El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 4 Capítulo 3. Isla Paos Parte 3

Yo, Lieselotte, había llegado a la sala VIP del recinto del torneo de artes marciales.

Estaba allí para buscar a Loretta Element, recabar información sobre el señor orco y presentarle un informe al señor de la isla Macca, Ussu Itohshu.

Por suerte, casi no había nobles del Reino Homuros presentes, así que no parecía haber nadie que pudiera reconocer mi verdadera identidad.

Pensando en otros posibles problemas, eché un vistazo alrededor y me fijé en un pequeño grupo.

Eran cinco mujeres y un hombre. Nunca me había encontrado con él en persona, pero sus características coincidían perfectamente con la información que había investigado de antemano.

Era Futama Tanos, hijo del Marqués Tolst del Imperio Gurmak, y próximo señor del territorio.

Un mujeriego empedernido, famoso por usar cualquier medio necesario para conseguir a una mujer hermosa.

Si él me reconocía, sin duda me dirigiría la palabra, ya que llevaba puesto el maquillaje de Sir Kurt.

Como Lieselotte Homuros, rechazar su invitación no habría sido un problema. Pero como Liese, la gobernadora interina de la ciudad de Valha, no podría hacerlo con tanta facilidad.

Si tuviera a Mariposa, podría haber escapado envuelta en una ilusión, pero había pensado que no era apropiado traer armas a la sala VIP y, por tanto, se la había dejado a la Srta. Yuraile, quien esperaba afuera.

Decidí darle la espalda tanto como fuera posible y terminar rápidamente mi tarea.

Sin embargo, ni Loretta Element ni Ussu Itoshu se encontraban a la vista.

Aunque, claro, solo había recibido descripciones previas y nunca los había visto personalmente, así que cabía la posibilidad de que los hubiera pasado por alto.

Me acerqué a la sirvienta de cabello rosado que se encontraba en la entrada de la sala.

—Disculpa… ¿Lady Loretta Element se encuentra en esta sala?

—Lady Loretta aún no ha llegado, —respondió, sin mostrar la más mínima sonrisa.

Bueno, hoy la mayoría de los presentes estaba allí por motivos sociales. Faltaban varios días para que comenzara el torneo, así que era de esperarse.

—Entonces… ¿Lord Ussu Itoshu?

—Está en la esquina de la sala, por allá.

Al mirar, efectivamente vi a un hombre de mediana edad con una copa de vino blanco en la mano. Tenía una presencia tan tenue que parecía fundirse con la pared.

…Coincidía perfectamente con la descripción que había recibido.

Con una presencia tan insignificante, era comprensible que lo hubiera pasado por alto.

¿No sería algún tipo de habilidad especial?

Y si realmente esa presencia reducida era una habilidad, entonces la sirvienta que había notado su existencia tampoco era una persona común.

—Gracias, —dije, entregándole algunas monedas de plata como propina, y me dirigí hacia Ussu—. Usted es Lord Ussu Itoshu, ¿cierto?

—Sí-sí. Me sorprende que haya reparado en mí. Han pasado 536 días desde la última vez que alguien me dirigió la palabra en un sitio como este…

¿Más de un año sin que nadie le hablara? Y aún así, ¿era el señor de una isla?

Mientras pensaba eso, recobré la compostura y le transmití lo relacionado con el incidente del señor orco.

—Verá, Lord Ussu, en realidad…

Ussu escuchó toda mi explicación en completo silencio, sin que su expresión cambiara ni una vez.

Tenía unos nervios de acero. Cualquiera se habría alterado al saber que un señor orco había aparecido en su isla, pero él ni se inmutó.

—……

—Disculpe… ¿me está escuchando?

—……

No hubo respuesta.

¿Qué le ocurría? Justo cuando pensaba eso, la sirvienta de antes se acercó.

—Con su permiso, —dijo, y acto seguido, pasó detrás de Lord Ussu y… ¡le propinó un rodillazo!

¡¿Qué demonios estaba haciendo…?!

—¡Ah! Mis disculpas, al parecer me desmayé de pie del puro impacto…

El rostro de Ussu recuperó la lucidez de pronto.

Al parecer, el rodillazo había sido para reanimarlo.

Para darse cuenta de que Ussu se había desmayado… sin duda, esa sirvienta no era una simple trabajadora.

Volví a entregarle unas monedas de plata como propina y le agradecí nuevamente.

—Sin embargo, esto resulta extraño. Hace apenas un mes, encargamos al Gremio de Aventureros que erradicaran a los orcos de esa zona… En fin, deberíamos comenzar a plantear medidas cuanto antes.

—Ya he solicitado una nueva investigación de la zona al Gremio de Aventureros.

—Eso es de gran ayuda. Pero esa investigación se enfoca únicamente en los monstruos, ¿no es así? Existe la posibilidad de que el origen de la proliferación anormal de monstruos esté relacionado con el alimento. Los orcos son omnívoros, así que puede que estén creciendo plantas que faciliten su reproducción… Por cierto, ¿dónde está el extraño artefacto que encontraron en el cuerpo del señor orco?

Lo imaginaba, era algo que llamaba la atención.

—Lo envié al Instituto de Investigación Mágica del Reino de Homuros. Escuché que en este país no existe uno, así que…

—Eso me ayuda mucho. De todas formas, pensaba solicitarlo yo mismo. Por favor, háganme llegar también los resultados de la investigación… Ah, también necesitaremos una lista detallada de todas las personas que han entrado o salido de la isla en los últimos meses. Lady Liese, yo mismo me encargaré de hacerle llegar una gratificación. Y por favor, que este asunto no se filtre al exterior.

Así que, en otras palabras, esa «gratificación» era un soborno para guardar silencio.

Sin embargo… para haber estado desmayado hasta hace poco, se expresaba con soltura. Pese a su débil carácter y presencia insignificante, parecía ser bastante competente como señor de la isla.

Mientras pensaba eso y asentía interiormente, Ussu volvió a hablar.

—Verá, me es muy difícil decirlo, pero… ¿sería posible que me prestara un cristal de teletransporte? Por supuesto, firmaré una nota de préstamo.

¿Cómo sabía él que yo tenía un cristal de teletransporte? Ah, claro, yo misma le había dicho que había derrotado al señor orco ese mismo día.

Y para llegar hasta aquí tras derrotarlo, necesitaba forzosamente uno de esos cristales.

Bueno, no era una mala oportunidad para ganarme su favor, así que accedí.

—Por supuesto, aquí lo tiene. Úselo con libertad.

Le entregué el cristal de teletransporte, hice que firmara la nota con su sello de sangre y lo observé marcharse.

Bien, supongo que ya era hora de que yo también me retirara… o al menos eso pensaba, hasta que:

—Oye, jovencita de allá. Soy Futama Tanos, hijo del Marqués Tolst del Imperio Gurmak y futuro señor de sus tierras. ¿Eh? ¿Ya has oído hablar de mí? Vaya, ser famoso no es fácil, ¿eh?

…Me había encontrado con la última persona con la que quería cruzarme.

Un hombre rubio con una sonrisa burlona en el rostro se acercó, rodeado de mujeres.

—Mucho gusto. Soy Liese, gobernadora interina de Valha, territorio del Margrave Tycoon, del Reino de Homuros.

—Así que eres Liese. ¿Qué te parece si vamos a cenar después de esto?

—No, tengo un compromiso después de aquí. Lo siento, pero…

—¿Acaso estás rechazando una invitación mía? —Cuando intenté rechazarlo, el rostro de Futama cambió por completo—. Parece que no sabes lo que les ha pasado a los que me han rechazado antes…

¿Ahora pasaba al chantaje?

Qué fastidio… Me daban ganas de revelar mi verdadera identidad y obligarlo a arrodillarse.

Supongo que no habría problema; después de todo, Sir Kurt no estaba presente, y mientras me asegurara de que guardara silencio…

—Lord Futama, con el debido respeto. Yo soy…

—Preferiría que guardase silencio. Ha de saber que ella es mi huésped.

Al darme vuelta, vi allí a una hermosa mujer de cabello blanco. Era la persona que buscaba: Loretta Element.

—E-espera, yo vi primero a Liese, así que …

—¿Oh? ¿Acaso vuestro padre no te ha enseñado los modales pertinentes?

—…Lo siento. No me meteré con usted.

Tras decir eso, Futama rodeó con fuerza a la mujer que tenía al lado, y se marchó dándonos la espalda.

—Gracias, Lady Loretta.

—No hay por qué agradecer. No me es posible pasar por alto un altercado entre invitados, siendo yo una de las representantes del reino anfitrión. Además… supongo que deseas entablar conversación conmigo, ¿no es así?

Y entonces pronunció el nombre con toda claridad.

—Sobre Yulishia. 

 

Fui guiada por Lady Loretta hasta una habitación privada contigua al salón VIP.

Era un cuarto usado por nobles, con excelente aislamiento acústico. Sobre una pequeña mesa había dulces de azúcar, que nunca me gustaron mucho por ser solo dulces.

—¿Le apetece un poco de té?

—No será menester… Princesa Lieselotte.

—¡………!

¡¿Lo sabía?!

Era posible averiguar que yo la estaba buscando con solo preguntarle a la sirvienta que estaba afuera.

Además, investigando un poco, también podrían haber descubierto mi relación con la Srta. Yuli.

Sin embargo, las personas que conocían mi verdadera identidad eran muy pocas… Bueno, si alguien había visto mi rostro al natural, podría haberlo deducido, pero aún así, eso era poco probable en Koskeith.

Ella debía haber investigado.

A todos los que tuvieran conexión con la Srta. Yuli.

—Entonces vayamos al grano. ¿Podría llevarme con la Srta. Yulishia?

—Tal cosa no será posible. Yo misma ignoro el paradero en que se halla.

—¿No lo sabe?

—En efecto. Durante la celebración del torneo de artes marciales, se le ha concedido gozar de una efímera libertad en esta isla, desprovista de escoltas. No… calificarla de «efímera» no sería lo más adecuado. En verdad, durante los últimos diecisiete años, se le ha permitido vivir en libertad.

¿Se movía libremente por la isla? Si eso era cierto, quizás la Srta. Yuraile y la Srta. Kakaroa podrían encontrarla, y si lo hicieran, sabría que dice la verdad.

—Entonces, si la encuentro, ¿podré llevármela de vuelta?

—Tampoco ello será posible. Le aguarda el deber de desposarse con aquel que se alce vencedor en este torneo de artes marciales.

—¿¡Qué ha dicho!? ¿¡Ca… casarse!?

—Conforme a las leyes que rigen esta nación, es lícito contraer nupcias a partir de los doce años de edad. No hay en ello cosa alguna que deba parecerle extraña, ¿cierto?

Ciertamente, en la realeza es común tener prometidos desde el nacimiento. Yo misma tuve un prometido en su momento. Por suerte, el compromiso se rompió antes de que llegara a conocerlo, así que ahora estoy libre… No, mejor dicho, completamente prendada de Sir Kurt.

Pero que la Srta. Yulishia vaya a casarse, y encima con el ganador de un torneo de artes marciales…

—¿Es eso lo que ella desea?

—Tal cuestión atañe únicamente a los asuntos internos de mi casa.

—Entonces no lo desea. En ese caso, no puedo aprobar semejante matrimonio. Ella es ahora ciudadana y noble del Reino de Homuros.

—Aunque su aprobación no sea otorgada, Yulishia no se opondrá. Ahora bien… si pretenden impedir la boda, ¿por qué no disponen que ese muchacho participe en el torneo? Según oí, lleva por nombre Kurt, el Caballero, ¿no es así? Hasta donde me ha sido dado saber, también ha ejercido como aventurero. Si bien el plazo para la inscripción de varones ha concluido, haré una excepción y permitiré su participación.

Esa mujer… ¿incluso había investigado sobre Sir Kurt? 

Por fortuna, parecía no saber acerca de las habilidades especiales de Sir Kurt, pero al parecer, su capacidad como aventurero sí era conocida.

Aunque Sir Kurt participara en el torneo, era evidente que no pasaría de las rondas preliminares.

Pensé en asignarle a Srta. Yuraile o la Srta. Kakaroa como compañera, pero no, no serviría… Ellas dominaban principalmente técnicas de asesinato. Aunque eran aventureras de élite, aun así, enfrentarse a dúos mixtos y salir victoriosas sería imposible.

—Lo pensaré.

—¿Oh, en verdad? Si resolvieras inscribirlo, házmelo saber en cualquier momento. Reservaré un lugar en su nombre.

—Agradezco su amabilidad en ese caso.

Tras decir eso, hice una reverencia y salí de la habitación privada.

Primero debía encontrar el paradero de la Srta. Yulishia. Tenía que empezar por ahí.

Y además… justo cuando intentaba concentrarme en mis pensamientos, noté que algo había caído a mis pies.

—¿Eh…?

Era la diadema que llevaba en la cabeza aquella sirvienta tan capaz.

¿Estaba escuchando detrás de la puerta? No, considerando el nivel de insonorización de esa habitación, aunque lo hubiera intentado, no habría podido oír nada de la conversación interior.

Sin embargo, la sirvienta a la que aparentemente pertenecía aquella diadema no se encontraba por ningún lado.

◇◆◇◆◇

—Mi gloriosa cabellera roja… Todo es culpa de ese maldito Kur, —gruñí yo, el gran Golnova, mientras contemplaba mi cabello, ahora teñido de un púrpura grotesco, y descargaba mi furia contra el espejo. El cristal se agrietó con facilidad y acabó haciéndose añicos.

Si ese bastardo se hubiera limitado a cocinar para mí como debía, nada de esto habría pasado.

Después de todo, solo lo despedí, ¿y aun así se atrevió a marcharse por su cuenta?

Sin embargo, si ganaba ese torneo de artes marciales, todos los problemas quedarían resueltos.

Claro, mientras siguiera siendo un criminal buscado, no tendría más opción que competir disfrazado.

Había hecho que Nido del Pájaro de Trueno me preparara una identidad falsa, y Elena sería mi pareja para el torneo.

También la había encargado de recolectar información sobre Kur. Todo parecía estar alineándose a mi favor.

He vuelto, —dijo Elena al regresar.

Le había encomendado investigar a la mujer que acompañaba a Kurt.

—¿Conseguiste la información?

—Sí. Me infiltré como sirvienta y conseguí grabar la conversación en una de las habitaciones privadas de la sala VIP.

¿Una de las habitaciones privadas del área VIP?

Esas salas solían estar excelentemente insonorizadas, pero Elena, como gólem, poseía una extraña habilidad que le permitía analizar las vibraciones de las paredes y reconstruir el sonido.

Por eso, espiar conversaciones era pan comido para ella.

—¿Hm? —estreché los ojos al leer la información escrita en el papel que me entregó—. Esa mujer se llama Lieselotte Homuros… ¿¡La tercera princesa del Reino de Homuros!? ¿¡Y además está perdidamente enamorada de Kurt!?

No lo entendía del todo, pero no cabía duda de que la suerte estaba de mi lado.

En otras palabras, si lograba que Kur hiciera lo que yo quisiera, también podría manipular a la tercera princesa del Reino de Homuros a mi antojo.

—¡Bien hecho, Elena!

—Me alegra que estés satisfecho. Sin embargo, no debes ganar este torneo.

—¿Hm? ¿Por qué no?

—Si ganas, se te ordenará casarte con Yulishia Element, prima de Loretta Element. Si deseas casarte con Kurt, no debes ganar.

Ah, claro. Elena aún creía que yo estaba enamorado de Kurt.

—¿Eso era todo? No te preocupes. El único con quien deseo casarme es con Kur. Aunque gane, rechazaré el matrimonio.

Le dije eso a Elena, pero según la información de Nido del Pájaro de Trueno, Loretta Element era la gobernadora de la isla militar más poderosa del Reino de Koskeith.

Si ella se lo proponía, podía destruir fácilmente a esta sirvienta gólem defectuosa llamada Elena.

Definitivamente, la suerte estaba de mi lado.

—Para casarme con Kur, primero tengo que limpiar mi historial criminal. Tú encárgate de encontrar su paradero y recopilar información sobre los participantes del torneo.

Elena, eres competente, pero acabarías estorbando mis ambiciones.

Así que, al menos, haz todo lo que puedas por mí antes de ser destruida.

Le entregué a Elena una máscara que había recogido de un basurero cercano. 

 

¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.

Anterior | Indice | Siguiente