El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 5 Capítulo 1. Finales del Torneo de Artes Marciales Parte 1

 

Había comenzado el sorteo para las finales del torneo.

A diferencia de las rondas preliminares de días pasados, el número de participantes no era grande.

El cuadro del torneo se decidió rápidamente y fue anunciado, pero yo, en lugar de actuar junto a mi compañero el Señor Yuura, me había separado para buscar a ciertas personas.

Buscaba a dos en particular.

Uno era un participante del torneo final que se parecía mucho al Señor Golnova, el líder del grupo de aventureros Colmillo de Dragón de Fuego al que yo había pertenecido. El color de cabello era distinto, pero sospechaba que pudiera ser él.

La otra era la Señorita Yulishia, la aventurera principal de nuestro atelier, quien había desaparecido repentinamente. Según parecía, estaba participando en este torneo y había llegado hasta la competición final.

Obtuve esa información de la Señorita Liese, mi compañera de trabajo en el atelier, quien me acompañó para buscarla en el lugar del evento, pero no logramos encontrarla.

¿Tal vez estaba disfrazada, como decía la Señorita Liese? Mientras pensaba en eso y recorría con la mirada el lugar, mis ojos se posaron en una persona.

—…¡Oh!

Esa persona…

Su cabello rojo ahora era de color púrpura, pero no había duda.

Me apresuré a seguirlo.

Por el camino, algunas personas que decían ser mis admiradores me detuvieron para hablarme, y casi me caí por culpa de la falda a la que todavía no me acostumbraba, pero logré alcanzarlo.

—¡Um, disculpe!

Al llamarlo, aquel hombre se volvió a mirarme.

Era él, no había duda.

No me equivocaba: esta persona era…

—¿Qué pasa? ¿Quién eres tú?

—¡Es usted, Señor Golnova!

—…¿¡Eh!?

El hombre de cabello púrpura —el Señor Golnova— abrió mucho los ojos, sorprendido por mis palabras.

El Señor Golnova, el líder del grupo de aventureros Colmillo de Dragón de Fuego al que yo había pertenecido antes. Creí haberlo visto en la sala de espera de los participantes, y por eso había decidido participar en el torneo de artes marciales… así que, al final, no me había equivocado.

Ah, claro… Con esta apariencia, él no podría reconocerme.

—Señor Golnova, quizá no me reconozca así, pero yo soy…

—Te equivocas de persona.

—…¿Eh?

Justo cuando intentaba explicarle, me lo dijo fríamente, cortando mis palabras.

—¿Golnova? No sé quién sea, pero yo no me llamo así.

—Pe-pero…

¿Me había equivocado de persona?

¿De verdad?

El color de cabello era distinto, sí… pero ese rostro…

—Mi nombre es Purple. No conozco a ningún hombre llamado Golnova. Lo siento, pero estoy buscando a alguien, así que me voy.

Aquel hombre llamado Purple, que se parecía mucho al Señor Golnova, se marchó junto a una mujer con vestido de sirvienta y el rostro cubierto por una máscara.

…¿Me había equivocado de persona?

Es verdad, su cabello no tenía nada que ver con el del Señor Golnova. Tal vez solo era una coincidencia y se parecían…

 

Al final, había molestado al Señor Yuura y todo resultó ser una confusión.

Qué persona tan problemática era yo…

◇◆◇◆◇

Vaya, cómo me había hecho perder el tiempo. ¿Quién demonios era esa mujer?

Si se descubría que yo era Golnova, sería un gran problema.

La razón era que, en ese momento, yo estaba siendo buscado por el Reino de Homuros.

En la capital de Homuros, después de darle una reprimenda a un restaurante que servía una comida asquerosamente mala, los guardias intentaron arrestarme. Me defendí… y solo por eso me habían acusado.

Jamás pensé que aparecería alguien capaz de ver a través de mi perfecto disfraz.

No parecía una cazarrecompensas, así que seguramente sería una fanática entusiasta mía o algo parecido.

Bueno, ya lo había negado tajantemente, así que no habría problema.

—Entonces, Sirvienta Enmascarada, ¿está Kuru en las gradas? —Le pregunté a la criada enmascarada que estaba a mi lado —Elena, la sirvienta gólem rota— si había visto a Kurt.

Ella había trabajado como sirvienta en el palco VIP, así que la había hecho registrarse como participante con un nombre falso.

—No, Purple, no lo encontré.

—Ya lo imaginaba. Si fuera él, en cuanto me hubiera visto, me habría hablado sin dudarlo. Hasta ahora, la única que me ha hablado ha sido una sirvienta. ¿Qué pasa, tengo algún tipo de conexión especial con las criadas?

—No era una sirvienta, era una camarera.

—¿Y no es lo mismo?

—No lo es.

No entendía la diferencia, pero como me daba miedo enfadar a Elena, preferí no insistir más.

Esta Elena era un gólem —una muñeca hallada en unas ruinas misteriosas de las montañas Sheen, donde supuestamente estuvo la aldea Hast.

Era increíblemente fuerte, y por alguna razón parecía tener alguna relación con ese bastardo de Kuru.

Como había malinterpretado que Kuru y yo éramos novios, la estaba utilizando para ayudarme a encontrarlo.

—Pero es un poco inesperado. Pensaba que a Purple le gustaban chicas adorables como Kurt…

—¿Ah? ¿Qué dices? Mujeres bonitas, comida deliciosa, armas poderosas, la ovación del público… todo eso existe para mí, por supuesto.

Aunque ella era la excepción. Su aspecto era el de una chica adorable, pero en realidad era un monstruo.

—Aun así, esa camarera parecía bastante bonita…

—¿Eh? —Al girarme, vi que la mujer que me había hablado antes estaba bajando la mirada con una expresión apenada.

Cierto… ahora que lo pensaba, tenía un rostro bonito.

Pero, por alguna razón…

—Solo con verle la cara me irrita no sabes cuánto. —Lo pensé para mis adentros, procurando que Elena no me oyera… era como si estuviera mirando a Kuru.

Ese gólem sirvienta tenía la absurda idea de que quería casarnos, así que no podía permitirme dejar escapar nada que la hiciera sospechar.

De cualquier forma, primero debía ganar este torneo, lograr que se retirara mi orden de búsqueda y hacerme con poder.

Después, me adueñaría de Kuru y sometería a la llamada tercera princesa del Reino de Homuros, con la que él supuestamente estaba.

Ese era mi plan.

—Me alegra oírlo. Entonces, aunque tenga que pelear contra ella, podrá darlo todo, ¿verdad?

—¿Ah? ¿Qué quieres decir con eso?

—Según el torneo que se anunció hace un rato, podría ser que en la segunda ronda tengamos que enfrentarnos contra ella y Yuura. Es la pareja que pasó la clasificación en primer lugar.

Yo también había visto el cuadro del torneo, pero no lo recordaba con detalle.

Más que eso… ¿esa camarera había pasado las clasificatorias en primer lugar?

¿Era una broma? Por donde se la mirara parecía tan débil como Kuru.

¿Sería fuerte el tal Yuura, su compañero?

O más bien…

—Ya me acordé. No digas tonterías. Nuestro rival en la segunda ronda no será una debilucha como esa, sino Camp y Eón.

Camp y Eón eran la pareja ganadora de la vez anterior. Era obvio que iban a llegar hasta aquí.

—Sí, pero creo que será la pareja de Kurumi y Yuura con la que se enfrenten.

—¿Me estás diciendo que esa sirvien… esa camarera va a derrotar a los campeones anteriores y llegar hasta la segunda ronda?

—Sí. Tiene esa clase de aura, —respondió Elena, asintiendo.

…¿Hablaba en serio?

Miré a la tal Kurumi, que se marchaba con los hombros caídos, pero no fui capaz de creer las palabras de Elena.

◇◆◇◆◇

El torneo final de artes marciales había comenzado.

Yo estaba participando en este torneo bajo el nombre de Yuura.

A mi lado, mi compañera de equipo, Kurumi, observaba el combate desde los asientos destinados a los participantes.

Parecía que hace un rato Kurumi estaba bastante deprimida, pero ahora veía el combate con los ojos brillando como los de una niña.

—……

Miré hacia el palco VIP.

Seguramente allí estaban Liese… y Kurt.

¿Acaso Kurt, que sentía una gran admiración por los aventureros, estaría mirando el combate con los ojos brillantes como los de Kurumi? ¿O estaría demasiado ocupado buscándome como para pensar en otra cosa?

Si era lo segundo, entonces me sentía culpable.

—¿Qué le pasa, Señor Yuura?

Cada vez que oía ese nombre, Yuura, la culpa me invadía.

En realidad, yo era una aventurera llamada Yulishia.

Y aun así, me encontraba disfrazada de hombre, participando en el torneo de artes marciales como si fuera uno.

Todo para frustrar el plan de mi prima Loretta, la gobernadora de la isla Ishisema, que quería casar al ganador de este torneo conmigo.

Pero, por ese propósito, había terminado utilizando a una chica inocente como Kurumi.

Ella, en un principio, solo había participado en este torneo para poder encontrarse con un hombre.

Y, según me había dicho, ese encuentro acababa de producirse.

Sin embargo, la persona con la que se había encontrado no era quien creía, y todo terminó siendo un caso de confusión.

Por lo tanto, en realidad Kurumi ya no tenía motivos para seguir peleando.

Y aun así, yo la estaba utilizando por conveniencia propia.

—…Perdóname.

—…¿Eh? ¿Acaso dijo algo?

—No… Nuestro próximo combate está por empezar, ¿no?

—Ah… ¡Es verdad! —respondió Kurumi.

Vi que sus manos temblaban.

¿Sería un temblor de emoción? No, probablemente solo estaba nerviosa.

Era comprensible: nuestro primer enfrentamiento sería contra Camp y Eón, los campeones del torneo anterior y la pareja favorita para llevarse la victoria este año.

—Yo pelearé sola, así que no te preocupes. Quédate apartada, y si pierdo, puedes bajarte del escenario o rendirte por tu cuenta, no pasa nada.

—Lo-lo entiendo. Pero, por favor, déjeme apoyarlo.

—Claro, cuento contigo. —Le sonreí a Kurumi al decirle eso.

Entonces, el rostro de Kurumi se puso rojo.

—…Puede que sea la primera vez en mi vida que alguien confía en mí para una pelea. Me hace feliz.

—Ah… Ah, no te lo tomes tan a pecho.

Una batalla contra la pareja favorita para ganar el torneo… y prácticamente tendría que pelear yo sola.

Se sentía como si hubiéramos llegado de golpe al clímax.

 

Kurumi y yo nos dirigimos al escenario de la arena.

Ella estaba tan nerviosa que avanzaba sacando al mismo tiempo la mano y el pie derechos. Un modo de mostrar nervios muy típico.

—¡L-O-V-E, Kurumi-chaaaan! —decían varias voces al unísono.

Desde las gradas, un grupo de hombres que parecían ser fans de Kurumi, vestidos con ropa de color rosa, gritaban animándola.

—¡Kurumi-chaaaan, esfuérzateee!

—¡No pierdas contra Camp y Eón!

—¡Pero, por favor, no te lastimes!

La popularidad de Kurumi era increíble.

—¡Kyaaaah, Señor Yuuraaaa!

—¡Mi señor Yuura, mire para acá!

…Mi popularidad tampoco se quedaba atrás.

Normalmente, cuando aparecía la pareja favorita para ganar, lo lógico sería que recibieran la mayor parte de los vítores, pero la mayoría de los ánimos iban dirigidos hacia nosotras.

Bien, era momento de repasar nuevamente las reglas de este torneo de artes marciales.

La mecánica era sencilla:

Parejas mixtas de hombre y mujer combatían.

Si uno quedaba inconsciente, caía fuera del escenario o se le hacía un conteo de diez segundos, se le consideraba incapaz de seguir y no podía continuar en el combate.

Si ambos miembros de la pareja quedaban fuera de combate primero, perdían.

En otras palabras, incluso si Kurumi salía del escenario al comienzo del combate, mientras yo quedara en pie, podríamos ganar.

El uso de magia era libre.

El uso de armas y herramientas también era, en principio, libre, pero debía solicitarse con antelación. Armas de asedio y similares, por supuesto, estaban prohibidas.

Por último, no se podía matar al oponente.

Eso era todo.

—…Vaya, nuestros rivales tienen mucha popularidad, ¿eh, Eón?

—Sí, me da un poco de celos, Camp.

Y entonces aparecieron: la pareja formada por Camp y Eón.

Camp era un tipo completamente de vanguardia. Se decía que nadie que se acercara hasta donde llegaban sus puños salía ileso.

Y luego estaba Eón, que portaba un látigo. Su látigo era largo y su manejo, impecablemente preciso; podía aplastar con exactitud el núcleo de los pequeños monstruos más comunes, como el limo bebé.

—Bueno, ¿cómo deberíamos luchar? Enfrentarlos de frente sería desventajoso.

—Eh… Señor Yuura, —susurró Kurumi, proponiéndome una idea.

…¿De verdad podríamos hacer eso?

Quise preguntarlo, pero como Kurumi decía que sí, supuse que podía ser posible. Después de todo, esta chica parecía venir de la misma aldea, Hast, que Kurt.

—Está bien, confío en ti, —asentí.

Kurumi me devolvió la sonrisa y también asintió.

Entonces, se acercó a la árbitra, que iba a anunciar el inicio del combate, y le susurró algo al oído.

Vi que la árbitra asintió en silencio con una expresión desconfiada, y entonces Camp y Eón se pusieron en guardia, alerta.

Bueno, no era para menos; parecía que teníamos una estrategia oculta.

La árbitra levantó la mano y anunció:

—Entonces, damos inicio a la primera pelea del bloque C —pareja Yuura y Kurumi contra pareja Camp y Eón—. ¡Comiencen!

Después de declarar eso, la árbitra corrió y saltó desde el escenario.

Al mismo tiempo, Kurumi dio un gran salto hacia atrás junto conmigo, y blandió la enorme hacha que llevaba a la espalda.

Por supuesto, el hacha no alcanzó para nada a Camp ni a Eón.

Pero el hachazo de Kurumi impactó justo donde quería:

…En el escenario de piedra de la arena.

Desde el punto donde Kurumi golpeó, una grieta se extendió rápidamente y, en un instante, el suelo bajo los pies de Camp y Eón se derrumbó.

En este torneo de artes marciales, no era raro que el escenario de piedra sufriera daños. La piedra no era muy resistente, y si alguien la golpeaba con hachas o martillos podía romperse, incluso un hábil luchador podía hacer un agujero con sus puños desnudos.

Sin embargo, era inaudito que alguien destrozara la mitad del escenario de un solo golpe.

Según las reglas, si alguna parte del cuerpo tocaba el suelo fuera del escenario, se consideraba derrota por caída.

Aunque cayeran en un agujero en el escenario, eso también se consideraba derrota.

Era un ataque totalmente sorpresivo.

Nadie podría evitar caer en ese agujero que apareció bajo sus pies tan de la nada.

Si yo estuviera en el lugar de Camp y Eón, habría perdido inmediatamente.

Pero ellos fueron diferentes.

Eón, aunque confundida por el agujero repentino, usó su látigo mientras caía.

El látigo se enredó alrededor de Camp y lo lanzó de nuevo al escenario que quedaba, salvándolo de la caída. Justo después, Eón aterrizó en el suelo.

En un instante, ella decidió sacrificarse para salvar a Camp.

Admiré a esa pareja, de verdad dignos de ser los campeones del torneo anterior.

Camp, apenas salvado de caer fuera del escenario gracias a Eón, se plantó firme y nos miró.

—Buen trabajo, pero me la pagarán, me confié por completo. Me vengaré por ti, Eón, —dijo Camp, liberando un aura asesina.

Era una presencia con una intimidación brutal.

Sentí como si todos los poros de mi cuerpo se abrieran por el terror.

Cuando me preparaba para el combate instintivamente, súbitamente esa amenaza desapareció.

¿Por qué dejó de emanarla? ¿Acaso alcanzó un estado de serenidad absoluta?

Pensé eso, pero entonces Camp, rascándose la cabeza confundido, me preguntó:

—Oye, chico, ¿esa chica está bien?

—¿Eh? —Me volteé y vi que Kurumi estaba desmayada, con espuma en la boca—. …Parece que se desmayó por miedo a tu intimidación, —dije sonriendo con amargura.

De verdad, primero nos muestra tal brutalidad rompiendo el escenario de un solo golpe, y luego se desmaya solo por la presión. Qué delicada es esta niña.

—Lo siento. ¿Puedo sacarla del escenario?

—Ah… ¿Debería pedirle a Eón que la atienda?

—No es necesario, no tiene heridas externas. Si la dejamos descansar, se recuperará.

Dicho eso, pedí permiso a Camp y a la árbitra, tomé a Kurumi en brazos, bajé del escenario y la recosté junto a la pared fuera del área de combate.

Realmente, no sabía si esta niña era increíble o un completo desastre.

Después quise volver al escenario para reiniciar el combate… pero el ambiente tenso y hostil de antes había desaparecido.

Camp también tenía un gesto como si toda su agresividad se hubiera disipado.

Aun así, no podíamos simplemente no pelear.

—Kurumi se esforzó tanto… Yo tampoco puedo perder.

—Y yo, porque Eón me está mirando. Además, prefiero un combate entre hombres, —respondió Camp con una sonrisa alegre.

No pude decirle que en realidad yo era una mujer.

Desenvainé mi querida espada Flor de Nieve, forjada por Kurt, y me puse en guardia.

Así comenzó nuestra batalla.

 

—…¿Eh? ¿Dónde estoy? —preguntó Kurumi cuando despertó, una hora después de que el combate contra Camp y su pareja terminara.

—En la enfermería de la sede del torneo.

—¿La enfermería? —repitió, mirando a su alrededor con la vista todavía perdida, sin entender del todo la situación.

Poco a poco, su mirada se fue aclarando, y abrió la boca como si recordara algo.

—…¡Ah! ¡El combate! ¿Qué pasó con el combate?

—No te preocupes, logramos ganar, —le dije.

Kurumi sonrió, pero no era la sonrisa radiante que esperaba; había en ella un matiz triste.

Pensé que se alegraría mucho más.

En cualquier caso, había sido un combate duro.

Más que una táctica de «dejar que te corten la carne para romperles los huesos», fue como «dejar que te corten los huesos para romperles la carne». Pero logramos la victoria.

Recibí una herida que habría sido fatal para cualquier espadachín, pero gracias a la medicina que Kurt me había dado tiempo atrás, me recuperé por completo.

—Es muy fuerte, Señor Yuura. Yo… de verdad no serví para nada, —dijo Kurumi, y entendí que por eso había puesto aquella expresión triste antes.

—¿Qué dices? Derrotar a Eón fue mérito tuyo, —le respondí, dándole un leve golpe con el dedo en la frente.

Kurumi se llevó la mano a la frente con los ojos un poco llorosos.

¿Eh? ¿Fui demasiado fuerte…? Pensé que había contenido bastante mi fuerza.

—¿Estás bien?

—Sí… es que me alegró mucho su consideración, Señor Yuura… y también que me dijera que fui de ayuda en la pelea… ¡Ah! ¡El escenario! ¡Debemos repararlo rápido!

—¿Repararlo? ¿Kurumi, acaso pensabas arreglar ese escenario destruido?

Por muy hábil que fuera, devolver ese escenario a su estado original… bueno, tratándose de Kurumi, no era imposible. Después de todo, si fuera Kurt, él podría hacerlo sin problema.

—¡Claro! Es que, en ese estado, no se podría disputar el próximo combate.

—No te preocupes. El torneo se trasladó a otra arena y sigue en marcha. Las semifinales ya estaban programadas en esa otra sede, así que la están usando. Eso sí, el comité organizador me pidió que, por favor, la próxima vez no destruyas el lugar.

—Ya veo… entonces tendré que pensar en otro método.

Me preguntaba si sería capaz de idear otra estrategia igual de descabellada que la de esta vez. Mejor que me lo cuente con antelación, porque si no, mi corazón no lo soportará.

Ah, cierto, había algo más que debía decirle.

—Ah, y ya tenemos rival para el segundo combate. Será el dúo de Purple y Sirvienta Enmascarada. No vi el desarrollo del combate, pero, según dicen, Purple no participó en la lucha; Sirvienta Enmascarada detuvo todos los ataques con las manos desnudas, contraatacó y derrotó al rival. Su verdadera fuerza es un misterio. Dicen que es la revelación del torneo.

Bueno, supongo que nosotros también somos considerados una revelación.

Las entradas para nuestro enfrentamiento contra Púrpura ya estaban agotadas, y en la reventa habían llegado a costar más de diez veces su precio original.

—El segundo combate empezará en un rato. ¿Aun puedes seguir, Kurumi? Si no, nos retiramos.

—Estoy bien. Solo necesito un pequeño descanso… ah, por cierto, ¿dónde está mi equipaje?

—Está allí.

Ya me había encargado de llevar las pertenencias de Kurumi.

Como era bastante volumen y peso, cargar ese equipaje resultó más trabajoso que transportar a la propia Kurumi.

Ella echó un vistazo fugaz a aquel montón de pertenencias.

—…Eh, la verdad es que con esta ropa me resulta difícil pelear, así que pensaba cambiarme.

—Ah, sí, será mejor. ¿Quieres que te ayude?

—No, es que… —Kurumi bajó la mirada, como si le costara decir algo.

¿Mm? ¿Qué pasa?

—…Si pudiera salir de la habitación, me haría un favor.

—¡Ah! Perdón, perdón.

¿Y yo diciendo «¿Quieres que te ayude»?…? Claro, olvidaba que en este momento iba disfrazada de hombre.

Le pedí disculpas a Kurumi y salí de la enfermería.

Mientras pensaba que había metido la pata, me di cuenta de que había alguien fuera de la habitación.

Me sorprendió no haber notado su presencia hasta verla, pero era comprensible: quien estaba allí era mi hermana Loretta, después de todo.

Al verla, la responsable de que todo este lío se originara, sentí un sudor frío recorrerme la espalda.

—¿La condición de la competidora Kurumi está bien, competidor Yuura? —preguntó Loretta.

—Sí, está bien, —respondí, cuidando que la voz no me temblara y apartando la mirada—. No tiene heridas, solo quedó aturdida por la presión.

—Ya veo. Usted es uno de los favoritos para ganar, así que me alegra que no haya tenido que irse por abandono de su compañera.

Tras decir eso, Loretta se marchó sin más.

Mientras observaba su espalda alejarse, tragué saliva.

¿De verdad había venido hasta aquí por preocupación por Kurumi…?

¿O tal vez ya sospechaba mi verdadera identidad?

Mientras seguía dándole vueltas, la puerta de la enfermería se abrió detrás de mí.

—Señor Yuura, ya terminé de cambiarme… eh, ¿qué ocurre?

—No-no, nada. Por cierto, Kurumi, ¿de verdad te cambiaste?

A simple vista no parecía diferente a antes.

—Sí, me puse pantalones debajo de la falda, —dijo Kurumi, levantando el dobladillo de su falda para mostrarme unos pantalones cortos.

Ante aquella vergonzosa pose, pensé «¿dónde había quedado esa vergüenza de hace un momento?» y solté un suspiro.

 

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