Remake Our Life!

Vol. 11 Epílogo. Visitante

El día del «enfrentamiento» quedó fijado para una semana después.

Ese día, sin necesidad de decidir nada más, nos disolvimos, y yo regresé directamente a casa.

Dentro de la casa, envuelta en un silencio absoluto, tenía ante mis ojos el proyecto impreso.

Era algo a lo que había llegado tras diez años.

—Por fin he llegado hasta aquí.

Mi interior seguía ardiendo con intensidad.

Estaba lleno de la determinación de sacar adelante este proyecto, pasara lo que pasara.

Pero tenía la sensación de que la conversación con Matsuhira-san sería una etapa previa a eso. ¿Qué es, en esencia, un juego? ¿Por qué volví a elegir el camino de crearlos?

El yo de antes seguramente habría dado una respuesta vaga. Quizá todo habría quedado en algo tan simple como «porque me gustan».

Pero ahora es distinto. Yo creo en el poder que poseen las obras. En su verdadera grandeza, capaz de cambiar mi vida y la de los demás. Y también en el esfuerzo —hecho de sangre y lágrimas— de quienes las crean.

Ha pasado mucho tiempo, y precisamente por eso ahora puedo creer en todo ello de corazón.

—Seis años… no fueron en vano.

Palabras que me dijeron tanto la profesora Kano como Kawasegawa, desde otro futuro.

No existe nada que sea inútil.

Aunque llegué a usar un truco absurdo como retroceder en el tiempo, al final elegí vivir en el presente. Tal vez podría haberme forzado a seguir siendo creador, pero, siendo honesto, en aquel entonces no tuve el valor de dar ese paso.

Y aun así, ese yo cobarde ha conseguido fortalecerse gracias a la experiencia en la sociedad.

—Tomar un desvío no siempre es algo malo, —murmuré, comparándolo conmigo mismo.

Hace unos días, cuando hablé a solas con Tsurayuki, me adelantó un pequeño spoiler sobre el desarrollo futuro de AiBura.

—El protagonista, ¿sabes?, tras dejar la resistencia, vuelve siendo aún más fuerte.

—Oye, que tengo ganas de verlo yo mismo, no me lo arruines.

—Jajá, bueno, esto al menos no pasa nada decirlo. Después de todo… —Tsurayuki sonrió—, es que es tu historia.

Eso fue lo que dijo. Estuve a punto de ponerme a llorar delante de él.

—…Supongo que Tsurayuki me salvó dos veces.

La primera, como un simple lector. La segunda, también como un lector. Gracias al poder de la historia que él creó, fui salvado. Él no lo sabe, por supuesto, pero yo, atravesando el tiempo una y otra vez, encontré vida dentro de las historias que Tsurayuki creaba.

—Tengo que devolverselo… a todos.

Llevaba mucho tiempo dándole vueltas. Viajando varias veces a través del tiempo, y preguntándome qué era exactamente lo que había obtenido con todo eso.

Conseguí muchos compañeros, muchas experiencias.

Y gracias a ello, ahora puedo estar aquí.

No es que tenga quejas. No hay forma de que las tenga.

Pero… ¿por qué llegué a vivir una experiencia tan imposible?

¿Dónde estaba la razón para poder atravesar el tiempo?

Al final, no lo entendí en absoluto.

—…Hace un poco de frío, ¿no?

Sentí el cuerpo enfriarse y me levanté.

Mayo. Aunque ya habíamos dejado atrás la primavera y nos dirigíamos hacia el verano, el interior de la habitación estaba extrañamente frío.

Fuera de la ventana, la oscuridad se extendía.

Este lugar, que no debería estar tan lejos de la estación de Tachikawa, se volvía realmente silencioso al caer la noche.

Más allá de la oscuridad nocturna, sin farolas, parecía esconderse otro mundo.

Uno en el que incluso podría haber una especie de puerta que atravesara el tiempo.

—Aunque en mi caso, no tuvo nada de especial…

Hace diez años. Cuando regresé al pasado desde 2016.

No me atropelló ningún camión ni nadie me apuñaló; simplemente me dormí y, al despertar, había saltado en el tiempo.

Como si me dijeran que aquello no tenía realmente tanta importancia.

Si fue algún dios quien organizó aquel viaje en el tiempo…

Tengo que decir que fue una introducción bastante descuidada.

—Quizá… —Dejé vagar mi mente hacia unos recuerdos que ya comenzaban a desvanecerse—. Tal vez eso del salto temporal… fue solo un sueño.

Las personas a veces reescriben sus recuerdos de la forma que más les conviene.

Sugestión, hipnosis, lavado de cerebro… Hasta el punto de pensar que el cerebro humano es sorprendentemente fácil de manipular, el mundo está lleno de oportunidades para que se mezclen recuerdos falsos.

Puede que yo no haya sido una excepción.

Que casi muriera en una empresa explotadora…

Que saltara al 2018 de un mundo alternativo…

Quizá, desde el principio, todo no fuera más que un delirio.

Contemplando la oscuridad, pensé en todo eso.

Para que incluso llegara a pensar algo así, aquel salto en el tiempo era demasiado incomprensible.

¿Para quién había sido?

¿Con qué propósito había ocurrido todo esto?

—Pues sí… bueno, supongo que no lo vas a entender.

Una voz sonó a mi espalda.

—Por lo pronto, que quede claro que no es un sueño.

Dentro de aquellos recuerdos que creía difusos, esa voz era la única que reconocía con claridad.

Me giré.

Una niña de cabello rosado estaba sentada ahí, como si hubiera estado desde el principio, mirándome fijamente.

—Ey, chico… aunque ya tienes tus años, ¿eh?

Ese peculiar «Jejijijí» al reír.

Ese marcado acento de Kansai, bastante descarado.

Esa apariencia desequilibrada, como salida de un mundo de fantasía.

A esta persona la conocía muy bien.

—Cuánto tiempo, Keiko-san.

Pero la había olvidado por completo.

Hasta este momento, en que estaba frente a mí.

Había tantas cosas que quería preguntarle.

Porque la mayoría de los fragmentos borrosos de mis recuerdos estaban ligados a Keiko-san.

¿Por qué salté en el tiempo?

¿Cómo terminó todo así?

Y, al final… ¿esta situación actual era realmente lo que se buscaba?

Sin duda, quien tenía la clave de todo aquello era ella.

—Antes… intenté preguntarlo.

Ya había habido una ocasión para hacer esas preguntas.

En 2018, justo después del asunto de Tsurayuki, tras haber saltado al futuro.

—En ese entonces me dijiste que no preguntara.

Keiko-san sonreía con una expresión amable.

Como siempre, seguía sin decir una sola palabra.

—Eh… yo… —Por fin estaba a punto de preguntarlo.

Pero justo en ese momento, Keiko-san abrió la boca:

—Oh, perdón. Aún no. —Y con la mano, me hizo un gesto para que me detuviera.

Luego, con un «hop», se puso de pie y caminó hasta la ventana donde yo estaba.

La diferencia de altura era evidente, así que cuando me miraba, siempre tenía que alzar la vista.

Su aspecto era, sin duda, adorable.

Parecía una niña que fuera a decir «dame un dulce».

Pero yo sabía que todo el control lo tenía ella.

—Antes de eso, hay algo que debes hacer.

A estas alturas… ¿qué más podía ser?

Los diez años que había retrocedido ya habían pasado por completo.

A partir de ahora, el futuro era realmente desconocido para cualquiera.

O quizá… ¿volvería a ser enviado a otro futuro distinto?

—Eh… Keiko-san… —Impulsado por la inquietud, hablé sin pensar—. Yo… quiero quedarme aquí. Ni en el futuro ni en el pasado… sino aquí, ahora. Siento que, gracias a haber tenido esta oportunidad de rehacerlo todo, por fin encontré lo que buscaba.

Desde la perspectiva de una vida con «trampas», tal vez este sería la ruta del fracaso.

Esos seis años de rodeo probablemente podrían haberse acortado. Con un TAS [1] o herramientas, podría haber reiniciado desde los errores.

Pero también sé que, al rehacer las cosas de esa manera, hay muchas cosas que no habría podido obtener.

Y ahora que lo sé, ya no puedo volver atrás, ni tampoco conocer el futuro de antemano.

—He visto muchas cosas, he hablado, y lo entendí… por eso…

Ya no quiero ir a ningún otro lugar.

Quiero vivir mi vida aquí.

Se lo dije directamente a ella, la responsable de que yo hubiera llegado a saltar en el tiempo.

Pero si ella realmente fuera una especie de dios…

Seguramente haría saltar el tiempo a su antojo, sin importar lo que yo quisiera.

Y entonces… ¿a dónde iría yo?

El miedo me invadía por completo.

—No te preocupes. —Sin embargo, como si disipara toda esa ansiedad de un golpe, Keiko-san sonrió y negó que fuera a haber más saltos en el tiempo a partir de ahora—. Tú ya no vas a ser enviado a ningún otro lugar desde aquí.

—¿De verdad…?

—Así es. Después de todo, tú…

En ese momento, por primera vez, Keiko-san dejó de sonreír.

—Desde hace mucho… tú ya eres el protagonista.

Recordaba haber escuchado esas palabras en algún lugar.

En un sitio lejano y en uno cercano: justo antes de regresar del futuro… y también hace poco, cuando me lo dijo Tsurayuki.

Yo, el protagonista. Yo, que no pude convertirme ni en héroe ni en villano, sino que me quedé como una persona común.

¿Eso significaba que estaba en el centro de esta historia?

Entonces… ¿por qué estaba Keiko-san aquí?

Si el protagonista estaba aquí, y alguien que conocía la verdad había venido… ¿qué era lo siguiente que debía ocurrir? Si no había una razón, ella no habría aparecido.

—Entonces… ¿por qué…?

No hizo falta terminar la pregunta.

Ella lo comprendió y respondió:

—Vine porque tenía algo que decirte.

No pude hacer otra cosa que asentir.

Había venido desde muy lejos. Retrocedí diez años, viví esos diez años, y llegué hasta aquí.

Este largo viaje probablemente estaba a punto de terminar.

El hecho de que la narradora hubiera venido hasta aquí lo demostraba.

Fuera de la ventana, la oscuridad se había vuelto mucho más profunda que antes. El reloj del teléfono marcaba las dos de la madrugada. Aquel anuncio horario que antes indicaba esta hora también había desaparecido de los sitios de video. El pasado se había convertido en presente, y tanto las personas como el mundo habían cambiado.

¿Qué vería yo en el futuro que me aguardaba?

La respuesta aún permanecía en la oscuridad.



[1] Un Tool-Assisted Speedrun (TAS) es una partida completada usando herramientas externas (emuladores, guardado de estados, ralentización, etc.). 

 

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