Capítulo 238. Aplastamiento del Terreno
Introduje la primera cinta en la ametralladora ligera y, al cabo de menos de un minuto, algo extraño ocurrió en el bosque que se extendía frente a mí. No… en realidad, el suelo empezó a temblar antes de eso. ¿Un terremoto? Mientras pensaba en ello, el bosque comenzó a retorcerse. Como si respirara, subía y bajaba repetidas veces, produciendo un sordo estruendo… hasta que, de pronto, estalló.
No, «estalló» no era la palabra adecuada. Incontables espinas del color de la tierra emergieron de lo que parecía un enorme erizo de bosque o algo por el estilo. ¿Qué demonios estaba pasando? Estaba seguro de que aquello era obra de Grande, pero… ¿acaso cada una de esas innumerables espinas estaba atravesando a los Saltamontes Glotones?
Incliné la cabeza, desconcertado. Entonces, las espinas de tierra comenzaron a desmoronarse, y el bosque volvió a retorcerse entre estrépitos. Si de verdad había un enjambre de Saltamontes Glotones allí dentro, resultaba difícil creer que permanecieran en silencio en medio de semejante caos… pero ni uno solo salió volando. ¿Los había aniquilado Grande de un solo golpe?
Mientras observaba el bosque ondulante, la puerta de la entrada del búnker empezó a sacudirse con golpes.
—¡Eh! ¡Abran! ¡¿Qué demonios está pasando?!
—Qué tipo tan ruidoso…
Chasqueé la lengua para mis adentros. Para empezar, yo tampoco sabía exactamente qué estaba ocurriendo. No sabía nada más de lo que tenía ante mis ojos.
—¡Oye! ¿Estás seguro de que la niña de antes está a salvo? ¡No me digas que la dejaste morir escondiéndote en un lugar seguro como este!
Ah, ya veo… ¿Creía que había enviado a Grande a lanzarse contra los saltamontes para autodestruirse? Juraría que expliqué que Grande era un dragón, pero supongo que no era algo fácil de creer.
—¡Solo puedo decir lo que veo! ¡Pero creo que Grande está a salvo!
—¿Lo crees…?
—¡Si no lo está, yo mismo me encargaré del asunto! ¡Hasta que Grande regrese, no puedo bajar la guardia ni un segundo! ¡Así que cállense y vuelvan al pueblo! ¡Lo siento, pero están estorbando!
Le grité al hombre tras la puerta, que aún intentaba decir algo más, y volví a apuntar con la mira de la ametralladora ligera al bosque que seguía agitándose. Creía en Grande, pero aun así habíamos acordado que, si ella fallaba, yo me haría cargo. Por mucha ansiedad que sintiera, no podía romper esa regla.
Pasaron diez minutos… luego quince… y finalmente el movimiento del bosque se apaciguó. Los Saltamontes Glotones habían dañado más de la mitad de los árboles, y desde el bosque ralo emergió una pequeña sombra que se lanzó al cielo. Apunté instintivamente hacia ella, pero enseguida bajé el arma al reconocerla: era una pequeña figura con alas de dragón.
Guardé el soporte de la ametralladora ligera en mi inventario y salí del búnker cargando el arma, ahora más pesada debido a su grueso cañón.
—……
—……
Frente a la puerta aguardaban el caballero del bigote en forma de manillar —el capitán Brennan— y sus subordinados: Hugh el lancero y Tellus el escudero. Se miraban entre sí con evidente tensión.
—¿Ya terminó todo?
—Parece que sí. Vi a Grande saltar fuera del bosque. Justo entonces…
¡Boom! Algo cayó cerca, levantando una nube de polvo y humo. Yo sabía perfectamente qué era lo que acababa de caer.
—Parece que ya regresaste.
—Ya terminé. Hacía mucho que no hacía algo así… y me excedí un poco.
Dicho esto, Grande se sacudió el cuerpo y barrió la suciedad que lo cubría. Curiosamente, incluso la ropa manchada de tierra quedó completamente limpia. Para la Gran Dragón, experta en magia de tierra, la suciedad parecía no contar como una mancha propiamente dicha.
Tras confirmar que estaba en buen estado, guardé en mi inventario la ametralladora ligera que llevaba colgada del hombro.
—Fue un movimiento bastante llamativo. ¿Están todos muertos?
—Sí, no dejé ni uno. O más bien… me pasé. Dejé el bosque hecho un desastre. Me tomó más tiempo despejarlo que acabar con ellos.
—Ya veo… buen trabajo. Gracias, Grande.
—Mufufú, no fue nada. Puedes contar conmigo todo lo que quieras para cosas así. Después de tanto tiempo, fue agradable usar magia con todas mis fuerzas.
Le di unas palmaditas en la cabeza cuando se acercó, y ella frotó su mejilla —o su cabeza— contra mi pecho mientras reía. Esta vez llevaba una armadura de cuero porque existía la posibilidad de combate, y menos mal que fue así. De no haberla llevado, quizá me habría desmayado por los cuernos que se me clavaban mientras se restregaba.
—¿Qué hiciste con los saltamontes muertos?
—Los enterré a todos en el suelo del bosque mientras lo despejaba. Servirán como buen abono.
—Ya veo… fuiste muy meticulosa.
—Claro, claro.
El capitán Brennan y los demás escuchaban este intercambio entre Grande y yo con expresiones difíciles de describir. Probablemente no lograban comprender del todo lo que estaba ocurriendo ni cómo reaccionar ante ello.
—Parece que la amenaza de los saltamontes ya pasó, pero debemos comprobarlo, ¿no? Grande lo confirmó por ese lado, pero necesitamos confirmarlo también del otro.
—U-umu. Eso es cierto… eh, en verdad… no, no es nada. No creo que nadie haya quedado atrapado en eso.
Estuvo a punto de preguntar si realmente nos habíamos encargado de todo, pero se contuvo. No era de extrañar: incontables espinas habían brotado por todo aquel enorme bosque. ¿Qué habría pasado si esa magia se hubiese desatado en la ciudad de Curéon? Habría sido un hechizo de aniquilación de área capaz de exterminar innumerables Saltamontes Glotones de un solo golpe… y la propia ciudad podría haber corrido la misma suerte. En otras palabras, ofendernos sería extremadamente peligroso.
—Enviaremos a alguien desde aquí para investigar. Ustedes, gentu… no, ¿quieren ir ustedes dos, estimados, después…?
—El ejército llegará pronto, así que estableceré algunos alojamientos por la zona. ¿Les parece bien?
—Sí, está bien, pero… ¿alojamientos?
—Sí, exactamente. Ya ven lo rápido que construí esto, ¿verdad?
—Ya veo… ¿Hay algo que necesite?
—Nada en particular. El ejército vendrá acompañado de funcionarios civiles y clérigos de Adel del nuevo Reino de Merinard, así que ellos se encargarán de los trámites. Grande y yo nos ocuparemos de resolver los problemas del nuevo Reino de Merinard. Ah, pero si en la ciudad de Curéon hay comida, condimentos o especialidades locales, me gustaría comprarlos personalmente.
El capitán Brennan puso una expresión extraña ante mi respuesta. Tras haberse decidido a ofrecerme algo, quizá lo desconcertó que yo quisiera pagar por las especialidades locales.
—Cómo decirlo… es usted un hombre extraño, Kosuke-dono.
—Supongo que sí. En todo el mundo, Kosuke es el único que tiene a una dragona como yo a su servicio.
—Grande, tú y yo no somos amo y sirviente. Somos socios en igualdad de condiciones.
—Ah, cierto. Mufufú.
Grande me rodeó la cintura con la fuerza justa. Jajajá, qué pequeña tan adorable.
—Ah… regresaremos a la ciudad para informar y prepararnos para la próxima reunión.
—Sí, tengan cuidado. Está bastante cerca.
Los despedí con un gesto de la mano. Cuando el grupo se perdió de vista, tomé las mejillas de Grande con ambas manos y la obligué suavemente a mirarme.
—¿Mnh-mnh?
—¿Estás herida? ¿Hay algo raro en tu cuerpo?
—¿Qué pasa, te preocupas por mí? No hay ningún problema. De hecho, hacía mucho que no podía usar toda la magia de la que soy capaz, y mi cuerpo se siente de maravilla.
—Ya veo. Me alegra oírlo, pero… no te excedas, ¿de acuerdo?
—Está bien, te preocupas demasiado, ¿sabes?
Lo dijo en tono burlón, pero parecía feliz. Era normal preocuparse al ver un cuerpo tan pequeño desatar una magia tan descomunal que resultaba difícil de comprender.
Finalmente, le acaricié la cabeza.
—Entonces construiré rápidamente un campamento… o mejor dicho, un alojamiento para que Danan y los demás puedan quedarse.
—Sí. Y un lugar donde yo pueda dormir.
—Claro, por supuesto. Tal vez debería remodelar o reconstruir este búnker…
Si amueblaba el interior, podría hacerse habitable, pero añadir un baño u otras comodidades implicaría una reforma mayor… En ese caso, quizá sería más rápido destruirlo y construir los alojamientos habituales sobre pilares elevados.
—En fin, ¿informamos de esto a Danan?
—Supongo que sí.
Saqué el comunicador gólem de mi inventario. A esta distancia, Danan y los demás no tendrían problemas para contactarme. Informé de la erradicación de los Saltamontes Glotones y confirmé cuántas personas venían en camino. Sería mejor construir los alojamientos después de saberlo, para evitar desperdicios.
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