El Maestro del Valiente

Capítulo 69 - El Valiente y el Santo de la Espada (III)

 

(Nota del Autor: Aprovechando el capítulo anterior para poner una historia del pasado.)

 

El Reino de Lyon era un país rico con uno de los mejores campos de grano del continente, con un clima relativamente suave y abundante agua y bosques. Desde el advenimiento del Rey Demonio, el daño causado por los demonios había aumentado cada año, pero como el Imperio Lemmrousell y el Reino de Petersia existían entre él y el reino controlado por el Rey Demonio, seguía siendo una tierra pacífica con poco daño por parte de los demonios.

 

Nacido como primer príncipe de ese gran reino de Lyon, Raúl, por parte de su padre, el Rey de Lyon, fue presentado a un maestro espadachín, cuando era niño. Era una mujer mayor invitada del Reino de Cassiat, que se encontraba en el suroeste del Reino de Lyon, y que tuvo el título de “Santa de la Espada” en su época.

 

Quiero que seas un príncipe fuerte.

 

El Rey de Lyon llamó a la renombrada “Santa de la Espada”, una de las personas más fuertes del continente, como maestra para su hijo que acababa de cumplir seis años.

 

“Quiero ser el más fuerte.”

“Je, el más fuerte… sólo porque estudies conmigo, no significa que serás el más fuerte, ¿verdad?”

 

El día que se encontró con la Santa de la Espada por primera vez, esta le preguntó a Raúl “¿Qué tan fuerte quieres ser?”, sonriendo con una mezcla de amargura.

 

“Maestra, usted es la más fuerte del continente, ¿verdad? Yo quiero ser más fuerte que cualquier otro.”

 

Cualquiera que aspirara a ser un luchado, más un niño, sueña con ser “el más fuerte” al menos una vez.

 

“Es cierto que yo soy contada como una de las personas más fuertes, pero nunca he cruzado espadas con el ‘Dios de la Espada’ o el ‘Creador de la Espada’, ni he luchado contra el ‘Gran Sabio’ o el ‘Demonio Celestial’, el nivel más alto de los magos, así que no soy realmente la más fuerte. Y además, el título de ‘Santo de la Espada’ es sólo el más fuerte dentro del marco de un ser humano, y no puede ser ganado por bestias mágicas como dragones o demonios de alto rango.”

 

Mientras decía eso, la Santa de la Espada le entregó una espada al aún joven príncipe. Era una espada clasificada como daga, con una hoja delgada para que incluso un niño pudiera empuñarla.

 

“Whoa… es una espada.”

 

Los ojos de Raúl brillaron ante su primera espada, y rápidamente la sacó de su vaina y la miró.

 

“Si nos enfrentáramos al Gran Sabio y al Demonio Celestial a distancia, los espadachines no seríamos rivales para ellos. Además, es precisamente porque somos seres humanos que no podemos ganar contra seres que sobrepasen nuestra existencia. Si todavía está dispuesto, le enseñaré al príncipe el camino de la espada. Dominarla. Es fácil de decir, aunque para nada es fácil de lograr, pero si puedes llegar a la cima, al menos como ser humano, estarás lo más cerca que alguna vez estarás del lugar llamado ‘el más fuerte’.”

“Entonces, maestra, ¿no es usted realmente la persona más fuerte del mundo?”

“Sí… Dios o el Rey Demonio, no sé si son reales, pero se dice que el Rey de los Dragones es el más fuerte, no, mientras Dios no intervenga en el mundo, el Rey Demonio y el Rey Dragón son las verdaderas existencias más fuertes que hay.”

“Entonces, ¿cómo podemos derrotar al Rey Demonio? ¿Se le puede vencer y salvar a todos?”

“Derrotar al Rey Demonio… es imposible para un humano. ¿Acaso no se lo han dicho ya, Príncipe? Derrotar al Rey Demonio es…”

“…Sí, padre me enseñó eso.”

“Incluso yo, que fui la Santa de la Espada de la generación anterior, aunque fuera tan poderosa, no podría haber resistido el poder del Rey Demonio."

“…Así que, aunque me haga más fuerte, ¿no podría derrotar al Rey Demonio? ¿No puedo proteger a todos en el país?”

“Eso depende del Príncipe.”

 

Aunque sólo tenía seis años, el deseo del príncipe era el de proteger a su país. Con las palabras de Raúl, la Santa de la Espada se rio con diversión.

 

“Es cierto que los demonios son más poderosos que los humanos, y no hay una sola cosa entre diez mil que una persona pueda hacer para derrotar al rey demonio. Sin embargo, si se rinde desde el principio, no podrá conseguir la victoria, aunque tenga las posibilidades. Aquellos que no tienen la voluntad de luchar, ni siquiera se les permitirá luchar contra el Rey Demonio. Si no tiene la voluntad de derrotar al Rey Demonio, no podrá hacerlo…”

 

Entonces, la Santa de la Espada dirigió su amable mirada al pequeño discípulo que la observaba con dedicación.

 

“Ya lo tengo. Yo no podría hacerlo, pero tal vez el príncipe podría.”

 

—Nueve años pasaron desde entonces, ahora Raúl tenía quince. Con la muerte de su maestra, la Santa de la Espada, Raúl fue reconocido oficialmente por el Gran Templo de Emerdia como heredero del título de Santo de la Espada de su época.

 

◇◆◇◆◇

 

Pasaron cuatro años desde que se convirtió en el más joven en heredar el título de Santo de la Espada. Raúl Orto Lyon tenía ya 20 años.

 

Se había convertido en uno de los hombres más fuertes a una edad temprana, y era venerado, reverenciado y admirado no sólo por la gente del Reino de Lyon, sino también por la gente de todo el continente que estaba siendo atormentada por los demonios. Aunque su tierra natal no estaba todavía a la vanguardia de la lucha contra los demonios, y no se había unido a la Alianza Continental debido a su posición como príncipe heredero, siempre estuvo listo para la batalla y para cumplir las expectativas de su pueblo cuando llegara el momento.

 

Entonces un día, la persona que cuidaba de Raúl escuchó una historia.

 

“¿El Valiente?”

“Sí. Los miembros del clero de todas las naciones, no sólo de nuestro país, han escuchado la palabra de Dios.”

“Según el oráculo, el ‘Valiente’ es la existencia que funge de contraparte del Rey Demonio, la existencia más fuerte que se encuentra en el cenit del mundo para los seres vivos.”

“¿Y qué pasa con eso?”

 

Raúl se rio.

 

El “más fuerte”, alguien que solo había recibido ese título porque se lo había dado un oráculo de Dios. Un lugar donde la anterior Santa de la Espada, la maestra de Raúl, ni siquiera pudo llegar. Era tan gracioso que era ridículo.

 

“¿Cómo es esa persona? La que fue nombrada por la iglesia, ese Valiente o algo así.”

“Bueno, dijeron algo sobre una chica que no llegaba a tener su edad…”

 

En ese momento, Raúl pensó que el “Valiente” era una especie de ilusión creada por las filas de la iglesia que habían empezado a perder su autoridad debido a los repetidos ataques de los demonios, que lo habían creado como propaganda para mantener su prestigio.

 

“Hmm. Si realmente existe tal persona, me encantaría conocerla y organizar una reunión.”

 

‘Si derroto una existencia que reconocen como el “más fuerte”, la iglesia no tendrá otra opción que reconocerme a mí como el “más fuerte”. Incluso si fuera un título temporal, si consigo que admitan que aquel que llaman “Santo de la espada” es el más fuerte, todos verán lo grandiosa que era mi maestra.’

 

¿Se encontrarían eventualmente en el campo de batalla?

 

Pero el encuentro entre Raúl y el Valiente llegaría antes de lo esperado.

 

◇◆◇◆◇

 

Aquel bendecido por la Diosa, el Valiente venía de visita. La sede de la iglesia que creía en Anastasia, la diosa de la creación, era la sede de la iglesia. Y para llegar al Gran Templo de Emerdia, líder de la gran Alianza Continental Anti-Demonios, había que pasar por el Reino de Lyon.

 

Se iba a celebrar una gran ceremonia en el Palacio Real del Reino de Lyon para dar la bienvenida al Valiente.

 

Frente al trono estaba el Rey de Lyon, y mientras los nobles del Reino, los renombrados generales y oficiales militares estaban alineados, Raúl, el príncipe heredero, también estaba de pie junto al trono, esperando que apareciera el Valiente.

 

Y…

 

La puerta de la sala de audiencias se abrió y entraron dos chicas. Una estaba vestida con una elaborada túnica decorada y sus largas orejas indicaban que era un elfo.

 

‘¿Es esa Tiara Sciurus Velf, la Gran Sabia Alta Elfa? Así que eso significa…’

 

La otra chica que estaba siendo dirigida por Tiara. Tiara era pequeña para su edad, pero la otra chica era aún más pequeña que ella, o mejor dicho, era una chica más joven.

 

Se abrieron paso hasta el frente del trono. Hubo un pequeño murmullo durante la audiencia.

 

“¿Ese es el Valiente?”

“Es sólo una niña…”

“Pero… es hermosa, como la encarnación viva de una diosa.”

“Sí… pero eso.”

 

Un murmullo desconcertado de confusión mezclada con asombro y admiración por el Valiente.

 

‘Parece una muñeca.’

 

Mientras avanzaba hacia el frente del trono, Raúl, que esperaba al lado del rey, pudo ver el rostro del Valiente de frente.

 

Una chica con un aspecto pulcro. Puede que sólo tuviera unos diez años, pero tenía una hermosa apariencia y un aura que emanaba santidad. Era suficiente material para que la iglesia lo usara como propaganda. Sin embargo, sus ojos estaban llenos de fragilidad y melancolía, haciéndolos sentir algo vacíos.

 

‘¿Ella es la más fuerte?’

 

Es como si no estuviera interesada en nada del mundo.

 

‘Alguien así… ¿¡alguien así es el Valiente que derrotará al Rey Demonio!?’

 

Las dos avanzaban frente al rey mientras Raúl las miraba fijamente. Tiara se arrodilló… y Leticia se quedó ahí de pie sin inclinar la cabeza. Pero no hubo ninguna voz de condena que se escuchara. Ni siquiera el rey se quejó. Esto se debía a que la iglesia reconocía al Valiente como una existencia al mismo nivel que un emperador, rey o sumo sacerdote del templo.

 

El Rey de Lyon les dijo algunas palabras de aliento, pero fue sobre todo Tiara, que se arrodilló ante el rey e hizo una reverencia, quien también respondía a sus comentarios.

 

A la chica conocida como el Valiente, cuando le preguntaron su nombre, simplemente dijo “Soy Leticia Von Mavis”, y el resto del tiempo, se quedó allí junto a Tiara en un aturdimiento, desatendida.

 

Raúl miró fijamente a la chica con una fuerte mirada. Observando cada uno de sus movimientos. Esto se suponía que era una provocación para Leticia.

 

Sin embargo, no fue Leticia quien reaccionó ante la actitud de Raúl, sino los presentes en la sala de audiencias. Los oficiales militares, como generales y caballeros, fueron los primeros en notar las acciones de Raúl. Nadie abrió la boca mientras ellas hablaban con el rey, pero hubo una oleada de agitación sin voz entre los dignatarios.

 

Pero Leticia no cambió su expresión. Ni siquiera volvió la mirada hacia Raúl.

 

Incluso Tiara, que estaba intercambiando palabras con el rey, tenía un ligero tono de desconcierto en su rostro inexpresivo, y ocasionalmente volvía la cara hacia Raúl, pero Leticia no lo miraba siquiera. Ella miraba directamente al rey, o tal vez ni siquiera le miraba él.

 

Sólo era indiferente.

 

Incluso recibiendo tal aura de Raúl, el Santo de la Espada, ni siquiera le importaba. Esto hirió bastamente el orgullo de Raúl.

 

‘¿Acaso soy demasiado trivial para ti? Muy bien. Si eso crees en verdad, ya seas el Valiente elegido por la Diosa o un monigote engalanado por la iglesia, ¡te superaré!’

 

—Y al final de la audiencia con el rey, en el banquete festivo en el gran salón.

 

“Leticia Von Mavis el Valiente. ¿Le importaría que diéramos un pequeño espectáculo?”

 

Raúl le lanzó el desafío a Leticia.


◇◆◇◆◇

 

En la sala donde se celebraba el banquete, había mucha gente de todas las edades, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, de todo el Reino de Lyon, tanto nobles como ricos. El centro de la parte trasera del salón estaba unos pasos más alto que el salón principal.

 

Había asientos reservados para el Rey y la Reina de Lyon, así como para Leticia y Tiara, las estrellas del banquete, y al pie de la escalera, se había formado una larga fila de invitados, que a su vez subían a la plataforma para saludar al Rey de Lyon, Leticia y a los demás. Los que ya habían terminado de saludar charlaban y se saludaban aquí y allá.

 

Como para vadearlos, Raúl, que llegó tarde al gran salón, avanzó de forma brusca hasta la plataforma donde la invitada de honor estaba sentada. Llevaba una práctica espada de caballero en su cintura, y aunque su ropa estaba elegantemente decorada sobre su camisa para facilitar los movimientos, llevaba una armadura de cuero blanco que no era apropiada para esta ocasión.

 

Estaba vestido como un oficial que desafiaba la ceremonia de revisión.

 

Los invitados y los caballeros de la Guardia Real, al ver a un joven de aspecto fuera de lugar que corría por el centro de la sala sin ser visto, fruncieron el ceño e intentaron detenerlo, pero cuando se dieron cuenta de que el joven era Raúl, el príncipe heredero de su país, pusieron los ojos en blanco y miraron hacia otro lado con el ceño fruncido. El comportamiento de Raúl atrajo inmediatamente la atención de los que le rodeaban, y cuando los invitados se dieron cuenta de que se dirigía a la plataforma donde los invitados estarían sentados, abrieron un camino para llegar allí. Entonces, como era de esperar, la gente de la plataforma notó la presencia de Raúl.

 

Viendo la figura del príncipe heredero, que se movía sin prisa por el camino abierto, el Rey y la Reina de Lyon se miraron como si estuvieran confundidos, y Tiara se abstuvo de decir nada. Leticia también volvió su cara hacia Raúl.

 

Por primera vez desde que aparecieron en la sala de audiencias, las miradas del Valiente y del Santo de la Espada se entrelazaron por primera vez.

 

“Raúl… ¿qué pasa? ¿Qué llevas puesto?”

“Padre, siento molestarte.”

 

Raúl se inclinó reverentemente ante su padre, el Rey de Lyon, y se volvió hacia Leticia.

 

“…Su Majestad. ¿Qué significa esto?”

“Tiara-dono. Este es mi hijo, Raúl.”

“Según recuerdo, el Santo de la Espada.”

 

Raúl se encontró con la mirada de Tiara y se inclinó también ante ella y Leticia.

 

“Raoul Orto Lyon, el príncipe heredero de este país.”

“Esta es Tiara Sciurus Velf.”

“…Leticia Von Mavis.”

“Entonces, Raúl. ¿Qué te pasa de repente? Es algo irrespetuoso que llegues tan tarde.”

“Me disculpo por eso. Pero…”

 

Raúl se disculpó con el Rey, y luego volvió a mirar a Leticia. Entonces levantó la voz lo suficientemente alto para ser escuchado por toda la gente en el gran salón que estaba mirando con la respiración contenida.

 

“Seré directo. Leticia Von Mavis el Valiente. ¿Le importaría que diéramos un pequeño espectáculo?”

“¿Espectáculo?”

“Sí.”

 

Raúl asintió hacia Tiara, quien frunció el ceño en lugar de Leticia cuando la llamó.

 

“¡Me gustaría que cruzara espadas conmigo! ¡La Iglesia dice que el Valiente-dono tiene el poder de destruir incluso al Rey Demonio, cosa que yo no dudo, pero si es verdad, nuestro pueblo se llenará de esperanza! Aunque sigo pensando que no he podido alcanzar el nivel de mi maestra, me han concedido el título de Santo de la Espada. ¡Al usted luchar contra mí, quiero demostrar que su poder es real, y traer tranquilidad a mi pueblo también!”

 

Un ruido de conmoción atravesó el gran salón.

 

“Seguramente, con un poder que ni siquiera Raúl-sama puede igualar, puede dar a su pueblo una gran esperanza.”

“Excelente idea. Es importante ver el poder del Valiente-dono que en el futuro luchará contra los demonios.”

 

Mientras los aristócratas y los oficiales militares del Reino de Lyon se entusiasmaban cada vez más, los altos cargos de la iglesia palidecían.

 

En cuanto a la Iglesia, que era la líder del ejército de la Alianza contra el Continente Demoníaco, la razón por la que hicieron que Leticia se detuviera en el Reino de Lyon en su viaje al Gran Templo de Emerdia fue porque también tenían un plan para recaudar fondos en nombre del dinero de apoyo para el Valiente. No es que dudaran del oráculo, pero también era cierto que cuando vieron a Leticia visitando el templo en este país, se sintieron intranquilos por lo joven que era. Sería una pena que luchara contra Raúl aquí y perdiera.

 

“¡E-Espere un momento!”

 

Uno de los obispos del país, que había sido invitado, se precipitó a la cima de la plataforma a toda prisa.

 

“Su Alteza Real, ¿tiene idea de lo grosero que es su comportamiento en un escenario como éste? El Valiente-dono es el que tiene el sacerdocio aprobado por el Sumo Sacerdote de Emerdia.”

“Aunque el Sumo Sacerdote lo haya aprobado, nosotros aún no hemos visto su poder. ¡Por eso, aquí y ahora! ¡Justo aquí, donde la atención de todos está centrada! ¡Quiero que nos muestre ese poder!”

“¡Pe-Pero, no, esto es!”

“No se preocupe, Obispo. El hecho de que yo la derrote no niega la palabra de la Diosa, que dijo que ella era el Valiente. También es porque el Valiente-dono es aún muy joven para mostrar todo su poder…”

“De hecho, eso sería… ya que el valiente es todavía joven, podría ser un poco difícil para ella enfrentarse a Su Alteza, que es el Santo de la Espada, y…”

 

El obispo se sintió aliviado al oír a Raúl decir que, aunque Leticia perdiera, eso no negaría inmediatamente la existencia del Valiente. Sin embargo, esa mirada de alivio se congeló inmediatamente.

 

“Bueno… si sigue sin poder mostrar su fuerza, entonces yo puedo servir como su maestro, Valiente-dono. ¡Puede quedarse en mi país hasta que domine sus poderes!”

“¡Qué ridiculez! ¡Es necesario que el Valiente-dono vaya al Gran Templo!”

“Este Santo de la Espada va a ser su maestro. ¿Acaso no están cortos de alguien capacitado?”

“Sí, eso es… pero el Valiente-dono debe ir al Gran Templo lo antes posible y convertirse en un estandarte de la humanidad en la guerra contra los demonios…”

“Ella aún es joven. Entonces, sería mejor que estudiara conmigo. Así es, yo puedo convertirme en el estandarte de la Alianza hasta que ella sea el Valiente en toda la extensión de la palabra.”

 

El liderazgo actual de la Alianza Continental Anti-Demonios lo ostentaba el Gran Templo de Emerdia. Raúl también sabía muy bien que la humanidad, que se encontraba en una situación de guerra desventajosa en la lucha contra los demonios, tenía que luchar como una sola.

 

Actualmente, el Gran Templo de Emerdia, que aparentemente declaraba ser neutral hacia todos los países humanos del continente, tenía el liderazgo de la Alianza Continental Anti-Demonios. Sin embargo, aprovechando esto, el Gran Templo de Emerdia había estado obligando a las naciones a proporcionar fondos y otros bienes diversos, además de fortalecer su autoridad sobre los asuntos internos de las naciones. Sin embargo, si Raúl mantenía a Leticia bajo la protección del Reino de Lyon como su aprendiz, el Reino de Lyon se haría cargo del liderazgo del ejército de la Alianza Continental Anti-Demonios.

 

Un murmullo llenó el Gran Salón cuando la gente se dio cuenta de la intención en la declaración de Raúl.

 

“Eso no satisfará al resto de los países.”

“Cuando ella se convierta en el Valiente, tomará el liderazgo en la lucha contra los demonios. Mientras tanto, todo lo que yo tengo que decir es que mi país la protegerá y yo seré su maestro.”

 

De hecho, el Reino de Lyon iba a tomar el control completo con el Valiente como marioneta.

 

Pero…

 

“—¿Mi maestro?”

 

Leticia murmuró para sí misma. La pequeña voz fue ahogada por el murmullo de la gente, apenas alcanzando los oídos de Tiara, que estaba a su lado.

 

“…¿Letty?”

 

Tiara, que estaba preocupada por la joven Valiente que estaba a punto de ser considerada un instrumento de guerra política entre las dos fuerzas, el Reino de Lyon y el Gran Templo de Emerdia, vio la misma luz en los ojos de Leticia que la que tenía cuando se enfrentaba a un demonio.

 

“Nadie más me enseñará. Mi Maestro es la única persona en este mundo que puede…”

 

El murmullo de la gente en el Gran Salón disminuyó al notar que Leticia, que antes había permanecido inmóvil en su asiento como una muñeca, se puso de pie rápidamente. Raúl, que había estado conversando con el obispo en la plataforma, también notó el cambio en el pueblo y se volvió. Mientras Leticia se levantaba y daba lentos pasos hacia adelante, desenvainó la espada en su cintura con un gesto rápido y fluido.

 

—El Valiente podría ser una marioneta de la iglesia, y también podía ser que en ese momento Raúl, que no era más que un adorno para unir a cada país, se diera cuenta de que había cometido un gran error.

 

Ella simplemente sacó su espada. Pero sólo esa acción ordinaria manifestó su poder físico. Una ráfaga de viento sopló a través del gran salón con Leticia como punto focal.

 

La repentina ráfaga de viento hizo que la gente gritara al cubrir sus rostros y cuerpos. En la mesa cerca de la plataforma, los platos con comida fueron volados, así como la tela, y las hermosas flores que adornaban toda la sala fueron dispersadas y llevadas por el viento.

 

Finalmente, las ráfagas de viento se calmaron, y la gente dirigió su atención a Leticia, que estaba de cara a Raúl en el salón.

 

Las miradas impresionadas de la gente se centraron en la joven Valiente que había expresado su poder, y fueron fascinados por sus ojos. En los ojos de Leticia, que estaba con la espada desenvainada, la fragilidad y el color melancólico que había estado flotando en ellos hace un momento desapareció, y un fuerte resplandor de voluntad, no de vacío, habitaba en ellos.

 

La fugaz impresión de que ella podría desaparecer en cualquier momento se desvaneció por completo, pero, por el contrario, se quedó allí desprendiendo una fuerte presencia.

 

La atmosfera cambió.

 

“¿Dijiste antes que querías que diéramos un espectáculo?”

 

La voz fina y bellamente clara de Leticia se extendió por el gran salón, que había estado acallado por la inesperada situación.

 

“¿Acaso tanto…”

 

…Quieres morir?

 

En el momento en que esas palabras fueron pronunciadas, un escalofrío recorrió la columna vertebral de Raúl.

 

La presión fue tan grande que era difícil incluso respirar, y mucho menos hablar.

 

Incluso aunque ella fuera el Valiente, desenvainó su espada delante del rey. Normalmente, esta era una situación que debía ser controlada por los caballeros de la Guardia Real de inmediato.

 

Pero, sin embargo, nadie podía moverse del lugar. Entre los invitados había algunos oficiales militares de alto rango que habían cruzado muchos campos de batalla, pero todos eran incapaces de moverse. Sintieron la presión, o incluso más, como si se enfrentaran a un gran ejército de más de diez mil.

 

‘Aquel que está a la par con el Rey Demonio. Aquel que es la existencia más cercana a Dios, ¡ese es el Valiente!’

 

Raúl se esforzó y miró a Leticia, haciendo contacto visual. Sí, él era lo suficientemente alto como para mirarla desde arriba. Y sin embargo, se sentía intimidado por ella, como si fuera a ser tragado.

 

Raúl ya lo sabía. Sabía que Leticia era el Valiente, la persona más fuerte del mundo. Aun así, quería verlo por sí mismo. Por lo tanto, abrió la boca, como exprimiendo las palabras que saldrían por ella.

 

“Quiero que me muestres si tu poder es real. Quiero que me dejes ver con mis propios ojos si puedes dar esperanza a la gente.”

 

Raúl se dio la vuelta y saltó al fondo de la plataforma. Luego se dirigió directamente al centro del gran salón, el lugar donde se bailaba con la melodía que tocaban los músicos de la corte anteriormente. Leticia también lo siguió.

 

La gente abrió un camino para los dos, y luego llegaron a un área abierta en el centro. En este lugar, parecía ser seguro tener un pequeño duelo.

 

“Sólo usaremos la espada.”

 

Leticia asintió a las palabras de Raúl mientras él se detenía, se daba vuelta y hablaba.

 

En el centro del gran salón, un círculo de personas se formó alrededor de los dos jóvenes que desenvainaron sus espadas y estaban cara a cara. Al principio, cuando estuvieron en posición, se oían susurros de aquí y de allá, acompañados de respiraciones algo sofocantes, pero que poco a poco se fueron desvaneciendo y el entorno se llenó de silencio.

 

“Vamos.”

 

La voz de Raúl, que marcaba el comienzo, hizo eco en el silencio.

 

Al siguiente momento…

 

Lo que la gente vio fue a Raúl, que atacó con una espada que había sido cortada desde la mitad de la hoja, y Leticia, que le tenía la hoja de la espada puesta en el cuello.

 

Una resolución asombrosa.

 

No solo los que no tenían conocimientos en las artes marciales, sino que también aquellos en posición de general y oficiales militares de alto rango que estaban aquí, no podían ni siquiera comprender los movimientos, por no hablar de los destellos de espada del Valiente y el Santo de la Espada.

 

Solo un momento.

 

Pero era cierto que este encuentro se llevó a cabo con un grado abrumador de destreza marcial. Una profunda grieta atravesaba el suelo donde los dos pies habían pisado.

 

Mientras reinaba el silencio, la punta de la espada de Raúl cayó al suelo al ser cortada y elevada en el aire. Al mismo tiempo que resonaba un agudo sonido metálico, un escalofrío de alegría y emoción se precipitó por las espaldas de todos los que presenciaron la batalla en el lugar, y los altos cargos de la iglesia, mientras rezaban una oración de agradecimiento a Dios, doblaron sus rodillas y lloraban.

 

Leticia Von Mavis.

 

De hecho, siendo “la existencia más cercana a Dios”, siendo el “Valiente”, la esperanza de la humanidad estaba definitivamente ahí delante de ella ahora. Y en este momento, Leticia recibiría un nuevo título.

 

—Diosa de la Espada.

 

Este es el final del encuentro entre Leticia Von Mavis y Raúl Orto Lyon, que se transmitiría a las generaciones futuras a través de los poemas giratorios y las muchas historias de los bardos.

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