Sasaki y Pii-chan

Vol. 9 VTubers, Segunda Parte Parte 1

El quinto día después de que la Srta. Futarishizuka declarara oficialmente el inicio del concurso de visitas cayó en un día laborable.

Entre semana, pasaba las mañanas en la casa dentro del OVNI, participando en una especie de vida familiar de mentira. Mi estilo de vida de acostarme temprano y levantarme temprano, propio de cuando era profesor, ya era un recuerdo lejano, y mi ciclo de sueño había vuelto a la normalidad. Por ahora, incluso mientras estaba «en horario», podía pasar el tiempo como se me antojara.

Sin embargo, a pesar de todo ese tiempo libre, mis videos no estaban yendo como había esperado.

Había abandonado el contenido relacionado con la música. Subí varios más, pero ninguno superó las dos cifras de reproducciones. La mayoría se quedó en un solo dígito. Casi nadie los veía. Estaba claro que por ahí no iba a ninguna parte, así que necesitaba pensar en una idea nueva.

Ese lunes probé a hacer directos de videojuegos. Por desgracia, eso también fracasó. No había demanda para ver a un hombre de mediana edad murmurando para sí mismo mientras ofrecía una jugabilidad mediocre. Eso recibió todavía menos respuesta que mis videos musicales. De hecho, no tuvo ni una sola visita, y lo borré esa misma mañana.

Decidí salir de la villa en busca de una mejor idea. Con el teléfono inteligente en la mano, caminé por el barrio de Karuizawa de Futarishizuka, pasando una casa de vacaciones tras otra. El aire era fresco y revitalizante.

A pesar de su altitud, esta zona no recibía mucha nieve. Incluso en esta época del año, no hacía tanto frío como para no poder pasear al aire libre. Cuando nevaba, rara vez superaba los diez centímetros y se derretía al cabo de pocos días. Había semanas enteras sin nieve, y a veces la temperatura llegaba casi a los diez grados centígrados.

Caminé por un sendero boscoso bajo el sol de la tarde. No soplaba mucho viento y me dejé envolver por los rayos que se filtraban entre los árboles. Si me quedaba quieto hacía frío, pero los claros iluminados por el sol se sentían agradables y cálidos sobre la piel.

Esto sí que era un auténtico lujo. Jamás habría podido experimentar algo así en mi antiguo trabajo.

Siento que últimamente pasamos menos tiempo juntos, —dijo Pii-chan desde lo alto de mi hombro. Nos había traído de vuelta desde el OVNI hacía un rato.

—Es porque no hemos estado yendo tanto al otro mundo.

—Aquí también ha estado bastante agitado últimamente. ¿Crees que por fin tendremos algo de tiempo para relajarnos?

—No sé si podré tomarme las cosas con calma hasta que termine el evento de la Srta. Futarishizuka. Aun así, el jefe ya dio su aprobación. Dudo que me asigne otras tareas mientras no surja ningún problema inesperado.

—Ya veo. Eso me deja más tranquilo.

—¿Te preocupaba algo?

—En este mundo, el único que se relaja soy yo. Por desgracia, te he cargado con todas las responsabilidades, y eso me hace sentir culpable. Aunque, claro, estando aquí hay un límite a lo mucho que puedo ayudarte.

—Ay, Pii-chan… —¡Qué mascota tan considerada! Escucharlo decir algo así hizo que el corazón me diera un salto—. No te preocupes por eso. En realidad, me has estado ayudando muchísimo, incluso aquí.

—Yo disfruto de la vida tranquila mientras tú te dejas la piel trabajando.

—¿Por qué no lo ves como una recompensa por todo el duro trabajo que has hecho hasta ahora?

—Pero eso no justifica dejarte toda la carga del trabajo.

—Ahora mismo estoy descansando, ¿no?

Pasear tranquilamente mientras charlaba con Pii-chan era, por decirlo suavemente, sumamente terapéutico. Casi podía olvidarme de mi progreso en el concurso, o más bien, de mi completa falta de progreso. Me sentía tan relajado que empezaba a pensar que no estaría tan mal quedar en último lugar.

Caminé durante casi una hora, pero no se me ocurrió ninguna buena idea. Aun así, poder charlar con Pii-chan me animó bastante.

Una vez más, le pedí que nos transportara de vuelta al OVNI. Ya en mi habitación de la casa, me senté frente a la mesa baja y me quedé mirando el portátil cerrado, intentando darme ánimos. Tenía el presentimiento de que no lograría salir del último puesto, pero al menos tenía que poner el mínimo esfuerzo. Participar en este concurso era, en esencia, mi trabajo en este momento.

Sin embargo, no pasó mucho tiempo desde que me senté cuando escuché a alguien en la puerta. Llamaron suavemente y, un instante después, oí:

—¿Está ahí, señor?

—Oh, sí. Adelante.

Mi vecina deslizó la puerta para abrirla, y pude ver a Abadón flotando en el aire detrás de ella.

—Lamento molestarlo, —dijo—. Sé que debe de estar ocupado.

—No pasa nada, no estaba haciendo gran cosa. ¿Necesitas algo? —me levanté y me acerqué a la entrada. Los dos seguían de pie justo afuera.

—No tengo nada que ofrecer a cambio, pero quería pedirle un favor, —dijo mi vecina, con un tono un poco formal.

—¿Qué clase de favor? Haré todo lo que esté a mi alcance.

—¿De verdad? Muy bien. En ese caso…

Lo que salió de su boca a continuación fue una petición que jamás habría esperado, ni en un millón de años.

*

(Punto de Vista de la Vecina)

Animados por el éxito inicial con Ochiba Kareki, Abadón y yo nos pusimos de inmediato a preparar nuestro siguiente video.

Dicho eso, como era un día laborable, tenía que asistir a la escuela. Consideré brevemente tomarme el día libre, pero como Futarishizuka amablemente me estaba proporcionando un chofer, no pude decidirme a saltarme la escuela. Además, estaba bastante segura de que mi vecino no lo aprobaría.

Me contuve y decidí aprovechar el tiempo libre entre clases para pensar en el guion. Al final, las clases terminaron y regresé a casa, conteniendo mi impaciencia.

El caballero mayor que siempre me lleva en coche me preguntó si había pasado algo bueno. Yo no creía estar actuando de manera distinta a la habitual, pero quizá mi emoción se reflejaba en mi rostro.

Una vez que llegamos a casa, decido que cambiarme el uniforme me llevaría demasiado tiempo y voy directamente a la habitación de invitados. Me siento frente al escritorio y enciendo el portátil. Cuando termina de arrancar, veo que he recibido un mensaje.

¿Qué es esto? ¡Tienes correo! Me pregunto de quién será, —parece que el demonio de mirada aguda también se ha dado cuenta.

—Seguramente solo sea spam o algo así.

La ventana emergente desaparece enseguida, pero, animada por Abadón, hago clic en el icono de notificaciones. Parece que el correo ha llegado a la dirección que usé para crear mi cuenta en el sitio de envío de videos. La he hecho pública en mi canal para que terceros puedan contactarme.

En lo más alto de la lista de notificaciones aparece el aviso de que he recibido un correo. Y el remitente es…

—¿Otherworld Productions Inc.?

—¿Alguien que conoces?

—No, claro que no.

El asunto dice: Le escribimos tras haber visto un video de Ochiba Kareki. ¿Podría ser una broma organizada por mis haters? ¿O quizá solo spam?

Hago clic y se abre la bandeja de entrada, mostrando el contenido del mensaje.

Estimado/a Ochiba Kareki:

Mi nombre es Kuga y soy parte de Otherworld Productions Inc. Le ruego que disculpe este correo no solicitado.

Le escribo tras haber visto los videos de Hanano y Kareki. Nos dedicamos al ámbito del entretenimiento en realidad virtual y actualmente estamos planeando expandir aún más nuestras operaciones. Quedamos profundamente impresionados por su video de ayer.

Si bien entiendo que esto puede parecer una propuesta repentina, ¿le sería posible reunirse con nosotros en persona? Podemos ser flexibles con respecto al horario y el lugar de la reunión, según le resulte conveniente.

Esperamos que considere esta solicitud. Muchas gracias por su tiempo.

—Creo que he oído hablar de esto, —dice Abadón—. Se llama que te «fichen», ¿no?

—Pero eso no es exactamente lo que dice el correo.

—¿Acaso tu país no es famoso por ser indirecto? Creo que esa es simplemente la forma en que se hacen las cosas aquí.

Abro un buscador y busco Otherworld Productions Inc. No son difíciles de encontrar. Es una organización que gestiona un gran grupo de VTubers. Incluso había consultado sus videos cuando estábamos haciendo los nuestros, aunque solo los conocía por el apodo de OtherPro.

—Bueno, parece que de verdad es una empresa grande.

—Si no intentaran ficharte, ¿para qué se pondrían en contacto contigo?

—Dicho así… la verdad es que no sé qué responder.

Por un momento sospecho que se trata de un correo fraudulento. Pero la dirección del remitente coincide con el dominio real de la empresa. Luego busco el nombre del negocio junto con «Kuga», y eso también cuadra.

—De acuerdo, —digo—. Supongamos por ahora que realmente intentan ficharme.

La siguiente pregunta es si debería reunirme o no con esta persona llamada Kuga.

No es probable que esto me ayude demasiado con el concurso. Al fin y al cabo, terminará en solo dos semanas, y llegar a un acuerdo con la empresa podría llevar incluso más tiempo.

Aun así, considerando la posibilidad de ingresos a medio y largo plazo, parece una opción bastante sólida. Tanto si acabo aceptando como rechazando, esta es una oportunidad excelente para escuchar a personas que han tenido éxito en el sector. Concluyo que vale la pena responder.

—Creo que deberíamos aceptar la solicitud de reunión, —le digo a Abadón.

—¡No puedo creer que mi tímida compañera esté siendo tan valiente!

—Si podemos salir beneficiados, no me importa dar un paso fuera de mi zona de confort.

Sin embargo, hay un problema: soy menor de edad. Una estudiante de primer año de secundaria no es muy distinta de una niña de primaria. Dudo que me tomen en serio.

Además, no sabré qué hacer si me preguntan de dónde salieron los modelos 3D de Misaki Hanano y Ochiba Kareki. ¿Me creerían si dijera que los hice yo misma? Mi equipo de captura de movimiento es incluso mejor que el que usan los profesionales.

Por supuesto, no puedo decir nada que implique la existencia de formas de vida mecánicas. Mantener ese secreto también es una parte importante del trabajo de mi vecino. Tengo que hacer todo lo posible por mantenerlo oculto.

¡Entonces tendrás que estudiar mucho, comer bien y convertirte en un adulto sano y en forma! —Abadón se lanza enseguida a bromear; quizá intuyó lo que estaba pensando. Pero sus palabras no parecen muy propias de un demonio.

—Soy tu Discípula. Si me lo tomara con calma y me limitara a esperar a crecer, Futarishizuka nos abandonaría.

—¿Entonces vas a rechazarlos?

—No creo que tenga otra opción.

—Tal vez puedas pedirle ayuda a alguien. ¿Para qué sirve la familia, si no?

Debe de estar refiriéndose al resto de nuestra familia de mentira. Por desgracia, de sus siete miembros, al menos cinco parecen niños, y uno es un ave. Independientemente de sus edades reales, el único que de verdad podría pasar por un adulto es mi vecino. En pocas palabras, Abadón me está diciendo que hable con él.

—No, no puedo. Lo estaría molestando.

—Pero si estás intentando esto de la monetización, ¿no necesitas de todas formas la ayuda de un tutor?

—……

Abadón sabe muy bien cómo dar donde más duele.

Si algún día quiero ganar dinero subiendo videos, tarde o temprano tendré que hablarlo con mi vecino y con Futarishizuka. Y, siendo así, tiene sentido explicarlo todo ahora.

Pero mi vecino ya está bastante ocupado con sus propios videos. Ayer, cuando le pregunté cómo iban, me miró con una expresión de sufrimiento. Me cuesta añadirle más carga.

Sin embargo, luego lo pienso de nuevo. Puedo usar esto como una excusa para acaparar el tiempo de mi vecino. Eso lo hundirá hasta el último lugar del concurso, y con la ayuda de la empresa, Abadón y yo ganaremos. Entonces obtendré oficialmente el derecho a pedirle cualquier cosa que quiera. Que todo eso salga bien o no dependerá de la empresa, pero desde luego es una posibilidad.

—Oh. Estás poniendo otra vez esa cara de conspiración.

—Para nada. Estaba considerando muy seriamente la opinión de mi compañero, —me duele causarle problemas a mi vecino, pero mi deseo por él es igual de fuerte. Y además, todavía no estoy segura de que la empresa realmente quiera ficharme—. Y he decidido que tienes razón. Vamos a hablar con él.

—¿Ahora mismo?

—Sí. Después de la escuela es hora de la familia de mentira.

Sospecho que Abadón tampoco quiere endeudarse más con Futarishizuka.

Con nuestras opiniones ya alineadas, salimos de la casa. Para ir de Karuizawa al OVNI, como de costumbre utilizo la terminal con forma de platillo de Chica Robot.

Una vez allí, entramos a la casa por la puerta principal y un aroma agradable me acaricia las fosas nasales. Proviene de la cocina, y puedo oír a Rubia y al Príncipe Ardiente charlando dentro. Seguramente están preparando la cena.

Cuando empezó el concurso de visitas, ambos se ofrecieron voluntariamente a encargarse de toda la cocina para que el resto pudiéramos concentrarnos en nuestros videos. Incluso el príncipe recién llegado parece estar en contra de vivir a costa de los demás. Gracias a ellos, podemos centrarnos en nuestro trabajo.

—Me pregunto qué habrá para cenar esta noche. Últimamente debe de ser como el paraíso para ti, siempre comiendo platos de verdad.

—¿Por qué tú nunca pruebas la comida, Abadón? Cuando vivía en el departamento no podía permitirme compartir, pero ahora hay suficiente para que tú también comas.

—Los ángeles y los demonios no necesitan comer, ¿recuerdas?

—Pero eso no significa que no puedas hacerlo, ¿no? Te he visto comer toda clase de cosas extrañísimas cuando vuelves a tu forma original.

—Si no necesito comer, ¿para qué hacer que cocinen más?

—Supongo que tienes razón.

Normalmente vamos primero a la sala de estar, pero hoy nos dirigimos directamente a la habitación de mi vecino. El suelo cruje con cada paso que doy. Al llegar a nuestro destino, llamo suavemente a la puerta cerrada.

—¿Está ahí, señor?

La respuesta llega de inmediato desde el interior.

—Oh, sí. Adelante.

Con su permiso, tomo la manilla de la puerta. Futarishizuka ha encerado el riel de la puerta corrediza, y se desliza con tanta suavidad que casi no puedo creerlo. Nos quedamos en el pasillo, y mi vecino se levanta y se acerca a nosotros.

—Lamento molestarlo, —digo—. Sé que debe de estar ocupado.

—No pasa nada, no estaba haciendo gran cosa. ¿Necesitas algo?

—No tengo nada que ofrecer a cambio, pero quería pedirle un favor.

—¿Qué clase de favor? Haré todo lo que esté a mi alcance.

—¿De verdad? Muy bien. En ese caso, ¿tiene un momento?

—Claro. ¿Vamos a la sala de estar?

—Si es posible, preferiría que los demás no lo oyeran.

¿Entonces debería retirarme? —preguntó el gorrión.

—Oh, eh… no. Puedes quedarte.

—Entonces, ¿podría pedirles que pasen adentro? —dijo mi vecino.

—Sí-sí…

Doy un paso dentro de la habitación y entonces caigo en la cuenta de algo. Puede que esto esté ocurriendo en la casa de nuestra familia de mentira, pero aun así es un momento trascendental.

Es la primera vez en mi vida que me invita a entrar en su habitación.

*

Dejé pasar a mi vecina y a Abadón, y escuché lo que tenían que decir.

Así fue como me enteré de las actividades de VTuber de mi vecina y de que una empresa ya se había puesto en contacto con ella. Todo fue un impacto tras otro.

Durante los últimos días, el concurso de visitas había sido prácticamente el único tema de conversación dentro de la familia de mentira. Sabía que mi vecina ya había subido varios videos, pero no me había dado cuenta de que era una VTuber. No tenía idea de que poseyera tal talento.

—Creo que lo entiendo, —dije—. Así que necesitas la ayuda de un adulto para hablar con ellos.

—De verdad, lamento traerle esto de repente.

—Para nada. No es gran cosa. No me molesta en absoluto.

Parecía que Tipo Doce le había proporcionado el equipo necesario. Seguramente la alienígena lo había fabricado en la Luna o en algún otro planeta, igual que los traductores que usábamos para hablar con Lady Elsa. Solo podía imaginar qué clase de videos tan increíbles estaría produciendo con una tecnología tan asombrosa y de tan alto rendimiento.

—¿Está seguro de que no le importa? —preguntó ella.

—Bueno, ¿podría ver el correo del que hablaste?

—Claro. Aquí está.

Mi vecina asintió y metió la mano en el bolsillo de la falda de su uniforme. Sacó el teléfono y trasteó con él un momento, luego lo dejó en medio de la mesa. Nos sentamos frente a frente, y ella deslizó el móvil hacia mí. La aplicación de correo ya estaba abierta, así que empecé a leer el texto en la pantalla.

Aunque me sentía un poco mal por ello, había sospechado que se trataba de algún tipo de estafa. Sin embargo, el correo parecía auténtico, hasta donde yo podía juzgar. Incluso reconocí la empresa y su dominio web.

—Buscamos Kuga y el nombre de la empresa y los encontramos en internet. Creo que esto es probablemente real. Pero, por favor, corríjame si me equivoco en algo.

—No, tienen razón. Yo también creo que es una invitación legítima.

—Aunque sí me llamó la atención lo indirecto del contenido.

—Perdón por seguir pidiéndote cosas, pero ¿te importaría mostrarme el video que subiste?

—Oh, eh… bueno, sí. Aquí tiene…

Ella alargó la mano hacia el teléfono, cerró la aplicación de correo y abrió el sitio de subida de videos. Me impresionó lo rápido que se había adaptado al uso de su primer smartphone.

En la pantalla apareció la página principal de lo que supuse que era su canal. Probablemente ya la tenía abierta. Se comportaba con tal profesionalismo que empecé a preguntarme si de verdad no era más que una estudiante de primer año de secundaria.

Al final, ella pulsó el botón de reproducción y el video comenzó.

—Hola. Soy Ochiba Kareki. En este video me gustaría presentarles un libro. Si quieren sobrevivir —ejem, mejorar— sus recreos en la escuela y otros momentos que pasan solos en el aula, este es el libro perfecto para ustedes. Elegir bien es crucial, así que…

Vi el video completo de principio a fin. Mi vecina observaba desde el otro lado de la mesa, con un aire inusualmente nervioso.

—¿Hmm? Oh, ¿te da vergüenza?

—Por favor, guarda silencio, Abadón.

Abadón flotaba justo detrás de ella, como siempre. Estaba sentado de rodillas igual que mi vecina, pero sus piernas se balanceaban a unos veinte centímetros por encima del tatami. La forma en que todo su cuerpo se inclinaba ligeramente hacia un lado era muy adorable. Normalmente no adoptaba una postura tan formal y correcta. Habían venido a hacer una petición, así que debía de estar comportándose lo mejor posible.

—…Gracias por ver el video hasta el final. La próxima vez les contaré cómo sobrevivir a la clase de educación física cuando el profesor los obliga a hacer pareja con alguien, con un desglose para cada situación concreta. Espero que vuelvan a acompañarme. Nos vemos entonces.

Tras varios minutos, ya había terminado de ver todos los videos.

Hay una diferencia abismal con los que tú subiste, —comentó el distinguido gorrión desde lo alto de mi hombro.

—Sí, —respondí—. Deja muy en claro mi propia falta de talento.

—E-em, lo siento, señor. Todo es porque la hija menor me ayudó.

—Pero las voces y los movimientos los haces tú, ¿verdad?

—Sí, los hago yo…

—Para ser sincero, no me sorprende que alguien quiera ficharte.

—¿De-de verdad cree eso?

Ahora que había visto los videos, sentía que entendía bastante bien la situación. Ella tenía razón: lo primero que llamaba la atención era el modelo 3D de alta calidad y la impresionante tecnología de captura de movimiento. Pero los guiones y la narrativa general —incluido el cambio de modelo y el empezar de nuevo a mitad de camino— eran realmente poderosos.

No sabía cuánto de eso había sido pensado de manera consciente, pero me resultaba comprensible que alguien quisiera acercarse a ella. Desde luego, el equipo no parecía desperdiciado en sus manos… al menos, no después de ese reinicio.

Tal vez no fuera muy elegante decirlo, pero la voz contenida de mi vecina encajaba a la perfección con la imagen de Ochiba Kareki. Eso, sumado al marcado contraste entre ambos personajes, debía de atraer mucho a los espectadores. También era cierto que aquello que los intelectuales consideraban burdo o falto de sutileza era precisamente el tipo de contenido que más gustaba a las masas.

Incluso yo he oído hablar de esto, —declaró Pii-chan—. Se llama «vi-tuber», ¿verdad?

—Así es, —dijo mi vecina—. Siempre me sorprende la sabiduría de la mascota de la familia.

—Leí un artículo en internet que lo explicaba como un nuevo método de expresión propio de la era digital.

Sospeché que la persona encargada de reclutar no tenía muy claro qué pensar del canal de mi vecina y Abadón. ¿Trabajaba sola o como parte de una empresa? ¿La estaba ayudando algún creador famoso? ¿Cuál era la escala de su operación y cuánto dinero se había invertido? Habían enviado ese correo para tantear el terreno y pretendían decidir cómo proceder en función de su respuesta. Probablemente por eso el texto era tan indirecto. Seguramente pensaron que, si ya contaba con el respaldo de otra empresa, simplemente los rechazaría.

—Hay algo que me gustaría preguntarte antes de reunirnos con quien intenta ficharte, —dije—. ¿Te parece bien?

—Claro. Responderé cualquier pregunta que tenga.

—A nivel personal, ¿quieres aceptar esta oferta?

—Si es posible, sí… siempre y cuando no afecte a mis actividades en la guerra por poderes. Sé que se pueden recibir incentivos por el trabajo en línea y, como aún estoy en secundaria, pensé que esta era una de las pocas formas que tengo de ganar dinero.

Seguramente también sentía inquietud por depender de manera unilateral de la Srta. Futarishizuka. Entendía perfectamente esa sensación.

—Entonces, ¿por qué no intentas redactar una respuesta? Puedes usar mi portátil, —dije, señalando el ordenador que estaba sobre la mesa baja. No se me habían ocurrido ideas para nuevos videos, así que quizá sería mejor emplear mi tiempo ayudando a mi vecina y a Abadón. Tal vez incluso tendría alguna revelación en el proceso.

—¿Está seguro? Sé que probablemente esté ocupado…

—No, no voy a retractarme de lo que dije. Si te parece bien, me gustaría seguir ayudándote hasta que tus actividades estén bien encaminadas.

—¡E-em, sí! ¡Muchas gracias! —mi vecina me dedicó una reverencia formal.

—Yo también quisiera expresar mi agradecimiento. Al fin y al cabo, también formo parte del equipo.

—No te preocupes por eso, Abadón. Ahora mismo todos somos familia.

Después de eso, nos sentamos a la mesa baja y trabajamos en la respuesta. Los estudiantes de secundaria rara vez tienen la oportunidad de intercambiar correos electrónicos de negocios, pero mi vecina redactó rápidamente una respuesta prudente y neutral. En lo personal, eso me sorprendió incluso más que lo de VTuber. Según ella, había leído sobre ese tipo de cosas en la biblioteca de la escuela. Nunca subestimes el conocimiento de un lector voraz , pensé.

Tras una revisión rápida, envió el mensaje. Solicitó una reunión en algún momento dentro de las próximas dos semanas y preguntó si podría celebrarse en la sede de la empresa.

Para sorpresa de todos, la respuesta llegó en cuestión de minutos.

Estimado/a Ochiba Kareki:

Muchas gracias por su pronta respuesta. Le escribe Kuga, de Otherworld Productions.

Me alegra enormemente saber que está interesado/a. Muchas gracias también por ofrecernos reunirse en nuestra sede.

Tenemos disponibilidad todos los días de esta semana, tanto por la mañana como por la tarde. Si lo desea, podríamos reunirnos incluso mañana por la mañana. Si prefiere la próxima semana, tengo la agenda llena el lunes, martes y viernes, pero puedo reunirme con usted cualquier otro día, ya sea por la mañana o por la tarde.

Por favor, hágame saber qué horario le resultaría más conveniente. Le agradezco nuevamente que nos haya considerado.

De verdad deben ver mucho valor en el trabajo de Abadón y de mi vecina , pensé. O quizá simplemente tienen mucho tiempo libre. Sea como sea, era una respuesta entusiasta.

—Este tal Kuga parece bastante entusiasta, —dije.

—¿Debería cancelar la reunión? —preguntó mi vecina.

—No, no hace falta. Responder rápido no es algo malo, y siempre puedes cambiar de opinión después de hablar con él. Además, aceptó tu propuesta de reunirse dentro de las próximas dos semanas. Lo único es que el mensaje da la impresión de que tiene muchas ganas de hablar contigo.

Aun así, no sabía muy bien qué pensar de que esa persona tuviera disponibles casi cuatro días completos. No sabía en qué departamento trabajaba Kuga, pero parecía poco probable que tuviera días enteros sin una sola reunión. Se me ocurrió una posibilidad: quizá había contactado a mi vecina porque ocupaba un puesto tranquilo, con mucho tiempo libre.

En mi último trabajo tenía un compañero que había conseguido su puesto gracias a contactos personales y luego lo habían relegado a un asiento junto a la ventana, donde se pasaba el tiempo matando horas hasta la jubilación. Ese tipo de cosas no eran raras en la cultura laboral japonesa. El tipo se la pasaba yendo a exposiciones y grupos de estudio en horario laboral. Yo sentía un poco de envidia al ver cómo el jefe, tácitamente, le permitía ir directo a esos eventos y luego volver a casa sin siquiera pasar por la oficina. Pero tenía la sensación de que vivir así durante demasiado tiempo acababa por aplastarte el espíritu.

Por otro lado, si Kuga había abierto su agenda solo por mi vecina, eso significaba que la empresa realmente, realmente la quería.

Muchas veces, cuando eras una empresa pequeña con un producto débil, la otra parte te decía algo como «en cualquier momento dentro de los próximos diez días», pero cuando preguntabas en concreto, resultaba que solo tenían disponibles unas tres o cuatro horas, y eras tú quien debía ajustar todo su horario a esos huecos.

Lograr reunir a todas las partes necesarias en una ventana de tiempo tan reducida era un infierno. No solo tenías que explicar la situación a todos los implicados, sino también contactar con departamentos cuyos horarios chocaban entre sí y tratar de llegar a algún tipo de compromiso, pidiendo favores y demás. Era durísimo, y si al final se venía abajo y había que empezar de nuevo, peor todavía.

Y, aun así, daba la impresión de que Kuga se estaba desvivendo por mi vecina.

—Entonces, ¿podemos hacerlo mañana por la mañana? —preguntó ella.

—Claro, a mí me parece bien. A veces nuestro jefe me llama de la nada y me manda a algún encargo, así que prefiero ocuparme de esto cuanto antes. Llegar hasta allí debería ser fácil, así que elige la hora que te parezca mejor.

Por la sugerencia de Kuga, parecía que él también quería reunirse relativamente pronto. Si mi vecina había tenido eso en cuenta, entonces no me quedaba más que quitarme el sombrero ante su sagacidad.

—De acuerdo, escribiré la respuesta, —dijo—. ¿Podría revisarla otra vez cuando termine?

—Para ser sincero, no estoy seguro de que eso sea realmente necesario.

—No, pero es que sigo siendo una niña con mucho que aprender, así que agradecería mucho su consejo…

—No te rindes, ¿eh?

—Cállate, Abadón.

Tras otro intercambio de correos, confirmamos nuestra cita con Kuga para la mañana siguiente. Nos reuniríamos en las oficinas de Otherworld Productions Inc., en el área metropolitana de Tokio. Ya habíamos explicado que iríamos dos personas: mi vecina, la que usaba el modelo 3D, y yo, su mánager.

Cuando terminamos con lo de Kuga, la cena ya estaba lista, así que fuimos a la sala de estar y comimos con los demás. El tema principal de conversación fue nuestro progreso en el concurso de visitas. La Srta. Futarishizuka había subido dos videos ese día, y cada uno había conseguido casi diez mil reproducciones. Sumándolos a su primera publicación del día anterior, ya rondaba las treinta mil.

La Señorita Hoshizaki no había compartido el nombre de su canal, así que no teníamos una idea clara de su situación actual. Pero, por la forma tan segura con la que hablaba con la Srta. Futarishizuka, sospechaba que tenía una cifra similar. Lo mismo ocurría con Tipo Doce. Y ese mismo día también me había enterado del éxito de mi vecina.

Todo eso significaba que yo estaba, sin lugar a dudas, en el último puesto. Necesitaría decenas de miles de visitas para tener alguna posibilidad. No había forma de que pudiera alcanzarlos.

Tal como lo veía, solo había una opción: ayudar a mi vecina y a Abadón a ganar el concurso. De ese modo, evitaría cualquier petición extraña por parte de mis compañeras de trabajo. Podría parecer una elección cobarde, pero era lo que tenía que hacer.

 

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