¡Supervivencia en Otro Mundo con mi Ama!
Capítulo 279. Esto Pasa con Bastante Frecuencia
Era el día siguiente de haber discutido la política diplomática hacia los dos países del norte con Seraphita-san, Sylphy —a través del comunicador gólem— y Melty, quien se había unido a la conversación más tarde.
—Ya estamos aquí.
—Oh, vinieron…
Sylphy llegó a la base del norte junto con Melty, Isla, Ellen y los demás. Así que Merinesburg se ha quedado prácticamente vacía. Y eso cuando todavía tienen que lidiar con esos embajadores bastante problemáticos del Imperio Varyag. Quiero decir… ¿a qué viene esta visita tan repentina? Aunque, pensándolo bien, Sylphy y Seraphita-san son madre e hija.
—Entonces, ¿a qué se debe todo esto de repente? Creía que ayer habíamos dejado bastante claros nuestros planes de cara al futuro.
En cuanto dije eso, los ojos de Sylphy comenzaron a humedecerse. No… No era solo que estuvieran húmedos. Las lágrimas empezaron a acumularse de verdad.
—Espera, espera, espera… ¿¡Qué pasó de repente!?
—¡Ueeeee!
Sylphy rompió a llorar de improviso. ¿Qué está pasando? ¡¿Qué demonios se supone que debo hacer?! Su adorable… no, mejor dicho, bellísimo rostro terminó convertido en un desastre, cubierto de lágrimas y mocos.
—¡¡Guoooooo!! —Sylphy se lanzó sobre mí a una velocidad increíble y me abrazó con todas sus fuerzas.
—¡¡Nooooo!! ¡¡No me abandones!!
—¡¿Qué está pasando?! ¡Espera un momento! ¡Me estás abrazando demasiado fuerte! ¡Me vas a romper los huesos, me vas a romper los huesos!
—¡¡Uwaaa… aaa… aaah!!
—¡¡Uwaaa… aaa… aaah!!
Sylphy tardó unos treinta minutos en dejar de llorar.
—Entonces… ¿qué demonios ha pasado?
Melty me rescató rápidamente del abrazo de oso de Sylphy, así que mis huesos lograron sobrevivir. Miré a Sylphy, que seguía sorbiéndose la nariz mientras Seraphita-san le acariciaba la cabeza, y luego a Melty, Isla, Ellen y los demás, quienes mostraban unas expresiones de lo más incómodas.
—Eh… bueno… Todo empezó por un comentario que hice… Aunque, de verdad, no pretendía causar ningún problema.
Fue Melty quien empezó a explicarlo. Según ella, después de la conversación de ayer comentó distraídamente: «Hoy solo hablamos de trabajo». Y esas simples palabras hicieron que Sylphy empezara a darle demasiadas vueltas al asunto.
Yo también tuve parte de culpa. Siempre procuraba ser considerado con ella. Escuchaba todo lo que Sylphy decía y casi nunca expresaba mis propias quejas. Nunca le dije que la echaba de menos. Nunca le dije que quería volver a Merinesburg para descansar a su lado. Sylphy terminó pensando que quizá yo estaba perfectamente satisfecho con la situación actual, viviendo separado de ella. Y todas esas inseguridades fueron acumulándose hasta hacerla sentirse cada vez más intranquila.
La verdad es que, desde el fondo de mi corazón, pensaba que, dadas las circunstancias, debía permanecer una temporada más en la base del norte y desempeñar el papel de diplomático junto a Seraphita-san. Creía que, si me quejaba o decía que la extrañaba, solo terminaría preocupando o molestando tanto a Sylphy como a Melty. Pero ella no lo veía de esa manera.
En la base del norte estaban las chicas oni, Grande, las arpías recién incorporadas… Y hasta Seraphita-san había venido. No me faltaba precisamente la compañía de mujeres hermosas, encantadoras y que me apreciaban profundamente. Además, era la propia Sylphy quien no dejaba de asignarme trabajo y enviarme de un lugar a otro del reino. Pensándolo fríamente, llevaba mucho tiempo confiando en mi fuerza sin haberme recompensado realmente por todo lo que hacía.
La ansiedad y la frustración fueron creciendo poco a poco en el corazón de Sylphy. Melty se dio cuenta de que, de repente, Sylphy había empezado a mostrarse mucho más seria de lo habitual, y se preocupó por ella. Sin embargo, estaba demasiado ocupada llevando a cabo todo lo que habían decidido en la reunión, así que terminó dejándola sola. Y ese fue el problema.
Angustiada, Sylphy decidió hablar con Isla. Pero la conversación no tomó un buen rumbo.
—Isla, aunque se trate de alguien muy cercano a ti, el trabajo debe ser recompensado, ¿verdad?
—Mmm, por supuesto. No es bueno hacer que alguien trabaje solo porque sea de tu familia. Si sigues haciéndolo, tarde o temprano perderá el ánimo, y eso puede acabar provocando una ruptura irreparable. Normalmente, las personas capaces que trabajan gratis terminan marchándose cuando se cansan de esa situación. Y, si se van a otro lugar, allí sí recibirán una buena recompensa.
Isla nunca imaginó que Sylphy estuviera tan preocupada por mí, así que respondió hablando en términos generales.
—¿Marcharse… porque ya no siente afecto…?
Bueno… en realidad, Isla tenía razón. A mí tampoco me haría ninguna gracia que me obligaran a hacer horas extra solo porque soy amigo o esposo de alguien y, encima, ni siquiera recibiera una palabra de agradecimiento. Si esa situación continuara durante mucho tiempo, probablemente acabaría hartándome. Sin embargo, ese no era mi caso. Y, si alguna vez llegara a sentirme así, se lo diría directamente a Sylphy. No tengo intención de guardarme ese tipo de sentimientos. Esperar que alguien adivine lo que piensas sin decir una sola palabra es tan inútil como exigir que tuviera la telepatía de un esper o algo.
Y entonces llegaron las palabras de Ellen, quien no tenía ninguna mala intención, pero terminó dando el golpe de gracia.
—Sylphiel-san, ¿no crees que ya va siendo hora de traer de vuelta a Kosuke a Merinesburg? Si pasan demasiado tiempo separados, puede que termine olvidándose de ti. Además, allí hay muchas mujeres que sienten cariño por él.
—¿O-olvidarse… de mí…?
Y así fue como Melty encontró a Sylphy, de rodillas sobre la cama, incapaz de dormir por la ansiedad. Cuando por fin consiguió averiguar qué ocurría, puso en marcha una tabla voladora y vino hasta aquí a toda prisa. Ya veo…
—Bueno… Sylphy.
La llamé por su nombre y me di unas palmaditas en el regazo. En un instante, abandonó el lado de Seraphita-san y se acomodó sobre mis piernas, acurrucándose contra mí como una niña mimada. Isla y Seraphita-san nos observaban con expresiones de evidente envidia. Tengan un poco de paciencia, las dos. Aunque… espera un momento. ¿Seraphita-san está celosa porque Sylphy ocupa mi regazo? ¿O porque es Sylphy quien está recibiendo mis mimos?
—Entonces… ¿qué crees que deberíamos hacer? ¿Quieres que deje de viajar a los dos países del norte?
—No… no creo que sea necesario. Lo ideal sería que Seraphita-sama y yo nos turnáramos para acompañarte, pero, en cuanto al rango y la posición, nadie puede sustituirte… Sir Leonard quizá podría hacerlo, pero por su forma de ser… no sería la mejor opción…
—Yo creo que es mucho más competente de lo que parece y que no sería un mal candidato para el puesto.
—Sí, pero quien participó directamente en la guerra contra los dos países del norte fuiste tú, Kosuke. Y, por eso mismo, sigues siendo la persona más adecuada para encargarse de esas negociaciones.
—Bueno… eso también es cierto.
—Me complacería acompañar a Kosuke para reforzar su autoridad. Además, serviría para demostrar que el Reino de Merinard y la «religión de Adel» mantienen una estrecha cooperación.
Ellen se ofreció tranquilamente a acompañarme. Tenía razón. Además de ser una santa de la «religión de Adel», su presencia reforzaría la imagen de que Merinard y la religión de Adel mantienen una relación sólida, lo que sin duda tendría un efecto positivo.
—Mmm… —Sylphy, que había estado escuchando toda la conversación, soltó un pequeño gruñido y escondió el rostro contra mi estómago. Sí, sí, Su Majestad. Compórtese un poquito, ¿de acuerdo? Le acaricié la cabeza y enseguida se tranquilizó. ¿Es una niña o qué? Bueno… según la edad de los elfos, todavía lo es. Ahora que lo pienso, Sylphy es la menor de las cuatro hermanas. De hecho, incluso es más joven que la loli Aquawill-san.
—Cuando todo este trabajo termine, volveremos a tomarnos unas vacaciones e iremos juntos a algún sitio. Puede ser al Bosque Negro, al Reino Montañoso de Dragonis o incluso al Imperio Varyag. Si se lo pedimos a Grande, podremos volar a cualquier lugar. Y, aunque el destino esté demasiado lejos para llegar en un solo día, siempre podremos aterrizar en algún sitio adecuado, levantar un alojamiento y pasar la noche cómodamente donde queramos. Como recompensa por todo el esfuerzo que estoy haciendo… quiero tiempo para estar con Sylphy. Esa será mi recompensa.
—Sí. Te amo, Kosuke. —Sylphy rodeó mi cintura con los brazos y me abrazó con fuerza. Jajajá… qué adorable.
—Eso no es justo.
—Yo también quiero una recompensa así.
—A mí también me gustaría recibir esa recompensa.
Isla, Melty y Ellen se sumaron inmediatamente a la petición. Seraphita-san también me miraba fijamente, mientras sus largas orejas se agitaban inquietas.
—Entonces tendrán que organizarse ustedes mismas con el calendario. Sylphy tiene prioridad.
—¡De acuerdo!
—Yo haré todo lo posible.
—En mi caso, como siempre, no habrá ningún problema.
Ellen es demasiado libre. Claro, prácticamente dirige por su cuenta la facción nostálgica y, al no estar atada al trabajo del gobierno, le resulta mucho más fácil encontrar tiempo libre.
—En cualquier caso, no estoy descontento con la situación actual. Claro que echo de menos pasar tiempo con Sylphy, pero sigo esforzándome porque sé que, si superamos esta etapa, podremos volver a estar juntos.
Sylphy asintió sin levantar la cabeza, todavía con el rostro enterrado contra mi estómago.
Este tipo de inestabilidad emocional le ocurre con bastante frecuencia. Pero, considerando la edad mental de los elfos, en realidad lo extraño no es esto. Lo verdaderamente inusual es lo firme y madura que suele ser normalmente. Probablemente, este comportamiento sea el que realmente corresponde a su edad. Seraphita-san también tenía una expresión seria, como si hubiera llegado exactamente a la misma conclusión que yo.
—Por cierto, ¿de verdad no pasa nada dejando Merinesburg prácticamente sin nadie?
—No habrá problema durante unos tres días. Podemos comunicarnos mediante el comunicador gólem y, si surge cualquier imprevisto, podremos regresar en una tabla voladora en menos de medio día.
—Ya veo… Bueno, entonces tómense las cosas con calma.
—Sí. Seraphita-sama y yo revisaremos el contenido de la carta diplomática que enviaremos al Ducado de Dihart y al Reino de Tigris, y después procederemos a redactarla.
Melty sonrió. Y era una sonrisa llena de felicidad. Sí… solo espero que no se entusiasmen demasiado y terminen redactando una carta que suene como una declaración de guerra. Por favor. Se los suplico.
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