¡Supervivencia en Otro Mundo con mi Ama!

Capítulo 244. Una Historia Sobre el Extranjero

 

Cuando me quedo en el castillo real de Merinesburg, suelo comer bastante seguido en el comedor principal. Esto es especialmente cierto para el desayuno y el almuerzo. La razón es simple: al igual que en los comedores escolares, puedes ir dentro de un horario determinado y comer cuando quieras. En mi caso, a menudo llego tarde por la mañana… aunque no es que me quede dormido. Es… complicado. Demasiadas cosas. También suelo retrasarme cuando salgo a trabajar durante el día.

Ayer, por ejemplo, tuve que perseguir a Poizo, hacer que reflexionara sobre lo que hizo y, además, lidiar con Seraphita-san, que no estaba precisamente en un estado normal.

—Se ve cansado…

—Jajajá…

Kirilovich, que acababa de entrar a desayunar, parecía preocupado por mí… aunque, por cierto, come bastante en las mañanas, ¿eh? A pesar de su complexión delgada, parece tener un apetito muy saludable. Como me habló, terminé sentándome a su lado; habría sido incómodo quedarme tan lejos.

—Kosuke-dono es un Extranjero, ¿no es así?

—Sí, bueno, así es, señor.

—Ah, por favor, no se preocupe por mi forma de hablar; puede dirigirse a mí como lo hace normalmente… Este modo de hablar ya se ha vuelto parte de mí.

—¿Ah, sí? Entonces haré como dices. Tú también puedes tratarme de la misma forma.

—Muchas gracias. Entonces, tengo una pregunta.

—¿Cuál?

—¿Cómo es el mundo de los Extranjeros?

—Es sorprendentemente difícil de explicar cómo es mi mundo… Aunque, bueno, podría mencionar muchas diferencias con este.

—Ya veo… ¿Por ejemplo?

—Cuando llegué a este mundo, lo que me convenció de inmediato de que era completamente distinto al mío fue el cielo.

—¿El cielo?

—En mi mundo —Omicle le dicen, ¿verdad?— no había ningún planeta tan grande en el cielo. Solo había una luna pequeña… como Runicle. Así que cuando miré hacia arriba, me quedé en shock.

—Entiendo… Aunque, para la mayoría de nosotros, no significa mucho, porque es algo que siempre ha estado ahí.

—Supongo. Además, en el mundo donde vivía solo existían humanos; no había razas equivalentes a los semihumanos, y…

A partir de ahí, le cuento a Kirilovich lo mismo que ya le he explicado a Sylphy y a los demás.

—Por cierto, ¿de qué tipo de lugares venían los Extranjeros aparte de mí?

Después de hablar de todo eso, le pregunté a Kirilovich sobre los Extranjeros del pasado.

—Hubo quienes provenían de mundos donde no existían ni monstruos ni magia, igual que usted, Kosuke-dono. Y también hubo quienes venían de mundos donde sí existían, como este, Reese. El más famoso de todos es Kuro: el fundador del Imperio Varyag, mejor amigo del primer emperador Varyag y un héroe venerado como el dios de la guerra en el imperio.

—¿Kuro?

—Sí. Según la leyenda, fue un Extranjero que llegó a este mundo junto a su esposa y su pequeña hija. En su mundo original, era un general que comandaba un ejército. Muchos creen que el Imperio Varyag no habría existido sin él.

—Kuro-san, que venía de un mundo sin magia ni monstruos como el mío, destacaba por su talento militar y tenía experiencia como general.

¿Será aquel del que decían que fue entrenado por un tengu y al que llamaban Ushiwakamaru cuando era joven? Jajajá… no, seguro que son imaginaciones mías. Sí, definitivamente solo es mi imaginación.

—Eh… ¿hay alguien más?

—Si tuviera que mencionar a otro Extranjero famoso, sería la Santa General Juana, quien desempeñó un papel clave en el rápido desarrollo del Reino Sagrado. También es una Extranjera que, gracias a su excepcional visión táctica y a su poderoso «milagro de inspiración», logró convertir a el Reino Sagrado en una nación capaz de rivalizar con el Imperio.

—Oh… madre mía…

Sin darme cuenta, me cubrí el rostro con las manos. Si soy honesto… lo más probable es que sea esa persona de Francia. ¿Qué hace aquí… alguien que debería haber sido quemada por la Inquisición? ¿Será que también hay un Nobunaga, un Goemon, un Napoleón, un Muhammad, un Vlad y otros más por ahí? Comparado con ellos… yo estoy a otro nivel, y no precisamente alto. Solo soy un tipo común que ha pasado bastante tiempo jugando videojuegos, ¿sabes?

—¿Qué ocurre?

—Tengo una ligera idea sobre esos dos… Puede que provengan del mismo mundo que yo. Especialmente Kuro-san; en mi país, en mi antiguo mundo, es tan famoso que aparece en leyendas o cuentos.

—…¿Kosuke proviene del mismo país que Kuro-sama?

—Creo que es bastante probable… Fue una gran figura de hace cientos de años, pero solo lo conozco por ser de mi mismo país. Minamoto Yoshitsune… o Kuro Hōgan Yoshitsune. Supongo que es uno de los señores de la guerra legendarios de mi tierra… No creo que haya pasado tanto como mil años, pero podría ser la misma persona que ese héroe de hace mucho tiempo. Alguien que terminó enfrentado con su propio hermano y murió trágicamente al final de una conspiración.

—Kuro Hōgan Yoshitsune… el verdadero nombre de Kuro-sama, que pocos en el imperio conocen… Ya veo. —Kirilovich asintió con una expresión de asombro. De alguna forma, su manera de mirarme había cambiado—. ¿Y la santa general?

—Ella venía de un país lejano, pero de mi mismo mundo. También murió de forma violenta. Era una mujer que afirmaba escuchar la voz de Dios y luchó con todo para recuperar su patria. Al final, cayó en manos del enemigo, su propio país la abandonó… y terminó siendo quemada viva.

—Ya veo… ¿y usted, Kosuke-dono…?

—Yo soy solo una persona común. En mi mundo, no soy más que un tipo corriente que trabajaba como un simple empleado en una de tantas empresas de la ciudad. No soy alguien que vaya a quedar en la historia. Comparado con esas figuras… es como comparar un dragón con un insecto. No hace falta que me agregues el «dono». Puedes dejar de usarlo. —Negué con la cabeza y agité las manos, manteniendo una expresión seria desde el principio, rechazando la mirada expectante de Kirilovich. No quiero que me comparen con Minamoto Yoshitsune ni con Juana de Arco.

—Ya veo… pero jamás imaginé que tú y Kuro-sama fueran del mismo país…

—Es solo que nacimos en el mismo país, nada más. Si no recuerdo mal, él nació en Kioto, pero yo nací mucho más al norte. También estamos separados por siglos. Somos del mismo país, sí… pero solo en el sentido más amplio de la palabra.

—Pero en este mundo no hay nadie que provenga del mismo lugar, ni siquiera en el sentido más amplio de la palabra.

—Puede que tengas razón, pero… sí, ya basta, basta, ¡se acabó esta conversación!

Dicho eso, empiezo a meter mano a mi desayuno, que ya casi se ha enfriado. El menú de hoy es algo parecido a una tortilla con carne dentro de un pan suave. También hay fruta, como naranja, y algún tipo de col —o repollo chino— encurtido en vinagre. Y una sopa con verduras y trocitos de carne.

—Por favor, cuéntame otra vez la historia de Kuro-sama. Él casi nunca hablaba de su vida en su mundo original, así que no quedó nada en los registros. En el imperio hay muchísimos seguidores de Kuro-sama, y estoy seguro de que todos estarían encantados de oírlo. —Kirilovich intenta persuadirme con entusiasmo, sin siquiera tocar su desayuno. Está desesperado, oye.

—Desde mi punto de vista, es una gran figura de hace casi mil años… No conozco tanto de historia.

—Aun así, se han transmitido relatos sobre cómo vivió, cómo actuó y cómo murió, ¿no es así? Todos quieren saberlo. Yo también.

—No sé si realmente es la misma persona… pero si aun así quieres, te contaré lo que recuerde.

—¡Gracias! —Kirilovich sonrió de oreja a oreja al oír eso.

—Sin embargo, tendrás que hacer una buena concesión al Reino de Merinard a cambio. Si quieres escuchar lo que tengo que decir, tendrás que esforzarte en ganarte a Sylphy y hacer ciertas concesiones al reino. La historia de Kuro Hōgan Yoshitsune en ese mundo, algo que solo yo —un Extranjero del mismo país que Kuro-sama— puedo conocer… no es información barata, ¿verdad?

Kirilovich se quedó congelado, con una gran sonrisa aún en el rostro. Jajajá… el mundo no es tan fácil, ¿sabes? No me importa llevarme bien con él a nivel personal, pero una cosa es una cosa y otra es otra. Antes que amigos, Kirilovich es un diplomático del imperio, y yo soy el esposo de Sylphy y futuro consorte real.

—Kosuke, eso es un poco rastrero, ¿no crees? —El tono de Kirilovich se volvió un poco más casual. ¿Ese es su verdadero yo?

—Creo que palabras como «rastrero» o «sucio» son halagos. A cambio de lo que te he contado sobre Kuro y Juana, tú también me has dado información sobre este mundo, ¿no? Ya sabes, ese tipo de cosas por las que hay que pagar si quieres más.

—Eres más astuto de lo que pareces…

—Para nada. De hecho, soy bastante blando. Soy conocido como el amable Kosuke-chan, incapaz de negarse cuando le piden algo.

—Eso suena totalmente falso.

—Pero solo cuando se trata de chicas lindas.

—Soy hombre, pero ¿no crees que tengo una cara bonita?

—No tiro para ese lado. Reencarna como chica linda y vuelve a intentarlo.

—Hmm… quizá debería conseguir una poción de cambio de género.

—No me importa lo que estés pensando… espera, ¿eso existe?

—Sí. He oído que un alquimista hábil puede hacerla si tiene los ingredientes adecuados.

—No digas eso con esa cara seria, da miedo. O mejor dicho, no lo hagas… porque ya sería demasiado tarde para algo así.

Sería aterrador que Kirilovich realmente usara algo así y luego viniera a mí con otro aspecto.

—Jajajá, lo dijiste tú mismo, Kosuke. Tienes que hacerte responsable de lo que dices.

—Ya veo… lo entiendo. Asumiré la responsabilidad. Pero solo si logras superar a Sylphy, Isla, las arpías, Melty y Grande, Kirilovich.

—…Eso parece imposible.

—¿Verdad? Entonces ni lo intentes.

Así, el peligro de que Kirilovich se me acercara en forma femenina quedó descartado de antemano. La historia del alquimia me resultó más impactante que la de Kuro y Juana. Quizá debería preguntarle a Isla sobre esa peligrosa poción la próxima vez.

 

¿Quieres discutir de esta novela u otras, o simplemente estar al día? ¡Entra a nuestro Discord!

Gente, si les gusta esta novela y quieren apoyar el tiempo y esfuerzo que hay detrás, consideren apoyarme donando a través de la plataforma Ko-fi o Paypal.