El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 4 Capítulo 1. Hacia Koskeith, la Federación de Ciudades-Isla Parte 1

 

—Señorita Sheena, le encargo a Akuri, por favor.

Frente al Atelier del Señor Rikuto, gobernador y Jefe de Atelier en Valha, yo, Kurt, le confié a mi hija Akuri a la Señorita Sheena, miembro de «Sakura».

La Señorita Sheena, que sostenía en brazos a Akuri —quien se había quedado dormida tras llorar hasta el cansancio—, asintió con una sonrisa entre resignada y tierna.

—Ser padre debe de ser difícil… aunque ser madre también, por supuesto, —dijo, acariciando la frente de Akuri con su dedo índice.

A la Señorita Sheena le habíamos pedido que cuidara de Akuri mientras nosotros nos dirigíamos a Koskeith, la Federación de Ciudades-Isla, donde suponíamos que se encontraba la Señorita Yuli.

En realidad, yo habría querido llevar a Akuri conmigo.

Pero, al tratarse de un país lejano, existía el riesgo de que un accidente imprevisto pudiera ponerla en peligro, así que tuve que descartarlo.

Sin otra opción, la Señorita Liese y yo tratamos de convencerla.

Akuri lloró, diciendo que no quería separarse de nosotros.

Aun así, gracias a mis palabras, aceptó con lágrimas en los ojos y su infantil pronunciación: Ve a shalvar a Mami Yuli, sí. Ashí que… yo me quedo cuidando la casha…

Le di un beso en la mejilla y acaricié el mismo lugar donde Sheena lo había hecho antes.

—Sir Kurt, ¿ya terminó de despedirse de Akuri?

—Sí, justo ahora.

—Ya veo. —La Señorita Liese, que había llegado a mi lado, sonrió con dulzura, acarició la cabeza de Akuri y luego la besó en la mejilla… en el mismo lugar que yo.

Una madre, ¿eh…? Me pregunté si cuando yo era un bebé, mi madre también me había querido así.

Con un poco de vergüenza, nos dirigimos al centro del pueblo, donde estaba instalada la piedra de teletransporte de Valha.

La piedra de teletransporte era una gran roca que brillaba con un tono azul, y si se tocaba con un cristal de teletransporte, permitía trasladarse al instante —junto con los miembros cercanos del grupo— a la ubicación de otra piedra de transferencia.

—……Haa.

Solté un suspiro involuntario frente a la piedra de teletransporte, y la Señorita Liese me miró con curiosidad.

—¿Qué sucede, Sir Kurt?

—Bueno, sólo lo recordé… Las piedras de teletransporte sólo permiten que hasta cuatro personas se trasladen al mismo tiempo, ¿verdad?

—Así es. Sólo los miembros del mismo grupo pueden hacerlo.

—¿Y por qué el límite es de cuatro personas?

—Eso… no lo sé.

Bueno, era de esperarse que la Señorita Liese tampoco lo supiera.

En el pasado, yo había trabajado como recadero en un grupo de héroes llamado «Colmillo de Dragón de Fuego».

Los miembros éramos cuatro: el espadachín de fuego Golnova, la maga Marlefiss, la guardabosques Bandana, y yo. Sin embargo, un día, con la excusa de reclutar a un nuevo mago, me expulsaron del grupo.

Jamás podría decir que estoy descontento con mi trabajo actual como representante del Jefe de Atelier.

Aun así, no podía evitar pensar que, si no existiera esa norma que limitaba a cuatro el número máximo de miembros en un grupo, quizá todavía seguiría en «Colmillo de Dragón de Fuego».

No pasó mucho tiempo después de que me echaran, cuando el grupo se disolvió. La Señorita Bandana siguió trabajando por su cuenta aquí y allá, tan ágil como siempre, y la Señorita Marlefiss, con su gran talento como maga, se convirtió en profesora en una academia, junto con la Señorita Mimiko, la Maga de la Corte.

Pero del Señor Golnova… no supe qué fue de él.

Con la habilidad que tenía, era impensable que un monstruo pudiera superarlo. Aun así, no podía evitar preocuparme… ¿Estaría bien?

—Sir Kurt, es hora de partir. Como la piedra de teletransporte no permite viajar directamente al extranjero, nos transportaremos a la ciudad más cercana a la Federación de Ciudades-Isla Koskeith. ¿Está listo?

—Sí, estoy listo.

No era como si alguien como yo tuviera derecho a preocuparse por el Señor Golnova.

Más importante que eso, ahora debía concentrarme en traer de vuelta a la Señorita Yulishia.

Con el objetivo bien claro ante mis ojos, tomé la mano de la Señorita Liese.

—¿Eh? La temperatura de su mano está subiendo rápidamente, Señorita Liese… ¿Está bien?

—Sí-sí, estoy bien. Entonces, vámonos. —Diciendo esto, la Señorita Liese colocó su mano sobre la piedra de teletransporte. 

 

Observando las olas romper contra el muelle, sentía en el rostro el aroma del viento salino.

Nos encontrábamos en Macris, un pueblo portuario en el extremo norte del Margraviato Tycoon.

Desde la punta del cabo se extendía un puente de piedra de dos kilómetros, construido, según se decía, en la era de la antigua civilización Lapital. Y más allá de ese puente, se encontraba la isla de Bakclas, la única isla de la Federación de Ciudades-Isla Koskeith a la que se podía llegar a pie desde el continente.

En algún lugar de Koskeith, estaba la Señorita Yulishia.

—Aun así, tuvimos mucha suerte, ¿no cree? Que justo el destino de intercambio del Atelier resultara ser Koskeith… Aunque, sinceramente, yo ni siquiera sabía que hubiera un programa de intercambio.

Cuando supimos que la Señorita Yuli había desaparecido, la Señorita Liese y yo no sabíamos cómo llegar a Koskeith. Fue entonces cuando, de repente, recibimos una convocatoria del propio Margrave Tycoon.

En esa ocasión, a mí se me encomendó viajar en calidad de Representante del Atelier, y a la Señorita Liese como gobernadora interina de Valha.

El objetivo oficial era un intercambio académico para estudiar tecnologías navales que no existían en nuestro país, así como las culturas únicas de cada isla. Al parecer, se trataba de una misión de investigación encubierta bajo el nombre de intercambio.

Y por lo que supe, ya se habían hecho todos los arreglos con los anfitriones, y en cada isla nos estaban preparando una bienvenida.

En principio, a un Jefe de Atelier y a sus allegados no se les permitía salir del país. La razón era que la fuga de tecnología al extranjero podía representar una gran pérdida para la nación.

Sin embargo, si se hacía bajo la cobertura de un intercambio académico, se permitían excepciones.

En aquel momento, agradecí a los dioses por esa afortunada coincidencia.

—Pero… ¿estará bien el Margrave Tycoon? Ayer se le veía bastante agotado. —El margrave, que suele ser de constitución algo robusta, me pareció haber perdido unos diez kilos en comparación con su aspecto habitual.

¿Habría comenzado una dieta?

Pensaba que hacer una dieta tan estricta no podía ser bueno para su salud…

—Quizás pedirle que organizara todo en un solo día fue excesivo. Ni siquiera hemos visto al administrador… puede que esté en cama.

¿Señorita Liese? ¿Por qué hablaba tan bajo?

—¿Eh? ¿Dijo algo, Señorita Liese?

—No, nada importante. En fin, como no se trata de una situación de vida o muerte, tampoco es necesario apresurarnos. Podemos recabar información sobre ella mientras disfrutamos del viaje, ¿no cree?

—Eso no suena bien… Estamos aquí por trabajo, después de todo. Aunque… espere, ¿no hemos tenido esta conversación antes?

Sí, claro que sí.

Durante el festival en la ciudad principal del Margraviato Tycoon, me pareció que la Señorita Liese había dicho algo parecido.

Ah… ya lo recordé.

Cuando recién llegó al Atelier, la Señorita Liese fue blanco de «garabatín» y no podía salir de casa.

Tal vez por eso, al no poder disfrutar del mundo exterior en aquel entonces, ahora deseaba compensar ese tiempo perdido con festivales y turismo.

Era cierto que lo más importante era encontrar a la Señorita Yuli y cumplir con nuestras responsabilidades. Pero también era importante que la Señorita Liese pudiera recuperar ese tiempo que no pudo disfrutar.

—¡Señorita Liese!

—¡¿Sí-sí?!

—Investiguemos mientras nos divertimos un poco. Como en aquel festival.

—¡Sí!

Sí… probablemente eso era lo correcto. Una vez decidido, lo primero era dirigirse a Koskeith.

O al menos, eso pensaba, hasta que…

—Vaya, qué fila tan larga.

El edificio ubicado en el centro del gran puente servía como punto de control fronterizo.

En ese momento, una gran cantidad de personas hacía cola para cruzar la frontera.

—Sir Kurt, ¿qué desea hacer? Si usamos el paso exclusivo para nobles, podríamos cruzar mucho más rápido.

—Hmm… Lo siento, prefiero no hacerlo.

—Ya me imaginaba que diría eso, Sir Kurt.

Un momento antes, un carruaje, probablemente transportando a un noble, había pasado velozmente junto a la fila en la que nosotros esperábamos, dirigiéndose directamente al control de entrada.

Entonces, todos los guardias del puesto de control se concentraron en aquel carruaje, y el proceso en la fila en la que estábamos se detuvo por completo.

Por lo visto, cuando un noble pasaba por la puerta, se realizaban unos trámites especiales.

Si nosotros también nos hubiéramos colado, habríamos hecho que las demás personas en la fila tuvieran que esperar aún más tiempo.

—Oigan, jovencito, señorita, ¿ustedes son nobles? —nos preguntó una mujer que parecía una comerciante ambulante, vestida con un turbante y que estaba justo detrás de nosotros en la fila. Al parecer, había estado escuchando nuestra conversación.

—No, yo no. El noble es Sir Kurt…

—Bueno, técnicamente solo soy un caballero noble.

Ante mis palabras, la mujer abrió los ojos sorprendida.

—¡Vaya, eso sí que es impresionante! Me llamo Chichi. Estoy en esta fila para ir al torneo de artes marciales que se celebrará en la isla Paos.

—¿Es usted espadachina?

—No, yo…

Fue justo después de que la Señorita Chichi me diera un par de golpecitos en la cabeza con su mano derecha.

Sentí una ligera incomodidad, y al revisar instintivamente mi bolsillo, noté que la bolsa con las monedas de cobre había desaparecido.

¿Eh? ¿Cuándo se me cayó?

—Oh, te diste cuenta, ¿eh? Bueno, aunque parece que no notaste que te la había robado. Toma, aquí está tu bolsita de monedas, —dijo ella, devolviéndomela.

No se me había caído… ¡me la había robado en ese instante! Y yo ni siquiera me había percatado.

—¿Cómo lo notaste?

—Llevo un control del peso de mi equipaje al gramo, así que si algo en mis bolsillos se aligera, lo noto al instante.

—¡Ja! ¡Eres el enemigo natural de los carteristas! —dijo ella riendo con diversión.

—¿Eres una carterista…?

—Vamos, señorita, no me mire así. Ya dejé esa vida. Ahora me gano la vida como una hábil guardabosques, —aseguró, y luego sacó un cuchillo para mostrárnoslo.

…Un momento. ¿Ese cuchillo…?

Justo cuando estaba a punto de decir algo al respecto, la Señorita Chichi habló primero.

—¿Qué tal? Van a ver el torneo de artes marciales en el norte, ¿no? ¿Por qué no me contratan como escolta? Si me contratan, puedo protegerlos no solo de bandidos, sino también de carteristas como la que solía ser yo.

¿Un torneo de artes marciales? ¿Había uno de esos?

—No necesitamos… —empezó a decir la Señorita Liese para rechazarla.

—Espere, Señorita Liese.

Quizá esto era una oportunidad.

—Disculpe, ¿conoce bien Koskeith?

—Sí, claro que sí. Como guardabosques, también soy buena reuniendo información.

—En realidad, estamos buscando a una persona en Koskeith. ¿Podría ayudarnos con eso?

—¿Buscan a alguien, eh? Muy bien. Les echaré una mano hasta que comience el torneo.

—Muchas gracias, Señorita Chichi. Mi nombre es Kurt.

—¿Kurt, eh? Está bien, el pago será esto, —dijo, mientras levantaba con su mano libre la bolsita de monedas que tenía. 

Otra vez había desaparecido la bolsita de mi bolsillo.

—Sir Kurt, ¿no habrá contratado a la persona equivocada?

—Jajá… yo también empiezo a pensar lo mismo… 

 

Tras pasar un largo rato en la fila, finalmente llegamos al puesto de control fronterizo.

Cuando mostramos el permiso de paso que nos había confiado el Margrave Tycoon, apenas hubo una revisión: prácticamente nos dejaron cruzar sin más, y pudimos atravesar la frontera con la Federación de Ciudades-Isla de Koskeith.

Aunque, siendo honestos, como el puente del lado del Reino de Homuros era exactamente igual, no se sentía realmente como haber cruzado una frontera.

—¡Vamos, Kurt, Liese! ¡Dense prisa! —nos llamó Chichi, agitando la mano con entusiasmo.

Con su actitud tan alegre y su personalidad impulsiva, aquella mujer me causaba cierta inquietud.

—Sir Kurt, ¿está seguro de que fue buena idea contratar a esa mujer como escolta? Por recomendación del Margrave Tycoon, ya se han hecho arreglos para contratar a un escolta y un guía en la próxima ciudad.

Ante las palabras de Liese, negué con la cabeza.

—…Era el mismo.

—¿El mismo? ¿A qué se refiere?

—El cuchillo que tenía la Señorita Chichi… era igual al que tenía la Señorita Yulishia.

—¡¿Está diciendo que ella le robó el cuchillo a la Srta. Yuli?! —exclamó Liese, abriendo los ojos con asombro.

—No-no, no es eso. No es exactamente igual. Creo que es una daga hecha con el mismo molde.

—Aunque sea igual… si es un producto fabricado en masa, no sería algo raro, ¿cierto?

—Sí, tiene razón…

Lo que decía la Señorita Liese era totalmente lógico.

Aun así, esta información tenía su importancia.

Decidí explicarle con más detalle.

…A diferencia de las dagas como Mariposa, la que usaba la Señorita Liese y que se forjaban a partir de lingotes de hierro martillados, las que se fabricaban con moldes se hacían vertiendo metal fundido en un molde. Incluso alguien con mis habilidades podría fabricar dagas a un ritmo de cien por minuto mediante molde.

—Sir Kurt, ¿cuánto tiempo toma fabricar una daga? No… olvídelo.

Si me decía que lo olvidara, ¿podía continuar entonces? A pesar de lo práctica que era la técnica de fundición, tenía una gran desventaja: el filo era considerablemente inferior.

Por ejemplo, con una espada de hierro forjada normalmente, uno podía cortar una roca como si fuera aire. En cambio, con una espada fundida, al intentar cortar una roca, se notaba una resistencia clara.

—Sir Kurt, si golpea una roca con una espada de molde, podrá romperla, pero no cortarla… no, olvídelo.

Si de verdad podía olvidarlo, ¿podía continuar con mi explicación…?

Por esa razón, aunque lo normal era que los cuchillos fundidos tuvieran un filo inferior, la daga de la Señorita Yuli no era así.

Tenía grabado un sello mágico que evitaba que el filo se mellara y que, además, aumentaba su capacidad de corte.

—¿Un sello mágico? No recuerdo haber visto algo así.

—Así es. No hay nada dibujado en la hoja del cuchillo. El sello mágico está grabado en el interior de la vaina. Y esa vaina no es algo que se pueda fabricar tan fácilmente.

—¿¡Ni siquiera usted puede hacerla, Sir Kurt!? —preguntó Liese, con una expresión de sorpresa en el rostro.

El modo en que lo dijo… parecía como si creyera que yo pudiera fabricar cualquier artefacto mágico con facilidad.

Cuando en realidad, hay muchas cosas que alguien como yo no era capaz de hacer.

—…Tal vez podría crear algo similar, pero una idéntica, no lo creo. Sin embargo, el señor que vivía detrás de mi casa solía fabricar ese tipo de cosas. Creo que él sí podría hacerla. Su pasatiempo era crear gólems, y era muy hábil grabando sellos en materiales. Incluso llegó a construir una isla que flotaba en el cielo todo el día.

La Señorita Liese se quedó con la boca entreabierta, sin saber qué decir. Permaneció así por un momento, pero pronto volvió en sí.

—Entonces, Sir Kurt, ¿usted cree que si esa mujer tiene una daga y una vaina iguales a las de la Srta. Yuli, eso podría ser una pista para encontrarla?

—Sí… aunque también me guío por la intuición.

Dicho eso, miré a la Señorita Chichi, quien ya estaba perdiendo la paciencia y se acercaba hacia nosotros.

Me tomó del cuello del abrigo y me levantó con facilidad antes de echar a andar.

—¡Si no nos damos prisa, los buenos restaurantes de más adelante cerrarán antes del atardecer!

—¡Espera! ¡No trates con tanta brusquedad a Sir Kurt!

Mientras observaba a la Señorita Chichi cargándome sin esfuerzo y a la Señorita Liese persiguiéndola desesperadamente, pensé:

Si la Señorita Chichi resultaba ser una buena persona, entonces este viaje en busca de la Señorita Yuli podría llegar a ser algo muy divertido… Tuve ese presentimiento.

◇◆◇◆◇

Pude ingresar sin problemas junto a Sir Kurt al territorio de la Federación de Ciudades-Isla, Koskeith.

En esta ocasión, no ingresé al país usando mi nombre real, Lieselotte, sino que utilicé una identificación donde figuraba simplemente como Liese, un apodo.

Claro está, el documento que utilicé era uno destinado a miembros de la realeza que viajaban de incógnito a otros países, por lo que, aunque evitaba que la gente común me reconociera, significaba que algunas figuras de alto rango de esta nación supieran que yo —Lieselotte, la tercera princesa— había ingresado en la federación.

Bueno, eso era algo inevitable.

El verdadero problema fue que sólo dos miembros de los Phantom habían podido acompañarme como escolta en este país.

En caso de emergencia, me preocupaba si ese número sería suficiente para proteger tanto a Sir Kurt como a mí al mismo tiempo. En una situación crítica, me gustaría que dieran prioridad a proteger a Sir Kurt antes que a mí, pero seguramente las órdenes que recibieron de la Srta. Mimiko eran diferentes.

Los Phantom rara vez desobedecían mis órdenes, pero su verdadera señora era la Srta. Mimiko. Sus órdenes eran las que debían acatar en primer lugar.

Por lo tanto, en caso de conflicto, ya estaba decidido a quién debían proteger: a mí. Si llegaba el momento, seguramente dejarían a Sir Kurt atrás para salvarme a mí.

Qué lástima… perder a Sir Kurt no sería sólo una pérdida para nuestro reino, sino un desastre para el mundo entero.

Y luego estaba esa mujer misteriosa llamada Chichi; ella también era un enigma.

Si lo que decía Sir Kurt era cierto, entonces esa mujer poseía una vaina de artefacto mágico idéntica a la de la Srta. Yuli… pero, ¿realmente podíamos confiar en ella?

—¡Aquí! ¡Este es el restaurante que vende una comida deliciosa del que hablaba! —exclamó Chichi, guiándonos hasta un pequeño local.

—Parece que está cerrado…

En la puerta colgaba un cartel que decía «Preparando». Se sentía movimiento dentro, pero parecía que ya habían cerrado por hoy.

Bueno, para mí eso era un alivio. Por muy bueno que fuera el restaurante, jamás superaría la cocina de Sir Kurt.

Si fuera posible, me encantaría que esta noche alquiláramos una posada con cocina y le pedirle que cocine para nosotros.

Por supuesto, me gustaría ayudarlo a su lado… Ah, eso sonaba como una pareja de recién casados, ¿no es así?

Afortunadamente, el Margrave Tycoon había hecho una reserva en una posada que contaba con cocina, así que decidí que debíamos dirigirnos allí.

—Parece que ya terminó el horario del almuerzo. Pero oye, aquí está un joven amo. No existe chef que rechace a un noble del Reino de Homuros que viene a visitarlos.

—¿Eh? Pe-pero, no creo que debamos imponerle algo así al dueño del local…

Sir Kurt, con su buen juicio, no era de esos nobles que usaban su posición para forzar a otros.

Pero al mismo tiempo, tenía poca resistencia a la presión, y estaba claramente incómodo con la situación.

No había remedio. Yo tendría que intervenir.

Por suerte, llevaba suficiente dinero para el viaje. Si le ofrecía unas cuantas monedas de oro, seguramente nos prepararía una comida.

—Déjenme encargarme de la negociación. Si no funciona, por favor, resignémonos.

Me acerqué a la puerta del local y llamé dos veces.

Como no hubo respuesta, decidí abrirla, y un delicioso aroma se deslizó hacia mí. No llegaba al nivel de los platillos de Sir Kurt, por supuesto, pero ni siquiera en las cocinas del palacio había sentido un olor tan apetitoso como este.

Entonces, desde el fondo de la cocina, apareció un hombre vestido con uniforme de chef.

—Lo siento, pero estamos en preparación. Si quieren comer, regresen esta noche, —dijo de forma brusca, y se dio la vuelta con la intención de regresar a sus quehaceres.

—Por favor, espere. La verdad es que estamos de viaje y, después de esto, debemos partir hacia una ciudad del norte de inmediato. Si no fuera mucha molestia, ¿podría servirnos algunos platos aquí mismo?

Dije eso mientras le ofrecía unas monedas de oro, pero para mi sorpresa, el chef negó con la cabeza.

—Lo siento, pero en este local tratamos a todos por igual, sean nobles o plebeyos, ricos o pobres. Dile eso también a la joven caballera que espera fuera.

…Ah, así que nos había escuchado. Bueno, con la voz tan fuerte de Chichi, era inevitable.

Sin duda, este hombre era del tipo que no cambiaba de opinión.

Como interlocutor, resultaba un caso bastante complicado.

En situaciones así, lo mejor era apelar al orgullo del otro.

Por supuesto, eso también podía volverse en contra, pero un buen negociador sabía manejar esa espada de doble filo.

—Si insiste tanto… ¿significa entonces que su restaurante ofrece platos excepcionales?

—…¿Qué quieres decir con eso?

—Bueno, ya sabe… eso de que «un chef testarudo es señal de buena cocina» suena bien, pero a veces los clientes se dejan engañar por la actitud del cocinero, ¿no cree? Me preguntaba si realmente en este lugar se puede comer algo verdaderamente delicioso.

—…¿Comida verdaderamente deliciosa? Jajajá… No hay forma de que alguien como yo pueda preparar algo así ahora.

—…¿Eh?

Mi comentario había sido una provocación pensada para hacerle morder el anzuelo, pero su respuesta fue completamente inesperada.

El chef sonrió con una expresión nostálgica y, dándome la espalda, continuó cocinando una sopa.

Si se hubiese exaltado, la negociación habría sido mucho más sencilla.

—Conozco a un verdadero maestro de la cocina… alguien que superaba la comprensión humana. Yo sigo cocinando porque quiero acercarme a él. Por eso, entre cada servicio, dedico el tiempo a investigar y perfeccionar mis recetas. Así que lo siento, pero tendrán que irse.

—E-espere… Ese cocinero que menciona, que supera la comprensión humana… acaso, ¿no será…?

Tenía a alguien en mente.

Estaba a punto de preguntarle su nombre cuando la puerta detrás de mí se abrió.

—Um, Señorita Liese, si no pudo lograrlo, no se preocupe, —dijo Sir Kurt, asomando su rostro.

Justo en ese momento…

—¿¡Ma… ma…… maeeeeestrooooooooo!? —gritó el chef, cayendo de culo al suelo por la sorpresa.

Ah… así que era como sospechaba. Este hombre había probado la cocina de Sir Kurt.

—Ah, cuánto tiempo sin verle, Señor Gehrhak. Conque este era su restaurante, —dijo Sir Kurt con total naturalidad, como si se hubiera encontrado con un viejo amigo.

—Que el maestro haya venido a mi local… ya puedo morir en paz.

Suspiré. Así que él también era uno de los que había visto su destino transformado por Sir Kurt.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Chichi, ladeando la cabeza al ver al Sr. Gehrhak llorando como un niño.

Una vez que recuperó algo de compostura, el Sr. Gehrhak se levantó y comenzó a guiarnos al interior.

Durante el trayecto, Sir Kurt me contó acerca de él.

Según sus palabras, el Sr. Gehrhak había sido el chef de la posada que servía de base al grupo «Colmillo de Dragón de Fuego», antes de que conociera a la Srta. Yuli o a mí.

En aquel entonces, se interesó por la cocina de la aldea natal de Sir Kurt, aprendió sus recetas, y desde entonces lo llamó «maestro».

Al escuchar esa historia, el Sr. Gehrhak solo sonrió con cierta incomodidad, pero no la desmintió.

Sin duda, él también lo sabía: que no debía revelar a Sir Kurt su propio pasado. Aunque no sabía si estaba al tanto de su peculiar tendencia a desmayarse…

…Espera un momento.

—El nombre Gehrhak… Me sonaba de algún lado. ¿Acaso es usted el chef principal del «Hotel Coconoir», aquel que obtuvo siete estrellas en la Guía Misholn?

—Ah… Sí, algo así ocurrió.

Así que… era verdad. Lo sabía.

El restaurante del Hotel Coconoir había sido considerado en su momento como el mejor del país. Sin embargo, el año pasado, su chef principal anunció repentinamente su retiro. Como resultado, este año se decía que su valoración en la prestigiosa Guía Misholn —autoridad en clasificación gastronómica— había descendido dos estrellas, quedando como un restaurante de cinco estrellas.

Eso demostraba cuán excepcionales eran sus habilidades culinarias.

Yo también había probado su comida una vez. Era muy pequeña entonces, por lo que no recordaba los detalles del sabor, pero sí tenía grabado en la memoria que fue deliciosa.

Jamás habría imaginado que Sir Kurt hubiera estado relacionado con su retiro. Y mucho menos que el Sr. Gehrhak llamara «maestro» al propio Sir Kurt.

—Vaya, así que el viejo era un gran chef. Pero bueno, yo ya tengo hambre.

—Jajajá, si son amistades del maestro, por supuesto que pueden quedarse a comer. Voy a preparar algo ahora mismo, —respondió el Sr. Gehrhak con una sonrisa antes de dirigirse a la cocina.

Yo lo seguí en silencio, sin hacer ruido.

Aquel lugar, aunque era un restaurante pequeño en apariencia, contaba con una sorprendente cantidad de utensilios de cocina y una variada colección de ingredientes de todo el mundo. Mientras observaba con asombro ese entorno, le dirigí la palabra al Sr. Gehrhak.

—Disculpe… Sr. Gehrhak, ¿puedo hacerle una pregunta?

—Claro, ¿en qué puedo ayudarla, Princesa Lieselotte?

—…¿¡Eh!? ¿Se había dado cuenta?

—Por supuesto. Jamás olvido el rostro de un cliente.

Ante su afirmación, sin duda puse una expresión como si me hubiese tragado un bicho.

Eso quería decir que había actuado así conmigo aun sabiendo que era una princesa.

Bueno, ahora entendía que hablaba en serio cuando decía que trataba por igual a ricos, nobles y plebeyos.

—¿Usted ha probado la comida de Sir Kurt?

—Sí. En el pasado cociné para un hombre llamado Golnova, líder del grupo «Colmillo de Dragón de Fuego». En ese entonces, él me dijo: «Me hablaron de un chef de siete estrellas, pero no eres gran cosa. Esta comida no le llega ni a los talones a la que prepara nuestro chico de los recados». Aquello me enfadó tanto que no pude evitar responderle: «Si tienes a un chef tan increíble, ¡tráelo! Y si realmente su comida me impresiona, haré lo que quieras».

Con eso, ya me bastaba.

Es decir, el Sr. Gehrhak había probado la comida de Sir Kurt, que Golnova había llevado con él.

Y al seguir escuchando, efectivamente así había sido: el Sr. Gehrhak, al admitir su derrota, contó que Golnova se había llevado toda la recaudación de ese día.

—Perdí… y estuve un mes sumido en la frustración. Pensé durante todo ese tiempo. Luego de eso, me dediqué cada día a entrenar y superarme en la cocina. De vez en cuando, recibía consejos del maestro y seguía puliendo mis habilidades. Pero el año pasado, el maestro dejó el hotel y desapareció. Entonces sentí que, si las cosas seguían así, jamás alcanzaría las profundidades del arte culinario. Por eso decidí partir en un viaje. Como las Islas de Koskeith mezclan muchas culturas, vine aquí primero para estudiar cocina… Jamás imaginé que volvería a encontrarme con el maestro en este lugar. —Al decir eso, empezó a pelar verduras con gran naturalidad—. Sólo de imaginar cuánto de mi cocina será reconocida por el maestro… jajá, ya me estoy emocionando.

Al observar su espalda mientras cocinaba, no pude evitar sentir admiración.

Él había probado la comida de Sir Kurt y comprendido lo increíble que era. Aun con miedo ante esa grandeza, había seguido esforzándose para alcanzarlo.

 

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