Sasaki y Pii-chan

Vol. 9 Mi Vecina, la Detective Parte 1

«La nueva VTuber Ochiba Kareki investiga el asesinato del director de operaciones de su grupo: una habitación cerrada y los lazos de un director con sus VTubers».

Podía imaginar el título con total claridad en mi cabeza. Mi vecina estaba actuando como una detective de renombre. Los culpables estaban en serios aprietos con ella a cargo del caso. Todo lo que había dicho era la verdad.

Después de todo, el perpetrador era el miembro de la agencia enviado por el Sr. Akutsu.

Todo había comenzado hacía poco menos de una hora. Tras terminar de ver el evento de mi vecina, los tres salimos del escenario secundario del Área B, conversando entre nosotros mientras nos dirigíamos a la zona de personal instalada en el Área C.

—Ya vimos lo que vinimos a ver, ¿mmm? ¿Por qué no almorzamos? Me está rugiendo el estómago.

—La hija menor propone que aprovechemos esta oportunidad para asistir al evento y pasar el tiempo disfrutando de los puestos del recinto.

—A mí también me interesan los puestos, —dije—, pero el patio de comidas de aquí seguramente tiene filas larguísimas. Eché un vistazo rápido a algunas publicaciones en redes sociales y la gente se está quejando de lo terrible que es la espera.

—Ah, sí, —asintió la Srta. Futarishizuka—. Alcancé a ver el cartel antes, y decía que la espera era de dos horas.

—Uf. Sí, preferiría evitar eso si es posible.

Tras un momento, el teléfono del buró empezó a vibrar. Revisé la pantalla y vi el nombre del Sr. Akutsu. En teoría, hoy debía ser un día de descanso, al menos según el calendario. Aun así, no podía darme el lujo de ignorarlo, así que me disculpé y contesté la llamada con desgano.

Si hubiera sabido que esto pasaría, habría dejado el teléfono en casa.

—Hola, habla Sasaki.

—Verifiqué tu ubicación antes de contactarte. Estás en el recinto del festival, ¿verdad?

—Sí, así es. ¿Ocurre algo, señor?

—Sasaki, necesito que hagas algo por mí.

—…¿Y qué sería eso?

Apuesto a que tiene otro trabajo fastidioso para mí.

Efectivamente, apenas unos instantes después, recibí un trabajo extremadamente fastidioso.

—Hace un momento, nuestras negociaciones con cierto hombre con vínculos con un grupo terrorista extranjero fracasaron y nos deshicimos del objetivo. Tú conoces a este hombre como Kuga, el director de operaciones de Otherworld Productions. El plan era hacerlo pasar por un suicidio, pero el grupo terrorista irrumpió en las instalaciones e interfirió, y en este momento la operación está estancada.

—¿Eh… qué?

—Normalmente usaríamos a un psíquico con capacidad de teletransportación para retirarnos, pero dicho psíquico ha desaparecido, junto con todo su equipo, en algún punto del recinto. Tanto nuestro equipo de negociación como el de limpieza están aislados en el lugar. Quiero que los recuperes y que te encargues del encubrimiento para que parezca un suicidio.

—……

¿Esta era la razón por la que habían hecho la falsa amenaza de bomba? Dudaba que la Señorita Inukai o su equipo estuvieran al tanto de los tratos con el Sr. Kuga.

—Disculpe, señor, ¿acaso no hay otros miembros del buró aquí en el recinto?

—Los hay. Y me han informado que actualmente estás con Futarishizuka y Tipo Doce. Hay demasiados ojos dentro del recinto. Necesitamos absoluta certeza en esto, por eso decidí dejarte la tarea a ti.

—Jefe, hoy se supone que es mi día libre…

Pensé que hoy, al menos, estaría a salvo de cualquier exigencia irrazonable del jefe. Y ahora que conocía los detalles, de verdad no quería tener nada que ver con este encargo; de ahí mi intento de rechazarlo.

Pero las siguientes palabras del jefe de sección sellaron mi destino.

—Estás obligado a mantener encendido el teléfono del buró incluso los fines de semana, precisamente para situaciones como esta. ¿No aprendiste eso en el entrenamiento? Y tú sabes tan bien como yo que formas parte de esto.

—…Entendido, señor.

Las actividades de mi vecina probablemente habían sido lo que los llevó a sacar a la luz el pasado del Sr. Kuga en primer lugar.

Nunca habría imaginado que estuviera confabulado con una organización criminal. Pero entonces recordé lo bien que la había tratado en comparación con los demás talentos desde que ella se unió a la compañía. Seguramente había querido ponerla de su lado. Quizá incluso estuviera involucrado en la guerra por delegación y esperara quedarse con alguna recompensa.

Probablemente esa había sido exactamente la razón por la que la agencia se había ocupado de él.

Caray, la industria del entretenimiento es aterradora.

Sentía como si toda clase de espíritus malignos campasen a sus anchas a mi alrededor, separados de la vista solo por una pared muy delgada.

Pero entonces recordé que dos individuos mucho más aterradores estaban justo a mi lado, escuchando con suma atención.

—Parece que otro trabajo fastidioso nos ha caído encima, —comentó la Srta. Futarishizuka.

—Padre, —dijo Tipo Doce—, el gobierno ha publicado estadísticas que muestran que los padres en Japón que no prestan atención a sus familias y, en su lugar, priorizan sus trabajos, suelen verse empujados a un divorcio tardío en cuanto pierden su fuente de ingresos. Si consideras la felicidad de nuestra familia a medio y largo plazo, entonces debes recordar sacar tiempo para tu familia, o si no…

Si lograba conseguir su ayuda, quizá sería posible cumplir la absurda petición del jefe. En cualquier caso, no tenía opción.

—Entendido, señor. Lo haré.

—Escúchame, Padre…

—Sabía que podía contar contigo, Sasaki.

—Antes de empezar, tengo una pregunta. ¿Hay algún psíquico en el evento que pueda moverse sin ser detectado? Si es posible, uno con un poder de invisibilidad… como el que estaba con la Srta. Futarishizuka en la bolera.

—Sí, uno de los involucrados en el encubrimiento. En este momento se encuentra en el recinto.

—Si pudiéramos contar con su ayuda, creo que esto sería posible.

—Entendido. Haré que se ponga en contacto contigo de inmediato.

—En cuanto a llegar al lugar de los hechos, ¿sería posible enviar allí a alguien relacionado con el evento para que seamos los primeros en descubrirlo? Debería ser fácil valernos de alguno de los VTubers que conocemos.

—Claro. Haré lo que pueda.

—Gracias, señor.

Tipo Doce podría encargarse de las cámaras de seguridad de todo el recinto si se lo pedíamos. Podría explicarle que era para evitar que el Festival de Invierno se cancelara y para que mi vecina no perdiera su oportunidad de brillar. Estaba bastante seguro de que cooperaría.

—Entonces lo dejo en tus manos, Sasaki.

—Entendido, señor.

Nuestra conversación solo duró unos minutos. Muy propio del jefe no perder jamás el tiempo. Corté la llamada y guardé el teléfono.

—¿Qué era? —preguntó la Srta. Futarishizuka—. ¿Más trabajo? —Su expresión era de absoluto disgusto.

Le expliqué palabra por palabra todo lo que el jefe me había dicho. Tipo Doce escuchó con atención. Me sentí culpable por involucrarla en todo esto cuando solo estaba intentando disfrutar del evento.

—…Y esa es la situación. ¿Podría pedirles que me ayuden?

—¿Ayudarte? Ja. Si son órdenes del jefe, no es que pueda decir que no, ¿verdad? Además, fui yo la que te estuvo molestando para que consiguieras entradas para el festival. Por supuesto que ayudaré. Terminemos con esto de una vez.

—Gracias, Srta. Futarishizuka.

—Padre, ¿este suceso activa la regla número seis?

La regla número seis de la familia falsa establecía que, cuando alguien de la familia estaba en problemas, todos debíamos trabajar juntos para ayudarlo. Debido a esa cláusula, Tipo Doce solía verse arrastrada a nuestros asuntos. Pero esta vez, estrictamente hablando, nadie estaba en problemas.

—No creo que lo haga, —respondí—. Dicho eso, si alguien más en el Festival de Invierno se entera, el evento podría cancelarse. Y ese sería un final desafortunado tanto para mi vecina como para Abadón.

Si alguien descubría que había habido un asesinato, el segundo día se cancelaría sin duda. Pero si la causa de la muerte era un suicidio, entonces quizá nosotros —y la administración— podríamos encubrirlo hasta que terminara el evento. Se había invertido una enorme cantidad de dinero para hacer realidad el Festival de Invierno. Mientras no hubiera actividad criminal de por medio, dudaba que hubiera una reacción negativa por parte del público.

—Entendido. La hija menor hará todo lo que esté a su alcance para ayudar a su hermana mayor.

—Gracias, Tipo Doce. De verdad lo aprecio.

Con la ayuda de la forma de vida mecánica, el trabajo estaba prácticamente hecho a medias.

Un momento después, recibí dos mensajes en el teléfono del buró: uno del jefe de sección y otro de un empleado de la agencia. El Sr. Akutsu había enviado la ubicación actual del psíquico, una fotografía suya y un plan general; el otro mensaje provenía del psíquico con poderes de invisibilidad, que preguntaba cómo proceder con nuestra misión. Tras enviarle a este último la hora y el lugar para reunirnos, nuestros preparativos quedaron completos.

—Una advertencia para la hija menor antes de comenzar, —dijo la Srta. Futarishizuka—. Las formas de vida mecánicas no pueden mentir, así que ten cuidado de no responder preguntas sin pensarlo bien. Si se te escapa algo, nuestro asesinato en habitación cerrada, tan cuidadosamente preparado, se irá al traste.

—Entendido. La hija menor tendrá cuidado de no revelar ninguna información importante.

Tipo Doce debió de estar pensando en mi vecina, porque aceptó sin dudar, aunque el consejo hubiera venido de la Srta. Futarishizuka.

Sacar al perpetrador de la escena fue sencillo.

Mientras yo ganaba tiempo en la entrada de la habitación, el otro empleado del buró usó su poder psíquico para volverse invisible e infiltrarse. El perpetrador permaneció en la habitación. El plan era que se escabullera aún invisible justo cuando nosotros entráramos, fingiendo sorpresa ante la visión del Sr. Kuga.

Todos los que nos acompañaban testificarían que la habitación estaba cerrada, completando así el crimen perfecto. Dadas las circunstancias, la muerte del Sr. Kuga sería catalogada con toda probabilidad como un suicidio.

Mientras los culpables escapaban, Tipo Doce se encargaría de las cámaras de seguridad. Incluso después de que el psíquico volviera a ser visible, pasaría un tiempo antes de que el administrador de las instalaciones o el personal llegaran a verlo. En la práctica, el psíquico acababa de ejecutar un asesinato en habitación cerrada.

Todo salió sin contratiempos.

Tras reunirnos con mi vecina, recibimos una llave de la sala de conferencias. No solo liberamos al perpetrador aislado en la escena, sino que los pasos dados por los otros empleados del buró lograron que la muerte del Sr. Kuga pareciera un suicidio. Lo único que quedaba era contactar a la policía. A partir de ahí, las personas en connivencia con la agencia se encargarían de la situación según fuera necesario.

Había mencionado el hedor al entrar en la habitación para darle al psíquico invisible la oportunidad de colarse en la zona de recepción.

Me sentía culpable por las colegas consternadas de mi vecina y por el personal de las instalaciones. Aun así, todo esto era para mantener el orden público y permitir que el Festival de Invierno continuara… además de proteger nuestras posiciones sociales. Así que hice todo lo posible por fingir ignorancia en la escena del crimen, actuando como un primer testigo bienintencionado.

Pero entonces, uno de nosotros se atrevió a desafiar nuestro trabajo.

Sí: mi vecina.

—Podría haber otras razones, sin embargo. Si el Sr. Kuga estaba lo bastante angustiado como para considerar el suicidio, quizá no estaba lo suficientemente sereno como para pensar todo esto con detenimiento. Pero si no es así, es posible que otra persona haya escrito estas cartas.

—E-espera un momento, Señorita Kareki. ¿Eso no significa…?

—O también podría ser que el propio Sr. Kuga las escribiera con la intención de dar a entender que alguien más estaba involucrado. En cualquier caso, probablemente no pretendía acabar de esta manera.

Mi vecina recorrió con la mirada a todos los presentes mientras hablaba. Por un instante, el silencio se abatió sobre la escena del crimen. Luego alguien soltó un jadeo que me resonó en los oídos, extrañamente fuerte. Pero incluso eso duró apenas un momento; sus compañeras no tardaron en empezar a hablar.

—¿Estás intentando decir que alguien mató al señor Kugaaa? —preguntó la Señorita Rolling.

—¡Pero esta habitación estaba cerrada cuando llegamos! Estoy segura de ello, —insistió la Señorita Kihouin.

—Síii, eso es cieeerto. Si no es un suicidio, ¿no sería entonces un asesinato en habitación cerraaada?

Con su jefe muerto, las dos parecían completamente desbordadas. El rostro del administrador de las instalaciones estaba de un blanco cadavérico mientras contemplaba, atónito, los restos del Sr. Kuga.

Mientras tanto, mi vecina continuó con gravedad:

—La expresión «asesinato en habitación cerrada» aparece mucho en las obras de ficción, y hay todo tipo de maneras de plantearlo. Pero, en términos generales, diría que pueden dividirse en dos categorías: o bien la escena no era una habitación cerrada en absoluto, o el culpable cometió el asesinato desde fuera de la habitación.

Su mirada se desplazó hacia el marco de la ventana y la cuerda de la que colgaba el Sr. Kuga.

—Sería difícil que él mismo acabara en una posición así si no pretendía suicidarse, así que creo que lo más probable es que hayamos juzgado mal algo y que esta habitación no estuviera cerrada en el momento en que fue asesinado.

—Tal vez no lo estuviera, pero esta habitación solo tiene ventanas fijas, querida, —replicó la Señorita Kihouin.

—¡Asíii que solo hay una forma de entraaar! —exclamó la Señorita Rolling.

Mi vecina respondió al instante:

—En ese caso, la solución habitual es que el culpable, o sus cómplices, sigan ocultos en la escena del crimen.

—¿Qué…?

—¡¿Siguen aquíii?!

Al oír la afirmación de mi vecina, sus dos compañeras y el administrador de las instalaciones empezaron de pronto a mirar a su alrededor por toda la habitación. La Srta. Futarishizuka y yo, que sabíamos lo que había ocurrido entre bastidores, no podíamos permitirnos quedarnos de brazos cruzados; comenzamos también a inspeccionar la sala, fingiendo preocupación.

Una brillante detective estaba a punto de desenmascarar nuestras fechorías, y nosotros, los criminales, nos encontrábamos ahora en un serio aprieto.

Mi vecina había pasado la mayor parte de su tiempo en bibliotecas desde que estaba en primaria, así que debía de haber leído un buen número de novelas de misterio. Puede que ni siquiera se considerara a sí misma una detective. Tal vez solo estaba diciendo lo primero que se le venía a la cabeza.

Pero todo lo que decía era exactamente correcto.

—Aun así, la entrada estaba cerrada. ¿Cómo podría ser esto otra cosa que no fuera un suicidio? —intervino la Srta. Futarishizuka para ayudar, probablemente con la esperanza de frenar a mi vecina antes de que las cosas se pusieran feas.

Tipo Doce, incapaz de mentir, mantenía la boca firmemente cerrada. Un solo comentario casual suyo podría hacer que toda la farsa se viniera abajo.

—¿Y qué hay del espacio de recepción entre la oficina y el pasillo? Es una habitación aparte. Tras matar al objetivo, el criminal podría haberse ocultado allí y luego escabullirse pasando junto a nosotros para salir de la habitación. Todo encajaría.

—¿Pero había algún lugar donde pudiera esconderse? —reflexionó la Srta. Futarishizuka.

Todos desplazaron la mirada hacia la habitación contigua. Allí, separada de la oficina por una puerta, había otra estancia de unos treinta metros cuadrados. Justo en la entrada se alzaba un perchero, y detrás de él había un baño privado. Era el lugar perfecto para que el culpable se ocultara.

—Sí, la Señorita Kareki tiene razón. Si el criminal se hubiera escondido, por ejemplo, en el baño, no nos habríamos dado cuenta.

—Síii, la verdad es que entramos casi directamente a la oficina desde el pasillo, ¿nooo…?

Las compañeras de mi vecina no tardaron en expresar su acuerdo.

Mientras tanto, la Srta. Futarishizuka seguía poniendo objeciones. Ella había atravesado directamente el espacio de entrada hacia la oficina y también había sido la primera en descubrir el cuerpo.

—Pero miren todas las cámaras de seguridad del pasillo, —insistió, sin rendirse—. No hay forma de que alguien pudiera pasar por ahí sin ser visto. Claro que, supongo que si todo el personal de las instalaciones estuviera confabulado, no sería imposible.

—Podrían haber llevado una máscara, —señaló mi vecina—. Al menos así su identidad estaría a salvo. Por suerte para ellos, hoy hay muchísima gente asistiendo al evento. Creo que habría sido fácil mezclarse con la multitud y escapar.

—¿Oh? ¿Hmm? Ya-ya… ya veo a qué te refieres, —balbuceó la Srta. Futarishizuka.

Parecía un poco contrariada de que mi vecina hubiera rebatido su argumento tan rápidamente. Pero podíamos ponerle fin a todo esto con bastante rapidez.

Me volví hacia el administrador de las instalaciones.

—Entonces deberíamos revisar las cámaras de seguridad.

Asintió sin pensarlo dos veces y nos invitó a hacerlo. Los criminales, incluyéndome a mí, aprovechamos esta oportunidad para arrinconar a la detective.

—Si no aparece nadie en las cámaras, entonces creo que podemos asumir que fue un suicidio, —dije—. Aún tengo dudas sobre los mensajes de su portátil, pero no creo que eso sea prueba suficiente para señalar un asesinato.

Gracias a la superciencia rompedora de reglas de la forma de vida mecánica, habíamos logrado mantenernos a flote por un hilo.

Si Tipo Doce no hubiera estado allí, habríamos estado en serios problemas. Eché un vistazo a la Srta. Futarishizuka, que me miraba como diciendo: «por el amor de Dios».

—Oh…

Al mismo tiempo, un pequeño grito escapó de la boca de mi vecina. Parecía haberse dado cuenta de algo. Su expresión era de desconcierto.

Y entonces, apenas un instante después, se giró para mirarme. En su rostro se leía claramente: «¿Eh? ¿Hablas en serio?». Estaba más sorprendida ahora que cuando habíamos descubierto el cadáver del Sr. Kuga.

¿Era posible que ya hubiera deducido quién era el verdadero culpable?

Me volví hacia ella y pregunté:

—¿Ocurre algo, Señorita Kareki?

—No, eh, bu-bueno, es solo que…

Si así fuera, entonces mi vecina realmente era una detective brillante.

*

(Punto de Vista de la Vecina)

Encontramos al director de Otherworld Productions… o, mejor dicho, encontramos su cadáver.

Dejando eso de lado, el mensaje que quedó en la escena me inquieta. Lo hallamos colgado de una cuerda sujeta al marco de la ventana, con una nota en su portátil lamentando su propia incompetencia. Pero ¿de verdad era el tipo de persona que se quitaría la vida?

No. La razón detrás de su suicidio no importa. Lo importante es que la empresa siga funcionando.

Nuestras actividades en OtherPro como Ochiba Kareki son una oportunidad invaluable para obtener ingresos reales y dejar de depender de Futarishizuka. He estado esforzándome mucho para cubrir los gastos de mi alojamiento y manutención. Si la compañía tiene problemas, quiero aliviar sus preocupaciones.

Por eso sigo hablando.

—Podrían haber llevado una máscara. Al menos así su identidad estaría a salvo. Por suerte para ellos, hoy hay muchísima gente asistiendo al evento. Creo que habría sido fácil mezclarse con la multitud y escapar.

—¿Oh? ¿Hmm? Ya-ya… ya veo a qué te refieres.

Ahora estoy diciendo esto y aquello, como si fuera una sabelotodo importante. Pero entonces, tras pensarlo todo con calma, llego a una conclusión.

—Si no aparece nadie en las cámaras, entonces creo que podemos asumir que fue un suicidio, —dijo mi vecino—. Aún tengo dudas sobre los mensajes de su portátil, pero no creo que eso sea prueba suficiente para señalar un asesinato.

Al oír las palabras de mi vecino, estoy segura.

—Oh…

Mi vecino y Futarishizuka deben de estar detrás de todo esto.

Cuando dejo escapar ese sonido, él se vuelve hacia mí y pregunta:

—¿Ocurre algo, Señorita Kareki?

—No, eh, bu-bueno, es solo que…

Si ese es el caso, la prueba más importante será el metraje de las cámaras de seguridad. Apuesto a que no mostrará nada.

A juzgar por lo rápido que mi vecino sugiere revisarlas, hay muchas probabilidades de que hayan contado con la ayuda de la hija menor. Si además recibieron apoyo de su lugar de trabajo, incluso podría haber colaborado un psíquico… quizá uno con el poder de volverse invisible.

—……

Mi atención se dirige de manera automática a Chica Robot. No ha dicho casi nada desde que nos reunimos.

—…Hermana mayor, ¿por qué me miras así?

—Nada. No te preocupes.

No puedo preguntarle. Sería imprudente. Las formas de vida mecánicas no pueden mentir; lo revelaría todo en un instante. La forma en que empieza a juguetear con los dedos en cuanto le dirijo la palabra me inquieta profundamente.

—Lo siento. Me adelanté y empecé a decir tonterías. Lo que le ocurrió al Sr. Kuga es realmente lamentable, pero creo que probablemente sí se suicidó. No hace falta revisar las cámaras. Ofrezco mis más sinceras disculpas por faltar al respeto al difunto.

Con prisas, me retracto de todas mis teorías.

El director se suicidó.

Fue un suicidio.

Aunque hubiera sido un homicidio, fue un suicidio.

No puede ser otra cosa.

—Espera un momento, Señorita Kareki, —dice Kihouin—. Yo, por mi parte, creo que tus deducciones dieron justo en el blanco.

—¡Eh, síiiii, yo también! ¡Me creí todo, sabes! —añade Rolling.

—Lo siento, —insisto—. Al final no fue más que una tontería infantil. Espero que puedan pasarlo por alto.


No puedo seguir causándoles problemas a mi vecino y a Futarishizuka, así que continúo insistiendo ante mis compañeras en que tuvo que ser un suicidio. No importa en absoluto por qué fue asesinado.

Mientras tanto, Abadón flota dentro de mi campo de visión. Tiene los brazos cruzados y me mira con preocupación. Su expresión parece decir: «Ahora sí que has metido la pata». Ojalá me hubiera dicho algo si ya sabía lo que estaba pasando.

Mientras reflexiono sobre todo esto, la situación sigue desarrollándose. Oigo un montón de pasos y, de pronto, la puerta que da al pasillo se abre de golpe.

—¡Policía! ¡Que nadie se mueva!

Maquillaje aparece en la puerta. Vaya, vaya. Qué coincidencia. Ahora estoy completamente segura de que mi vecino y Futarishizuka están detrás de todo esto.

—¡Acabo de recibir un aviso de un accidente fatal! ¿Quién fue el que llamó?

Maquillaje saca su placa policial del bolsillo y la levanta para que todos la vean. Se ha hecho parecer mayor vistiendo traje y corbata y usando un maquillaje cargado. Hacía tiempo que no la veía arreglada de esta manera. El hecho de que preguntara de inmediato quién fue el primer testigo ya resulta sospechoso de por sí.

Pero Kihouin, Rolling y el administrador de las instalaciones se ponen tensos al ver la placa decorada con la Orden del Sol Naciente. Al parecer, creen que es una auténtica agente de policía. El silencio se apodera del lugar.

Varios agentes uniformados entran apresuradamente en la sala detrás de Maquillaje.

—Yo fui quien lo reportó, oficial, —dice la Srta. Futarishizuka.

—¿Dónde está el cuerpo?

—En la habitación justo detrás de esa puerta.

Aunque nos conoce, Maquillaje actúa como si nos viera por primera vez, confirmando cada detalle de la situación con total frialdad. Mi vecino y Futarishizuka responden a sus preguntas fingiendo ser simples testigos inocentes.

Futarishizuka se ofreció a contactar a la policía justo después de encontrar el cuerpo. ¿Contactó en realidad a su jefe? Si es así, es posible que los demás agentes ni siquiera sean policías de verdad. Probablemente sean empleados de ese «buró» del que mi vecino habla siempre.

—Necesitaremos realizar peritajes en la escena, así que trasladaremos los interrogatorios a otro lugar. Ustedes tres, sigan las instrucciones de este agente. Yo me encargaré de los demás. Tengan paciencia; no debería llevar mucho tiempo.

En respuesta a las instrucciones de Maquillaje, los agentes comienzan a moverse. Con «ustedes tres» se refería a Kihouin, Rolling y al administrador de las instalaciones. «Los demás» somos mi vecino, Futarishizuka, Chica Robot y yo. El primer grupo es escoltado por uno de los agentes y desaparece por el pasillo.

Oigo varios pares de pasos alejarse poco a poco. Cuando ya no se escuchan, Maquillaje rompe el personaje.

—Bien, con eso debería bastar.

La forma en que lo dice, como si hubiera hecho un trabajo de verdad, me irrita.

Los únicos que quedamos en la sala de recepción somos personas que conozco bien. El resto de los agentes que trajo Maquillaje ahora están en la habitación contigua.

—Me sorprende, —dice mi vecino—. ¿Por qué estás aquí, Señorita Hoshizaki?

—¿Y por qué no habría de estarlo? Soy una psíquica de rango B, ¿recuerdas?

—¿Y cuándo llegaste siquiera, niña? —pregunta la Srta. Futarishizuka.

—Recibí un mensaje del jefe esta mañana.

—Ya veo.

En otras palabras, la muerte del Sr. Kuga ya había sido decidida desde esta mañana. Si ellos dos se lo estaban preguntando, eso probablemente significaba que ninguno de los dos lo sabía.

—¿Señor? —pregunto—. Todo este incidente…

—Lamento habértelo soltado así, —responde—. Se confirmó que el Sr. Kuga, de Otherworld Productions, tenía vínculos con una organización terrorista. El buró intentó negociar con él, pero no dio resultado. Al parecer, esta fue la forma en que decidieron ocuparse de él.

—Dicho sin rodeos, cariño, estaba planeando aprovecharse de ti, —dice Futarishizuka—. Venderte, si hacía falta.

Así que el director fue asesinado; no fue un suicidio. El montaje de la habitación cerrada fue obra de mi vecino y Futarishizuka.

—¿Eso significa que mi identidad se ha filtrado? —pregunto.

—No públicamente, pero sospecho que anda circulando una o dos fotografías tuyas, —dice Futarishizuka—. De todos modos, no es algo de lo que debas preocuparte. Estoy segura de que junto a ellas también circulan todos nuestros datos personales, —añade, lanzando una mirada a mi vecino y a Maquillaje.

Apuesto a que ha habido muchas oportunidades de que alguien me sacara una foto a escondidas, ya que voy a la escuela todos los días. De hecho, hace poco hubo espías de distintos países y organizaciones dentro de la escuela; incluso escuchamos disparos en los pasillos.

—Si intentó hacer algo tan estúpido como aprovecharse de ti, significa que no recibió la advertencia de la Oficina involucrada en el juego de la muerte. En ese caso, el hombre probablemente era un pez pequeño en ese mundo. Incluso es posible que no supiera de la existencia de ángeles y demonios.

—Estoy de acuerdo con la Srta. Futarishizuka en esto, —dice mi vecino.

—Probablemente caíste en sus manos por casualidad, y él intentó sacar provecho de ti sin entender realmente quién eras, —continúa Futarishizuka—. Si hubiera sabido en qué se estaba metiendo con el buró, jamás habría intentado buscar pelea. Habría cedido durante las negociaciones.

—Ah, eso tiene sentido. Agradezco la explicación.

—Y antes de que saques conclusiones precipitadas, el verdadero perpetrador está en otra parte. Hace un rato recibimos un mensaje del jefe de la nada. El culpable metió la pata, así que nos asignaron a limpiar el desastre. En realidad, lo único que hicimos fue retenerlos a ustedes un momento en la entrada.

Futarishizuka mira a mi vecino mientras habla. Apuesto a que está intentando ser considerada, dado que alguien murió aquí. A mi vecino no le gusta hacer daño a los demás; no es así. Esto habrá sido parte de su trabajo, pero sospecho que verse involucrado en un asesinato le ha dejado una carga sobre los hombros.

De hecho, pensándolo bien, Abadón y yo lo hemos obligado a hacer cosas mucho peores. Comparado con lo que ocurre en la guerra por delegación, este incidente no es nada.

—Lo siento, —digo—. Es culpa mía que ustedes dos hayan tenido que pasar por todo esto.

—No «pasamos» por nada, cariño. Hiciste un trabajo detectivesco magnífico.

—Así es. Sentí como si estuviera viendo una serie de misterio en la televisión.

Recuerdo todas las cosas que dije antes. Me siento tan avergonzada por eso como por lo de Misaki Hanano. ¿En qué estaba pensando al sugerir que el Sr. Kuga no había escrito esos mensajes? Probablemente los escribió la gente del trabajo de mi vecino. Con solo recordarlo, se me enrojeció la cara de vergüenza.

—No, lo único que hice fue estorbar. De verdad, lo siento mucho.

—¿Trabajo de detective? ¿De qué estás hablando? —exige Maquillaje.

—No te preocupes por eso. Ya quedó en el pasado, —dice mi vecino.

—¡Oigan! ¡No me dejen fuera!

—Vamos, vamos. Los grandes detectives solo existen en la ficción, —afirma Futarishizuka—. Si alguien de verdad se dedicara a resolver todos los casos a los que la policía ha renunciado, el siguiente caso sería el asesinato del propio detective. Y ese sí que quedaría sin resolver.

—Vaya manera de arruinar los sueños de un niño, Srta. Futarishizuka.

—Pero tengo razón, ¿no? Los periodistas aparecen flotando en la bahía de Tokio todo el tiempo: personas con un fuerte sentido de la justicia que van tras casos como esos. En pocas palabras, así es como mueren los grandes detectives: por esforzarse demasiado.

¿Está diciendo que yo soy igual? Si es así, me alegra que no tengan que encontrar mi cuerpo en la bahía de Tokio.

—Pero si una organización terrorista se ha infiltrado en el recinto del evento, ¿no deberíamos hacer algo al respecto? —pregunta mi vecino—. El Sr. Akutsu dio a entender que algunos de nuestros compañeros en el lugar ya han sido heridos.

—Sí, probablemente no deberíamos dejarlos a su suerte, —reflexiona Futarishizuka.

¿Qué es lo que estarán buscando?

Sospecho que Chica Robot es el eje de todo. Para llegar hasta ella, seguramente nos tienen en la mira a Abadón y a mí, así como a mi vecino, a Futarishizuka y a Maquillaje. Ya hemos sido atacados tanto durante nuestro tiempo de familia ficticia como cuando Chica Robot asistía a la escuela.

Mientras estos pensamientos dan vueltas en mi cabeza, un zumbido proviene del pecho de mi vecino.

Saca su teléfono y todas las miradas se posan en él.

—Disculpen. Parece que es del jefe.

—Uf, qué desagradable, —gruñe Futarishizuka—. Tengo un mal presentimiento.

Mi vecino se disculpa y atiende la llamada. Muy pronto, su expresión se endurece. Me hace pensar que le han encomendado otra tarea difícil. Permanece al teléfono solo unos minutos; luego se lo aparta de la oreja.

Nos mira con semblante grave.

—Los terroristas en el recinto están tramando algo.

—Por supuesto que lo están. ¿Qué demonios está haciendo el otro equipo? —pregunta Futarishizuka.

—Al parecer se están encargando del asunto. Pero considerando al grupo que ya desapareció, deberíamos anticipar la presencia de múltiples psíquicos enemigos de rango B o superior. Necesitan nuestra ayuda para enfrentarlos.

—¿Acaso planean iniciar un tiroteo aquí mismo, en el recinto? ¿Hablas en serio?

—El jefe me dice que han tomado como rehenes a empleados del buró y a asistentes del evento para negociar con nosotros. Dependiendo de nuestra respuesta, podrían hacer cualquier cosa, así que el Sr. Akutsu está reuniendo gente para prepararse para el peor escenario.

—Ah, entonces es un caso de «no se negocia con terroristas», ¿no?

—Esa fue la impresión que me dio.

Mi vecino lo explica todo con calma, pero si han tomado rehenes entre los asistentes, ¿acaso la situación no es gravísima? Podría haber miles de víctimas, incluso decenas de miles.

—Padre, la hija menor tiene algo que desea discutir.

—¿De qué se trata?

—Me gustaría preservar el gran momento de mi hermana mayor sobre el escenario.

La observación de Chica Robot es admirable. Si el grupo terrorista provoca un disturbio demasiado público, se verán obligados a cancelar el Festival de Invierno. Y eso ni siquiera sería lo peor. A partir de entonces, cada evento futuro sería objeto de debates y disputas, lo que supondría una enorme desventaja para Ochiba Kareki. Aun así, no necesito que ella se preocupe por mí.

—Pensábamos lo mismo, —dice mi vecino.

—La hija menor desea ayudar en el trabajo de Madre y Padre.

—Eso resulta muy tranquilizador, —responde Maquillaje.

—Entonces será mejor que vayamos al recinto de inmediato, —señala la Srta. Futarishizuka—. Teniendo en cuenta lo abarrotado que está, solo llegar hasta allí nos llevará bastante tiempo. Si intentan volarnos mientras atravesamos un mar de gente, no tendremos ninguna oportunidad.

—Estoy de acuerdo.

—¡Entonces voy con ustedes! Después de todo, soy una psíquica de rango B, —insiste Maquillaje.

—¿Y qué hacemos con lo de aquí? —pregunta Futarishizuka.

—¡Podemos dejar que otros miembros del buró se encarguen! ¡No hay problema!

Al parecer, Maquillaje también se uniría.

Siempre es ruidosa, pero hoy parecía aún más alborotada de lo habitual. Casi como si se estuviera obligando a hablar más de la cuenta. ¿Estará tratando de lucirse frente a mi vecino? ¿O será otra cosa? En cualquier caso, no me importa qué esté pensando.

Así, todos nos apresuramos de regreso al pabellón de exposiciones este.

 

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