El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 2 Capítulo 3. Kurt y su Amiga de la Infancia

 

Me encontraba en el segundo sótano del atelier, en un almacén que no se utilizaba.

En ese momento, en ese lugar, estaba encerrada la demonio. Su cuerpo estaba atado con cadenas de mitrilo forjadas por Sir Kurt, y tenía una mordaza puesta en la boca.

Aunque ya habían pasado dos días desde que fue traída aquí, no había dado señales de haber despertado.

Parecía ser que lo Sir Kurt había duchi era cierto: que no despertaría durante tres días.

Por lo visto, si se le administraba un antídoto, podía despertar de inmediato, pero como también necesitábamos tiempo para prepararnos, no se lo habíamos dado aún.

Aunque había solo un problema.

—¿Akuri, viniste aquí otra vez?

—¡Ah, Mami Liese!

Con pasitos adorables, Akuri corrió y se abrazó a mi pierna.

Le puse las manos bajo los bracitos y la levanté suavemente.

Akuri podía moverse libremente por la mansión usando magia de teletransporte. Por eso, si intentábamos encerrarla en una habitación estrecha, corríamos el riesgo de que usara la magia para salir del terreno del taller. Para evitarlo, le habíamos permitido moverse libremente dentro de la propiedad.

En concordancia con eso, también se me permitió tener contacto con Akuri.

—Te dije que no podías venir aquí, Akuri. Hay una mujer peligrosa, ¿recuerdas?

Ese era el problema.

Si algo le pasaba a esta niña, no me lo perdonaría jamás.

—…Lo siento.

—No estoy enojada. Basta con que lo entiendas.

Dicho eso, la abracé. Una buena madre seguramente debería reprender las malas acciones, pero eso lo dejaría en manos de la tutora que le contrataríamos cuando Akuri creciera.

—Ah, Señorita Liese, y también Akuri. ¿Estaban aquí?

—¿¡Sir Kurt!?

—¡Llegó Papiiii! —Akuri empezó a patalear en mis brazos, y en un instante, se teletransportó frente a Sir Kurt.

Era la primera vez que lo veía con mis propios ojos, pero la magia de teletransporte… parecía realmente útil.

Si yo hubiera podido usar magia de teletransporte…

—¡Se-Señorita Liese, este es el baño de hombres! ¿¡De dónde salió!?

—Mis disculpas, Sir Kurt. Fallé al usar magia de teletransporte.

—Ah, ¿con que fue magia de teletransporte? Entonces no hay nada que se le pueda hacer.

—Sí, por eso es que no puedo hacer nada para evitarlo. Entonces, como disculpa por las molestias, permítame lavarle la espalda.

—Oh, no, no es necesario.

—Vamos, vamos, no se preocupe.

…eso es lo que habría podido hacer.

¡Uy, no! Me salió sangre por la nariz.

—Oye, papi, ¿a qué jugamos?

—Perdón, ¿sí, Akuri? Tengo que limpiarle un poco el cuerpo, así que jugamos después, ¿sí?

¿¡Limpiarle el cuerpo!?

¿¡A-acaso era el mismo patrón, pero a la inversa!?

¿¡Será de esos casos en los que uno dice «Señorita Liese, ya que se ha teletransportado justo al baño, ¿querría que le lavara la espalda?»!?

No-no lo había considerado…

—Por favor, Sir Kurt.

—Sí, enseguida empiezo. —Sir Kurt dijo eso, tomó una toalla mojada… y pasó de largo junto a mí.

…¿Eh?

—Señorita Cazadora de Dragones, le limpiaré la espalda.

—¡Espere un momento! ¿Eh? ¿Va a limpiarle el cuerpo a ella? ¿Está seguro?

—Sí. Fue por culpa de mi droga que quedó en este estado, así que al menos quiero limpiarla un poco.

—¿A Sir Kurt también le gustan… las grandes?

—¿Grandes? ¿De qué habla?

Ah… eso fue un desliz.

Sir Kurt no era como esos hombres vulgares que se aprovechaban de una situación como esta para tocar a una mujer con intenciones ocultas.

Iba a limpiar el cuerpo de esa demonio simplemente porque creía que ella era solo una cazadora de dragones, y creía que podía hacerla recapacitar si la tratábamos con respeto.

El hecho de que solo le limpiara la espalda y no el pecho, era algo que lo representaba muy bien.

—Sir Kurt, por favor no le quite las cadenas.

—Sí, la Señorita Yulishia también me lo advirtió.

—Ya veo. Entonces, yo me encargaré de limpiarle el vientre y el pecho.

—¡Akuri también ayuda!

—Gracias.

Así, los tres comenzamos a limpiar el cuerpo de la demonio.

Akuri se encargó de las piernas, Sir Kurt de la espalda y la nuca, y yo del rostro, el abdomen y el pecho.

¿Eh? Al principio no lo había pensado, pero esto de hacer las cosas juntos entre los tres no se sentía nada mal.

Más bien, era como si fuéramos una verdadera familia: padre, madre e hija.

…Aunque de esos dos bultos de grasa emanaba una energía maligna, esta demonio hacía un trabajo bastante bueno, ¿no?

Bien, entonces, ¿debería también pulirle los cuernos?

—Ah, Señorita Liese. A los de la raza de gente con cuernos no les gusta que extraños toquen sus cuernos, así que mejor no los toque.

—¿Raza con cuernos? Sir Kurt, eso… ¿qué significa?

Justo cuando iba a preguntar sobre esa palabra que no me sonaba, una molestia apareció.

—¿Qué hacen ustedes tres por aquí? Les tengo que hablar de una cosa, ¿está bien?

—¿Qué pasa, Srta. Yuli? Justo ahora estamos en un buen momento, ¿sabes?

¿No dicen que quien interfiere en el romance de otros debe morir mordido por un dragón?

Eso fue lo que estuve a punto de decir, pero al ver que la Señorita Mimiko estaba con ella, entendí la situación.

La investigación sobre Akuri había terminado.

—Akuri, papi y mami tienen que hacer algo ahora, ¿puedes esperar con la hermana Sheena?

—Sí, voy a esperar con la ‘mana Shee.

Akuri respondió con energía y, saludando con entusiasmo a Mimiko, a quien veía por primera vez, salió de la habitación.

—Perdón, Kurt, Seño… Liese. Interrumpí justo cuando estaban en un momento familiar.

—No se preocupe, Señorita Mimiko. Cuánto tiempo sin verla. Y bien, ¿qué tal fue con el tema de Akuri?

Fue Sir Kurt quien hizo la pregunta.

Una pregunta prohibida, que en esencia podía llevar a decidir si su propia hija debía morir.

Y aun así, no fui yo ni la Srta. Yuli quienes la hicimos primero, sino el propio Sir Kurt.

Su amabilidad me conmovió profundamente.

Sin embargo…

—Por favor, díganos, Señorita Mimiko.

—Sí, Mimiko, por favor dinos la verdad sobre Akuri.

La Srta. Yuli y yo seguimos a Sir Kurt.

Si Sir Kurt decidía cargar solo con la culpa, nosotras nos mantendríamos en silencio y cargaríamos con ella junto a él.

Y si el resultado era desfavorable, también estábamos decididas a buscar un camino para que Akuri pudiera seguir con vida.

Esa fue la conclusión a la que la Srta. Yuli y yo llegamos.

—…¿Será mejor que empiece por los resultados?

La Señorita Mimiko usó un tono que parecía una introducción innecesaria, aunque claramente lo decía para prepararnos.

No respondimos los tres al mismo tiempo, pero sí asentimos todos.

—Pues bien… la conclusión es que no pudimos saberlo.

Después de todo ese suspenso, ¿«no lo pudieron saber»?

Era una respuesta que, aunque traía alivio, también dejaba una sensación de vacío.

Sin embargo, si solo se tratara de un «no lo sabemos», no creía que la Señorita Mimiko hubiera venido hasta aquí.

—Analicé la tela con saliva y los cabellos que trajo Yulishia, y sus componentes eran completamente iguales a los de un humano. Sin embargo, de las uñas se detectaron trazas mínimas de algo parecido a cristales mágicos. Y no uno cualquiera, sino de magia espacial.

¿Magia espacial, eh?

En la magia existen muchas clases de atributos:

Fuego, agua, viento y tierra como los cuatro básicos.

Hielo, rayo, metal y madera como derivados.

Luz, oscuridad, vida y mente como atributos superiores.

Esos son los atributos que los magos comunes pueden usar.

En mi caso, podía usar agua, viento, luz y vida.

Y, aparte de esos, existen magias que no pertenecen a ninguno de los conjuntos de atributos de antes.

Se las llama magia sin atributo o magia neutra.

Casi nadie es capaz de usarlas, y ni siquiera está claro si deberían clasificarse como magia.

La magia espacial era una de ellas.

Hay registros que indican que se utilizó en la Era de la Creación, pero hoy en día se considera una magia perdida, y no hay nadie que pueda usarla. Sin embargo, existe, de eso no hay duda.

La prueba de ello son las piedras de teletransporte y cristales de teletransporte.

Fueron creados hace unas décadas en cierto atelier, y en su fabricación se utilizaron cristales mágicos con magia espacial. El método para crear esos cristales se mantiene en secreto… Y ahora resulta que ese componente se había detectado en Akuri.

Dirigí una mirada al lugar por donde Akuri se había ido, hacia la puerta de la habitación.

La Señorita Mimiko, que parecía haber esperado a que termináramos de asimilar la información, continuó:

—…No se puede pensar que un ser humano pueda tener ese tipo de componentes. Esa niña no es humana.

No era humana.

Como había nacido de un huevo, ya sabíamos que no era humana.

Sin embargo, al escucharlo decir otra vez, no pude evitar sentir algo al respecto.

—¿Si no es humana… entonces es un monstruo? —le preguntó la Señorita Yulishia a la Señorita Mimiko.

La Señorita Mimiko negó con la cabeza.

—Eso tampoco lo sabemos. Pero precisamente porque no lo sabemos… me da miedo. Me asusta que esa niña esté aquí, en el atelier. Tiene apariencia humana, habla como un humano, come como un humano… pero no lo es. No sabemos cuándo podría atacarlos a los tres. Si fuera posible, creo que sería mejor mantenerla bajo resguardo en el laboratorio. Y que no pueda usar magia de teletransporte, sellando su magia con una maldición.

—Lo siento, Señorita Mimiko. Tendré que rechazar esa propuesta, —dijo Sir Kurt—. Señorita Mimiko, ¿usted se siente asustada estando a mi lado?

—¿Asustada? Nunca he pensado eso antes.

—¿Es porque cree que yo nunca la atacaría?

—Bueno, somos amigos, y confío en ti, Kurt. Y además, si me atacaras, probablemente podría devolvértela.

Era cierto. Incluso si Sir Kurt atacaba en serio, ni siquiera la Señorita Mimiko, ni yo misma, podríamos vencerlo. Si él me derribara, probablemente yo me dejaría llevar por el instinto.

—Es lo mismo. Sentirse seguro junto a alguien no depende de si esa persona es humana o no… sino de si puedes confiar en ella. Yo confío en Akuri. Claro que también influye que sea mi hija… pero además, cuando estoy con ella, siento que viene mucho a este cuarto porque le preocupa la Srta. Cazadora de Dragones que sigue dormida.

—Yo también estoy de acuerdo con Kurt. Y más aún, tengo una deuda con esa niña: me salvó la vida, —añadió la Srta. Yuli, siguiendo las palabras de Sir Kurt. Por supuesto, yo también opinaba lo mismo.

—Yo también confío en Akuri. La «Ri» de Akuri viene de mí, Liese.

—¡Si vas a decir eso, la «A» de Akuri viene de Yulishia!

—Y no olviden que la «Ku» de Akuri viene de Kurt.

Al escucharme, no solo la Señorita Yulishia, sino también Sir Kurt, me siguieron.

Era raro ver a Sir Kurt expresar tan firmemente su opinión. Eso demostraba cuán importante era Akuri para él.

De verdad… aunque sea nuestra hija, me ponía celosa.

—…Son unos padres tontos. Pero bueno, si es así, supongo que no hay problema. Por cierto, Kurt, ¿tienes a la mano el antídoto para curar la parálisis de la Cazadora de Dragones?

—Ah, sí, el antídoto está aquí en la habitación, siempre listo para usarse, —respondió Sir Kurt. Acto seguido, sacó una jeringa y un frasco con líquido del estante.

Era una jeringa con una aguja extremadamente fina. Tal vez ni siquiera se sentiría al ser inyectada. Como era de esperarse de Sir Kurt.

—Por favor, inyecte esto en una vena.

—Gracias… Entonces, Kurt, ¿podrías quedarte jugando con Akuri?

—Sí. Ah, Señorita Yulishia, sobre la promesa… lo de entregar a la Srta. Cazadora de Dragones a las autoridades…

—Lo sé, lo sé, no haré nada por el estilo, —respondió la Srta. Yuli con una sonrisa, y luego echó al señor Kurt fuera del cuarto.

Decir que no la entregaríamos a las autoridades no era una mentira, pero estábamos ocultando una cruel verdad.

Nosotras íbamos a interrogar a la demonio, y si no teníamos cuidado, incluso podríamos tener que torturarla. Después, elegiríamos si la mantenemos prisionera en otro lugar, o si la matamos.

Lo siento, Sir Kurt.

Si alguna vez llegaba a descubrir la verdad, podría maldecirme todo lo que quisiera, y no podría recriminárselo.

Así de extremo había que ser cuando se trataba con un demonio.

Después de que la Señorita Mimiko le inyectara la droga a la demonio, pasaron solo unos pocos segundos.

Lentamente, la demonio abrió los ojos.

—…… —La demonio no movió el cuello, solo observó a nuestro alrededor con sus ojos.

Luego, miró toda la habitación, y finalmente, fijó la vista en las cadenas que la sujetaban.

Aunque acababa de despertar, parecía estar tratando de comprender la situación con calma.

—Buenos días, ¿cómo te sientes al despertar? —preguntó la Señorita Mimiko, liderando la conversación.

La demonio entrecerró los ojos, pero no abrió la boca.

—……

—¿Por qué no respondes a la pregunta? ¿Es que tienes problemas con el lenguaje humano? —continuó la Señorita Mimiko.

—…Guerrera, no habla más de lo necesario…

—Sí, eres una guerrera demonio. Esa forma de hablar no es tanto tu manera habitual de hablar, sino más bien una especie de personaje propio de una guerrera, —dedujo la Señorita Mimiko.

En ese momento, de la mano de la demonio surgió una bola de fuego… pero la llama, después de tomar la forma esférica, se disipó en un instante.

Increíble… En este sótano, había una gema preparada por la Señorita Mimiko que creaba un campo de sellado mágico.

Un ser humano normal no podría ni usar magia, pero ella fue capaz de formar una esfera con la llama.

El poder mágico de los demonios… no era algo con lo que pudiéramos relajarnos.

—Bien, ahora te haré unas preguntas. ¿Tienes otros compañeros? —preguntó la Señorita Mimiko.

—……

—¿Por qué evitaste usar magia contra la niña durante la pelea? —preguntó nuevamente.

—……

—Intentaste secuestrar a la niña. ¿Sabes quién es ella?

—……

—¡Responde! —exclamó la Señorita Mimiko, liberando una presión mortal, lo que obligó a la demonio a abrir su boca con dificultad.

—…Los perdedores deben seguir a los ganadores.

—Eso es cierto, entonces pasa a responder las preguntas…

—…No fueron ustedes quienes me derrotaron… Fue un chico llamado Kurt… responderé a sus preguntas. —La demonio habló en un tono alargado.

Llamar a Sir Kurt… ¿qué propósito tiene al decir algo así?

¿Acaso cree que el amable Sir Kurt podrá sacarla de esto?

¿O acaso se da cuenta de que no podemos torturarla si Sir Kurt está presente?

Hice una señal con la mirada a la Srta. Yuli y la Señorita Mimiko, quienes reflexionaron en silencio y luego asintieron.

Si estamos juntas, no importa cuán tetona sea esta demonio, Sir Kurt no caerá bajo su hechizo.

Eso era lo que estaba segura de que sucedería.

 

La Srta. Yuli fue a buscar a Sir Kurt.

El retraso fue porque Akuri se había dormido, y, a pesar de eso, no dejaba ir el dedo de Sir Kurt.

Desearía haber visto esa escena tan reconfortante con mis propios ojos.

—Veo que has despertado, Srta. Cazadora de Dragones, ¿cómo te sientes?

—…No está mal. Estaría mejor si no estuviera encadenada.

—Ah, lo siento, me dijeron que no podía quitarte las cadenas hasta que terminara la conversación, por el riesgo de otro enfrentamiento. Al menos, eso me dijo la Srta. Yuli. —dijo Sir Kurt—. Um, entonces, permíteme hacer una pregunta.

—…Hildegard.

—¿Eh?

—…Tú lo dijiste, Kurt. Hildegard.

¿Hildegard?

Era un nombre de mujer que nunca había oído antes.

¿Quién será?

Si es alguien cercana a él, esto podría complicarse un poco.

—Ah, sí. Te refieres a la pequeña Hildegard. Ella solía venir mucho a nuestra aldea como comerciante ambulante. Es una chica de la misma raza de gente con cuernos que tú Señorita Cazadora de Dragones. —explicó Kurt.

—¡Kurt, espera un momento! ¿Raza de gente con cuernos? —La Señorita Mimiko interrumpió.

Sí, esas palabras: «raza de gente con cuernos» era un término desconocido que Sir Kurt mencionó hace un momento.

Me había estado preguntando qué significaba exactamente.

—Mimiko, ¿sabes qué es esa «raza de gente con cuernos»?

—Los demonios; o al menos parece que así es como se llaman a sí mismos. Kurt, ¿tu aldea está en las Montañas Sheen, verdad? ¿La raza de gente con cuernos iban a las Montañas Sheen?

La Señorita Mimiko respondió a la pregunta de la Srta. Yuli y luego miró a Sir Kurt.

—No, nuestra aldea se muda una vez cada diez años aproximadamente. Si no lo hiciéramos, los recursos cercanos como el oricalco se agotarían.

—¿Se mudan? ¿Solo en tu casa, Kurt?

—No, toda la aldea. Ahora que lo menciona, otras aldeas o pueblos no tienen esa costumbre de mudarse, ¿verdad? ¿Será que nuestra aldea tiene algo de sangre nómada? —Sir Kurt se rio con un «Jajajá».

Bueno, siendo la aldea de Sir Kurt, supongo que no es nada raro.

Si creemos su historia, no sería sorprendente que pudieran construir una ciudad-estado en solo unos días si trabajaran todos juntos.

—Sir Kurt, ¿qué relación tiene con esa tal Hildegard?

—Cuando era niño la conocí, y de ahí nos vimos varias veces. Pero desde que la aldea se mudó, no la he vuelto a ver.

—…Ya veo.

Me sentí un poco más tranquila. Sin embargo, que también tuvieran relaciones amistosas con los demonios… No me sorprende viniendo de la familia de Sir Kurt.

—…Yo quiero ayudar a Lady Hildegard. —La demonio dijo con una voz clara.

—¿¡Quieres ayudar a Hildegard!? ¡¿Acaso le ocurrió algo malo!? —Sir Kurt levantó la voz con sorpresa.

Seguramente, esa demonio llamada Hildegard debió haber sido una buena amiga para Sir Kurt.

—…Lady Hildegard está recluida en el sótano de un castillo de la nobleza de este país.

—¿¡……!?

Nosotros tres, excluyendo a Sir Kurt, nos sorprendimos al escuchar la historia de la demonio.

El gobierno prohíbe que los ciudadanos oculten a los demonios, y lo mismo ocurre con el confinamiento. Sin embargo, no hemos recibido ningún informe sobre el encarcelamiento de un demonio por parte del Margrave Tycoon.

…Bueno, en realidad, nosotros también estamos manteniendo a esta demonio en secreto, pero de todos modos.

—Entonces, ¿por qué atacaste a Akuri?

—…Los nobles parecen querer que Lady Hildegard haga algo. Yo, estaba investigando el propósito de los nobles. Los nobles, estaban investigándolos a ustedes. Yo, lo vi. La niña, aparece de repente. Magia de teletransportación. Si tuviera eso, Lady Hildegard podría ser salvada.

Entiendo, más o menos tiene sentido. Como Akuri tiene magia de teletransportación, sería mucho más fácil entrar al lugar de confinamiento o escapar.

Además, es bastante probable que los nobles también nos estén investigando.

—Um, ¿quién es el noble que tiene encarcelada a esa tal Hildegard?

—…El Margrave Tycoon, así lo llaman.

Bueno, no me sorprende, solo un noble de su calibre tendría el poder de capturar y encarcelar demonios en secreto, y que esté investigándonos.

Sin embargo, ¿por qué el Margrave Tycoon estaría encarcelando a esa demonio llamada Hildegard?

Esta demonio parecía no saber la razón.

—¡Esto es grave, Señorita Yulishia! ¡¿No es esto un caso de secuestro y confinamiento?! ¡Tenemos que ayudarla!

—Espera, Kurt. Solo porque encaje con la historia, no significa que sea la verdad. Puede que esta mujer esté contando algo que parece coherente solo porque tú mencionaste el nombre de Hildegard.

La Srta. Yuli le dijo eso a Sir Kurt, que se veía alarmado.

Yo también estaba considerando esa posibilidad.

Es cierto que ese noble mapache no era de fiar, pero si me preguntaban en quién confiar más, si en él o en un demonio…

La demonio miró fijamente a la Srta. Yuli y habló.

—…Si no te lancé magia… no fue por la niña. Ya antes de había intentado desviar el ataque.

—¿Ahora quieres que te debamos un favor? Lo siento, pero no puedo confiar en eso. Hasta ese momento intentabas matarme, ¿recuerdas?

—…Mira mi colgante.

—¿Colgante?

La Srta. Yuli, aunque desconfiada, metió la mano entre los pechos de la demonio.

Su brazo quedó completamente enterrado… Definitivamente, esta demonio no era confiable.

—¿Un emblema de grifo?

El colgante tenía grabado el emblema de un grifo.

¿Y eso qué tenía que ver?

—¡Señorita Yulishia, ese! ¡Ese es el colgante que tenía Hildegard!

—¿De verdad?

—Sí, ¿aún tiene la daga que le di, Señorita Yulishia?

—Ah, ah, sí. Lo siento, todavía la tenía conmigo. —La Srta. Yuli le devolvió la daga a Sir Kurt.

Sir Kurt nos mostró la empuñadura de la daga para que pudiéramos verla.

Y ahí estaba…

—El mismo dibujo de grifo… Kurt, esta daga…

—Esta me la dio Hildegard cuando era niño.

—…Vi ese diseño… por eso desvié la magia. Este colgante también me lo dio Lady Hildegard.

…Vaya. Al parecer, lo que decía esta demonio empezaba a sonar más creíble.

¿Y ahora qué debíamos hacer?

¿Ayudar a un demonio por el bien de otro demonio? Nunca había oído una historia así.

Pero tampoco podíamos rechazar una petición de Sir Kurt.

La demonio se dirigió a él.

—…Kurt…

—¿Sí? ¿Qué pasa?

—…Mi nombre es Solflare.

—…¡¿Eh…?! ¡Mucho gusto, Señorita Solflare!

Mientras viera a Sir Kurt inclinar la cabeza con tanta alegría, comprendí que, siempre que ella no lo traicionara, no podríamos torturarla.

◇◆◇◆◇

A la mañana siguiente, después de que la Señorita Solflare nos dijera su nombre, yo estaba en el patio trasero entrenando con el Señor Kanth, sin camisa, haciendo movimientos de práctica.

Yo creía estar practicando mis cortes como siempre, pero el Señor Kanth me detuvo.

—Kurt, ¿qué te pasa? No estás concentrado.

Como era de esperarse, el Señor Kanth era increíble.

Al parecer, había notado la inquietud que sentía por dentro.

—…Lo siento, es que estoy preocupado por Hildegard.

—Ah… la Señorita Yulishia ya me lo contó. Pero, la Maga de la Corte Doña Mimiko está moviéndose por eso, ¿cierto? Entonces no hay de qué preocuparse.

—…Sí, eso lo sé, pero… esto, el Margrave Tycoon, es un hombre muy rico, ¿no?

—Claro, que no te quepa duda. Un margrave está entre los nobles más importantes, justo por debajo de los duques. Es casi tan importante como un marqués.

El Señor Kanth dijo eso, dejó de practicar y se secó el sudor mientras bebía agua de su cantimplora.

Sí, era realmente una persona impresionante.

Pero precisamente por eso, me parecía extraño.

—Si es alguien tan rico, ¿no le parece raro que tenga que secuestrar y encerrar a una mujer? ¿No debería tener tantas opciones que no le faltaran mujeres?

—…¡Pu, tos, tos, oye, Kurt… ¿me estás diciendo que crees que el Margrave Tycoon secuestró y encerró a Hildegard con fines así de retorcidos?

—¿Eh? ¿Acaso hay otra razón?

—Bueno… si hablamos de Hildegard, es una demo…

—¿Una qué?

—No, bueno… eso habría que preguntárselo directamente al Margrave Tycoon. Cada quien tiene sus gustos, después de todo.

El Señor Kanth respondió como si estuviera tratando de disimular algo.

No sabía qué era exactamente lo que estaba ocultando, pero…

Gustos, ¿eh?

La última vez que vi a Hildegard fue hace como diez años. Me preguntaba en qué tipo de chica se habría convertido ahora.

Me pregunté habría crecido hasta convertirse en una mujer tan hermosa como para que alguien tan importante como el Margrave Tycoon la secuestrara y encerrara.

Y entonces, de pronto, se me ocurrió una idea y le hice una pregunta al Señor Kanth.

—Disculpe… ¿usted conoce bien la geografía de esta zona?

—¿Eh? Bueno, como aventurero, también he cumplido encargos de recolección por aquí.

El Señor Kanth asintió mientras volvía a hidratarse con agua, ya que antes había escupido parte de la que bebía.

—Entonces… quisiera preguntarle algo. ¿Sabe de algún lugar donde florezcan flores arcoíris?

◇◆◇◆◇

Mimiko regresó con información sobre el Margrave Tycoon.

Margrave Tanga Kokorukka Tycoon; cuarenta y siete años.

Originalmente provenía de una familia guerrera subordinada a la casa del marqués Sargas. Dieciocho años atrás, su vida dio un giro cuando rescató a Lady Falnar, sobrina del rey, quien había sido secuestrada.

Gracias a ese logro, se casó con Lady Falnar y fue ascendido a margrave, justo cuando el título había quedado vacante. Por cierto, parece que el secuestro de esta miembro de la realeza fue provocado por las luchas de poder durante el reinado anterior.

—Aquí está el plano de la mansión del Margrave Tycoon.

Mimiko dijo eso mientras desplegaba los planos sobre la mesa.

Liese, Solflare —quien llevaba puestas unas ataduras aún más fuertes— y yo, nos inclinamos para mirar el documento.

Conseguir un plano de una mansión como esa, considerando las medidas de seguridad, era casi imposible para cualquier persona externa. Pero la capacidad de recopilación de información de los Phantom era impresionante.

—Esta habitación… solo el Margrave Tycoon tiene permiso para entrar en este lugar. Pero hay testigos que lo han visto llevando comida dentro.

—¿Una habitación a la que nadie más puede entrar? ¿Y no hay nadie que conozca lo que hay dentro? ¿Su familia? ¿Algún administrador?

—El administrador no lo sabe. Y la Señorita Falnar falleció hace diez años, poco después de dar a luz a su hija mayor, la Señorita Famil. Al parecer, nunca fue una persona con buena salud. Y esta también murió el año pasado por una enfermedad.

—Vaya… Liese, ¿alguna vez llegaste a conocer a esa hija del margrave? —Le pregunté a Liese.

Siendo el margrave un noble de alto rango, pensé que Liese, como princesa, podría haber tenido trato con ella. Además, hace un año todavía no estaba bajo la maldición.

—Sí, vi a la Srta. Famil una vez en la cena de uno de los duques. También era sobrina del Duque Voldor. Recuerdo que fue su debut en sociedad, y tenía un aire muy inocente.

—Sí, bien, no nos desviemos con cosas irrelevantes. —Mimiko dijo eso mientras aplaudía para llamar la atención.

Bueno, tenía razón. El hecho de que su esposa e hija hayan muerto no parecía tener relación con ocultar a un demonio.

Claro que, si existiera alguna técnica secreta para revivir a los muertos, sería otra historia… pero ya le había preguntado eso a Kurt una vez:

—Oye, Kurt. ¿Crees que se pueda crear una medicina para resucitar a los muertos?

—¿Una medicina para revivir a los muertos? Yo no sabría cómo hacerla, pero quizás el Jefe del Atelier sí lo sepa.

Si Kurt no podía hacerla, entonces eso quería decir que nadie podía.

Incluso para un demonio, eso debía de ser imposible.

—Entonces, ¿solo tenemos que investigar esa habitación? ¿Los Phantom no pudieron hacerlo?

—Pues… tiene una cerradura especial y no se puede entrar. Al parecer, el Margrave Tycoon la administra personalmente. Es una cerradura tan especial que incluso un cazatesoros experto en abrir cerraduras tardaría medio día en forzarla.

Si alguien se tomaba medio día para forzar una cerradura, era obvio que acabaría siendo descubierto.

Aún quedaba la opción de arrebatarle la llave por la fuerza y entrar en la habitación, pero si resultaba que no había nadie dentro, no habría forma de justificarlo.

—…Tengo un plan.

—¿Un plan?

—Sí. Si no podemos abrir la cerradura, solo tenemos que hacer que la abran. Usando esto. —Diciendo eso, Liese nos mostró la espada mágica y comenzó a explicarnos el procedimiento.

Su plan era bastante simple.

Usaría la técnica de la espada mágica Mariposa para crear la imagen de un ladrón ilusorio y lo enviaría hacia la habitación secreta.

Si el margrave se enteraba de que un ladrón había entrado ahí, no tendría más remedio que abrir la puerta, incluso si había soldados alrededor.

Justo cuando abriera la puerta, los miembros de Phantom disfrazados de soldados irrumpirían para atraparlo en el acto.

Si el plan se descubría, podrían decir algo. Pero si se confirmaba que el marqués tenía a un demonio encerrado en secreto, entonces todo podría resolverse con algún acuerdo por debajo de la mesa.

—Es cierto, si es una ilusión, puede atravesar paredes, —asentí mientras hablaba.

—Pero ir hasta el Margrave Tycoon, eso significa que…

—Sí, será durante la audiencia que tendrá con Sir Rikuto, —respondió Liese a la duda de Mimiko.

El margrave tenía planes de venir a esta ciudad para nombrar oficialmente a Rikuto como gobernador regional.

Pero como aún no se había fijado la fecha exacta, decidimos alterar los planes y presentarnos nosotros ante el margrave en su lugar.

Con la excusa del saludo oficial por parte de Rikuto y con la autoridad de Liese —no, de Su Alteza Lieselotte, Tercera Princesa del Reino—, él no podría negarse.

Más bien, seguramente nos recibiría encantado.

Sin embargo, ¿sería posible crear una ilusión de Rikuto y al mismo tiempo otra ilusión que representara al ladrón?

Justo cuando pensaba en ello, Liese levantó la espada mágica Mariposa.

—Para mí, crear y controlar dos o tres ilusiones al mismo tiempo es pan comido.

Entonces, aparecieron cinco ilusiones idénticas a Kurt que rodearon a Liese.

—Señorita Liese, ¿qué le gustaría para cenar hoy?

—Señorita Liese, hoy también tiene un cabello precioso.

—He pescado un pez enorme solo para usted, Señorita Liese.

—Quiero seguir escuchando lo que me contaba el otro día, Señorita Liese.

—Sí, deberíamos salir todos juntos a una cita después.

Los Kurt ilusorios le hablaban uno tras otro con entusiasmo.

Liese tenía una expresión de éxtasis en el rostro, pero esos Kurts eran, después de todo, ilusiones que ella misma había creado.

En otras palabras, esto era…

Esto no es más que un tremendo monólogo, ¿no?, pensé para mis adentros.

Bueno, tampoco era que no pudiera entender el deseo de estar rodeada por cinco Kurts atendiéndote.

—Y bueno, como ven, controlar múltiples ilusiones al mismo tiempo es perfectamente posible, —dijo Liese. Cuando terminó de hablar, las ilusiones de Kurt desaparecieron por completo.

Al parecer, no había de qué preocuparse.

—Entonces, haré que los Phantom se adelanten para infiltrarse disfrazados de soldados, y al castillo del margrave iríamos solo Liese y yo… ¿cierto?

—No. Sir Kurt también vendrá con nosotras.

—¿Eh? ¿Kurt también? ¿No es peligroso?

Si las cosas salían mal y el margrave descubría todo, podrían intentar silenciarlo… y eso significaría una batalla.

Después de todo, los muertos no hablan.

Los soldados del margrave eran todos de élite, y si nos rodeaban, sería difícil proteger a Kurt mientras luchábamos.

—Sin embargo, dejar a Sir Kurt en el taller con Solflare también es peligroso. En esta ocasión, los Phantom se dividirán en dos grupos: uno para infiltración y otro para nuestra escolta, por lo que la seguridad del taller se debilitará inevitablemente.

—Tiene sentido. Kurt podría dejarse convencer por Solflare y hacer que le quite las ataduras. Y si es subordinada de esa Hildegard, con más razón. Además, si queremos liberar a su jefa, sería más fácil negociar si Kurt está presente. La idea de que un humano ayude a un demonio despierta sospechas, así que su presencia serviría como una buena fachada.

—Además, en la ciudad señorial del margrave se celebrará un festival durante tres días a partir de mañana. Mientras esperamos la audiencia, me gustaría que Sir Kurt también disfrute del festival con nosotras.

—¡¿Así que eso era lo principal?!

No pude evitar hacer ese comentario, y Liese sonrió con malicia.

 

Después de eso, la conversación avanzó y se decidió la fecha de ejecución del plan.

Se llevaría a cabo el último día del festival, es decir, el tercer día.

Durante el festival, más de la mitad de los soldados serían asignados a la seguridad del pueblo, y para el tercer día, el cansancio empezaría a notarse entre ellos.

En resumen, era el momento más conveniente para actuar.

Y hasta entonces, nos dedicaríamos a hacer visitas de inspección…

—Entonces, yo haré la inspección… es decir, el recorrido con Kurt durante el segundo día, y tú, Liese, ¿te encargarás del primero?

—Lo ideal sería que yo hiciera ambos días, pero en fin… eres muy testaruda, Srta. Yuli.

—Por supuesto, Liese. Necesitas practicar el control de ilusiones el día anterior a la operación.

—Bueno, lo aceptaré a regañadientes… pero tienes prohibido cometer actos indecentes con Sir Kurt. ¿De acuerdo? No olvides que esto es un trabajo de campo para aprender sobre la cultura local, como parte del personal del atelier.

—Y tú tampoco hagas nada llamativo que haga que Kurt u otros noten que eres una princesa. Si se entera la capital de que una princesa está teniendo relaciones poco decorosas con el trabajador de un atelier, te van a llamar de vuelta inmediatamente.

—Desde luego, no cometeré semejante error.

—Jujujujujujú.

—Jujujujujujú.

Así, mientras nos lanzábamos advertencias mutuamente, comenzamos a sentir una ligera emoción por lo que se avecinaba.

—Están como cabras alegres… —comentó Mimiko, con una sonrisa amarga, como si se burlara de nosotras… incluso de Liese, a quien tanto respetaba.

Aunque bueno, incluso yo entendía que tenía algo de razón.

 

¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.