El Jefe de Atelier Tan Despistado

Vol. 4 Epílogo

 

Kurumi y yo, tras haber descendido la montaña, celebramos una pequeña reunión para desahogarnos… y luego nos separamos.

Y hoy, el día siguiente a las preliminares, me presenté para consultar los resultados del torneo, usando la apariencia de Yulishia. Como ya me había quitado el artefacto mágico para cambiar la voz, esta había vuelto a sonar femenina. No había nada que pudiera hacer con el cabello, así que lo ocultaba con una bufanda… aunque, claro, el calor era insoportable.

Fue allí donde descubrí que yo —mejor dicho, Kurumi y yo— habíamos pasado en primer lugar las rondas preliminares.

Y no sólo eso: lo habíamos hecho con más del doble de puntos que el dúo de Yuraile, que había quedado en segundo lugar.

¿Acaso Yuraile había reportado los materiales que se llevó como si fueran de ella?

No, aun así, los números no cuadraban.

Los puntos que se le habían asignado coincidían casi exactamente con los materiales monstruosos que nos habían arrebatado.

En otras palabras, ella debía de haber declarado como suyos los materiales que nos robó.

Entonces, ¿por qué?

¿Acaso mi hermana Loretta había intervenido en esto?

Siendo parte del comité organizador, Loretta bien podría haber manipulado los puntajes.

Sin embargo, si sabía que Yuura era en realidad Yulishia, lo más probable es que hubiese intentado obstaculizarme, no ayudarme de esta forma.

De cualquier modo, tenía que volver a disfrazarme de Yuura e ir a reunirme con Kurumi.

Eso fue lo que pensé… hasta que sucedió.

Vi a Kurt.

¿Qué estaba haciendo aquí?

Antes de que pudiera siquiera plantearme la pregunta, su nombre escapó instintivamente de mis labios:

—Kur...

Estuve a punto de llamarlo, pero por reflejo me oculté detrás de la figura de un corpulento hombre que estaba cerca.

¿Para qué iba a encontrarme con Kurt en este momento?

¿Le contaría la verdad sobre mi situación actual?

¿Le diría que por orden de mi prima, Loretta, estaba obligada a casarme?

Tal vez, si lograba que Kurt se pusiera de mi parte, él podría resolver mi problema con esos métodos suyos que no sólo escapaban al entendimiento humano, sino que lo ridiculizaban. Si alguien era capaz de hacerlo en un instante, ese era él.

Pero no quería eso. No quería pedírselo.

No quería que Loretta descubriera cuán anormal era Kurt.

—Ahora no puedo verlo.

Estaba segura de que Kurt se encontraba aquí para buscarme y llevarme de vuelta.

Quizá estaba revisando la lista de participantes, tratando de encontrar mi nombre.

Si era así, no podía seguir en un lugar tan visible. Tenía que volver a disfrazarme de Yuura e ir a ver a Kurumi.

Eso fue lo que pensé… pero quizá ya era demasiado tarde.

Porque justo cuando intenté escapar, allí delante de mí…

—…¿¡!? ¡Liese!

Se encontraba ella.

La princesa pervertida… es decir, Liese.

—Cuánto tiempo sin vernos, Srta. Yuli.

Por supuesto, si Kurt estaba allí, no era raro que Liese también lo estuviera.

—…¿No está Akuri con ustedes?

—En cuanto a Akuri, la Srta. Sheena está cuidando de ella. Como no preguntaste por Sir Kurt, ¿eso significa que lo has visto?

—Sí, lo vi hace un momento, por allí. ¿Vinieron a llevarme de vuelta?

—Así es. Sin embargo, las circunstancias han cambiado un poco. Me reuní con tu prima, la Srta. Loretta.

Ya veo… Así que Liese sabía todo.

Si ese era el caso, no había remedio.

Pensando eso, me dirigí con ella a un café cercano para conversar.

 

Ambas tomábamos el té.

—Está muy delicioso. Claro, siempre que no se compare con el que prepara Sir Kurt.

Liese soltó un comentario un tanto ofensivo para el local, a pesar de lo bueno que estaba el té.

—Este té tiene un noventa sobre cien. Lo que pasa es que el de Kurt vale diez mil puntos.

—¿Diez mil puntos sobre cien?

—¿Te parece raro?

—No, en absoluto. Me parece una buena forma de expresar que está en otra dimensión. Aquí tienes algo para acompañar. Son galletas que Sir Kurt horneó sólo para mí. Te daré una, y sólo una.

—Gracias, qué generosa.

Acepté la galleta de Kurt sin dudarlo.

Por supuesto, no podía estar mala. Era una galleta de diez mil puntos sobre cien.

Era tan deliciosa que incluso el té del local, que ya de por sí tenía noventa puntos, parecía elevarse a unos ciento veinte puntos. Seguro que estaban hechas para combinar a la perfección con el té.

—…De verdad, está buenísima.

—Me alegra que te gusten… Por cierto, ¿todavía no te quitas la bufanda?

—No sé por qué, pero siento frío en el cuello. No te preocupes.

Liese pareció intrigada, pero no insistió más. Aun así, la conversación se estancó por un momento.

No podía seguir así eternamente, así que decidí dar el primer paso.

—…Liese, ¿hasta qué punto sabes sobre mi hermana Loretta?

—He investigado hasta el punto de saber que, en el Culto Espiritual, una de las religiones de este mundo, ella actúa como una de las líderes supremas desde las sombras.

—¿De verdad sabes tanto…?

El número de creyentes del Culto Espiritual no superaba al de la Iglesia Polan, a la que pertenecía Marlefiss, la antigua aliada de Kurt.

Aun así, era una religión de proporciones gigantescas, con creyentes que se contaban por cientos de millones.

Quien controlaba todo eso desde las sombras era el Consejo de Clanes, y mi hermana Loretta ocupaba el puesto más alto en esa estructura secreta. Podría decirse que era la verdadera líder del culto.

Naturalmente, aquel poder sobrepasaba con facilidad incluso al del Obispo Tristán de la Iglesia Polan, y era comparable al de un rey.

Incluso si Liese intentaba derribarla usando su posición como princesa, Loretta era una oponente extremadamente difícil.

—Entonces, Srta. Yuli, ¿tienes algún plan? Estás participando en el torneo, ¿no es así?

—…¿Lo sabías?

—No, ni siquiera mis investigaciones me lo han revelado. Pero sospecho que podrías estar disfrazada como esa «La Belleza Enmascarada». No creo que seas «Sirvienta Enmascarada»… aunque no hace falta que me lo confirmes.

Tanto «La Belleza Enmascarada» como la «Sirvienta Enmascarada» eran participantes que habían pasado las preliminares. Había otros concursantes que también ocultaban su rostro… pero parecía que Liese no se había dado cuenta de que yo iba disfrazada de hombre.

Era algo deprimente que me confundieran con una chica de nombre tan ridículo como «La Belleza Enmascarada», pero prefería eso a que descubrieran que iba travestida.

—Por cierto, sobre la dupla Yuura y Kurumi, que pasaron en primer lugar…

—¡Pfff!

No pude evitar escupir el té.

—Es cierto que, comparado con el té de Sir Kurt, esto sabe a agua sucia, pero tampoco era para tanto.

—Bueno, si bebes agua sucia, creo que también la escupirías.

No era que pensara realmente que el té del local supiera a eso. En una escala de puntuación, eso sería evaluación negativa.

—Entonces, ¿qué pasa con la dupla Yuura y Kurumi?

—Cuando luches contra Lady Kurumi, asegúrate de vencerla sin herirla, ¿sí? Tú puedes notarlo por el olor, ¿verdad, Srta. Yuli?

—Sí, lo entiendo.

Quienes luchaban, podían percibir a otros guerreros por su olor.

El de Kurumi no era el de alguien que supiera pelear.

Y Liese también debía haberlo notado. Que Kurumi era una chica de la Aldea Hast.

Yo ya sospechaba que Yuraile formaba parte de Phantom, y que Liese trajera el tema de Kurumi a colación significaba que había recibido información directamente de ella.

Y me tranquilizaba saberlo.

Que Liese hablara sobre luchar contra Kurumi suponía que no tenía ni la más mínima sospecha de que Yuura fuera en realidad yo.

—Sí, lo entiendo. Por cierto, Yuli… He oído rumores de que hiciste que Yuraile le robara todos los materiales de monstruo a Kurumi, ¿cierto? ¿Era eso parte de una estrategia para que Kurumi no pudiera llegar a la final?

—…¿Eh? No, no es así. Según Yuraile, ella recibió los materiales de monstruo de un aventurero llamado Yuura. Por eso, dijo que ya tenían suficiente para pasar las preliminares… dejó sólo las ramas del Trent y del Rey Trent que Kurumi había derrotado, y se llevó el resto.

—¿Las ramas del Rey Trent…?

Ah, ya veo… ¡¡Ah, ya veeeeeeeeeeooooooo!!

Así que las ramas que Yuraile llevó eran del Trent que Kurumi había vencido. Cuando Kurumi se llevó unas ramas como leña, recuerdo que el comité del torneo las inspeccionó con insistencia… eso debía haber sido para calcular los puntos.

Si era así, que lo hubiera dicho desde el principio, esa tal Yuraile...

No pude evitar perder toda la fuerza del cuerpo y me desplomé internamente.

◇◆◇◆◇

Yo, Kurt, caminaba por la ciudad con mi apariencia de chico.

Con los participantes de la final ya decididos, el ambiente festivo en el pueblo había alcanzado su punto máximo.

Parece que yo —o más bien, la pareja de Kurumi y el Señor Yuura— habíamos quedado en primer lugar, pero seguramente fue porque los demás no recolectaron ramas de Trent.

Aun así, quienes más atención atraían no eran ni Camp ni Eón de «Mordida de Ogro».

—Ahhh, Lord Yuura es tan apuesto. Comparado con él, todos los demás hombres son como pimientos rojos.

—¿Qué es esa comparación? Pero sí, yo también quiero que me abracen esos fornidos pectorales.

—Lord Yuura siempre lleva armadura. Nunca has visto sus pectorales.

Escuchaba voces alabando al Señor Yuura.

Parecía que gozaba de una popularidad tremenda entre las mujeres.

Eso lo entendía, pero...

—Kurumi es adorable. Quiero protegerla para siempre.

—¿Verdad? Ahhh, ¿por qué mi hermana no es Kurumi?

—Si tu hermana fuera Kurumi, yo te llamaría «cuñado» sin dudarlo

Por alguna razón, también alcanzaba a oír comentarios llamándome adorable a mí.

Después de las preliminares de ayer, ya había escuchado cosas similares por aquí y por allá, pero hoy los rumores se habían intensificado aún más.

¿A qué se debía eso?

—¡Periódico grabado con retratos de los participantes! ¡Si no lo compras ahora, se acaba!

¿¡Un periódico ilustrado con retratos…!?

—¡Una copia, por favor!

Me giré hacia la voz y, sin poder evitarlo, exclamé.

Pagué el dinero al vendedor y recibí el periódico de su parte.

Mostraba retratos de los participantes que habían pasado las preliminares. Y eran bastante fieles a la realidad.

—¿Eh…?

Pero más allá de eso, no entendía qué estaba pensando la editorial del periódico.

 

«¡Extraña y hermosa pareja conquista el primer lugar de las preliminares!»

 

Ese era el titular, acompañado de una ilustración más grande que la de cualquier otro concursante.

Yo mismo no podía juzgar si el dibujo se parecía o no a mí, pero el del Señor Yuura era bastante fiel, y hasta yo, siendo hombre, admitía que se veía increíble.

Ya veo… era por esa ilustración que la popularidad del Señor Yuura y la mía había crecido tanto.

Aunque, claro, no había comprado el periódico para confirmar eso.

Más importante que eso… ¡¡ahí estaba!!

—…¿¿Purple…san??

Al ver la ilustración de los finalistas, ladeé la cabeza con desconcierto.

Hmm… entre los participantes de la final, famosos como el Señor Camp o la Señorita Eón tenían ilustraciones grandes, pero los demás aparecían con dibujos pequeños y en blanco y negro, así que no se distinguían bien.

Aun así, creía haberlo encontrado… ese que se parecía muchísimo al Señor Golnova.

Pero en el periódico, ese hombre tenía un nombre totalmente diferente: Purple o algo así.

Su compañera era…

—…¿La Señorita Sirvienta Enmascarada?

Al parecer, yo no era el único que había participado vistiendo un uniforme de camarera.

Aun así, la mujer llamada Sirvienta Enmascarada, quien aparecía como compañera del Señor Purple, me resultaba extrañamente familiar.

Sin embargo, la imagen era tan pequeña que no podía distinguirla con claridad.

Además, parecía que el dibujo ponía más esfuerzo en detallar el vestido de sirvienta y la máscara que en el rostro.

—¿Eh? Esta máscara… ¿¡podría ser…!?

Mientras me quedaba mirando fijamente la ilustración…

—Sir Kurt.

—¡Wah!

Me sobresalté al oír una voz.

Al darme la vuelta, vi que era la Señorita Liese. Estaba acompañada por la Señorita Yuraile y la Señorita Kakaroa.

—Señorita Liese, lo siento, grité sin querer.

—Yo me disculpo por asustarlo.

—No, la culpa fue mía.

—Pero fui yo quien lo llamó.

Ambos nos disculpamos mutuamente y sonreímos después.

Ese tipo de intercambio me hacía sentir en paz.

—Sir Kurt, ¿qué estaba haciendo?

—Estaba leyendo la lista de los finalistas del torneo de artes marciales. Ah, Señorita Yuraile, felicidades por pasar a la final.

—Gracias.

La Señorita Yuraile hizo una leve reverencia.

—¿Eh? Pero quien también clasificó fue usted, ¿no es así, Sir Kurt?

—¡………!

Las inesperadas palabras de la Señorita Liese me hicieron mirar hacia la Señorita Yuraile. Ella apartó la mirada con incomodidad, mientras que la Señorita Liese negó suavemente con la cabeza.

—Sir Kurt. Aunque la Srta. Yuraile no me lo hubiera dicho, yo puedo notarlo. Y naturalmente, la Srta. Yuli también lo ha notado.

—¿¡La Señorita Yulishia!? ¿¡Señorita Liese, logró hablar con ella!?

—Sí, incluso pudimos conversar… cambiemos de lugar, ¿le parece?

Guiados por Señorita Liese, nos dirigimos a su habitación.

Primero, expliqué por qué había participado en el torneo como Kurumi.

La Señorita Liese me pidió que no hiciera nada peligroso, pero cuando le tomé la mano y se lo rogué, se puso completamente roja (seguramente de enojo) y aun así asintió con la cabeza.

Después, fue ella quien me explicó lo que había pasado con la Señorita Yulishia.

La razón por la que ella desapareció repentinamente se había aclarado, y me sentí aliviado al saber que no era porque nos odiara.

Sin embargo, me molestaba que la Señorita Yulishia tuviera que casarse.

Si era un matrimonio que ella deseaba, yo también intentaría felicitarla, pero un matrimonio no deseado era algo que no debía suceder.

—Ah, si nosotros ganamos, eso quiere decir que la Señorita Yulishia no tendrá que casarse, ¿verdad?

—¡Eso no puede ser!

La Señorita Liese alzó la voz, sorprendiéndome.

Casi derramé el té que estaba sirviendo al sobresaltarme.

—¿Eh?

—¡E-es que mire! Incluso si usted ganara, Sir Kurt, ¡siendo que está disfrazado de mujer, su pareja terminaría siendo alguien llamado Yuura!

—No se preocupe. El Señor Yuura es una persona muy buena, así que si le explico la situación, no se casará con la Señorita Yulishia.

Intenté tranquilizarla, pero la Señorita Liese negó con la cabeza.

—No, parece que una tal Loretta está presionando bastante para que se celebre el matrimonio.

—Pero entonces, si la Señorita Yulishia ganara, ¿no sería obligada a casarse con el hombre que es su compañero?

—Eso no es un problema. Seguramente ella ya tiene un plan. Tal vez su compañero sea un hombre incapaz de tener hijos, por ejemplo.

—Entiendo. Si ese es el caso, entonces no se puede permitir que se case. No cabe duda de que la Señorita Yulishia es muy astuta.

No pude evitar admirar la prudencia de la Señorita Yulishia.

—¿Eh? Pero en el periódico no aparecía la ilustración de ls Señorita Yulishia.

—Seguro que no participará mostrando su rostro. Definitivamente está disfrazada.

—¿Disfrazada?

Es cierto que en las ilustraciones del periódico había muchas mujeres que no mostraban sus rostros. Algunas llevaban máscaras o incluso cubrían sus rostros con cascos.

Era posible que la Señorita Yulishia estuviera entre ellas.

Pero, ¿qué haríamos si llegáramos a enfrentarnos a la Señorita Yulishia?

Por la Señorita Yulishia, yo estaría dispuesto a perder tantas veces como fuera necesario.

Sin embargo, ¿qué pasaría con el Señor Yuura? El que luchó a mi lado. ¿No estaría traicionando al Señor Yuura, quien me acompañó en todo, si actuaba de esa manera?

—…Sir Kurt, el té se ha derramado, ¿sabe?

—¿Eh? ¡Uh, uwaaaahh!

Me di cuenta de que el té que estaba sirviendo se había derramado sobre el plato.

—Lo siento, enseguida lo prepararé de nuevo.

—No se preocupe, Sir Kurt. Antiguamente, el té siempre se servía en este tipo de platillos. Y además, si es el té que usted ha preparado, aunque se derrame sobre la mesa, será más delicioso que el agua sucia.

—Decir que es más delicioso que el agua sucia no es realmente un buen cumplido.

Casi a punto de llorar, decidí volver a preparar el té.

Mientras tanto, seguía pensando.

Mi encuentro con la Señorita Yulishia había sido una coincidencia. Me contrató de buena gana cuando yo me encontraba en apuros por no tener trabajo. Me apoyó incluso cuando yo, siendo un joven inexperto, trabajaba como representante del Jefe del Atelier.

Si la Señorita Yulishia no deseaba casarse, entonces quería que ganara este torneo.

Con ese pensamiento en mente, mezclé la harina, la leche, los huevos y el azúcar en proporciones adecuadas. Como era una habitación preparada para los invitados, todos los ingredientes eran de la más alta calidad. Me sorprendió incluso encontrar azúcar. Luego, horneé galletas de leche en el horno.

—Ah…

Había dejado las galletas en el horno unos 0.1 segundos de más.

Fue un error que normalmente jamás habría cometido, y me hizo darme cuenta de cuán perdido me encontraba. Si fallaba incluso en lo que mejor sabía hacer, como cocinar, era porque mis pensamientos estaban demasiado dispersos.

—Señorita Liese, el té ya está listo. Y lo siento mucho, se me pasaron un poco las galletas. Si no son de su gusto, me disculpo.

—Si son galletas hechas por usted, Sir Kurt, aunque fueran carbón o madera quemada, las disfrutaría con gusto.

¿Sería difícil hacer carbón a partir de galletas? Tal vez no imposible, pero seguro que era más fácil hacerlo directamente de madera.

Con ese pensamiento, coloqué el plato con las galletas sobre la mesa.

—¿Eh? ...Parecen unas galletas perfectamente normales y artísticas... ¿Y el sabor...? Sí, como siempre, con solo una mordida siento que estoy viendo un hermoso campo de flores.

—Ajajá, aunque lo diga solo por cortesía, me alegra escucharlo.

Dije eso mientras soltaba un suspiro.

Al verlo, la Señorita Liese me preguntó preocupada:

—¿Sir Kurt, está preocupado por el torneo final? ¿Por si realmente debe seguir participando?

—…¿¡Eh!? …Ajajá, qué perspicaz es usted, Señorita Liese. Sí, es justo eso.

—Si le resulta demasiado duro continuar en los combates, podría hablar con la administración del torneo para que asignen a otra mujer como compañera de ese tal Yuura. Tengo suficiente influencia para eso.

—…Eso es…

Si pensaba en el Señor Yuura, tal vez eso era lo mejor. Un chico sin habilidades como yo probablemente solo le estorbaría. Con otra compañera, tendría más posibilidades de avanzar.

Después de todo, la razón por la que yo había entrado al torneo era para encontrar al Señor Golnova, que podría estar entre los participantes.

Si lograba encontrarlo, quería decirle personalmente todo el agradecimiento que no pude expresar aquel día… y también despedirme.

Pero no había garantía alguna de que la persona que vi fuera realmente el Señor Golnova.

Y aun así…

—Sir Kurt, si no ha encontrado su respuesta aún, no tiene por qué apresurarse. Yo misma todavía no sé cuál de los participantes es la Señorita Yuli. Además, podría perder antes de enfrentarse a usted y al Sr. Yuura… o lo contrario también podría pasar. Creo que no hace falta pensar tan profundamente en ello.

—Sí-sí, tiene razón.

En efecto, con un estorbo como yo al lado, ni siquiera un espadachín tan hábil como el Señor Yuura tendría fácil llegar lejos.

…Haah.

—¡Sir Kurt, ¿cómo puede ser que se haya deprimido aún más?! Ahh, yo que en realidad deseaba que usted no participara en un torneo tan peligroso, y que alquiláramos juntos una habitación privada para ver el torneo como una linda cita romántica… pero ahora que le veo así, ¿qué se supone que debo decirle?

La Señorita Liese se tomó la cabeza con ambas manos y se acurrucó en el lugar.

¿Había preparado un asiento para mí en las gradas? La Señorita Liese realmente pensaba en muchas cosas.

Si la compañera del Señor Yuura hubiera sido la Señorita Liese en lugar de mí, seguramente él habría podido participar en el torneo sin ninguna preocupación.

—…Bien.

Tomé una decisión, le di las gracias a la Señorita Liese y salí a la ciudad. Por supuesto, vestido de sirvienta.

Mientras caminaba por la ciudad, muchas personas me saludaban:

—¡Haz tu mejor esfuerzo en el torneo!

—¡Estamos contigo!

—¡Definitivamente iré a verte pelear!

—¡Cuídate y no te lastimes!

—¿Te casarí…? No, mejor, ¡conviértete en mi hermanita menor!

Entre otras cosas.

Agradecí a todos por sus ánimos y aproveché para preguntar si alguien había visto al Señor Yuura. Aunque nadie sabía dónde estaba, todos me ayudaron a buscarlo.

Y tres horas después…

—¡Kurumi!

—¡Señor Yuura! Disculpe… um, ¿por qué lleva un disfraz?

El Señor Yuura, por alguna razón, vestía un enorme disfraz desde el cuello hacia abajo. Era un disfraz de cerdo.

—…Tuve mis motivos. Es que no tuve tiempo de vendarme el pecho.

—…Le queda bien.

—No necesito cumplidos baratos.

Respondió el Señor Yuura visiblemente incómodo.

Sí, incluso yo, después de decirlo, supe que no era un buen comentario. Me arrepentí.

—Por cierto, ¿qué asunto tenías? Me estabas buscando, ¿no?

—Sí. En realidad, es sobre los combates que empiezan mañana…

Le conté al Señor Yuura.

Le expliqué que una persona muy importante para mí participaba en los combates a partir de mañana.

Que si tenía que enfrentarme a esa persona, quizás no sería capaz de luchar con todas mis fuerzas.

Y que, gracias a una amiga, existía la posibilidad de cambiar de pareja y que luchara junto a otra persona.

Por supuesto, no mencioné nombres como el de la Señorita Yulishia ni el de la Señorita Liese, y tampoco hablé sobre el tema del matrimonio.

El Señor Yuura escuchó en silencio todo lo que dije y, cuando terminé, asintió con una sonrisa.

—Ah, pues creo que tu amiga tiene razón. No tienes por qué apresurarte, Kurumi.

—¿Eh?

—Al fin y al cabo, no es como si ya supieras que vas a pelear contra esa persona que te es tan importante. Además, si a ese alguien le importas tanto como él a ti, seguro que se molestaría si decidieras retirarte solo por eso… o si te contuvieras en un combate.

—…Ah.

Tenía razón. Tal como decía el Señor Yuura, si hacía algo así, seguro que la Señorita Yulishia terminaría dándome una buena reprimenda.

Qué increíble. El Señor Yuura había comprendido la esencia de la Señorita Yulishia solo con escuchar mi historia.

—Además, llegué hasta aquí porque estuve contigo, Kurumi. Si tú decides retirarte, yo también me retiraré del torneo.

—…¿Eh?

—Si sigo peleando después de haber hecho trampa hasta ahora, ya no podría perdonarme a mí mismo.

El Señor Yuura lo dijo con un tono que sonaba algo apenado.

¿Hasta ahora?

—No parece que usted haya hecho nada deshonesto, Señor Yuura.

Si había alguien que hacía trampa, era yo, que fingía ser de otro género.

Pero si mencionaba eso, terminaría causándole problemas al Señor Yuura.

—Bueno, han pasado varias cosas… Por cierto, esa persona importante… ¿es alguien que te gusta, Kurumi?

—Sí. Es alguien que me gusta.

Por supuesto, era imposible que la Señorita Yulishia me desagradara.

—Ah, ya veo. Es el hombre que querías ver, el que también participa en el torneo, ¿verdad?

—No, es una mujer.

—Vaya, qué decepción.

¿Podía ser que el Señor Yuura, sorprendentemente, disfrutara este tipo de conversaciones románticas?

Ah, no, seguramente solo intentaba aliviar el ambiente.

…Gracias, Señor Yuura.

Gracias a ti, aquella decisión que acababa de tomar de retirarme del torneo desapareció por completo. Y en su lugar, tomé una nueva resolución.

No sabía qué podría lograr con mis habilidades, pero me esforzaría al máximo en el torneo final.

 

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