¡Supervivencia en Otro Mundo con mi Ama!

Capítulo 231. La Parte Más Difícil es Limpiar Después

 

Mientras coqueteaba con Amalie-san, mis preocupaciones —o más bien, ese ánimo pesado— se disiparon.

¿Eh? ¿Dices que si hice algo indecente?

Según mis estándares, no. Solo me hizo cosquillas que me tocara aquí y allá. Eso sí, cuando Amalie-san volvió en sí, se puso roja como un tomate, se disculpó conmigo y salió prácticamente huyendo.

Tal vez, al haberse criado en un entorno rodeado de mujeres, la sexualidad de Amalie-san se haya desarrollado de una forma un tanto peculiar… y eso la haya confundido. No quiero confundir a los demás con simples conjeturas mías. Será mejor esperar y ver qué pasa. Si hay que señalar a alguien, probablemente el responsable sea yo. Todo es culpa de ese maldito hijo de puta que me apuñaló con una daga envenenada.

—Nos quedaremos al menos entre tres días y una semana para asegurar el control de Gleiseburg. Mientras los funcionarios civiles se hacen cargo de la administración de la ciudad y el clero de Adel cumple su función, realizaremos reconocimientos en los alrededores y nos encargaremos de eliminar monstruos y bandidos.

Danan miró con expresión seria a las personas reunidas en la sala de conferencias de la mansión del señor feudal. Allí estábamos Danan, al mando de las tropas de élite; dos jefes de pelotón de los artilleros; Pirna, la arpía; un funcionario civil alado encargado de organizar a los burócratas; Ellen; Amalie-san y Bertha-san, del clero de Adel; y un sacerdote cuyo nombre no conocía. En total, diez personas, incluyéndome a mí.

Amalie-san intentaba aparentar normalidad, pero desde hace un rato, cada vez que nuestras miradas se cruzaban, se sonrojaba y apartaba la vista. Ellen no se daba cuenta porque Amalie-san estaba de pie detrás de ella, pero Bertha-san, que se encontraba a su lado, parecía haber notado su estado y llevaba un buen rato lanzándonos miradas inquisitivas a ambos. Me temo que, si empieza a sospechar demasiado, podría meterme en problemas, así que decidí hacerme el desentendido… aunque quizá ya sea demasiado tarde.

—Por suerte, la mayoría de los guardias y soldados del Reino Sagrado están cooperando. Parece que no eran tantos los que compartían fervientemente las ideas del obispo. Me pregunto cuántos ciudadanos pensarán igual.

—¿Y qué piensas hacer con ellos? —preguntó el funcionario alado con la misma expresión grave que Danan.

Era un hombre alado, con alas moteadas de color marrón, que en el pasado había sido esclavo de cierta compañía comercial en Erichburg. Aunque era esclavo, había participado profundamente en la gestión de la empresa, llevando incluso la contabilidad.

—No hay mucho que podamos hacer al respecto. Por supuesto, si un esclavo ha sido tratado de forma injusta, nos ocuparemos de ello conforme a la ley. Refutar las enseñanzas de la corriente principal y difundir las doctrinas correctas es tarea del clero de Adel. ¿No es así?

—Sí, exactamente, —asintió Ellen a la pregunta de Danan.

—Si los esclavos obtenidos de forma injusta desaparecen y las ideas del entorno no coinciden con las suyas, lo natural es que abandonen esta ciudad por sí mismos. No creo que debamos intervenir directamente a menos que haya una razón concreta.

—Entiendo. Entonces lo importante es nuestra auditoría. ¿Y qué haremos con los esclavos liberados?

—Por ahora nos encargaremos de su comida, ropa y alojamiento hasta que recuperen fuerzas. Después, deberíamos intentar respetar sus deseos. Por favor, encárguense de hacer los arreglos necesarios. Su Majestad y el Primer Ministro nos han dado permiso para utilizar a Kosuke todo lo que haga falta, así que déjenle trabajar cuanto sea necesario.

—Sí. Trabajaré.

Las dos personas a las que se refiere Danan son Sylphy y Melty. Ambas jefas de Estado poseen unas capacidades de combate tan extraordinarias que resulta tranquilizador saber que no hay que preocuparse en absoluto por intentos de asesinato. Jajajá.

—¿Y qué hay de los fondos?

—Kosuke se está encargando de eso por orden de Su Majestad. ¿No es así?

—Sí, ya los tengo. Y no son pocos.

Es cierto que Sylphy me entregó una suma considerable para esta misión de pacificación del país. Aunque, en realidad, el origen de ese dinero son las gemas y lingotes metálicos que he excavado, así como los ingresos obtenidos por la venta de las cosechas de mis campos. Incluso si me quedara sin efectivo, bastaría con blandir un pico contra algún afloramiento rocoso para conseguir gemas, mithril, oro o plata, así que no tengo de qué preocuparme.

—No les diré que gasten el dinero como si fuera agua, pero no tienen que preocuparse por los fondos. Pidan todo lo que necesiten.

—De acuerdo, muchas gracias.

El funcionario civil alado inclinó la cabeza en señal de agradecimiento.

—En lo que respecta a Kosuke, si surge la necesidad, la religión de Adel también puede utilizarlo según convenga. En cuanto a fondos y suministros, no duden en solicitarlos.

—Lo entiendo. Esa ha sido mi intención desde el principio.

—Sí, así será.

Rendición incondicional. Si con eso logramos que más personas vivan felices y en paz, no hay problema. Al fin y al cabo, lo que vamos a hacer no difiere mucho de lo que hicimos en Erichburg y Merinesburg. Esta vez debería ser un poco más sencillo, dado el menor tamaño de la ciudad.

—Kosuke ya ha reparado la mansión del señor feudal y las murallas, así que mañana mismo pueden empezar a moverse. Kosuke trabajará principalmente con el clero de Adel, ¿correcto?

—Sí. Mañana ofreceremos misericordia a los heridos y enfermos. Sería de gran ayuda que se quedara con nosotros.

—Entiendo. Entonces, ¿dejo los fondos aquí mientras estemos en la ciudad?

—Sí. Mientras estén en la mansión, no debería haber problemas, pero aun así deben gestionarse con el mayor cuidado posible.

—Entendido.

Tras captar la atención de Danan, saqué de mi inventario una caja de madera llena de monedas de oro y plata y la coloqué sobre la mesa de la sala de conferencias. Cada caja contenía mil monedas; coloqué tres cajas de monedas de oro pequeñas y tres de monedas de plata. No puedo asegurarlo porque los precios varían, pero, a grandes rasgos, imagino que cada moneda de plata equivale a unos 10.000 yenes, y cada moneda de oro pequeña a unos 100.000.

—…Con una sola caja de monedas de oro pequeñas debería bastar.

—¿De verdad?

Cuando pregunté de vuelta, el funcionario alado me miró como si fuera un completo idiota. Tres cajas de cien millones de yenes cada una, más tres cajas de diez millones cada una… un total de unos 330 millones de yenes. Sí, incluso con una sola caja de monedas de plata, a mí me costaría dormir tranquilo. No lo siento así cuando está en mi inventario, porque sé que nadie puede robarlo, pero si me dijeran que gestione 300 millones de la empresa guardándolos en una habitación de hotel, ni loco lo haría. Ahora que lo pienso, empieza a darme miedo.

—Kosuke, he despejado la habitación contigua a esta sala de conferencias para ese asunto, así que luego encárgate de acondicionarla.

—Entendido.

Con «ese asunto» se refería a un comunicador gólem de gran tamaño. Iba a instalarse para transmitir comunicaciones de emergencia, confirmaciones de políticas, informes y demás hacia Merinesburg. El comunicador gólem grande es el secreto mejor guardado del Ejército de Liberación —es decir, del nuevo Reino de Merinard—, por lo que su seguridad y control se gestionan con extrema rigurosidad.

La existencia del comunicador pequeño, en cambio, ya es conocida desde hace tiempo por los nostálgicos de la religión de Adel; incluso han visto el dispositivo real. Pero no creo que Ellen haya visto aún el modelo grande. Cuando nos comunicábamos entre Erichburg y Merinesburg, Lima y las demás actuaban como intermediarias.

—Kernes, quiero que lo utilices correctamente.

—Sí, así lo haré.

El funcionario civil alado asintió con franqueza. Al parecer, su nombre es Kernes.

—Entonces, damos por terminada la reunión. Descansen para mañana.

Con la orden de Danan, todos se levantaron de sus asientos. Yo, sin embargo, todavía no podía descansar. Aún tenía que preparar los alojamientos para nuestros soldados.

☆★☆

Hoy también fue un día de trabajo duro. Conducción a larga distancia, un asedio, la batalla por el control de la ciudad, la reparación de las murallas destruidas de la mansión del señor feudal y de la ciudad, el tratamiento de los heridos… Después de la reunión, además, demolimos los viejos barracones de la ciudad y los reconstruimos. Y la distribución de suministros para los próximos días… Hmm, visto así, supongo que trabajé con bastante diligencia durante todo el día, ¿no?

Con ese pensamiento en mente, regresé a la mansión del señor feudal y recorrí el pasillo hasta la habitación que me habían asignado. El sol estaba a punto de ponerse, y el corredor se encontraba bañado por una luz rojiza y cálida.

En el pasillo me crucé con Bertha-san. Llevaba una cesta llena de pan recién horneado. ¿Estaría preparando la cena?

—Buenas noches, Kosuke-sama.

—Buenas noches.

Bertha-san es una mujer hermosa, de rasgos marcados. Tiene una nariz bien definida y unos ojos poderosos; podría decirse que su mirada ejerce una presión notable.

—¿Qué está pasando entre Amalie y usted?

—Nada en abusuluto.

Intenté ocultar mi nerviosismo, pero la pregunta fue tan repentina que me trabé al responder. Bertha-san me fulminó con la mirada.

—¿Sería capaz de decir lo mismo delante de Eleonora-sama?

—Guardaré silencio por el honor de Amalie-san.

Si no digo nada, no revelo nada. Jejejé, soy un genio, ¿no?

—Ya veo. Por cierto, poseo la habilidad de asistir a Eleonora-sama como inquisidora.

—¿Inquisidora?

—Sí. Los Ojos de la Verdad de Eleonora-sama pueden detectar mentiras en lo que se dice, así que cuando una persona guarda silencio, eso puede resultar problemático. Por eso es indispensable alguien con la habilidad de hacer hablar a quienes se cierran, ¿no le parece? Además, también actúo como su escolta.

—Ya veo…

Me pregunté si sería por la fuerza —o más bien, por la intensidad— de la mirada de Bertha-san que emanaba semejante presión. Ahora que lo pienso, Bertha-san siempre acompaña a Ellen como si fuera su sombra.

—Me estoy preguntando si debería usar mis habilidades de inquisidora con Kosuke-sama.

—No he hecho nada malo.

—¿De verdad?

Bertha-san me miró con unos ojos a los que se les había apagado el brillo. ¡Da miedo!

—Me dio un descanso sobre su regazo.

—¿Solo eso?

—También me masajeó ligeramente los brazos y el abdomen.

No estaba mintiendo. El contacto de Amalie-san fue un poco… agresivo, y mientras me tocaba, su respiración se volvió algo agitada.

—…Bueno, está bien. No me parece que haya hecho nada particularmente insolente.

—Si acaso, diría que ella fue la que tomó la iniciativa.

—¿Y qué es lo que la vuelve así…? En fin, Amalie siempre ha vivido encerrada en una burbuja.

Dijo eso como si no mucha cosa. Quizá al notar mi mirada, Bertha-san infló un poco las mejillas. Cuando una mujer poderosa y hermosa hace un gesto así, de repente se vuelve infantil… y resulta devastador.

—No soy como Amalie. Durante mi entrenamiento como inquisidora, y luego al llevar a cabo interrogatorios reales, he visto y oído muchas cosas.

—Ya veo.

Tiene sentido. Al parecer, el sacerdote o el obispo que gobernaba Merinesburg también hacía lo que le daba la gana, amparándose descaradamente en su autoridad. Una historia repugnante.

—Por cierto…

—¿Sí?

Incliné la cabeza y Bertha-san se acercó mucho a mí. El aroma del pan recién horneado era intenso.

—…Probablemente me gusta ser a quien atacan.

Me lo susurró al oído y, acto seguido, se apartó con rapidez y echó a andar. Mi corazón dio un salto por la sorpresa, y me quedé un momento sin reaccionar, sin pensar siquiera en seguirla.

—¿Qué sucede? Eleonora-sama lo está esperando.

—¿Eh…? A-ah, sí.

Bertha-san, que se había detenido unos pasos más adelante y se volvió para mirarme, vio mi desconcierto, soltó una pequeña risa y reanudó la marcha. E-emm… ¡no entiendo muy bien cómo es Bertha-san…! Solo sé que es mucho más directa y certera de lo que había imaginado.

Le gusto a su manera… ¿verdad? Sus acciones son demasiado repentinas como para leerlas con claridad todavía, pero quiero creer que es así.

Mientras reflexionaba en silencio sobre cómo debería tratar a Bertha-san, la seguí, viéndola caminar con lo que parecía ser un humor bastante animado.

 

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