El Jefe de Atelier Tan Despistado
Vol. 4 Capítulo 1. Hacia Koskeith, la Federación de Ciudades-Isla Parte 2
Quince minutos después.
Nos encontramos frente a los platos servidos y quedamos completamente asombrados.
—Sopa de globo ocular de pez abisal Gagao, insecto Gagira al vapor, y gelatina de cerebro de oveja Cahors. Disfruten.
—¡Esto es, esto es! Si vienes a este pueblo, tienes que probar su cocina exótica, sí o sí, —dijo Chichi, empezando a comer con entusiasmo.
Después de verla, crucé la mirada con Sir Kurt.
Bu-bueno… le pedimos el favor de que cocinara, así que no podíamos simplemente negarnos a probarlo… ¿verdad?
Antes de probarlo, ya podía afirmar una cosa: el Sr. Gehrhak definitivamente se había desviado del camino tras conocer a Sir Kurt.
Con ese pensamiento, me llevé la comida a la boca.
En conclusión, la comida que preparó el Sr. Gehrhak, aunque no alcanzaba el nivel de Sir Kurt, estaba deliciosa a pesar de su apariencia. Que yo, alguien acostumbrada al sabor de la cocina de Sir Kurt, pudiera considerarla deliciosa, significaba que en verdad lo era. Sin embargo, por ser tan buena, surgía un dilema: no podíamos dejar nada en el plato.
Si hubiera estado mala, podríamos haber tomado un bocado y habernos excusado…
Pero ¿por qué? ¿Por qué ese bicho enorme que parecía una oruga gigante, el llamado insecto gagira endémico de esta isla, era tan cremoso? Y no sólo eso. La sopa de ojos de pez y la gelatina de cerebro de oveja también estaban exquisitas.
—Estuvo realmente deliciosa, Señor Gehrhak, —dijo Sir Kurt, evaluando así la cocina del Sr. Gehrhak.
Sir Kurt había dudado en probar los ojos de pez que flotaban en la sopa, pero una vez que los comió, incluso la oruga gigante se la había comido sin vacilar, así que no debía de estar halagando por compromiso, sino expresando honestamente su opinión.
Ver a Sir Kurt comiendo insectos no había sido precisamente una imagen agradable, sin embargo…
—Me alegra muchísimo que me diga eso, maestro. Si es posible… ¿podría volver a probar uno de sus platos?
—Claro, pero ya todos deben de estar casi llenos, así que con una sopa sencilla estará bien, ¿no? ¿Podría usar su cocina?
—Por supuesto. Permítame acompañarlo, —respondió el Sr. Gehrhak, y ambos se dirigieron a la cocina, dejándonos a solas a la Srta. Chichi y a mí.
En momentos como este, siempre resultaba difícil sacar conversación.
No obstante, con mis habilidades sociales refinadas en la alta sociedad, extraer información de ella no debería suponer problema alguno.
Si lograba sonsacarle información sobre la vaina, ya no tendría más utilidad. Entonces, podría volver a viajar a solas con Sir Kurt.
—Disculpa, Srta. Chichi. Me gustaría preguntarte algo…
—¿Mm? ¿Qué pasa, princesita?
—…¿¡!?
¿Qué acababa de decir…?
¿Acaso sabía mi verdadera identidad desde el principio?
Instintivamente desenvainé a Mariposa, pero…
—¡Ah, espera, espera! No me acerqué a ti sabiendo que eras una princesa, ¿de acuerdo? Lo escuché hace un momento, cuando estaban hablando en la cocina. Tengo buen oído, eso es todo… Y tranquila, no le diré nada al caballero si lo estás ocultando.
Al decir eso, empezó a balancear sus lóbulos de las orejas con ambas manos.
A pesar de que la distancia había sido considerable, qué increíble oído tenía esta chica.
En lugar de sacarle información, terminé dejando que me escuchara información confidencial. Una torpeza imperdonable.
Por suerte, al menos le había hecho prometer que no revelaría mi identidad a Sir Kurt.
—…Entonces, ¿las dos que vigilan dentro del local desde hace rato son tus escoltas o algo así, Princesa?
—¿Te habías dado cuenta?
—Por mi trabajo, soy muy sensible a las miradas de la gente.
¿Sensibilidad a las miradas ajenas…?
Los Phantoms eran profesionales del espionaje. No creía posible que una persona común pudiera notar una mirada tan distinta como la suya.
Ya veo… al parecer era cierto que tenía habilidades destacables como guardabosques.
Sin embargo, que descubriera que yo era una princesa resultaba conveniente en este caso.
—Srta. Chichi, tengo una pregunta para ti. ¿Dónde conseguiste la vaina de tu daga?
—Ah, ¿esto? —respondió, colocando el cuchillo enfundado sobre la mesa.
Cuando intenté estirar la mano para tomarlo, ella lo retiró rápidamente.
—Es un secreto.
—…¿Qué te parecerían dos monedas de oro?
Era el dinero que había intentado darle al Sr. Gehrhak hace un momento.
—Qué rápida eres para hacer tratos, princesa. Seguro podrías ofrecer diez veces más que eso, ¿me equivoco?
Le sonreí como si reconociera su astucia, aunque en realidad estaba dispuesta a pagar hasta cien veces más.
Parecía que podría resolver esto con dinero… o eso pensé.
—Pero lo rechazo.
Su respuesta fue totalmente inesperada.
—¿Puedo preguntarle por qué?
—Eso también es un secreto.
…Haa, ya veo cómo es.
Más difícil de manejar de lo que parecía.
—Por cierto, ¿cuál de estas dos preguntas le resulta más difícil de responder? Creo que al menos eso sí podría decírmelo, ¿verdad?
—Veamos… «¿por qué no puedo responder?» sería la más difícil.
—Entiendo. En ese caso, toma esto.
Apilé diez monedas de oro frente a ella.
Ella las observó y se rio con desdén.
Diez monedas de oro… un guardia común de ciudad necesitaría varios años de trabajo honesto para reunir esa cantidad.
—Me has subestimado, ¿eh? Si de verdad quieres que te lo diga, tendrás que ofrecer veinte veces más…
—No. Esto es una apuesta.
Interrumpí sus palabras, que salían con una risita burlona.
—¿Una apuesta?
—Así es. Vamos a apostar si serás capaz de terminar la sopa que Sir Kurt va a preparar ahora. Si lo dejas tras probar solamente su comida, ganas, y yo te daré este oro sin condición alguna. Pero si te lo comes todo, entonces gano yo, y me contarás la información sin cobrar. ¿Qué te parece?
—Jajá… ¿tienes como hobby donar dinero, Princesa? No creo que eso pueda considerarse una apues…
Coloqué otras diez monedas de oro junto a las anteriores.
Una apuesta de un total de veinte monedas de oro.
La expresión en los ojos de ella cambió.
—¿Qué clase de truco planeas usar? No me digas que pensabas ponerle droga a la comida. No puedo creer que tu caballero hiciera algo así, ¿sabes?
—¿Rechazarás la apuesta?
—…Está bien. Pero no te arrepientas después.
Diciendo eso, la Srta. Chichi esbozó una sonrisa desafiante.
Muy bien, con eso, ya tenía la información asegurada sin tener que pagar.
Porque…
—¡Ya está lista la comida!
Sir Kurt apareció trayendo los platos, seguido del Sr. Gehrhak con un rostro visiblemente exhausto.
Seguramente, al ver de nuevo la habilidad culinaria de Sir Kurt, el Sr. Gehrhak entendió, en el verdadero sentido, cuán inexperto era todavía.
Sobre la mesa se sirvió una de las especialidades de Sir Kurt: una sopa de maíz.
—Entonces, adelante, Señorita Chichi.
—Ah, gracias… ¿mm? Este aroma…
Tan pronto como percibió el aroma de la sopa de maíz, ella tomó la cuchara de madera.
Y en el siguiente instante, ya había terminado.
Cuando soltó la cuchara, su plato estaba completamente vacío.
—…Gracias por la comida.
Dijo la Srta. Chichi cuando terminó de beberse la sopa.
Tal como lo había predicho: no existía manera de que alguien pudiera dejar comida de Sir Kurt sin terminar.
Yo también llevé a mi boca esa sopa, cuyo valor superaba con creces las veinte monedas de oro por cucharada, sin contenerme ni un poco.
—¿Qué es esto? Esto ya ni siquiera se puede describir como «delicioso», ¡es otro nivel! Esto está tan bueno que uno podría pensar que tiene alucinógenos o algo así. ¿Ya no hay más? ¡Quiero una olla entera!
Al pedir la Srta. Chichi una segunda porción, Sir Kurt sonrió y dijo: «Hasta si solo es un cumplido, me hace feliz. Bien, enseguida preparo más.» Y regresó a la cocina.
El Sr. Gehrhak, por su parte, estaba llorando mientras murmuraba: «Quizás me enfoqué demasiado en los ingredientes y perdí de vista lo que realmente importa como cocinero…». Si ese plato era el resultado de su obsesión con los ingredientes, era un tanto triste, en efecto.
—Bien, Srta. Chichi. Recuerdas nuestra promesa, ¿verdad?
—Sí, perdí. Nunca imaginé que la cocina del caballero llegara a tal nivel. Así que querías saber de dónde obtuve la vaina de mi daga y por qué no podía decirlo, ¿no?
—Sí, así es. Por favor, cuéntamelo.
Si lograba averiguarlo, también podría descubrir dónde conseguir esa vaina.
Ella asintió mientras lamía por enésima vez la cuchara que ya había relamido a fondo.
—Esa vaina es algo que solo personas muy especiales pueden poseer. Que yo la tenga no está permitido… eso es todo.
No dijo más que eso.
Ya veo… ¿se la habían regalado? ¿O la había robado? Bueno, en cualquier caso, no importaba mucho.
—¿Y esa persona especial sería…?
—Una a la que llaman «sacerdotisa guerrera».
Recordaba que las «sacerdotisas» eran algo así como monjas pertenecientes a una religión diferente de la iglesia.
Pero, ¿qué era exactamente una «sacerdotisa guerrera»?
¿Se trataba, acaso, de una monja peleadora?
Aunque pensándolo bien, que una monja luchara no era tan raro.
Cuando aparecían criaturas no muertas como zombis o esqueletos, las monjas luchaban con magia sagrada. Algunas incluso usaban mazas para abatir goblins. Marlefiss, quien había estado con Sir Kurt en «Colmillo de Dragón de Fuego», también había combatido.
Así que, quizás las «sacerdotisas guerreras» eran ese mismo tipo de combatientes.
Al notar mi expresión de duda, Chichi añadió una explicación:
—Las sacerdotisas guerreras son mujeres que combaten portando espíritus dentro de sí. Aunque, bueno, hace ya varios siglos que no nace una. Aun así, parece que sus descendientes siguen entrenándose para albergar a los espíritus, en una de las islas de Koskeith: la isla Ishisema.
—¿La isla Ishisema, eh…?
—Sí. La señora de esa isla vino una vez a comer a este local. Una mujer hermosa, pero más que eso, con un aura claramente de guerrero.
El Sr. Gehrhak, ya más tranquilo, se unió a la conversación.
Al parecer, había estado escuchando todo.
—¿De guerrero, dices? Normalmente, las monjas evitan mostrar esa clase de actitud…
—Sí, pero esta mujer imponía de verdad. Una dama en la flor de la vida, con un cabello blanco que era simplemente precioso.
—¿¡Cabello blanco!? —No pude evitar alzar la voz.
Era raro ver a una mujer joven con el cabello blanco.
¿Sería acaso alguien relacionada con la Srta. Yuli?
—Disculpa… ¿qué edad tenía esa mujer?
—Veinticuatro años. Su nombre es Loretta Element.
La respuesta vino de Chichi. Para haber sido tan reticente antes con la información, esta vez hablaba con bastante soltura… Lo cual agradecía, por supuesto.
Sin embargo, seguía siendo un nombre que no había escuchado antes.
Bueno, eso era comprensible.
De las siete islas que conformaban Koskeith, Ishisema era la única que no tenía rutas comerciales oficiales con las demás, no permitía la entrada de turistas, y en esencia, se encontraba en un estado de aislamiento casi total.
Había conocido a varios de los señores de otras islas de la Federación de Ciudades-Isla de Koskeith cuando visitaron el palacio real para reuniones, pero no tenía ninguna información sobre el señor de Ishisema.
De hecho, entrar a esa isla requería procedimientos especiales, y en los documentos de presentación que el Margrave Tycoon nos había proporcionado para visitar las distintas instalaciones, no había ninguno relacionado con Ishisema.
Incluso aprovechando mi estatus como miembro de la familia real de Homuros, probablemente sería difícil tener una audiencia con esa tal Loretta Element.
—¿Quieres conocer a Loretta Element?
—Sí. Si utilizo mi posición como princesa, tal vez…
—No hace falta que hagas eso. ¿Por qué no vas al torneo de artes marciales de la isla Paos? Escuché que a ese torneo asistirán todos los señores de la Federación de Ciudades-Islas de Koskeith como observadores.
…¿Eh?
Ahora que lo pensaba, el Margrave Tycoon me había confiado una invitación para ese torneo.
Parecía que podría reunirme con ella más fácilmente de lo que había anticipado.
—¡Chicos, preparé más sopa!
Tal como le había prometido a la Srta. Chichi, Sir Kurt volvió con una olla llena de sopa.
La Srta. Chichi comía con gran entusiasmo, pero… ¿qué era esa sensación?
Todo estaba avanzando con demasiada facilidad… No podía evitar sentir cierta sospecha.
Mientras la Srta. Chichi devoraba la olla entera de sopa de maíz, le conté a Sir Kurt todo lo que había descubierto hasta el momento.
La vaina que tenía la Srta. Yuli parecía ser un objeto reservado para alguien llamado sacerdotisa guerrera, una especie de monja guerrera.
Estas sacerdotisas ya no nacían desde hacía siglos, pero se decía que sus descendientes seguían entrenando en la isla Ishisema.
La actual señora de esa isla era una joven de cabello blanco, al igual que la Srta. Yuli.
Y esa misma señora, Loretta Element, asistiría como observadora al próximo torneo de artes marciales.
—¿Descubrió todo eso mientras yo cocinaba? ¡Es impresionante, Señorita Liese!
Que Sir Kurt me elogiara me alegraba mucho, aunque en realidad todo lo que ella había contado se debía al arma secreta culinaria que era el propio Sir Kurt.
Me moría de ganas de decírselo, pero no podía.
Entonces, Sir Kurt entregó al Sr. Gehrhak un fajo de pergaminos que había preparado en algún momento.
—Señor Gehrhak, si le parece bien, aquí tiene unas recetas de cocina de mi aldea natal. Son platos sencillos de campo, pero únicos por esta zona. Le animo a probarlos.
—¿¡Maestro, de verdad puedo…!?
—Por supuesto.
—Gracias. Las atesoraré por el resto de mi vida.
—Qué exagerado, —dijo Sir Kurt con una sonrisa.
Pero para el propio Gehrhak, seguramente no era una exageración en lo absoluto.
Seguramente, esas recetas podían considerarse un tesoro supremo para cualquier cocinero.
Claro que, aunque alguien las siguiera al pie de la letra, no significaba que fuera a obtener exactamente el mismo resultado que Sir Kurt.
Después de todo, él ajustaba sutilmente la cantidad de condimentos y el tiempo de cocción según la calidad de los ingredientes. Incluso para un profesional, era imposible replicar eso con exactitud.
—Por cierto, Señorita Liese. ¿Cuándo se celebraría el torneo de artes marciales?
—Dentro de una semana, según me informaron. Hasta entonces, deberíamos seguir con el plan original y continuar aprendiendo sobre la cultura local en nuestros destinos académicos. …Dicho esto… Srta. Chichi, ya no la necesitamos, así que sería momento de despedirnos aquí.
—¡E-espera un momento! ¡Ya tenemos un contrato! ¡Los acompañaré hasta la isla Paos, sin falta!
—Lo dices así, pero en realidad, solo quieres seguir comiendo la comida de Sir Kurt, ¿verdad?
—¡No, no, no es solo por eso! Verás, en la isla Paos se celebran varios concursos antes del torneo principal. Hay competiciones de cocina, de herrería, incluso de arte. Creo que el gran caballero podría ganar el concurso de cocina. ¿No te gustaría participar?
Ah, ya entendía de qué iba todo.
En ese tipo de competiciones, siempre había apuestas involucradas.
Probablemente pensaba que si apostaba todo por Sir Kurt —quien nunca había tenido ningún resultado previo en torneos de cocina— y este ganaba, podría llevarse una suma enorme de dinero.
—No creo que alguien como yo pueda ganar.
Y él lo decía sinceramente, no por modestia.
Sin embargo, con la habilidad que había demostrado al preparar comida para cerdos que encantaba incluso a dragones, era evidente que podría alzarse con la victoria aunque usara ingredientes de baja calidad.
Y eso implicaría que Sir Kurt finalmente tomaría conciencia de su verdadero talento… lo cual, inevitablemente, lo llevaría a desmayarse del impacto.
Obviamente, no podíamos permitir eso.
Tendría que inventar alguna excusa para que la Srta. Chichi y nosotros tomáramos caminos distintos.
—Eso no será posible. Además, Sir Kurt tiene que hacer una visita de inspección a un Atelier en la isla vecina, Macca. Así que, Srta. Chichi…
—Sí, así que por esas razones, lamentablemente no podré participar, Señorita Chichi.
Cuando Sir Kurt hizo una leve reverencia de disculpa, la Srta. Chichi, con la boca aún llena de sopa y la cuchara entre los labios, puso una expresión claramente decepcionada.
Una vez salimos de la tienda y nos despedimos de la Srta. Chichi, comencé a pensar en los pasos siguientes.
Lo primero era encontrar un medio para llegar a otra isla.
La forma más segura era por barco, pero eso tomaba tiempo.
Si era posible, quería encontrar a alguien que ya hubiera usado una piedra de teletransporte y viajar con esa persona a otra isla.
Dentro de la Federación de Ciudades-Isla Koskeith, incluyendo esta isla de Backlas, había un total de cuatro puntos donde se habían instalado piedras de teletransporte. No obstante, para poder usarlas, era necesario que alguien que ya las hubiera tocado viajara contigo.
El problema era que los cristales de teletransporte eran costosos y muy pocas personas los poseían, por lo que también eran pocos quienes habían usado una piedra de teletransporte…
Pero bueno, eso no representaba mayor inconveniente si se presentaba una solicitud en el gremio de aventureros. Muchos aventureros de alto rango solían tener cristales de teletransporte.
Así pues, Sir Kurt y yo fuimos al gremio de aventureros y presentamos la solicitud.
Para una petición de ese nivel, seguramente encontraríamos a alguien dispuesto a aceptarla antes de que terminara el día.
—Señorita Liese, Señor Kurt, hemos encontrado a una aventurera dispuesta a aceptar su solicitud. Por favor, diríjanse al segundo mostrador de atención .
¿Lo ves? Ya la habían encontrado.
Con esto, podríamos trasladarnos a otra isla en un abrir y cerrar de ojos.
—Señorita Liese, Señor Kurt, esta mujer ha utilizado todas las piedras de teletransporte de las cuatro ubicaciones disponibles en el país, —nos dijo la recepcionista, mientras nos la presentaba.
…Bueno, ya me lo imaginaba desde un principio.
—Nos volvemos a ver, ¿eh? Ah, y el pago por la solicitud es aparte del de la escolta, ¿entendido? —dijo ella.
La aventurera —la Srta. Chichi— nos tendió la mano mientras hablaba.
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