El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 4 Capítulo 2. Kurt y el Atelier Naval Parte 3

Cuando regresamos a la entrada de la cueva, usamos musgo luminoso para llenar su interior con luz.

Esperábamos encontrar un ambiente completamente en silencio, ya que el somnífero debía haber hecho efecto en todo el lugar… pero no fue así.

Desde cada rincón de la cueva se oían los ronquidos de los orcos.

—Normalmente, los somníferos de efecto inmediato hacen que uno pierda el conocimiento, pero los de Sir Kurt parecen hacer que duerman como angelitos, —Dije al ver a un orco durmiendo con una gran sonrisa y babeándose.

—La fórmula tiene un fuerte efecto analgésico, pero en realidad es un inductor de sueño placentero. Ah, pero aumenté la potencia del medicamento a dieciséis veces lo normal, así que no importa qué se les haga, no se despertarán.

—¿En serio? —preguntó Chichi, escéptica, y acto seguido le dio una patada en la cara a uno de los orcos dormidos.

¡¿Qué está haciendo…?!

Inmediatamente apunté con Mariposa y observé atentamente al orco.

…Está bien, no se despertó.

—Señorita Chichi, no era necesario que lo pateara, ¿sabe?

—Fue un experimento, un experimento. De todos modos, los vamos a matar igual.

Y tras decir eso, cortó la garganta del orco.

El orco murió sin siquiera soltar un grito.

—Gracias al efecto analgésico, probablemente murió sin sentir dolor.

No dije nada como «no era necesario matarlo».

Con una horda de orcos de este tamaño, si los dejábamos libres, existía una alta probabilidad de que eventualmente atacaran alguna ciudad en grupo.

Más bien, lo que me avergonzaba era no haber sido yo misma quien les quitara la vida, o no haber dado la orden de hacerlo.

—…Yo también… —murmuró Sir Kurt. Debía de sentir lo mismo. Alzó su daga favorita y la bajó sobre uno de los orcos dormidos—. ¡Aah, duele!

Había terminado clavándosela en la espinilla.

—¡¿Pero qué está haciendo, Sir Kurt?! ¡Sanación! —Rápidamente lancé un hechizo curativo sobre su pierna y usé un pañuelo para limpiarle la sangre.

De verdad, ¿dónde había quedado la eficiencia que había mostrado hasta hace un momento? Incluso para alguien que no era bueno en combate, esto ya era demasiado.

Ahora que lo pensaba, la Srta. Sheena me había contado que una vez le pasó algo similar intentando eliminar un limo que se le había pegado a la pierna.

—Señor Kurt, Señorita Liese, la Señorita Chichi y yo nos encargaremos de esto, así que déjennoslo a nosotras.

—Sí, acabar con enemigos dormidos es trabajo para quienes hacemos de escolta.

Parecía lo mejor dejarles la tarea a la Srta. Yurail y Chichi, sobre todo para evitar que Sir Kurt siguiera lastimándose innecesariamente.

Después de eso, la cantidad de orcos que eliminamos fue de veinte. Si hubieran sido goblins, no habría sido nada fuera de lo común, pero tratándose de orcos, era un número considerable.

Y entre todos los que habíamos matado hasta ese momento, no había ningún señor orco.

La cueva era bastante amplia, después de todo.

En varios puntos del camino, encontramos huesos que parecían pertenecer a goblins. Sin embargo, como no eran muchos, era probable que esta horda de orcos hubiera surgido recientemente.

Durante el trayecto, nos topamos con un gran lago subterráneo. Al parecer, los orcos solían beber agua de allí.

—¿Deberíamos usar agudización sensorial para localizar al señor orco?

—Señorita Liese, no lo haga. El gas somnífero de antes también tenía efectos relajantes que inducen el sueño. Si huele demasiado de su aroma, incluso si es solo el residual, podría terminar durmiéndose.

—Ugh…

Tratándose de un medicamento hecho por Sir Kurt, esa posibilidad era bastante real. Así que decidimos proceder con cautela.

Durante el camino, nos encontramos con varias bifurcaciones. Fuimos verificándolas una a una, y así logramos llegar al fondo de la cueva.

Allí estaba…

—¡Hermana! —exclamó la Srta. Yurail mientras corría hacia adelante.

Donde ella llegó, había varios orcos y también estaba la Srta. Kakaroa. Sin embargo, sus brazos estaban torcidos en direcciones imposibles, evidentemente rotos. Aun así, parecía haber estado luchando.

Había resistido en ese estado tan deplorable… por el simple deseo de seguir con vida.

Teníamos que agradecer que Sir Kurt hubiese usado un somnífero con un fuerte efecto analgésico.

Seguramente, el dolor que ella habría soportado era indescriptible.

—Señorita Yurail, dele esta medicina a la Señorita Kakaroa.

—Gracias. —La Srta. Yurail recibió el medicamento de manos de Sir Kurt y se lo administró a la Srta. Kakaroa.

Mientras tanto, Chichi fue rematando a los orcos dormidos que seguramente habían torturado a la Srta. Kakaroa.

Una vez terminó de acabar con ellos, gritó:

—¡No está! ¡¡El señor orco no está en ningún lado!!

—Eso no puede ser. Ya revisamos todas las bifurcaciones del camino hasta aquí. No hay otros pasajes, ni tampoco salidas… —dije, pero justo en ese momento:

—¡Graaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa !

Desde el camino por el que habíamos venido, se oyó un rugido cargado de ira.

Parecía provenir de la zona donde se encontraba el lago subterráneo.

No era una voz propia de un orco común. Sin duda, se trataba del señor orco.

—No me digas… ¿el señor orco no estaba en otra sala, sino que…? —murmuró Sir Kurt, como si hubiera llegado a una conclusión—. ¿Se había escondido bajo el agua del lago para evadir el efecto del somnífero…?

Era muy probable que la suposición de Sir Kurt fuera acertada.

Y mientras tanto, el rugido del señor orco seguía acercándose más y más.

Cierto. Si usaba a Mariposa para volvernos invisibles, podríamos escapar… o al menos eso fue lo que pensé en ese momento.

—Disculpe… Sir Kurt, ¿qué está haciendo?

Sir Kurt estaba desollando la piel de un orco con un cuchillo.

Aunque era un orco mucho más grande que nosotros, en el breve momento en que desvié la mirada, ya lo había dejado completamente sin su piel.

—La piel de orco es resistente, pero tan incómoda de llevar que no se vende muy bien, ¿sabes? —comentó Chichi.

Aun así, Sir Kurt usó una lanza de madera que había pertenecido al orco para construir un marco, y allí tensó la piel para formar una puerta en un instante. Luego, cubrió el pasillo con más pieles de orco… ¿Eh? ¿Más orcos?

Me giré para mirar, y para mi sorpresa, todos los orcos estaban completamente desollados.

Aunque no podía cortar el cuello de un orco vivo, desollar a uno muerto le llevaba solo un instante. Tal como cabría esperar de Sir Kurt.

Sir Kurt construyó una pared con pieles de orco y le colocó una puerta.

Mientras tanto, el rugido del señor orco —o al menos, eso parecía— se acercaba cada vez más.

—¿Sir Kurt, esa pared puede resistir el ataque del señor orco?

—No está hecha para resistir el ataque del señor orco, —respondió.

Lo que sacó entonces fue otro juego del somnífero y un cristal mágico, los mismos que había preparado antes de entrar en la cueva. Ah… así que había preparado un segundo juego desde el principio.

Detrás de la puerta improvisada, Sir Kurt encendió el somnífero y luego dijo:

—Señorita Chichi, le encargo esto.

—¡Entendido! —respondió ella.

En cuanto provocó una explosión en el cristal mágico con su cuchillo, cerró la puerta de inmediato.

El viento huracanado sacudió violentamente la pared de pieles, pero el humo no llegó hasta donde estábamos nosotros.

Cinco minutos después…

—Gran trabajo, Caballero.

Del otro lado de la puerta, vimos al señor orco dormido profundamente, roncando plácidamente.

 

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