La Historia del Héroe Orco

Capítulo 111. Ausencia


Frizcop: ¡Capítulo doble en agradecimiento del apoyo de esta novela, gente! Un agradecimiento también a Darkzero9090 por su donación en el útlimo capítulo ^^

La raza de los ogros era una raza extraordinariamente dotada.

Tenían una gran fuerza, cuerpos resistentes y, además, eran inteligentes y podían utilizar magia.

Aunque existía una gran diferencia en su apariencia entre hombres y mujeres, la diferencia de fuerza no era muy grande.

Los individuos con un poder mágico especialmente elevado podían nacer con características físicas particulares, como un tercer ojo.

Esta también era una característica que se encontraba entre los démones, y los elfos consideraban que los démones y los ogros eran especies estrechamente emparentadas.

Thunder Sonia, que había consultado varios documentos en una antigua biblioteca, sospechaba que aquello podía deberse a que, en tiempos inmemoriales, la sangre de los démones se había mezclado con la de los ogros.

Bueno, la historia del continente era larga. No se podía descartar que los humanos, los elfos e incluso los orcos tuvieran también sangre de otras razas mezclada con la suya.

Lo importante era que los ogros poseían un sistema mágico propio.

Una magia llamada hechicería, que les permitía liberarse de la opresión.

Bash y sus compañeras habían llegado hasta las inmediaciones de la frontera del país de los ogros y estaban acampando en un bosque, a una distancia prudencial de la frontera.

Ya era de noche, pero todavía no habían empezado con el evento principal.

No era que necesitaran crear ambiente ni nada por el estilo, sino que antes tenían que celebrar una reunión para planificar la estrategia.

—…¿Cómo creen que deberíamos entrar?

Quien hizo aquella pregunta fue Thunder Sonia, el único cerebro de aquel grupo.

Era una enciclopedia viviente de la nación élfica.

Una gran archimaga a la que incluso se describía como una bisabuela de bisabuelas viviente, rebosante de sabiduría.

Aunque se enfadaba si se lo decían a la cara.

—¿Qué hay que pensar? Si yo hago de escudo y tú lo reduces todo a cenizas, podremos atravesar sin problemas un puesto fronterizo como ese.

—¡No estamos hablando de cómo atravesarlo por la fuerza!

Thunder Sonia le dio unas palmaditas suaves en el hombro a Bash, que la miraba con expresión desconcertada.

—Escucha, tenemos que encontrarnos con esos dos chicos, Ludo y Luka.

—¡Exacto! ¡Así que entremos de una vez y los secuestramos!

Thunder Sonia negó con la cabeza ante las peligrosas palabras de Zell.

—Puede que sean discípulos de Bash y que una de ellos sea su prometida, pero eso no significa que necesariamente vayan a colaborar con nosotros, ¿verdad? Quiero que el contacto sea lo más pacífico posible y explicarles la situación con palabras. Lo entiendes, ¿no?

—Bueno, sí que lo entiendo. Amor y paz, ¿no? Aunque, tratándose de esos dos, creo que bastaría con que el jefe les dijera algo como «vengan conmigo» para que colaboraran.

Después de todo, Ludo y Luka habían perdido a su querida madre a manos de los subordinados de Gediguz.

Aunque ya habían renunciado a vengarse de los responsables, seguían teniendo cuentas pendientes con ellos.

Si se enteraban de que podían ayudar, seguramente estarían encantados de echar una mano.

—Puede ser. Aun así, ya estamos en territorio enemigo. Ni Bash ni Carrot tienen armas y, por si fuera poco, yo tampoco. Si nos rodea un ejército, existe la posibilidad de que no consigamos escapar. No deberíamos provocar ningún alboroto, ¿no crees?

—Entendido —dijo Bash.

—Aunque, probablemente, yo ya esté en busca y captura.

Thunder Sonia era la Gran Archimaga Elfa.

Los miembros de la Federación de las Siete Razas la detestaban profundamente.

Además, ahora era una fugitiva buscada por todo el entorno de Gediguz.

Hasta hacía poco, era posible que la dieran por muerta, pero resultaba difícil creer que Sequence estuviera reteniendo la información por su cuenta.

Si Thunder Sonia estuviera en el lugar de Sequence, sin duda haría lo mismo.

Habían dicho que se encontrarían en el campo de batalla, pero eso no significaba que Sequence fuera a dejarla llegar tranquilamente hasta allí sin siquiera transmitir la información necesaria.

Como mínimo, habría informado a los distintos países de que seguía viva y habría emitido una orden de busca y captura.

—Ya que hemos llegado hasta aquí, se me ocurre una cosa: ¿no podrías tú desarrollar Maldición, Thunder Sonia? —le preguntó Zell.

—¡Buena pregunta! ¡No es imposible desarrollarla!

—¿Entonces no sería mejor hacerlo así?

—Así es. Ese sería el plan, pero inventar una nueva magia lleva muchísimo tiempo, por más vueltas que le des —comenzó a explicar Thunder Sonia—. Si conoces los principios, puedes reproducirla incluso imitando lo que has visto, así que el desarrollo podría ser algo más rápido… Pero yo no sé nada de esta Maldición. Lo único que sé es que se trata de una magia anticuada que los ogros utilizan de vez en cuando. Y tampoco tengo ni idea de los principios de la técnica que hace inmortal a Gediguz. En esas condiciones, ¡quién sabe si tardaría cientos de años!

—¡Uaaah! Así que para los elfos la magia funciona de esa manera.

—¿Para las hadas es diferente?

—¡Sí! Es como pedirles favores a los espíritus. Algo así como: «¡Holis! ¡¿Estás libre ahora?! ¡¿Me echas una manita?! ¡¡Gracias!! ¡¡Te lo encargo, porfaaaa!!»

Las hadas, que tenían una gran afinidad con los espíritus, también poseían su propio sistema mágico.

No existía ningún mago de otras razas capaz de comprenderlo.

Sin embargo, en raras ocasiones también nacían elfos amados por los espíritus.

Estos se convertían en magos excepcionales, pero su forma de concebir la magia difería en cierto modo de la de la gente corriente.

Probablemente, se trataba de lo mismo.

—Aunque, desde que me convertí en humana, ya no puedo oír en absoluto las voces de los espíritus. Más o menos puedo sentir que están ahí, pero nada más. —Zell se llevó una mano a la oreja e intentó escuchar las voces a su alrededor. Una fuerte ráfaga de viento la acarició.

Eso bastaba para saber que el espíritu del viento la amaba, pero, aparte de aquello, no parecía que fuera a ocurrir nada más.

Sin duda, los espíritus también debían de estar muy apenados.

—Para ti, los humanos deben de ser seres incapaces de oír las voces de los espíritus. Bueno, aun así, los humanos pueden usar magia. ¿Qué te parece? ¿Quieres que te enseñe magia de nuevo?

—¡Oh! ¿¡De verdad puedo!?

Justo cuando Zell se volvió hacia Thunder Sonia con una expresión de alegría, se oyó una voz por encima de la cabeza de esta.

—Thunder Sonia.

—¿Qué pasa, Bash? ¿Estás aburrido? Ah, ¿es eso? ¿No puedes esperar? No te apresures tanto. ¡Ayer ya lo hicimos un montón de veces! A mí tampoco me desagrada que me hagas el amor, así que, al menos antes de eso, déjame…

Thunder Sonia levantó la mirada hacia Bash con el rostro ligeramente embelesado.

Tenía escrito en la cara algo así como: «¡Vaya, me quiere demasiado y no sé qué hacer! Pero bueno, ¡no puedo evitarlo! ¡Es Bash, después de todo!».

Aunque estaban en medio de una conversación, su expresión parecía decir que, si Bash ya no podía contenerse, no había nada que hacer. Su rostro irradiaba una felicidad indescriptible.

Sin embargo, Bash tenía una expresión completamente seria.

—No, no es eso. Me preguntaba si yo también podía usar magia.

Frizcop: ¡¡¡Vamoooooooos!!! ¡¡Se viene el guerrero magicooooo!!

Al oír aquellas palabras, Thunder Sonia se puso roja como un tomate y cerró la boca.

Era como si hubieran descubierto que ella era la única excitada aquí.

—Ya-ya veo… Sí. Bueno, tú también te has convertido en un guerrero mágico y parece que tienes poder mágico. Supongo que podrás usarla, ¿no?

—Si voy a necesitarla en las próximas batallas, ¿sería mejor que aprendiera a usarla?

Aquellas palabras le hicieron recordar algo a Thunder Sonia.

Ahora que lo pensaba, cuando descubrió que Bash era un guerrero mágico, quizá le había dicho que le enseñaría magia… o quizá no.

—Bash… ¿quieres que te enseñe magia?

—…Sí. Cuando me di cuenta de que me había convertido en un guerrero mágico, me desesperé, pero sí que quería probar a usarla.

—¡¿Y por qué no lo dices desde el principio?! —Thunder Sonia se levantó de un salto de las rodillas de Bash—. ¡Muy bien! ¡Entonces yo, la gran Thunder Sonia, les enseñaré magia!

—Ooh… —exclamó Bash.

—¡Aunque seas tú, Jefe, no pienso tener contemplaciones! ¡El camino para convertirse en un gran archimago es duro! ¡Aunque, por ahora, yo no puedo enseñarte nada!

—Yo tampoco puedo usar más que mi magia de encanto, pero me interesa asistir a una clase de magia impartida por la Gran Archimaga Elfa.

Mientras recibía una entusiasta ovación, Thunder Sonia respondió agitando la mano.

—Déjenmelo a mí. Aunque no lo parezca, se me da muy bien enseñar magia.

En el reino de los elfos, se decía que Thunder Sonia era quien enseñaba magia por primera vez a todos los elfos.

Por supuesto, eso no era cierto, pero sí había instruido personalmente a varios miembros de la familia real.

Y contaba con muchos discípulos célebres.

Entre ellos se encontraba la Maguita Elfa Nemesia.

Aunque la mayoría de los demás habían muerto, Thunder Sonia seguía enseñando magia como un medio para sobrevivir y luchar.

—Escucha bien, Bash. Hay algo que debo decirte antes que nada… Lo esencial de la magia es comenzar a utilizar hechizos que estén a la altura de tus propias capacidades.

—¿Qué quieres decir?

—Todos los que vienen a pedirme que les enseñe magia desean utilizar hechizos como los míos. Pero eso no significa que vayan a volverse más fuertes por utilizarlos de la misma manera que yo. A ver, para explicártelo de forma sencilla: eres bueno con la espada, ¿verdad? Entonces, serás más fuerte si no cambias a otra arma. La magia también es un arma. ¿Lo entiendes?

—…Sí.

Incluso Bash había comprendido la última parte.

Bash era bueno con la espada; no con el hacha ni con la maza, sino con la espada.

Sin embargo, la idea de que la magia fuera un arma no terminaba de quedarle clara.

—¿Eso significa que no podré llegar a ser como tú?

—No pongas una cara tan decepcionada. Es más, ¿de verdad creías que podrías hacerlo? ¿Usar magia al mismo nivel que yo?

—No… Solo pensaba que sería interesante poder hacer aparecer fuego o agua de la nada.

—¡Eso, eso! ¡Al principio basta con algo así! ¡Muy bien, muy bien! ¡Con el tiempo también te enseñaré ese tipo de magia!

Los niños elfos también comenzaban a aprender magia movidos por esa misma curiosidad.

Les parecía genial hacer aparecer cosas brillantes y centelleantes de las manos.

—Para empezar, también es probable que te resulte imposible luchar con magia de la misma manera que yo. La cantidad de poder mágico que tenemos probablemente sea diferente.

—¿Cuánto poder mágico tengo yo?

—No lo sé. En mi país tenemos instrumentos para medir el poder mágico, pero aquí no hay ninguno. En general, se dice que los magos orcos poseen una cantidad bastante considerable de poder mágico, aunque hay diferencias entre individuos.

—Eh… Yo creo que Sir Bash oculta una cantidad considerable de poder mágico. —Carrot habló para añadir a la conversación.

Carrot se llevó las yemas de los dedos a los labios e inclinó ligeramente la cabeza.

Era una pose seductora, pero las súcubos solían adoptar posturas como aquella cuando reflexionaban sobre algo.

Por cierto, las elfas detestaban ese gesto como si se tratara de una serpiente venenosa.

—¿En serio? —preguntó Bash.

—Sí… Hay algo que me hace pensar eso.

—¿Sí?

—Durante el viaje, cuando nos atacó Cucumber… una súcubo. En aquel momento, Sir Bash, me dio la impresión de que la «Niebla Rosa» apenas le afectaba. Es posible que se haya resistido a ella.

—¡¿Las resistió?! No, ahora que lo dices, es verdad… Espera, si pudo resistirse a la «Niebla Rosa», ¡debe de tener una cantidad enorme de poder mágico! ¿Crees que también podría resistirse a tu encanto? ¿Por qué no lo probamos esta noche? —preguntó Thunder Sonia, exaltada.

—Te ruego que me excuses de eso…

Aunque ya se había convertido en su pareja sexual, para una súcubo era algo absolutamente inadmisible hechizar con su encanto a su respetado benefactor, incluso si solo se trataba de un experimento.

Desde el punto de vista de Bash, daba igual que sucumbiera al encanto o no, pues él seguiría haciendo lo mismo de todos modos.

—Bueno, tenga mucho o poco poder mágico, la conclusión no cambia. —Thunder Sonia se dio una palmada en la rodilla y señaló a Bash con el dedo—. Más adelante te enseñaré magia de fuego, de rayos y cosas por el estilo, pero el primer hechizo que debes aprender es otro. Te enseñaré uno que te permita luchar como hasta ahora, pero volverte más fuerte.

—Entendido.

—¡El viaje todavía durará un tiempo, así que seguro que podrás aprender al menos una magia antes de que termine!

Y así comenzaron las clases de magia de Thunder Sonia…

…Sin embargo, aún no habían obtenido respuesta a la pregunta inicial.

—Nos hemos desviado del tema… En fin, la cuestión es cómo atravesar la frontera…

Cuando volvieron a la pregunta original, alguien levantó rápidamente la mano.

—¡Entonces, ¿qué les parece esta idea?!

Se trataba nada menos que de nuestra querida Zell, un saco de sabiduría lleno de agujeros.

Las ideas que se le ocurrían siempre tenían alguna fuga.

—¡¿Y si hacemos como que el Jefe y Carrot capturaron a Thunder Sonia, le ponemos un collar y la llevamos con nosotros?!

—…Si decimos que me están escoltando como prisionera, será menos probable que nos descubran.

Sorprendentemente, Thunder Sonia asintió.

Contra todo pronóstico, parecía que habían reparado los agujeros de aquel saco de sabiduría.

Seguramente, los humanos eran hábiles con las manos.

Habría sido más difícil que los descubrieran si hubieran dejado a Thunder Sonia allí y se hubieran infiltrado los otros tres.

Sin embargo, a nadie se le ocurrió semejante idea, así que el grupo se puso manos a la obra para fabricar un collar de hierro para Thunder Sonia.

■

Y, por supuesto, los descubrieron.

—¡Ahí están! ¡Por aquí!

Le pusieron collares a Thunder Sonia y Zell, mientras que Bash sujetaba el extremo de las cuerdas para hacerlas pasar por sus posesiones.

Al principio, parecía que el plan de infiltración iba a funcionar sin problemas, pero tenía un único inconveniente.

Thunder Sonia se había mostrado reacia a quitarse la ropa interior.

Mientras que Zell se había plantado con energía, completamente desnuda, en una pose que parecía decir «¡Venga, a por mí!», Thunder Sonia no dejaba de poner excusas absurdas sobre su honor y otras cosas por el estilo. Al final, tuvieron que infiltrarse con ella en ropa interior.

Una humana completamente desnuda y una elfa en ropa interior.

Además, la humana parecía extrañamente segura de sí misma, mientras que la elfa se retorcía de vergüenza.

Era una imagen evidentemente sospechosa, y por eso los descubrieron…

…O eso sería lo lógico, pero no.

—Ahora que lo pienso, era natural que también hubieran puesto precio a nuestras cabezas —dijo Carrot.

—¡Thunder Sonia tiene demasiado alto el concepto de sí misma! ¡Hablaba como si fuera la única persona importante a la que había que vigilar y nos confundió a todos! —le espetó Zell.

—¡Lo siento! —se disculpó Thunder Sonia.

Pensándolo bien, era de lo más natural. Sequence no tenía ningún motivo para no poner precio a las cabezas de los otros tres, además de la de Thunder Sonia.

En cuanto a Bash y Zell, bueno, pero que se hubieran olvidado de Thunder Sonia y Carrot quizá se debiera a las noches apasionadas de los últimos días… O tal vez a que no habían sufrido ni un solo ataque de asesinos desde que abandonaron la nación démona.

—¡Maldita sea! ¡¿Nos han rodeado?! —se preguntó Thunder Sonia.

Y así, en aquel momento, Bash y los demás estaban rodeados por los ogros.

Bash llevaba a Thunder Sonia y Carrot bajo cada brazo, mientras Zell iba aferrada a su espalda.

Se encontraban en un bosque, a poca distancia de la frontera.

Ni siquiera habían conseguido llegar a una ciudad.

—Aun así, casi todos son mocosos o viejos, ¡así que creo que podremos abrirnos paso!

Tal como decía Thunder Sonia, la mayoría de los soldados que rodeaban a Bash y las demás eran jóvenes o veteranos tan ancianos que ya podrían haberse retirado hacía tiempo.

No parecían estar a la altura de figuras prometedoras y excepcionales como Bash o Thunder Sonia.

Probablemente, los jóvenes capaces de luchar ya se habían unido al ejército de Gediguz.

—Sí.

Bash estaba desarmado, pero un guerrero corriente no tendría ninguna posibilidad contra sus puños.

A Bash le bastaría un solo golpe para hacer añicos un cráneo tan vacío como el de aquellos ancianos.

—Que se acerquen los que quieran morir.

—¡Kyaaa! ¡Jefe, qué genial eres! ¡Vamos, ya lo han oído! ¡Que se acerquen los que quieran morir! ¡Y los que no quieran morir, que nos abran paso! ¡Ah, y quienes solo quieran ver cómo termina todo pueden quedarse sentados donde están!

Los ogros vacilaron.

En especial, el terror que se apoderó de los veteranos más ancianos era indescriptible.

Conocían a Bash.

Y los jóvenes también debían de conocer las leyendas sobre el «Héroe Orco».

Sus cuerpos eran algo más grandes que el de Bash, pero carecían del valor, la entereza y la experiencia necesarios para lanzarse contra alguien abrumadoramente más fuerte que ellos.

Y, para colmo, las mujeres que Bash llevaba bajo los brazos eran Thunder Sonia y Carrot.

Entre los soldados que los rodeaban había pocos magos y abundaban los hombres.

Aunque sus adversarios fueran solo cuatro, no les quedaba más remedio que abrirles paso.

Sin embargo, tampoco podían permitir que llegaran hasta la ciudad.

Mientras los soldados vacilaban, un hombre de tamaño descomunal apareció de pronto desde las profundidades del bosque.

—Hm…

Tenía la piel de un tono marrón rojizo.

Medía más de cuatro metros de altura y sostenía en la mano una espada de hoja ancha.

La armadura metálica que cubría su cuerpo era distinta de las que solían llevar los ogros.

Probablemente era de fabricación enana.

Su porte dejaba claro a primera vista que era un guerrero curtido en innumerables batallas, y Bash lo reconoció.

—¿Goru Goru, el «Gigante de Hierro»?

Era un guerrero ogro conocido por el sobrenombre de «Gigante de Hierro».

Aunque Carrot estaba con ellos, existía la posibilidad de que aquella armadura le permitiera resistir su magia de encanto.

Thunder Sonia se puso nerviosa al ver aparecer a un adversario tan peligroso, pero Bash permaneció tranquilo.

Al verlo, Goru Goru abrió una enorme sonrisa, rebosante de auténtica alegría.

—Bash… cuánto tiempo, sin vernos.

—Desde el Foso de Do Banga, ¿verdad?

Al escuchar aquel intercambio, Thunder Sonia miró a Bash desde abajo y preguntó:

—¿Lo conoces?

Bash asintió levemente y miró a Goru Goru.

Goru Goru bajó la mirada hacia Bash y luego observó a las mujeres que llevaba bajo los brazos.

—¿Thunder Sonia, violaste? ¿Es, tu mujer?

—Sí. Thunder Sonia se ha convertido en mi esposa.

—Es cierto que me he convertido en su mujer, pero no me violó. Fue de mutuo acuerdo. Este hombre no desobedeció la orden del Rey Orco hasta el final.

Goru Goru soltó una estruendosa carcajada.

Ante aquella escena, los ogros de los alrededores lo miraron con asombro.

No era algo que se viera todos los días: Goru Goru riéndose.

Siempre había sido un hombre taciturno, temible y violento.

—Te queda, bien, Bash. Un hombre como tú… y la Gran Archimaga Elfa. Hacen buena pareja.

Además, Goru Goru tampoco era alguien que hablara de asuntos tan íntimos y triviales.

Sin embargo, los ogros que los rodeaban jamás lo habían visto mostrarse tan cercano a alguien como para hablar de esas cosas.

Goru Goru era un luchador. Por todas partes corría el rumor de que pronto obtendría el título de Gran Guerrero.

Los ogros comprendieron entonces que incluso alguien como él tenía a una persona a la que respetaba.

—¡Oye, oye! ¿Lo has oído, Bash? ¡Ha dicho que hacemos buena pareja! ¡Yo también lo había pensado, pero oírlo de boca de otro me da vergüenza! ¿Verdad?

Thunder Sonia parecía estar flotando de felicidad, y Goru Goru también se mostraba extrañamente contento.

Sin embargo, de pronto recuperó la seriedad.

—…Ustedes, ¿por qué, venir a nuestro país?

—¿Por qué? —repitió Bash.

—De los démones, llegaron sus órdenes de busca y captura. Al país de los ogros, no tienen, motivo para venir…

Bash respondió a sus palabras.

—Busco a Ludo y Luka.

Al oírlo, Goru Goru asintió.

—¿Has venido, a buscar a Luka?

Los ogros de los alrededores inclinaron la cabeza, perplejos.

—¿Luka?

—Ya sabes, la hija de la Gran Guerrera Lula Lula. Vivía cerca de mi casa, así que la conozco. Creo que estaba comprometida con el Héroe Orco. Decían que se casarían cuando ella fuera mayor…

Al oír aquello, los presentes comprendieron la situación.

Bash tenía una prometida, pero la guerra había estallado.

Por eso quería aprovechar la ocasión para ir a buscarla mientras todavía podía pasar por allí. No tenía nada de extraño.

Que llevara consigo a tres mujeres podía resultar desconcertante desde el punto de vista de la ética de los ogros, pero Bash era un orco. Y, según la imagen que los ogros tenían de los orcos, aquello tampoco era precisamente extraño.

El único problema era que Luka todavía era demasiado joven para pensar en casarse o tener hijos.

—¡Pues eso mismo! ¡Ahora que lo han entendido, más les vale guiarnos de inmediato hasta Luka o traerla aquí! ¡No se preocupen! ¡No le haremos ningún daño! ¡Como pueden ver, el jefe es un tipazo que hace felices a sus tres esposas! ¡También hará feliz a Luka! ¡Y, de paso, a Ludo!

Frizcop: Ahí ya se puso rara la cosa xD.

—……

Thunder Sonia y Carrot miraron con suspicacia a los ogros, que parecían haber aceptado la explicación con una facilidad sospechosa. Aun así, decidieron seguirle el juego a Zell por el momento.

Asintieron, como si quisieran confirmar que así eran las cosas.

—Así es. En cuanto tengamos a Luka, nos marcharemos de aquí enseguida. ¿De acuerdo? —dijo Thunder Sonia.

—Así es. Queremos poner a salvo a la pequeña Luka cuanto antes —añadió Carrot.

Al oír aquellas palabras, los ogros intercambiaron miradas y pusieron expresiones que parecían decir: «Tal como pensábamos».

Goru Goru también parecía comprenderlo todo.

—¡Ah, y ni se les ocurra intentar tomarla como rehén! ¡Si hacen eso, nosotros también tomaremos medidas! —dijo Zell.

—Nosotros, guerra, no querer. Por eso, quedarse.

Al oírlo, los demás ogros asintieron mientras apartaban la mirada.

Entre los ogros también había quienes no deseaban la guerra.

Aun así, tampoco podían ignorar a alguien que los démones habían puesto en busca y captura.

Si los démones acababan dominando el mundo, podrían reprocharles haberlo hecho.

—Que alguien, traiga aquí, a Ludo y a Luka.

Sin embargo, ante aquella orden, un joven negó con la cabeza.

—Goru Goru… Ludo y Luka, ya no estar en país. Démones, llevárselos.

—¿Los démones? ¿Se unieron a la guerra?

—No. Verás, antes de que empezara la guerra, una démona entró ilegalmente en el país. Ludo y Luka la protegieron. Al final, ella se marchó del país llevándoselos consigo.

La conversación había tomado un rumbo bastante desconcertante.

Al oír hablar de una démona que había entrado ilegalmente en el país, la única que les venía a la mente era Poplática, la genio de las infiltraciones ilegales.

Sin embargo, aquello no encajaba con la idea de que hubiera descubierto que la hechicería podía poner en peligro la vida de Gediguz y hubiera decidido actuar de antemano.

Si Poplática supiera algo sobre la hechicería, lo lógico habría sido que tomara medidas para exterminar a todos los hechiceros ogros.

No se habría marchado llevándose consigo a uno o dos.

—No lo entiendo muy bien, pero ¿esa démona se llevó a los dos?

El joven respondió a la pregunta de Thunder Sonia.

—Así es. No parecían estar, en contra. Creo que había, alguna circunstancia detrás.

—Ya veo… Por cierto, ¿qué tal es Luka como hechicera?

—¿Qué tal? Esa niña también trabajaba como hechicera. Era competente, pero no una maestra.

—…Bien. ¡Entonces da igual por qué se la llevaron! ¡Lo importante es alcanzarlos, sea como sea! —señaló Thunder Sonia.

En realidad, no sabía cómo se denominaba en la actualidad Maldición.

Pero, al menos si Luka era una hechicera competente, las probabilidades de que pudiera utilizarla aumentaban considerablemente.

Si se tratara de un secreto tan extraordinario que solo pudieran utilizar los maestros, no sería extraño que se hubiera perdido con el paso del tiempo…

Si ese fuera el caso, no habría nada que hacer.

—Entonces, ¿adónde se llevó esa démona a Luka?

—Yo tampoco saber detalles… Ah, dijo que ir a Foso de Do Banga.

El Foso de Do Banga.

El país de los enanos.

Y, además, desde donde estaban, dirigirse allí significaba avanzar hacia el ejército de Gediguz.

—¡Esto nos viene de maravilla! ¡Ya que estamos, conseguiremos también un arma para Bash! ¡Los enanos deben de estar reuniendo tropas para enfrentarse al ejército de Gediguz, así que podríamos aprovechar la ocasión para unirnos a ellos! ¡Matamos tres pájaros de un tiro! ¡La suerte empieza a sonreírnos! —Thunder Sonia lanzó una exclamación de alegría, pero los ogros se miraron entre sí.

Entonces, con cierta vacilación, uno de ellos habló.

—Los enanos, pasarse al bando de Gediguz.

—¡¡¡Malditos enanos paticortos!!!

El grito de Thunder Sonia resonó por todo el lugar.


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