El Jefe de Atelier Tan Despistado
Vol. 4 Prólogo
Esto ocurrió algún tiempo después de que Kurt, un chico un poco despistado, se convirtiera en el encargado provisional del Atelier en la ciudad Valha.
Yo, Yulishia, la aventurera principal del Atelier, junto a Kurt, aceptamos un trabajo como guardias en un baile de máscaras que se celebraría en la mansión de un noble acaudalado.
En realidad, tenía pensado aceptarlo sola, pero nos dijeron que era un trabajo para hacerse en pareja. Además, como los tres miembros de «Sakura», el grupo de aventureros afiliado al Atelier, estaban ocupados custodiando las murallas, y sobre todo porque Kurt dijo que quería ayudarme con mi trabajo, terminamos aceptándolo como pareja, él y yo.
Por eso, estábamos en el balcón del salón revisando que no hubiera sospechosos en los alrededores.
—Un baile de máscaras, ¿eh? En mi aldea también hacíamos algo parecido: todos se disfrazaban y jugaban a adivinar quién era quién, —comentó Kurt con aire de estar entretenido, a pesar de que estábamos trabajando.
—Si eran todos aldeanos, con la voz deberían poder reconocerse, ¿no?
—No es como piensa. Usábamos artefactos mágicos que cambiaban la voz. De hecho, cuando escuché que sería un baile de máscaras, traje uno de esos artefactos. Traje dos, por si acaso, uno para usted también, Señorita Yulishia. —Diciendo eso, Kurt me entregó algo parecido a un collar tipo gargantilla.
Al parecer, con solo ponérselo, tanto hombres como mujeres podían modificar su voz y sonar andróginos.
Como siempre, Kurt fabricaba cosas de lo más insólitas.
Era tan elegante que, sin esa función de cambio de voz, perfectamente podría usarse como accesorio normal.
—Ah, Señorita Yulishia, mire eso. ¡Hay un piano! —dijo Kurt sin una pizca de tensión, a pesar de estar en pleno trabajo de guardia.
Bueno, estando él aquí, seguramente los miembros de Phantom, el escuadrón de inteligencia subordinado directamente a Mimiko, la tercera Maga de la Corte, ya estarían escondidas en las sombras protegiendo el lugar, así que probablemente no tendríamos que hacer gran cosa.
Pensando eso, le sonreí a Kurt y le dije:
—¿Ese es un piano? Qué curioso. He visto órganos varias veces, pero nunca un piano.
Entre los instrumentos de teclado, los órganos como los que hay en las grandes catedrales son famosos desde hace mucho tiempo, pero el piano era una invención reciente y aún no era muy conocido. También era la primera vez que yo veía uno.
Aunque, para ser sincera, no sabía cuál era la diferencia entre un órgano y un piano.
—Aun así, Kurt, es impresionante que supieras que eso era un piano. ¿Lo habías visto antes?
—Sí. Una vez trabajé con la Señorita Bandana en una fábrica de instrumentos haciendo violines. En esa ocasión, me mostraron muchos instrumentos diferentes.
—Vaya, ya veo.
Otra vez Bandana, ¿eh?
Al parecer, aquella mujer era la guardabosques del antiguo grupo de Kurt, «Colmillo de Dragón de Fuego»… pero era realmente un enigma con patas.
—Pero bueno, ¿así que sabes tocar el violín, Kurt? La próxima vez haz uno para mí.
Como yo soy buena con la flauta, me gustaría, si era posible, tocar juntos alguna vez.
—Sí, aunque en mi aldea seguimos un método tradicional de fabricación, así que no sé si será adecuado para un lugar tan elegante como la capital. Además, toma algo de tiempo.
—¿Y qué clase de método es ese?
—¿Para un violín común y corriente? Primero, se tala un trent que crezca en el bosque…
—Espera, ¿qué? ¿Un trent, dijiste?
Los trents eran conocidos como monstruos árbol. ¿Cortarlos como si fuera cualquier otro árbol? Eso sonaba más a trabajo forestal que otra cosa… ah, claro, estábamos hablando de Kurt.
Kurt no era muy apto para el combate, así que normalmente evitaba enfrentar monstruos, pero con los gólem de hierro era distinto.
Eso se debía a que, para él, un gólem de hierro no era un enemigo, sino una veta minera con patas. Enfrentarlo era simplemente parte de la minería. Y con su aptitud en minería en nivel SSS, se le daba de maravilla.
Del mismo modo, para él, un trent no era un monstruo, sino simplemente madera.
—Bien, ya me calmé. Sigue contándome.
—Pues eso, simplemente usamos el trent para fabricar un violín común. El problema es que no es fácil encontrarlos, así que hacer uno es complicado.
—Ah, claro… sí, claro, hacer un violín con un trent, algo de lo más común, —dije con una sonrisa forzada.
—Así es. Ah, y por cierto, cuando uno fabrica un instrumento con un trent y toca música con él, ¡los trents se mueven! Cuando todos en la aldea tocan juntos, todo el bosque en la montaña se pone en movimiento. Es una escena muy mágica.
—…Más bien parece una escena que debería quedarse en el reino de lo mágico, —murmuré con ironía.
Justo en ese momento, un hombre salió al balcón.
Era el ricachón que nos había contratado. Aunque llevaba una máscara, no había forma de no reconocer ese cuerpo voluminoso, aún más acentuado por la ropa elegante.
—¿No hay nadie en el jardín?
—No, no hay nada fuera de lo normal, —respondió Kurt.
El hombre entonces se mordió la uña del pulgar por encima del guante mientras murmuraba:
—Maldita sea, ¿todavía no llega?
¿Estaría esperando a algún invitado importante? Bueno, eso no era algo que nos incumbiera a nosotros, que solo estábamos ahí como seguridad. No hacía falta preguntar…
—¿Ocurre algo? —preguntó Kurt, a pesar de que no era necesario. Al parecer, su naturaleza preocupada no le permitía quedarse callado.
—¿Que si ocurre algo? ¡Es que el músico no ha llegado! ¡Y sin él no podremos tener la actuación de piano!
Eso sí que era un problema.
Como los instrumentos de teclado eran extremadamente caros y escasos, también era limitado el número de músicos capaces de tocarlos. Encontrar un reemplazo a estas alturas sería complicado.
Normalmente, en este tipo de bailes se reunían intérpretes de instrumentos de cuerda, viento y percusión, pero en esta ocasión no se había convocado a otros músicos, ya que la intención era presentar el piano en sociedad.
«¿Qué tal si buscamos músicos de otros instrumentos, aunque sea ahora?», quise proponer.
Pero antes de que pudiera hacerlo, Kurt hizo una sugerencia absurda.
—Si no le importa, ¿quiere que lo toque yo?
—Oye, Kurt. Eso ya es pasarse un poco…
—¿¡Tú sabes tocar el piano!? —preguntó el ricachón, con una urgencia que no me esperaba.
Pensé que lo rechazaría de inmediato, pero parecía tan desesperado que había perdido el juicio.
—Sí. He escuchado piezas de vals antes, así que creo que puedo intentarlo.
—¡Eso es perfecto, por favor, encárgate tú! ¡Aunque sea hasta que llegue el músico! —suplicó el viejo ricachón con desesperación.
Vaya, vaya… Suspiré y le entregué a Kurt la máscara que llevaba por si acaso, para cubrirse la parte superior del rostro.
—Kurt, si vas a entrar, ponte esto.
Al menos debíamos asegurarnos de que no se descubriera su identidad.
Yo también me puse mi máscara mientras decía eso.
Observé cómo Kurt se dirigía al piano, y entonces me acerqué al ricachón para revelarle mi identidad y pedirle que no dijera nada sobre quién era realmente el músico que tocaría.
Y así comenzó el recital en solitario de Kurt.
Sí, no fue un baile, sino un verdadero recital.
Su interpretación fue tan maravillosa que todos los presentes olvidaron bailar y se quedaron embelesados, escuchando en silencio.
Cada vez que sus dedos golpeaban una tecla, era como si pequeños espíritus de luz salieran del piano, envolviendo el ambiente en una ilusión mágica, como si un hechizo de encantamiento estuviera actuando.
—Tal como esperaba de él, —susurré para mí misma.
Al final, ese día el músico jamás llegó, y todos los asistentes se quedaron hasta el final, absortos en la interpretación de Kurt.
Aquel chico tenía una aptitud inmedible de rango SSS para todo lo que no fuera combate. Y por lo visto, la música no era la excepción.
Esta era la historia un poco extraña que viví junto a Kurt, aquel milagroso y natural Jefe de Atelier.
—…¿Ha despertado, Lady Yulishia? Parecía que estaba teniendo un sueño muy placentero.
—…Sí, fue un sueño con una música preciosa.
Al parecer, me había quedado dormida sentada.
La voz del mayordomo, que escuché apenas abrí los ojos, me hizo recordar en qué situación me encontraba.
Sí, ahora estaba lejos de Kurt y los demás, de regreso en la casa de mi familia.
Jamás imaginé que soñaría con aquel día…
Bebí el té que habían preparado sobre la mesita frente a mí.
Aunque estaba tibio y no sabía bien, lo cierto era que incluso recién hecho no me habría parecido delicioso.
Decían que usaban las hojas de té de la más alta calidad, pero el té de hierbas que Kurt solía preparar con plantas silvestres del jardín era muchísimo más delicioso.
El mayordomo de mediana edad que se encontraba a mi lado no pasó por alto la expresión que puse al pensar eso.
—¿No ha sido de su agrado, Lady Yulishia?
—Digamos que es el té perfecto para este vestido que tan poco me representa, —respondí con sarcasmo, mientras observaba el vestido que llevaba puesto, muy parecido a los que usaban las participantes en aquel baile de máscaras.
—Yo pienso que le queda de maravilla.
Pero que dijeran que me quedaba bien no me alegraba en absoluto.
Era incómodo para moverse, y ni siquiera me permitía portar una espada. La única ventaja que tenía era que ofrecía muchos sitios donde ocultar cuchillos, aunque con una falda tan larga, incluso eso resultaba poco práctico.
Era una vestimenta totalmente inadecuada para una sacerdotisa guerrera, la línea de trabajo de mi familia.
—¿Y bien? ¿Cuándo podré ver a mi hermana Loretta?
—Le ruego que aguarde un poco más.
—¿Otra vez con eso? No me vestí como una muñeca solo para tomar el té, ¿sabes? —repliqué, bebiendo otro sorbo del té.
Sí, definitivamente seguía siendo insípido.
Suspiré. Si me había ido de esa forma, seguro que Liese, a quien dejé en el Atelier, debía estar enojada. Nuestra adorable hija… ¿Akuri no estaría llorando? ¿Kurt habría aceptado ya su propio poder?
Si Kurt llegaba a aceptar por completo sus habilidades… en un año sería capaz de conquistar el mundo con total facilidad.
Bueno, no es como si él tuviera ambiciones de dominar el mundo, así que esa parte no me preocupaba.
Lo que sí me inquietaba era que fuera ayudando a cualquiera sin pensar y acabara haciendo enemigos en la Iglesia.
En estos tiempos, el tratamiento de enfermedades y heridas estaba casi por completo en manos de los hospitales eclesiásticos. Si Kurt comenzaba a repartir gratuitamente algo parecido a una panacea, no cabía duda de que llamarían su atención. Bueno, confiaba en que Liese sabría manejar esa situación.
Aunque Liese también era bastante blanda con Kurt. Si se descuidaba, hasta podría terminar ayudándolo a distribuir esas medicinas.
—Jejé… —reí entre dientes, al imaginarme esa escena.
Justo en ese momento, se abrió la puerta.
—Pareces estar pasándola mejor de lo que imaginaba, Srta. Yulishia, —dijo una mujer, entrando en la habitación, tenía el cabello blanco corto y un parche sobre el ojo derecho. A simple vista parecía más joven que yo, pero en realidad era un poco mayor.
—Cuánto tiempo sin verte, hermana Loretta.
—Oh, ¿acaso aún te dignas a referirte a esta humilde persona como tu hermana mayor? —preguntó, usando su habitual forma extraña de hablar.
—Para mí siempre serás mi hermana, —respondí, apartando la mirada.
Ella no era mi hermana de sangre. Era hija de la hermana de mi madre… en otras palabras, mi prima.
—Hermana… ¿fuiste tú quien envió esta carta? —Le entregué a Loretta la carta que había llegado al Atelier dirigida a mí.
—En efecto. Concedí mi venia para que emprendieras el sendero de la aventurera, mas en ningún momento contemplé la posibilidad de entregarte al Reino de Homuros. Tal proceder resulta natural. En nuestra estirpe fluye una sangre sagrada, santuario de los espíritus. Por ello, aquellos que abandonan el seno del hogar no deben engendrar descendencia. No pretenderás haber olvidado tan ancestral precepto… ¿verdad?
—Por supuesto que no. Lo recuerdo bien.
—Y aun así, te alzaste como noble en tierras extranjeras… y no en calidad efímera de Caballera al servicio, sino investida con un linaje perdurable. De haber tolerado tal desvío, es casi seguro que hubieras tomado por esposo a algún noble de aquel reino, y quizás ya aguardaras la llegada de un heredero en tu seno, ¿yerro acaso en mi juicio?
—Eso no es cierto. Me hice noble por una razón concreta, y en cuanto esa situación se resuelva, tengo pensado disolver la casa.
—¿Seríame dado conocer la causa que te mueve?
—Eso… no puedo decirlo.
No podía decírselo. Mejor dicho, aunque lo dijera, no me creería.
Solo quienes habían presenciado con sus propios ojos las habilidades de Kurt podían creer en su historia.
—Carece de sentido proseguir con tales palabras. Fuiste tú quien quebrantó el juramento, y por ende, habrás de contraer nupcias en esta tierra y engendrar un hijo conforme a lo dispuesto.
—¡Eso no…! Por favor, espera.
—No me es dado aguardar por más tiempo. Mi sitial en el consejo del clan ha sido objeto de continuas censuras, a causa de la excesiva libertad que te he otorgado… Por ende, propongamos una resolución digna. ¿Qué opinión te merece desposarte con aquel que se alce victorioso en el próximo torneo de artes marciales?
El consejo del clan… en otras palabras, los miembros de mi linaje, solo pensaban en preservar la sangre de las sacerdotisas guerreras.
—…Yo no deseo algo así.
—Tus anhelos carecen ya de peso. Es una verdad amarga, mas ineludible.
—¡Espera…!
Loretta se marchó de la habitación sin volverse siquiera una vez.
Había sido demasiado ingenua.
Pensaba que, si hablaba con la Loretta de antes, aquella hermana mayor amable que conocí, ella lo entendería. Pero así como estaba ahora… no era diferente de la anterior cabeza de familia, esa persona que nos echó de la isla en nombre de las normas.
No… No podía aceptar casarme con el vencedor de un torneo de artes marciales.
Claro, si esa persona rechazaba el matrimonio, todo quedaría en nada.
Pero si Loretta… no, si el consejo del clan se lo tomaba en serio, ese matrimonio se convertiría en realidad.
Eso… eso era algo que jamás podría soportar.
Quería huir… Pero si huía ahora, mi hermana usaría todo el poder a su disposición para traerme de vuelta.
Y si eso pasaba, sin duda causaría problemas a todos en el Atelier.
Por eso, no podía huir.
Al ver la espada apoyada contra la pared —Flor de Nieve, que Kurt había fabricado para mí— ya no pude contener las lágrimas.
Quería volver al Atelier, donde estaban todos.
✕ Esta era la historia un poco extraña de cómo fue mi viaje junto a Kurt, el milagroso y natural Jefe de Atelier.
〇 Esta la típica historia, en la que, separada de Kurt, el milagroso y natural Jefe de Atelier, emprendí mi camino sola.
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