Remake Our Life!
Vol. 11 Capítulo 5. Todavía, Nada Parte 2
Poco después, se celebró la segunda reunión.
En esta ocasión, el plan era presentar primero el proyecto más reciente, ver la reacción y, a partir de ahí, pulir bien la estrategia.
Aún estamos en una fase de tanteo.
Por eso, no incluimos mi nombre como co-planificador y lo presentamos estrictamente como una propuesta del departamento de desarrollo de Succeed.
—Ha llegado la respuesta al nuevo proyecto presentado. Paso a informarla.
Se oyó a todos contener la respiración. Aunque mi nombre no figuraba, el contenido reflejaba las distintas ideas, ajustes y cambios que habíamos introducido con mi participación. Si aquí se notaba aunque fuera un pequeño cambio en la reacción de arriba, podríamos decir que había habido respuesta.
Teniendo en cuenta el entusiasmo de la reunión anterior, yo albergaba ciertas expectativas, pero…
—También esta vez fue rechazado. No había nada en particular que añadir.
Fue como si nos echaran un cubo de agua fría.
Incluso un proyecto pensado entre Kawasegawa, yo y los dos miembros del equipo de desarrollo había sido rechazado sin contemplaciones y devuelto.
—¿En serio…? Así que sigue siendo tan duro, —gruñó Kuroda.
—Sabía que no iba a aprobarse sin más, pero no esperaba que no hubiera ningún comentario… —añadió Sakurai, visiblemente decaída.
No es de extrañar. A pesar de que, en comparación con los proyectos anteriores, este estaba claramente mejor trabajado y contaba con elementos adicionales, no habíamos obtenido ningún resultado.
Pero si no fuera así, Kawasegawa no estaría pasando por tantas dificultades.
Visto desde ese ángulo, era una reacción comprensible.
—Y a partir de aquí viene algo muy importante, pero el plazo límite ha cambiado.
Ante las palabras de Kawasegawa, todos empezaron a murmurar.
—El límite para presentar proyectos será una sola vez más. Si con eso no se decide nada, el concurso se dará por terminado. Y la fecha límite es… dentro de una semana.
Con esas palabras, la sala quedó sumida en el alboroto.
—¿Eh? ¡¿Cómo es eso?!
—¡Pero todavía quedaba tiempo, ¿no?! Entonces, ¿por qué…?
Nanako y Saikawa parecían incapaces de creerlo.
En medio del caos, una voz serena logró apaciguar el ambiente.
—Quejarnos no va a cambiar nada. Más bien, ¿no deberíamos pensar en cómo hacer que la otra parte quede convencida?
Ante las palabras de Tsurayuki, todos asintieron.
Así es: mientras sea la empresa quien lidere esto, debemos asumir que ciertos cambios en las reglas pueden ocurrir. Desde el principio, esta ya era una batalla con pocas probabilidades de victoria.
—Si sirve de consuelo, los nombres de todos ustedes aún no aparecen en el proyecto. Lo presentamos únicamente como un compendio de lo trabajado hasta ahora, así que puede decirse que todavía estamos guardando un as bajo la manga.
Eso sí que era una buena noticia. Mientras no hayamos mostrado nuestras armas más grandes, aún podemos considerarlas como un factor decisivo para ganar.
—Ah, entonces… ¿y si simplemente cambiamos los nombres del personal en el proyecto actual y lo presentamos así…?
Ante la sugerencia de Takenaka-san, respondí:
—No, eso no funcionaría, —dije de forma deliberadamente tajante—. El proyecto actual fue concebido exclusivamente para personal interno. Si de repente le añadimos un equipo de nombres de peso, acabaría resultando desequilibrado.
—Es verdad… se trataría de crear un proyecto acorde a este grupo, ¿no?
Takenaka-san pareció entenderlo.
—Entonces, ¿qué tal si recopilamos las ideas que surgieron en la reunión anterior y las convertimos en un proyecto?
Ante la propuesta de Sakurai-san, Kuroda asintió.
—Ese sería el planteamiento básico… si estuviéramos siguiendo el plan original, —acto seguido, levantó ambas manos—. Con un límite de tiempo tan estricto, no hay margen para pulir el proyecto. Si partimos desde las ideas y tratamos de estructurarlo todo, en una semana solo saldrá algo tosco.
Tenía razón.
Por muy brillantes que sean las ideas, convertirlas en un proyecto bien estructurado requiere, inevitablemente, un periodo de ajuste.
Sin embargo, en una situación como la actual, donde el tiempo es tan limitado, construir algo desde cero resulta extremadamente difícil. Y si además se trata de un proyecto en el que intervienen tantas personas, con mayor razón.
—Kyoya… ¿tienes alguna idea?
Ante las palabras de Tsurayuki, todos giraron el rostro hacia mí al mismo tiempo.
Era un momento en el que debía tomar una decisión. ¿Debíamos apoyarnos en los proyectos anteriores y rellenar lo que faltara, o asumir el riesgo de que el tiempo no alcanzara y apostar aun así por dar forma a una idea nueva?
Era una elección complicada, así que, por ahora, decidí ordenar mis pensamientos.
—¿Podrían darme un día?
Sé perfectamente que todos están ocupados y que aun así se han tomado la molestia de reunirse. Siendo consciente de ello, pedí un poco más de margen.
—Mañana. Ahí decidiremos la línea definitiva.
◇
Al final, la segunda reunión terminó antes de lo previsto. De inmediato me acerqué a Kawasegawa y acordamos tener una reunión de urgencia solo entre los dos.
Por supuesto, esta vez sin alcohol.
—La verdad es que no parece algo que vaya a resolverse tan fácilmente.
Al expresar con franqueza mi impresión, Kawasegawa respondió con un: «Eso mismo».
—Pero tampoco da la sensación de que lo estén rechazando todo de plano. Incluso el hecho de que hayan endurecido tanto el plazo esta vez, creo que se debe a que no vieron grandes cambios en el proyecto en sí.
—Entonces, ¿también podría interpretarse como que la próxima vez es nuestra oportunidad de mostrar un cambio contundente?
Ante mi comentario, Kawasegawa asintió.
—Pero partiendo del proyecto actual, no podemos mostrar ese cambio al máximo…
—El límite de tiempo realmente nos está jugando en contra.
En la primera reunión, sin duda, surgieron montones de ideas excelentes. Había puntos que podían aprovecharse.
Pero, tal como estaban las cosas, existía el riesgo de que incluso esas ideas acabaran desperdiciándose.
Ante las actas de la reunión, íbamos seleccionando distintos puntos y cruzándonos de brazos una y otra vez.
Tras varias ocasiones en las que ambos soltamos un «mmm» al mismo tiempo, murmuré:
—Ojalá hubiera algo… Algo que pueda servir como base del proyecto: que tenga una escala sólida y, además, que podamos manejar nosotros mismos…
Para ordenar mis ideas, fui enumerando en voz alta las condiciones que se me ocurrían, una tras otra.
—Voy a anotarlo un poco. Un proyecto grande, un concepto, un mundo propio y, además, algo que podamos utilizar nosotros…
Las condiciones iban quedando escritas en el memo, y yo las observaba de nuevo con atención.
A la hora de generar ideas, decirlas en voz alta o escribirlas en papel tiene un efecto nada despreciable. Al darles forma tangible, la información se ordena mucho mejor que cuando solo la das vueltas en la cabeza.
Y al ir organizando así los datos, a veces se conectan de forma curiosa con cosas inesperadas, con ideas que ni siquiera estaban en el planteamiento inicial, y de ahí nace algo nuevo.
Kawasegawa y yo mirábamos fijamente el memo que teníamos delante.
Y entonces…
—Ah…
Casi al mismo tiempo, nos dimos cuenta de una posibilidad.
◇
—¿Un remake?
—¿Volver a hacer aquel proyecto?
—¿Eh? ¿Eso está bien? Por muchos motivos…
Al día siguiente, en la tercera reunión, expuse esa «posibilidad» que se me había ocurrido la noche anterior.
Todos mostraron sorpresa. La idea fue recibida con una mezcla de comprensión, un «tiene sentido» y de inquietud «¿es realmente viable?».
—Claro que hemos hablado de si se puede hacer o no. ¿Verdad, Kuroda?
Kuroda asintió con un «sí» y abrió la carpeta que había traído consigo.
—Aquí está la versión final del proyecto. Cuando iba a presentarse como borrador definitivo, se firmó un contrato con la empresa, pero… —Ahí explicó que había añadido cláusulas específicas para el caso de que el proyecto quedara congelado—. Lo aprendí en el mundo del anime. Ha pasado que un proyecto buenísimo se detiene a mitad de producción y, encima, por problemas con los derechos, ya no puede retomarse nunca más.
Precisamente por eso, el contrato se diseñó de forma que los creadores pudieran moverse con cierta libertad.
—Por suerte, aquella empresa pecó de subestimar a los estudiantes. No mostraron demasiado interés en quedarse con la propiedad del proyecto en sí.
Y así, ese proyecto terminó quedando a medio camino y fue congelado.
De acuerdo con las cláusulas del contrato, la propiedad de aquel proyecto pasó a ser…
—El autor original del proyecto, Kyoya Hashiba. Es decir, volvió a nosotros.
En el instante en que lo anunció, la sala se llenó de murmullos.
—¡Increíble…! ¡¿Cuándo hiciste algo así, sin que nos enteráramos?!
Tsurayuki exclamó con una voz en la que se mezclaban la sorpresa y la alegría.
—Ni yo mismo imaginé que acabaría pasando algo así. Pero…
Kuroda me miró a la cara y esbozó una sonrisa ladeada.
—La verdad es que no quería que un proyecto tuyo, Hashiba, acabara en manos de la empresa sin llegar siquiera a tomar forma. Eso sí que no podía permitirlo.
—Kuroda…
Aunque ni él mismo lo hubiera previsto, había sido una jugada digna de admiración.
—¡Qué alivio~! ¡Yo todavía no he presentado la canción que pensé para ese proyecto!
—¡Yo tampoco! ¡Como no reutilicé el diseño de personajes, no hay ningún problema para retomarlo!
Todos, recordando aquellos seis años, empezaron a animarse hablando de mil cosas.
En medio de todo eso, cerrando los ojos con fuerza, como si evocara el pasado…
—Entonces… puede que aquellos personajes que imaginamos en su día vuelvan a moverse, ¿no? —Shinoaki murmuró en voz baja, cargando sus palabras de profunda emoción.
Personajes que fueron creados y, aun así, nunca llegaron a ver la luz.
No solo en esta industria… ¿cuántos habrá así en total?
Quizá esta vez no se pierdan en el olvido.
Una cadena de giros inesperados fue dando lugar a la formación de este equipo.
Al estremecerme ante aquel milagro, también regresaron a mi mente los recuerdos de hace seis años.
Y además, no como memorias tristes, sino como una esperanza de cara al futuro.
—…Entonces, si no hay objeciones, queda decidido.
Todos asintieron al unísono.
—Este proyecto será el remake de «Mystic Clockwork».
Así fue como comenzó nuestro remake.
◇
Dado que el tiempo restante era limitado, a partir de entonces las reuniones pasaron a celebrarse todos los días.
En la reunión del tercer día revisamos cada uno de los elementos del proyecto original y, a partir de ahí, identificamos los puntos que requerían correcciones urgentes.
Como resultado, se concluyó que era necesario realizar modificaciones importantes en la ambientación y el mundo de la obra, pero…
—¡Ya ajusté la ambientación! ¡Léanlo!
Al día siguiente, en la cuarta jornada, apenas comenzó la reunión, Tsurayuki irrumpió corriendo en la sala y lanzó ese grito.
Todos guardaron silencio mientras revisaban las pantallas de sus teléfonos o los papeles impresos. Era material recién salido del horno, retocado hasta el último segundo.
—Está buenísimo. ¡La crítica a la sociedad actual funciona sin ponerse moralista! —rugió Kuroda con entusiasmo.
—¡¿Viste?! Cambiarlo desde una fantasía occidental fue complicado, la verdad, pero cuando lo vinculé con juegos en línea y streamings pensé que podía explotar.
—¡No, en serio, eres increíble! ¡Respondiste de sobra a las exigencias absurdas del productor!
Kuroda le dio varias palmadas en el hombro a Tsurayuki, y ambos se volvieron hacia mí con expresión de «¿lo viste?», inflando el pecho con orgullo.
—¡Nosotras, junto con Aki-san, estuvimos trabajando en los diseños de vestuario para la versión moderna~! —Saikawa desplegó sobre la mesa una enorme cantidad de bocetos llenos de color.
—Lo estuve hablando con Minori-chan, y teniendo en cuenta la época en la que saldrá el juego, pensamos que algo con un toque de futuro quedaría mejor.
—¡Exacto! ¡Por eso incluimos diseños bastante atrevidos, pero creemos que así se quedan mejor en la memoria!
Tal como decían, no eran diseños que siguieran la moda actual, sino que miraban un poco más adelante.
Al ver los bocetos extendidos, Nanako empezó a saltar de alegría.
—¡Están geniales~! ¡Qué lindos! Ah, y como ya les envié, la música son maquetas, pero incluí diez temas.
—¡Como siempre, eres rapidísima, Nanako! —dijo Hikawa, sorprendido.
Nanako estalló en carcajadas y respondió:
—¡Es que en esta industria muchas veces hay que crear todo a las apuradas, así que terminé acostumbrándome a sacar borradores a montones!
—¿Ah, sí? Pero si el tema principal de la película basada en mi light novel se retrasó tanto que fue un desastre… ¡ghof!
—¡Bu-bu-bueno, hay veces que pasan esas cosas, sí!
Tsurayuki, tras recibir un golpe directo al estómago, y Nanako, riéndose para disimularlo.
El ambiente no había cambiado desde aquellos tiempos, pero de lo que se hablaba había escalado de forma impresionante.
—Jejejejé, como no podemos permitirnos perder contra nuestros senpai, ¡estuvo ayer en una larga reunión con mi padre!
—¿Y cómo te fue?
Ante una Kawasegawa que contenía la respiración, Takenaka-san levantó bien alto una V con los dedos y dijo:
—¡¡Lo logramos!! ¡Conseguí que aumentaran el presupuesto como es debido!
Una vez más, la sala de reuniones estalló en vítores.
Me acerqué entonces a los dos que observaban la escena con expresión atónita y les hablé.
—…Y hasta ahí es donde ha avanzado todo.
—No, en serio… cuesta creer que este sea un proyecto de nuestra empresa, —dijo Kojima-san, con los ojos muy abiertos, entre asombrada y perpleja.
—Hacer videojuegos… no sabía que podía ser algo tan emocionante. ¡Estoy deseándolo…! —Sakurai-san también mostraba la expectación en todo el rostro.
—A partir de ahora, nos gustaría pedirles a ustedes dos que nos ayuden a ajustar el proyecto desde el punto de vista de las especificaciones, para que el juego termine de asentarse como producto.
—Entendido, —asintieron ambas.
—Pero si se desarrolla para el hardware actual, no debería hacer falta un ajuste tan grande…
—¡No, no, no! ¡Justamente aquí es donde queremos que participen los programadores! —Takenaka-san apareció con energía delante de Kojima-san, que estaba a punto de expresar su preocupación—. ¡Porque este juego lo vamos a desarrollar para esa nueva consoal tan esperada!
—¿Eh? ¿Eso quiere decir…? —Kojima-san pareció captarlo al instante.
—Exacto. Para la nueva consola cuyo lanzamiento está previsto para dentro de dos años.
El nuevo sistema de Jintendo, aún conocido solo por su nombre en clave, no por su denominación oficial. Un formato revolucionario, híbrido entre consola de sobremesa y portátil, que en el mundo del año 2018 del que yo provenía había provocado un auténtico boom.
Yo también era consciente de ello, así que, a través de Takenaka-san, había estado negociando el asunto. Finalmente, con la condición de que el proyecto fuera aprobado, el fabricante dio su visto bueno.
—Si avanzamos con la idea de terminarlo en 2017… con un poco de suerte, podríamos promocionarlo con fuerza como uno de los títulos más destacados.
Ante mis palabras, todos asintieron con energía.
Con respecto al remake de Mystic Clockwork, lo que yo había propuesto era conservar el esqueleto, pero reemplazar por completo la carne.
El proyecto original tenía seis años de antigüedad. Era lógico que las tendencias hubieran cambiado y que, entre los juegos lanzados durante ese tiempo, hubiera ideas que ya nos habían tomado la delantera.
Aun así, la base seguía siendo sólida: lo interesante del escenario, las relaciones entre los personajes y el diseño fundamental del juego eran elementos perfectamente aprovechables.
Por eso propuse cambiar de raíz todo lo visible, pero sin alterar el eje central.
Todos hicieron unos arreglos dignos de admirar.
Tsurayuki partió del planteamiento original, que era fantasía medieval occidental, y logró enlazarlo con el mundo moderno, incorporando incluso la esencia de las historias de reencarnación en otro mundo.
Las dos ilustradoras, en consonancia con ello, presentaron unos diseños magníficos: conservaban el aroma fantástico, pero adaptado con sutileza a un contexto contemporáneo.
La música de Nanako y el diseño artístico de Takenaka-san estaban a un nivel tan alto que casi resultaba un desperdicio que se quedaran solo en material para el documento de propuesta; aun así, dejaron listos unos materiales de presentación impecables.
A partir de aquí, el trabajo pasaba a ser cosa de Kawasegawa, Kuroda y mía. Incorporando las opiniones de Kojima-san y Sakurai-san, que estaban en la primera línea del desarrollo, llegaba por fin el momento de dar forma al nuevo MysClo como un proyecto completamente renovado.
La entrega sería en cuatro días. El momento decisivo había llegado.
—Bien, ahora toca… el turno es de ellos.
◆
Al otro lado de la ventana, pese a ser de noche, la ciudad estaba inundada de luces de mil colores.
La ciudad de Shinjuku es extraña, irregular y desequilibrada. Aunque existe cierta división —al este el barrio del ocio, al oeste la zona de negocios—, en conjunto resulta caótica, muy lejos de cualquier idea de refinamiento.
Y aun así, a mí me gustaba. Me gustaba que hubiera gente, y ese aire desordenado me recordaba a la Osaka en la que había vivido.
Por eso, cuando se decidió trasladar la empresa a Tokio, elegí este lugar para establecer la sede central.
Desde lo alto de los rascacielos, al mirar hacia abajo, la ciudad parece casi artificial. Las pocas figuras humanas que se distinguen se asemejan a hormigas, y tanto el bullicio como las luces terminan pareciendo algo irreal, casi virtual.
Pero cada una de esas personas trabaja con todas sus fuerzas y vive su propia vida.
Como alguien que ocupa la cima de una empresa y carga con la responsabilidad de la vida de otras personas, es algo que no debo olvidar jamás.
Mi padre solía decirlo a menudo:
«Cuando seas capaz de ver este paisaje, también entenderás lo que es dirigir un negocio».
Era una idea que me daba ganas de vomitar. En el fondo, no significaba más que tratar a la gente como si fueran hormigas.
—Eso es algo… que no quiero entender jamás, —apreté el puño con fuerza, hasta que el dolor me recorrió la mano—. Ya está bien. Vamos a terminar con esto de una vez.
Por fin.
Volví al escritorio y abrí el cajón.
La mayoría de los documentos en papel habían sido digitalizados, dejando el escritorio casi vacío. Aun así, había una sola cosa que permanecía allí.
Una fotografía. En ella aparecía yo, junto a varias personas más.
Había sido tomada hacía unos diez años. Entonces aún era estudiante y trabajaba en la empresa como empleado a tiempo parcial.
Era de cuando la compañía todavía estaba en Osaka. Todos sosteníamos en las manos la caja del videojuego que habíamos creado nosotros mismos, y sonreíamos de oreja a oreja.
Me quedé mirándola en silencio.
Era una foto muy valiosa para mí. Había trabajado duro para que llegara el día en que pudiera contemplarla con una sonrisa.
Hasta que ese día llegara, seguiría guardándola como un tesoro.
—Señor presidente, disculpe que lo interrumpa.
Desde la puerta, un rostro ya familiar me observaba.
—Por favor, Horii-san, deja de llamarme presidente. Ya te dije que no lo hicieras, ¿no?
Lo dije con una sonrisa amarga, pero Horii-san mostraba una expresión inusualmente tensa.
—…¿Ha ocurrido algo? —le pregunté, adoptando un tono más serio.
Horii-san, con esa voz ligeramente más aguda que se le escapaba cuando estaba nervioso, respondió:
—Desde el departamento de desarrollo de juegos han presentado una propuesta de revisión de proyecto.
Eso fue lo que me informó.
—Ya veo…
Ese había sido el último plazo fijado con la intención de hacerles desistir. Pensar que, aun en medio de la desesperación, siguieron presentando algo hasta el final resultaba doloroso.
—Dejo el trámite en tus manos, Horii-san. Además, hay una propuesta sobre su próximo trabajo…
Puede que suene arrogante que lo diga una empresa que ha actuado tan mal, pero intentaremos cumplir en la medida de lo posible aquello que ella desee. Si eso implica que se aleje del desarrollo de juegos, hay muchas otras cosas que me gustaría pedirle.
El contenido… lamentablemente, ya no debería de haber nada digno de ver.
—Koh-kun.
De pronto, escuché que me llamaba por mi nombre. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez?
Él no era alguien que hiciera algo así sin motivo. Evidentemente, había una razón.
—Quisiera que miraras el título del proyecto.
Me levanté y me acerqué hasta donde estaba Horii-san.
Recibí un grueso montón de papeles. A simple vista, estaba en otra liga comparado con los proyectos anteriores.
Por supuesto que el contenido me intrigaba, pero tal como me habían pedido, dirigí primero la vista al título.
—Mystic Clockwork…
No era un título que viera por primera vez.
Fue en la época en que me había apartado de Succeed y me mantenía en contacto con Horii-san desde fuera de la empresa. Recuerdo que me dijo que un equipo formado por estudiantes que trabajaban a medio tiempo había creado algo interesante, y que, tras la adquisición de la compañía, escuché el proyecto con más detalle.
Ese título debía de ser, sin duda, aquel.
—¿No me digas que fue él…?
Los recuerdos asociados a ese nombre afloraron de inmediato. Entre los estudiantes empleados a tiempo parcial, muy pocos eran capaces de hacer algo que realmente llamara la atención.
Una perspectiva impropia de su edad, una forma de pensar flexible, pero con un núcleo firme.
Una personalidad agradable, aunque con principios distintos a los míos.
—……… —Horii-san guardó silencio, sin responder nada, pero finalmente—: …Sí. —Asintió levemente.
Me dio la impresión de que, apenas perceptible, había esbozado una sonrisa.
Con el proyecto aún en las manos, caminé hasta la ventana.
—Ya veo… al final, regresó.
◆
El plan de proyecto se terminó justo a tiempo, y recibí la confirmación de Kawasegawa de que había sido presentado sin problemas.
Me tomé un respiro y me dejé caer profundamente en mi silla de la oficina.
Todos los empleados ya se habían marchado. La oficina, ocupada solo por mí, estaba envuelta en un silencio absoluto, mientras que el bullicio del exterior llegaba amortiguado a través de la ventana.
Con esto, había hecho todo lo que estaba en mis manos. No sabía qué respuesta llegaría, pero si ese proyecto no funcionaba, entonces realmente ya no quedaría ninguna carta por jugar. Lo había llevado hasta el límite.
El resto quedaba en manos del destino.
—Aun así…
Había cosas que seguían sin quedarme claras.
Una de ellas era Succeed… no, lo que realmente no entendía eran los pensamientos de Matsuhira-san.
Por lo que había oído, parecía tener una postura bastante negativa hacia los videojuegos y hacia el desarrollo de estos. No sabía si se debía a sentimientos personales o a un juicio frío como representante de la empresa.
No podía afirmarlo con certeza, pero viendo cómo había rechazado una y otra vez las propuestas de Kawasegawa, era evidente que no mostraba ninguna disposición positiva hacia la producción.
—Algo hay… seguro.
Parecía alguien que amaba los videojuegos más que nadie y, sin embargo, a veces mostraba reacciones claramente negativas hacia ellos. Sin duda, albergaba sentimientos complejos.
Pensándolo bien, Koh Matsuhira siempre había sido una persona madura. Tenía una serenidad impropia de un estudiante, y su forma de pensar era igualmente adulta. Y, aun así, el primer momento en que mostró abiertamente sus emociones fue, precisamente, en algo relacionado con los juegos.
Recordé la conversación de hace seis años, en aquella cafetería de juegos de mesa. Aunque nuestras circunstancias y posiciones eran distintas, ambos habíamos descubierto que llegamos a amar ese mundo a partir de una sola ilustración. Y, al despedirse, como si quisiera reafirmar ese recorrido compartido, me dejó aquellas palabras antes de marcharse.
Sin embargo, la posición en la que nos encontrábamos ahora los dos probablemente estaba en lugares distintos. Quería saber el motivo de ello.
En la habitación sumida en el silencio resonó el tono de llamada del celular. Era el sonido que indicaba una llamada proveniente de un número no registrado.
—Mmm… ¿quién será?
Era un número que comenzaba con 03 [1] . ¿Un contacto de trabajo, tal vez una llamada de la empresa?
Toqué el ícono de llamada y, tras decir «¿hola?», dejé pasar un breve instante.
—Ha pasado tiempo, Hashiba-kun.
Al otro lado se escuchó una voz nostálgica, exactamente igual a como la recordaba entonces.
—¿Matsuhira… san?
Un tono calmado, una voz suave y serena, con un matiz andrógino y amable. Siempre había pensado que quería convertirme en alguien así.
En aquella época, aunque en teoría yo debería haber sido mayor, él se veía mucho más maduro que yo. Incluso ahora que por fin había alcanzado su edad real, seguramente eso no había cambiado.
—Así que recordaste mi número.
—Sí. No había ninguna razón para borrarlo. Más bien, me sorprende que tú también lo recordaras.
—Yo tampoco tenía ningún motivo para olvidarlo.
«Ya veo», dijimos, y ambos reímos suavemente. La atmósfera era exactamente la misma que en aquellos días.
—He oído que tienes una empresa. Somos colegas empresarios, entonces.
—Para nada. Comparada con la tuya, Matsuhira-san, la mía es tan pequeña que podría salir volando con una simple ráfaga de viento.
Tras los saludos, la conversación derivó de forma natural hacia el presente. Hablamos de nuestras respectivas empresas, de las dificultades de la gestión, de esas experiencias comunes que solo los presidentes entienden. Lo que Matsuhira-san contaba era muy interesante y educativo, y pensé que, si la llamada terminaba solo con ese tema, sin duda habría sido una charla agradable.
Pero probablemente ambos lo sabíamos.
Que estábamos evitando tocar cierto asunto.
Incluso me dio la impresión de que estábamos midiendo el momento, decidiendo quién sacaría el tema primero. No era que hacerlo antes o después supusiera una ventaja o desventaja, pero aun así sentía que esa primera palabra se estaba posponiendo de manera extraña.
Finalmente, cuando los temas se agotaron, un breve silencio se apoderó de la llamada.
Matsuhira-san habló, sin cambiar en absoluto el tono que había usado hasta entonces.
—…Así que ayudaste con el proyecto de Kawasegawa-san.
—Sí, así es.
Yo también asentí con total naturalidad.
Matsuhira-san se limitó a decir «ya veo…» y guardó silencio. Pensé que me haría muchas más preguntas, pero no fue así.
Por qué había aceptado el proyecto de ella, por qué, después de haber trabajado en un mundo ajeno a los videojuegos, había decidido regresar. Debería haber tenido un montón de cosas que preguntarme.
Pero Matsuhira-san permaneció callado.
Con la intención de averiguar qué estaba pensando, fui yo quien tomó la palabra primero.
—Hay algo que me gustaría preguntarte.
—¿Qué cosa?
¿Por qué seguía rechazando las propuestas de Kawasegawa? ¿Tenía algún sentimiento particular respecto al desarrollo de videojuegos en Succeed? ¿Ese sentimiento estaba relacionado con algo de lo que me había hablado en el pasado?
Había muchas cosas que quería preguntar. Sin embargo, no quería ir abordándolas una por una en esa llamada. Tenía una especie de presentimiento: estaba seguro de que pronto habría una oportunidad de vernos en persona y hablar, y prefería hacerlo entonces.
Por eso, condensé todo en una sola pregunta.
—Matsuhira-san… ¿aún te gustan los videojuegos?
Tardó un poco en responder.
Finalmente, tras un leve sonido de respiración,
— …Sí, me gustan. Pero… —ahí hizo una breve pausa antes de continuar—. Hablar de crearlos es otra historia.
Tal como pensaba.
No sabía el motivo, pero él albergaba algún tipo de sentimiento con respecto a la creación de videojuegos. Y ese sentimiento se había convertido en una de las razones por las que los proyectos del equipo de desarrollo, incluido Kawasegawa, estaban siendo detenidos.
Esperé a que continuara hablando, pero de su parte no salió ninguna palabra más.
El silencio se alargó y, como ya se estaba haciendo tarde, le dije que iba a cortar la llamada.
Después de que me diera su nuevo número de móvil y justo cuando estaba a punto de despedirme…
—El proyecto fue interesante.
Fueron unas palabras inesperadas. Más bien, había pensado que ni siquiera había mirado el contenido.
Pero con la frase siguiente entendí por qué había dado esa impresión.
—Precisamente por eso es peligroso.
—………
Ahora sí, la llamada se cortó. Me quedé mirando fijamente la pantalla negra durante un buen rato.
¿Qué significaba aquello? Decía que había sido interesante y, aun así, peligroso. Seguramente, detrás de esas palabras se escondían los sentimientos de Matsuhira-san, su forma de pensar.
En la fría y oscura pantalla del móvil, una hilera de ceros sin emoción alguna indicaba que el día había cambiado.[1] En Japón, que un número de teléfono empiece con 03 significa que es un número fijo (línea terrestre) de Tokio.
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