¡Supervivencia en Otro Mundo con mi Ama!
Capítulo 278. Ya Llegué ♪
Tres días después, me puse en contacto con Sylphy y los demás en Merinesburg mediante el comunicador gólem para informarles de que había destruido las fortalezas fronterizas del Ducado de Dihart y del Reino de Tigris.
—Ya llegué…
—Oh, ya llegaste…
Nada más aparecer soltó aquella frase con una sonrisa traviesa. Pero esta persona era la antigua reina del Reino de Merinard. Luce una sonrisa encantadora, pero también es la madre de Sylphy. En otras palabras, mi suegra.
Sin embargo, no sé qué es exactamente lo que le gusta de mí, pero es bastante directa a la hora de acercarse. Acaba de perder a su esposo… ¿O precisamente por eso actúa así? Las relaciones entre hombres y mujeres, así como el concepto de fidelidad en este mundo, son demasiado complicados y extraños para que pueda comprenderlos.
Bueno, también existe la posibilidad de que una de mis habilidades, un logro, haya elevado su afinidad hacia mí hasta un nivel impensable… Pero aun así no tengo ni idea de cómo lidiar con ello. Como era de esperar de la madre de Sylphy, parece una hermosa y encantadora hermana mayor. Quiero decir, sí, tiene el aspecto de una auténtica elfa. Aunque, con ese pecho tan generoso, quizá ya no encaje del todo en el estereotipo de «elfa clásica».
—Vaya… ¿Qué tanto estás mirando?
—No… bueno… esto… Lo siento.
—A los hombres les encantan los pechos de las mujeres, ¿verdad?
Con la mano derecha apoyada en la mejilla y el brazo izquierdo levantando deliberadamente su abundante busto, Seraphita sonrió con total naturalidad. ¡Maldición…! ¡Es plenamente consciente de sus propios encantos…!
El otro día, cuando Poizo le recetó «una medicina que te hace ser más sincera», Seraphita perdió por completo la vergüenza y durante unos días estuvo increíblemente cariñosa conmigo; Supongo que, después de que pasara el efecto, terminó desahogándose de alguna manera. Pero, últimamente, se acerca a mí con total franqueza, sin intentar ocultar en absoluto el afecto que siente por mí.
Hay muchas cosas de esta situación que me hacen preguntarme qué demonios está pasando.
—Como mi madre está en una situación complicada… bueno, cuida de ella, por favor.
Y, de forma bastante indirecta, Sylphy prácticamente me estaba diciendo que la aceptara.
—Si mi madre está de acuerdo, por mí también está bien, ¿sabes?
Driada también intervino, apoyando esa idea.
—……
—¿Qué pasa?
—¡Nada!
—¡Está caliente! ¡Oye, ya basta!
Ifrita, de mal humor, empezó a lanzarme pequeñas bolas de fuego parecidas a chispas.
—Qué pervertido.
Aquawill-san me miró como si fuera basura.
En otras palabras, de las cuatro hermanas, dos estaban a favor, una en contra y una aún no terminaba de decidirse. Aunque, pensándolo bien, Ifrita parecía estar bastante cerca de aceptar la situación. A pesar de su evidente mal humor, siempre encontraba cualquier excusa para quedarse cerca de mí… Quizá solo me lo estaba imaginando, pero tenía la impresión de que estaba ardiendo… de celos.
—…Esa es la reina, ¿verdad?
—…Sí, supongo que sí.
—…No diría que sea una sorpresa, pero verlo con mis propios ojos sigue siendo bastante impactante.
Las chicas oni comenzaron a susurrar entre ellas al ver el intercambio entre Seraphita y yo. ¿No podrían, al menos, hablar un poco más bajo?
—Entonces… ¿qué te trae por aquí?
—Bueno, por supuesto he venido para ayudar a Kosuke-san.
—¿Ayudarme?
—Sí. He venido para asistir en las negociaciones diplomáticas que pondrán fin a esta guerra.
—¿Eh? ¿Voy a participar yo?
—Sí. Así lo ha dispuesto Su Majestad la Reina Sylphiel.
Seraphita sonrió mientras lo decía.
¿Eeeeh…? ¿Cómo que yo? Creo que, cuando se trata de diplomacia, quien debería llevar la iniciativa es Sylphy como gobernante del reino.
—Luego le preguntaré qué demonios está pasando.
—Sí, hazlo. Después de todo, el secreto de un matrimonio feliz es hablar mucho las cosas.
☆★☆
—En fin, cuéntame desde el principio cómo hemos llegado a esto.
—U-umu… Pues verás…
La voz de Sylphy, al otro lado del comunicador gólem, sonaba visiblemente insegura.
Resumiendo todo lo que dijo con aquel tono vacilante, el problema era que el Reino de Merinard sufría una escasez absoluta de personal capacitado para actuar como enviado diplomático en otros países. O mejor dicho… Prácticamente no contaban con nadie.
En este mundo, ser diplomático era una profesión muy peligrosa. En algunos casos, los enviados podían ser capturados o incluso ejecutados, por lo que normalmente viajaban acompañados de una fuerza militar capaz de responder a una situación así. Además, también se esperaba que el propio diplomático tuviera cierta capacidad para defenderse.
Y, en términos generales, este mundo seguía estando dominado por una sociedad donde los hombres ocupaban las posiciones de poder. En el Reino de Merinard había bastantes mujeres ocupando cargos importantes, y entre los soldados incluso predominaban las mujeres. Pero eso era una excepción. En la mayoría de los países, los altos cargos seguían estando en manos de hombres, y la inmensa mayoría de quienes servían en el ejército también lo eran.
Los generales del Reino Sagrado y de sus estados vasallos, el Ducado de Dihart y el Reino de Tigris, eran todos hombres. Casi el 80% de la delegación diplomática del Imperio Varyag también estaba formada por hombres. Incluso los enviados del Reino Montañoso de Dragonis eran hombres. En un mundo con unos valores así, enviar a una mujer como representante diplomática resultaba, cuanto menos, poco realista.
—Pero el Reino de Merinard también tiene otros nobles, como Sir Leonard o Danan, ¿no?
—Leonard y Danan no pueden abandonar el frente este y el frente sur. Worg no tiene el rango suficiente. El único hombre con un estatus adecuado, capaz de protegerse por sí mismo, con libertad de movimiento y en quien podemos confiar… eres tú, Kosuke. — La voz de Sylphy llegó a través del comunicador gólem como si estuviera tragándose un insecto amargo—. Había pensado enviar a Madre y a mi hermana mayor como representantes diplomáticas, pero el Reino Sagrado sigue buscando a elfas que posean un inmenso poder mágico. Si enviamos a Madre o a mi hermana como emisarias, existe la posibilidad de que las capturen inmediatamente.
—Si lo planteas así, yo tampoco estoy precisamente seguro. Soy un santo de la facción nostálgica de Adel, príncipe consorte y, además, la persona responsable de toda la logística del Ejército Real de Merinard. También corro un riesgo enorme de ser capturado o asesinado, ¿sabes? No me importa actuar como enviado diplomático y viajar a otros países, pero… ¿no es demasiado peligroso?
— Eso es cierto, pero… Sylphy se quedó tartamudeando.
—Bueno, tratándose de mí, mientras no muera instantáneamente en un ataque sorpresa, estoy bastante seguro de que sobreviviré. Probablemente sea el más adecuado para ese trabajo.
— …… —El silencio de Sylphy equivalía a una respuesta afirmativa.
—Pe-pero… aunque sea así, no quiero que vayas a un lugar peligroso, Kosuke.
—Está bien, está bien. No llores.
A través del comunicador gólem podía oír cómo sorbía la nariz.
—Pero necesitamos formar diplomáticos cuanto antes. Suena un poco raro decirlo así, pero es una situación bastante grave que las únicas personas cualificadas para ese puesto sean precisamente aquellas cuya captura o muerte supondría un golpe fatal para el reino.
—Melty ya ha empezado a seleccionar y formar candidatos. Pero, por ahora…
—Claro. No puedes sacar del frente a personas que requieren una formación tan especializada.
Un diplomático era un cargo que exigía amplios conocimientos y mucha experiencia. Además, en este mundo también era imprescindible poseer un determinado estatus social. Yo era un completo novato en cuestiones diplomáticas, pero tenía la posición de esposo de Sylphy y, además, contaba con la fuerza necesaria para proteger tanto a la delegación como a mí mismo. Seraphita, por su parte, poseía los conocimientos y la experiencia necesarios para negociar con representantes de otros países y, como antigua reina, también gozaba del prestigio requerido. Sin embargo, era una mujer y no tenía la fuerza suficiente para protegerse por sí misma.
Pero, si los dos vamos juntos, podemos cumplir perfectamente el papel de enviados diplomáticos. Con las tres chicas oni, Grande, cincuenta fusileros de élite y unas cuantas arpías como escolta, además de un pequeño grupo de asistentes para atender las necesidades personales de Seraphita-san y uno o dos funcionarios, bastaría para formar una misión diplomática improvisada.
—Entiendo la situación. Pero pensé que, si iban a negociar, quien vendría sería Melty.
—Al principio tenía pensado enviar a Melty, pero entonces… Madre se ofreció voluntaria. Dijo que Melty tendría muchísimo trabajo en Merinesburg, que ella, en cambio, disponía de tiempo, que podía desempeñar perfectamente el papel de enviada y que, incluso si llegaban a asesinarla, eso no supondría un golpe crítico para el reino.
—No, sería un problema enorme que la asesinaran.
—Por supuesto que sería una tragedia. Pero también es cierto que no sacudiría los cimientos mismos del Reino de Merinard. Melty está realmente ocupada, y no cabe duda de que es mejor que permanezca en Merinesburg. Si ella fuera asesinada o capturada, el Reino de Merinard podría derrumbarse desde dentro.
—No consigo imaginarme a Melty siendo asesinada o capturada.
—Yo tampoco.
Creo que Melty destrozaría a cualquiera que intentara capturarla, aunque la encadenaran con grilletes de hierro. Si fuera Melty, incluso con las manos y los pies encadenados, acabaría rompiéndolos. Después de todo… ya la vi atravesar una gruesa puerta blindada con las manos desnudas… Solo de recordarlo me recorre un escalofrío por la espalda.
En cualquier caso, supongo que eso significa que me tocará ocuparme de este asunto hasta el final. Entendido. Entonces, ¿cuál es la línea de actuación? ¿Reparaciones de guerra? No queremos territorio, ¿verdad?
—Así es. No necesitamos más territorio. Ahora mismo debemos centrarnos más en desarrollar el interior del reino que en expandirnos hacia el exterior, y todavía tenemos muchas tierras sin explotar dentro de nuestras fronteras. Pero, si vamos a hablar de todo esto, ¿no sería mejor que Madre también participara en la conversación?
—Sí, tienes razón. Voy a llamarla.
—De acuerdo.
Fui a buscar a Seraphita y, una vez reunidos los tres, mantuvimos una larga conversación sobre la política diplomática que seguiríamos con los dos países del norte.
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