El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 2 Historia Extra de la Versión Digital. Historia Sobre una Bestia Poderosa

Esto ocurrió cuando Hildegard, la hija de un comerciante ambulante, y yo, Kurt, volvíamos de las montañas.

Íbamos conversando mientras viajábamos montados sobre los hombros de un gólem.

—Oye, Hildegard, ¿qué animal es este que está dibujado en la daga?

La daga que me había regalado Hildegard tenía grabado un animal muy extraño.

Tenía alas, pero también cuatro patas, así que no sabía si era un pájaro o una bestia.

—¿Eh? ¿Ni siquiera sabes eso, Kurt? Es un monstruo que se llama grifo.

—¿¡Un monstruo!? ¿¡Como los goblins!?

—Mucho, mucho más fuerte que los goblins.

—¿¡Más fuerte que un goblin!? ¡¿Como… como un kobold, entonces?!

—Esos perros ni siquiera se le comparan. Tiene el cuerpo del rey de las aves y del rey de las bestias, por eso dicen que es el rey de todos los animales.

—¿Un rey…?

Nunca había visto uno con mis propios ojos, pero por «rey» entendía que era la persona más importante que gobernaba un país. Aunque bueno, como yo era solo un aldeano, seguramente no tendría nada que ver con reyes o princesas en toda mi vida.

—Qué increíble, un rey.

—¿Verdad que sí? Jujún, es asombroso.

—¿Por qué lo dices como si fuera algo de lo que estar orgullosa?

—¡Po-porque sí, y punto! —Hildegard se enojó y me dio un golpe en la cabeza. Me dolió un poco, pero aun así…

—Kurt, ¿por qué te ríes cuando te pegan? Ahora que lo pienso, escuché que hay hombres a los que les gusta que los golpeen… ¿tú eres así?

—¡No-no es eso! Es solo que me alegra ver que estás bien otra vez.

—Kurt… —Hildegard dijo mi nombre y me miró fijamente.

Me puse nervioso porque era vergonzoso que una chica me mirara así… pero entonces, Hildegard sonrió.

—No quiero que alguien que le tiene miedo a los goblins se preocupe por mí.

—¡Ay! ¡No me pellizques el hombro! ¡No es mi culpa, los goblins de verdad dan miedo!

Fue justo en ese momento cuando lo dije…

El gólem que nos llevaba se detuvo de repente. Cuando miré al frente preguntándome qué pasaba, la razón fue evidente.

Una enorme roca bloqueaba el camino.

Hildegard suspiró.

—Intentar tomar un atajo fue un error. Kurt, no queda de otra, usemos el camino por el que vinimos.

—¿Eh? Tranquila, esto no es gran cosa. —Dije eso mientras bajaba del todo la palanca de la luz, justo al lado de la del timbre en el gólem.

En ese momento, el gólem empezó a temblar levemente.

—¿Eh? Kurt, ¿qué pasa ahora?

—¿A qué te refieres? Está concentrando la energía mágica que lo alimenta. Te lo dije, ¿no? Que también podía encender luces.

—Sí, pero ¿¡y eso qué!?

—Pues que es una luz. El primer nivel sirve para iluminar en la oscuridad. El segundo nivel…

Ni siquiera terminé de explicarlo. Era más fácil que lo viera con sus propios ojos. Desde debajo de la cesta frontal del gólem, una luz láser fue disparada.

Cuando la luz se desvaneció, la enorme roca que había delante ya no estaba.

—¿Ves? Así podemos deshacernos fácilmente de cosas que estorban.

—¿¡Qué es eso!? ¡Luces así no existen!

—Claro que existen. Está justo aquí.

Al decirle que los hechos valían más que las palabras, Hildegard se llevó las manos a la cabeza, frustrada.

Ahora que lo pensaba, si uno usaba una luz así dentro de una ciudad, podía acabar destruyendo casas.

Tal vez por eso, la gente de ciudad solo usaba luces débiles.

Hmm, yo también tendría que tener cuidado si alguna vez montaba un gólem en la ciudad.

—Por cierto, retomando el tema… Los goblins siguen dándome miedo, Hildegard.

—Ya veo… Pero tú me das más miedo aún, Kurt. —Dijo eso con una expresión agotada.

 

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