El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 4 Interludio. La Sonrisa de Cierto Guía

 

Se había impuesto una orden de silencio con respecto al alboroto causado por el moho luminoso.

Era una medida natural, ya que si se supiera que cerca de la ciudad donde vivían se había producido una aparición masiva de moho que esparcía esporas altamente venenosas, no sólo se cancelaría el torneo, sino que estallaría un gran caos.

Este torneo de artes marciales, al menos en apariencia, era un evento público, pero tras bambalinas los intereses de varias organizaciones —especialmente los del Consejo de Clanes— se entrecruzaban, por lo que no era posible suspenderlo.

—En ese sentido, el Caballero está teniendo una gran actuación.

En un rincón de una cafetería al aire libre en el distrito comercial de la Isla Paos.

Yo, que en ese momento me hacía llamar Chichi, dije eso con una sonrisa mientras observaba el periódico donde aparecían retratos de los participantes del torneo.

La figura más destacada era, sin duda, la del dúo Yuura y Kurumi, los caballos oscuros del evento, y al mismo tiempo mi principal apuesta.

—Se ha vuelto tan adorable… Es comprensible que esté ganando popularidad, sí.

La cantidad de miembros del club de fans de Kurumi, incluyendo a la guardia personal, ya había superado los tres dígitos. Por cierto, mi número de miembro era el cuarenta y cuatro. Había pagado una moneda de plata para recibir una «Bandera de Kurumi».

Era una bandera con un retrato de Kurumi, y al parecer los miembros del club estaban obligados a animar portando una de ellas.

Fuera como fuese, gracias al Caballero las cosas salieron muy bien para mí.

En realidad, pensaba participar en las preliminares para estar preparada ante cualquier imprevisto, pero al enterarme de que el Caballero competiría, cambié de plan y decidí no hacerlo… y fue la decisión correcta.

Si el moho luminoso se hubiera propagado tal como estaba, y hubieran muerto muchas personas, el torneo de artes marciales se habría cancelado, lo cual habría sido un problema para mí, que operaba en las sombras.

Incluso si hubiera participado, quizá habría podido resolver la situación… pero no quería llamar la atención.

Además, considerando que yo misma había provocado la aparición masiva de treants, que a su vez generaron el moho luminoso, habría sentido, aunque fuera un poquitito, cierta culpa.

Pero, como al final conseguí el objeto que buscaba, lo di por válido.

Además, poder comprobar con mis propios ojos la habilidad del Caballero fue una auténtica fortuna.

Volví a mirar el periódico.

Había muchos participantes que llamaban la atención, pero lo que más me intrigaba era ese tal Yuura, el compañero del Caballero.

Al percatarse de la presencia del moho luminoso, fue el primero en informar al comité organizador.

Su juicio fue sumamente acertado. Si la información sobre el moho luminoso hubiera llegado al comité, el torneo habría sido cancelado.

Claro, eso sí con quien habló hubiera sido un verdadero miembro del comité.

Pero bueno, al final a quien él había abordado fue a un impostor que había dejado inconsciente al verdadero miembro del comité para robarle su uniforme y el brazalete. Para cualquiera que no supiera la verdad, habría parecido un auténtico miembro del personal.

Sonreí con satisfacción, y al palpar en mi bolsillo, saqué a tientas el brazalete del comité organizador que aún llevaba conmigo. Mientras lo hacía girar entre los dedos, abrí la tapa de mi bolso.

—Bien… Es hora de pasar al siguiente trabajo. La verdadera función será durante la final… Oh, y el bolso ya está lleno.

Al mirar la esfera negra que emitía un resplandor oscuro dentro del bolso, decidí no guardar el brazalete allí.

En su lugar, guardé el brazalete dentro del turbante.

Oh, demonios… el turbante se me había corrido un poco.

¿Alguien me había visto?

No, no, nadie me había visto. Todo estaba bien.

Si alguien hubiera llegado a ver eso, habría tenido que eliminarlo.

Después de todo, lo que se ocultaba bajo el turbante, aunque estuviera roto, no era otra cosa que un cuerno: prueba innegable de que pertenecía a la raza de los demonios.

—Bien… trabajaré un poco más por el bien de nuestro amado Emperador.

Murmurando eso, abandoné la cafetería y me perdí entre la multitud de la avenida principal.

 

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