El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 4 Interludio. El Error de Cálculo de Pombol

Yo —Pombol— me encontraba sonriendo con malicia en mi despacho.

Todo resultaba sumamente conveniente.

Jamás habría imaginado que, a estas alturas, lograría establecer una conexión con el Margrave Tycoon.

Dicho margrave, según se decía, había estado recientemente encargando a su Jefe de Atelier de confianza investigaciones similares a las mías, como la creación de un dispositivo que extraía automáticamente agua termal.

Y el motor mágico que yo estaba desarrollando no solo serviría para propulsar barcos sin velas, sino también como fuente de energía para toda clase de mecanismos: carruajes que no necesitaran caballos, pozos capaces de extraer agua por sí mismos… las aplicaciones eran infinitas.

No cabía duda de que el Margrave Tycoon investigaba en la misma línea que yo.

De ser así, se explicaba perfectamente por qué, de repente, había enviado a su Jefe de Atelier —o más bien, a su representante— hasta mí. Sin duda deseaba espiar mi Atelier.

Yo, por mi parte, me hallaba en búsqueda de un nuevo inversor. Con el fin de la guerra en este país y la consecuente reducción del gasto militar, la financiación que recibía del Estado había disminuido.

Aquel muchacho llamado Kurt había estado, hasta hace poco, observando los frutos de mis investigaciones en mi preciado laboratorio. Si había presenciado la magnificencia del motor mágico, el Margrave Tycoon sin duda me propondría financiarme.

Fue mientras estaba pensando en eso cuando ocurrió.

—Sir Pombol, ¿tiene un momento?

—¿Sheeprad? Qué raro que vengas tú mismo hasta aquí. Pasa.

Así le respondí, y el director del laboratorio entró con unos documentos en la mano.

Aquel hombre, centrado enteramente en la investigación y sin el más mínimo interés en ascender en la jerarquía, podía pasarse encerrado todo el año en su laboratorio si uno lo dejaba a su aire. ¿Qué lo traía hasta aquí?

—He venido a informarle de los resultados del motor mágico.

—¿Resultados? Hablas con rodeos. Imagino que mejoró la eficiencia energética, ¿verdad? ¿Cuánto subió? ¿Al ocho por ciento? ¿Al nueve?

—Ciento veinte por ciento.

—Entiendo. Bien, sumando eso a los avances anteriores, prepararé una bonifi… ¿eh? ¿Qué dijiste?

—Hemos descubierto cómo hacer funcionar el motor con una eficiencia energética del ciento veinte por ciento. Aquí tiene los planos.

—¿Qué-qué… has… dicho…?

¡Ese número era imposible incluso en teoría! No era una fantasía, ¡era un delirio!

Arrebaté los documentos de las manos de Sheeprad y les eché un vistazo.

La construcción del nuevo sistema del motor mágico, la selección de materiales… todo en ello era revolucionario.

A juzgar por lo que veía, la eficiencia energética no solo alcanzaba el objetivo del treinta por ciento, sino que incluso existía la posibilidad de que llegase al ochenta.

Además, el segundo documento explicaba un método para extraer energía de manera más eficiente de los cristales mágicos. Con ese sistema, se podía esperar un incremento adicional del cincuenta por ciento en el rendimiento.

¿Así que, en conjunto, la eficiencia alcanzaba el ciento veinte por ciento?

—¿Dónde demonios conseguiste esto?

—Todo fue idea del joven Caballero, señor.

—¿El joven Caballero… ese muchacho?

¿Acaso me había equivocado todo este tiempo?

Creí firmemente que el Margrave Tycoon necesitaba de mis talentos.

Por eso me esforcé en agasajar al muchacho lo mejor posible, con la esperanza de ganar su favor.

Y sin embargo, al final fui yo quien terminó recibiendo un favor.

¿Por qué el Margrave Tycoon me habría enviado a un joven así?

Cuando el director del laboratorio se retiró, di órdenes a uno de mis subordinados:

—Esto es urgente. Usen a Nido del Ave de Trueno para investigar a ese muchacho.

Tres días después de haber dado esa orden, casi no habíamos reunido información sobre Kurt.

—¡¿Qué ocurre?! ¡¿Aún no han averiguado nada sobre Kurt?!

—Mis disculpas, Sir Pombol. Solo hemos conseguido información superficial: que trabajó como ayudante en Colmillo de Dragón de Fuego, y que es subordinado del Margrave Tycoon. No hemos podido obtener más.

Las palabras de mi subordinado me irritaron profundamente.

No solo no habíamos conseguido información sobre el muchacho llamado Kurt, tampoco pudimos averiguar nada sobre Liese, la gobernadora interina.

Por haberlos subestimado como simples representantes —de un Atelier y de un gobierno local, respectivamente— había descuidado la recolección de información. Pero incluso en una emergencia, era inaudito que no lográramos descubrir nada.

Y eso no era todo. Ya habíamos investigado de antemano al hombre llamado Rikuto, quien era tanto Jefe de Atelier como gobernador de Valha. Sin embargo, al revisar los datos nuevamente, comenzaron a surgir múltiples inconsistencias.

Solicité los registros históricos de los miembros del Atelier donde supuestamente se había formado. Su nombre, efectivamente, aparecía en los listados actuales.

Pero al revisar una versión antigua del registro, emitida años antes, su nombre no figuraba por ninguna parte.

Cuanto más investigábamos sobre su lugar de origen, sus relaciones personales, su familia, más puntos sospechosos surgían.

Parecía como si una gran organización se hubiese encargado de fabricar la existencia de un hombre que jamás estuvo allí.

¿Podría ser que todo esto no fuera más que una trampa del Margrave Tycoon?

—¿Qué demonios están haciendo los de Nido del Ave de Trueno? ¡No han traído ni una sola información útil!

—Señor, recibimos noticias de que ha ocurrido un grave incidente en su cuartel central, y hemos perdido comunicación con ellos. No obstante, también hemos averiguado que un tal Golnova, antiguo miembro de Colmillo de Dragón de Fuego, parece estar involucrado en el incidente.

—¿Colmillo de Dragón de Fuego…? No puede ser…

Colmillo de Dragón de Fuego. ¿No era ese el grupo al que pertenecía Kurt?

—Un momento. Si no me equivoco, el logro más reciente de Colmillo de Dragón de Fuego fue…

—La caza de fenrires, señor. Una manada de lobos demoniacos que se había asentado cerca de las rutas comerciales al norte del territorio del Margrave Tycoon. Gracias a su exterminio, ahora es posible comerciar sin problemas entre nuestra Federación de Ciudades-Isla Koskeith, y el Reino de Homuros.

—Ah, cierto…

Por eso era que conocía el nombre de ese grupo de aventureros extranjero, Colmillo de Dragón de Fuego.

Sin embargo, una vez que la situación se había desarrollado hasta tal punto, surgía una nueva perspectiva.

Es decir, ¿no habría utilizado el Margrave Tycoon al grupo Colmillo de Dragón de Fuego para eliminar a los fenrir, que habrían representado un estorbo en futuras campañas militares?

Y además, había logrado derribar a Nido del Ave de Trueno, una de las organizaciones de inteligencia más destacadas de la Federación de Ciudades-Isla Koskeith.

Nido del Ave de Trueno era, de cara al público, una organización criminal sin vínculo oficial con el Estado; por lo tanto, incluso si alguien actuaba contra ellos, no había lugar para quejas.

Quizás todo no fueran más que conjeturas sin fundamento. Y sin embargo…

—Tal vez deba ponerme en contacto con el Señor de la Isla y consultarle sobre la situación. —Murmuré aquello para mí mismo, después de que mi subordinado se marchara.

Fue entonces cuando ocurrió.

El subordinado que se suponía que había partido, regresó corriendo con el rostro desencajado.

—¡Sir Pombol, es urgente! ¡Hemos recibido noticias de que ha aparecido un señor orco! ¡Y al parecer, Lord Kurt y Lady Liese se encuentran en la montaña donde ha sido visto!

—¡¿Qué dices?! ¿Estás seguro de eso?

—Sí, señor. La información proviene de Mail. Es muy poco probable que esté equivocada.

—Ya veo… ¿Y qué está haciendo Mail ahora?

—Ha acudido al Gremio de Aventureros para solicitar refuerzos, señor.

—Ya veo…

Pero… ¡¿tenía que ser un señor orco precisamente?!

Un señor orco era un monstruo de enorme poder, que lideraba a otros orcos bajo su mando.

Si bien su fuerza individual no alcanzaba la de un fenrir, el ejército de orcos que lideraban podía llegar a superarlo en capacidad destructiva.

¿Una criatura así, viviendo tan cerca de nuestro Atelier?

No podía sino decir que Mail había tenido una suerte extraordinaria al escapar con vida.

Probablemente, Kurt y Liese la habían llevado como señuelo. Sin embargo, si Mail había sobrevivido, entonces las posibilidades de que esos dos siguieran con vida eran mínimas.

Aun así, no podía simplemente quedarme de brazos cruzados sin preparar una fuerza de rescate… pero si el objetivo era derrotar a un señor orco, ¿cuánto tiempo se necesitaría para alistar todo lo necesario?

Estaba claro que con los recursos humanos de esta isla, sería imposible abatirlo por completo.

¿Y si ese señor orco también era parte de una trampa, diseñada para debilitar nuestras fuerzas defensivas?

¿Acaso el Margrave Tycoon… no, el Reino de Homuros, estaría planeando una guerra de invasión contra nuestro país? No podía quitarme esa sospecha de la cabeza.

Y, sin embargo, estaba también el asunto del ofrecimiento sobre la tecnología naval.

Para que esa embarcación se implementara realmente en nuestro país, se requerirían, como mínimo, tres años. Y si las naves de guerra del Reino de Homuros ya estaban equipadas con motores mágicos similares, nuestras embarcaciones en las islas de Koskeith no tendrían ninguna posibilidad de victoria.

¿Acaso el Margrave Tycoon y el Reino de Homuros me habían revelado esa información con la intención de tentarme a cambiar de bando?

Sin embargo, mientras yo continuaba reflexionando sobre ello, los acontecimientos dieron otro giro inesperado.

Tres horas después…

—¿Sir Pombol, ha salido a recibirnos? Muchas gracias. Ah, esta piel del señor orco resulta bastante útil para fabricar velas de barco. Puede quedarse con ella si desea. —Kurt se presentó levantando el cadáver del señor orco como si simplemente hubiese salido a recolectar hierbas medicinales en la montaña.

Y lo hizo solo. Completamente solo.

—Caballero, ¿no crees que sería un desperdicio entregarlo gratis? Un señor orco de este tamaño, si lo conviertes en espécimen, valdría al menos cien monedas de oro.

—Ya lo había olvidado, pero Sir Kurt siempre había sido bastante fuerte…

Ni la escolta Chichi ni la gobernadora interina Liese tenían un solo rasguño.

Además, dos mujeres que parecían ser aventureras —a quienes jamás había visto antes— llegaron empujando una carreta cargada con cadáveres de orcos.

¿Era posible? ¿De verdad cinco personas habían exterminado por completo a toda la banda del señor orco? 

 

¿Qué… qué era lo que esperaban que yo hiciera?

No… ¿qué debía hacer yo?

Realmente… realmente no lo sabía.

◇◆◇◆◇

Yo, el gran Golnova, junto a Elena —el misterioso gólem que encontré en unas ruinas— nos encontrábamos ahora en la isla Gumaia, situada al oeste de la Federación de Ciudades-Isla Koskeith.

Incluso dentro de la Federación, esta isla destacaba por su altísimo nivel de criminalidad.

Solo los asesinatos registrados oficialmente ascendían a ochocientos al año. En cuanto a robos y agresiones, ni siquiera había cifras claras.

En particular, la organización criminal Nido del Ave de Trueno poseía más poder que el propio Señor de la Isla, y era conocida como la soberana en las sombras.

No existía una fuerza policial en la isla; en su lugar, se organizaban patrullas vecinales reclutadas entre los propios habitantes, pero, naturalmente, tal estructura no podía rivalizar en absoluto con Nido del Ave de Trueno.

Y en ese momento, la base de operaciones de dicha organización —la mansión más grande de la isla— se había transformado en una escena infernal de gritos y caos.

—¡¿Sabes dónde estás parado, imbécil?! ¡Este no es un lugar al que venga escoria como tú—GYAAAAAAH!

—¡Somos los temibles miembros de Nido del—GYAAAAAAAH!

—¡¿Quién te contrató?! ¡No sé cuánto te habrán pagado, pero te daremos el doble de—GYAAAAAAAH!

—Ni siquiera los más débiles sirven para entretenerte, ¿eh? Muy bien, desde aquí entra uno de los Cuatro Reyes Celestiales—¡GUHGYAAAAH!

—Veo que has derrotado a Byakko… Sin embargo, él era el más débil de los cuatro. Aquí es donde—¡AHIYAAAAAAH!

—Qué vergüenza… Solo dos intrusos y—¡BAFAAAAAH!

—Parece que al fin ha llegado mi turno. Pero si crees que soy igual a esos otros tres—¡ANBARABAAAAAH!

Aplastando sin esfuerzo a todos los que se hacían llamar «uno de los Cuatro Reyes Celestiales» —aunque todos quedaban inconscientes antes siquiera de terminar de presentarse— nosotros, los grandiosos, finalmente llegamos a la habitación del líder de Nido del Ave de Trueno.

—Vaya, no esperaba que dos personas lograran llegar hasta aquí.

Quien nos recibió con esas palabras fue una mujer llamada Tirone, la líder de Nido del Ave de Trueno.

Se decía que había sido amante del anterior jefe de la organización, pero aprovechó esa posición para ganarse el control sobre los altos mandos. Terminó asesinando al líder anterior y se adueñó del puesto que ahora ocupaba.

—Ya veo… Había oído rumores, pero sí que eras una mujer bastante sexy. Aunque, claro, sigues por debajo de las con que yo me he acostado.

Al verla vestida con apenas nada, solté una risa burlona.

Claro que, pese a verse así de ligera de ropa, sabía perfectamente que llevaba ocultas varias armas. Una mujer peligrosa, sin duda.

—¿Puedo saber los nombres de estos dos valientes?

—Mi nombre es Golnova.

—¿Golnova? El líder de Colmillo de Dragón de Fuego. Tu arma predilecta es la espada. Según había oído, tu rango como aventurero individual era A… pero, ¿acaso habías estado ocultando tu verdadero poder? Al menos dos de los Cuatro Reyes Celestiales tenían un nivel equivalente al de un aventurero de rango S.

—Estás bien informada.

Aunque, bueno, no era raro que supiera tanto.

Después de todo, Nido del Ave de Trueno manejaba información tanto del mundo legal como del submundo, y sus capacidades de recopilación de datos rivalizaban incluso con las de los Phantom del Reino de Homuros.

Precisamente por eso yo había venido hasta este lugar: para usar a esta organización y reunir información sobre Kur… sobre Kurt.

Era lógico que tuvieran detalles sobre alguien de mi nivel, un aventurero de clase héroe.

—Da igual. Tú fuiste quien eliminó a los guardias del Reino de Homuros y acabaste con orden de captura, ¿cierto? ¿Acaso viniste para mostrarme tu poder y así ascender como miembro de esta organización? Si ese es tu objetivo, lo celebro. Siempre necesito personas fuertes.

—¿Quieres que me convierta en uno de tus nuevos Cuatro Reyes Celestiales? Lo siento, pero no tengo ningún interés en eso. Lo único que me interesa es ese asiento donde estás sentada tú.

Apenas dije eso, la mirada de Tirone cambió por completo.

Natural. Mis palabras implicaban ni más ni menos que tomar el control de toda su organización.

—Ya veo… En ese caso, ¿qué te parece si lo resolvemos en un duelo?

—¿Un duelo?

—Entre un hombre y una mujer… el tipo de duelo está claro, ¿no crees?

Diciendo eso, Tirone desató las últimas telas que le cubrían la entrepierna, quedando completamente desnuda mientras me miraba fijamente.

Ese era el tipo de «duelo» que proponía.

—Ese reto… Siendo hombre, no puedo rechazarlo. Pero imagino que piensas matarme con alguna de las armas ocultas que llevas contigo, ¿no?

—Oh, no es mi intención matarte. Ya te lo dije, ¿no? Siempre necesito a los fuertes. No necesito quitarte la vida. Convertirte en mi siervo más fiel, sin recurrir a la muerte, sería sencillo. Tal como hice con los demás Cuatro Reyes Celestiales.

—Hmf, vaya pedazo de perra estás hecha. Pero estás cometiendo un gran error. No fui yo quien derrotó a los Cuatro Reyes Celestiales. Ni tampoco soy yo quien desea tu asiento.

—Quien necesita tu lugar… soy yo.

Diciendo eso, Elena —el supuesto gólem prototipo que estaba a mi lado— dio un paso al frente.

—…¿Esa sirvientita? Deja de tomarme el pelo. Lo siento, pero no necesitamos a ninguna mujer en esta organización aparte de mí.

Diciendo eso, Tirone se quitó el broche del cabello y se lo lanzó a Elena.

Como era de esperarse, el broche resultó ser un arma oculta.

El proyectil impactó directamente en el ojo de Elena, pero…

—La probabilidad de que una aguja de hierro dañe un globo ocular de cristal reforzado es cero.

—…¿Qué-qué…? …¿Cómo es posible?

—Ríndete. De lo contrario, utilizaré los siete instrumentos que me dio el señor del otro lado para torturarte.

Al decir eso, Elena sacó utensilios del interior de su uniforme de sirvienta: una cuerda rústica, un pincel, una pluma de ave, una vela, un látigo, unas esposas y un antifaz.

Me pregunté qué clase de repertorio era ese… aunque bueno, para mí fue un espectáculo de castigo bastante interesante.

Durante treinta minutos, la habitación se llenó de carcajadas, gritos y gemidos de Tirone, hasta que finalmente…

—Nosotros, Nido del Ave de Trueno, somos siervos de Lady Elena. Por favor, utilícenos como desee. —varias voces dijeron a la vez.

Así fue como logramos tomar el control de Nido del Ave de Trueno, una organización que nadie se había atrevido a tocar.

Y lo hicimos de forma pacífica, con todos sus miembros jurando lealtad a Elena desde lo más profundo del corazón.

Al parecer, todos los integrantes de esta organización eran unos pervertidos de cuidado.

—No soy «Lady Elena». Llámenme solo «Elena-tan».

—No, ahí deberías dejarlo en Lady Elena… —Murmuré mientras observaba desde arriba a los miembros arrodillados de la organización—. Más importante, hay algo que quiero que investiguen. El nombre es Kurt Rockhans… Quiero toda la información posible sobre ese hombre.

Pero nadie reaccionó a mis palabras, como si no me hubieran escuchado.

—¡He dicho que se den prisa! —Ordené con fuerza, pero…

—…… —nadie dijo nada.

Aun así, no hubo respuesta alguna.

Miré de reojo a Elena, y ella asintió en silencio.

—Investíguenlo.

—¡Sí! ¡Si es por Lady Elena! —dijeron todos.

Apenas Elena dio la orden, todos reaccionaron con los ojos brillando de emoción.

Maldita sea.

—Lady Elena, respecto a ese tal Kurt Rockhans, ya lo teníamos catalogado como objetivo prioritario para recopilación de información. —Dijo Tirone, entregándonos unos documentos.

Ya veo… claro, aunque fuera un don nadie, Kur seguía siendo miembro de Colmillo de Dragón de Fuego. Tenía sentido que hubiera cierta información disponible sobre él.

Le arrebaté los documentos a Tirone y comencé a revisarlos.

—…¡Grrrrrrr! —Tirone dejó escapar un gruñido como el de un perro salvaje.

Al parecer, la tortura de Elena le había torcido bastante la personalidad.

—Tranquila, tranquila. Golnova está emocionado porque ha encontrado información sobre su amado Kurt.

Elena la calmaba mientras yo me concentraba en leer los documentos.

—¿¡Kurt Rockhans, Caballero Noble!?

¿Así que ese desgraciado se había convertido en noble?

¿Y encima era representante de un Atelier?

Ese malnacido estaba viviendo como un rey mientras yo sufría como un perro.

No podía perdonarlo.

Pero por suerte, ese idiota mandadero todavía se encontraba en este país.

Tenía que ir a buscarlo de inmediato, devolverle este gólem sirvienta defectuoso y darle una buena lección.

Aunque… si Kur realmente había sido nombrado caballero noble, yo también necesitaba asegurarme una posición equivalente.

—Yo también querría obtener un título nobiliario.

Además, tenía que pensar en algún modo de borrar mis crímenes.

—La diferencia de estatus social es un obstáculo para el matrimonio, ¿verdad?

La confusión de Elena seguía siendo preocupante.

Ahora que lo pensaba, en el torneo de artes marciales de la Isla Paos, se decía que el campeón recibía una amnistía por parte del reino: todos sus delitos menores serían perdonados, e incluso podría ser ennoblecido.

Ese torneo se llevaba a cabo en parejas mixtas.

Volteé a mirar a Elena, que estaba a mi lado.

Con esa fuerza sobrehumana, no debía de haber nadie que pudiera vencerla. Incluso yo, el más fuerte de la humanidad, no había logrado derrotarla.

En otras palabras, si luchábamos en pareja, la victoria estaba asegurada.

Con el título de noble de este país y la red de información de Nido del Ave de Trueno, yo sería invencible.

 

¡Vamos allá, a la Isla Paos! 

 

¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.

Anterior | Indice | Siguiente