El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 2 Capítulo 6. La Demonio Cautiva y el Reencuentro con el Diablo Parte 1

Yo, Lieselotte, ignoré al desconcertado Margrave Tycoon y comencé a observar la habitación.

El cabello blanco caído en el suelo… Según el relato de Sir Kurt, el cabello de Hildegard era de color púrpura, así que probablemente el dueño de esta habitación era otra persona.

Por la longitud del cabello, había una alta probabilidad de que se tratara de una mujer.

Y luego estaba el nombre de la mujer que el Margrave Tycoon había mencionado antes.

Ya veo… así que es por las células de inmortalidad. Todo tiene sentido.

Fue entonces cuando noté un solo cabello de color distinto caído en una esquina de la habitación.

Por su longitud, su color… no había duda alguna:

…Era de Sir Kurt.

Yo había sido negligente. Pensé que, como Akuri estaba con él, no haría nada imprudente.

Pero si se trataba de Sir Kurt, no le habría resultado difícil abrir la cerradura de esta habitación. Después de todo, sus aptitudes en todo lo que no es combate eran de rango SSS.

Además, la cocina donde estaba Sir Kurt se encontraba justo al otro lado del pasillo.

Sin embargo, si quien estaba en esta habitación no era la Srta. Hildegard, ¿entonces dónde se había metido Sir Kurt?

No había otra opción.

Salí al pasillo y desactivé la ilusión de Mariposa en una de las esquinas.

—Margrave Tycoon, ¿ya ha capturado al intruso?

Probablemente nadie había visto el momento exacto en que desactivé la ilusión, pero el hecho de que apareciera de la nada en un lugar donde no debía haber nadie causó confusión entre los soldados.

Aun así, el Margrave Tycoon parecía demasiado aturdido como para notarlo.

—Reforzamiento de Sentidos. —Recité un hechizo y agudicé mi sentido del olfato.

Tal como pensaba, en esta habitación se percibía el aroma de Sir Kurt y, además, el de una anciana, presumiblemente la dueña del cabello blanco.

Y ese olor conducía hasta el interior de la chimenea… no, más bien, hasta el fondo de ella.

—¡Margrave Tycoon, reaccione! ¿Hay una puerta oculta en el fondo de esta chimenea?

—¿¡Eh!? ¡Princesa, ¿qué hace usted aquí…?!

—¡No importa eso, por ahora responda!

—¡Sí-sí, la hay! …¿¡A-acaso el intruso…!?

Tal como sospechaba, se trataba de un pasadizo secreto.

El Margrave Tycoon intentó abrir el pasadizo oculto metiendo la mano en la chimenea, pero al parecer no logró abrirlo.

Tal vez se rindió de inmediato, porque sin decir una palabra, salió corriendo.

Probablemente había otro pasadizo en un lugar diferente.

Los soldados intentaron correr tras él, pero…

—La Tercera Princesa, Lieselotte, les ordena. El lugar al que nos dirigimos podría estar conectado con secretos importantes del dominio del margrave y del Estado. Por ello, ustedes no deben acompañarnos. Iré junto a Yulishia, exaventurera directamente al servicio del reino.

Era una orden de la princesa… Una vez que los soldados quedaron paralizados, me reuní con la Srta. Yuli, que venía corriendo desde el otro lado del pasillo.

Fuimos tras el margrave, quien probablemente ni siquiera se había dado cuenta de que lo seguíamos.

Se dirigió a un almacén subterráneo, donde había una puerta oculta en el fondo.

Y más allá de esa puerta, vimos algo dibujado en el suelo.

—¿Esto es…?

No fui capaz de seguir al marqués en su huida.

Porque lo que había allí me impactó más allá de todo lo que hubiera podido imaginar.

—Liese, ¿qué es este círculo?

—Veo que no lo habías visto antes, Srta. Yuli… Es normal. Aquel círculo mágico que se encontraba en ese lugar, Sir Kurt lo eliminó antes de que pudiera llegar a tus ojos.

—¿Eso quiere decir que tú…?

En el suelo de aquella habitación había un círculo mágico idéntico al que una vez había creado un diablo de alto rango.

◇◆◇◆◇

Al llegar al pie de las escaleras, yo, Kurt, noté algo extraño y alcé la vista.

Desde aquí no podía oír voces, pero una serie de temblores que se transmitían por las paredes dejaban claro que muchas personas estaban corriendo.

En otras palabras, algo había ocurrido.

¿Acaso se habían dado cuenta de que yo había desaparecido?

¿O quizás el Señor Rikuto y los demás habían puesto algo en marcha?

—Kurt, ¿viniste a rescatar a esa tal Señorita Hildegard?

Ella, al parecer ajena a la situación, me hizo esa pregunta.

La verdad era que se suponía que debía ser un secreto, pero a estas alturas, ya daba igual que lo dijera.

—Sí, así es.

—¿Podrías contarme cómo es ella?

—Claro. Tiene el cabello de color púrpura, unos hermosos cuernos negros y aunque suele actuar de manera altiva, en realidad es muy amable.

—Sin duda, esas características coinciden con la persona que conozco. Ya veo, su nombre era Hildegard. Entonces… eh… ¿amable, dijiste?

—Sí. Es una chica muy amable. Esta daga también me la regaló ella.

Dije eso mientras le mostraba mi fiel daga.

Pero bueno, eso había pasado hace como diez años.

Me preocupaba si Hildegard aún se acordaría de mí.

Más aún me preocupaba si yo sería capaz de reconocerla. Las mujeres cambiaban muy rápido al crecer, y el señor de la tienda de ropa solía decir que si uno se reencontraba con una después de mucho tiempo, seguro se llevaría una sorpresa.

Ahora que lo pensaba, ese señor me había enseñado muchas cosas.

Si te reencuentras con una mujer menor de veinte años, elogia lo que haya cambiado.

Si te reencuentras con una mujer mayor de treinta, elogia lo que no haya cambiado.

Como Hildegard debía tener ahora unos dieciocho años, entonces debía elogiar los cambios.

Bien, estaba decidido a encontrar lo que hubiera cambiado en ella.

—Ya veo… ¿entonces es amable? Me cuesta creerlo, pero si tú lo dices, Kurt, será cierto. Casi no hablé con ella, así que no lo sabía. Ven por aquí. —Dijo eso mientras me guiaba.

Avanzó por un pasadizo que parecía un laberinto, sin mirar ningún mapa.

Y entonces, encontramos una puerta de hierro.

—Kurt, ¿puedes abrir esta puerta?

—Uum, tengo que intentarlo… Ah, ya se abrió.

—¿¡Qué!? ¿¡Tan rápido!?

Ella exclamó sorprendida. Solo usé un poco de alambre y la abrí enseguida.

Hmm… La seguridad de este castillo, aunque no fuera asunto mío, empezaba a preocuparme.

Con eso, cualquier ladrón podría entrar cuando quisiera.

Ah, aunque bueno, con los soldados presentes tal vez no era tan fácil colarse en el castillo.

—¿Señor Margrave? ¿Ha vuelto otra vez?

Desde el otro lado de la puerta se oyó una voz.

Esa voz… No había duda.

Era la misma voz que había escuchado hace diez años.

Abrí la puerta y la vi.

Tenía las manos y los pies inmovilizados contra la pared, sin poder moverse.

Aun así, no daba una impresión de estar sufriendo. Se notaba que el señor margrave la había tratado con cuidado.

—Tú no eres el margrave… ¿Eh? Tú… ¿acaso eres…?

Le mostré a Hildegard la daga.

La misma daga que ella me había regalado.

—¿De verdad eres tú, Kurt? Parece que creciste un poco, pero sigues igual de pequeño.

—Sí, soy Kurt. Cuánto tiempo, Hildegard.

—…Jamás pensé que volvería a verte. —Dijo eso mientras sonreía.

Esa sonrisa… sin duda era la de Hildegard.

Mientras le quitaba los grilletes de manos y pies, intenté notar qué había cambiado en su apariencia.

Algún cambio físico… algún cambio… ¿eh…?

No solo su voz no había cambiado.

Todo en ella seguía igual que antes.

Su estatura tampoco había crecido en absoluto.

Era exactamente la misma Hildegard que había visto por última vez hace unos diez años.

Eh… tenía que encontrar algún cambio.

Su ropa era distinta, pero no sabía nada sobre si tenía buen gusto o no… sus cuernos eran los mismos que tenía la última vez que la vi.

No, no había forma. No podía notar nada.

Así que decidí rendirme.

—Ehh, Hildegard, tú no has cambiado nada.

—¡Eso es culpa tuya!

Ignoré el consejo del señor de la tienda de ropa, y mis palabras parecieron tocar la fibra más sensible de Hildegard.

Me dio un puñetazo directo en la mandíbula.

No dolió mucho, pero… ¿eh? ¿Culpa mía? ¿A qué se refería?

—¡Por culpa de la medicina que me diste, Kurt, mi cuerpo dejó de crecer aunque hayan pasado años!

¿Eh? ¿Su cuerpo dejó de crecer?

¡¿Aaaah?! ¡Oh no! Tal vez puse un miligramo de más de la flor arcoíris en la mezcla. Seguro por eso se activó el efecto de longevidad.

—¡Me dejaste en este estado y encima te mudaste sin decir nada!

—Lo-lo siento. Pero, que un aprendiz de boticario se equivoque un poco con las cantidades y termine causando un efecto de inmortalidad… pasa más seguido de lo que crees, ¿no?

—¡Jamás había oído que eso fuera algo común! —Gritó y esta vez me golpeó el estómago, pero nuevamente, no dolió nada.

Sentí que Hildegard se había vuelto bastante más mecha corta durante estos diez años.

Viendo la situación, una pequeña heroína salió a defenderme.

Era Akuri.

—¡No le pegues a Papi!

—…¿«Papi»? ¿Esta niña es tu hija, Kurt? ¿Así que mientras yo seguía con este cuerpo, tú creciste, maduraste y hasta tuviste un hijo?

—Bueno, más que «tenerla»… nació de un huevo hace poco.

Como Hildegard parecía estar muy, muy molesta, decidí decirle la verdad.

Al principio parecía que dudaba, pero terminó confiando en mí.

Por una razón que no entendí muy bien, solo dijo: «Bueno, es que eres tú, Kurt».

—Por cierto, Kurt. Tengo hambre, ¿no tienes algo de comida?

—Ah, eh, solo tengo pan endurecido que ya no se puede comer.

—No importa, dámelo igual.

Saqué el pan de mi mochila y se lo entregué a Hildegard.

Pero como era de esperar, parecía estar demasiado duro. Hildegard frunció el ceño al tomarlo.

—…Esto no se puede comer, ¿verdad?

—Te dije que era pan incomible. Tal vez, si lo dejas en sopa unas tres horas, se pueda comer.

—No tengo sopa… además, en tres horas ya habríamos salido a la superficie. De verdad, Kurt, no sirves para nada.

Mientras hablábamos, la chica que había venido con nosotros se dirigió a Hildegard:

—¿Así que tu inmortalidad fue causada por una medicina que hizo Kurt?

—Sí, así es. Ah, pero por favor, guarda el secreto. —Hildegard levantó el dedo índice y lo llevó a sus labios mientras hablaba. El hecho de que se preocupara por no divulgar mi error mostraba que, después de todo, Hildegard era una persona amable.

Aunque siempre estaba enfadada, de vez en cuando mostraba una enorme amabilidad. ¿Cómo se le llamaba a alguien así?

Creo que el Sr. Kanth me lo había enseñado…

Ah, sí.

—Hildegard, eres una tsundere [1] .

—De verdad, Kurt, ¿qué clase de lógica tienes en esa cabeza? Oye, ¿puedes hacer otra vez esa medicina de la inmortalidad que me diste?

—Mmm… imposible. Pregunté al Sr. Kanth por la flor arcoíris que usé aquella vez, pero ni él la conocía. Sin ella no puedo…

—Ah, ¿esa flor? Yo tampoco sé dónde encontrarla. Lo siento, Famil.

Al oír mi respuesta, Hildegard se dirigió a la otra chica.

¿Eh? ¿Famil? Sentía que había escuchado ese nombre en alguna parte.

Sí… fue cuando la Señorita Liese me pidió que revisara los documentos del Margrave Tycoon, solo por si acaso.

…¡Ah!

—¡¿Acaso es usted Lady Famil, hija del Margrave Tycoon?!

—…Sí.

Ella —Lady Famil— asintió con una expresión melancólica.

Pero, había algo extraño.

Según los documentos que me había dado la Señorita Liese…

—Leí en los documentos que Lady Famil había fallecido el año pasado.

—Mi padre hizo que así pareciera. No hace falta que te diga por qué, ¿verdad? Al ver cómo yo envejecía día a día, mi padre lloraba con tristeza.

Aunque ella me dijera «no hace falta que te diga», en realidad no lo entendía, pero al verla con lágrimas en los ojos, no fui capaz de preguntarle.

A ver… ¿el Margrave Tycoon se entristecía al ver cómo su hija Famil envejecía cada día?

¿Y por eso la encerró… y mantuvo prisionera a Hildegard?

No entendía nada.

Ahora que lo pensaba, cuando me preguntaba por qué el Margrave Tycoon tenía prisionera a Hildegard, el Sr. Kanth me había dicho: «Cada quien con sus gustos».

Ah… ya veo. Así que era eso.

Por fin todo encajaba.

Pensaba que había llegado el momento de mi gran deducción cuando…

—¡¿Dónde se ha metido ese ladrón?!

Una voz masculina resonó, acompañada de pasos que se acercaban.

—¡Aquí estás! ¡Famil… ¿estás bien?!

—¡Querido Padre!

¿Querido Padre?

Entonces, este hombre era el Margrave Tycoon.

Al verme, el hombre endureció el tono de su voz.

—Famil, ven aquí… ¡¿eres tú el ladrón?!

—¡No soy ningún ladrón! Pero, Margrave Tycoon, yo también pienso que cada quien tiene sus gustos.

—¿Qué-qué dices de repente?

—¡Pero aun así, encerrar a Lady Famil y mantener cautiva a Hildegard está mal!

—…Kurt… —Lady Famil y Hildegard pronunciaron mi nombre a la vez.

El margrave, como si se sintiera acorralado, alzó la voz:

—¡¿Qué-qué sabes tú?!

—Apenas soy un novato, pero también soy padre. A esta niña, Akuri, la amo profundamente. Incluso moriría por ella si fuera necesario.

—Entonces, si es así…

—¡Pero los hijos están hechos para crecer! Y aun así, entristecerse por el crecimiento de Lady Famil, y amar a Hildegard porque no crece… eso también está mal.

—¿Kurt? —Lady Famil y Hildegard volvieron a decir mi nombre. Sentí que el tono de sus voces había subido por alguna razón…

—¡¿Qué-qué estás diciendo, so tonto?!

—No se haga el desentendido, ya lo he descubierto todo.

—¡¿Descubierto qué, exactamente?!

¿No lo iba a admitir? Qué lástima.

Originalmente, no quería revelar todo frente a Lady Famil.

Pero aquí, tenía que decir claramente cuando algo estaba mal.

—¡Que usted es un gran amante de las niñas pequeñas!

No había duda.

Había oído hablar de ello. En el mundo, hay personas que solo sienten interés por las niñas pequeñas.

Incluso hay quienes solo se interesan por chicas menores de diez años.

Probablemente, el Margrave Tycoon era una de esas personas.

Cuando dijeron que Lady Famil había desaparecido, fue el año pasado, cuando ella tenía nueve años.

Él consideró su crecimiento a partir de los nueve como envejecimiento y, como le resultaba doloroso verla así, fingió su muerte y la encerró.

Y en lugar de Lady Famil, encerró a Hildegard en el sótano, quien siempre mantendría la apariencia de una niña de ocho años.

Claro, Lady Famil se entristeció y hasta entró en rebeldía.

Seguro que, en su rebeldía contra su padre, bebió una poción para convertirse en una anciana.

—¡¿Qué-qué estás diciendo?! ¡Yo no soy un pedófilo…!

—No hace falta que lo niegue. No digo que ser pedófilo esté mal. Ver a su propia hija de esa manera… bueno, quizá no sea lo más apropiado, pero dejémoslo pasar. Pero odiarla solo porque creció, eso sí está mal. Margrave Tycoon, mire a Lady Famil convertida en una anciana. Es su hija. ¿Acaso la encuentra fea así? Recuerde cuando nació. ¿No pensó entonces que la amaría por siempre, sin importar cómo creciera? —Intenté convencerlo con todas mis fuerzas.

Entonces, la expresión del Margrave Tycoon cambió visiblemente.

—…Cuando nació… sí lo pensé. Mi esposa… Falnar dio su vida para traer al mundo nuestro tesoro. Juré vivir por ella, incluso si eso significaba entregar mi alma.

Sus palabras, llenas de determinación, llegaron hasta mí.

¿Lo había entendido… al fin?

Sí, no importaba cuánto cambiara su apariencia, seguía siendo su preciosa hija.

Menos mal.

Con esto, el asunto quedaba resuelto…

—¡Parálisis!

De pronto, Hildegard desató un hechizo, envolviendo mi cuerpo y robándome la capacidad de poder moverme.

—Kurt, no harás más que complicar las cosas, así que quédate quieto.

—Hi-Hildegard, ¿por qué…? Estábamos tan cerca…

Eh, no podía hablar.

—¿Papi, Papi?

Akuri tiró del dobladillo de mi pantalón, pero mi cuerpo seguía sin responder.

Era un milagro que pudiera mantenerme en pie.

Lo único que podía mover eran los ojos, además de que aun podía respirar con normalidad… impresionante. Que Hildegard pudiera usar una magia así era asombroso.

—Qué «estábamos tan cerca» ni que ocho cuartos. No entiendes nada de nada. Sigues siendo el mismo iluso despreocupado de siempre… Famil, ¿tu petición sigue siendo la misma?

—Sí… Srta. Hildegard, por favor. Mata a mi padre.

¿¡Eh…!? ¡¿Matar al margrave?!

¿La señorita Famil lo odiaba tanto…?

Eso estaba mal.

—¡Yo-yo no puedo morir! ¡No puedo morir en un lugar como este! —El Margrave Tycoon dijo eso mientras sacaba de su bolsillo un cristal mágico de luz claramente de mala calidad y lo arrojaba al suelo.

Aunque fuera de baja calidad, el cristal mágico roto estalló y se convirtió en un destello cegador.

Instintivamente cerré los ojos antes de que estallara, pero aun así, la luz atravesó mis párpados, inundando mi visión con un blanco deslumbrante.

—¡Espera!

Después de un rato, escuché la voz de Hildegard gritar eso.

Y cuando finalmente recuperé la vista, ya no estaba ni ella ni el Margrave Tycoon.

◇◆◇◆◇

En una sala rodeada de estatuas de caballeros con lanzas, con un círculo mágico brillante en el suelo, yo, Lieselotte, le estaba explicando a la Srta. Yuli sobre dicho círculo mágico.

—Así que este es el círculo mágico que alimentaba de poder al diablo… ¿o algo así?

La Srta. Yuli parecía no entender más de la mitad de la situación.

—Haa… Srta. Yuli, en comparación con cuando nos conocimos, ¿no cree que últimamente su cerebro recibe menos nutrientes? ¿No será que están yendo a otras zonas innecesarias?

Al decir eso mientras miraba debajo de su cuello, la Srta. Yuli frunció el ceño y respondió:

—¡Mis pechos no tienen nada que ver! Es solo que soy una espadachina de pura cepa. Estas cosas de magia no se me dan nada bien.

—Ya veo. Bueno, no importa. El punto es que este círculo mágico no solo sirve para enviar poder al diablo, sino que también es capaz de invocar al diablo mismo. El flujo de poder mágico por las líneas de energía de la tierra… Cuando algo fluye, inevitablemente se forman remansos, y con el tiempo, se acumula una gran cantidad de energía mágica.

—Como cuando un río parece fluir limpio, pero siempre hay algún lugar donde se acumula arena y piedras… ¿algo así?

—Exactamente, puedes entenderlo de ese modo. Existen varios lugares en el mundo donde se acumula energía mágica. Las ruinas anteriores también eran uno de ellos, y este castillo también lo es.

—¡¿Eh, Liese!? ¡Si eso es cierto, no es momento de quedarnos tranquilas! ¡Si el diablo llega a ser invocado…!

—No hay problema. Porque…

Justo cuando estaba por decir eso a la Srta. Yuli, escuchamos el sonido de pasos acercándose.

Esos pasos… me resultaban familiares.

—¡El Margrave Tycoon ha regresado! Liese, destruye el círculo mágico de inmediato.

—No puedo. La única persona que conozco capaz de hacer desaparecer esto es Sir Kurt. —Negué con la cabeza.

Y justo en ese momento, el Margrave Tycoon regresó solo a la sala.

—¡¿Po-por qué está aquí, Princesa!?

El margrave se mostró visiblemente alterado. Al parecer, realmente no se había percatado de que lo habíamos seguido.

Debía estar muy desesperado.

—Margrave Tycoon, ya entendimos todo lo que ha estado haciendo. En la sala anterior, usted dijo algo, ¿no es cierto? Probablemente solo yo lo oí, pero sin duda usted dijo: «Famil ha sido secuestrada». Sin embargo, el único cabello que había en la habitación era blanco… ¿acaso su hija no estaría sufriendo de la enfermedad de envejecimiento?

—¡¿Cómo… lo sabe?!

—La enfermedad de envejecimiento. Aunque se le llama «enfermedad», en realidad es un tipo de maldición. Por ciertas circunstancias, he leído muchos documentos sobre maldiciones, así que lo sé bien. Esta maldición, que ni siquiera tiene cura establecida, tiene algo aún más aterrador: aunque se logre romper, el cuerpo envejecido no vuelve a su estado original. Por eso usted…

—¡Sí, así es! Si el envejecimiento no podía revertirse, al menos quería evitar que siguiera envejeciendo. Quise crear una poción de juventud eterna. Conseguí buenos materiales. ¡Y, tras todos estos años, planeaba devolver a mi hija a su apariencia original! Luché durante todo este año por ello. Sin embargo, no solo no pude convertir a Famil en un ser inmortal, ni siquiera logré romper la maldición… ¡A pesar de haber hecho exactamente lo que ese hombre me dijo!

—¿Ese hombre?

¿Quién era «ese hombre»…? ¿Podría ser que él fuera quien movía los hilos desde las sombras en este caso?

Aunque el Margrave Tycoon era un noble con mucho poder, no debería tener los medios para capturar diablos ni preparar un círculo mágico capaz de invocar a uno.

Además, esa demonio, Solflare, que intentó secuestrar a Akuri, sabía que habíamos derrotado a un diablo de alto rango. Y aunque se negó a dar detalles hasta que rescatáramos a Hildegard, había algo más detrás.

¿Acaso el ataque liderado por el Sacerdote Tristan y este caso del margrave estaban conectados por algo mucho más grande de lo que podía imaginar?

—Pero… ya no importa. ¡Ofreceré mi alma a cambio y convocaré a un diablo para salvar a mi hija!

—¡No permitiré que lo hagas!

La Srta. Yuli desenvainó su espada.

La espada que la Srta. Yuli había usado anteriormente quedó inutilizable tras la batalla contra el diablo, pero al parecer, Sir Kurt le fabricó una nueva.

Según me dijeron, combinó mitrilo y adamantita en una olla pequeña, hizo una aleación de manera rápida y forjó la espada en un instante. La hoja, que brillaba en blanco, era hermosa, y la Srta. Yuli le puso el nombre de «Flor de Nieve».

El Margrave Tycoon tomó una lanza de una de las estatuas de armadura que había en la sala y nos atacó, pero la espada de la Srta. Yuli cortó el asta de la lanza como si fuera una simple zanahoria.

—¡I-imposible… eso era una lanza de acero!

—¿De acero, eh? Pues justo ahora da lo mismo si es acero o paja.

Como era de esperarse de una espada hecha por Sir Kurt.

Con esa espada, seguramente incluso el mitrilo se podría cortar como si fuera seda.

Ya estaba decidido el resultado del combate… ¡Ha!

—¡Srta. Yuli, su mano! —Grité. Sin embargo…

—¡Demasiado tarde!

El Margrave Tycoon rompió de golpe un cristal mágico que tenía escondido en la mano, cegando nuestra vista por un instante.

—¡Manifiéstate… diablo! —El margrave gritó aquello.

Cuando recuperé la visión, lo que vi fue al Margrave Tycoon clavado contra la pared, atravesado por el pecho con una espada negra que parecía invocada mediante magia. Frente a él, estaba una joven demonio de cabello púrpura.

No había rastro de ningún diablo.

Según lo que me explicó Sir Kurt, Hildegard debía tener unos dieciocho años, pero la demonio que tenía frente a mí parecía, como mucho, de ocho.

¿Acaso los demonios envejecían más lentamente?

—¿Po-por qué? ¡No hice nada mal! ¡¿Por qué el diablo no apareció?!

Parecía que la herida no era mortal, y aunque sufría por el dolor, el margrave no ocultaba su frustración.

Entonces, completé la explicación que estaba a punto de darle a la Señorita Liese antes.

—Margrave Tycoon, para activar este círculo mágico se necesita una cantidad colosal de energía mágica.

—¡Lo sé! Por eso utilicé el flujo de las líneas ley…

—Así es. Sin embargo, esas líneas ya no pueden utilizarse. El flujo cambió drásticamente.

—¿De-de qué estás hablando? —El margrave abrió los ojos como platos, claramente alterado.

—En la ciudad, ahora está de moda disfrutar de baños de pies con agua termal bombeada desde el subsuelo. Al extraer esas aguas termales, el flujo de energía mágica cambió por completo.

—¿¡Me está diciendo que fue por esas termas!? No-no puede ser… ¡¿Entonces ese permiso de construcción que solicitó Su Alteza fue para excavar esas termas!? ¡Entonces sabía exactamente lo que hacía desde el principio y actuó antes que yo!

Con una expresión de absoluto asombro, como si hubiera caído en la trampa de un estratega maestro, el margrave me miró fijamente.

Por supuesto, yo no tenía idea de que estaba intentando invocar un diablo hasta que vi esta sala, pero eso decidí guardármelo.

Más importante aún…

—Usted debe de ser la Srta. Hildegard. La Srta. Solflare nos habló sobre usted.

—Ah, ¿acaso eres uno de los compañeros de Kurt? Parece que mi Kurt siempre ha estado en buenas manos contigo.

—No, no, al contrario. Fue mi Sir Kurt quien estuvo muy bien atendido por usted en aquella ocasión.

Pensé que podríamos ser amigas cuando vi su pecho plano. Pero al final, ¿sería que los demonios siempre eran enemigos?

—¿Dónde se encuentra Sir Kurt ahora mismo?

—No quiero que vea lo que está a punto de pasar, así que le pedí que descansara un poco en la habitación de al lado. En unas horas podrá moverse con normalidad.

—Ya veo. Por cierto, Señorita Hildegard… ¿podría liberar a ese hombre? Ya no parece posible que pueda invocar a un diablo, y además, necesita atención médica urgente.

Cuando dije eso, Hildegard negó con la cabeza.

—No puedo hacer eso. Este hombre conoce el método para invocar diablos, y estuvo dispuesto a vender su alma para salvar a su hija. Si realmente llegara a invocar a uno, no solo su alma se perdería, sino muchas más. Personalmente, no me importa lo que pase con las almas humanas. Pero, ¿puedes imaginar el sufrimiento que sentiría Famil al ser salvada por un método así? Por eso ella vino a pedírmelo. Me rogó que salvara el alma de su padre, matándolo… que lo salvara. Yo no soy un diablo, pero quiero cumplir con esa promesa.

—…El deseo de Famil… pero aun así, yo… con Famil…

Esto era peligroso. Si lo dejábamos así, él moriría. Y todavía tenía montones de información que necesitábamos sacarle.

Pero si hacíamos un movimiento imprudente ahora…

—Famil… lo siento… Te amo…

Justo cuando parecía que iba a pronunciar sus últimas palabras…

—¡Padre!

Una niña de unos diez años, de cabello azul, salió corriendo desde el pasillo del fondo y se lanzó hacia el Margrave Tycoon.

Esa niña era…

—Famil… esa apariencia… ¿acaso son delirios de agonía?

—No, padre. Fue Kurt. Kurt me curó.

◇◆◇◆◇

Al mediodía del tercer día del festival, se llevó a cabo la ceremonia de premiación del concurso de comida callejera en la plaza del pueblo principal del territorio del Margrave Tycoon.

Yo, Luna, también participé en la ceremonia como propietaria de uno de los puestos, pero hasta el momento en que se anunciaron los ganadores y el subcampeón, el nombre de mi tienda no había sido mencionado.

¿Será que no lo logramos, papá, Sr. Kurt?

Había prometido a todos los que estaban atendiendo el puesto en ese momento que volvería con buenos resultados…

—Finalmente, llegó el momento de anunciar al ganador del primer lugar. ¡El ganador del duodécimo concurso de comida callejera del pueblo del Margrave Tycoon… dododododododododooooon…!

El maestro de ceremonias simuló un redoble de tambores con la boca.

¿No habrá presupuesto?

—¡El ganador es… la tienda de bollos Luna Llena!

¿La tienda de bollos Luna Llena?

¿Eh? ¡Esa es… nuestra tienda!

—¡Por favor, suban al escenario, tienda de bollos Luna Llena!

—¡Sí-sí!

Cuando subí al escenario, una gran ovación de aplausos me recibió.

—Felicitaciones por el primer lugar. —El presidente del gremio me entregó el trofeo.

Normalmente esa era tarea del gobernador, pero al parecer hoy tenía asuntos en el castillo y no asistió.

—Gracias por traer a este pueblo unos deliciosos bollos y unas aguas termales tan reconfortantes.

—No, gracias a ustedes, de verdad.

Fue gracias al Sr. Kurt, así que me sentí algo culpable por aceptar el mérito… pero la Srta. Yulishia me había insistido en que no hablara de él, así que no tenía opción.

Después de eso, me hicieron preguntas sobre los bollos termales, a las que respondí con naturalidad.

—Ya veo. Por cierto, cuando se habla de bollos termales, las aguas termales son esenciales. ¿Sabes cuáles son sus propiedades curativas?

—¿Sus propiedades? Sí, me las explicaron. Eh… ayudan con la arteriosclerosis, cortes, quemaduras, lumbalgia, dolor articular, sensibilidad al frío, rigidez en los hombros, gota, hipertensión, colecistitis crónica, cálculos biliares, enfermedades crónicas de la piel y enfermedades ginecológicas crónicas. También son eficaces para fracturas. Mi padre, que tiene una fractura en el pie, está usando el baño de pies y se ha recuperado mucho más rápido de lo que los médicos esperaban.

¡Bien! ¡Lo dije todo sin trabarme!

—Eso es increíble.

—Sí, y además, estas aguas termales también tienen efecto si se beben.

—¿También si se beben?

—Sí, ayudan con el dolor de estómago, resfriados, diabetes y anemia. Y justamente ahora estamos desarrollando unos bollos con el mismo efecto que las aguas termales ingeridas. Yo probé uno de los prototipos y fue increíble. Tenía un efecto blanqueador y las pecas me desaparecieron por completo.

—¡Oh, eso es impresionante!

—Sí, y además del efecto blanqueador, también tiene otro beneficio que a muchas mujeres les alegrará: ¡efectos rejuvenecedores!

Cuando dije eso, se escuchó un murmullo de asombro en todo el lugar.

—¿Rejuvenecedores? ¡Si eso es cierto, entonces también sería posible alcanzar la inmortalidad, el sueño de todo alquimista!

—Ah, no, no se trata de inmortalidad. Según el Sr. Ku… la persona que investigó estas aguas termales, el cuerpo humano suele verse más envejecido de lo que indica su edad real debido a malos hábitos, fatiga, estrés y demás. Esta fuente termal elimina esos factores y ayuda a recuperar la juventud natural… o eso me dijo. Bueno, a diferencia de las pociones mágicas, su efecto no es inmediato. Pero, si hablamos de cuentos de hadas, incluso si una princesa que haya sido transformada en anciana por una maldición, con solo comer uno de estos bollos, podría volver a ser la hermosa princesa que era antes.

—Jajajá, si eso pasara, entonces pobre del príncipe, que ya no podría besar a la princesa.

Con esa respuesta ingeniosa del maestro de ceremonias, estallaron risas entre el público.



[1] Tsundere es un arquetipo de personaje, común en anime y manga, que actúa de forma fría, agresiva o distante al principio (tsun), pero luego muestra afecto y calidez (dere). Es una mezcla de rudeza y ternura, típica en personajes que ocultan sus verdaderos sentimientos por orgullo o inseguridad. 

 

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