Optimizando al Extremo mi Build de Juegos de Rol de Mesa en Otro Mundo
Vol. 10 Clímax Parte 2
Siegfried no había escuchado el discurso del sirviente de Ferlin; estaba completamente perdido. Naturalmente, Ferlin estaba ahora despotricando a gritos sobre cómo ella no era Ferlin, nunca había sido Ferlin, pero finalmente podría convertirse en Ferlin si tan solo pudiera matar a todos los testigos y regresar junto a sus amos.
No sabía qué estaba pasando, pero obligó a su cuerpo a moverse.
—¡No te muevas! ¡No te resistas, Siegfried!
—¡Deja… esa mierda! ¡¿Quién demonios… se dejaría morir solo porque otra persona se lo ordena?!
El aspirante a héroe obligó a su cuerpo a resistirse a los efectos del ojo de bruja de Ferlin y entró en acción. Ferlin agitó los brazos a su alrededor para impedir que se acercara. A pesar de lo delgados que eran, el estruendo que producían al cortar el aire le indicó a Siegfried que haría mejor en no recibir uno de esos golpes. Utilizó su lanza para mantener a Ferlin a raya, pero mientras continuaba blandiéndola y esquivando con ella, sentía que su cuerpo se volvía cada vez más pesado.
—Tú eras el único… que fue amable conmigo…
—¡Eso no tiene… nada que ver con esto!
El poder de su ojo continuaba intensificándose. Cuanto más tiempo pasaba Siegfried bajo su mirada, más difícil le resultaba resistirse. La destrucción de las ataduras de Ferlin no hacía más que empeorar las cosas. Estas habían bloqueado el maná que ahora recorría su cuerpo. Al igual que la sangre vuelve a las extremidades después de haber estado atadas, su cuerpo estaba despertando y recuperando su potencial original.
Los que habían creado el ojo de bruja de Ferlin quizá hubieran tenido justificaciones superficiales y carentes de alma para su proyecto, pero habían hecho bien su trabajo. Habían experimentado durante años con la cabeza de Justus de A Dyne —mantenida bajo llave en la parte más profunda del Colegio, en un almacén sellado reservado únicamente para los objetos más malditos— y, de alguna manera, la descomposición jamás la había tocado. Los efectos que habían replicado de su ojo eran auténticos.
El problema era que el ojo de Justus era tan único que resultaba casi imposible producir un sujeto de prueba compatible con él. De los veinte conejillos de Indias que habían conseguido, solo seis habían sobrevivido. El equipo de investigación quería crear una clase de arma humana que pudiera configurarse a partir de cualquier don nadie recogido de la calle, y por eso fueron marcados con el sello del fracaso.
De los seis supervivientes, el sujeto de prueba número seis —cuyo nombre en clave era Sechs tia— tenía las capacidades más altas y, por ello, fue enviada junto con sus hermanas al territorio occidental para fomentar problemas con los señores locales. Por una casualidad del destino, terminó cruzando espadas con la Hermandad de la Espada.
—¡Muere, Siegfried! ¡MUERE! ¡Para que… pueda convertirme en Ferlin!
—¡Ngh!
Siegfried debía de haber estado bajo los efectos del ojo durante demasiado tiempo, porque Ferlin atrapó su siguiente estocada. Agarró el arma justo debajo de la punta de la lanza y la detuvo. Con sus uñas ensangrentadas, intentó torcerla para arrebatársela. Siegfried comprendió que perder el arma era mejor que acabar derribado. Arrojó a un lado su querida lanza y desenvainó rápidamente la espada que llevaba a la cintura.
Siegfried afirmaba que solo sabía usar la espada lo bastante bien como para protegerse en un apuro; aun así, hizo frente al ataque de la princesa caída. Ella extendió las manos para estrangularlo, pero su espada, sostenida horizontalmente delante de su cuello, la mantuvo a raya. Gotas de sangre y chispas salpicaron el aire.
—¡Yo… yo soy Ferlin!
—¡Ya lo sé! ¡¿Qué tiene de malo ser la Ferlin que conozco yo ?!
—Eso es…
La presión de Ferlin flaqueó por un instante. Siegfried se dio cuenta de que podía derribarla y puso más fuerza en las piernas, pero la sed de sangre volvió a crecer dentro de Ferlin. La esperanza que había permanecido no era ahora más que las ruinas de todo aquello en lo que una vez había creído.
—¡Soy Ferlin de Ledea Dyne! ¡Muere, muere, muere, Siegfried!
—¡Grh, maldita sea! ¡¿Hablas en serio?!
Ferlin finalmente había llegado a un punto en el que podía hacer que su Ojo del Conquistador emitiera órdenes más concretas. Los brazos del aspirante a héroe temblaron mientras su espada se acercaba a su cuello. Apenas un momento antes, la espada había estado conteniendo las garras ensangrentadas de Ferlin, pero ahora se acercaba cada vez más a la suave carne de su cuello. Un miedo indescriptible asaltó a Siegfried y trató de resistirse, pero no era una cuestión de fuerza. Los nervios de sus brazos se negaban a obedecer las señales de su cerebro. Justo cuando las primeras gotas de sangre aparecieron en el cuello del muchacho…
—Urk… —balbuceó Ferlin.
—Tch, ¿¡esto tampoco es suficiente para matarte!? —dijo una voz familiar.
Una espada atravesó el pecho de Ferlin, deteniéndose justo antes de alcanzar la coraza de Siegfried. Detrás de Ferlin estaba Erich, quien la había apuñalado directamente en el corazón.
Pero resultó que aquello no era suficiente para detenerla . Recurrió a la fuerza a su reserva de maná para reparar su corazón herido. Mientras la espada de Erich permanecía firmemente clavada en su interior, su cuerpo ya se estaba reparando.
—¡Insolente…! ¡Tú también mereces morir! —dijo.
Erich retorcía la espada para intentar agravar la herida tanto como podía, pero no conseguía detener la reparación. Para hacer que su cuerpo fuera compatible con el increíble poder del ojo de Justus, cada centímetro de este había sido mejorado mágicamente.
Ferlin giró la cabeza y miró directamente a Erich. Justo cuando se dio cuenta del problema en el que se encontraba, ya era demasiado tarde. Los poderes de su ojo ya habían atravesado su Barrera Simpática. El cerebro de Erich ya se estaba entumeciendo mientras los ojos de ella enviaban órdenes a través de él. Esto no era como la orden que había dado antes, cuando apenas había liberado sus poderes. El cuerpo de Erich comenzó a perder fuerza poco a poco.
—¡Grah… Hazlo… Siegfried!
—¡Grh… GRAAAH!
El alcance de un ojo de bruja se limitaba a aquello que podía percibir. Su influencia se perdía en cuanto se apartaba la mirada. Conociendo los límites del campo de visión humano, Erich había elegido atacar por la espalda. Su plan había sido matarla de un solo golpe, pero se dio cuenta de que, si su cuerpo había evolucionado hasta tal punto que semejantes métodos no bastaban, tendría que dejar el golpe final en manos de su camarada.
—Rgh…
Siegfried adoptó una postura de media espada y retrocedió para poder atravesar el cuello de Ferlin, seccionando primero una arteria vital y después su columna vertebral, negándole así la posibilidad de regenerarse. Sus habilidades con la espada se habían vuelto prácticamente instintivas, y su hoja dio en el blanco. Había conseguido herir a Ferlin con tal gravedad que no sería capaz de recuperar al mismo tiempo aquella herida y su corazón.
Ferlin comenzó a toser y su cuerpo se desplomó al suelo. Cayó hacia Siegfried, quien no pudo evitar atraparla. Para él era evidente que ya estaba a medio camino de la muerte.
—¿Por qué…? ¿Por qué tuvo que pasar esto?
—Si… Si puedo morir así, entonces… puedo morir… siendo todavía Ferlin… Esto fue… lo mejor…
Mientras Ferlin exhalaba un último agradecimiento, Siegfried no pudo responder nada. Lo único que pudo hacer fue aullar mientras la confusión se apoderaba de él.
[Consejos] El Ojo del Conquistador es un catalizador natural que permite a su portador dar órdenes a aquellos que se encuentran dentro de su línea de visión. Este catalizador utiliza una serie de psicohechicerías increíblemente poderosas. Sin embargo, sus efectos se detienen en los límites de la visión del usuario.
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