El Jefe de Atelier Tan Despistado
Vol. 3 Epílogo
Cuando me di cuenta, yo, el gran Golnova, estaba dentro de un edificio que parecía un granero.
¿Acaso había llegado a ese lugar mientras huía de los guardias a los que había cortado?
Intenté incorporarme y sentí un fuerte dolor en el abdomen.
—¡Guh… qué es esto? ¡Eh, hay alguien ahí! —Grité, pero nadie respondió.
¿Cómo había terminado así?
Debía recordarlo. Estoy seguro de que había seguido a Kurt hasta las montañas Sheen.
Allí me encontré con Bandana, quien me habló de unas ruinas.
Según los registros, un guardabosques que había descubierto unas ruinas de la antigua civilización Lapital y encontrado artefactos mágicos de valor nacional en su interior, fue perdonado de todos sus crímenes a pesar de ser un ladrón, gracias a ese logro.
Me dijeron que yo también podría borrar mis delitos si hacía lo mismo.
Poco a poco, los recuerdos de aquel momento volvieron a mí.
Tras recibir la información de Bandana, caminé durante quince minutos por las montañas Sheen. Al avanzar por un sendero sin camino, encontré las ruinas dentro de un enorme agujero.
Al parecer, Bandana lo había excavado recientemente; es decir, las ruinas estaban sepultadas.
Más que ruinas, parecía una enorme caja con una puerta.
—¿De verdad esto es una ruina sin descubrir?
—Sí. Recién acabo de abrir la cerradura, pero aún no he abierto la puerta.
—¿Por qué no la abriste tú?
—Pues porque si yo la abro, todo el mérito sería mío. Pensaba ir a avisarte, líder.
Ya veo, así era la cosa.
Bien, si en estas ruinas encontraba un artefacto mágico de valor nacional y lograba borrar mis pecados, entonces yo también perdonaría a Bandana por no haber encontrado a Kur.
Con eso en mente, abrí la puerta.
Dentro estaba oscuro, no podía distinguir nada… o eso pensé, hasta que de pronto se encendieron las luces de la sala.
No era luz de fuego. Era una iluminación mágica de atributo luz, una luz blanca parecida a la del sol.
Impresionante… si de verdad esas eran ruinas de la civilización Lapital, significaba que instalaciones de más de mil años aún seguían funcionando. Tuve la sensación de haber hecho un descubrimiento monumental.
Pero justo después, lo vi.
En el centro de la sala, había sentada una chica de cabello rosado… ¿sería un cadáver? Me di cuenta de inmediato de que no era un ser humano vivo. Si ni siquiera puedes notar algo así, no puedes llamarte aventurero. Pero tampoco era un cadáver… ¿una muñeca, tal vez?
Jajajá. Ya veo, debía de ser un juguete para adultos de los antiguos.
Guardar algo así dentro de una ruina… quien lo haya creado debe de haber sido un completo pervertido.
Seguramente los coleccionistas excéntricos pagarían un buen precio por esto. Y si encima se movía, podría valer hasta cientos de monedas de oro. Si alguno de esos coleccionistas fuera un noble de alto rango, quizás incluso haría que se perdonaran mis crímenes…
—Bien, veamos si se mueve o no…
Desenvainé mi espada de fuego por si acaso se ponía en movimiento y atacaba.
Incluso si era un monstruo tipo gólem, no pensaba dejarme vencer. Eso pensaba… hasta que…
—Verificación de datos. Programa iniciando .
……¡¿Eh?!
Justo cuando pensaba eso, la muñeca entonces habló, mi cuerpo salió volando fuera de la sala.
¡Eso era! Lo recordé: en ese momento, esa extraña muñeca me había lanzado por los aires…
—¿Has despertado?
—¿¡Eeek…!?
Al ver a la muñeca de cabello rosado aparecer con esa voz, solté un grito ahogado.
Así es… esa muñeca me había golpeado con todas sus fuerzas.
¿Dónde estaba Bandana?
No estaba. Ese desgraciada… ¡había huido!
—Responde la pregunta de antes.
—¿Pregunta? ¡¿A qué pregunta te refieres?!
No… espera, ya lo recordé.
Justo antes de perder el conocimiento, esa cosa me preguntó:
—«Solicito una explicación. ¿Cuál es tu relación con Kurt?»
Sí, eso fue lo que dijo.
Bien, le respondería.
—¡Yo soy el amo de Kur… de Kurt Rockhans!
Justo después de responder, el puño de la muñeca destrozó por completo una caja de madera que estaba detrás de mí.
Si no me hubiera apartado, no habría sido la caja, sino mi cráneo el que habría sido pulverizado.
—No puedo creer que alguien como tú sea el amo de Kurt. Si vuelves a mentir, te mataré.
Pero si prácticamente ya intentaste matarme…
Quería decir eso, pero no, esto era peligroso. Esta muñeca era demasiado peligrosa.
Debía pensar… ¿qué clase de relación tenía con Kurt?
Incluso si decía que era mi recadero… la cosa acabaría igual que antes.
Y fingir que no teníamos ninguna relación ya no serviría. No… si lograba convencerla de que no teníamos relación, quizás me mataría igual.
Por alguna razón que no entendía, esa muñeca parecía tener cierto grado de respeto hacia Kurt.
Pensé que, ya que estábamos, podría decir que era subordinado de Kurt… No, aunque fuera una broma, prefería morir antes que aceptar algo así.
¿Amigo? ¿Compañero? No, una relación igualitaria como esa tampoco se lo permitía mi orgullo.
—¿Qué sucede?
—Espera un poco. Es difícil de explicar con palabras.
—¿Es una relación que no podía describirse fácilmente?
—Sí, algo así. Bueno, cuando comía su comida me sentía tranquilo, y ha habido ocasiones en las que su ausencia me causó problemas. Si tuviera que describir nuestra relación con eso…
—Ya veo, con que era así.
¿Eh? Parecía haber llegado a su propia conclusión.
Pero bueno, si con eso bastaba, entonces estaba bien.
—En ese caso, no puedo atacarte.
—Sí, hazme ese favor.
—Ya veo, entonces eres el novio de Kurt.
—Sí, así mismo, el novio de Ku… ¡¿Qué dijiste?!
¿Eh?
¿Yo, el novio de Kurt?
¿Cómo había llegado a esa conclusión?
—¿Acaso no lo era? Te refieres a él por su apodo, él te cocinaba, y te sentías en paz estando a su lado.
—¡Espera! No era en ese sentido. Además, tanto Kurt como yo somos hombres.
—Existen registros de relaciones entre hombres. ¿No es el caso?
La muñeca volvió a preguntar, apretando el puño y adoptando una postura de combate.
—Sí, cierto, soy el novio de Kurt.
…No tenía otra opción más que responder así, ¿no?
Maldición… ¿por qué tenía que acabar siendo el amante de ese tipo?
—Oye, ¿y tú qué se supone que eres?
—…Mi nombre es Gólem Prototipo Número Uno. Fui creada por Kurt. El hombre del callejón me llamaba Elena.
…¿Prototipo de gólem, Elena?
¿Decía que había sido creada por Kurt? ¿Esta muñeca tan fuera de lo común?
—Entonces, ¿dónde está Kurt?
—¡Ésa es la pregunta que debería hacer yo, maldita sea!
¿Por qué había acabado así solo por estar buscando a Kur?
¿Y Bandana? ¿Dónde se había metido esa idiota?
◇◆◇◆◇
En el centro de detención forzada de la Maga de la Corte del Reino de Homuros.
Allí, entre los prisioneros, incluida yo, Marlefiss, no se nos asignaba trabajo forzado como en una prisión común. Las habitaciones contaban con instalaciones comparables a las de un hospedaje de lujo.
Sin embargo, había un gran problema. Aunque la apariencia de la comida no era pobre, no sabía bien.
No, eso no era del todo cierto… seguramente, era mi paladar el que extrañaba la cocina de Kurt.
Tuve que admitirlo… la aptitud de Kurt para la cocina seguramente estaba por encima del rango S. Era, sin lugar a dudas, un verdadero maestro culinario.
En cualquier caso, lo único que se nos imponía a nosotros era una charla «reformadora» de cinco horas diarias.
Aquello ya era prácticamente lavado de cerebro, y de hecho, los demás que habían sido confinados aquí junto conmigo terminaron completamente adoctrinados en menos de un mes. Ahora trabajaban como simples extensiones de la Maga de la Corte.
¿Por qué yo había salido ilesa de eso? Irónicamente, fue gracias a aquel diablo que me había usado.
Al parecer, después de que un diablo de alto rango casi destruyera mi mente, desarrollé cierta resistencia contra ataques mentales, como el lavado de cerebro.
Por cierto, parecía que solo un puñado de personas sabían dónde se encontraba este centro de detención. Incluso yo, que estaba encerrada aquí, no sabía si esto estaba dentro del país o fuera. Por supuesto, la vigilancia era estricta, y escapar me parecía imposible.
Y aun así…
—¿Ya terminaste la reunión con la princesa, Marlefiss?
La mujer que me dijo eso y vino a recibirme no era otra que Bandana. Estaba recostada sobre la cama de mi habitación privada como si fuera la dueña del lugar.
No me había dado cuenta cuando estaba en «Colmillo de Dragón de Fuego», pero esa mujer era anormal. Pensándolo bien, no sabía absolutamente nada sobre ella.
Decía que había causado problemas importantes en varios países y que usaba un nombre falso para ocultarse, pero ni siquiera sabía en qué países ni qué había hecho exactamente.
Tampoco sabía que tenía suficiente habilidad como guardabosques para infiltrarse en este centro de detención.
—…Sí, la acabo de terminar. Dije exactamente lo que me pediste, Bandana.
—Oh, me salvaste. Justo cuando pensaba que, por fin se iban a poner divertidas las cosas después de encontrar al líder, mi maestra vino y me ordenó un trabajo. Lo que tengo, es gracias a mis antiguos compañeros. Toma, esto es lo que te prometí. —Diciendo eso, Bandana me entregó una botella de vino.
—…Vaya, qué vino tan barato. Dijiste que no debía pedir nada innecesario, pero si iba a ser así, habría sido mejor pedírselo directamente a la princesa.
—Será barato, pero sabe bien. Anda, pruébalo. —Dicho eso, con gran habilidad usó una especie de aguja como si fuera un sacacorchos para abrir la botella.
Probablemente no había traído un sacacorchos.
—Está bien, no hace falta que me lo digas, lo aceptaré. Por cierto, ¿dónde están las copas de vino?
—¿Tú crees que iba a cargar con algo así? Bebe en esa taza de cerámica de ahí.
—De verdad… Siempre has sido descuidada con esas cosas… ¿¡Eh!?
¿Siempre?
Éramos compañeras, sí, pero solo nos conocíamos desde hacía poco más de un año. Aun así, sus palabras sonaban como las de una amiga de hace diez años.
A pesar de todas las cosas extrañas que hacía, esa manera suya de colarse sin dificultad en la vida de los demás y de derribar su guardia tan rápido… me pareció, en ese momento, algo aterrador.
—…¿No tienes nada para picar?
—Ah, tengo algo especial. Es queso ahumado que Kur preparó hace tiempo. En realidad, le pedí que hiciera de más y lo estuve guardando en secreto.
Dicho eso, sacó de algún lugar un enorme queso, enrollado como un pastel suizo. ¿De verdad… de dónde lo había sacado?
—Pensé que Kur había hecho ese queso ahumado hace más de medio año… ¿estará bien?
—Claro que sí. El queso ahumado se creó originalmente como alimento de conservación, ¿no? Si lo piensas de ese modo, siendo algo hecho por Kur, no se echaría a perder ni en cien años.
—¿¡Cien años!? No debería durar tanto sin estropearse… Pero que Kur conozca una técnica así… Con ese conocimiento, ¿no podría hacerse rico fácilmente?
—¡Ajajá! No digas tonterías. Sigues siendo tan divertida como siempre, Marlefiss. Incluso un niño por ahí podría hacer queso que dure cien años, no solo Kur.
—¿De-de verdad…?
—Sí, claro que sí.
Al mirar a Bandana, que lo decía con tanta seguridad, terminé sintiéndome avergonzada de mi ignorancia, y acepté el trozo de queso que ella había cortado para mí.
…¡Estaba delicioso!
No había probado algo tan bueno desde las bolas de arroz que Kur me había dado.
Sí, la comida de Kur era realmente exquisita.
—Por cierto, ¿qué era eso de que alabar a Kurt provoca un estado de coma de veinticuatro horas? Nunca he oído algo así.
Es cierto que a veces Kur desaparecía durante todo un día. En esos casos, normalmente estaba cumpliendo algún encargo bien pagado por orden de Bandana, pero… si lo que ella decía era cierto, ¿acaso se refería a esos momentos?
—De todos modos, casi nunca lo alabábamos.
—Ah, eso es un problema mío. No tienes que preocuparte, Marlefiss.
Bandana comía el queso ahumado con gusto y se estiró para tomar el vino que ahora me pertenecía, pero le di un pequeño manotazo.
El asunto con la princesa claramente parecía un problema, y yo no quería involucrarme, así que no me importaba.
—Por cierto, ¿de verdad pudiste conseguir la comida de Kur que me prometiste? La comida de aquí no es de mi agrado.
—Claro, si ya te la di.
—¿Ya? ¿No me digas que te referías a este queso ahumado?
—Pues sí. Te lo dije, ¿no? Que era queso hecho por Kur.
—¡Entonces, ¿por qué estás comiendo tú también?!
—Baja la voz. Aunque haya un hechizo de insonorización, no queremos arriesgarnos a que se escuche afuera.
Ya no quedaba ni la mitad del queso ahumado.
A pesar de que había sido una pieza enorme.
—Ya no puedo más, Bandana. El resto me lo comeré yo sola… —Dije eso mientras intentaba guardarlo, pero por alguna razón, mi mano ya tenía el cuchillo y estaba cortando más queso.
No-no podía evitarlo. La culpa era de lo delicioso que estaba el queso de Kur.
Esta sería la última, me decía. Esta sí sería la última… pero…
—Oye, Marlefiss. Sé que estás luchando contigo misma, pero el queso tiene un olor fuerte. Si lo dejas guardado aquí, seguro que se van a dar cuenta. Mejor cómetelo todo.
—Ti-tienes razón. Entonces… me lo comeré todo.
—Bueno, yo también tomaré otro pedazo.
—Tú no. —Le di un golpe en la mano a Bandana cuando intentó servirse otro trozo.
—¿Estás segura? Si comes tanto, vas a volver a adelgazar.
—¿De qué estás hablando, Bandana? Te equivocas, lo correcto sería decir que volveré a engordar.
Así, de buen humor, saboreé después de tanto tiempo el queso de Kur.
Como resultado, sin saberlo, desde el día siguiente empecé a sentir que la comida era aún más insípida que de costumbre, perdí el apetito y mi peso siguió bajando.
◇◆◇◆◇
Según la opinión de la Maestra Ophelia, que yo, Lieselotte, escuché directamente, no se detectó ninguna anomalía en el cuerpo de Sir Kurt tras recuperar la conciencia.
Le pedí que, por precaución, descansara al menos un día completo en su habitación. Sin embargo, él se arrepintió de haber perdido un día de trabajo y salió para encargarse de las tareas domésticas.
La Maestra Ophelia también se marchó diciendo que tenía clases.
Fue entonces cuando llegó la Srta. Mimiko en su lugar, y le expliqué el estado de Sir Kurt.
—Ya veo… Así que al recuperar la conciencia, tiene amnesia. En ese caso, será mejor no decirle nada.
—Eso pensaba yo también.
—Si lo que dijo Marlefiss es cierto, no es la primera vez que pasa. Si no tenemos cuidado, al enterarse de la amnesia podría perder el conocimiento otra vez. —La Srta. Mimiko suspiró mientras se sujetaba la cabeza—. Pensaba que era simplemente un despistado extremo, pero resulta que perdía el conocimiento y la memoria cada vez que se daba cuenta de algo… ¿Qué clase de maldición es esa?
—Disculpa, Srta. Mimiko… ¿no habías dicho que no se trataba de una maldición?
—Sí, lo dije, Princesa Lieselotte. Pero eso fue dentro de los límites de mis conocimientos. Si se trata de una maldición o hechizo realizado con un tipo de técnica completamente fuera de lo común… ahí la cosa cambia. Por ejemplo… —La Srta. Mimiko no continuó hablando.
Pero no hacía falta. Ya lo entendía.
Fuera del conocimiento humano… es decir, poderes como los de los diablos, los demonios o incluso más allá… la gente como Sir Kurt.
Tal vez alguien del pueblo de Kurt había lanzado una maldición sobre todos sus habitantes. Esa posibilidad existía. Eso quería decir.
—Por cierto, ¿descubriste dónde se encuentra la Srta. Yuli?
Aparte del asunto con Sir Kurt, le había pedido a la Srta. Mimiko que investigara el paradero de la Srta. Yuli.
—La última vez que vieron a Yulishia fue en la ciudad fronteriza del norte, Rakdome. Desde allí, parece que entró en la Federación de Ciudades-Isla, Koskeith.
—La Federación de Ciudades-Isla, Koskeith… Si mal no recuerdo, allí se puede viajar entre islas tanto por barco como usando piedras de teletransporte. Si está usando estas últimas, encontrarla será complicado.
—No creo que haya de qué preocuparse. En la Federación, Yulishia solo tiene un lugar al que ir: la casa de sus padres.
Ante lo que dijo la Srta. Mimiko, incliné la cabeza, extrañada.
—¿Su casa? ¿No se suponía que su familia era del Reino de Homuros? Tenía entendido que su abuela poseía una montaña allí.
—Sí, bueno… hubo varias circunstancias. Además, su familia es un caso especial. Parece que no les agrada la idea de que Yulishia se convirtiera en noble de este país.
—…¿Y dónde está localizado su hogar? Comprendo que haya circunstancias, pero por favor, dímelo.
—Me gustaría hacerlo, pero antes de cierto trabajo, hice un contrato mágico con Yulishia, y por culpa de ese contrato no puedo decir nada más sobre su familia. Ni siquiera puedo mencionar en qué isla se encuentra su hogar.
Un contrato mágico… ese pacto en el que ambas partes se lanzan una maldición y se ven obligadas a cumplirlo sin excepciones. ¿Qué clase de secreto querría ocultar la Srta. Yuli hasta ese extremo…?
Pero si se trataba de Koskeith… enviar a un Phantom allí podría convertirse en un problema internacional.
¿Qué se suponía que debía hacer…?
—¿Y si la Srta. Yuli no regresa nunca? —murmuré.
En ese momento, se oyó el sonido de cerámica rompiéndose.
Al voltear hacia el lugar de donde vino el ruido, vi una jarra de cerámica rota… y a Sir Kurt de pie junto a ella.
—¿Eh… la Señorita Yulishia no va a volver? ¡¿Por qué…?!
¿Por qué…? ¡Si ni yo lo sabía!
Ah, qué lío tan innecesario había resultado todo esto.
—Sir Kurt, ni yo sé exactamente qué pasa. Por eso… vayamos juntos a buscarla.
Definitivamente, tenía que ir a decirle unas cuantas cosas a la Srta. Yuli y darle una bofetada en la mejilla.
Ahora bien, ¿cómo íbamos a llegar hasta Koskeith?
Tendría que empezar por pensar en eso.
Pero pasara lo que pasara, lograría traer de vuelta a la Srta. Yuli.
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