraba en pánico, Ellen y Amalie-san parecían inexplicablemente felices, a pesar de encontrarse mal.
Sí, ellas conocían la causa de su malestar. Después de todo, eran sacerdotisas capaces de realizar milagros de recuperación.
En este mundo, los clérigos capaces de realizar milagros de recuperación solían tener conocimientos médicos.
Los milagros de recuperación eran eficaces incluso cuando se utilizaban de manera poco precisa, pero, si se conocía la naturaleza de las enfermedades y las heridas, era posible curar al paciente con mayor eficacia. Por eso, los clérigos capaces de realizar milagros de recuperación también estaban familiarizados, en mayor o menor medida, con la medicina.
—¿Quiere tocar también mi vientre?
—Bueno, si me lo permites… ¡Oh!
Cuando intenté acercar la mano al vientre de Amalie-san, ella me la apartó y me estrechó la cabeza contra su pecho. Ya veo. ¿Quería que apoyara la oreja en su vientre?
—¿Oye algo?
Amalie-san me acarició la cabeza mientras yo apoyaba la oreja en su vientre.
—Eh, todavía no. ¿Estás de unos cuatro meses, más o menos?
—Sí, debe de ser aproximadamente eso. Las náuseas matutinas ya han remitido.
—Yo lo pasé bastante mal…
Ellen suspiró. Sus náuseas matutinas habían sido bastante intensas, mientras que las de Amalie-san habían sido leves. A Ellen le bastaba con percibir el olor de la comida para sentirse mal.
—Kosuke me ayudó muchísimo.
—Todo el tiempo que dediqué a probar distintas cosas valió la pena.
Había trabajado mucho para ayudar a Ellen, que sufría unas náuseas matutinas bastante fuertes. Hablé con mujeres que ya habían dado a luz y les pregunté qué comían cuando padecían náuseas intensas. Después, utilicé mi habilidad de creación para preparar diversos alimentos basándome en la información que había recopilado. Al final, lo que mejor le sentaba a Ellen eran la gelatina de cítricos y las patatas fritas.
—Ahora por fin puedo comer una variedad de cosas.
—Me alegro de que no durara demasiado.
Se me dan bastante bien los conocimientos curiosos y los datos poco conocidos, pero, a decir verdad, sé muy poco sobre el embarazo y el parto… No, más concretamente, no estoy familiarizado con el embarazo y el parto en situaciones de supervivencia. Ni siquiera los videojuegos suelen abordar estos temas con tanto detalle. En la mayoría de los casos, todo se reduce a «quedó embarazada» o «tener un bebé».
De vez en cuando hay misiones secundarias en las que debes ayudar a PNJs embarazadas, pero normalmente se limitan a conseguir un médico o algo por el estilo. Casi nunca se profundiza en cuestiones como la alimentación o los alimentos que conviene evitar.
—No sé muy bien qué puedo hacer, pero, si hay algo en lo que pueda ayudarte, dímelo sin más. Haré todo lo que esté en mi mano.
—Sí. Pero estaré bien. Amalie y Bertha están aquí conmigo, y la Suma Sacerdotisa Katerina viene con frecuencia a ver cómo estamos. La gente del castillo también nos trata muy bien. Pero, bueno…
—Hmm, ¿qué ocurre?
—Ven a verme al menos una vez al día, como ahora. Aunque solo sea cuando estés en Merinesburg.
—Claro.
Al oír mi respuesta, Ellen sonrió. Últimamente, tenía la impresión de que su expresión se había vuelto mucho más dulce. Supongo que las mujeres cambian cuando se convierten en madres. Yo también tenía que empezar a tomar conciencia de que iba a ser padre.
—Bueno, probablemente no sea buena idea que estés demasiado pendiente de nosotras. Espero que te lleves bien con Sylphiel y las demás.
—Eso… Bueno, sí.
A Sylphy le preocupaba que Ellen se le hubiera adelantado. Aunque, teniendo en cuenta las diferencias entre sus razas, creo que era inevitable. Por lo general, se dice que las especies longevas tienen menos probabilidades de tener hijos.
¿Eh? ¿Y las arpías, me preguntas? Como no son una especie longeva, creo que sus posibilidades de tener hijos no deberían ser muy distintas de las de Ellen. Sin embargo, no había oído ni una sola noticia de que alguna estuviera embarazada.
En realidad, tampoco es que no hubiera oído nada al respecto. Ya habían nacido varios niños, ¿verdad? Como era de esperar, se trata de eso, ¿no? No, esto empieza a preocuparme. La visión que tienen estas mujeres del matrimonio o, mejor dicho, de la familia, es claramente distinta de la mía. Para ellas, formar un harén es algo fundamental, y su manera de verlo es completamente diferente de la mía desde el principio. Creo que debería aclarar las cosas.
—De repente has palidecido. ¿Te encuentras bien?
—¿Hay algo que le preocupe? Si le parece bien, puede hablarlo con nosotras…
—No, es que… Mmm…
—Estás mintiendo.
—¡Ngh! ¡La santa de la verdad!
Ellen descubrió mi mentira en un abrir y cerrar de ojos. Sí, ¡sus ojos estaban especialmente dotados para detectar las mentiras!
—Está bien, está bien. Se los diré. Las arpías son una especie de vida corta, igual que Ellen y los demás humanos, así que no sería extraño que también se quedaran embarazadas. Sin embargo, hasta ahora no he oído que ninguna lo esté.
Y, como parecía que tenían una visión de la familia y de esas cosas muy distinta de la mía, había llegado a la conclusión de que quizá ya hubiera tenido algún hijo con ellas sin siquiera saberlo.
—Ya veo… Nosotras tampoco sabemos mucho sobre la biología ni la cultura de las arpías.
—¿No sería mejor preguntárselo directamente?
—Tienes razón. Iré a preguntarles…
—Cuídate.
Me puse en marcha en busca de las arpías, mientras Ellen y Amalie-san se despedían de mí. En cualquier caso, estaban fuera. Si salía al exterior, mi escolta, que era una arpía, debería estar allí. Me daba un poco de miedo preguntárselo, pero iba a hacerlo de todos modos.
¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!
Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.






0 Comentarios