El Jefe de Atelier Tan Despistado
Vol. 4 Capítulo 3. Isla Paos Parte 2
Nunca me había arrepentido tanto de mi personalidad incapaz de decir que no cuando me pedían algo.
En ese momento, yo estaba usando un uniforme femenino de camarera y llevaba puesta una larga peluca de coletas. ¿Por qué demonios el Señor Naigara tenía una peluca como esa?
Después de que incluso se arrodillara para pedírmelo, no fui capaz de rechazarlo… No, pensándolo bien, debería haberlo hecho.
Pero me convencí de que sería mejor escuchar a los clientes de la taberna para reunir información. Cuando la gente bebe, se vuelve más habladora. Podía aprovechar eso para conseguir pistas sobre la Señorita Yulishia.
Intenté repetirme eso para animarme, pero… no había manera.
Cierto que mucha gente me decía que tenía un aire afeminado, pero al final seguía siendo un chico. Iba a ser descubierto de inmediato, y entonces sería un desastre.
—Oye, eres muy bonita. ¿Eh? ¿Te llamas Kurumi? ¡Genial, abriré una botella, así que ven a servirme!
—¡Kurumi! ¡Una jarra de cerveza por aquí!
—Kurumi, ya casi terminas tu turno, ¿no? ¿Quieres ir a cenar después conmigo?
Los clientes comenzaron a hablarme uno tras otro.
—Lo siento, tengo asuntos que atender después de esto…
—¡¿Una chica que habla como si fuera un chico aparecióoooo?!
…¿Eh? ¿Por qué nadie se daba cuenta de que era un chico, si ni siquiera me había maquillado o cambiado la forma de hablar? Estaba usando un artefacto mágico de cambio de voz que había preparado para un baile de máscaras, pero solo hacía que mi voz sonara algo andrógina. No sería raro que sospecharan que era hombre.
Y aun así, desde hacía rato los hombres a mi alrededor me miraban fijamente con una sonrisa en el rostro.
Ya lo entendía… Todos sabían que yo era un chico, y se estaban divirtiendo a mi costa.
Sí, tenía que ser eso.
—Po-por favor, no me miren tanto… me da vergüenza…
Cuando dije eso bajando la cabeza, todos los hombres en las mesas se golpearon la cara contra la mesa, retorciéndose.
Seguro que estaban conteniendo la risa. No había duda.
Cuando volví a la cocina, la camarera veterana me dirigió la palabra.
—Kurumi, buen trabajo. Vaya, estuviste muy popular, ¿eh?
—No se burle de mí, por favor…
—No me estoy burlando. Con lo popular que fuiste, ni siquiera me da envidia. Ah, tu paga la transfiero a tu cuenta del gremio, y una vez entregues esta comida, ya puedes retirarte por hoy. Ah, y no olvides tu ropa para cambiarte.
—Sí-sí. Gracias por todo, superior.
Tomé el pedido que me entregaron y me dirigí a la sala de espera del torneo de artes marciales, que estaba un poco alejada.
En la sala de espera, los participantes que ya se habían registrado estaban entrenando.
Tardé más de lo previsto, porque varios hombres me hablaron por el camino.
—Disculpe, traigo la comida para el espadachín Zakkas.
—Sí, déjamela a mí, yo se la entregaré.
Como la sala de espera era de acceso restringido para cualquier a excepción de personal, se la dejé a la señora de recepción y recibí su firma.
Bien, debía buscar un lugar para cambiarme de ropa… o eso pensaba, pero… ¿eh?
Al mirar de reojo hacia la sala de espera, vi a una persona que captó mi atención.
Aunque el color de su cabello era distinto al habitual, no había duda.
No podía estar equivocado.
Esa persona era, sin lugar a dudas… el Señor Golnova.
—Disculpe, tengo un conocido ahí dentro, ¿sería posible entrar un momento? —Le pregunté a la señorita de recepción.
Si el Señor Golnova estaba ahí, quería verlo una vez más.
Quería hablar con él, aunque eso no fuera a cambiar nada en particular. Aun así, simplemente… yo…
—¿Un conocido? Lo siento, no permitimos el acceso a nadie que no sea participante, pero puedo llamar a la persona si me dice su nombre.
—Es el Señor Golnova.
—Espere un momento, por favor.
La señorita sacó la lista de inscritos y comenzó a buscar.
Pasó el dedo por una página, al parecer no lo encontró, así que cambió a otra.
Y entonces…
—No aparece registrado como participante.
—Ya veo…
¿Entonces de verdad me había equivocado?
—Quizá se haya registrado con un nombre falso.
¿Con un seudónimo?
Era difícil imaginar que el Señor Golnova, que adoraba llamar la atención, se apuntara a un torneo de artes marciales usando un nombre falso. Pero, por otro lado, se había teñido el pelo, así que tal vez…
—¿Todavía es posible inscribirse en el torneo?
No podía rendirme todavía.
Podía inscribirme, entrar al lugar, y luego retirarme si hacía falta.
—La inscripción para mujeres está abierta hasta pasado mañana. Para hombres, ya se ha cerrado, así que eso no será posible.
¿Imposible…? Al oír eso, bajé la cabeza, abatido.
—¿Deseas participar?
—Jajajá, por favor, no bromee.
—Claro, tiene sentido. No parece que esta chica pueda pelear, después de todo.
—Así es. Y aunque esté vestido como chica, es evidente que soy un chico.
Le sonreí a la señorita, le di las gracias y me alejé del lugar.
Debía regresar tranquilo a la posada… o eso pensaba, pero mis pies se detuvieron.
No podía rendirme. No todavía.
—…Sí, lo haré. —Asentí con la cabeza y me metí entre unas sombras.
Tenía las herramientas necesarias; nunca lo había hecho en mí mismo, pero haría todo lo que estuviera a mi alcance.
Saqué del bolso mis artículos de maquillaje.
—O-oye, háblale tú.
—Ni loco, una chica así de linda seguro que tiene novio.
—Me alegra haber nacido en este mundo… ya puedo morir feliz con solo haber respirado el mismo aire que ella…
Las voces a mi alrededor llegaban con claridad.
Estaban fijándose un montón en mí… ¿acaso ya se habían dado cuenta de que era un chico?
—E-eh, señor…
Me dirigí a un hombre que me estaba mirando fijamente.
—Um, ¿cómo… cómo me ve usted?
—Pi-pi-pienso que eres absolutamente maravillosa.
—¿Maravillosa…?
No entendía del todo a qué se refería.
—Qui… Qui… ¡Quiero casarme contigo!
De repente, me propuso matrimonio.
Pe-pero si habló de casarse, eso quiere decir que me veía como una mujer, ¿no?
Hice discretamente un gesto de victoria con las manos al pecho… aunque, al hacerlo, la peluca casi se me cae, así que me sujeté la cabeza a toda prisa y salí corriendo del lugar con trotecito.
—Aaah… mi ángel se aleja…
Escuché un sollozo desde atrás, pero me dio miedo girarme a mirar.
—Disculpe, quiero inscribirme en el torneo.
Volví a donde estaba la señorita de recepción y le dije eso.
—¿Lo dice en serio?
—Sí, es en serio. ¿No puedo?
—¿Tiene carta de recomendación?
—No, no tengo.
—¿Y pareja para el torneo?
—Tampoco…
¿Pareja? ¿Acaso eso significa que el torneo no era individual?
—Si no tiene carta de recomendación, deberá comenzar desde las preliminares. La cuota de inscripción es de diez monedas de plata. Si no encuentra pareja y no puede participar, no se le reembolsará el dinero. ¿Está bien con eso?
—Sí, está bien. —Saqué diez monedas de plata de mi bolsa.
Después de todo, mi objetivo no era participar en el torneo en sí, sino encontrarme con el Señor Golnova, así que no había problema.
La señorita recibió las monedas y me miró varias veces con atención.
¿No-no se había dado cuenta de que era un hombre, verdad?
—…Ah, no hay problema. Este es el distintivo de participación y aquí tiene las reglas, por favor, léalas. —Diciendo eso, me entregó un parche de identificación como participante y tres hojas con las normas escritas—. Ah, disculpe, no te había preguntado tu nombre.
—Sí, mi nombre es Kur… umi.
Ah, lo dije algo cargado más al lado masculino sin querer… pero no pasa nada, ¿verdad?
Y así fue como se completó la inscripción al torneo de artes marciales de Kurumi… es decir, mía.
◇◆◇◆◇
—Entonces, Lady Yulishia. Por favor, asegúrese de no abandonar la isla. Y una vez concluido el torneo de artes marciales, regrese sin falta a esta residencia secundaria.
Así me habló el mayordomo mayor, mientras salía de la casa secundaria de mi hermana Loretta en la isla Paos.
Fui llevada hasta la isla Paos por Loretta, quien tenía una reunión pendiente, y allí me concedieron un momento fugaz de libertad.
Por lo visto, ni siquiera me habían asignado vigilancia. Probablemente sabían que no podía ir en contra de la casa principal.
Durante un instante, pensé que quizás lo hacía con la intención de permitirme disfrutar del escaso tiempo libre que me quedaba, pero enseguida negué con la cabeza.
Loretta no era una persona tan indulgente. No se permitiría mimarme así.
Cuando éramos pequeñas y jugábamos juntas, no era así… pero había cambiado.
Nos habíamos intercambiado cartas en varias ocasiones y llegado a vernos una vez en persona. Solo eso, pero había sido suficiente para comprenderlo.
Por eso sabía que no aceptaría ningún capricho de mi parte… y aun así, no quería casarme.
¿No habría alguna manera de evitar el matrimonio sin tener que enfrentarme directamente a mi hermana Loretta?
Pensando en ello, llegué a una conclusión.
Si yo ganaba el torneo de artes marciales, tal vez podrían anular esa absurda historia de que debía casarme con el vencedor.
Sin embargo, no era tan simple.
Este torneo de artes marciales tenía una norma: todos los participantes debían competir en pareja, conformada por un hombre y una mujer.
Originalmente, el torneo se había concebido como una prueba que debían superar las parejas comprometidas para afianzar su vínculo frente a las adversidades.
Con el tiempo, se transformó en un torneo para parejas mixtas, que atrajo a participantes de otros países y llegó a ser considerado uno de los tres grandes torneos de artes marciales del mundo.
Siguiendo las palabras de Loretta, incluso si yo ganaba el torneo, acabaría teniendo que casarme con el hombre que hubiera sido mi compañero durante la competencia.
Esto, en teoría, me permitiría elegir con quién casarme, pero lamentablemente no había nadie con quien quisiera hacerlo.
…No, en realidad sí que había una persona. Pero él no era del tipo que se presentaría a un torneo de artes marciales, y más importante aún, no podía arrastrarlo a mis problemas. Por eso me marché sin decir nada.
Así que opté por recurrir a mi último truco.
En cuanto salí de la residencia secundaria, me dirigí a una botica cercana.
El olor punzante de los ingredientes me recordó al cuarto de alquimia donde Kurt solía preparar sus pociones. Aunque él insistía en que no eran pociones mágicas, sino simples remedios.
Me acerqué a la anciana de la tienda.
—Disculpe, ¿podría venderme unas vendas resistentes?
—Lo siento, pero estamos escasos de vendas. Si no estás herida, no tengo intención de vendértelas.
Dejé dos monedas de plata sobre el mostrador.
La anciana las miró, resopló con la nariz y señaló una estantería.
—Puedes llevarte una de esas.
Las vendas que había allí eran de color marrón y no parecían nada higiénicas.
Había pedido vendas resistentes, pero aquellas parecían tan débiles que se romperían con solo aplicar algo de fuerza.
—¿No tiene algo un poco mejor?
—Ya te dije que hay escasez. Si te hieres, entonces te venderé unas de verdad.
—…Vaya… bueno, supongo que esto servirá.
Si Kurt estuviera aquí, seguramente me haría unas vendas tan resistentes que ni siquiera dos ogros tirando de cada extremo lograrían romperlas.
—Me llevaré otra más.
—Haz lo que quieras.
Puse dos monedas de plata más sobre el mostrador y finalicé aquella costosa compra.
Luego, me dirigí al hospital.
—Disculpa, quiero cortarme el cabello.
Últimamente, en el Reino de Homuros y en ciertos otros países, cortar el cabello se había vuelto una tarea exclusiva de barberos profesionales. Sin embargo, en Koskeith aún lo realizaban los llamados «cirujanos barberos», es decir, médicos.
Como el cabello era considerado una parte del cuerpo, solo los doctores, que tenían permiso legal para cortar el cuerpo humano, estaban autorizados a cortarlo. Al parecer, esa era la lógica detrás de esa norma. Se decía que incluso en el Reino de Homuros, hasta unas cuantas décadas atrás, los médicos solían cortar el cabello, así que no era cuestión de considerarlo anticuado.
El problema era que, por esa razón, la fila de espera para cortarse el cabello era descomunal.
Con el torneo de artes marciales por comenzar, se esperaba un incremento de heridos, y eso hacía suponer que los médicos ya no tendrían tiempo para cortes de cabello.
Además de eso, muchos participantes acudían por cábala antes del evento, y entre la multitud podían verse tanto hombres como mujeres con aspecto de guerreros.
—Lo siento mucho, pero por hoy ya no estamos atendiendo más turnos…
Como lo imaginé, no iba a poder hacerlo por la vía normal.
El problema era que yo no tenía habilidades para cortarme el cabello por mi cuenta.
Y, además, tenía que ser aquí.
—¿Tienen aún esa sala privada? ¿Podrían permitirme usarla?
Dije eso mientras mostraba el puñal que me identificaba como una caballero noble, y al mismo tiempo deslicé una moneda de oro.
El hombre de recepción, al ver la moneda y el puñal, cambió de expresión de inmediato.
—E-enseguida, por favor espere un momento.
Se internó en el hospital y al poco tiempo apareció un hombre bien vestido.
—Disculpe la espera. Por aquí, por favor.
Tal y como había investigado de antemano.
Aquel era un cuarto provisto no solo de herramientas para cortar el cabello, sino también de cosméticos y varios tipos de vestuario.
En este hospital, contaban con salas como esa para que nobles o personas acaudaladas pudieran salir de incógnito a la ciudad.
—Bienvenida. Supongo que no necesita una explicación del lugar. Entonces, ¿qué estilo desea? ¿Prefiere algo con aire de dama noble?
—No, lo que quiero pedir aquí es…
Le comuniqué al cirujano-barbero el aspecto que deseaba adoptar.
Una hora después, mi apariencia había cambiado por completo.
La figura que se reflejaba vagamente en el espejo de metal era la de un joven apuesto maquillado.
Así es. Me había disfrazado de hombre.
Había envuelto mi pecho con las vendas que había comprado antes para aplanarlo, pero como aun así no podía ocultarlo del todo, vestía una armadura de cuero gruesa.
—La voz sigue siendo un poco extraña…
La voz que salía del elegante collar con un artefacto mágico de cambio de voz era andrógina, parecida a la de un chico justo antes del cambio de voz.
Sentía como si esa no fuera mi voz.
Como era de esperarse del cambiador de voz artesanal de Kurt, funcionaba a la perfección.
Por si acaso, también llevaba un cuello alto para que no se viera el artefacto.
Mientras buscaba el collar, también apareció la máscara que había usado en el baile de máscaras, guardada en el fondo de la mochila.
Era una barata, de las que se usaban para labores de seguridad.
—Un baile de máscaras, ¿eh…? Me gustaría volver a trabajar en seguridad con Kurt. Aunque, bueno, esta máscara no es de mi agrado, —murmuré, y la tiré al cubo de basura.
—Señora, ¿qué desea que hagamos con esto? —preguntó el cirujano-barbero, sosteniendo mi cabello. Me lo había cortado considerablemente.
—¿Podrían comprármelo?
—Por supuesto. Este cabello blanco es muy largo y hermoso. ¿Qué le parecen tres monedas de plata?
—Claro, me parece bien.
Rechacé las monedas y le pedí que las conservara como pago por su silencio.
Acto seguido, me dirigí directamente al recinto donde se celebraría el torneo de artes marciales.
—En breve se cerrará la inscripción para la categoría masculina, —anunciaban al llegar.
Por un momento, casi paso de largo al escuchar esas palabras, pero enseguida recordé que ahora era un hombre, así que me apresuré.
—¡Disculpe! ¡Vengo a inscribirme! —exclamé mientras dejaba la cuota de participación sobre el mostrador.
Sí, el «último truco» era participar como hombre y ganar el torneo.
Si yo ganaba, incluso Loretta no podría obligarme a casarme.
Podría intentar forzarme a casarme con el subcampeón, pero eso jamás ocurriría.
El consejo de clanes deseaba que alguien que heredara la sangre de una sacerdotisa guerrera se uniera a un guerrero fuerte, para así fortalecer su linaje.
En otras palabras, no me emparejarían con alguien más débil que yo.
En el fondo, sabía que esto solo serviría para ganar algo de tiempo. Pero aun así, quería resistirme todo lo posible.
Bueno… antes que nada, tenía que encontrar a una compañera para formar pareja.
Unos días después, fui a la plaza donde solo los participantes tenían permitido entrar, con la intención de buscar pareja.
Si hubiera sido posible, me habría gustado participar sola, pero las reglas no lo permitían.
La mayoría de los participantes ya tenían pareja desde el principio, y además, había más hombres que mujeres inscritos, así que encontrar una compañera sería difícil.
O eso pensaba yo…
—¡Oye, chico guapo! ¡Si no tienes pareja, ¿qué tal si participamos juntos?!
—¡Espera! ¡Yo lo vi primero! ¡Vamos, participemos juntos! ¡Y si se puede, después también…!
—¡Yo soy buena cocinando y cosiendo! ¡Además, vengo de una familia con muchos hijos!
¡Espera, espera, espera! Desde hace un rato no paran de acercarse chicas…
Ni la cocina, ni la costura, ni venir de una familia numerosa tenían nada que ver con el torneo de artes marciales.
—Lo siento, ya tengo un compromiso, —les dije, rechazando sus propuestas mientras avanzaba hacia el fondo de la plaza.
¿Qué fue eso…?
¿Acaso habían confundido el sagrado torneo de artes marciales con una feria de búsqueda de pareja?
Bueno… en realidad, Loretta hacía lo mismo.
Pensándolo bien, si consideraba el origen del torneo, tal vez no estaban tan equivocadas al usarlo para encontrar pareja.
Aun así, ¿por qué me estaban cortejando tantas mujeres? Últimamente ni siquiera los hombres me hablaban tanto como antes.
Quizá… tal vez había nacido con el sexo equivocado.
Pero si yo, en esta situación, ya lo tenía difícil, una chica verdaderamente linda como Liese debía estar pasándola aún peor, rodeada de hombres.
—Oye, oye, preciosa, ¿por qué no participas conmigo en el torneo?
—¡No, no, conmigo! ¿Qué dices? Soy aventurero de rango B, ¡puede que llegue a la final!
—Tengo reservada una cena en un restaurante de tres estrellas esta noche. Me encantaría compartirla contigo.
Sí, justo así… Al voltear hacia la dirección de las voces, vi que una chica estaba rodeada por tres hombres.
—Po-por favor, esto es un problema… Solo estoy buscando a alguien.
¿Una marimacho, eh? Sabía que había chicas que les gustaba hablar más como hombre, pero era la primera vez que veía una en persona.
Tres hombres rodeando a una chica que claramente se sentía incómoda… eso no era algo digno de elogio.
—Vamos, ¿no estabas buscando pareja? Pues aquí estoy yo. Soy aventurero de rango B, ¿sabes?
Justo cuando el hombre intentaba extender la mano hacia la chica, le agarré la muñeca.
—Déjala. Está claro que no quiere.
—Aah, ¿y tú quién rayos eres? ¡Lárgate de aquí, imbécil!
El hombre intentó golpearme, pero le encajé un puñetazo en el estómago con un contraataque. Se dobló de dolor, sujetándose el vientre y desplomándose en el suelo.
—¿Eso era rango B? A lo mucho serás un rango D… No digas mentiras.
Al clavar la mirada en los otros dos, se retiraron con temor.
El hombre al que había golpeado también se dio cuenta de la diferencia de nivel y se fue sin decir una sola palabra.
—¿Estás bien?
—Sí-sí. Muchas gracias…
Cuando la chica se volvió hacia mí para darme las gracias, no pude evitar quedarme mirándola.
Era… demasiado linda.
Liese también era adorable, pero esto ya era otro nivel.
¿Eh? ¿Un ángel? ¿Un ángel había descendido a este mundo?
Hasta yo, siendo mujer, sentí un vuelco en el pecho. No era de extrañar que los hombres se le acercaran en masa.
De hecho, también sentía miradas provenientes del entorno… probablemente estaban observando a esta chica desde lejos.
Sí, con solo mirarla desde lejos ya parecía que uno podía sentirse feliz. Lo comprendía perfectamente.
—De verdad, muchas gracias. Déjeme darle algo en agradecimiento.
—No, no hace falta que me agradezcas.
—Pero… si hay algo que pueda hacer, lo que sea, hágamelo saber.
Al oír eso, me atraganté sin querer.
—¡Idiota! ¡Una chica tan linda como tú no puede ir por ahí diciendo esas cosas! ¡Jamás debes decir algo así!
¿Qué clase de criatura era esta niña? Peligrosa. Extremadamente peligrosa.
Si le hubiera dicho eso mismo a los tipos de antes, ya se la habrían llevado de inmediato a alguna posada con habitaciones que cobraba por horas.
¿O acaso… esta chica era una especie de cazadora de hombres, como una embaucadora profesional?
No, no daba esa impresión.
Por la ropa, parecía más bien una sirvienta o una camarera de algún sitio.
—¿Qué hace una chica como tú en un lugar como este? Ah… estabas buscando a alguien, ¿no?
—Sí. Me pareció ver a alguien parecido a un conocido, así que me registré en el torneo, pero al final no lo encontré.
—Ya veo… si quieres, puedo ayudarte a buscar.
—No, ya no creo que esté aquí. Además, esa persona es muy fuerte. Si estuviera participando, sin duda llegaría hasta la final. Por eso… solo con verlo luchar desde lejos me basta. Perdón, no quise incomodarlo con cosas extrañas…
Al verla tan sinceramente triste, no pude evitar suspirar.
Ya entendía… seguramente ese hombre era alguien de quien ella estaba enamorada.
Y justo al darme cuenta de eso, me encontré a punto de hacer una elección que no debería permitirme si de verdad quería ganar.
—Si no quieres, puedes rechazarme sin problema. Pero si te parece bien… ¿quieres que yo te lleve hasta la final del torneo?
Ah… ya lo había dicho.
Pero, pero, si se tratara de Kurt, ¿qué habría hecho él?
¿Ese idiota bondadoso ignoraría a una chica con esta cara de angustia?
No, de ninguna manera. Nunca la habría dejado sola.
—¿Eh? Pero yo… soy débil.
—No hay problema. La verdad es que, si pudiera, me gustaría participar solo. Pero si de verdad no quieres, puedes decir que no.
Estaba repitiendo eso de «si no quieres, puedes decir que no» tantas veces solo para dejar claro que no era igual a esos tipos que la habían estado acosando.
—…No, por favor. ¡Agradecería mucho que lo hiciera!
—Bien. Mi nombre es Yuura. Encantado.
—Encantada, Señor Yuura. Yo me llamo Kurumi.
Kurumi… jajá. Solo unas letras de diferencia con Kurt.
Esperaba que esta chica pudiera convertirse en mi diosa de la victoria.
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