El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 2 Capítulo 1. La Bomba del Margrave y el Huevo de Kurt Parte 1

 

Mi nombre es Yulishia.

Soy la líder de un grupo de aventureros que trabajaba en un taller.

Un taller —también conocido como Atelier— era un lugar donde se fabricaban y vendían pociones, espadas mágicas, artefactos mágicos y otras cosas por el estilo.

Por varias circunstancias, en ese momento trabajaba de forma exclusiva para dicho taller, aunque antes había sido una aventurera directamente al servicio de la familia real. En ese entonces me llamaban Doncella del Filo Pálido, y más atrás en el tiempo, me decían cosas como el demonio de cabello blanco, o la decepcionante mujer que arruina la imagen pura del cabello blanco… ¡Cómo se atreven, maldita sea!

Bueno, a pesar de todo eso, ahora trabajaba en el Atelier, entregándome por completo para ayudar a los demás.

Junto a mí estaba Kurt, quien pasó de estar medio dormido a mostrarse motivado en un abrir y cerrar de ojos.

…Esta era la historia de cómo yo, junto al gran Jefe de Atelier, resolvimos distintos problemas.

 

—No tenemos suficiente agua y los cultivos no crecen.

Resumiendo el largo discurso que el jefe del pueblo nos soltó en cuanto llegamos, eso era básicamente lo que pasaba.

Habíamos venido a esta aldea por encargo. Como yo era la líder del grupo de aventureros del taller, me tocaba escuchar al jefe como representante del equipo.

Cuando empezó a hablar de sus hazañas del pasado, estuve a punto de darme la vuelta e irme, pero por fin terminó con la historia principal.

—Si mal no recuerdo, ¿no habían construido una represa a mitad de la colina para casos como este?

—Está bien informada. Tal como dice, la construimos, pero aun así, el agua no es suficiente.

—Ya veo… En la aldea vecina había una represa un poco más grande, ¿cierto? Las acequias también deberían estar conectadas. ¿No podrían pedir que les compartan agua desde allí?

—Lo hemos intentado varias veces, pero no hemos logrado nada por nuestra cuenta. Por eso, queríamos pedirle al Jefe de Atelier, quien tiene una influencia similar a la de los nobles, que por favor se encargue de las negociaciones.

—…Haa, ya entiendo. No hay más remedio, ¿eh?

Este tipo de situaciones también solía manejarlas cuando trabajaba como aventurera para la familia real.

Seguramente la otra aldea también necesitaba agua debido a la sequía, pero bueno, ahí era donde entraban las habilidades de negociación.

En el peor de los casos, si había que pagar por el uso del agua, al menos intentaría negociar un buen descuento.

Salí de la casa del jefe de la aldea.

—¡Danzo, te hice esperar! …¿Eh? ¿Dónde están Kanth, Sheena y nuestro Jefe de Atelier?

Afuera de la casa, Danzo, uno de los miembros de «Sakura» y mi subordinado, me estaba esperando.

—Se han dirigido a la cima de la colina, señorita. Al parecer, el anciano encargado de cuidar a las aves se ha lastimado la espalda, por lo que fueron a ayudar con su cuidado mientras usted hablaba.

¿Aves? Ah, seguramente se refería a un gallinero o algo similar.

—Ya veo… Bueno, si solo se trata de limpiar un gallinero, no hay problema.

Aunque, sinceramente, tenía la impresión de que si el anciano usaba un parche medicinal hecho por nuestro Jefe de Atelier, su dolor de espalda desaparecería al instante.

—Entonces, te dejo a cargo de la seguridad. Yo iré a la aldea vecina un momento, pero diles que volveré enseguida.

La aldea vecina estaba al otro lado de la colina.

Sin embargo, como la pendiente era demasiado empinada para ir a caballo, tuve que rodearla para llegar hasta allí.

Mi intención era terminar la negociación rápidamente y regresar…

Pero estas resultaron ser más difíciles de lo esperado.

El problema era que el embalse de la aldea vecina también estaba a punto de secarse.

Por el contrario, su jefe me rogó entre lágrimas: «¡Por favor, ayúdennos a nosotros también!».

En serio, la que quería llorar era yo. ¿Qué demonios se suponía que debía hacer ahora?

Al mirar hacia la colina, noté que desde esta aldea la subida era bastante suave.

Parecía que podía ascender sin problemas sin sobrecargar al caballo.

Como me preocupaba un poco el Jefe de Atelier, decidí subir la colina a caballo.

En el camino, me crucé con un aldeano que bajaba con una expresión aterradora, como un demonio.

¿Había ocurrido algo?

Preocupada, apresuré el paso y llegué hasta la cima, donde encontré a Kanth y Sheena, los hermanos miembros del grupo «Sakura», parados con la boca abierta, completamente pasmados.

Y en la dirección de sus miradas…

—¡Ah, Señorita Yulishia!

Un chico de cabello gris y facciones delicadas, casi como una niña, me saludó agitando la mano.

Era Kurt.

Sí, la sonrisa de Kurt siempre era adorable… Pero este no era el momento para eso.

—Ku-Kurt… ¿qué es eso?

—¿Eso? Ah, ¿esto dice? Parece que las aves acuáticas de aquí tenían sed, así que por ahora hice que el agua del acuífero [1] subiera a la superficie. Las aves también están contentas.

—¿E-en serio…?

No estaba segura de haber respondido de manera coherente.

Porque, después de todo, aunque la gente de la aldea de abajo sufría por la escasez de agua, en la cima de la colina brotaba una enorme cantidad de ella formando un lago.

De hecho, ese lago ni siquiera existía antes.

Lo sabía, aunque nadie me lo dijera, lo sabía… Él lo había creado. En tan solo unas horas.

En el lago, unas aves acuáticas de plumas blancas nadaban con elegancia.

—Por cierto, Señorita Yulishia, ¿las conversaciones ya terminaron?

—¿Eh? Ehm, bueno, verás…

Mientras pensaba en cómo explicárselo, dos hombres llegaron a la cima de la colina.

Eran los jefes de las dos aldeas vecinas.

—¡Oh, Señorita Yulishia! No esperábamos que resolviera la petición con un método tan extraordinario. Es admirable. Ahora déjenos el resto a nosotros. Entre todos los aldeanos construiremos un canal hacia el estanque.

Ambos jefes hablaron al unísono y se inclinaron ante mí hasta tocar el suelo.

No, oigan, yo no hice nada…

—¡¿Ya resolvió la petición?! ¡Es usted increíble, Señorita Yulishia!

—Ah… no, eso…

De verdad no sabía cómo explicar la situación a Kurt, nuestro Jefe de Atelier, quien ni siquiera se daba cuenta de lo que había hecho.

 

✕ —Esta es una historia sobre cómo, junto a un gran Jefe de Atelier, resolvimos todo tipo de problemas.

○ —Esta es una historia sobre cómo un Jefe de Atelier, que no es consciente de sus propias habilidades, me metía en todo tipo de líos.

◇◆◇◆◇

La carreta en la que íbamos Kurt, los demás y yo avanzaba a la velocidad de una persona caminando, rumbo a un pueblo fronterizo.

La conducción estaba a cargo de la Señorita Sheena, mientras yo me sentaba al lado de la Señorita Yulishia. El Señor Kanth y Danzo dijeron que tenían un asunto importante que atender, así que se unirían más tarde.

—Nos dieron bastantes huevos, ¿verdad?

Comenté mientras sostenía firmemente la canasta con los huevos de aves acuáticas, cuidando que no se rompieran.

Eran de distintos tamaños, probablemente de varias aves que vivían cerca del agua.

¿Preparaba una tortilla hoy?

¿O tal vez hacía panqueques? La Señorita Yulishia había dicho que le encantaron la última vez.

Pensando en eso, la miré, pero su expresión no era muy buena; se veía pálida.

—Eh… Señorita Yulishia, ¿está cansada después del viaje?

—No… bueno, un poco, supongo. Tal vez sea porque no estoy acostumbrada a este tipo de trabajo… —Respondió con una sonrisa forzada.

—Sí, normalmente era la Señorita Liese quien se encarga de ese tipo de negociaciones, —dije.

La Señorita Liese era una chica que vivía en el mismo taller que yo.

Ese día, ella había ido a la mansión del Magrave Tycoon, acompañada del General Alreid, capitán de los caballeros del pueblo fronterizo donde se encontraba nuestro taller. Iban a entregar el informe del reciente ataque al pueblo por parte de esqueletos e imps, en representación de nuestro Jefe de Atelier.

Por eso, en esta ocasión, el papel de negociadora le había tocado a la Señorita Yulishia, y no fue una mala decisión en absoluto.

—Se lució, Señorita Yulishia. Los aldeanos decían que usted era como una diosa. Y eso que yo no hice nada, pero igual me siento orgulloso, —comenté con sinceridad.

Ella mostró una expresión que no supe descifrar, no sabía si estaba feliz o exhausta.

La Señorita Liese estaba cumpliendo el rol de representante del Jefe de Atelier, y al ver todo esto, yo no podía evitar pensar que en nuestro taller solo había gente increíble.

◇◆◇◆◇

…Territorio del Margrave Tycoon.

Este territorio era el más extenso entre todas las tierras gobernadas por nobles dentro del Reino de Homuros.

Sin embargo, al estar colindando con el territorio de los demonios, se producían frecuentes avistamientos de monstruos. Debido al refuerzo constante del poder militar, la gestión financiera del territorio no solo dependía de fondos nacionales, sino también de ayuda económica proveniente de países vecinos.

Por esa razón, a pesar de que el título de margrave otorgaba un poder equivalente al de un marqués tradicional, su posición no era particularmente fuerte.

No obstante, un cambio de fortuna llegó para este margrave.

Dentro de su dominio existía una antigua ciudad fortificada en la frontera, una ciudad sin nombre que, por costumbre, era llamada simplemente «pueblo fronterizo».

En ese lugar, un nuevo Jefe de Atelier había establecido su empresa, y la tercera princesa del reino, Lieselotte, se encontraba allí en formación.

En este país, el poder de la familia real era considerable. Además, el Duque Voldor —primo del rey— se encargaba de mantener unidas a las fuerzas nobles, lo que hacía que las decisiones de la familia real se reflejaran con gran facilidad en la política.

Si lograban ganarse a la Tercera Princesa Lieselotte allí mismo, el Margrave Tycoon podría establecer un fuerte vínculo con la familia real. Y más aún, considerando que la Tercera Princesa Lieselotte era nieta del emperador del Imperio Gurmak —el país vecino— y sobrina de la próxima emperatriz, eso también le abriría la posibilidad de estrechar lazos con dicho imperio.

 

…Eso es lo que debe estar tramando ese mapache , me encontré pensando yo, Lieselotte Homuros, mientras suspiraba internamente, harta de todo el asunto con el Margrave Tycoon.

No hacía mucho que nos habían convocado ante el señor de las tierras para informar sobre el ataque reciente con esqueletos e imps y sobre la derrota del demonio de clase superior. Se había requerido la presencia de un representante del taller y otro del escuadrón de caballeros.

En condiciones normales, habría sido el propio Jefe de Atelier quien debía presentarse. Pero Sir Kurt no sabía que él mismo era el Jefe. Nosotros manteníamos ese secreto para evitar que su poder fuera mal utilizado.

Sin embargo, enviar como representantes a la aventurera principal, Yulishia, o incluso a alguno de los miembros de Sakura, no era una opción. El Margrave Tycoon no habría aceptado tal cosa.

Por eliminación, terminé siendo yo quien actuara como representante del taller.

Al llegar al castillo, me dirigí al comedor junto al General Alreid.

Cuando abrimos la puerta, el Margrave Tycoon —ese mapache— se levantó, se arrodilló en el suelo y bajó la cabeza.

Aunque, por lo que parecía, su enorme panza le impedía inclinarse demasiado.

Se decía que en el pasado había sido un maestro del bastón, tan reconocido que no había quien no conociera su nombre. Pero desde que fue asignado a este territorio, se había dejado engordar sin medida.

No es que yo haya conocido al Margrave cuando aún era delgado tampoco, claro.

—Jamás habría imaginado que su alteza vendría en persona… Mil disculpas por no haberla recibido apropiadamente, —dijo.

Realmente, este mapache era un tipo astuto.

Sabía perfectamente que yo vendría. Habría recibido informes del escuadrón de inteligencia, los Phantom.

—No se preocupe. No me presento aquí como la Tercera Princesa Lieselotte Homuros, sino como la representante del Jefe de Atelier. Puede levantar la cabeza, —le respondí.

—Agradezco sus palabras. …No sé si serán de su agrado, pero he preparado una comida modesta para su alteza.

—Lo espero con ansias, Margrave Tycoon, —respondí, aunque por dentro no podía evitar pensar: «Si fuera por mí, preferiría saltarme esta comida y volver cuanto antes al pueblo fronterizo. Por lujosa que sea, ninguna de estas exquisiteces se comparará jamás con la comida que prepara Sir Kurt.»

Mientras degustábamos los platos que nos iban sirviendo uno tras otro, informamos sobre los incidentes recientes.

Tal como era de esperarse, el margrave ya estaba al tanto del uso de piedras mágicas y pociones durante la batalla.

De forma sutil, comenzó a hacer preguntas para intentar sonsacarnos información sobre el Jefe de Atelier.

Parecía asumir que sacarle información a una jovencita como yo sería tarea fácil.

Pero al ver que no soltaba prenda, decidió cambiar de tema.

—¿Sabía Su Alteza que el pueblo en el que reside actualmente no tiene nombre?

…¿Era eso solo una charla casual?

—Sí, por supuesto que lo sabía. Me han dicho que, como regla general, el nombre se asigna una vez se decide quién será el gobernador. Por eso sigue siendo un pueblo sin nombre.

—Ohh, veo que está bien informada. —El Margrave Tycoon sonrió con malicia.

Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

¿Había cometido algún error? Pero no lograba imaginar cuál.

—Estoy pensando en nombrar a un gobernador, pero no logro decidirme, y eso me causa bastante problema. Ese pueblo fronterizo, después de todo, es el más cercano al territorio de los demonios dentro de mis tierras. Está ligado al peligro… —dijo, y se detuvo un instante para lanzar una mirada al General Alreid—. …Sería difícil poner a alguien por encima de un caballero con una personalidad tan complicada como la mía, ¿no cree?

—Los logros militares del general llegan hasta aquí. Dirige una unidad de caballeros sorprendentemente unida para los tiempos que corren. Por eso, sería arriesgado poner a alguien externo a su mando. Espero que lo entienda.

—Sí, lo entiendo perfectamente.

El General Alreid inclinó la cabeza con respeto.

¿Acaso terminaría la conversación ahí?

Pero justo cuando nos traían el postre, el Margrave Tycoon soltó una auténtica bomba inesperada.

—Por eso, deseo que el Jefe de Atelier en el que se encuentra Su Alteza se convierta en el gobernador de ese pueblo fronterizo.

…Aquello fue una bomba mucho mayor de lo que esperaba.

Un Jefe de Atelier tiene una autoridad equivalente a la de un noble, y por lo general son personas muy capacitadas. Así que no era raro que uno fuera nombrado gobernador. De hecho, actualmente en este país hay tres Jefes de Taller que ostentan ese cargo.

Sin embargo, en esta ocasión resultaba un problema.

Nuestro Jefe de Atelier es Sir Kurt, pero ni él mismo lo sabe.

Mantenemos ese secreto precisamente para evitar que su poder sea explotado. Al menos hasta que hayamos terminado de preparar todos los medios para protegerlo por completo de amenazas externas, no podemos permitir que esa verdad salga a la luz.

Pero si aceptara convertirse en gobernador, no podría seguir ocultando su identidad ante los habitantes del pueblo. Incluso si se nombrara a un gobernador interino que gestionara los asuntos políticos en su lugar, al menos una vez, durante la ceremonia de nombramiento ante el margrave, tendría que mostrar su rostro.

Margrave Tycoon, disculpe, pero lo del gobernador es algo que no puedo decidir por mí sola y…

—¿Y eso por qué? Su Alteza ha venido aquí como representante del Jefe de Atelier. Eso significa que se le ha conferido plena autoridad para negociar en su nombre, ¿me equivoco?

El Margrave Tycoon tenía razón.

Solo aquellos con una posición igual o superior a la del anfitrión pueden enviar un representante sin plena autoridad.

Si alguien de rango inferior lo hace, eso implica automáticamente que dicho representante posee plenos poderes. De no ser así, no sería más que un simple mensajero.

Y dado que me presentaba no como la tercera princesa, sino como representante del Jefe de Atelier… Era mi deber tomar la decisión.

—¿Pero realmente está bien? El Jefe de Atelier apenas acababa de obtener su posición, y aún no había logrado méritos que pudieran llamarse tales. ¿No sería arriesgado nombrar como gobernador a alguien así? Podría provocar fricciones con otros nobles, ¿no lo cree?

—No habrá problema. Según tengo entendido, el Jefe de Atelier fue nombrado como tal no solo por usted, Su Alteza, sino también por la Maestra Ofilia y la Tercera Maga de la Corte Mimiko. No hay ningún noble en mis tierras que se atrevería a oponerse a alguien respaldado por ustedes tres. Además, el Maestro salvó la vida de muchos caballeros en la batalla pasada. Dudo que alguno de ellos esté en contra de que se convierta en gobernador. —El Margrave Tycoon dijo eso mientras dirigía la mirada al general Alreid.

Le rogué internamente que no dijera nada innecesario… pero, como era de esperarse, fue inútil.

—Por supuesto. Si el Jefe de Atelier desea asumir como gobernador, nosotros, el escuadrón de caballeros, lo recibiremos con los brazos abiertos.

No podía ser de otra forma.

Aunque el General Alreid no había conocido al Jefe de Atelier (cuando en realidad se habían visto muchas veces), lo respetaba profundamente como el salvador de su vida, la de sus subordinados y la de los habitantes del pueblo.

No había forma de que se opusiera.

Lamenté no haberle contado antes la verdad sobre Sir Kurt al General Alreid, pero ya era demasiado tarde.

Ahora me correspondía a mí rechazar esa propuesta de forma clara y firme, en calidad de representante del Jefe de Atelier…

—¿O acaso, Su Alteza, cree que el Jefe de Atelier tiene algún problema de carácter que lo descalifique como gobernador…?

—¡Nada de eso! ¡El Jefe de Atelier es una persona admirable! En este país, no, ¡en todo el mundo, no hay nadie que supere su talento! ¡Decir que tiene problemas de carácter es un grave error y…!

…Y metí la pata.

Cuando me di cuenta de mi error, ya era demasiado tarde, y me quedé sin palabras. El Margrave Tycoon sonrió con satisfacción.

—En ese caso, su alteza, le agradecería que transmitiera mis saludos al Jefe de Atelier. Pronto me dirigiré al pueblo fronterizo para proceder con su nombramiento. Le avisaré con antelación el día exacto.

 

—…Entonces… ¿quedó decidido que será nombrado gobernador? ¿¡Pero qué estás haciendo, Liese!?

—Lo siento mucho…

Las palabras cortantes de la Srta. Yuli me dieron la bienvenida al regresar al taller.

Pero yo no tenía cómo justificarme.

—¿No podríamos hacer pasar a alguno de los miembros de Sakura como el Jefe de Atelier?

—Es difícil. Los tres ya son conocidos por todos los caballeros. Además, no tienen los conocimientos necesarios, así que si les hacen alguna pregunta técnica, no sabrían qué responder. De todas formas, no existe nadie en este mundo que pueda reemplazar a mi amado Sir Kurt. Él es una existencia suprema… Por cierto, ¿qué está haciendo ahora mismo?

—¿Hmm? Ah, tu supremo Kurt está completamente absorto en la crianza de niños.

Ante las palabras de la Srta. Yuli, no pude evitar alzar la voz con fuerza.

—¿¡Crianza de niños!? ¿¡Quién es la madre!? ¡Si se trata de un hijo de Sir Kurt, tengo que adoptarlo de inmediato!

—…Tengo muchas cosas que decir, pero bueno, al menos no dijiste que ibas a matar a nadie, así que supongo que es un progreso.

—Por supuesto. Si es hijo de Sir Kurt, seguro que es un adorable niño, incluso si la madre fuera una orca. No podría matarlo de ninguna manera. Lo que pase con la mujer, ya es otro asunto…

—…Aah, sí… bueno, perdón, solo estaba bromeando. Parece que uno de los huevos de ave acuática que Kurt trajo de la aldea resultó ser un huevo fértil a punto de eclosionar, y ahora está preparando todo para que nazca.

—Ah, ya veo. Eso tiene más sentido. Como era de esperarse de Sir Kurt. Su bondad no conoce límites. —Dije eso como si nada, pero…

El huevo lo trajo Sir Kurt. Y el que lo estaba incubando también era él.

¿Realmente iba a nacer un ave acuática de ese huevo?

—Ahora que lo pienso… ¿no había informes recientes sobre avistamientos de una hidra cerca de esa aldea?

—…Ah, sí. Tú también lo piensas, ¿verdad, Liese? Por cierto, yo creo que de ese huevo va a nacer un dragón.

—¿No cabría la posibilidad de que nazca una tortuga diamante, de esas que están extintas?

Nos pusimos a considerar todas las posibilidades.

Y una vez que habíamos teorizado bastante sobre qué clase de criatura nacería…

—Ajajajajajá. —Ambas nos echamos a reír.

Así es, por mucho que Sir Kurt tuviera un rango SSS en todo lo que no fuera combate, no podía hacer que de un huevo de ave acuática naciera un dragón.

Eso era algo que solo un dios podría lograr.

Bueno… si hubiera que decidir quién era más grandioso entre un dios y Sir Kurt, sin duda ganaría Sir Kurt … pero incluso él tenía límites.

Sí, seguramente de ese huevo nacería un ave acuática.

Una que pusiera huevos de oro… Sí, algo bastante razonable viniendo de un ave empollada por Sir Kurt.

Parecía que podríamos comer tortillas de oro todos los días.

Pensé en algo tan absurdo justo cuando eso ocurrió.

 

—Ha nacido.

 

Fue entonces cuando escuché la voz de Sir Kurt.

◇◆◇◆◇

La tienda de artefactos mágicos Mimiko Café seguía cerrada ese día también. Sin embargo, el interior del edificio estaba lleno del aroma denso de café recalentado.

—Lady Mimiko, le traigo el informe.

—Gracias… haaah… ¿hasta cuándo seguirá esta vida? —Murmuré mientras me colocaba una mascarilla facial, bebía café y marcaba papeles en una pila interminable de documentos que no disminuía sin importar cuánto trabajara.

Ya había pasado una semana desde que comenzara a procesar los informes provenientes de Phantom.

No era, ni de lejos, una tarea sencilla manejar sin pausa todos esos reportes que no dejaban de llegar.

Más aún cuando entre los nombres involucrados aparecían acaudalados de renombre, nobles de casas prestigiosas, e incluso altos cargos de otros países.

Actualmente, en el pueblo fronterizo, había más de un centenar de espías infiltrados intentando investigar al recién nombrado Jefe de Atelier.

Seguramente se debía a que había salido a la luz información sobre una piedra mágica de luz, capaz de hacer desaparecer instantáneamente a todos los esqueletos e imps en un radio de varios cientos de metros. Pero no había forma de evitarlo… En ese momento, no teníamos otra opción.

Sin embargo, si en vez de una piedra mágica de luz hubiera sido, digamos, una de fuego… ¿qué habría pasado?

Con solo unas cuantas de esas piedras descontroladas, una ciudad entera podría no solo destruirse… sino evaporarse por completo.

Por suerte, existía un registro de que esa piedra mágica había sido trasladada desde mi almacén hasta el taller, lo que me permitió hacer circular información falsa, pero creíble, desde los bajos fondos: que aquella piedra había sido creada por mí por pura coincidencia.

Gracias a eso, los que ahora espiaban el pueblo fronterizo en busca de esas piedras mágicas eran, en su mayoría, donnadies que ni siquiera podían acceder a información del submundo.

Por otro lado, los espías del tipo realmente peligroso, aquellos que sí habían conseguido la información verdadera, comenzaron a apuntar directamente a mí, por lo que no podía permitirme bajar la guardia. Pero yo ya llevaba veinte años como maga de la corte de este país. Protegerme a mí misma era algo que podía hacer perfectamente sola.

Ignoré por completo a los espías que solo me observaban desde lejos, y capturé a una docena que intentaron asegurarse mi captura directamente. A sus respectivos empleadores, les hice pagar como correspondía.

—Mimiko, traje incienso para espantar el sueño… vaya, esto está hecho un caos, ¿eh? —Ofilia, que vino para nuestra reunión regular, dijo al ver los montones de papeles esparcidos por el suelo. O tal vez lo dijo por la cara que tenía. Preferí no preguntar.

—¿Y tú estás bien, Ofilia? Casi todo Phantom está asignado a proteger a Lady Lieselotte y Kurt, así que no hemos podido asignarte escolta.

—Estoy bien. Tengo a Michel conmigo. Ahora mismo lo dejé esperando afuera.

—Ya veo, si Michel está contigo, no hay problema. —Asentí con esas palabras, y volví a dirigir la mirada a los documentos frente a mí.

—¿Hm? Esto es…

—¿Qué pasa?

—Parece que Phantom dejó escapar a algunos espías. Al parecer, estaban vigilando a Kurt.

—Es raro que Phantom deje escapar a alguien… ¿no se supone que esos tipos no tienen acceso ni siquiera a la información del submundo?

—No todos son así. Incluso dejando de lado lo de la piedra mágica, hay mucha gente interesada en investigar al Jefe de Atelier. Pero si esos tipos obtuvieron información de los bajos fondos y además fueron capaces de ver la verdad que se esconde aún más profundo… entonces, estamos ante un enemigo bastante peligroso.

—…¿Como el que mató al Obispo Tristán?

—Sí, podría ser.

Tristán, quien parecía ser el cerebro detrás de la reciente invocación de un demonio superior, fue encontrado muerto en lo más profundo de la gran catedral de la Iglesia.

La seguridad de ese lugar era estricta, y asesinar a un obispo en sus aposentos más internos era una hazaña comparable al asesinato del propio rey.

Un individuo con las habilidades necesarias para eliminar al Obispo Tristán sin que nadie se diera cuenta… Si esa persona se volvía contra nosotros, ¿realmente podría sobrevivir yo?

Una atmósfera densa llenó la tienda.

Ofilia, quizás intentando cambiar el aire, o simplemente sin captar lo tenso del momento, me hizo una pregunta.

—Hablando de la Iglesia… ¿qué pasó con ese tal Malefis, el antiguo compañero de Kurt que causó aquel ataque? ¿Lo mataron?

—No, no lo matamos. Kurt quiere hablar con él, así que lo estoy… «entrenando» para que se porte bien para cuando llegue el momento de que se vean.

—Dices eso mientras intentas corregir tus palabras, pero no lo logras del todo… Ah, cierto, tenía que darte un informe. Las bestias demoniacas al oeste del pueblo fronterizo están más activas. Puede que los demonios estén empezando a moverse.

—¿Demonios…? Ya es suficientemente complicado lidiar con los enemigos dentro del país como para enfrentar también a esos…

Justo cuando dije eso, cayó del techo una hoja de papel roja.

Un nuevo informe. El rojo indicaba que era de máxima prioridad.

Lo atrapé al vuelo y leí su contenido.

—…Haaah…

—¿Qué es lo que decía?

—Un nuevo problema. Parece que Kurt podría convertirse en gobernador. —Teminé diciéndolo con un tono de agotamiento profundo.

Normalmente, uno debería alegrarse por el ascenso de un amigo. Pero cuando se trata de Kurt, no era así de simple.

Si se revelaba que él era el Jefe de Atelier y la gente llegaba a conocer su verdadero poder, toda mi estrategia de atraer a los enemigos hacia mí perdería el sentido.

Y si eso pasaba, no solo Kurt estaría en peligro, sino también Lady Lieselotte.

Eso era algo que no podía permitir.

—Sí, suena complicado. ¿Y si simplemente asesinamos al margrave? Siempre me ha caído mal ese mapache gordo.

—Ajajá… Ojalá fuera tan fácil… Ah, y otra cosa. Parece que Kurt encontró un huevo… y lo que nació de ahí fue… —Continué hablando, lista para contar una historia que solo alguien como Kurt podría protagonizar.



[1] Formación geológica subterránea de rocas porosas o grietas que almacena y permite el flujo de agua. Funciona como un depósito natural que abastece pozos, manantiales y ríos, siendo vital para el consumo humano, la agricultura y los ecosistemas. Su sobreexplotación o contaminación amenaza este recurso. 

 

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