La Historia del Héroe Orco
Capítulo 116. Reunión
—Y así fue como llegamos hasta aquí.
La explicación corrió a cargo de Ludo.
Esto se debía a que Asmonadia, quien debería haber sido la encargada de explicar la situación, se había quedado completamente abatida.
En ese momento, estaba sentada a lo lejos, abrazándose las rodillas y echando miradas furtivas hacia Bash y los demás.
Los démones eran una raza que parecía encarnar la excelencia en todos los aspectos y, precisamente por eso, también tenían un orgullo desmedido.
Sin embargo, en realidad, tendían a ser bastante mentalmente frágiles.
—Ya veo. Pero ¿por qué un dragón? Eso es imposible. No con tan poca gente.
—Asmonadia dijo que, si no lograba al menos derrotar a un dragón, no la aceptarían en el País Orco.
Todas las miradas se dirigieron hacia Asmonadia.
Al sentirlas sobre ella, Asmonadia se encogió de golpe.
—¿Qué se supone que significa eso? ¡Oye, tú, la démona de allí! ¡Ven aquí y explícanoslo, por favor!
Ante las palabras de Zell, Asmonadia puso por un instante una expresión que parecía decir: «¿Y esta quién demonios es?». Sin embargo, quizá porque seguía abatida, no dijo nada y se acercó obedientemente a Bash.
—Yo… Bueno, antes de reunirme con Bash…
—¡Espera un momento! ¡Antes de eso, Asmonadia, ¿por qué rayos estás aquí?! ¡Se suponía que te habías quedado en la fortaleza con Sequence, cuidando de todo! —le preguntó Carrot.
Asmonadia.
Era la hija menor de Sequence, el «General Oscuro», una figura especialmente famosa incluso entre los altos démones.
En el campo de batalla blandía una gigantesca hacha de guerra y cargaba contra sus enemigos acompañada de relámpagos negros. Por eso se había ganado el sobrenombre de «Rayo Oscuro».
—Yo… Bueno, organicé una unidad y avancé para exterminar al dragón que se había instalado en la Nación Démona, pero sufrimos una derrota aplastante. Estaba al borde de la muerte cuando Bash me rescató.
—Vaya, una historia de lo más habitual.
—Bash dijo que quería tomarme como esposa a cambio de la recompensa por derrotar al dragón, así que me convertí en su esposa… Sin embargo, Bash se mostró modesto, diciendo que «el dragón había escapado», y se marchó de viaje sin más. Por eso salí de la Nación Démona para alcanzarlo.
Todas las miradas se volvieron hacia Bash.
—…Espera… ¿De verdad dije eso?
Sin embargo, Bash no hacía más que inclinar la cabeza, preguntándose si realmente había dicho algo así.
Al fin y al cabo, ¿acaso se habría echado atrás teniendo la oportunidad de conseguir a una mujer tan hermosa?
Se encontraba en plena virginidad, había viajado hasta los confines del norte y, aun así, seguía sin conseguir una mujer.
Si Bash hubiera estado en lugar de ese Bash, se habría lanzado encantado a perder la virginidad con la mujer que tenía delante.
Thunder Sonia, por su parte, seguramente todavía seguiría siendo virgen.
—Ahora que me he convertido en tu esposa, debo ponerme a trabajar. En estos momentos, Lord Gediguz ha comenzado a invadir los distintos países, pero los orcos ya se encontraban al borde de la extinción desde antes. Por eso decidí dirigirme cuanto antes al país de los orcos y tomar el control de esas criaturas. Mi intención era encargarme de las negociaciones políticas con otros países en lugar de esos orcos de pocas luces.
—¿Sin pedirle permiso a Bash…?
—Bash también es un orco. No se le darán bien los juegos de intrigas y las maniobras políticas. Dicho esto, Bash es un hombre extraordinario… y algún día se convertirá en el rey de los orcos. En ese caso, las pequeñas tareas cotidianas acabarán recayendo, de todos modos, en mí, su sabia esposa. ¿No sería mejor empezar a actuar desde ahora y establecer las bases para que los orcos puedan sobrevivir incluso si ganan la guerra, en lugar de esperar hasta que la situación se vuelva imposible de controlar?
Thunder Sonia miró a Bash con expresión preocupada.
¿Acaso, en primer lugar, Bash tenía realmente intención de convertirse en el rey orco?
Bash tenía una expresión que dejaba claro que no terminaba de comprender la situación.
Probablemente no tenía intención de convertirse en rey orco. Al menos, por ahora.
—Es una forma de pensar muy propia de los démones… Entonces, ¿por qué un dragón?
—Parece que, para ser una elfa, también parece que tienes pocas luces.
—Puede ser. Pero si fuera así, ya estaría muerta desde hace mucho.
—¡Ja…! ¡Qué exagerada modestia! En fin, da igual. Piénsalo un momento. Por mucho que nosotras afirmemos ser las esposas del futuro rey orco, Bash, ¿crees que los orcos nos creerían? ¿Crees que, estando Bash ausente y teniendo delante a una mujer tan hermosa como yo, serían capaces de contenerse y no atacarme?
—No lo creo.
Quizá, si se tratara de algún orco vagabundo y solitario, bastaría con mencionar el nombre de Bash para hacerlo callar de inmediato.
Sin embargo, cuando los orcos se juntaban, se volvían mucho más atrevidos.
Puede que al principio vacilaran, pero enseguida se recuperarían y acabarían atacando a las mujeres.
Era imposible que pudieran contenerse ante una mujer hermosa.
Y si encima oían a alguien pregonar que Bash iba a convertirse en el rey orco, algunos se enfurecerían, considerando semejante afirmación una insolencia.
Al menos, si el propio Bash lo hubiera dicho, quizá habría sido distinto.
—Si luchara uno contra uno, no tendría ningún problema en aplastar a cualquier orco de poca monta. Sin embargo, si me viera rodeada por más de cien orcos, podría acabar en desventaja. No tengo ninguna intención de entregar mi cuerpo a otros orcos estúpidos que no sean Bash. Y, además, tengo a mi querida hermanita a mi cargo. No podía presentarme allí sin ningún plan. ¿No te parece?
—Mmm. Tienes razón.
—Necesitaba conseguir resultados. Resultados tan extraordinarios que incluso los orcos se sintieran agradecidos y me temieran.
—Ya veo. Por eso elegiste al dragón.
—Así es. Los orcos habían estado sufriendo ataques de dragones en numerosas ocasiones.
—Es cierto. Si llevas la cabeza de un dragón y mencionas el nombre de Bash, no creo que se atrevan a atacarte de buenas a primeras.
—Exactamente. Aunque, por mi parte, también quería vengarme del dragón… —Al decir eso, Asmonadia volvió a golpearse las piernas, que habían empezado a temblarle otra vez—. ¡Estas piernas no me obedecen…! Cuando me encuentro frente a ese dragón, el miedo me paraliza y no puedo moverme. ¡Yo, un alto demon, termino acobardándome…! —Las lágrimas comenzaron a brotar a raudales de los ojos de Asmonadia—. ¡Las cosas no deberían haber acabado así! ¡Se suponía que derrotaría al dragón con toda dignidad y que, cuando volviera a encontrarme con Bash, ya habría tomado el control de los orcos y lo habría dejado todo preparado para que pudiera sentarse en el trono sin que nadie se atreviera a oponerse! ¡Con lo que ha pasado, es natural que Bash me abandone…! ¡Debería haber muerto abrasada por aquel dragón en aquel entonces…!
Thunder Sonia observaba a Asmonadia, tan inestable emocionalmente, con cierta compasión.
La Gran Archimaga Elfa era esa clase de mujer que sentía el impulso de consolar a alguien cuando lo veía abatido.
—Oye, Bash. Ya has oído lo que dice. Perdónala, ¿quieres? Aunque no tengo ni idea de qué es lo que te ha enfadado…
—…… —Bash recorrió a Asmonadia con la mirada, de arriba abajo, como si quisiera examinarla detenidamente.
Era una mujer hermosa.
No sabía por qué afirmaba ser su esposa, pero al menos conocía el nombre de Asmonadia.
—Pero nunca la había visto.
—¿No lo dices solo para gastarle una broma?
—No. Conozco su nombre, pero me dijeron que había muerto.
—Eso pensaba.
Bash miró a Zell, y esta se adelantó de inmediato, metiéndose en la conversación.
—¡Así es! ¡Yo también lo oí claramente! ¡Me dijeron que todas las hijas, excepto Poplática, habían muerto!
—¿Y tú quién demonios eres? ¿Qué va a saber un simple humano de origen desconocido como tú?
—¡Es cierto que ahora soy humana gracias a «Nut», pero originalmente era el hada Zell y estaba allí cuando ocurrió!
—¡Zell! ¿¡Has dicho «Nut»…!? …¿Qué es eso?
—Ah, verás, para explicártelo… —Thunder Sonia le explicó a Asmonadia en detalle cómo funcionaba Nut.
Asmonadia se mostró muy impresionada al descubrir que existía una magia semejante, pero, cuando oyó que se trataba de un hechizo capaz de transformar dragones en humanos, pareció comprenderlo todo.
Del mismo modo que los elfos tenían una magia parecida, seguramente los démones también contarían con algo similar.
—Entiendo. Si tú eres el hada de aquel entonces… deberías reconocer esto. —Asmonadia estiró el cuello hacia delante y dejó al descubierto la zona cercana a su hombro.
Allí había unas letras.
Eran pequeñas marcas, como si alguien las hubiera grabado con la punta de un dedo, pero destacaban con claridad por su color rojizo.
«¡Zell estuvo aquí!»
Frizcop: Qué bastarda xD.
Al ver aquellas palabras, Zell se estremeció.
—¡E-es cierto! ¡Esa es mi firma…!
—Veo que lo recuerdas.
—Entonces… ¿esos restos achicharrados que rescatamos de la nieve en aquel momento…?
—Así es. Mientras Bash me llevaba a la espalda, tú, que estabas aburrida, me grabaste eso. Incluso después de que mis heridas sanaran, decidí dejarlo tal cual, sin borrarlo… ¡Porque tú también eres uno de mis salvadores!
—¡No puede ser! ¡Aquellos restos achicharrados de entonces han crecido tanto…!
—Kukukú. No es que haya crecido, pero te estoy agradecida, ¡Zell, la «Grafitera»!
Zell y Asmonadia se estrecharon la mano con fuerza.
—En fin, ya hemos confirmado su identidad. Jefe, esta démona es la que rescatamos en aquella ocasión. En aquel entonces no podíamos reconocerla, pero, ahora que se recuperó lo suficiente, descubrimos que era hija de Sequence. Supongo que entonces decidió cumplir la promesa que tú le habías hecho, ¿no?
—Ya veo.
Bash no terminaba de comprender del todo lo que estaba pasando, pero, al enterarse de que podría quedarse con aquella hermosa mujer demon, era imposible que no se alegrara.
Sin embargo, él también había aprendido muchas cosas a lo largo de aquellos últimos años.
—Pero ya te tengo a ti, a Thunder Sonia y a Carrot como esposas.
—¡A mí no me importa cuántas se sumen! Un hombre como tú podría tener unas cien esposas y aun así no serían suficientes. Además, Luka ya estaba comprometida contigo antes que nosotras —dijo Zell.
Bash miró a las mujeres que lo rodeaban.
Luka, Thunder Sonia, Carrot y Primera.
Ludo había quedado completamente al margen de la conversación.
—No creo que Carrot tampoco tenga inconvenientes, pero parece que hay una persona a la que no le hace demasiada gracia que sigan aumentando… ¿no?
De forma natural, todas las miradas se dirigieron hacia Thunder Sonia.
—¿Qué pasa? ¿Puedo decidirlo yo? —Thunder Sonia les devolvió la mirada con el ceño fruncido.
Era una mujer temible.
—Si puedo decidirlo yo, lo haré. Pero, como mínimo, creo que podemos considerar a Asmonadia una esposa de Bash. Aunque no haya conseguido lo que se proponía, de cara al futuro, cuantos más compañeros tengamos con buena cabeza, mejor. Quiero contar con todos los aliados posibles. Más bien, ¿no eres tú la que estaría en contra?
—Hmf. Si de verdad me opusiera, ¿crees que habría traído a estas dos hasta aquí? Tanto Luka como Primera deseaban convertirse en esposas de Bash junto conmigo. Por eso me acompañaron.
Luka asintió ligeramente.
Primera también tenía el rostro enrojecido, pero, como si hubiera tomado una decisión, se adelantó y se presentó ante Bash.
—Yo-yo también pienso forjar tu espada, ¿sabes?
—Ah, sí. Ese era nuestro trato.
—Sí-sí. Por cierto, ¿qué pasó con tu espada? ¿Dónde está la espada démona indestructible?
—La rompió Gediguz. He venido a buscarte para que me forjes una nueva espada.
Al oír a Bash, Primera cerró los puños y se los llevó al pecho, embargada por la emoción.
—Yo-yo también he mejorado mis habilidades de herrería desde la última vez. No puedo afirmar que sea la mejor herrera del mundo, pero últimamente he empezado a pensar que quizá ya sea capaz de forjar una espada que te satisfaga. Que, al menos, debería intentarlo.
—¡Ooh!
—Por eso… bueno… Si consigo forjar una espada que te deje satisfecho, ¡¿me permitirías… dedicar el resto de mi vida a fabricar tus armas?!
—¡……!
Bash se quedó inmóvil durante unos segundos. Después, se volvió hacia Thunder Sonia para preguntarle qué significaba aquello.
Thunder Sonia comprendió enseguida la situación y le dio la respuesta al instante.
Como cabía esperar de la sabia consejera tatara-tatarabuela.
—Dedicar toda una vida a forjar armas para alguien es la forma de pedir matrimonio de los enanos. —«¿Verdad?» preguntó Thunder Sonia con la mirada a Primera para asegurarse.
Si se equivocaba, aquello sería un desastre.
Por suerte, Primera asintió repetidamente en silencio.
—¿Eso significa que tú también quieres tener hijos conmigo?
—Bu-bueno… ¡sí! Eso es lo que quiero decir…
Primera, encogida por la vergüenza, confirmó su intención.
¡Vaya situación!
Si hubiera aceptado aquella propuesta cuando estaban en la cuevas de Do Banga, no habría tenido que convertirse en un guerrero mágico…
Pero Bash no era de los que pensaban así.
Los orcos vivían en el presente.
Solo desenterraban el pasado cuando querían presumir de sus hazañas.
Olvidaban los recuerdos que no les convenían y transmitían a las generaciones futuras únicamente aquellos que los dejaban bien parados.
—¡Disculpe…! —La muchacha que estaba justo detrás de Primera también alzó la voz—. ¡Yo también! ¡Aunque todavía no estoy preparada, creo que dentro de un poco más de tiempo podré cumplir lo que prometimos aquella vez!
Luka miraba a Bash con expresión sincera y esperanzada.
Habían pasado unos dos años desde que se conocieron, ¿verdad?
Siendo sinceros, todavía se podía decir que era joven.
Había orcos a los que les gustaban las muchachas de esa edad, pero Bash prefería a las mujeres un poco más desarrolladas.
—¡Bien…!
Sin pensarlo demasiado, Bash puso una mano sobre la cabeza de Luka y la acarició.
Luka hinchó las mejillas, sintiéndose tratada como una niña, pero no le apartó la mano.
Por el momento, aceptó resignadamente que la trataran de aquella manera.
—De todos modos…
Primera volvió a mirar a Thunder Sonia y a los demás.
—Cuando Asmonadia me lo contó, creía que ya me había hecho a la idea, pero… de verdad has traído a un montón de mujeres contigo.
Bash no respondió a las palabras de Primera.
Él mismo pensaba lo mismo.
En circunstancias normales, los orcos no tenían permitido tomar varias esposas.
No sabría qué ocurriría hasta que regresara al país de los orcos.
Tampoco estaba claro qué consecuencias tendría el hecho de ser un guerrero mágico.
Thunder Sonia le había asegurado que encontrarían alguna solución, pero ni siquiera Bash podía quitarse de la cabeza la sensación de que esta vez quizá no habría manera de arreglarlo.
—Pero bueno, supongo que adaptarse a la cultura de la otra parte también forma parte de lo divertido de un matrimonio interespecie, ¿no? Yo también he estudiado un poco desde aquella vez. Me da vergüenza admitirlo, pero estoy preparada… Ya sabes, ¿verdad? Me desnudarán, me pondrán cadenas y me pasearán por toda la ciudad para exhibirme ante todo el mundo, ¿no?
Primera se abrazó a sí misma, como si quisiera ocultar sus grandes pechos, y bajó la cabeza, avergonzada.
Bash resopló con fuerza al verla hacer aquel gesto, pero el carraspeo de Thunder Sonia lo hizo volver en sí.
—No, ya lo hablé con Thunder Sonia, y no hace falta que hagas eso…
—No te contengas. La posición de un orco depende de la clase de mujer que consiga, ¿verdad? Yo también quiero convertirme en alguien de quien puedas presumir. —Primera se rascó la mejilla, sonrojada y avergonzada.
Su encanto era tan intenso como el que Bash había percibido la primera vez que la conoció.
Siendo sincero, le entraban ganas de tumbarla allí mismo. Era el instinto de un orco.
Sin embargo, Bash ya se había acostado con tres mujeres hasta aquel momento.
Había aprendido a distinguir cuándo era el momento oportuno para hacerlo y cuándo no.
Ahora no era un mal momento, pero tampoco era del todo adecuado.
Entonces, al pasear la mirada por los alrededores, vio a un muchacho que parecía sentirse fuera de lugar.
—¡Maestro!
Era Ludo.
El único muchacho que no formaba parte del harén de Bash se inclinó respetuosamente ante él.
Bash se sintió incómodo ante aquella cortesía que no recordaba haberle enseñado, pero aun así asintió.
—¿Ludo, eh? Hacía tiempo que no te veía.
—¡Sí! Lamento que ni siquiera hayamos tenido ocasión de saludarnos como es debido tras nuestro reencuentro. Parece que hay muchos rostros desconocidos, así que ¿qué les parece si dedicamos un tiempo a presentarnos unos a otros?
Ante aquella propuesta, todos asintieron en silencio.
★ ★ ★
Thunder Sonia, la «Gran Archimaga Elfa».
Carrot, «de la Voz Sibilante».
Asmonadia, «Rayo Negro».
Primera, «Hija de Do Banga».
Ludo y Luka, «Hijos de Lula Lula».
Zell, «quien una vez fue amada por el viento».
Y, por último, Bash, el «Héroe Orco».
Después de que los ocho se presentaran por turnos…
—Así que descubrimos que necesitábamos la hechicería para hacer pedazos a Gediguz. Y también necesitábamos un arma para Bash. Por muy poderoso que sea, ni siquiera él puede luchar contra una multitud de enemigos formidables usando únicamente los puños.
Thunder Sonia les contó todo lo sucedido hasta entonces.
Por cierto, todos conocían a Thunder Sonia, así que en realidad no había mucha necesidad de que se presentara.
Era una celebridad.
—¡Pero entonces! ¡Los ogros se pusieron del lado de Gediguz y los enanos también nos traicionaron! ¡Y ahora, ¿qué haremos, nuestra querida Thunder Sonia?! ¡No te rindas, Thunder Sonia! ¡Adelante, Héroe Orco nuestro!
Zell era quien intervenía para animarla.
De vez en cuando, animaba a Bash diciéndole: «¡¿Verdad que sí, jefe?!», y cada vez que Bash respondía «Así es», el ambiente se animaba aún más.
—En medio de todo eso, descubrimos que uno de los conocidos de Bash era un hechicero. Y esa eras tú, Luka.
—Sí —Luka asintió.
—Y me enteré de que Asmonadia te había llevado al Foso de Do Banga…
—Nosotros recordamos que habíamos quedado con una conocida enana para que nos forjara una espada…
—¡Y cuando llegamos al Foso de Do Banga, nos enteramos de que habían partido a cazar un dragón, así que nos apresuramos a venir hasta aquí para alcanzarlos!
Cuando Thunder Sonia resumió la situación de aquella manera, los otros cuatro parecieron quedar satisfechos con la explicación.
Les contaron todo lo ocurrido durante el viaje.
En particular, cuando se enteraron de que Bash en realidad era virgen, los cuatro se quedaron igualmente sorprendidos, aunque en sus rostros también se reflejaba cierto alivio.
Por muy noble que fuera Bash como héroe, les resultaba difícil aceptar por completo el hecho de que hubiera violado mujeres en el campo de batalla.
Aunque sabían que los orcos eran así, que aquella era la cultura orca, eso no borraba las acciones del pasado.
Sin embargo, al descubrir que no había sido así, volvieron a confirmar que el orco que tenían delante era un verdadero héroe.
Bash parecía avergonzado, pero para las otras razas, que fuera virgen no podía considerarse algo negativo. Al fin y al cabo, demostraba que, cuando se les había insinuado, él todavía era un ser inocente.
Ahora ya había sido mancillado por Thunder Sonia, la elfa de infame reputación. Pero quizá, si en el momento en que él se había acercado a ella hubiera aceptado su propuesta de matrimonio, habría podido convertirse en su única pareja.
Sin embargo, las circunstancias actuales no lo permitían.
Tal como había pretendido Asmonadia y tal como Thunder Sonia había previsto, necesitaban unirse y enfrentarse al enemigo, todos bajo el estandarte de Bash.
—En fin, ahora somos un grupo bastante numeroso, pero llevémonos bien, ¿de acuerdo? Para empezar…
—¡Un momento!
Interrumpiendo a Thunder Sonia, una mujer se puso de pie.
Era la alto demon emocionalmente inestable que, hasta hacía apenas un momento, había estado sumida en lo más profundo de la depresión.
Asmonadia.
—Antes de continuar con la conversación, hay algo que deberíamos decidir, ¿no crees?
—¿De qué se trata?
—Es decir… ¿por qué eres tú quien lleva las riendas?
—¿Por qué…? Bueno, aunque me lo preguntes así, soy yo quien ha estado llevando a Bash de un lado a otro porque quiero ayudar a los elfos. Así que lo lógico es que sea yo quien dirija el grupo, ¿no?
—Tienes toda la razón. Sin embargo, si nuestro objetivo es derrotar a Lord Gediguz, ¿no sería mejor designar a otra persona como comandante y que tú misma actuaras como una soldado más?
—Bueno, a mí también me vendría mejor que fuera así… ¿Qué estás tratando de decir?
Asmonadia.
Autoproclamada futura esposa principal del rey orco.
Aquella alta demon, fuerte e inteligente, creía firmemente que ella y solo ella era quien reunía las cualidades necesarias para ocupar ese puesto.
Aunque, por supuesto, Bash no tenía intención de convertirse en rey orco y, hasta hacía apenas un momento, ni siquiera sabía que Asmonadia existía.
—Bueno, verás… Si va a tener varias esposas, me parece que debería haber una jerarquía.
—¿Así que de eso se trata? ¿Justo cuando empezaba a parecer que te habías recuperado, de repente empiezas a decir cosas propias de un demon?
—«Gran Archimaga Elfa», Thunder Sonia. He oído hablar mucho de tu renombre. Sin duda, eres la candidata más adecuada para dirigir a las esposas de Bash. Lo reconozco: por ahora, me llevas ventaja. Pero tengo derecho a desafiarte, ¿no? Si pensamos en el futuro, yo soy quien merece ser la jefa de las esposas de Bash.
—¿Qué demonios es eso de «jefa de las esposas»? Es la primera vez que oigo semejante expresión…
Asmonadia se apretó contra Thunder Sonia, empujándola con sus enormes pechos, como si quisiera apartarla de su camino.
Thunder Sonia, que carecía de aquella arma, se quedó desconcertada ante semejante presión. Sin embargo, pensó que daba igual quién dirigiera el grupo y se dispuso a ceder su lugar.
Al fin y al cabo, era una mujer capaz de ponerse a apoyar a otra si alguien más tomaba la iniciativa.
Sin embargo, hubo alguien que no estaba dispuesta a permitirlo.
La mujer que apartó a Thunder Sonia, presionándola con un arma aún más grande que la de Asmonadia, era alguien que le debía muchísimo.
—¿Túuu, de todas las presentes?
Una ferviente devota de Thunder Sonia.
Se trataba de Carrot.
—¿¡Y dices que alguien que ni siquiera fue capaz de hacer lo que debía y se quedó llorando con las rodillas abrazadas es digna de ser la jefa de las esposas?!
Ante aquella burla hecha con el tono más de mocosa, los ojos de Asmonadia se movieron bruscamente hacia Carrot.
—Pero si es nada menos que Carrot, «de la Voz Sibilante». ¿Acaso una desvergonzada que traicionó a Lord Gediguz tiene alguna queja que hacerme?
—Quien apoyó a Sir Bash cuando estaba abatido, me ayudó a levantarme, encontró la manera de derrotar a Lord Gediguz, hizo todo lo posible por convencer a los demás y arriesgó su propia vida para salvar a Sir Bash y traerlo hasta aquí fue Thunder Sonia. La persona más adecuada para dirigirnos no es una cobarde como tú.
—¡¿Qué has dicho?! ¡Súcubo de pacotilla, que no sirves para nada más que chuparles la polla a los hombres!
—¿Y tú qué tienes de especial por ser un alto demon? Sir Bash ni siquiera sabía que existías, ¿y ahora pretendes estar por encima de los demás? Ah, claro, si acabas de conocerlo hace un momento, eso significa que todavía no has recibido su amor, ¿verdad? ¿Y eso que hasta yo, una simple súcubo, he disfrutado de su amor en numerosas ocasiones?
La voz empalagosa, tan propia de una súcubo, resultaba irritante para los nervios.
Asmonadia torció la boca, se arrodilló sobre una pierna, agarró la alabarda que tenía a su lado y la levantó.
Carrot también se enfrentó a Asmonadia con las manos desnudas y una mirada amenazadora.
—¡Oye, basta ya! ¡No estamos para pelearnos! Carrot, agradezco que estés de mi lado, pero a mí me da igual. Que se encargue de dirigirnos quien quiera hacerlo. ¡Bash, tú también di algo para hacerlas entrar en razón!
Thunder Sonia se volvió hacia los demás en busca de ayuda.
Pero lo que encontró fueron personas a las que les daba igual quién estuviera al mando.
—Jefe, ¿qué te parece si hacemos una apuesta? ¡Yo apuesto esta piedra tan extrañamente cuadrada que acabo de recoger a que gana Carrot!
—Bien. Yo también iré a buscar algo para apostar…
—¡¿Eso no es un lingote?! —exclamó Primera—. ¡Nunca había visto un metal como este…! ¡Lo quiero!
—¡Pues apuesta algo! ¡Si no asumes riesgos, no puedes obtener beneficios! ¡O te quedas sin nada o te juegas la vida!
—Entonces yo apuesto el martillo que compré el otro día a que gana Asmonadia. Su arma es increíble. Por ahora, es mi mejor obra maestra.
—En ese caso, yo…
—¡LES ESTOY DICIENDO QUE LAS DETENGAN!
Ante el grito de Thunder Sonia, el lugar quedó en completo silencio por un instante.
Tanto Asmonadia como Carrot se quedaron inmóviles y miraron a Thunder Sonia con los ojos muy abiertos.
—…Digo, bueno, con que lo hayan entendido basta. En fin, Asmonadia es una demon. No creo que esté dispuesta a someterse a nadie. Mientras respete nuestro plan de derrotar a Gediguz y salvar a los elfos… Oye, tampoco hace falta que se queden tan callados. No estoy enfadada ni nada por el estilo.
Cuando Thunder Sonia empezó a hablar con aire animado, todos permanecieron inmóviles, con expresiones tensas.
Tenían los ojos muy abiertos y no se atrevían a mover ni un músculo, pero sus cuerpos temblaban ligeramente.
Además, intentaban transmitirle algo a Thunder Sonia con la mirada.
No movían el cuerpo, pero sus ojos hablaban por sí solos.
—Ah, wah, ah…
Asmonadia, en particular, tenía lágrimas cayéndole a raudales por las mejillas. Se había dejado caer de trasero y le temblaban las rodillas.
El terror que reflejaba era tal que parecía estar a punto de morir asesinada en cualquier momento.
Era tan exagerado que Thunder Sonia casi se preguntó si de verdad podían tenerle tanto miedo a ella.
—……
Incluso el mismísimo Bash estaba sudando frío y había levantado ligeramente las caderas, como si quisiera salir corriendo.
No será porque les he gritado… ¿verdad?, pensó Thunder Sonia mientras se volvía para mirar a su espalda.
Sus ojos se encontraron con los de un dragón.
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