El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 5 Capítulo 1. Finales del Torneo de Artes Marciales Parte 2

 

En el primer combate, yo, Kurt, logré ser de alguna ayuda para el Señor Yuura al derribar a Eón fuera del escenario con una emboscada que cualquiera podía hacer: partir el suelo de la arena.

Pero eso no era suficiente.

Habían visto cómo partía el escenario.

El mismo truco no funcionaría contra el siguiente rival.

Incluso si lograba romper la arena como en el primer combate, si el oponente era medianamente habilidoso, repararía el escenario antes de caer fuera. No, pensándolo bien, los que habían llegado hasta el torneo final del campeonato de artes marciales serían capaces incluso de lanzar un ataque en contrafase antes de que el escenario se rompiera, neutralizando por completo el impacto.

Al menos, yo lo haría así.

En ese punto, yo, que solo podía blandir un hacha, no tendría oportunidad de actuar durante el combate.

Tal como decía el Señor Yuura, lo mejor sería esperar en un extremo de la arena para no entorpecer, o bien caer por voluntad propia fuera del ring.

Pero aun así, sentía que eso no era suficiente.

¿Qué podía hacer yo?

Revisé nuevamente las reglas.

El combate era un dos contra dos, hombre y mujer, con armas libres. Sin embargo, estaba prohibido usar herramientas que no se pudieran sostener con las manos, como balistas de asedio.

…¿Libre todo lo que se pudiera sostener con las manos?

En ese caso, quizá podría usar aquello.

Para dirigirme al escenario de reserva, le pregunté al Señor Yuura, con quien caminaba por la ciudad:

—Señor Yuura, ¿aún tenemos tiempo?

—¿Mm? Hasta que empiece el combate queda un poco, pero ¿por qué?

—Quiero fabricar una herramienta. No soy muy bueno fabricando armas ofensivas, pero aun así, quiero hacer todo lo que pueda.

—…No tenemos ni veinte minutos. ¿Podrás…? Bah, ni vale la pena preguntarlo. —el Señor Yuura sonrió con ironía y añadió—: Haz lo que puedas.

—¡Ya tengo las herramientas, así que lo terminaré en cinco minutos! —dije, sacando de debajo de mi falda el bolso de siempre, al que estaba acostumbrado.

—…¿Dónde lo estabas escondiendo, oye? —preguntó el Señor Yuura con tono de incredulidad.

Bueno, es que este bolso no combinaba nada con esta ropa.

—¿Hm? Kurumi, ese bolso… bueno, siendo de la misma aldea, no sería raro que tuvieran uno igual.

—¿Eh?

Era un bolso bastante común, pero quizá le había llamado la atención.

—No, no es nada. Entonces, ¿qué vas a fabricar?

—Un pequeño accesorio…

Pero con lo que tenía ahí no me alcanzaban ni las herramientas ni los materiales.

Ah… ¿dónde estaba esa tienda?

—¡Señor Yuura! ¡Allí!

—¿Allí…? ¿La tienda de cristal?

—Sí, allí puedo fabricar justo lo que necesito.

Al entrar, le expliqué la situación al dueño de la tienda de cristal y le pregunté si podía prestarme un poco el taller.

Al principio frunció el ceño, pero cuando el Señor Yuura le puso algo en la mano, aceptó.

Seguramente era dinero.

Tendría que devolvérselo luego.

Tomé prestado el taller y comencé a fabricar aquello.

Mientras preparaba herramientas y materiales, el Señor Yuura me preguntó:

—Kurumi, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a decírmelo ya de una vez?

—Unas gafas.

—¿Unas gafas? ¿Y qué tan increíbles son? ¿Son un artefacto mágico que lanza rayos láser desde las gafas?

—Eso de rayos láser desde los ojos… No soy un gólem, no disparan algo así.

—Bueno, yo no conozco gólems que lancen láser por los ojos, pero… ¿existen?

—¿Eh? ¿No me diga que no las conoce?

Por lo visto, el Señor Yuura no lo sabía.

Eran muy útiles para destruir rocas que bloqueaban el camino.

Ah, claro… en la ciudad no pasa que las rocas bloqueen las calles, así que quizá no haría falta un gólem que disparara láser por los ojos.

—Pero estas gafas no disparan láser. Como mucho, pueden bloquearlo.

Dije eso y, rápidamente, terminé las gafas y se las mostré al Señor Yuura, quien me miró con una expresión de desconfianza.

Bueno, teniendo en cuenta que a simple vista no parecían unas gafas normales, su reacción era comprensible.

Después de todo, eran gafas, sí… pero gafas de sol, para ponérselas cuando el atardecer resultaba demasiado deslumbrante.

—…Me despisto un momento y ya las tienes hechas. ¿Cuándo demonios las fabricaste?

—¿Eh? Pues, hacer gafas de sol es cuestión de velocidad, ¿sabe? Cuando piensas «el sol está deslumbrante», te construyes un horno cerca, usas arena de sílice y las haces en un momento. Si tardas mucho, el sol se pone antes. Y de noche, las gafas de sol son peligrosas.

—¿Eso… es así? No creo que nadie fabrique unas gafas de sol solo para usarlas inmediatamente…

¿Será verdad? Aunque seguramente un verdadero aventurero tendría siempre unas gafas de sol a mano para situaciones como esa.

Mientras yo asentía para mis adentros, el Señor Yuura ladeó la cabeza.

—En realidad… ¿para qué sirven esas gafas de sol?

—Para usar granadas aturdidoras.

—¿Granadas aturdidoras?

—Sí. Son un tipo de arma que ciega de forma momentánea al hacer explotar un cristal mágico de luz. Si usted y yo nos ponemos las gafas de sol justo antes, y luego hago estallar la granada, cuando el enemigo quede cegado por el destello, aprovecha y ataca. Así podríamos derrotarlo fácilmente.

—Me suena algo sucio, y además es una lástima usar un cristal mágico de luz como material desechable… pero, bueno, no es mala táctica. En torneos pasados hay registros de magos de luz usando algo similar, así que no creo que cuente como trampa.

Perfecto, ya tenía la aprobación del Señor Yuura.

Con esto, lograría pasar también la segunda ronda.

Y para poder devolverle al menos un poco el favor, tendría que pensar en más estrategias.

 

Mientras íbamos camino al estadio, nos encontramos con una persona inesperada.

Yo la conocía: era la Señorita Kakaroa, una de las aventureras que había venido a esta isla junto con Liese.

Hasta hacía un momento debía de haberse celebrado el combate de la Señorita Yuraile, otra aventurera que había llegado a la isla con nosotros. Yo había supuesto que la Señorita Kakaroa se había quedado en la arena viendo el resto de combates o que estaría felicitando a la Señorita Yuraile por su pelea.

—Señorita Kurumi, felicidades por su victoria en el primer combate. ¿Podría concederme un momento? —Al verme, la Señorita Kakaroa se me acercó y me dijo eso.

—No parece un fan entusiasta… Kurumi, ¿la conoces?

Preguntó el Señor Yuura, pero antes de que yo respondiera, la Señorita Kakaroa contestó.

—Sí. Me llamo Kakaroa, y en el pasado recibí una gran ayuda de la Señorita Kurumi. —Dicho esto, la Señorita Kakaroa inclinó la cabeza.

Cuando había hablado con la Señorita Liese tiempo atrás, ella también estaba presente, así que sabía que Kurumi y Kurt eran la misma persona.

—Ya veo… Lo siento, pero no tenemos mucho tiempo antes del combate. ¿Podrías esperar hasta que termine para hablar? —dijo el Señor Yuura, intentando rechazar la conversación.

Pero la Señorita Kakaroa negó con la cabeza.

—No le robaré mucho tiempo. Todavía queda para que empiece el combate de la Señorita Kurumi y el Señor Yuura. El combate anterior se alargó una hora entera, así que ahora mismo se está llevando a cabo el que precede al suyo.

—¿Una hora entera? ¿Qué ocurrió? El límite de tiempo de un combate es una hora, así que, salvo que pase algo serio, no debería alargarse otra hora más.

—Al parecer, hubo un problema con la pareja formada por Kokora y Yuraile, y las deliberaciones se prolongaron.

—¡¿Le pasó algo a la Señorita Yuraile?! —pregunté, sin poder contener la voz.

¿Habría sufrido una herida grave? Si así fuera, tendría que ir a curarla de inmediato.

Pero la Señorita Kakaroa volvió a negar con la cabeza.

—El combate duró una hora y el resultado fue la victoria por decisión para la pareja Kokora - Yuraile. Debido al retraso, el siguiente combate debería haber empezado enseguida, pero surgió una reclamación y se decidió hacerle un examen físico al Señor Kokora. Al principio, se negó, pero finalmente aceptó. El resultado fue que, aunque estaba registrado como hombre, en realidad era una mujer. Ante un hecho sin precedentes, los jueces y los patrocinadores en el palco VIP se reunieron para debatirlo, y al final se decidió la derrota por descalificación de la pareja Kokora - Yuraile.

Mientras escuchaba el relato sereno de la Señorita Kakaroa, sentí que el sudor me corría sin parar.

Jamás se me habría ocurrido que hubiera otra persona, aparte de mí, participando con un género falso.

¿Qué pasaría si también descubrían mi disfraz femenino y, por mi culpa, el Señor Yuura perdía por descalificación?

Miré al Señor Yuura, que estaba a mi lado.

—…Ya… veo… qué pena. Yuraile… y también esa Kokora, —dijo el Señor Yuura con voz temblorosa.

Parecía que no solo sentía compasión por la Señorita Yuraile, con quien apenas había intercambiado unas pocas palabras, sino también por la Señorita Kokora, a quien ni siquiera había visto, como si se tratara de algo que le afectara a él mismo.

—Dado que se necesitó una hora para que saliera el resultado de la deliberación, el combate posterior al de la pareja Kokora–Yuraile —el que enfrentaría a la pareja Upper Cut contra la pareja Dokyun Muneatsu, justo antes del de la Señorita Kurumi y el Señor Yuura— comenzaría dentro de diez minutos. Por lo tanto, su combate sería dentro de una hora y diez minutos… Por eso, Señorita Kurumi, ¿podría concederme un momento? —preguntó Kakaroa.

Al escuchar la pregunta, miré al Señor Yuura. Él, con una sonrisa forzada, me animó:

—Ah… ah, sí, ve.

 

El lugar al que me llevó la Señorita Kakaroa era la zona donde se encontraban las salas VIP, de acceso prohibido a personas ajenas.

Parecía un sitio al que solo se les permitía entrar a reyes y nobles, y a mí me resultaba terriblemente fuera de lugar… no, en realidad no era así: había tantas sirvientas sirviendo a los VIP que, en cierto modo, yo encajaba perfectamente allí con mi atuendo de criada.

¿Acaso necesitaban más personal y querían que trabajara aquí?

La Señorita Kakaroa llamó a la puerta de una habitación especialmente lujosa y agarró el picaporte.

Fue entonces cuando ocurrió: desde el interior se oyeron unos pasos rápidos, el repiqueteo de unos tacones un poco altos. La puerta se abrió y, al mismo tiempo, la dueña de esos pasos se me echó encima para abrazarme.

Era la Señorita Liese.

—¡Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt, Sir Kurt!

—Eh… veintiuna veces, ¿verdad?

—¿Estaba contando? —preguntó la Señorita Yuraile, que parecía haber estado en la habitación junto a la Señorita Liese, sorprendida de que yo hubiera contado las veces que había repetido mi nombre.

Bueno, al fin y al cabo era mi nombre; podía contar las veces.

—Ah, Sir Kurt, ¿no está herido?, ¿de verdad no está herido?

—Sí, estoy bien… Eh, Señorita Liese, por favor, aléjese un poco, me está aplastando. Ah, y no meta la mano debajo de mi falda.

—Lady Liese, cálmese. Como le dije antes, Sir Kurt solo se desmayó por la presión, no tiene heridas externas, —dijo la Señorita Yuraile mientras apartaba a la Señorita Liese de mí.

Ya veo… La Señorita Liese se había preocupado al saber que me había desmayado. Y seguramente había metido la mano bajo mi falda para palpar si tenía algún hematoma, ya que me había caído de espaldas.

—Lamento haberles preocupado. Y, Señorita Yuraile, lo de su combate… qué lástima.

—…Sí. Presentamos una queja, pero nos dijeron que era una derrota por descalificación.

—Yo también intenté conseguir que les dejaran continuar, pero dijeron que si no era una pareja mixta no podían seguir en el torneo… que si la Señorita Yuraile fuera hombre, no habría problema. Fue muy lamentable, —dijo la Señorita Liese mientras me tomaba de la mano.

Pero no parecía que estuviera tan apenada… más bien parecía contenta. Lo mismo ocurría con la Señorita Yuraile: aunque había perdido el combate, no se le veía especialmente afectada. Seguramente lo hacían para que yo no me preocupara por el impacto que aquello podría tener en mi propio combate.

—Entonces, Señorita Liese, ¿qué quiere que haga? Ah, ¿quiere que prepare un té?

—Esa es una propuesta muy atractiva. Ya me he cansado del agua sucia.

—¿Agua sucia? —pregunté, pensando si en esta ciudad existía la costumbre de beberla. No me parecía precisamente saludable.

—No, no es nada. El té suena muy bien y me encantaría aceptarlo, pero no lo llamé para que trabajara. Es por una razón mucho más especial. —La Señorita Liese me miró de pronto con ojos serios y me dijo—: Sir Kurt, por favor, retírese del próximo combate.

◇◆◇◆◇

—Sir Kurt, por favor, retírese del próximo combate —yo, Lieselotte, lo había llamado para pedirle eso.

Era una súplica, casi podría decirse.

Había observado con mis propios ojos todos los combates de los participantes que podían llegar a enfrentarse a Sir Kurt, para evaluar su fuerza.

En realidad, había tenido que contener las ganas de correr inmediatamente a la enfermería, cuando Sir Kurt fue llevado allí, y me quedé viendo los combates por ese motivo.

Entre todos ellos, el siguiente oponente, en especial esa mujer llamada «Sirvienta Enmascarada», era extremadamente peligrosa.

Durante el combate, no hacía ni un solo movimiento innecesario, y aun así no dejaba sentir la más mínima presencia. Por mucho que se moviera, no se agitaba en lo más mínimo; más bien parecía que ni siquiera necesitaba respirar.

No parecía una persona normal.

Sería más fácil creer que era un demonio o un diablo disfrazado de humano.

Además, la fuerza destructiva de un solo golpe suyo con el puño quizá superara no solo a la de un Señor Orco, sino incluso al de un hachazo de Sir Kurt.

En el combate anterior, su oponente, un hombre, logró salvar la vida, pero seguía inconsciente, y probablemente no podría comer con normalidad durante un buen tiempo.

Solo de pensar que ese golpe podría haberse dirigido contra Sir Kurt, me estremecía de miedo.

Por eso había decidido aconsejarle que se retirara del torneo.

Sin embargo…

—Lo siento, pero no puedo hacer eso, —la respuesta de Sir Kurt fue una negativa.

Era algo que ya había previsto.

—Está pensando en el Sr. Yuura, que compite con usted, ¿verdad? Pero si llegaran a descubrir que usted es un hombre, la persona que sufriría las peores consecuencias sería él. No se preocupe por el combate: he conseguido un permiso especial para que la Srta. Yuraile pueda sustituirle como compañera del Sr. Yuura. Aunque la Srta. Yuraile perdió por descalificación porque su pareja había ocultado su sexo, tanto el jurado como el público saben que ella no tuvo la culpa. Dejemos que la Srta. Yuraile busque a la Srta. Yuli. Como sus nombres son parecidos, podrán hacer buena pareja.

Por lo que había escuchado, la razón por la que Sir Kurt participaba en el torneo, al principio, había sido porque había visto a un hombre que se parecía a Golnova. Ahora, sus motivos eran encontrar a la Srta. Yulishia y cumplir con su responsabilidad como pareja del Sr. Yuura.

Cuando todo se aclaró, seguramente Sir Kurt ya no tendría razón para participar en el torneo. No, él mismo renunciaría a la competición.

Eso pensaba yo.

Pero me equivoqué.

—Señorita Liese, probablemente soy egoísta.

—¿Egoísta? —pregunté, repitiendo la palabra, pues era algo muy lejano a la imagen que tenía de Sir Kurt.

—Sí. Al escuchar lo que dijo, pensé que lo mejor sería que yo me retirara por el bien del Señor Yuura. Pero no quiero hacerlo, —explicó apretando el puño—. No soy útil en combate. Por eso siempre pensé que debía quedarme tranquilo. Así pensaba cuando estaba en «Colmillo del Dragón de Fuego» y cuando me iba de aventura con todos en «Sakura». Pero tras pasar a la fase final del torneo y pelear la primera ronda, al preparar la estrategia para la segunda, pensé que aunque no tenga talento, pensar podría ser mi fuerza. Y así podría ayudar en las batallas de todos. Por eso quiero participar. Porque si me reemplazan alegando que la Señorita Yuraile es más fuerte, seguiré siendo inútil, —los ojos de Sir Kurt mostraban determinación.

Sobre eso de «no tener talento» decidí no comentar nada.

—Ciertamente, es egoísta.

—…Lo sabía.

—Pero está bien ser egoísta. Ser egoísta significa decidir tu propio camino y seguirlo. Ánimo, Sir Kurt. Si descubren que es un hombre, yo haré todo lo posible por protegerlo. Pero… —tomé su mano—. Por favor, no haga nada imprudente.

—Sí, daré lo mejor de mí.

 

Un poco antes de que comenzara la segunda ronda de Sir Kurt, yo estaba en el palco VIP, esforzándome por mantener la calma.

Solo con recordar la mirada de Sir Kurt en ese momento, no podía evitar sonreír.

Aunque desde el palco no podía verle aún, seguro que se estaba preparando con cuidado.

—¿Estuvo bien dejarlo ir? —preguntó la Señorita Yuraile.

—Si me preguntas si estuvo bien o no, la respuesta es que no. Pero viendo esos ojos tan masculinos de Sir Kurt, no podía detenerlo.

—Si solo fuera por apariencia, era más femenina que la suya, ¿sabe, princesa?

—…Srta. Yuraile.

—Disculpe, he sido descortés. Perdóneme, por favor.

Qué cosas.

El grupo Phantom, al que pertenecían la Srta. Yuraile y la Srta. Kakaroa, era una unidad de inteligencia subordinada directamente a Lady Mimiko, la tercer Maga de la Corte. Por eso, aunque en teoría era una organización independiente de la familia real, actualmente actuaban como mi escolta, por lo que debía tener cuidado con sus palabras y acciones.

Sin embargo, emociones que se alteraran por asuntos tan insignificantes se disipaban como la niebla antes de un fuerte viento, recordando el reciente intercambio con Sir Kurt.

—Srta. Yuraile, Srta. Kakaroa, les pido disculpas. El intento de persuasión terminó en vano, incluso descalificándolas, —me disculpé.

Ambas sonrieron con amargura y negaron con la cabeza.

Por supuesto, Sir Kurt no lo notaría, pero la Srta. Kakaroa era la verdadera identidad de Kokora, la pareja de la Srta. Yuraile, y fui yo quien señaló su disfraz masculino y la descalificó.

Quise advertirle a Sir Kurt sobre el peligro de disfrazarse de mujer… pero no fue necesario.

Aunque, ¿acaso él se habría dado cuenta? No del peligro del disfraz femenino, sino del masculino.

En ese momento, el clamor del público se volvió especialmente fuerte.

Sir Kurt y su pareja, el Sr. Yuura, subieron al escenario.

Yo no miré a Sir Kurt, sino al Sr. Yuura a su lado, y murmuré:

—Si lastiman a Sir Kurt, no quedará sin consecuencias, Sr. Yuura… no…

Después de que Sir Kurt perdió el conocimiento en la primera pelea, finalmente me convencí al ver que desenvainó la «Flor de Nieve».

Vaya, que yo no lograra descubrir un disfraz tan sencillo es señal de que aún me falta experiencia.

—No quedará sin consecuencias, Srta. Yuli. De verdad, —dije sonriendo.

◇◆◇◆◇

Un escalofrío recorrió mi espalda cuando subí al escenario, a mí, Yulishia.

¿Qué había sido eso?

No era hostilidad proveniente de la entrada del rival.

Sentí que un enemigo terrible dirigía su intención asesina desde otra dirección completamente distinta.

No obstante, pensar en eso ahora no servía de mucho.

Cambié de pensamiento y dirigí la mirada hacia la entrada por donde seguramente saldrían Purple y Sirvienta Enmascarada, los contrincantes.

La segunda ronda estaba por comenzar con una hora de retraso respecto a la hora programada.

Los fans de Kurumi y míos parecían haber aumentado desde la primera ronda, y enviaban sus vítores acompañados de movimientos extrañamente coordinados, lo que parecía ser llamado otagei [1] .

Kurumi seguía luciendo ansiosa y nerviosa, pero comparado con la primera ronda, parecía haberse quitado un peso de encima.

Seguramente, esa conocida le había dicho algo bueno hace un momento.

Por eso, me sentí culpable.

Si se descubría que yo era mujer, también causaría problemas a Kurumi.

Pensando en ella, quizá sería mejor retirarse aquí. Eso fue lo que pensé.

En ese momento, lo que me impulsó fueron las palabras de aquel alguien.

«…Señorita Yulishia.»

Kurt, con su rostro inocente, me llamó por mi nombre… querría que siguiera llamándome así.

Quería caminar junto a Kurt.

Por eso, no podía perder esta pelea.

…Solo bromeo.

Pensar en eso me hizo escuchar la voz de Kurt cada vez que cerraba los ojos.

—Señor Yuura.

—¿Qué pasa, Ku… rumi?

Oh no, casi cometí el error de llamar a Kurumi «Kurt».

Kurumi, que era de la misma aldea y tenía una voz y personalidad muy parecidas, siempre me recordaba a él.

Aunque tenían distinto género.

—Voy a explicarle la situación al árbitro y le daré las gafas de sol.

—Ah, está bien.

En esta pelea usaríamos una granada aturdidora; una especie de bomba luminosa.

No tenía capacidad letal, pero por algunos segundos o decenas de ellos dejaba a cualquiera ciego.

Para evitarlo, era necesario usar las gafas de sol que Kurumi había hecho.

Idealmente, queríamos resolver el combate antes de que el oponente recuperara la vista, pero sería problemático si el árbitro aún no la recuperaba.

Las reglas decían que se ganaba si el oponente quedaba inconsciente o caía fuera del ring, pero en realidad no era exactamente así.

Se ganaba cuando el árbitro confirmaba que el oponente estaba inconsciente o había caído fuera del ring, y dictaba el veredicto de victoria a nuestro favor.

Kurumi, mientras le entregaba las gafas de sol al árbitro, parecía explicarle la estrategia.

El árbitro escuchó la explicación de Kurumi sin resistencia y se puso las gafas.

Después de mirar al sol, el árbitro le dijo algo a Kurumi con una sonrisa. Seguramente estaba elogiando el rendimiento de las gafas.

Kurumi aplaudió y dijo algo; probablemente le estaba diciendo que le quedaban bien.

Luego, Kurumi regresó.

—Parece que justo ha llegado el oponente.

En el lado opuesto del escenario aparecieron una sirvienta enmascarada y un hombre de cabello púrpura.

Por la sola presencia de Purple, se podía notar que era un espadachín decente.

Sin embargo, el problema era la sirvienta enmascarada.

No solo era difícil leer su presencia, sino que incluso sentirla resultaba complicado.

Seguramente era muy hábil ocultándola, lo que la convertía en una oponente problemática para alguien como yo, que era buena leyendo las presencias.

Realmente deseaba que la bomba de luz de Kurumi funcionara bien.

—¡Damas y caballeros de la audiencia, gracias por esperar! ¡En breve comenzará la segunda ronda: el equipo Yuura–Kurumi contra el equipo Purple–Sirvienta Enmascarada!

En cuanto el árbitro dijo eso, puse mi mano derecha sobre la empuñadura de Flor de Nieve y, con la otra mano por detrás, sostuve las gafas de sol.

Kurumi metió la mano en su bolso.

De entre el público, estallaron vítores cargados de entusiasmo.

Si el combate terminaba justo después de comenzar y, encima, el público no podía ver ese momento por culpa de la bomba de luz, era seguro que nos lloverían los abucheos.

Pero yo no luchaba para entretener al público, sino para ganar.

No podía darme el lujo de pensar en ellos.

—Tal como dijo Sirvienta Enmascarada, sí que han ganado la anterior. Pero si no quieren morir, ríndanse de una vez, jovencito y señorita. —Purple nos dijo eso con tono provocador.

Parecía que no se le pasaba por la cabeza que pudiera perder.

Pero, ¿qué clase de hombre no adoptaba postura alguna cuando lo único que quedaba era esperar la señal para empezar?

¿Acaso pensaba no luchar?

Bueno, si quedaba en un uno contra uno, yo no perdería. Por ahora, debía concentrarme en Sirvienta Enmascarada.

—¡Comiencen el encuentro!

En cuanto el árbitro, con las gafas puestas, dio la señal, yo también me puse las mías, desenvainé la espada y avancé.

Un instante después, la luz lo envolvió todo.

—¡Guaaaah!

Escuché la patética voz de Purple.

Una luz más cegadora que el sol tiñó de blanco el mundo. Y eso que llevaba puestas las gafas de sol.

El oponente, que no había tomado ninguna precaución contra la luz, seguramente no podía ni abrir los ojos.

Era mi oportunidad para sacar de un golpe a Sirvienta Enmascarada fuera del ring…

Pero, contra lo que esperaba, Sirvienta Enmascarada, que en teoría no debía poder moverse, se abalanzó sobre mí de golpe.

¡Tienes que estar de broma!

¿Acaso había previsto mi movimiento para interceptarme?

Salté hacia un lado de forma instintiva… pero Sirvienta Enmascarada también saltó hacia donde yo lo hice.

¿Estaba leyendo mi presencia?

¿O guiándose por el sonido de mis pasos?

No, era otra cosa… por increíble que pareciera, Sirvienta Enmascarada no había perdido la visión.

La mujer lanzó un puñetazo.

Yo lo recibí con mi espada.

…¡¿Qué?!

Mi espada repelió el puño de Sirvienta Enmascarada.

…Sí, lo repelió.

No lo cortó.

No era que yo hubiera contenido la fuerza sin darme cuenta.

Incluso si lo hubiera hecho, no había razón para que no lo cortara.

¿Cómo podía ser que el puño de Sirvienta Enmascarada tuviera una dureza igual a la de Flor de Nieve?

La bomba de luz no le afectó, y ni siquiera mi espada podía cortarle.

¿De verdad existía un ser humano así?



[1] Actuaciones coreografiadas y animadas que hacen los fans deidols, con movimientos y gritos característicos.

 

¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.

Anterior | Indice | Siguiente