Sasaki y Pii-chan
Vol. 10 Contraataque y Represalias Parte 1
Después de escapar del alboroto en los grandes almacenes, regresamos a la costosa habitación de hotel de Yingling. Para entonces, ya había recibido la información de contacto de Rosa Mágica por parte de la Srta. Futarishizuka. Parecía que se habían producido avances por parte del Capitán Mason, y ahora ya no necesitaba encontrar a Hei Mao. Con eso, mi trabajo estaba prácticamente terminado.
Por desgracia, también había recibido una noticia bastante escalofriante: había un arma biológica, programada para activarse muy pronto, en algún lugar de Manhattan.
Me pregunté si debería contárselo a Yingling. Sin embargo, no podía explicar por qué lo sabía. Eso expondría mi conexión con el Capitán Mason y mi falsa identidad como Kenta Nakano. Yingling y Suiran también se darían cuenta de que había estado mintiendo sobre el motivo por el que me había acercado a ellas.
Aun así, si Yingling hubiera sido una chica normal de una familia normal, quizá se lo habría contado de todos modos. Por desgracia, no solo era la hija del líder de una corporación mundialmente famosa, sino también una de las únicas siete chicas mágicas que existían. No quería arriesgarme a deteriorar nuestra relación. Si llegaba a guardarme rencor, ¿quién sabía qué podría hacer?
Así que, en lugar de eso, decidí mantener mi pasado en secreto y buscar una oportunidad para sacar a Yingling de Nueva York. No creía que fuera demasiado difícil; ya estaba planeando regresar con su familia. Dicho esto, el límite de veinticuatro horas sí que complicaba las cosas.
Sin saber nada de mis preocupaciones, Yingling estaba de excelente humor.
—¿Qué te parece este abrigo, Suiran?
—Le queda muy bien, madame.
—Creo que estos zapatos crearían un contraste muy animado.
—Entonces, ¿por qué no los combina con estos calcetines?
—¡Me los probaré ahora mismo!
Estaba ocupada revisando todos los artículos nuevos que había comprado junto con Suiran. La primera tanda debía de haber sido entregada mientras todavía estábamos de compras. Ahora tenían varias prendas de vestir extendidas delante de ellas.
No tenía nada que hacer, así que decidí disculparme y marcharme por el momento.
—Madame, Suiran, disculpen la interrupción —dije—. ¿Podría salir un momento?
—¿Te está aburriendo mi pequeño desfile de moda? —preguntó Yingling.
—Estás siendo bastante grosero con tu empleadora, Nakano —me advirtió Suiran.
—Oh, no, no quería decir eso en absoluto —les aseguré—. Parece que mi audífono está teniendo problemas. Es posible que toda el agua de anoche lo haya dañado. Me gustaría regresar a mi hotel para buscar uno de repuesto. No tardaré mucho. ¿Está bien?
—¡En ese caso, adelante! —dijo Yingling.
—Gracias, madame.
—Suiran, podemos almorzar cuando Nakano regrese.
—Entendido, madame.
Después de obtener el permiso de Yingling, salí del costoso hotel y llamé a un taxi para regresar a mi alojamiento en el centro de la ciudad.
Lo del audífono era mentira. El dispositivo de traducción de la forma de vida mecánica estaba en perfecto estado, incluso después de haber quedado sumergido. Mi verdadero objetivo era la paloma que estaba posada en el alféizar de la ventana del hotel. Necesitaba tener una reunión estratégica con él acerca de la información que había obtenido de la Srta. Futarishizuka.
—…Y esa es toda la historia. Parece que esta ciudad está en serios problemas.
—¿Un arma biológica? Nunca pensé que llegaría a presenciar algo así en la vida real.
—¿Eh? ¿Sabes qué son, Pii-chan?
—Me informé sobre ellas en internet. El término se refiere a un arma que emplea una amenaza invisible, como bacterias o un virus, ¿verdad? Muchas están diseñadas para ser muy contagiosas. Un artículo las describía como incluso más peligrosas que las armas basadas en el calor o el impacto.
Mientras hablaba, el distinguido gorrión dio unos golpecitos con el ala sobre el portátil que estaba sobre el escritorio. El sonido de sus plumas golpeando la carcasa era tan adorable que deseé que nunca dejara de hacerlo.
—Yo también solo sé un poco gracias a internet y los libros. Pero creo que tienes razón, Pii-chan.
—En ese caso, quizá no haya necesidad de preocuparse, al menos en lo que respecta a ti y a quienes están cerca de ti. No veo ninguna razón para salir corriendo con el rabo entre las piernas solo porque algunas bacterias o un virus hayan sido liberados en la ciudad.
—¿A qué te refieres?
—Si las enfermedades de mi mundo son causadas por mecanismos similares a los de tu mundo —bacterias, virus y demás—, entonces mi magia curativa será capaz de curarlas por completo. Y creo que hay muchas posibilidades de que ese sea el caso.
—¿Conoces cuáles son las cuatro enfermedades más importantes?
—Por supuesto, y recuerdo haber curado algunas similares en mi mundo. La nobleza herziana tradicionalmente se ha preocupado mucho más por la pureza del linaje que la nobleza de otras naciones, y los repetidos matrimonios entre parientes han provocado una incidencia mucho mayor de este tipo de enfermedades entre la clase alta.
—Dices todo eso como si no fuera nada. Sin embargo, resulta extremadamente convincente viniendo de ti.
Una vez más, recordé que la magia del Sabio de las Estrellas estaba completamente fuera de este mundo. En ese mismo momento decidí cancelar la póliza de seguro de vida que había contratado en mi trabajo; cuanto antes, mejor.
—Dicho esto, curar una ciudad entera llevaría bastante tiempo. Y sin duda llamaría la atención. No es una opción realista si queremos mantener nuestra posición actual. Por lo tanto, creo que lo mejor sería detener el arma antes de que se active.
—Yo estaba pensando lo mismo, Pii-chan.
—El problema, entonces, es la ubicación del arma.
—Por lo visto, el Capitán Mason todavía no ha conseguido averiguarla.
—Si el culpable no quiere soltar la lengua, podría usar mi magia para obligarlo a confesar.
—Nuestros aliados capturaron al líder y lo han estado interrogando, pero parece que ni siquiera él sabe exactamente dónde está. Al parecer, muy pocas personas fueron informadas. Intentaban evitar cualquier filtración por si ocurría algo como esto.
—Entonces tendremos que apresurarnos para encontrarla.
Parecía que localizar un objeto desconocido sin ninguna pista era un desafío demasiado grande incluso para la magia del Sabio de las Estrellas. No obstante, en lugar de darse por vencido, afrontó la tarea con su habitual optimismo. Vaya, sí que es una mascota confiable.
—Si el arma contiene un patógeno, imagino que la instalaron en algún lugar que facilite su propagación —sugerí—. Como en los pisos superiores de un edificio alto o en lo alto de una torre de radio. Apuesto a que eso aumentaría su eficacia.
—¿Acaso los demás no están examinando también esas posibilidades?
—Sí. Quizá si le pregunto a Tipo Doce, pueda darnos una lista de lugares que cumplan esas condiciones.
—Sería una forma ideal de repartirnos el trabajo.
—Sé que siempre estoy dependiendo de ti, Pii-chan, pero ¿me ayudarás con esto?
—¿Tienes que preguntarlo? Por supuesto. Puedes contar conmigo.
—¡Ay, Pii-chan!
Siempre sentía un alivio increíble cada vez que el Sabio de las Estrellas me decía que podía encargarse de algo. La confianza absoluta del Conde Müller en él tenía cada vez más sentido. Si este patrón continuaba repitiéndose, me preocupaba que terminara dependiendo por completo del gorrión, tanto en cuerpo como en alma. Para evitarlo, tendría que asegurarme de hacer mi parte y algo más.
—Bueno, tú siempre vienes en mi ayuda en el otro mundo, ¿recuerdas? Debemos ayudarnos mutuamente cuando podamos.
—Me hace muy feliz oírte decir eso.
Por favor, Pii-chan. Tienes que bajar un poco esa actitud de tipo genial. Me estoy ahogando en tu amabilidad.
—Ah, ¿te importaría si hago una llamada rápida? —pregunté.
—Si pretendes ponerte en contacto con los demás, podría llevarte hasta ellos personalmente —ofreció Pii-chan.
—Gracias, pero voy a llamar a otra persona.
—¿Oh?
Saqué mi teléfono personal y marqué el número que me había dado la Srta. Futarishizuka. Dudé un momento, con el dedo suspendido sobre el botón de llamada. Pero no podía empezar a preocuparme ahora. Además, no había nada de malo en intentarlo. Al final, pulsé el botón.
Después de cinco tonos, alguien respondió.
—¿Hola? ¿Quién es?
Una voz tranquila y curiosa me llegó a través del teléfono. Reconocí su timbre: definitivamente era Rosa Mágica.
—Perdona por llamarte tan de repente. Soy Sasaki.
—…¿Sasaki?
Cuando hablé con la Srta. Futarishizuka, me explicó que el contrato telefónico original de Rosa Mágica había expirado algún tiempo después de la muerte de su familia. La Srta. Futarishizuka le había regalado a la chica su teléfono actual.
—Conseguí tu número de la Srta. Futarishizuka. ¿Tienes un momento?
—…Espera. ¿Eres el hombre de mediana edad mágico?
—Sí, así es. Soy el hombre de mediana edad mágico.
Últimamente, estaba oyendo esa expresión cada vez más a menudo. Me pregunté si podríamos cambiarla simplemente por hombre mágico. Probablemente no, ¿eh?
—¿Qué necesitas?
—Quería preguntarte algo. ¿Estás libre en este momento?
—Sí, está bien.
Conseguí la oportunidad de hablar con ella mucho más fácilmente de lo que había imaginado. Fui directamente al tema que me ocupaba: mis sospechas de que Yingling era una chica mágica. Hablar con otra chica mágica parecía la forma más sencilla de confirmarlas.
—Quería preguntarte sobre una de las otras chicas mágicas. La roja, concretamente; la que ayudó a luchar contra el Kraken. ¿Podría ser que su nombre fuera Yingling? Creo que también es china.
—Sí. El verdadero nombre de Roja es Yingling.
Genial, pensé. Ahora tengo la prueba. Yingling definitivamente es Roja Mágica. Y supongo que las chicas mágicas se llaman entre ellas por sus colores, ¿eh?
—Pero ¿cómo puedes saber eso?
—Tuve la oportunidad de conocerla. Aunque parece que está ocultando su identidad. Así que pensé en preguntártelo para confirmarlo. Lo siento por haberme andado con rodeos.
—No, está bien. No me molesta.
—Gracias. Te prometo que no se lo diré a nadie.
—¿Le pasó algo?
—Estamos trabajando juntos en este momento.
—…Oh.
Ahora que conocía las circunstancias de Yingling, entendía por qué siempre estaba tan tranquila. No era de extrañar que las amenazas de las bandas nunca la asustaran. Si realmente lo necesitaba, simplemente podía transformarse en una chica mágica para ocuparse de ellas.
Después de todo, se decía que las chicas mágicas eran equivalentes a un psíquico de rango A o a varios de rango B. Para ellas, encargarse de matones callejeros y pandilleros era como quitarle un caramelo a un niño. Aun así, parecía haberse puesto un poco nerviosa con nuestro descenso desde aquel rascacielos.
—Perdona por molestarte. Sé que debes de estar ocupada. Eso era todo lo que quería decirte.
—¿Estás seguro?
—Sí, lo estoy.
—…Ah. Está bien.
Sonaba un poco triste, lo que despertó mi curiosidad. Pero no tenía sentido alargar nuestra conversación. Tomé nota mentalmente de pedirle a la Srta. Futarishizuka que llamara a Rosa Mágica una vez que el caos se hubiera calmado. Estaba seguro de que estaría encantada de fortalecer su relación con la chica.
—Perdona de nuevo por terminar la llamada tan de repente. Pero, si me discul…
—Hombre de mediana edad mágico, ¿dónde estás ahora mismo?
Justo cuando estaba a punto de colgar, me hizo una pregunta.
—¿Yo?
—Sí. Dijiste que estabas con Roja.
No tenía ninguna razón para ocultar la verdad, así que respondí con sinceridad.
—Actualmente estamos en Manhattan. ¿Por qué?
—¿Donde ocurrió ese incendio que salió en las noticias?
—Sí, nos estamos alojando en un hotel cercano»
—Está bien. Gracias por decírmelo.
Entonces colgó. Me sorprendió un poco que supiera dónde estaba Manhattan. ¿Acaso ese tipo de cosas eran de conocimiento general entre los estudiantes japoneses de primaria? Personalmente, no me habría sorprendido que una niña de su edad ni siquiera pudiera señalar Nueva York o Washington D. C. en un mapa.
—¿Has terminado? —preguntó Pii-chan.
—Sí. Gracias por esperar.
—Le envié una solicitud a la hija menor para que nos diera una lista de posibles ubicaciones del arma. Ella tuvo la misma idea que nosotros y ya nos ha enviado varios candidatos probables a través de la aplicación de mensajería. Échales un vistazo.
El distinguido gorrión había estado ocupado con el portátil mientras yo hablaba por teléfono. En la pantalla podía ver el chat grupal de nuestra familia ficticia.
Hice lo que me indicó y revisé la aplicación en mi teléfono, donde encontré una lista de nombres y direcciones de instalaciones cercanas.
—La hija menor me informa que está utilizando sus «pequeñas cápsulas», o como quiera llamarlas, para investigar. Acordamos que tú y yo nos concentraríamos en los lugares a los que sus cápsulas no pueden entrar. ¿Te parece bien ese acuerdo?
—Sí, Pii-chan. Gracias. Me parece un buen plan.
—¿Y qué hay de la chica mágica roja?
—Bueno, también me gustaría contar con su ayuda, pero…
—Entonces vayamos primero a visitarla.
—¿Estás seguro?
—Sí. Debemos darnos prisa.
Pii-chan asintió solemnemente y luego volvió a transformarse en una paloma. Era adorable como gorrión, pero también resultaba bastante encantador como paloma doméstica. Para empezar, era más grande, lo que hacía que me entraran ganas de abrazarlo.
Una vez estuvimos listos, salimos de nuestro hotel y nos apresuramos para encontrarnos con Yingling y Suiran.
*
De vuelta en el costoso hotel, parecía que Yingling y Suiran se habían creído mi excusa de ir a buscar un audífono de repuesto. Cuando llegué, me invitaron a almorzar con ellas. Pedimos servicio a la habitación y procedimos a comer en el comedor de su suite.
Desde el otro lado de la ventana, Pii-chan me lanzó una mirada de reproche. Me sentí increíblemente culpable y decidí darle el festín de su vida una vez que todo esto terminara.
Mientras estábamos sentados a la mesa del comedor, el personal del hotel fue colocando un plato tras otro delante de nosotros. Estábamos comiendo comida china, toda auténtica. Los platos fueron servidos por tandas, empezando por los aperitivos, luego la sopa y finalmente el plato principal.
Cuando estábamos a punto de terminar el plato principal, reuní valor y le hice la pregunta a Yingling.
—¿Te importaría que te preguntara algo, madame?
—En absoluto. ¿Qué sucede?
—¿Por casualidad conoces a alguna chica mágica?
—¿Eh? ¿Como las de los animes y esas cosas?
—No, me refiero a chicas específicas que realmente existan.
—Chicas mágicas. Hmm… No, nunca he oído hablar de ninguna real.
Estaba fingiendo ignorancia con mucha obstinación. Evidentemente, su identidad era un secreto. Decidí adoptar un enfoque más indirecto.
—Ah. Supongo que es diferente en su país. En Japón tenemos una chica mágica que está muy enfrentada a los psíquicos. He descubierto que muchas personas que conocen a los psíquicos también conocen a las chicas mágicas.
—Suena como algo sacado de un mundo de fantasía. ¿Quieres decir que existen de verdad?
—Sí. He oído que hay siete en el mundo.
—¿Sabías algo de esto, Suiran?
—No, nunca había oído hablar de algo así.
¿Suiran no estaba al tanto? ¿O simplemente ella y Yingling estaban conspirando para mantenerlo todo en secreto? No estaba seguro, pero ambas parecían actrices muy capaces. Tuve la impresión de que Yingling no quería que indagara, así que quizá sería mejor no insistir en ese momento.
Decidí retomar el tema más adelante, abandoné esa línea de preguntas y cambié de tema.
—Por cierto, ¿no tienes calor con eso puesto? —pregunté, mirando la ropa de Yingling.
—¿Esto?
Yingling se acarició el chal que llevaba alrededor del cuello. Era suave y esponjoso. Estaba seguro de que tenía una textura maravillosa. Suiran debía de haberlo conseguido la noche anterior junto con el resto del atuendo que Yingling llevaba en ese momento. Había estado usando lo mismo desde que salimos hacia los grandes almacenes aquella mañana. Pero para estar sentada en un hotel con temperatura controlada, me parecía excesivo.
—Sí —respondí—. No te lo has quitado en ningún momento.
—Es que me da frío con facilidad, —explicó.
—¿Ah, sí? Ya veo.
—Sí. Todavía tengo un poco de frío, así que me gustaría mantenerlo puesto un poco más.
—Ah.
—En ese caso, podría conseguirle un suéter de cuello alto, madame —ofreció Suiran.
—¡Qué considerada! Me encantaría.
A pesar de lo que afirmaba Yingling, creí ver un poco de sudor en su piel. No le corría por la frente ni nada parecido, pero parecía irradiar calor. Su cabello también se veía un poco brillante en las zonas que tocaban su piel.
—¿No tienes frío con ese traje, Nakano? —me preguntó Yingling.
—No, madame. Estoy a una temperatura perfecta.
Ahora que lo pensaba, Yingling llevaba un tiempo llamándome Nakano en lugar de Kenta. ¿Había hecho algo que la hubiera ofendido? No se me ocurría nada, y eso me preocupaba.
—Madame, ¿Nakano ha sido grosero con usted mientras yo no estaba mirando? —preguntó Suiran, fulminándome con la mirada como si fuera algún tipo de delincuente sexual. Me hizo sentir muy incómodo.
—¿Eh? No. ¿Por qué preguntas eso?
Yingling era muy lista. Si estaba fingiendo estar bien por fuera, dudaba que expresara su enfado cambiando infantilmente la forma en que se refería a mí. Además, si estaba harta de mí, podía despedirme fácilmente.
Tenía que haber otra razón. Pero antes de que pudiera pensar en alguna, Yingling habló.
—Nakano, si trabajar aquí es demasiado difícil para ti, puedes marcharte. Te prometo que también recibirás una excelente indemnización por despido. ¡Considéralo algo que esperar con ilusión! Puedes tomarlo como agradecimiento por haberme salvado. Tendrás dinero de sobra para gastar durante mucho tiempo.
—¿Qué?
Después de tratarme como un valioso activo durante todo este tiempo, de repente me estaba mostrando la puerta. Me quedé atónito ante aquel cambio tan brusco. ¿Acaso no acababa de ordenarme que regresara con ella a la casa de su familia?
—¿Madame? ¿Está segura de que él no ha hecho nada? —preguntó Suiran. Su mirada se intensificó. Definitivamente pensaba que yo era culpable.
—También tengo una petición para ti, Suiran —continuó Yingling—. Tenías razón: me gustaría que fletaras un avión privado de regreso a casa lo antes posible. Si parece que podría tardar un tiempo, podemos limitarnos a utilizar nuestros pasaportes normales.
—No me importa, madame, pero ¿está segura? —preguntó Suiran.
—Me gustaría mucho ver a Padre. Ha pasado mucho tiempo.
—…Por supuesto, madame.
Su actitud y su tono eran los de siempre. Sin embargo, percibí una enorme discrepancia entre sus palabras y sus pensamientos. Era casi como si se hubiera convertido en otra persona. Suiran parecía sentir lo mismo; miró a la chica con suspicacia.
En cuanto la duda se apoderó de mi mente, recordé cierto objeto de la exposición de los grandes almacenes: el colgante maldito. Según su descripción, todo el que lo poseía comenzaba a comportarse como otra persona, y ahora nadie lo quería. Yo había supuesto que no era más que un argumento de venta.
Pero ¿y si era verdad? Francamente, sonaba absurdo, pero ya me había encontrado con algo parecido antes, durante las clases de esquí en la escuela de mi vecina. Una Gota de Hada con forma de escarabajo ciervo había poseído a varias personas, provocando que perdieran el control de sus emociones.
Incluso una chica mágica era vulnerable a los efectos de una Gota de Hada. Azul había sido víctima de la que tenía forma de escarabajo.
Eso significaba que había muchas posibilidades de que Yingling estuviera usando en secreto el colgante debajo de su chal. De hecho, probablemente había utilizado el chal para ocultarla deliberadamente. Eso explicaría por qué había aprovechado la oportunidad para conseguir un suéter de cuello alto.
¿Había alguna forma de asegurarme?
—……
Me volví hacia la ventana y mis ojos se encontraron con los de la paloma que estaba posada al otro lado del cristal. Le hice señales con las manos, ocultándolas detrás de la mesa para que los demás no pudieran verlas. Señalé a cada una de ellas por turnos y luego, cuando no estaban prestando atención, junté las manos y las llevé hasta mi mejilla. Era el gesto clásico para indicar dormir. Repetí estos gestos varias veces.
—¿Qué estás haciendo, Nakano?
A la tercera vez que lo hice, Yingling se dio cuenta.
—Ah, bueno, yo solo…
Un momento después, Suiran se cayó de la silla y aterrizó de cara sobre el suelo. No mostró ninguna señal de volver a levantarse. Sus extremidades flácidas estaban extendidas en todas direcciones; era una escena bastante alarmante. Tenía los ojos cerrados y estaba completamente inconsciente.
—¿Suiran? ¿Qué…?
Poco después, Yingling hizo lo mismo y se desplomó sobre la mesa. Inmediatamente, Pii-chan se teletransportó a la habitación.
—Gracias, Pii-chan.
—¿Esa era la idea?
—Sí. Exactamente lo que pretendía.
Me levanté de mi asiento y me acerqué a Yingling, que había estado sentada frente a mí. Pero cuando me aproximé a ella, ocurrió algo.
Su cuerpo permaneció desplomado sobre la mesa mientras comenzaba a brillar con una luz deslumbrante. Una intensa radiación inundó la habitación. Se sentía peligroso, como cuando haces pasar por una bombilla incandescente una corriente eléctrica mayor de la que está diseñada para soportar.
—Aléjate —dijo Pii-chan.
—Eh. De acuerdo…
La luz duró unos segundos. Cuando finalmente se apagó, la chica mágica que había visto en los grandes almacenes estaba de pie sobre la mesa. Vestía completamente de rojo, y su atuendo tenía el mismo tipo de elementos de diseño que el de Rosa Mágica.
Con su varita mágica en una mano, adoptó una postura de combate.
—Madame, tu ropa…
—……
Sin decir una palabra, atacó. La punta de su varita brilló y un vórtice de luz completamente blanca me envolvió por entero. Había utilizado su Rayo Mágico.
—¡Pi-Pii-chan!
—No te preocupes.
Escuché la voz de Pii-chan justo a mi lado. Eso por sí solo calmó mi corazón. Debía de haber lanzado un hechizo de barrera de antemano. El Rayo Mágico era terriblemente brillante, pero aunque me encontraba directamente en su trayectoria, no tuvo ningún efecto sobre mí.
Pii-chan tenía razón. No tenía nada de qué preocuparme.
Después de unos segundos más, la luz se desvaneció y el mundo recuperó sus colores. Yingling seguía de pie sobre la mesa, rodeada de platos de comida y con la varita preparada.
Sentí una ráfaga de viento frío que entraba por detrás de mí. Inmediatamente, me di la vuelta y descubrí un enorme agujero en la pared del hotel. La parte del rayo que era más ancha que nuestra barrera debía de haberla atravesado de lado a lado. Miré un poco más de cerca y vi que los daños se extendían hasta el edificio situado al otro lado de la calle. Espero que nadie haya quedado atrapado en eso.
—¿Qué te gustaría hacer? —preguntó Pii-chan.
—Si es posible, me gustaría capturarla sin hacerle daño. ¿Crees que puedes hacerlo?
—Entendido. Supongo que ella es tu venerable empleadora.
—Supongo que sí…
Parecía que lo mejor sería dejarle las cosas a Pii-chan. Una pelea como esta estaba completamente fuera de mi nivel. Pero mientras hablábamos, escuché una voz inesperada detrás de mí.
—¿Hombre de mediana edad mágico? ¿Qué estás haciendo con Roja?
—¡Ah!
Me di la vuelta bruscamente y vi a Rosa Mágica de pie en el enorme agujero de la pared.
—Eh, ¿qué estás haciendo aquí? —pregunté.
—Detecté una Gota de Hada.
Debía de haber venido hasta Manhattan después de oírme mencionarlo por teléfono. No era tan difícil de creer; las chicas mágicas podían desplazarse instantáneamente a cualquier lugar mediante su Campo Mágico. Quizá también había estado buscando comida desechada por aquí.
—¿Estás peleando con Roja? —preguntó mientras utilizaba Vuelo Mágico para descender flotando hasta la habitación del hotel.
Parecía confundida por la escena que tenía delante. Sostenía una varita mágica, igual que Roja, y desde luego no quería que terminara disparándome por culpa de algún malentendido. Frenéticamente, intenté explicárselo.
—Es como lo que ocurrió en las montañas. Creo que una Gota de Hada la ha poseído. ¿Podría pedirte que nos ayudaras? Creo que lleva un collar o algo parecido debajo de ese chal que tiene alrededor del cuello.
—De acuerdo. Ayudaré.
Como siempre, Rosa captó la situación rápidamente. Debía de ser sincera y de buen corazón.
—¡Ngh!
Ahora que estaban en inferioridad numérica, Yingling se dio la vuelta de inmediato. Pero no podía escapar del Sabio de las Estrellas.
—No escaparás.
Una pared invisible apareció frente a ella, bloqueándole el paso. Chocó de cara contra ella y luego rebotó hasta caer al suelo.
Un momento después, Rosa utilizó Vuelo Mágico para lanzarse contra Yingling y arrancarle el chal. Alcancé a vislumbrar una cadena dorada alrededor de su delicado cuello. Tenía un diseño único, uno que recordaba.
Era el colgante maldito. No cabía duda.
—Yo… no puedo moverme… —gimió Yingling con angustia.
Pii-chan debió de haberla paralizado con su magia. Aproveché la oportunidad para correr hacia las chicas y quitarle el collar a Yingling.
—Ahhh…
Una vez que se lo quité, se desplomó con un golpe sordo.
Verla tendida e inerte en el suelo me puso nervioso, pero pude comprobar que tenía pulso, así que supuse que estaría bien. Además, Pii-chan era quien la había dejado incapacitada, así que no había motivo para preocuparse. En ese momento, dirigí mi atención al colgante.
—¿Esa es la llamada Gota de Hada? —preguntó el gorrión.
—Sí. —Rosa Mágica asintió.
A simple vista, parecía un colgante normal. Al menos, era mucho más fácil de conseguir que el escarabajo rinoceronte.
—¿Por qué lo tenía Roja? —preguntó Rosa.
—Creo que lo consiguió en una exposición de unos grandes almacenes mientras estaba transformada.
—…Oh.
Me pregunté si las Gotas de Hada estarían detrás de todo tipo de historias espeluznantes. Si alguien tenía que recolectar estos problemáticos objetos perdidos, quizá valdría la pena investigar algunas leyendas urbanas.
—Oye, Pii-chan, ¿por qué la madame no se quedó dormida? —pregunté.
—Sentí que mi hechizo surtió efecto. Debió de estar moviéndose por algún otro medio. Quizá estas Gotas de Hada actúen sobre el cuerpo humano y lo controlen sin la voluntad de su dueño.
—Qué fastidio si es así, ¿eh?
¿Quién haría algo así? ¿Y por qué?
Repasé mentalmente las cosas que Yingling había dicho después de ponerse el colgante. Lo que más me llamó la atención fue su insistencia en regresar a casa lo antes posible y su sugerencia de que renunciara tan poco después de haberme contratado. No era gran cosa, pero sospechaba que ambas cosas estaban destinadas a impulsar un único objetivo. De lo contrario, ¿por qué la Gota de Hada habría hecho que las hiciera?
Quienquiera que hubiera creado las Gotas de Hada debía de proceder del mismo lugar que las chicas mágicas, y ese hecho me inquietaba. ¿Por qué había objetos tan peligrosos esparcidos por todo el mundo? El deber de las chicas mágicas de recolectarlos parecía un objetivo digno, pero también sentía curiosidad por saber por qué habían sido puestos aquí en primer lugar.
Me volví hacia Rosa Mágica.
—Estás aquí porque notaste esta cosa, ¿verdad?
—Sí. Pero ya no percibo la Gota de Hada.
—¿Porque nadie lo lleva puesto?
—Creo que sí.
Con el escarabajo rinoceronte había ocurrido lo mismo. Parecía que alternaban entre un estado activo, en el que las chicas mágicas podían detectarlos, y un estado pasivo, en el que no podían hacerlo. Probablemente esa era la razón por la que las chicas tenían tantos problemas para encontrarlos todos. De lo contrario, habrían terminado hace mucho tiempo. Después de todo, ¿cuántos de estos objetos había?
—Cambiando de tema, ¿por qué estás en Manhattan? —pregunté.
—Porque dijiste que estabas aquí —respondió Rosa Mágica.
—¿Necesitabas algo de mí?
—En realidad, no.
—Ah. Eh, ya veo.
¿Entonces simplemente estaba aburrida?
Ahora que lo pensaba, la mayoría de las chicas de su edad estarían estudiando mucho en la escuela en ese momento. Pero, hasta hacía poco, Rosa Mágica había convertido la caza de psíquicos en el propósito de su vida. Ahora que había perdido ese objetivo, quizá simplemente no sabía en qué ocupar su tiempo.
Lo ideal habría sido que volviera a la escuela. Pero, con su demencial número de víctimas mortales, probablemente no sería buena idea ingresar en una institución pública. Lo más seguro era que la enviaran directamente a un centro de detención juvenil. No le quedaba más remedio que pasar el resto de su vida como chica mágica. Aunque quisiera ir a la escuela, parecía que su única opción era seguir siendo una desertora escolar.
Me pregunté si el jefe de sección podría hacer algo por ella. Estaba seguro de que el Capitán Mason la acogería, pero la vida con su grupo no parecía precisamente fácil. Ahora que había escuchado lo que Azul Mágica pensaba realmente sobre el papel que desempeñaba allí, no podía recomendarle esa opción con la conciencia tranquila.
Bueno, estoy seguro de que la Srta. Futarishizuka encontrará alguna solución.
—Si quieres hablar con alguien, siempre puedes hablar con la Srta. Futarishizuka —le sugerí.
—¿Por qué?
—Porque de verdad se preocupa por ti.
—¿En serio?
—Al menos, nunca haría nada cruel contigo.
—Tú también hablaste conmigo antes, hombre de mediana edad mágico.
—Eh. Bueno, sí, lo hice, pero…
No había mucho que pudiera hacer por Rosa Mágica, y estaba seguro de que la Srta. Futarishizuka estaría mucho más encantada que yo de estrechar lazos con ella. Si dependiera de mí, preferiría dejarle todo a mi colega. Después de todo, yo ya tenía a Pii-chan, el mejor compañero de conversación que jamás podría desear.
—Por cierto —dijo ella—. ¿Te has vuelto un delincuente?
—Ah. Lo del tatuaje en la cara. En realidad, no tuve elección.
¿Convertirme en un delincuente a mi edad? No, gracias.
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