El Jefe de Atelier Tan Despistado
Vol. 4 Capítulo 5. Dentro de la Luz Parte 1
Yo —Kurt— y el Señor Yuura salimos de la cueva llevando con nosotros a los dos aventureros que estaban inconscientes. Por las huellas que quedaban, parecía que ya no quedaba nadie dentro, así que debíamos sellar la entrada. Usé la madera cercana a la entrada para fabricar una puerta y la fui clavando en su lugar.
—Kurumi, déjame a mí lo de clavar los clavos.
—Estoy bien, ya casi termino. Lo siento, no tenemos tiempo, así que lo haré de una vez. —Dije eso y lancé de golpe un manojo de clavos que había hecho con alambre, haciéndolos rebotar con el costado del hacha. Cada clavo se clavó justo en el lugar que había apuntado.
Ugh… algunos se desviaron un poco.
Lanzar varios clavos ajustando tanto la dirección como la orientación requería cierta técnica. Con práctica cualquiera podía hacerlo, pero incluso así había errores de hasta una centésima de milímetro.
Supongo que la razón por la que la gente de la ciudad usa martillos pequeños para clavar clavos es para evitar ese tipo de errores.
—Es increíble, ¿verdad?, la gente de ciudad.
—Sí que lo es… aunque la increíble eres tú . —El Señor Yuura dijo con la mirada perdida.
¿Acaso el Señor Yuura admiraba a los carpinteros? Es que son geniales. El carpintero profesional que vivía en nuestra aldea podía convertir un tronco en madera en un instante, y construir una casa en menos de una hora.
Ahora que lo pensaba, ese carpintero me había enseñado muchas cosas…
Cosas sobre la madera, y también sobre el moho luminoso.
El moho luminoso tenía la extraña propiedad de no soportar la luz del sol, pero sí gustarle la luz de la luna.
Por eso, durante el día permanecía bajo tierra y solo salía por la noche. Precisamente por eso…
—¡Eso es… lo recordé… el moho luminoso…! —Al darme cuenta de ello, me puse una nueva mascarilla que había preparado y abrí la puerta que acabábamos de cerrar para volver a entrar.
—¿Qué pasa, Kurumi? —El Señor Yuura también se puso la mascarilla y vino detrás de mí.
—Ya sé dónde está el moho luminoso. —Corrí mientras miraba el techo.
Nada… no lo encontraba.
—¡Kurumi! ¡Cuidado! —El Señor Yuura me sostuvo del pecho justo cuando estaba por caer.
—¡Ah, muchas gracias!
—Lo-lo siento… —El Señor Yuura se disculpó conmigo.
¿Eh? Pero si él me había ayudado… ¿por qué se disculpaba?
—Es que… no tenía intención de tocarte ahí…
—Ah, eso… No, no se preocupe… lo siento.
El Señor Yuura seguía creyendo que yo era una chica, así que pensaba que había tocado el pecho de una mujer y por eso se disculpaba.
Tenía la cara completamente roja… Perdón, en realidad soy un chico… pero no era el momento para decírselo.
Fue entonces cuando…
—¡Lo encontré!
—¿Eh? ¿Qué cosa?
—¡Esa raíz que sale de ese árbol!
Desde el techo sobresalía ligeramente una raíz de árbol.
—El moho luminoso evita la luz del sol durante el día, por eso se mete dentro de ciertos árboles y escapa al subsuelo. En cambio, por la noche, sale a la superficie a través de las raíces. Por eso se dice que el moho luminoso es un tipo de hongo que se desplazaba con voluntad propia.
—Ya veo… entonces, fue porque aquella raíz atravesaba el techo de esta caverna que el moho luminoso se extendió dentro del lugar, donde no llega la luz del sol. Si es así, el resto podemos dejarlo en manos de la organización… Espera, Kurumi, ¿acabas de decir que por la noche subía a la superficie?
—…Sí.
Cuando asentí, el Señor Yuura se quedó pensativo unos segundos.
—Ahora que lo mencionas… ¿no se ha oscurecido más que antes?
—…El moho ya ha empezado a moverse.
Nos apresuramos.
Hacia la superficie… para dar la voz de alarma.
—¡Kurumi! Entiendo que el moho se haya extendido dentro de la gruta. Pero si se esparce por la superficie, ¡la comisión organizadora del torneo lo habría notado ya, antes de ayer!
—Hasta anoche, el moho no se había multiplicado tanto. A lo mucho, brillaba suavemente, como si reflejara la luz de la luna. Probablemente pensarían que era solo eso.
—Entonces… ¿quieres decir que el moho se multiplicó de golpe? ¡¿Por qué pasaría eso?!
—¡Porque encontró un lecho donde crecer!
—…Ya veo. Los monstruos que había en el calabozo, —murmuró el Señor Yuura, chasqueando la lengua.
Así era. El moho había proliferado dentro de los cuerpos de los monstruos que habían huido a la caverna.
—Esto es lo peor… justo ahora, de entre todos los momentos posibles.
Sabía exactamente a qué se refería el Señor Yuura.
En circunstancias normales, no habría tanta gente en las montañas, así que con que alguien se percatara del moho luminoso, bastaba con actuar al día siguiente.
Pero hoy, había muchos participantes del torneo dispersos por el bosque de las montañas.
¿Cuántos aventureros, aparte de nosotros, conocían algo tan raro como el moho luminoso?
A este ritmo, si no hacíamos algo, alguien iba a morir.
—Tenemos que darnos prisa y ayudar a todos.
—Espera. Lo que nosotros dos podemos hacer es limitado.
El Señor Yuura observó a su alrededor y luego miró hacia lo alto de los árboles.
—¡Ahí está!
—¿Eh? ¿A qué se refiere?
—Un miembro del comité organizador. Hay varios ocultos por el bosque. —Dicho eso, el Señor Yuura se trepó con sorprendente agilidad a un árbol, a pesar de llevar una armadura pesada.
Fue entonces cuando por fin me di cuenta. Había personas sobre los árboles, vestidas con túnicas negras y brazaletes distintivos del comité organizador.
El Señor Yuura estaba tratando de reportar lo sucedido y persuadirlos para suspender el torneo.
Para la organización, todo esto del moho luminoso debía de ser como un baldazo de agua fría, pero seguramente reaccionarían con rapidez: aplazarían las eliminatorias o incluso cancelarían el evento por completo.
El Señor Yuura descendió de un salto desde la rama del árbol.
—¿Señor Yuura, cómo le fue?
—No sirvió de nada. La organización del torneo no tiene intención de tomar ninguna medida respecto a esto. Dijeron que todo es responsabilidad de cada quien.
—No puede ser… Iré a convencerlos yo también. —Dije eso y traté de trepar al árbol, pero el miembro del comité que el Señor Yuura había encontrado antes ya se había ido del lugar.
¿Dónde se habría metido?
Revisé con rapidez los alrededores, pero no logré encontrarlo.
—¡Cálmate! Más importante que eso, Kurumi… ¡hay algo que sí podemos hacer!
—¿Algo que podamos hacer?
—¡Exacto! Advertir a los demás participantes. Si lo hacemos, al menos podríamos salvar algunas vidas.
—Pero… así no llegaremos a tiempo.
—¡Es mejor eso a no poder salvar a nadie!
…«Mejor eso a no poder salvar a nadie»… ¿De verdad era así?
Rayos, ¿no había alguna otra manera?
Desde que el veneno del moho luminoso entraba en el cuerpo, solo quedaban veinte minutos antes de morir.
Con solo nosotros dos, salvar a todos era…
—Parece una situación de emergencia.
—¡¿Señorita Yuraile?! ¡¿Por qué está aquí?!
De pronto, junto con una voz conocida, apareció la Señorita Yuraile.
— Permítame ayudar, Lord Kurt, —susurró ella, acercando sus labios a mi oído.
¿Por qué sabía quién era yo…? Ah, claro. Cuando el limo se me pegó antes, el maquillaje se me borró. Así que debió reconocerme por eso.
Aun así, me sorprendió saber que la Señorita Yuraile también participaba en el torneo.
—¿Kurumi, la conoces?
—Sí. Ella es la Señorita Yuraile, una aventurera de confianza.
El Señor Yuura murmuró con los ojos entrecerrados: «No me digas que te ha estado espiando desde el principio…», pero no, eso no podía ser. Debía de estar aquí solo por coincidencia.
—Señorita Yuraile, en realidad… —comencé a explicar.
Le conté la situación actual a la Señorita Yuraile, quien asintió con firmeza tras escucharme.
—Entiendo. Si ese es el caso, Lady Kurumi, por favor, elabore el antídoto. Yo me encargaré de distribuirlo.
—¿¡De verdad!? ¡Entendido, porque ya lo tengo!
—¿Cómo que «ya lo tengo»? ¡Eso ha sido demasiado rápido! —exclamó el Señor Yuura, sorprendido.
Lo había hecho a toda prisa, claro. Pero con algo de práctica, cualquiera podía preparar algo así.
El efecto era un poco más débil que de costumbre, pero si lo bebían, podrían eliminar en buena parte el veneno del moho luminoso dentro del cuerpo.
—Como es un medicamento que preparé con ingredientes del lugar, no podía garantizar que eliminara por completo el veneno. Así que, más que repartirlo, es prioritario guiar a la gente hacia zonas libres de moho luminoso.
—Entendido, —respondió la Señorita Yuraile. Iba a echarse a correr de inmediato, pero la detuve.
No podía dejar que se fuera así sin más, sería imprudente.
—Espere, Señorita Yuraile. Use esta mascarilla. —dije y le entregué la mascarilla que yo mismo llevaba puesta.
La Señorita Yuraile se quedó observando fijamente la parte que cubría la boca… y entonces, como si se lo repitiera a sí misma…
—Es una emergencia… —Se colocó la mascarilla y, con el antídoto en manos, salió corriendo.
—Bien, entonces yo también repartiré medicina. Kurumi, como no tienes mascarilla tú…
—Ya he preparado otra. ¡Vamos a guiar a los demás a un lugar seguro cuanto antes!
Me coloqué una mascarilla contra el veneno y le entregué a Yuura la mitad de las pastillas del nuevo antídoto que acababa de fabricar.
—¡Entonces, vamos!
—¡Espera, Kurumi! ¡Yo iré solo!
Pude escuchar la voz del Señor Yuura a lo lejos, pero ¡yo también soy un hombre!
¡No podía quedarme de brazos cruzados!
Me dirigí hacia la zona iluminada.
Desde el agujero en el tronco del árbol, el moho luminoso ya estaba esparciéndose por el aire.
Dentro de lo malo, al menos la luz del moho hacía que fuera fácil ubicar a los participantes en la montaña.
Encontré enseguida a un hombre joven y a una mujer joven.
—E-esto…
—¿Hmm? ¡Ah, Kurumi! ¿Qué pasa? Con esa mascarilla rara no te reconocí al principio. —El hombre me habló con voz tranquila.
La mujer que lo acompañaba, en cambio, me miraba fijamente con una expresión dura, sin decir una palabra.
—¡Esa luz que ven proviene del moho luminoso, y es altamente venenoso! ¡Por favor, aléjense de la zona iluminada cuanto antes!
—¿Eh? ¿Altamente venenoso? Es raro, sí, pero… yo no siento nada. Seguro que es una decoración puesta por la organización para que podamos movernos bien por la noche.
El hombre respiró hondo a propósito, como para demostrar que no pasaba nada.
—¡El veneno se activa al inhalar cierta cantidad! ¡Se los ruego, salgan de las montañas!
—Tú, ya basta con tus tonterías. —De pronto, la mujer, que hasta ahora se había mantenido callada, me empujó del hombro y me hizo caer de espaldas—. Apuesto a que solo estás usando esa carita linda para manipular a los hombres. Qué mosca muerta que eres.
—¡Oye! ¡Kurumi debe estar confundida por esa luz!
—Tú cállate ya. Das pena cuando te pones así de baboso.
Los dos empezaron a pelear entre ellos.
No, eso no era nada bueno. Si se exaltaban tanto, su respiración se agitaría y el veneno haría efecto más rápido.
—¡Ahh, ya decía yo! ¡Justo lo que temía! —El Señor Yuura, que había logrado alcanzarme, llegó corriendo.
Al ver la expresión de urgencia y tensión en su rostro, ambos se pusieron en guardia instintivamente.
Sin embargo, la diferencia en habilidades de combate era evidente.
El Señor Yuura se lanzó desarmado al interior de la guardia del hombre que blandía una espada y le asestó un golpe con la palma de la mano directamente en la coraza de cuero.
—¡Gah…! —El hombre soltó un quejido y, de paso, vomitó lo que parecía ser su última comida antes de perder el conocimiento.
—Bien… tú, la mujer de ahí…
—Sí-sí…
—Con solo vernos, deberías darte cuenta de la diferencia entre nuestras habilidades. Además, nosotros… mira.
El Señor Yuura volvió a hablar más grueso de lo habitual y le mostró lo que tenía en la mano.
Era una bolsa con partes de monstruos que servían como prueba de su eliminación, incluyendo un cuerno de minotauro.
—Hemos vencido a esta cantidad de criaturas. ¿De verdad crees que necesitamos engañarlos?
La mujer no dijo nada.
Pero bastaba con ver su expresión para saber que estaba evaluando nuestras palabras con cuidado.
—Si sigues respirando este moho luminoso durante cinco minutos más, tú… ustedes, perderán la capacidad de moverse. Cubre tu boca y nariz con un pañuelo y lleva a ese hombre a una zona sin luz. No importa si no nos crees. Solo esperen fuera de la zona iluminada durante veinte minutos. Para entonces, entenderán lo que está pasando.
—…Entendido. De todas formas, no creo que tengamos posibilidad de ganar si los enfrentamos.
Dicho esto, colocó el brazo del hombre sobre su hombro y comenzó a arrastrarlo mientras caminaba.
—¿Estás bien, Kurumi?
—Lo siento, Señor Yuura. —Me ayudé de su mano para ponerme de pie.
—No hagas locuras. Irónicamente, fue mejor que no creyeran en tu advertencia. Pero si te hubieran creído a medias, te habrían matado para robarte la mascarilla.
—…Ah. —Me di cuenta en ese instante de lo increíblemente imprudente que había sido—. Tiene razón. Lo correcto habría sido preparar mascarillas para todos antes de intentar rescatarlos.
—…Y sobre los rescates, me refería a que dejes eso a tu conocida de antes. Tú tienes algo que solo tú puedes hacer, ¿no?
—¿Algo que solo yo pueda hacer?
No se me ocurría nada que solo yo pudiera hacer.
Después de todo, debía ser la persona más ordinaria de todos los participantes. Si acaso algo me distinguía de los demás, era que estaba travestido.
Y no creía que mi travestismo o mi capacidad para eliminar —mejor dicho, erradicar— el moho luminoso fuera a servir de algo.
—Kurumi, ¿no se te ocurre una forma de eliminar el moho luminoso?
—…Tal vez si preparo un fármaco y lo esparzo en el suministro de agua, podría evitar que el moho se siga propagando.
—¿De verdad?
—Sí. Aunque… también destruiría toda la vegetación de la montaña, y probablemente no volvería a crecer ni una sola brizna de hierba en unos cien años.
—¡Entonces rechazado!
—…Lo imaginé.
Si esa fuera realmente la mejor solución y siendo algo que cualquiera puede hacer, alguien más ya habría notado el problema del moho luminoso y habría actuado.
Si los árboles desaparecían de la montaña, cuando cayeran lluvias torrenciales, eso podría derivar en desastres como deslizamientos de tierra, y los animales que habitaban el bosque tampoco podrían sobrevivir. Además, incluso los cultivos en los campos al pie de la montaña acabarían marchitándose.
Ah… y todo eso cuando no había tiempo.
La única debilidad del moho luminoso que conocía era el sol… ¿el sol?
—¡Ahora que lo recuerdo, el moho luminoso no solo es débil ante el sol, también al fuego!
—¿Fuego? ¿Acaso piensas provocar un incendio forestal?
—No, claro que no podría hacer algo así…
Tenía que pensar. Pensar, pensar, pensar, pensar.
¿Cómo podía proteger a todos del moho luminoso?
Si al menos el foco del moho estuviera concentrado en un solo lugar, todavía habría una forma de enfrentarlo. Pero si se había extendido por todo el bosque, no había nada que pudiera hacer. Si lograba concentrar su origen en un único punto, quizá habría una solución… pero yo solo no podía hacerlo.
—Señor Yuura… ¿sabe tocar algún instrumento?
—¿Yo? Bueno, más o menos la flauta… aunque dudo que pueda superarte, Kurumi.
—¿Eh? ¿Por qué piensa que yo soy buena con la flauta?
—Bueno, es que la técnica musical de la gente de tu aldea es… no, fue solo una corazonada. Pero dime, ¿para qué necesitas un instrumento?
—Perdón, no puedo dar una explicación detallada. Solo… con esto puedo atraer al moho luminoso a un solo lugar.
—¿Te refieres a concentrarlo en un solo lugar? —El Señor Yuura me miró con una expresión de total desconcierto. Pero ya no había tiempo para explicaciones.
Que el Señor Yuura supiera tocar la flauta fue una suerte.
Desde un nivel principiante hasta poder tocar con cierta soltura, normalmente hacían falta al menos treinta minutos.
Corté una rama del árbol que había cerca y que había estado buscando, utilizando la gran hacha que llevaba.
Luego, usando las herramientas de mi mochila, fabriqué una flauta de madera con esa rama.
—Señor Yuura, tome esto. En realidad, me habría gustado hacerla con madera ya seca, pero de verdad no tenemos tiempo. Puede que los semitonos suenen algo inestables…
—…Más que inestables, diría que esto está en otra dimensión…
Mientras el Señor Yuura reflexionaba en silencio, fabriqué una segunda flauta.
Con eso, los preparativos quedaron completos.
—Señor Yuura. Aunque suene arrogante de mi parte, yo llevaré el ritmo. Por favor, toque conmigo.
—¿Tocar juntos? ¡Pero si ni siquiera tenemos partituras, eso no es posible!
—Perdón, no hay tiempo. ¡Pero estoy segura de que usted puede hacerlo!
◇◆◇◆◇
—¡Estoy segura de que usted puede hacerlo! —Kurumi me dijo algo tan descabellado, mirándome directamente.
Y entonces, se quitó la mascarilla, que era literalmente nuestra línea de vida, y acercó los labios a la boquilla de la flauta.
El delicado movimiento de sus suaves labios hizo que, sin querer, se me sobresaltara el corazón.
Ah, claro… en este momento, yo era un hombre.
¡Un hombre debía tener agallas!
Estaba decidida a hacerlo. Me quité la mascarilla.
Kurumi comenzó a tocar.
Era una melodía que jamás había escuchado.
Ese hermoso timbre no parecía provenir de una flauta improvisada.
¿Tocar algo así a su lado…? No, esto era…
Mis dedos, sin que me diera cuenta, ya se estaban moviendo por su cuenta.
Como si me tomaran de la mano en un baile y me guiaran con suavidad.
Y aun así, aquel sonido dulce, que parecía cantar, no se sentía como el amor de una madre… No, más bien se asemejaba al de una hermana mayor invitándote a jugar.
«Vamos a jugar juntas, Yulishia».
…¡¿Eh?!
La imagen que acababa de aparecer en mi mente era la de mi hermana Loretta, con su largo cabello blanco.
Sí, eso fue cuando, de pequeña, ella me había invitado a jugar.
Me quedé absorta por un instante, pero el sonido de Kurumi se volvió más intenso y sacudió mi conciencia.
Kurumi, mientras tocaba la flauta, me miró y asintió.
No era momento de perderme en la nostalgia.
No sabía cuál era su intención al tocar conmigo, pero sin duda aquello tenía un propósito.
Kurumi y yo, los dos, continuamos tocando la flauta.
Bajo la luz de la luna.
Cuando pasó un minuto, algo extraño sucedió.
¿El bosque estaba murmurando? No, no era eso. Era como si… ¿el bosque estuviera moviéndose?
No eran todos los árboles. Apenas uno de cada diez, más o menos, comenzaba a moverse.
Y todos esos árboles eran precisamente los que emanaban el moho luminoso.
¿Por qué?
…Entonces recordé algo que Kurt había dicho durante un baile: «Cuando uno fabrica un instrumento con un trent y toca música con él, ¡los trents se mueven! Cuando todos en la aldea tocan juntos, todo el bosque en la montaña se pone en movimiento. Es una escena muy mágica.»
¡¿Me estabas diciendo que todos esos árboles eran Trents?!
¿Que los árboles que soltaban el moho luminoso eran, en realidad, Trents?
Pero no dejé que esa duda saliera de mi boca.
No podía detener la música en ese momento.
No sabía por qué, pero los Trents acababan de empezar a moverse, y eso significaba que podríamos hacer algo con el moho luminoso.
Además… en el fondo, yo no quería dejar de tocar.
Desde que salí del Atelier, me había reencontrado con Loretta, me había disfrazado de hombre para participar en la competencia preliminar, y me había topado con esta absurda situación del moho luminoso. No había podido encontrarme con Kurt, tampoco había podido mimar a Akuri, y ni siquiera había tenido oportunidad de intercambiar palos con Liese.
En medio de todo aquello, al parecer, mi corazón estaba mucho más agotado de lo que yo misma creía.
Sin embargo, aquel sonido logró limpiar por completo el estrés que se había acumulado dentro de mí.
Deseé poder abandonarme por completo al flujo de aquella melodía… eso fue lo que pensé.
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