Sasaki y Pii-chan

Vol. 9 Mi Vecina, la Detective Parte 2

Siguiendo las órdenes del jefe, dejamos la torre de conferencias y regresamos al pabellón de exposiciones este. Nuestro destino era el Área A, la sección donde se encontraba el escenario principal. El recinto estaba tan repleto de asistentes que resultaba difícil avanzar. Ya había pasado un poco la hora del almuerzo; más invitados que nunca seguían llegando, y el lugar había alcanzado su punto máximo de efervescencia.

Al final, nos tomó unos veinte minutos regresar desde la torre de conferencias. Mientras nos desplazábamos, el jefe de sección volvió a llamarme para informarme sobre la situación.

Al parecer, miembros del grupo terrorista ya se habían infiltrado en el área del escenario principal. Uno de ellos había tomado como rehén a un miembro del personal, reteniéndolo entre bastidores mientras

presentaba sus exigencias.

—¿Cuáles son sus exigencias, señor? —pregunté.

—Una negociación directa con Tipo Doce.

—¿Negociación? Espero que no hayan colocado explosivos por todo el recinto ni nada por el estilo.

—Les informamos de que ella y Hoshizaki se encuentran aquí. Dudo que sean lo bastante estúpidos como para volar el recinto en esta situación. Todo el mundo tomó conciencia de la postura de la forma de vida mecánica respecto a los humanos cuando Hoshizaki fue secuestrada.

En la remota posibilidad de que perdiéramos a la Señorita Hoshizaki, sería el fin del planeta entero. Y no era ninguna broma, considerando el apego que Tipo Doce siente por ella. Sin duda acabaríamos con otro cráter en la superficie de la Tierra.

Así que, en lugar de eso, querían negociar.

Su objetivo original había sido asegurarse a mi vecina como carta de negociación para tratar con Tipo Doce. Por desgracia para ellos, antes de poder llevársela por la fuerza, su contacto —el Sr. Kuga— murió. Ahora parecía que estaban dispuestos a recurrir a la fuerza.

—Dado el poder que tienen de su lado, ustedes son los únicos que están en el lugar y pueden hacerles frente. Quiero que les quiten su baza y los obliguen a retirarse sin que los asistentes presencien ningún fenómeno sobrenatural.

—¿Alguna información sobre los poderes psíquicos de nuestros enemigos, señor?

—No, por desgracia. Tendrán que improvisar sobre la marcha.

—Jefe, con el debido respeto, eso es pedir muchísimo.

—Creo que podré concederles un periodo considerable de descanso de sus deberes en el buró si consiguen llevar esto a cabo.

—Le tomaré la palabra, señor.

Según el Sr. Akutsu, los eventos del escenario aún no se habían visto afectados, ni el público había notado nada extraño. Probablemente, los terroristas pretendían forzarnos a negociar tomando el propio evento como rehén.

Y si teníamos que actuar frente a otras personas, había llegado el momento de cambiarnos a nuestros disfraces de la Estudiante Enmascarada y el Gerente Intermedio Demoníaco. Corrimos a la zona del personal instalada detrás del escenario principal y nos pusimos los disfraces a toda prisa.

—Menos mal que pensamos en traerlos por si acaso, —comenté—. Aunque no creí que de verdad tuviéramos que usarlos…

—Vamos, quédate quieto. No puedo maquillarte si no paras de moverte.

Al principio, solo habíamos usado estos disfraces como último recurso, pero, de forma algo inquietante, estaban empezando a convertirse en un atuendo de trabajo habitual.

Como Pii-chan no estaba presente hoy, mi transformación en Gerente Intermedio Demoníaco tuvo que empezar desde cero con maquillaje. Me senté en una silla mientras la Srta. Futarishizuka me aplicaba la base y las sombras de ojos.

—Siempre supe que tenías muchos hobbies, pero también eres bastante hábil con el maquillaje, —comenté.

—¿Qué pasa, se te olvidó que soy una mujer? Esta es una habilidad básica.

—Tal vez, pero ¿no sueles ir sin maquillaje la mayor parte del tiempo?

—¿Para qué embellecer un rostro que ya es tan bonito?

Su suficiencia no era infundada: tenía una habilidad considerable. Enseguida sepultó mi rostro original bajo el maquillaje, haciéndome parecer un integrante de una banda de visual kei [1] . Cuando me puse la diadema con cuernos, el aspecto de Gerente Intermedio Demoníaco quedó completo.

Quizá debería practicar hacerlo yo mismo , pensé. No había garantía de que siempre tuviera a mi compañera junior cerca para ayudarme.

—¡Sasaki! ¡Futarishizuka! ¡¿Ya terminaron?! —llamó la Señorita Hoshizaki.

—Perfecto. ¡Te quedó genial! —dijo la Srta. Futarishizuka, satisfecha con su trabajo.

Para entonces, el grupo terrorista estaba exigiendo negociaciones de manera reiterada a través del Sr. Akutsu. Él no se encontraba en el recinto, sino que estaba tratando con ellos por teléfono desde el buró. Y, al parecer, también estaba apurando a la Señorita Hoshizaki para que nos diéramos prisa. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces nos había instado a movernos, móvil en mano.

Finalmente, asentimos, y la Estudiante Enmascarada y el Gerente Intermedio Demoníaco salieron de la zona del personal. Atravesamos un pasillo exclusivo para empleados y nos desplazamos por detrás del escenario principal. Nuestro destino era un espacio reservado para el personal de escena; básicamente, un corredor pensado para que los actores entraran al escenario desde detrás del público. Estábamos completamente fuera de su vista.

—¿Qué opina el mundo de estos dos personajes, en todo caso? —pregunté—. Sé que la gente hablaba de ellos en internet después de aquel video nuestro en la ciudad. Pero si ha habido rechazo, tendremos que pensar bien qué decir.

—Ahora somos memes de internet, nos guste o no, —explicó la Srta. Futarishizuka—. Juguetes para que las masas hagan con nosotros lo que quieran. Al parecer, los locales de Karuizawa también nos grabaron. En concreto, la vez con la chica mágica rosada cuando entraste galopando en el caballo; ese anda circulando por todas partes.

—Pero son solo fragmentos de escenas totalmente improvisadas.

—Sí, y eso les da aún más libertad a quienes las usan.

Charlábamos mientras corríamos hacia el lugar. Aprovechamos el tiempo para planear la historia de nuestra pequeña actuación.

—Menos mal que ambos íbamos disfrazados, entonces, —comenté.

—De hecho, hice una pequeña búsqueda en internet por mi cuenta. ¿Sabes cuántas imágenes subidas de tono de la Estudiante Enmascarada hay? Muchísimas. Incluso vi algunas del Gerente Intermedio Demoníaco. Muy lascivas, ¿no crees?

—¿Y por qué me cuentas eso?

—Hay un montón de imágenes eróticas por ahí. Pero ¿no es más… útil una de un compañero de trabajo que una de un completo desconocido?

—Lo siento, pero si acaso, eso solo lograría desanimarme.

Quizá, para el público general, parecíamos una pareja de youtubers que iba por ahí montando flash mobs [2] improvisados. No teníamos canal propio, eso sí, así que tal vez dábamos más la impresión de ser unos raros incomprensibles.

—¡Sasaki, estoy en posición!

—Entendido. Estaremos ahí en un momento.

La voz de la Señorita Hoshizaki me llegó a través del auricular traductor de Tipo Doce. Todos seguíamos llevando los dispositivos, y estos permitían una comunicación bidireccional en tiempo real. Además, si algo salía mal en el recinto, Tipo Doce podía captarlo desde sus terminales y cápsulas y comunicárnoslo de inmediato.

La Señorita Hoshizaki estaba esperando entre bastidores para apoyarnos si era necesario. Su tarea principal era servir de intermediaria entre nosotros y el jefe de sección. Como su imagen había sido transmitida por televisión en el pasado, decidimos que sería mejor que se mantuviera fuera del foco público.

Habíamos considerado pedir la ayuda de Himegami para activar un espacio aislado y resolver allí la situación, pero cuando lo contactamos nos dijo que, incluso si se daba prisa, tardaría alrededor de una hora en llegar al recinto.

El terminal de Tipo Doce podría haber reducido ese tiempo a apenas unos minutos, pero la existencia de las formas de vida mecánicas era alto secreto incluso dentro del buró. O bien el Sr. Akutsu, o alguien por encima de él, se negó a autorizarlo, y tuvimos que desistir. Siempre la maldita burocracia.

—Ya estamos aquí, mi estimada superior, —anunció la Srta. Futarishizuka.

—Entraremos cuando veamos una buena oportunidad, —añadí.

—De acuerdo. ¡Suerte a ambos!

El programa en el escenario principal continuaba según lo previsto. En la pantalla se veía a varios miembros principales cantando y bailando. Podíamos observar cómo iba todo a través de los monitores instalados por toda la zona tras bambalinas. Las transmisiones también cubrían los laterales del escenario, y fue allí donde avistamos a un hombre de mediana edad empuñando un arma, muy probablemente uno de los terroristas que buscábamos.

—Srta. Futarishizuka, vamos.

—¡Sí capitán, mi capitán!

Cuando el canto y el baile terminaron y dieron paso a un interludio, salimos lanzados, abriendo de golpe la puerta de la zona de espera. Luego corrimos a toda velocidad hacia el escenario.

El primero en saltar fue el Gerente Intermedio Demoníaco, seguido por la Estudiante Enmascarada.

—¡Alto ahí, Gerente Intermedio Demoníaco! —gritó ella.

—No haré tal cosa, Estudiante Enmascarada.

Nuestras voces resonaron a través de los altavoces de alta potencia repartidos por todo el escenario. Los traductores de Tipo Doce captaban nuestras voces y las transmitían por el sistema de sonido del recinto usando sus terminales y cápsulas. El sistema estaba montado con audio en red basado en IP, así que supuse que para entonces estaba prácticamente bajo el control de Tipo Doce.

Naturalmente, el público quedó atónito. Empezaron a surgir preguntas por aquí y por allá; la gente quería saber qué estaba ocurriendo.

—¿Eh? ¿Y esto qué es?

—Oye, espera. ¿Quiénes son?

—¡Ah, yo los he visto antes en internet!

—¿Pero por qué ahora?

—¿Qué va a pasar con el concierto de mi oshi?

—La chica del casco se ve mucho más bajita que en los videos.

—¿Estaban con Otherworld Productions desde el principio?

La Srta. Futarishizuka avanzaba en paralelo a mí por otra ruta entre los asientos del público. Cuando ambos llegamos a la primera fila, saltamos desde el suelo hasta el escenario. Usando solo la cantidad justa de magia de vuelo para que no resultara demasiado inverosímil, subí de un solo impulso y miré a un lado. Un instante después, la Srta. Futarishizuka trepó detrás de mí.

Entonces dirigí la mirada hacia las bambalinas. Allí estaba el psíquico que habíamos visto antes en los monitores. Sostenía un arma apuntando a varios miembros del personal que tenía como rehenes cerca. Al ver a la Estudiante Enmascarada y al Gerente Intermedio Demoníaco irrumpir en el escenario, se quedó boquiabierto.

No esperaba esto en absoluto y estaba claramente confundido. Lo que hacíamos parecía simplemente otra actuación más, y ya habíamos convencido al público.

—¡Gerente Intermedio Demoníaco! Ya estás viejo. ¿No crees que te estás pasando con esos movimientos tan llamativos? ¡Si no tienes cuidado, te vas a destrozar la cadera! ¡Ríndete y entrégate antes de que te asustes hasta morir!

—Vamos, vamos, Estudiante Enmascarada. Un aliado de la justicia que presume de su juventud para imponerse será abandonado por los espectadores en cuanto crezcan. Nadie tiene dolor lumbar porque quiera. ¡Los humanos no están hechos para vivir sentados!

Mientras recitábamos nuestras líneas, la música del escenario cambió a una melodía intensa y acelerada. Las VTubers, que al principio estaban desconcertadas, empezaron a cantar. Probablemente debíamos agradecerle este pequeño extra a Tipo Doce. En la pantalla gigante, los modelos 3D comenzaron a bailar con energía.

Nosotros también utilizamos todo el escenario para nuestra escena de acción.

—¡Y aun así, villano, un trabajo que te mantiene de pie no es más placentero! —gritó la Srta. Futarishizuka mientras adoptaba una pose imponente.

En respuesta, apareció un holograma sobre el escenario. Recordaba a un círculo mágico del otro mundo y se materializó frente a su palma extendida hacia el Gerente Intermedio Demoníaco. La luz empezó a concentrarse en su centro y, un momento después, disparó algo que parecía exactamente el Rayo Mágico de una chica mágica.

Estábamos combinando nuestros movimientos con efectos escénicos creados a partir de las proyecciones aéreas de la forma de vida mecánica. Justo cuando el rayo impactó, otro efecto generó una enorme explosión con mi persona justo en el centro.

El público estalló en vítores. Todo debió de verse espectacular.

—¡Graaahhh!

El Gerente Intermedio Demoníaco chilló y retrocedió tambaleándose hacia el borde del escenario. Por supuesto, yo estaba completamente ileso.

Me desplacé hasta un punto detrás de la cortina, a un costado del escenario, donde el público no podía verme, justo al lado del terrorista armado. Logré acercarme al objetivo tal como lo habíamos planeado.

El terrorista seguía pareciendo confundido por lo que estaba ocurriendo. No lograba decidir si aquello formaba parte del programa, si yo iba tras él o si era algún tipo de intruso inesperado. Mientras tanto, me acerqué lo suficiente como para poder intercambiar palabras con él.

—La forma de vida mecánica está muy encariñada con este evento, —dije—. Si interfieren con él, no habrá margen para negociar. Cualquier contacto adicional solo será perjudicial para ambas partes. ¿Les importaría abandonar el recinto?

Saqué el arma del bolsillo y la apunté hacia el psíquico. Se la había tomado prestada a la Señorita Hoshizaki.

—Si hace lo que le pido, puedo garantizar su seguridad.

—……

Se lo pensó. Pude oírlo murmurar algo. Probablemente llevaba un transmisor y estaba comunicándose con alguien más. Intenté escuchar, pero los altavoces atronadores ahogaron su voz.

Mis propias palabras habían dejado de transmitirse por los altavoces. Tipo Doce estaba gestionando la situación para que nada de lo que dijera fuera del escenario llegara al público. Tener cerca a una forma de vida mecánica resultaba realmente útil.

El terrorista solo vaciló un instante. Luego dejó caer su arma, levantó las manos por encima de la cabeza y dio un paso al frente, como si fuera a seguir mi consejo. No solo había un psíquico de rango A esperando cerca, sino que además había varios empleados del buró en el recinto. Supuse que había llegado a la conclusión de que escapar era imposible.

Mentiría si dijera que no me preocupaba el poder psíquico del hombre. Pero no tenía sentido usar eso como excusa para dudar. No disponíamos de tiempo para pensarlo con calma.

Con el terrorista ya asegurado, el Gerente Intermedio Demoníaco aprovechó para volver a centrar su atención en el escenario. La Estudiante Enmascarada estaba en el centro, mirando hacia las bambalinas. Le hice un leve gesto con la cabeza y recibí otro a cambio. Al verlo, el Gerente Intermedio Demoníaco regresó al escenario.

—¡Estudiante Enmascarada! Si valoras la vida de este hombre, harás lo que te diga.

—¡¿Tomar un rehén después de todo eso?! ¡Qué recurso argumental tan gastado!

Había llevado conmigo al terrorista e hice un gesto exagerado apuntándole a la cabeza con el arma.

A estas alturas, lo teníamos todo ganado. La Estudiante Enmascarada derrotaría al engreído Gerente Intermedio Demoníaco. El demonio caído abandonaría el escenario. La Srta. Futarishizuka recuperaría al rehén y luego se lo llevaría gracias a sus increíbles capacidades físicas. Así era como yo veía que se desarrollarían las cosas.

Pero mientras pensaba cómo proceder, noté que mi compañera se comportaba de forma extraña. Apenas había soltado su réplica animada cuando pareció estremecerse.

—En efecto. Muy, muy aburrido. Este tipo de cosas deberían resolverse con rapidez.

Y entonces, de repente, la entonación desapareció de su voz.

Su rostro estaba oculto tras el casco. No podía ver nada más allá del visor espejado. Pero tuve la impresión de que no solo su voz había cambiado de golpe.

—Los sacrificios pueden tolerarse en nombre de la justicia. La destrucción de los falsos creyentes tiene prioridad por encima de todo.

—……

Lo que decía sonaba inquietantemente propio de ella y, al mismo tiempo, no lo era en absoluto. Fuera como fuese, sus palabras me alarmaron.

No quería contemplarlo, pero si mi suposición era correcta, nuestras vidas corrían peligro.

Por si acaso, disparé. La bala le dio en la pierna.

Ella lo ignoró y, con una expresión espeluznante, se me echó encima. Avanzaba más despacio de lo habitual, arrastrando la pierna herida. Y aun así, sus capacidades físicas sobrehumanas seguían intactas y, al instante siguiente, su puño estaba justo frente a mí.

—¡Ngh! —me eché hacia atrás de inmediato y levanté un hechizo de barrera. Su puño rozó la punta de mi nariz y oí un silbido en el aire—. ¡Estudiante Enmascarada, ¿no ves que tengo un rehén en mi poder?!

—Muerte a los herejes. La justicia será ejecutada.

—¿Justicia? ¡¿No te importa que mueran todas estas buenas personas?!

—No son víctimas. Ni sacrificios. Debes entenderlo: son ofrendas a nuestro dios.

¿Y ahora qué? La personalidad de la Estudiante Enmascarada acababa de dar un giro peligrosísimo.

Con el Gerente Intermedio Demoníaco aturdido y mi arma ya sin apuntar al rehén, el terrorista dio unos pasos para alejarse de mí. La Estudiante Enmascarada no reaccionó en absoluto.

¿Estaría el cambio de la Srta. Futarishizuka relacionado con su poder psíquico?

Antes ya me había topado con psíquicos capaces de influir en la mente de otras personas. Uno de ellos había atacado a varios transeúntes en el vecindario de la Señorita Hoshizaki y provocado un motín. En comparación, este poder parecía mucho más refinado. Al fin y al cabo, la Srta. Futarishizuka seguía hablando con normalidad.

Por el momento, asumí que su habilidad podía secuestrar la mente del objetivo y doblegarla a su voluntad.

Pero justo entonces percibí peligro desde otro lugar: un estruendo repentino resonó detrás del escenario.

Maldita sea. ¿Y ahora qué?

*

(Punto de Vista de la Vecina)

Nos separamos de mi vecino y de Futarishizuka en la zona de personal junto al escenario principal y nos quedamos atrás, a la espera. Nuestro trabajo es proporcionar apoyo si algo sale mal.

Abadón está conmigo, al igual que Chica Robot y Maquillaje. Frente a nosotros, una de las pantallas semitransparentes de Chica Robot flota en el aire. Muestra el escenario principal desde encima de las gradas del público, lo que nos permite vigilar el desarrollo de los acontecimientos. Gracias a ello, incluso desde detrás del escenario tenemos una comprensión clara de la situación.

—¡Alto ahí, Gerente Intermedio Demoníaco!

—No haré tal cosa, Estudiante Enmascarada.

Los dos irrumpen desde detrás del público y corren hacia el escenario. A medida que avanzan, la imagen cambia de las cámaras situadas en las bambalinas a otra colocada detrás de mi vecino, que se encuentra en el centro del escenario.

Un hombre es visible tras la cortina, a un lado. Sostiene un arma. A su lado hay varios miembros del personal, probablemente los rehenes. Debe de ser el terrorista.

—Sasaki hizo un buen trabajo acercándose a ese tipo, —comenta Maquillaje.

—Abadón, ¿puedes ir a respaldarlo? —le pregunto.

—No puedo alejarme del lado de mi Discípula. No en una situación como esta.

Todos habíamos hablado de antemano sobre lo que ocurriría en el escenario. Tal como estaba planeado, mi vecino utiliza el efecto falso del rayo láser para retirarse hasta el borde del escenario.

De pronto, Chica Robot habla:

—Madre, Hermana Mayor, Hermano Mayor, estoy detectando una respuesta perturbadora en el movimiento de las partículas atmosféricas. Algo ópticamente indiscernible se desplaza hacia nosotros desde una posición de las dos en punto con respecto a la hija menor. Como forma de vida mecánica, recomiendo asumir de inmediato estado de alerta.

—¿Eh? —al instante siguiente, Maquillaje se eleva en el aire.

Dada la situación, tiene que tratarse de un ataque psíquico.

—¡Abadón, intercepta lo que sea que venga hacia nosotros!

—¡Hecho, mi amiguilla!

¿Podría ser algún tipo de telequinesis? Mi vecino me dijo que los poderes psíquicos que hacen flotar cosas son relativamente comunes. Si el psíquico es de alto rango, será extremadamente difícil de manejar y, considerando que se están adentrando en territorio enemigo, casi con seguridad lo es.

—Hermana Mayor, la hija menor desea ayudarte.

—Si estás dispuesta a ayudar, adelante.

—Entendido.

Chica Robot asiente y, un instante después, se oye un fuerte estruendo seguido de un destello de luz. Un rayo cae como un relámpago. Nos sobresalta a todos. Pero ¿qué es eso?

De inmediato, aparecen personas de la nada.

—¡Rgh!

Son tres, con las manos entrelazadas, apiñados con nosotros tras bambalinas. Uno de ellos cae de rodillas y se desploma: un hombre de estatura y complexión medias, probablemente de unos veinte años. Su aspecto es corriente y viste jeans y una chaqueta acolchada negra. No le veo heridas. Parece haber perdido el conocimiento; yace boca abajo en el suelo sin moverse.

Al parecer, Chica Robot hizo algo.

—¡Mierda, sabía que no funcionaría! —escupe uno de los otros dos—. ¡Larguémonos de aquí!

Un instante después, desaparecen, dejando atrás al que se había desplomado. Debieron decidir que sería demasiado difícil llevárselo y lo abandonaron.

—Las señales de los objetivos han desaparecido de nuestras coordenadas. Se han desplazado a otra ubicación.

Una persona solo puede poseer un poder psíquico a la vez. Aplicando esa regla a nuestra situación, los intrusos tenían tres poderes: telequinesis, camuflaje y teletransportación. Dadas las circunstancias, el que Chica Robot alcanzó debió de ser el que estaba usando el camuflaje.

Cuando nuestros enemigos se retiran, Maquillaje desciende de nuevo al suelo y aterriza con destreza sobre sus pies.

—Oye, —le dice a Chica Robot—. ¿Qué fue ese destello de recién?

—Madre, se trató de un arma de energía direccional no letal. Está diseñada para incapacitar mamíferos de tamaño medio a grande, como los humanos. En condiciones normales de uso, provoca una herida no letal y deja muy pocos efectos secundarios. La desarrollé para ayudar a defenderme de la Abuela.

Al parecer, era un arma incorporada en uno de los terminales que había traído al evento. Desde luego, la abuela lo tenía difícil lidiando con una nieta tan traviesa.

—Motivos aparte, es un arma increíblemente útil. ¡De verdad me tomaste por sorpresa!

—Hermano Mayor, tu hermana menor siente alegría ante tu continua alta valoración de las formas de vida mecánicas.

El psíquico caído permanece completamente inmóvil. Según Chica Robot, en realidad no está muerto. Y si queremos averiguar quiénes son estos terroristas, será mejor capturarlos que matarlos. Miro a Maquillaje; ella ya está hablando con alguien por teléfono.

—Perdón por dejarte todo el trabajo, pero ¿sabes hacia dónde huyeron? —le pregunto a Chica Robot.

—Hermana Mayor, he detectado algo a través de las cámaras del escenario. —Mientras habla, la pantalla flotante se desliza frente a nosotros como si se desplazara por el aire. Resulta casi cómico.

En la pantalla puedo ver a los dos psíquicos que acaban de huir, situados a los lados del escenario. ¿Están intentando recuperar al que mi vecino está enfrentando?

Pero, de ser así, ¿por qué abandonaron tan fácilmente al psíquico que usaba camuflaje? Apuesto a que tiene que ver con el poder del hombre que está en el escenario.


[1] Movimiento musical y subcultura japonesa surgida en los años 80, caracterizado por una estética extravagante, andrógina y teatral que fusiona glam rock, punk y metal con moda gótica o barroca. Su enfoque principal es la presentación visual extrema junto a la música.

[2] Acción organizada en la que un gran grupo de personas se reúne de forma repentina en un lugar público, realiza una actuación inusual y coordinada (baile, canto, etc.) durante poco tiempo y luego se dispersa rápidamente. Suelen convocarse mediante redes sociales y buscan entretener, sorprender o dar un mensaje. 

 

¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.

Anterior | Indice | Siguiente