Sasaki y Pii-chan
Vol. 10 Contraataque y Represalias Parte 2
Cuando Yingling recuperó el conocimiento, no recordaba nada de lo ocurrido mientras llevaba puesto el colgante. Al parecer, su cuerpo y su mente habían estado poseídos desde el momento en que se lo puso en los grandes almacenes hasta el instante en que se lo quité.
—Aiyah —suspiró Yingling—. No tenía ni idea de que hubiera ocurrido todo eso.
—Me alegra que esté a salvo, madame —le dije.
—Si no hubieras intervenido, Kenta, la Gota de Hada podría haber seguido poseyéndome durante el resto de mi vida. Solo pensarlo me estremece. Muchísimas gracias.
—Bueno, no estuve solo. Esta chica me ayudó —dije, señalando a Rosa Mágica.
—Tampoco hice gran cosa —protestó ella—. Simplemente aparecí por casualidad.
—También te estoy agradecida a ti, Sayoko. ¡Gracias por salvarme del peligro!
La sucesión de acontecimientos que nos había llevado hasta allí era bastante sencilla. Según Yingling, había detectado la Gota de Hada cuando un ladrón se puso el colgante maldito. Inmediatamente fue a recuperarlo y, después de hacerlo, se lo puso alrededor del cuello por curiosidad. Lo siguiente que supo fue que yo se lo estaba quitando.
Por eso estaba tan sorprendida. Debía de haber sido como sufrir un accidente y perder la memoria.
—Ese colgante sí que es peligroso —continuó Yingling—. Este no es lugar para disparar un Rayo Mágico. Me gustaría saber por qué quería controlarme. ¿Puedes contarme algo sobre cómo me comportaba, Kenta?
—Tampoco hemos podido averiguar qué pretendía el colgante.
—Mmm. Vaya dilema este.
Le conté una versión ligeramente modificada de lo que había ocurrido en el comedor de la suite. Dije que había notado algo extraño en el comportamiento de Yingling y que la había presionado al respecto, pero ella me había respondido con un contraataque doloroso. Luego, al percibir una Gota de Hada, Rosa Mágica había llegado y resuelto la situación pacíficamente.
Por desgracia, tuve que dejar fuera a Pii-chan, el verdadero héroe. Aunque me sentía culpable por ello, había tenido que enviarlo de vuelta al exterior. Quería limitar todo lo posible la información que compartía sobre él y el otro mundo, y él opinaba lo mismo. Todo era por el bien de nuestro idílico y relajado futuro.
—Sin embargo, hubo algo que me llamó la atención —comencé—. Mientras estabas poseída, parecías tener muchas ganas de volver a casa cuanto antes. Dijiste que estabas deseando ver a tu padre, ya que hacía mucho tiempo que no lo veías. Le pediste a Suiran que organizara un vuelo en avión privado para llevarte de regreso.
—¿Yo? ¿Mi padre? Bueno, qué extraño —respondió Yingling.
—¿Por qué?
—Mi padre y yo no nos llevamos precisamente bien.
—Ya veo.
—Soy hija de su amante, así que siempre me ha resultado difícil estar en casa.
—Entonces, la idea del internado era…
—Sí, creo que querían sacarme de casa. Todos mis hermanos estudiaron en prestigiosos colegios nacionales, mientras que yo me fui al extranjero. ¡Pero eso significa que puedo hacer lo que quiera! ¡Si me lo preguntas, es un trato bastante ventajoso!
—Ya veo.
—En cualquier caso, mi padre no solo es alguien importante en el bajo mundo. También ocupa un cargo público de gran relevancia. Siempre hay mucha gente intentando ganarse su favor, así que tener a alguien como yo cerca no haría más que causarle problemas. Además, creo que mantener las distancias ayudará a dejar claras mis intenciones.
El comportamiento de Yingling se había mantenido prácticamente igual mientras estaba poseída, y no había notado ninguna laguna en sus conocimientos. Parecía probable que la Gota de Hada hubiera estado accediendo a sus recuerdos. Pero ¿estaba persiguiendo algún objetivo o simplemente actuaba al azar?
El escarabajo rinoceronte había provocado que sus víctimas perdieran el control de sus emociones; su efecto había sido muy fácil de observar. Sin embargo, quienes llevaban puesto el colgante eran capaces de realizar acciones complejas e inteligentes, lo que dificultaba adivinar qué les estaba haciendo exactamente.
Además, los motivos de ambas Gotas de Hada seguían sin estar claros, y dudaba que darle vueltas al asunto nos llevara a algún descubrimiento. En su lugar, dirigimos nuestra atención a la otra testigo.
—¿Puedo suponer que Nakano conoce su secreto, madame?
Suiran había recuperado el conocimiento hacía apenas unos instantes y ahora estaba de pie junto a la mesa. Parecía desconfiar de Rosa Mágica y de mí. Supuse que la razón principal era el enorme agujero que ahora adornaba la pared del comedor. Un viento frío seguía entrando por la abertura.
Había dejado que Suiran siguiera durmiendo para mantener en secreto la identidad de su empleadora, pero, cuando Yingling vio el desastre del comedor, despertó personalmente a Suiran. Al parecer, Suiran conocía bien la otra identidad de Yingling. Parecía que ambas habían estado fingiendo ignorancia.
—Sí, Kenta me salvó —respondió Yingling—. Y ya conocía a Sayoko. No puedo silenciarlo.
—Bu-bueno —tartamudeó Suiran—, supongo que es verdad, pero…
El comentario despreocupado de Yingling me aterrorizó. Me alegraba muchísimo tenerla en deuda conmigo. Todo aquel esfuerzo por adularla había dado sus frutos.
—Todo lo que ha ocurrido hoy debe quedar entre nosotros —insistió Yingling—. ¿De acuerdo, Suiran?
—Por supuesto, madame.
—Tú también, Kenta. Nadie excepto Suiran sabe que soy una chica mágica, así que me gustaría que tú también guardaras el secreto. ¿Me lo prometes?
—Por supuesto —respondí—. Soy muy consciente de la gravedad de tu situación.
—¿De verdad? ¡Muchísimas gracias!
—Pero tengo que preguntártelo. ¿Siempre es tan difícil recuperar las Gotas de Hada? Porque, si me permites expresar mi opinión, parece una carga bastante pesada para alguien tan joven.
—Depende de la situación —respondió con una sonrisa madura y pesarosa.
El hecho de que no negara rotundamente mi afirmación dejaba claro que el trabajo era complicado.
Por desgracia, estaba a punto de pedirle ayuda con una tarea aún más importante. Me sentía un poco culpable, pero no podía mantener a Yingling y a Suiran en la ignorancia.
—En realidad, hay otra cosa de la que necesito hablar contigo —dije.
—¿Ah, sí?
—Sí. Algo aún más problemático que las Gotas de Hada.
—Vaya, ¿en serio? Eso suena un poco intimidante. —Yingling no logró ocultar del todo su desconcierto.
Procedí a explicarle que había un arma biológica escondida en algún lugar de la ciudad. Por supuesto, no mencioné ni una palabra sobre la forma de vida mecánica, los numerosos problemas relacionados con Tipo Doce ni la contraofensiva que nuestros aliados habían lanzado contra la organización terrorista responsable del arma.
En cuanto a la fuente de mi información, mentí y dije que me había enterado de todo gracias a otro prisionero al que había conocido mientras estaba encerrado. Preocupado por mi seguridad, aquel viejo amigo se había puesto en contacto conmigo y me había dicho que saliera de la ciudad lo antes posible.
—¿Estás mintiéndole a Madame Yingling? —espetó Suiran.
—Te aseguro que no. Por favor, confía en mí.
—Pero eso es sencillamente absurdo. ¿Cómo esperas que te creamos?
Su pregunta era razonable. A mí mismo me costaba creerlo, pero las formas de vida mecánica no mentían. El simple hecho de que Tipo Doce estuviera colaborando con nosotros demostraba que todo era cierto.
Mientras hablaba con Suiran, el teléfono de Yingling comenzó a vibrar en su bolsillo. Sin embargo, solo vibró un instante, así que supuse que se trataba de un mensaje de texto. Cuando lo sacó y miró la pantalla, abrió los ojos de par en par.
—Suiran, Kenta no está mintiendo —dijo.
—¿Madame?
—Acabo de recibir la misma información.
—¡Ugh…! —Esta vez, fue el turno de Suiran de quedarse conmocionada.
Últimamente no dejamos de llevarnos una sorpresa tras otra.
—Un amigo me está diciendo que salga de Nueva York lo más rápido posible —continuó Yingling—. No me ha explicado por qué, pero, teniendo en cuenta el momento en que ha llegado el mensaje, tengo que suponer que Kenta está diciendo la verdad.
—¿Cómo puede estar pasando esto…? —murmuró Suiran, incapaz de encontrar las palabras.
Parecía que las había convencido. Sin embargo, sentía curiosidad por saber quién le había transmitido la noticia a Yingling.
—¿El mensaje venía de tu familia? —pregunté.
—No, me lo ha enviado un amigo secreto.
—Ya veo.
Parecía que Yingling tenía contactos aún más peligrosos de lo que yo imaginaba. No era de extrañar que no tuviera miedo de acercarse a un tipo con un tatuaje en la cara. ¿Quién sabía qué habría visto a lo largo de su corta vida? Decidí no indagar más. No quería acabar involucrado en conflictos innecesarios.
—Me gusta mucho esta ciudad —dijo—. Y me gusta vivir aquí. También tengo familiares que hacen negocios aquí. Esto sería un desastre para ellos. Lo que quiero decir es que me gustaría ayudarte, Kenta.
—¿Estás segura? —pregunté.
Las chicas mágicas tenían una movilidad extraordinaria. Contar con su ayuda para buscar el arma sería una gran ventaja.
—Por supuesto. Pero, para que lo sepas, mi amigo no me ha dicho dónde está escondida.
—Me lo imaginaba.
—¡Pero puedo ayudarte a buscarla!
—Gracias. Te lo agradecería muchísimo.
Estaba encantado de contar con la ayuda de alguien que conocía bien la zona. Cuando había echado un vistazo al chat grupal antes y había visto la enorme cantidad de ubicaciones, todas escritas en inglés, me había sentido bastante abrumado. Estaba seguro de que Yingling podría realizar una búsqueda mucho más eficiente que yo.
Además, el hecho de que se hubiera ofrecido a ayudar probablemente significaba que no estaba comprometida con la organización terrorista en cuestión. De lo contrario, habría sugerido que nos retiráramos todos. Esto quedaba aún más claro por el hecho de que no le habían dado ningún detalle sobre la ubicación del arma.
—Yo también te ayudaré, hombre de mediana edad mágico —dijo Rosa Mágica.
—¿Estás segura?
—Tú y Yingling están en problemas. Así que los ayudaré.
—¡Siempre eres tan amable, Sayoko! —exclamó Yingling.
Agradecía contar con ayuda adicional, pero no estaba seguro de cuánto podría hacer ella.
—Aprecio el ofrecimiento, pero ¿conoces bien la ciudad?
—Vengo aquí muy a menudo. Estaré bien.
—¿En serio? Ah-ah, ya veo.
Así que viene aquí muy a menudo, ¿eh? Esta chica sí que sabe moverse por el mundo.
—Aquí tiran mucha comida en buen estado. Por eso vengo.
Nunca había conocido a una recolectora de comida desechada con una mentalidad tan internacional. Parecía mucho más acostumbrada a estar en el extranjero que alguien como yo. Quizá incluso había recorrido otras ciudades ricas, como Londres, París o Shanghái.
Me quedé un poco sorprendido. Perdona por haberte menospreciado. Quizá yo sea el que no tiene nada que aportar.
—……
Miré el enorme agujero de la pared. Una paloma estaba posada en el alféizar, observándonos. Se había detenido justo antes de entrar en el edificio. Sus grandes ojos redondos se encontraron con los míos. Los ojos de un pájaro no eran como los de un humano; resultaba difícil saber hacia dónde miraban, pero tuve la impresión de que estaba concentrado en mí.
A modo de prueba, le hice un leve gesto afirmativo con la cabeza. Él respondió de la misma manera. Parecía que tenía la aprobación de Pii-chan.
—Tenemos poco tiempo, así que propongo que nos separemos —dije—. Tengo aquí una lista de posibles ubicaciones. Se la enviaré a ambas por mensaje de texto. Así, cada uno podrá encargarse de una parte.
—¡De acuerdo! —respondió Yingling.
—Te llamaré si lo encuentro —dijo Rosa Mágica.
—Gracias a las dos —dije antes de reenviarles la lista de Tipo Doce.
Suiran intervino de inmediato.
—Madame, también contará con mi ayuda.
—¡Esperaba que dijeras eso, Suiran!
Y así, con la ayuda de las chicas mágicas, comencé mi búsqueda del arma. Según la Srta. Futarishizuka, teníamos hasta las nueve de la mañana del día siguiente antes de que se nos acabara el tiempo.
*
(Punto de Vista de la Vecina)
Habían pasado doce horas desde que nos enteramos de la activación del arma biológica. Eran poco más de las nueve de la noche, hora local, y todavía no la habíamos encontrado.
Los miembros de nuestra familia falsa han regresado a Manhattan desde Florida. Gracias al servicio de chofer de Chica Robot, podemos permitirnos seguir buscando hasta justo antes de que se libere el arma, así que hemos vuelto para ayudar. Votamos y decidimos que era demasiado peligroso actuar por separado, por lo que todos nos mantendremos juntos.
Después de pasar medio día corriendo y volando por toda la ciudad, hemos regresado a nuestro hotel para descansar un poco. Ahora mismo, estamos reunidos en la sala de estar.
—Parece que ya hemos buscado por todas partes —murmura Maquillaje—. ¿Dónde demonios está esa cosa?
—Ya hemos cubierto alrededor del ochenta por ciento de la lista de la hija menor —dice Futarishizuka.
Las dos están sentadas en el sofá. Al principio, Maquillaje estaba bastante nerviosa por todos los muebles lujosos de nuestra suite, pero incluso ella se ha acostumbrado a ellos durante los últimos días. Yo ahora estoy sentada en el sofá de enfrente, observándolas por encima de la mesa baja.
—Aproximadamente la mitad de esos lugares ya los han revisado mi vecino y su grupo —les recuerdo a los demás.
—Me gustaría que todos evacuaran con suficiente antelación —dice Abadón, subiendo y bajando a mi lado como siempre.
—¿Te da miedo contraer el virus, Abadón?
—¡Para nada! ¡Los demonios no se resfrían!
—Entonces deja de preocuparte y ayúdanos.
Con la ayuda de Abadón, pude volar por el aire sin que nadie me viera. Eso me permitió buscar por todas partes, desde las azoteas de los rascacielos hasta los callejones infestados de ratas. Incluso revisé la cima de la Estatua de la Libertad. Pero todavía no había encontrado lo que buscábamos.
—Se me ha ocurrido algo —dice Príncipe Ardiente—. ¿Sabemos si nuestro objetivo permanece en un lugar fijo? ¿Y si alguien lo lleva consigo o utiliza un vehículo para mantenerlo en movimiento?
—Creo que ha dado en el clavo, Su Altecidad —dice Futarishizuka—. Pero la policía ha estado realizando inspecciones por toda la ciudad. Si hubieran encontrado algo, la hija menor habría interceptado sus comunicaciones.
—Abuela, tu razonamiento es correcto. La policía todavía no ha encontrado ninguna pista.
—Ah, ya veo —dice Príncipe Ardiente—. Lamento haberlos distraído.
—No te preocupes por eso —responde Futarishizuka—. De hecho, sigue aportando sugerencias. No hace falta que te contengas.
Ahora que lo pienso, vi a muchísimos policías y coches patrulla mientras me desplazaba por el exterior. Dudo que a los agentes de a pie les hayan informado sobre el arma biológica; probablemente los movilizaron con algún otro pretexto.
—Esas pequeñas cápsulas también están haciendo mucho trabajo, ¿verdad? —dice Maquillaje.
—Madre, tu razonamiento es correcto. He enviado mil doscientas ocho pequeñas cápsulas a la zona para investigar. Sin embargo, todavía no han encontrado ningún arma que coincida con el objetivo. Tengo previsto desplegar más a medida que continúe la búsqueda.
—¡Vaya! Te estás esforzando mucho, ¿eh? ¡Has enviado muchas más de las que imaginaba!
—Madre me ha felicitado. Esto llena de alegría el corazón de la hija menor. Por cierto, como efecto secundario de mi búsqueda, he obtenido varios datos útiles para provocar a la humanidad, como irregularidades cometidas por funcionarios del gobierno y delitos en los que están involucradas celebridades. Si lo desean, puedo compartir esta información en el chat grupal de nuestra familia.
Frizcop: Tipo Doce encontró los archivos de Epstein.
—Nunca había visto a una niña con una educación emocional peor —murmura Futarishizuka.
—Si es posible, preferiría que te guardaras esa información —dice Maquillaje—. Creo que prefiero no saberlo.
—Entendido —responde la Chica Robot.
—¡Oh, oh! Si quieres, podrías pasarme esa información en privado —dice Futarishizuka—. Ya sabes, más adelante.
—La hija menor acatará la decisión de Madre.
Además de sus pequeñas cápsulas, es probable que Chica Robot haya secuestrado el control de diversas cámaras de vigilancia y otros dispositivos. Apuesto a que tiene ojos en casi toda la ciudad. Y, aun así, incluso ella está teniendo dificultades para encontrar el arma. Eso me parece un poco extraño.
—Futarishizuka, yo también tengo una pregunta —dice Rubia.
—¿Y cuál es, querida?
—Si no encontramos el arma a tiempo, ¿qué les sucederá a los habitantes de esta ciudad?
—Ah. Bueno, al principio, nada. Pero al cabo de unos días, más o menos, se producirá una pandemia. Los hospitales alcanzarán su capacidad máxima en muy poco tiempo, y quienes no consigan recibir tratamiento empezarán a morir.
—Oh. Vaya, eso suena terrible…
—Y, por lo que hemos oído, el arma es contagiosa.
Incluso en una situación como esta, probablemente los ricos estarán a salvo. Quizá personas como ellos ya se hayan puesto en contacto con la administración de los hospitales y hayan empezado a reservar camas. No me sorprendería que esos centros reservaran espacio especialmente para las clases privilegiadas.
—Si se me permite llevar a cabo una investigación más destructiva, quizá sea posible localizar el objetivo de inmediato. Sin embargo, antes de comenzar, solicitaría que reuniéramos a Padre y a la mascota y evacuáramos a todos los miembros de la familia a una terminal.
—De acuerdo. ¿Y qué pasaría con los civiles que quedaran atrás? —pregunta Futarishizuka.
—Todo ser humano que se encuentre dentro del alcance de la investigación sería aniquilado.
—¡Por favor, no hagas eso! —exclama Maquillaje.
Me imagino que está proponiendo algo parecido a una radiografía, solo que mucho peor. Puede que el arma en sí sea menos destructiva.
Frizcop: Una quimioterapia, diría yo.
Mientras tanto, Soldado llega a nuestra suite acompañado de la chica mágica azul.
—Disculpen que entre sin avisar —dice—. Esperaba que pudiéramos poner en común los avances que hemos logrado cada uno durante las últimas horas.
—Vaya. Te pido disculpas por haberte hecho venir hasta aquí —dice Futarishizuka—, pero me temo que no hemos encontrado nada.
—Ya veo.
—¿Y ustedes?
—Por nuestro lado, tampoco pinta bien.
Soldado nos cuenta que han desplegado a muchísimas personas, incluidos él y su superior, en las bases cercanas. Supongo que un montón de soldados se han quitado los uniformes de camuflaje y ahora recorren Nueva York vestidos de civil. En cualquier caso, parece que no han obtenido ningún resultado.
—¿Estamos seguros de que realmente está en la ciudad? —pregunta Futarishizuka.
—No hemos recibido ninguna información que indique lo contrario. Sin embargo, también estamos trabajando con la policía de otras grandes ciudades. Les hemos pedido que busquen objetos sospechosos, pero ninguno ha encontrado nada.
—Mmm. Ya veo.
—Un momento, ¿no es usted quien está al mando? —pregunta Maquillaje—. ¿De verdad debería estar aquí ahora mismo? ¿Y si nos equivocamos con el momento y el arma se activa antes de tiempo? Sería terrible. Nosotros todavía podríamos escapar, pero usted…
—Si huimos de aquí, Señorita Hoshizaki, ¿quién salvará entonces esta ciudad? —pregunta Soldado.
—Muy valiente por su parte —dice Futarishizuka—, pero apuesto a que ustedes están vacunados.
—Eso no importa. Nuestra determinación es sincera.
Sí, definitivamente están vacunados.
Supongo que esa es la única razón por la que aceptaron desplegar tropas. Al fin y al cabo, los oficiales al mando deben asumir la responsabilidad de lo que les suceda a sus subordinados. Pero me pregunto qué pasa con los policías rasos. No son soldados. Probablemente, vacunar de emergencia a todos ellos habría suscitado demasiadas preguntas.
—Qué astutos son, protegiéndose solo a ustedes mismos —murmura Futarishizuka.
—En su caso, estoy seguro de que la forma de vida mecánica podría fabricar un antídoto fácilmente —señala Soldado—. No creí que fuera necesario, pero, si lo desean, podemos proporcionarles lo que tenemos. De inmediato, si hace falta.
—Mason, tu razonamiento es correcto. Las formas de vida mecánicas son capaces de resolver la mayoría de las enfermedades causadas por bacterias, virus y anomalías genéticas, incluso aquellas con las que los humanos tienen dificultades para lidiar. Ya he comenzado a fabricar remedios y vacunas para enfermedades conocidas en mi base lunar.
—¿Ha dicho «base lunar»? —pregunta Soldado—. Señorita Tipo Doce, ¿le importaría contarme un poco más al respecto?
Futarishizuka entrecierra los ojos y mira a Chica Robot.
—De verdad que tienes una habilidad especial para soltar información clave en medio de conversaciones casuales…
—La base lunar de la forma de vida mecánica cuenta con una avanzada función de ocultamiento. Los humanos apenas son capaces de enviar sondas no tripuladas hasta allí. La probabilidad de que la descubran es infinitesimalmente pequeña. Por lo tanto, no tiene ningún sentido que comparta con la humanidad la situación en la superficie lunar.
—Veo que sigue siendo tan severa como siempre.
La respuesta cortante de la hija menor le arranca a Soldado una sonrisa irónica.
Me pregunto qué cara pondría si descubriera que no se trata solo de la Luna, sino que ella ya ha hecho lo mismo en otros planetas del sistema solar, como Júpiter. En realidad, la forma de vida mecánica ya monopolizaba los recursos de nuestro sistema solar.
De repente, Príncipe Ardiente toma la palabra.
—Pareces tener mucho sueño, Elsa. ¿Te encuentras mal?
—¿Eh? ¡Ah, eh, no, señor! ¡Estoy perfectamente bien, Su Alteza!
—Supongo que sí que hemos estado caminando todo el día. Si estás cansada, ¿por qué no descansas en una habitación aparte? Yo nos representaré a ambos aquí. Después puedo compartir contigo la información que obtengamos.
—¡No, señor, jamás podría hacer eso! ¡Por favor, permítame estar presente también!
Futarishizuka se vuelve para mirarlos.
—Esto es un descanso, ¿saben?
Príncipe Ardiente tiene razón: llevamos caminando desde la mañana. Yo también estoy agotada.
—¿Qué tal si lo dejamos por hoy? —propone Maquillaje—. Podemos levantarnos temprano y continuar con la búsqueda.
—Personalmente, me parece bien —coincide Futarishizuka.
Nadie se opone.
—Las pequeñas cápsulas de la forma de vida mecánica seguirán activas incluso mientras duermen. También están vigilando constantemente la composición de la atmósfera y sus partículas en suspensión. Si se produce algún cambio en la situación, se pondrán en contacto con nosotros de inmediato. Por lo tanto, descansen.
—En ese caso —dice Soldado—, si necesitamos ponernos en contacto con ustedes, por el momento lo haremos a través de la Señorita Tipo Doce.
¿Cómo se supone que voy a dormir en una situación como esta?, me pregunto mientras me dirijo a mi habitación.
Me acuesto y, en cuestión de minutos, estoy durmiendo como un tronco.
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