Remake Our Life!

Vol. 11 Capítulo 2. El Mundo que Apareció Parte 3

Como ya me empezaban a incomodar las miradas de la gente, decidimos movernos a otro lugar para seguir hablando.

Hacia donde señaló Kawasegawa, había una hamburguesería de una gran cadena. Yo mismo había pasado por allí alguna vez al regresar de una visita comercial a una empresa cercana.

A pesar de que era la hora entre la tarde y la noche, cuando normalmente se llenaba, quizá por una serie de coincidencias el lugar estaba sorprendentemente despejado, con varias mesas vacías.

—Con esto, si hablamos en voz baja, no debería haber problema.

No me sentía cómodo hablando de asuntos internos tan cerca de la empresa. Por eso, aseguré un asiento en una esquina donde nuestra conversación no pudiera oírse con facilidad.

Kawasegawa tomó un sorbo de té oolong con la pajita y, a diferencia de hace un momento, mostró una expresión completamente serena.

—¿Hasta dónde sabes, Hashiba?

Le conté todo lo que sabía. La información que había oído de Kuroda, lo que me había dicho Miyamoto-san del departamento editorial, que el departamento de desarrollo de Succeed estaba prácticamente a punto de disolverse, y que la propia Kawasegawa tenía la intención de renunciar. Le expliqué que todo eso lo había sabido por distintas fuentes.

Kawasegawa escuchó mi relato en silencio, sin decir una palabra.

—Es sorprendente que estas cosas no terminen exageradas o distorsionadas. Lo vengo a saber recién ahora que soy parte involucrada, —dijo, asintiendo como si hablara de algo ajeno.

—Entonces, todo lo que mencioné ahora…

—Sí, es correcto. El departamento de desarrollo está a punto de disolverse y también estoy pensando en dejar mi trabajo. Ambas cosas son información exacta.

Ojalá no lo fuera, pero las dos resultaron ser verdad.

—Hablamos de que tenía que presentar una propuesta como última oportunidad, ¿lo recuerdas?

Asentí. Después de todo, ese había sido el origen de todo.

—Yo también, al principio, pensé en elaborar como fuera una buena propuesta y usarla para conectar con lo que viniera después. Probé de mil maneras, pero los resultados no llegaban, y cuando me quedé sin ideas, pensé en ti.

La imagen de mis iniciales, borrosas por las lágrimas, volvió a mi mente.

—Yo te admiraba, ¿sabes? Desde que éramos estudiantes, siempre.

—¿Desde entonces…?

Ella asintió con un «sí» y volvió a tomar el vaso con té oolong.

—Cuando era estudiante, yo buscaba habilidades y conocimientos, nada más. Creía que, si me esforzaba en eso, inevitablemente llegaría a la cima. No pensaba escuchar a nadie y estaba convencida de que podía seguir adelante sola. —Elevó la mirada como recordando, y luego volvió a fijarse en mí—. Y entonces apareciste tú. Al principio pensé que no sabías nada de producción audiovisual, y no entendía qué hacías ahí, que eras una persona que trabajaba a medias. Pero mientras más hablábamos, más podía sentir en ti algo que yo no tenía, una especie de fervor difícil de obtener. Tus ideas y tus acciones siempre estaban varios pasos por delante de las mías. Me preguntaba qué harías después, qué estarías imaginando. Por primera vez en mi vida, empecé a sentir ilusión por un futuro que hasta entonces apenas había considerado. El futuro de Kyoya Hashiba me resultaba emocionante. Pero… —Cerró los ojos lentamente y bajó la mirada—. Cuando te fuiste del mundo del entretenimiento, me llevé un gran impacto. Sentí como si ya no supiera hacia dónde debía mirar, como si el camino que tenía por delante se hubiera desvanecido.

Hacia el final de la universidad, ella no me dijo nada. No me reprochó. Tan solo expresó: «Fue algo que tú decidiste, ¿no?». Y siempre pensé que eso lo resumía todo.

Pero no había sido así. Y enterarme de eso recién ahora… jamás lo habría imaginado.

—Por cosas del destino, terminé trabajando en el desarrollo de videojuegos, y siempre, siempre en mi cabeza te consultaba las ideas. «Si fuera Hashiba, haría esto?», «Esto no lo aceptaría, ¿verdad?»… Por eso dejé tus iniciales en los créditos todos estos años. Tal vez era mi forma de decir que esperaba tu futuro. —Kawasegawa soltó un suspiro y esbozó una sonrisa irónica. Su tono había sonado pesado, pero su expresión era ligera, como si por fin hubiera dejado un gran peso atrás—. Pero al final, quizá no era el futuro… sino el pasado a lo que estaba aferrada. Tal vez solo estaba persiguiendo ese brillo que teníamos en la universidad, ese sueño que buscábamos entonces. —La sonrisa amarga en su rostro era algo que jamás había visto en nuestros años como estudiantes—. Perdón por haber ido hasta tu empresa y armar tanto alboroto. Pero ya con esto… todo termina.

Mientras atesoraba sus palabras, por otro lado pensaba en mi trabajo.

Si tomaba cierta decisión, causaría problemas directos a la empresa. Desde mi posición, era algo que debía evitar. Lo sabía perfectamente.

Pero después de llegar tan lejos, dar media vuelta y marcharme… me resultaba simplemente imposible.

—Oye, Kawasegawa.

Ella levantó el rostro y me miró.

Tenía una expresión completamente desprovista de dureza, casi infantil.

—Ahora voy a decir algo egoísta. Si piensas «¿por qué dice esto recién ahora?», dímelo tal cual, sin rodeos.

Después de soltarlo de un tirón, Kawasegawa asintió.

Respiré hondo.

—Quiero que me permitas ayudarte con tu proyecto.

Los ojos de ella se abrieron de par en par.

—He estado dudando todo este tiempo. Me preguntaba qué podía hacer yo ahora. Tomé otro camino, dejé atrás mis conocimientos y mi experiencia, y ya ni siquiera tenía motivación… pero…

Recordé el juego que había creado Eiko Kawasegawa. Hacía muchísimo que algo hecho por otra persona no lograba conmoverme así. Me había conmovido de verdad.

—Tu juego me pareció divertido. Me dieron ganas de decir «esto aquí quedaría mejor así». Y al llegar al final, el corazón se me calentó. Esa pasión… volvió.

Por eso, antes de venir aquí, ya lo había decidido. Si lograba hablar con Kawasegawa, y si tenía la oportunidad de decir estas palabras…

—Hagámoslo juntos, Kawasegawa.

Por un instante, me pareció ver que algo se humedecía en los ojos de ella.

—Creo que la probabilidad de éxito es casi nula… ¿está bien para ti?

Asentí.

—…Gracias. —Kawasegawa cerró los ojos. Permaneció así un momento, asintiendo varias veces en silencio.

Al parecer, cuando terminó de ordenar sus pensamientos, abrió los ojos con determinación.

—Hay dos cosas que quiero pedirte. Una es la que ya mencioné: que participes como motivador. Quiero que le des impulso a este equipo que está tan estancado. Y la otra… esta es justo la que quiero pedirte porque eres «el tú de ahora».

¿De qué se trataba? ¿Qué podía hacer alguien que ya estaba fuera del sector?

—Un punto de vista panorámico. Quiero que, desde una posición un paso atrás, revises dónde está parado el proyecto.

—Entiendo, una mirada objetiva.

Dicho así, tenía todo el sentido.

Kawasegawa era del área de desarrollo. Aunque tuviera experiencia como productora, su mirada inevitablemente tendía a la dirección. Pero si querían cubrir bien los vacíos de la propuesta, hacía falta otra perspectiva.

En condiciones normales, seguramente debería haber alguien en la empresa encargado de cumplir esa función, pero en el estado actual del entorno, era imposible esperar algo así. Por eso, asignarme ese papel a mí, que aún podía decir que tenía una mirada relativamente neutral, resultaba acertado.

—Bueno, pero… —De pronto, Kawasegawa cambió el tono y dijo—: La verdad es que, más que nada, quiero que vengas porque eres tú. Cuando pienso en algo, tener a alguien con quien estoy en sintonía o no tenerlo cambia muchísimo mi motivación…

Sus palabras me sobresaltaron por un instante.

El hecho de que yo pudiera elevar su motivación personal significaba que estaba basándose en sentimientos también personales…

¿Eso quiere decir… que siente algo así…?

Obviamente, no fui tan insensato como para preguntarlo directamente, pero fue algo que se me quedó dando vueltas.

De cualquier modo, con esto, lo que debía hacer ya estaba decidido.

—Muy bien, lo haré. Puedes contar conmigo.

Kawasegawa sonrió y dijo:

—Gracias. Si incluso con tu ayuda no funciona, entonces ya podré rendirme.

Sentí un escalofrío ante el peso de esas palabras. ¿Confiaba tanto en mí?

Pero esa confianza no debía dirigirse hacia el fracaso.

—No lo hacemos para rendirnos. Eso no sería propio de ti, Kawasegawa.

—Tampoco sería propio de ti.

Sus ojos recuperaron un brillo intenso.

—Hagámoslo. Por el futuro.

Levantamos nuestros vasos de papel e hicimos un brindis silencioso. No dijimos si lo hacíamos por la empresa, por el mundo o por otra cosa distinta. No hicimos ninguna declaración, pero me pareció que así estaba bien.

 

¡Quieres discutir de esta novela u otras, o solo estar al tanto? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.